Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a J.K Rowling. Las situaciones y los Dramiones de mi exclusiva responsabilidad. Me confieso…
"La escapada"
Cuando vio desaparecer de la vista a Hermione, las dudas y la inseguridad inundaron al rubio. Algo que nunca antes le hubiese pasado, pero que desde que Hermione lo había besado aquél día no dejaba de preguntarse si lo que estaba haciendo era correcto, algo que –escandalizado de si mismo reconoció- nunca le habría preocupado.
El caso era que ahora no había vuelta atrás, y si lo que estaba haciendo estaba bien o mal quedaría para la preocupación de otro pues ahora tendría que hacer lo que tenía planeado y punto.
Se dirigió rápidamente a su sala común en las mazmorras. En el camino se encontró con pocas personas, la mayoría de quinto que venían de acabar sus exámenes. De inmediato se coló entre ellos y siguió su camino hasta el tapiz que escondía la entrada a su sala común.
Entró como alma que se lleva el diablo a su dormitorio, asustando en el camino a unos pocos alumnos de primero que subían las elegantes escaleras de mármol. Abrió la puerta de la habitación que compartía con otros alumnos de quinto, pero que en ese momento no se encontraban –menos mal que era época de exámenes, sus compañeros apenas ponían pie en ella- y se dirigió con agilidad hacia su baúl, sorteando en el trayecto libros, túnicas y un montón de pergaminos tirados. Sacó su abrigo negro con dificultad de entre la demás ropa, su escoba y una pequeña bolsita de terciopelo negro. Salió de la habitación dando un portazo, saltó de dos en dos los escalones y se fue disparado hacia la oficina de Umbridge. Sabía lo que tenía que hacer, otras veces había salido del castillo pero nunca con alguien más, eso quizás sería un inconveniente, tendría que actuar con la mayor cautela.
Con la respiración agitada llegó a la puerta del despacho de Umbridge. Recobró el aliento, se echó un mechón rebelde hacia atrás y tocó con sus blancos nudillos la puerta de roble.
-Adelante –dijo la voz falsamente dulce de la profesora Umbridge al otro lado de la puerta.
Malfoy entró con su habitual petulancia en la estancia. Se situó frente la profesora Umbridge, quien vestía una abominable chaqueta rosada a juego con el tapiz de la pared. Tomó asiento y esperó haciendo tamborilear los dedos en el escritorio con impaciencia. La bruja lo miró de soslayo y luego prosiguió con la escritura de un pergamino.
-Ah, eres tu Draco querido ¿Qué deseas? –le preguntó la bruja sin apartar la vista del pergamino. -¿Tienes alguna nueva información sobre esos detestables niñitos?
-A decir verdad.. –empezó a decir el chico cuando se le ocurrió una idea mucho mejor de la que tenía en mente. -…sí, creo que puedo conseguir información valiosa que podemos usar contra Potter, pero hay un problema.
-¿A sí¿Y cuál es ese? –preguntó la profesora Umbridge en tensión.
-Mi informante quiere mantener el anonimato y no quiere venir al castillo para confiarme lo que tiene que decir, prefiere hacerlo en Hogsmeade. Pero tengo que ir solo.
-Querido, no puedo autorizarte a salir del castillo sin alguien que te acompañe. Quizás yo pueda…
-No. La persona en cuestión no quiere hablar frente a nadie más, dijo algo sobre la amistad con mi padre.
La profesora levantó la mirada para chocar con los fríos ojos de Malfoy. Se quedó pensando unos momentos y luego abrió su amplia boca de sapo para responder.
-Me temo que no será posible –dijo ella esbozando una sonrisa.
Draco empezaba a impacientarse, ya habían transcurrido los diez minutos. Tendría que tomar medidas drásticas.
-Bien –dijo el chico endureciendo el semblante y haciendo ademán de levantarse. -Le diré a mi padre que le diga al informante que no aparezca. A mi padre le encantará decirle al ministro, usted sabe que él y mi padre son viejos amigos, que se rechazó la oportunidad de saber algo sucio de Potter…
-¡No! –exclamó- Quiero decir…no es necesario que llegue a oídos del ministro, podemos arreglárnoslas –dijo Umbridge con los ojos muy abiertos y con la respiración agitada. -Bien Draco puedes ir con ese informante tuyo, no te preocupes sacaré los encantamientos protectores del castillo. Tienes tres horas.
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-Tres horas serán suficiente –pensaba el rubio mientras corría a encontrarse con Hermione en el Hall. Dobló por un pasillo a su izquierda y se encontró de frente con la escalera de mármol, dio una patinada al llegar al borde justo antes de caer.
-Pensé que ya no venías –dijo una voz a sus espaldas.
Hermione se hallaba semioculta entre una armadura y un estante con su abrigo ya puesto en sus hombros y con el pelo amarrado en una cinta.
-Tuve un pequeño inconveniente –replicó él. –Vamos.
-Aún no entiendo como le haremos para salir –dijo ella bajando los escalones de piedra hacia los jardines.
-Volando –dijo él mirando alrededor, rogando para que nadie se asomara por las ventanas y los viera juntos.
-Oh claro, cómo no se me ocurrió antes –dijo la chica irónica a su lado.
-No te pongas pesada Granger
-Es que no veo cómo vamos a poder salir de aquí, te recuerdo que están los encantamientos protectores alrededor del castillo…
-Lo tengo solucionado
Hermione lo miró extrañada mientras caminaba deprisa por los jardines en dirección a la entrada. Malfoy hizo caso omiso de sus miradas interrogantes, lo primero era poder salir sin ser vistos, especialmente por Umbridge, si veían que iba con Granger todo se iría a la mierda.
Llegaron a las puertas de hierro forjado con cerdos alados. Con su varita tocó las cadenas que la rodeaban y de inmediato se desenroscaron y cayeron al suelo. Hermione lo miró con los ojos como platos, apretó los labios conteniendo una carcajada,no había tiempo para reírse de ella, tenían que apresurarse.
Salieron al exterior de los límites del castillo, sacó su escoba de debajo del brazo y montó en ella. Indicó a Hermione que lo imitara con una mano.
-Pero…es que… -decía titubante la chica al ver dónde tenía que subirse. Ahora que todo se había dado para salir no estaba muy segura de querer escaparse, y menos montada en una escoba. Lo único que no pudo aprender de los libros justamente era eso, y sumado a su incontenible miedo a las alturas, hacía imposible el querer montarse gustosa.
-Me importa un comino que le tengas miedo a las alturas o algo parecido, te agarras fuerte y cierras los ojos ¿entendido? –ordenó el rubio con autoridad.
Y para asombro de Draco e incluso para Hermione misma, asintió con la cabeza y se situó detrás de él rodeándolo con los brazos sin decir ni una palabra. Apretó los ojos fuertemente pero cuando sintió la suave sacudida de la escoba los abrió de golpe asustada.
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Hermione montó en la escoba y de inmediato se aferró a la cintura de Malfoy. Con aprensión vio cómo se elevaban entre los árboles y se abrían camino hacia Hogsmeade. El atardecer estaba a punto de llegar. Espectaculares tonos rojizos y púrpuras tiznaban el cielo y las nubes mientras la brisa les azotaba los cabellos. Se aferró aún más al chico al notar cómo viraban hacia el sur. En ese momento sentía el aroma varonil y dulce que despedía Malfoy cómo nunca antes lo había sentido. Cierto era que con Malfoy había compartido algo más que miradas gruñonas y besos fugaces, lo sabía, pero por alguna razón que desconocía, ahora aferrada como una sanguijuela a él podía sentirlo mucho más; el aroma que despedían sus rubios cabellos azotados por el viento, el calor que despedía…lo sentía cercano, dolorosamente cercano. La tibieza de su cuerpo la embriagaba. Con delicadeza para no espantarlo colocó su nariz cerca del cuello de él.
"Dios que huele bien" –pensó con agrado acercándose un poco más a su blanco cuello.
El camino que recorrieron se le antojó exageradamente corto, por una vez en su vida había disfrutado un paseo en escoba y se acababa así, tan de repente. Por ella hubiese estado toda la vida apegada a él, con la nariz embotada de su olor, su aroma…tan…Dios tan maravillosamente Malfoy. No entendía cómo pudo sobrevivir todos estos años sin tenerlo así a su lado y nunca lo llegaría a comprender.
-Bien, llegamos –dijo el chico sacándola de su ensoñación.
-Que bueno, me estaba calando de frío –replicó ella separándose con delicadeza de él.
Mentirosa, no has sentido frío en todo el rato
-Creo que te haría bien alguna bebida –dijo él examinándola. Fijó sus ojos grises en sus mejillas sonrosadas, en el brillo intenso de sus ojos y se preguntó por un momento si ella se sentiría igual que él. Cómo si las tripas se le hubiesen ido de vacaciones.
-Si, creo que sí
-Vamos, iremos a las Tres Escobas porque en el Cabeza de Puerco al final todo se sabe…cómo ya lo habrás confirmado por ti misma –dijo el chico sonriéndole abiertamente.
-Que chistoso –dijo la chica con enfado.
-Vamos Granger, cualquier revolucionario habría escogido a la primera Las Tres Escobas porque hay mucha gente, hay menos probabilidad de que te escuchen
-Si, bueno eso mismo dijo… -empezó a decir la chica pero se calló de repente. Estaba a punto de decir que Lupin lo había dicho cuando los atraparon con lo del ED, pero eso lo habría arruinado todo, no debía olvidar que el padre del rubio que tenía enfrente era un mortífago y que él mismo era uno en potencia. No sabía si debía revelar que aún mantenía contacto con su antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, pues Malfoy caería en la cuenta de que el licántropo pertenecía a la Orden. No era nada conveniente revelar esa información. ¡Por Merlín! Si Harry o Ron supieran que se había ido de juerga con Malfoy le hubiesen lanzado un Avada sin pedir explicaciones ¿Qué demonios estaba haciendo?
-Ven, iremos por unas bebidas –la cortó el rubio tomándola de la mano y guiándola por la puerta abierta del local. Presentía que la chica estaba en una lucha interna sobre lo que debía o no debía decir y le encabronaba que no pudieran tener una conversación normal pues ambos estaban en bandos distintos, y gracias a esto no podían hablar abiertamente. Aunque sabía que él no se mostraría precisamente un "libro abierto" podía intentar mantener una conversación decente…Sí, claro que podría
-¿Qué les sirvo? –preguntó la curvilínea Madame Rosmerta detrás del mostrador escudriñando sus rostros.
-Un Whisky de fuego y….-empezó a decir el chico quien miró a Hermione que tenía cara de "cómo me pidas una cerveza de manteca te mato" así que cambió de parecer. -No, mejor deme dos.
-Bien, queriditos ¿no estarán muy jóvenes para tomar tragos tan fuertes? –preguntó con dulzura.
-Pues no, la verdad es que cada vez que vengo con mi padre, Lucius Malfoy, pedimos lo mismo –replicó el chico con su aire dominador de siempre.
-Oh, si eres el pequeño Malfoy, por supuesto por supuesto –asintió Madame Rosmerta. –Se los llevaré de inmediato.
-Bien –dijo el chico resuelto y se llevó de la mano a Hermione quién no podía creer la influencia que podía tener el papá de Malfoy incluso en un local como Las Tres Escobas.
Se sentaron en una mesa un poco apartados del gentío cerca de una ventana que daba a la calle principal de Hogsmeade, desde allí podían ver perfectamente a la gente pasar por la avenida.
-Pensé que te me echarías encima en cualquier momento cuando pedí las bebidas –le dijo el chico con sorna.
-Es que no me podía creer que estuviste a punto de pedirme una cerveza de manteca
-No lo iba a hacer –refutó el chico tomándose el pecho ofendido. –La verdad es que te iba a pedir un té.
-Ja ja ja, que divertido –refunfuñó la chica. –Para tu información no soy una santa, y si he probado tragos con alcohol.
-Guau eso si es una novedad
-Creo que lo de santa ya se discutió hace mucho tiempo –dijo la castaña ofendida.
-Yo creo que no
-Te lo demostré con creces –insistió la chica
-No lo recuerdo
Cada vez disfrutaba más haciendo rabiar a la chica. Era muy placentero ver cómo iba pasando del pálido natural de su piel al rojo de la indignación.
-Bien –dijo cruzándose de brazos.
-¿Cómo que "bien"? –preguntó confundido
-Nada
-No entiendo
-No hay nada que entender.
-Bien
-Bien –asintió la chica desviando la mirada del rubio hacia la ventana. El atardecer ya estaba en pleno apogeo, los primeros rayos del sol se escondían por el horizonte.
-Muy bien queriditos, aquí tienen sus bebidas –dijo la voz cantarina de Madame Rosmerta a su lado. –Cualquier cosa no duden en llamarme. Dejó las bebidas en la mesa, cerca de Malfoy y se alejó haciendo tintinear sus altos tacones en el piso de la taberna.
-Granger¿Porqué tienes que ponerte siempre tan orgullosa? –preguntó el rubio alcanzándole la bebida, dejándosela a un palmo de distancia.
-No lo soy –dijo centrando su mirada en los ojos grises del chico, tomó el vaso que tenía en frente y dio un pequeño sorbo a su bebida. El whisky de fuego le abrasó la garganta cómo si se hubiese tragado de verdad fuego líquido. Sintió cómo el licor le escocía cada célula de su ser, pero no dio muestras de debilidad. Tenía que mantenerse firme frente al rubio, no podía ceder.
-¿Muy fuerte? –preguntó el rubio inocentemente.
-Para nada –dijo ella tomando otro sorbo. Esta vez no le abrasó tanto la garganta. La chica lo agradeció para sus adentros.
-No parece –comentó el rubio tomando un buen trago de su vaso. –Te apuesto a que no lograrás tomarte todo el vaso.
Perfecto, Malfoy la retaba a que se tomara el vaso que a duras penas había tomado dos míseros sorbos. Pero eso no importaba, tenía que poder hacerlo a toda costa. ¿Por qué todo el mundo se empeñaba en dejarla como una mojigata?
-Ya lo verás –dijo la chica de repente con los ojos encendidos por la rebeldía. –De hecho, yo te apuesto a que me lo tomo primero que tú.
-Estás loca, nunca lograrás vencerme
-Entonces no tienes de que preocuparte –le dijo ella en tono burlón y componiendo una sonrisa.
-Te dejaré en vergüenza Granger.
-Probemos
Malfoy se la quedó mirando unos segundos. Estaba seguro que no lograría tomarse ni siquiera medio vaso, pero si lograba tomarse el vaso entero de verdad sería muy divertido verla.
-Está bien.
Ambos levantaron sus vasos para ver si estaban al mismo nivel. Una vez ambos vasos estuvieron equilibrados los levantaron a modo de brindis.
-Por tu embriaguez que de seguro debe ser muy divertida –brindó el rubio riendo.
-Por tu derrota –brindó a su vez la chica.
Ambos posaron sus labios en sus respectivas copas. Al poco tiempo el whisky de fuego iba desapareciendo de los vasos, internándose en las gargantas de los chicos. Hermione sentía como si brasas le quemaran la garganta y se la llenaran de heridas, pero no iba a detenerse, no cuando podía ganarle al rubio petulante que tenía enfrente, por muy guapo que fuera.
Malfoy que ya estaba un poco familiarizado con la bebida no sentía el fuego abrasador que sentía la castaña, pero de a poco comenzó a notar un escozor en el estómago, algo que de ninguna manera iba a servir de impedimento para terminar su copa.
Con un golpe sordo Malfoy dejó su copa en la tambaleante mesa de madera. Pocos segundos antes de que Hermione hiciera lo mismo.
-Ya ves, te dije que te ganaría. –le dijo burlón el rubio.
-Por poco
-Pero igual perdiste, y fue muy placentero ver como lo hacías
-¿El qué?
-Perder –dijo él con simpleza.
-No estoy acostumbrada a que me ganen –dijo la castaña con la voz tomada por el alcohol. –Tendrás que llamar a Madame Rosmerta para la revancha.
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La revancha dio pie al desempate, y luego –para consternación de Malfoy- a una segunda revancha. Para la quinta ronda de whisky Hermione apenas podía distinguir la cara del Slytherin ni mucho menos la de preocupación de Madame Rosmerta al ver el estado de ebriedad en que se encontraba la chica cuando le traía las bebidas.
La mente ebria de la chica volaba a gran velocidad mientras el alcohol se colaba por su garganta, que ya no parecía arderle en lo más mínimo.
Para una chica como Hermione Granger, prefecta, sabelotodo y la primera de la clase quedar borracha como una cuba no era algo que se viera todos los días, y menos a los ojos de quien fuera su enemigo por cinco años. Malfoy se había encargado de avergonzarla, intimidarla y basurearla desde que llegó a Hogwarts, y aun así, pese a todos los "sangre sucia" e "impura" sufridos, Hermione estaba emborrachándose precisamente con él. Con el Slytherin ególatra, presumido y egoísta Malfoy, quién además de ser todo eso y más, fue el primero al que le entregó lo único que una chica como ella le pudo regalar: su virginidad. ¡Y que regalo! Seguro él ni se acordaría en unos años más que una chica de pelo enmarañado, bajita y con delirio de enciclopedia, se le hubiese entregado tan fácilmente.
El problema era que ella se acordaría, se acordaría de cada detalle, de cada agitación, de cada respiración entrecortada…Pero él no; a él le importaría un carajo. Eso era lo que más dolía.
Y sin poder evitarlo, sin poder contener el vacío que la inundaba, se echó a llorar.
Lo admitía, era una de esas ebrias lloronas y quejosas ¿pero que iba a hacer si eso era lo que sentía ganas de hacer?
-¿Qué te pasó? –preguntó el rubio desconcertado
-Nadda –respondió la chica entre sollozos.
-No me vengas con estupideces. Dime por qué lloras
-No quie-edo
-Te estás comportando como una bebé malcriada
-Quizás
-¿Cuál es tu problema?
-Tú… tú edes mi pboblema
-¿Y ahora que hice? –preguntó el chico abriendo los ojos sorprendido. –Te traje aquí para que te relajaras y te alejaras de esos mohosos libros, y creía que lo estaba logrando.
-Tú –le dijo apuntándolo con un dedo acusador. –Tú, no recordarás.
-¿Me puedes hablar en un idioma que yo pueda entender? –replicó el chico perdiendo la paciencia. ¿Qué demonios le pasaba a Granger¿Qué yo no voy a recordar qué? Mujeres –bufó enojado. –De repente todo tengo que saberlo.
-Pues debedías –dijo la chica sollozando aún más fuerte. –Yo voy a sed la eztúpida que lo recuegde, y tu con tu maldita vida pedfecta no lo recordarás…pero yo sí…toda mi desgraciada vida.
Y de repente se encendió una lucecita en la cabeza de Malfoy. Ahora entendía de que se trataba la pataleta de la chica, e hizo la única cosa que se le antojaba hacer en esos momentos, ya fuera por el alcohol o por la situación; se largó a reír.
-No tiene nada, nada de graciozo
-Yo pienso que sí –rebatió el chico con los ojos chispeantes de alegría. No sabía por qué el entender lo que sentía la chica por él lo hacía tan feliz. Tenía ganas de reírse hasta que le dolieran las costillas. Y ya casi lo lograba.
-¿Me puedes haced el favod de callagte¿No pienzaz que ya eztoy lo su-suficientemente humillada por ti para que lo agrandes más? –preguntó la chica llorando con más fuerza aún.
Algunos clientes que se encontraban en las mesas aledañas los miraban con curiosidad.
-Granger, eres una niña boba
-No haze fa-falta que me lo decuegdes
-Me refiero a que si lo recordaré –explicó el chico aún con una amplia sonrisa en el rostro. El alcohol estaba dando riendo suelta a sus verdaderos sentimientos. Se le escapó antes de que pudiera detenerlo.
-¿De…de verdad? –preguntó la chica con los ojos aún bañados en lágrimas.
-Sí, lo haré, no seas tonta –dijo abotonándose su abrigo. -Vamos, creo que ya has bebido demasiado. Salgamos de aquí.
Pagaron las bebidas y salieron del local. Hermione se tambaleaba al lado del rubio, por lo que éste tuvo que afirmarla todo el trayecto hasta su escoba. La montó detrás de él con inseguridad, no sabía si podría sostenerse. Con una mano sostenía uno de sus brazos y con la otra tomaba con fuerza el mango de su escoba. La verdad es que él no estaba mucho mejor que ella, pero al menos no se tambaleaba.
Se elevaron en el cielo estrellado. Rozaban las copas de los árboles con los pies mientras avanzaban. Unos minutos después Malfoy se inclinó suavemente en su escoba; girando hacia su izquierda descendieron a trompicones cerca del borde del lago.
-Ya lle-llegamos? –preguntó Hermione al notar tierra firme debajo de sus pies.
-Casi. Haremos una parada antes de llegar al castillo –explicó el rubio haciendo descender el mango de su escoba con una mano.
Pocos segundos después sus pies tocaron tierra firme, por lo menos para Malfoy porque para Hermione la hierba parecía bailar bajo las suelas de sus zapatos.
-Yyy ddonde esstamos? –preguntó la chica haciendo eses mientras caminaba.
-En el lago –respondió Malfoy dejando su escoba a un lado y comenzando a desvestirse.
-Qu-ué que ha-hacez? –preguntó Hermione escandalizada al ver al rubio quitándose los zapatos y la camisa.
-Granger, espero que la bebida no te haya matado un numero importante de neuronas ¿Qué no ves que me estoy desvistiendo? –preguntó el chico sentado en el suelo y forcejeando con un calcetín.
Hermione muda de la sorpresa se quedó mirando el blanco torso de Malfoy. Al final no terminaba de asombrarse cada vez que lo veía, era ver la perfección misma ¿Quién se acostumbraría a ver tanta belleza?
Malfoy una vez se hubo quedado sólo con los pantalones puestos se acercó a la chica, lenta, pausadamente hasta situarse delante de ella mirándola con esa sonrisa torcida tan suya que a la castaña le ponía los pelos de punta. Le sacó el abrigo de los hombros y lo tiró lejos en a oscuridad. Con movimientos lentos le comenzó a desabotonar la blusa y Hermione que ebria como estaba aún podía darse cuenta de lo que pasaba, se sonrojó. El rubio con esa sonrisa pícara en los labios no pudo resistirse a la persistente inocencia de la chica, se acercó con galantería hacia ella hasta rozar con la punta de las yemas de sus dedos la piel tersa y suave de ella. A cada tanto le cubría de besos los níveos hombros y el cuello con lo que provocaba que la chica se estremeciera. Terminó de sacarle la blusa y de inmediato la volteó con rapidez sacándole de un tirón la falda. Hermione previniendo lo que se venía, con movimientos torpes y apresurados se sacó los zapatos y las medias de los pies. El chico notando sus intentos tan profundamente infantiles, como una niña pequeña esperando con ansias el quedar descalza para ir a jugar, no pudo evitarlo y la besó tan tiernamente como el alcohol se lo permitió. No calzaba el porte petulante y engreído de él con los besos y caricias que le regalaba a la castaña, algo que para desventura del rubio Hermione captó a pesar de las cinco rondas de whisky en el cuerpo, y no pudo hacer menos que sonreír mientras lo besaba.
Malfoy aprovechando la fragilidad de la chica la tomó en brazos y comenzó a caminar con ella en dirección al lago. Pronto sus pies descalzos tocaron el agua hasta llegarle hasta más arriba de las rodillas, fue ahí cuando la soltó.
-¡Ah! Está helada ¿Porqué me dejaste caer? –preguntó indignada la chica cuando salió a la superficie.
-Necesitas sacarte un poco la borrachera –dijo de buen talante el rubio. La agarró de los hombros y la hundió nuevamente.
-Brrr nno ne-necesito sacarme nada –tiritó la chica abrazándose los costados.
-Claro que sí –dijo él tirándole agua en la cara.
-Que no –dijo ella arrojándole agua también. Pronto estuvieron empapados de pies a cabeza, arrojándose agua como unos pequeños.
Hermione reía como una loca mientras escapaba del alcance del rubio, algo que le era imposible dado que el chico era muy buen nadador. Pronto le dio alcance y la hundió en el lago completamente. Sonrió triunfante hasta que sintió como unas manos lo tiraban hacia abajo, Hermione no se daba por vencida y lo había sumergido con ella. Lo aprisionó con fuerza para que no escapara, pero él con más fuerza aún la hizo emerger.
La chica con los cabellos mojados y esparciéndose por el agua tenía los ojos enrojecidos por la bebida pero más lúcida que desde hace unos momentos, estaba a punto de tomar venganza contra el chico cuando cambió de parecer y acortó los centímetros que la separaban de él, lo tomó de la nuca y lo besó ahora sí con vehemencia, transmitiéndole toda la energía y pasión que sentía en ese momento.
Era con seguridad el momento más romántico que se hubiese siquiera podido planear, allí suspendidos en medio de la negrura de las aguas del lago apretándose el uno contra el otro besándose, tocando sus cabellos en mitad de la noche donde nadie los encontraría…sólo la luna… era perfecto.
-No deseo regresar –le dijo él en su boca. La chica sintiendo su aliento rozándole los labios le produjo una profunda excitación, y en vez de parar y decirle sensatamente que volvieran al castillo, se apretó más hacia él profundizando el beso; se detuvo con lentitud y se separó lo justo para sujetar con sus labios su labio inferior. Se lo mordió haciendo que el rubio reprimiera un gemido de placer.
Hermione ignorando olímpicamente el estremecimiento de él dirigió su atención a su barbilla, a su mandíbula que desde hacia tanto tiempo quería mordisquear, lamer, poseer completamente.
El rubio exacerbado por la actitud de la castaña y agradeciendo para sus adentros el whisky de fuego, colocó sus manos en sus caderas apretándola con fuerza contra sí.
Para ese entonces ya tocaban tierra firme pero aún con el agua hasta arriba de sus cinturas con lo que el chico aprovechó de situar de un salto a la chica encima de él, pero el alcohol consumido -que no era poco- los hizo caer de un porrazo. Ambos riéndose y con la respiración agitada se miraron a los ojos un momento.
-Creo que ya es hora de regresar –dijo la castaña en un suspiro tratando de levantarse.
-Sí, creo que ya estas en condiciones de regresar al castillo –dijo el chico apartando la mirada de la de ella. Salió del agua y se encaminó hacia la orilla seguido por la chica que se agarraba las costillas muerta de frío ahora que no estaba rodeada por los brazos del chico.
Aparentemente molesto, el rubio se colocó la camisa sin abotonar y con los pantalones goteando por los pies comenzó a buscar sus zapatos por el lugar.
Hermione consternada ante la actitud del chico pensó que quizás había hecho algo mal, y así se lo expresó cuando dejó de tiritar.
-¿A que te refieres?
-Es que no se que te pasa, a lo mejor hice algo que… -empezó la chica a decir con preocupación.
-No has hecho nada
-A mi no me parece –insistió
-Pues si quieres saberlo –dijo dándose la vuelta para enfrentarla. –Pensé que querías estar más tiempo conmigo, eso es todo.
A Hermione la respuesta del chico la dejo momentáneamente sin palabras, mezcla de sorpresa y felicidad. No se podía creer que él estuviera molesto por aquello, claro que le gustaría estar con él más tiempo ¿Qué se creía que era tonta? Le encantaba estar a su lado, creía que lo sabía, pero no, su orgullo Gryffindor no le había permitido dejar escapar aquellos sentimientos que la habrían delatado frente a Malfoy, y era lo último que quería porque ni siquiera ella sabía que era lo que sentía. Y en vez de tratar de explicarse se acercó a él y lo abrazó.
El rubio pasmado le devolvió el abrazo con cierto embarazo. Nunca, ninguna chica lo había abrazado porque sí, sin caricias, sin besos, todas sus otras conquistas habían sido sólo sexuales, no cariñosas, no con el afecto que le transmitía la castaña. Le devolvió el abrazo y la apresó con sus brazos apoyando su cabeza en su cabello empapado pero que aún desprendía ese aroma dulzón que tanto le gustaba.
Pasaron unos segundos así abrazados, hasta que el rubio no pudo soportar tanta cursilería y se desprendió de ella, delicadamente para no herir sus sentimientos.
¡Para no herir sus sentimientos! –pensó alarmado. -¿Y a mi que me importan sus sentimientos? Soy un Malfoy por Merlín!
-Debemos irnos –le informó la chica agarrando sus pertenencias.
¿Qué es ese brillo en sus ojos¿Lágrimas¿Porqué lloraba?
-Está bien, vamos –dijo tomando sus zapatos. –Dentro de pocas horas hay que rendir un examen –comentó el chico en tono casual mirando intencionadamente a la castaña.
-No me harás sentir mal con respecto a eso –dijo ella sonriéndole. –De verdad me he divertido mucho, gracias
-Pues obvio, estabas conmigo –dijo él irguiéndose y apuntándose con el índice.
-El único problema es que mañana estaré hecha bolsa
-Hoy –la corrigió. –Hoy en pocas horas.
-Bien, hoy en pocas horas –dijo y le sonrió.
Caminaron por la explanada en dirección al castillo. Poniendo cuidado supremo a medida que avanzaban de no hacer tanto ruido. Pasaron a través de las puertas de roble del hall y subieron las escaleras de mármol.
-Y bien¿Dónde es tu sala común? –preguntó el rubio mirando a ambos lados del pasillo como si esperase que hubiese un letrero que le indicara hacia donde ir.
-¿Para que quieres saberlo? –preguntó la castaña con desconfianza.
-Para saber de donde tengo que secuestrarte la próxima vez –explicó el chico con toda la naturalidad del mundo.
-Me estás tomando el pelo
-No lo hago, hablo en serio –dijo, y reafirmando lo dicho adoptó una expresión seria y adusta, pero de inmediato le sonrió con su habitual sonrisa torcida que la hacía desfallecer.
Hermione no pudo menos que creerle de inmediato ¿Quién no le creería a tan bella personificación del ángel Gabriel?
-Vale, vale te creo
-¿Y bien?
-Bueno, es que….
-Sólo quiero acompañarte para que no despiertes a todo el castillo. No se me olvida que hasta hace poco hacías el abecedario completo al caminar –dijo sonriendo el rubio.
-No lo hacía –exclamó indignada la chica dando un gritito
-Shh no hables tan fuerte¿Quieres despertar al viejo enclenque de Filch? –le recriminó el rubio haciéndola callar. –Vamos, enséñame donde para después poder volver a mi sala común.
La chica mirándolo una última vez con desconfianza lo tomó de la mano y lo guió por un pasillo a su izquierda. Caminaron juntos por los corredores hasta que llegaron hasta el retrato de la Señora Gorda, afortunadamente ni Filch ni la Señora Norris se les interpuso en el camino. El castillo en pleno parecía encontrarse sumido en un sueño profundo.
¡Gracias a Dios! –pensó agradecida la castaña
Se quedaron mirando la entrada a la sala de Gryffindor unos segundos. Hermione sintiéndose una tonta rematada se colgó de los brazos del rubio, le dio un último beso y desapareció por le retrato. Malfoy se quedó mirando por unos minutos por donde se había ido la chica y luego se dirigió hacia el pasillo contrario internándose en la oscuridad con un brillo alegre e infantil en los ojos.
Se la había pasado de maravilla.
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Hola mis niñas! Lo siento se que me merezco que me aporreen contra cemento fresco y todo lo demás por no haber actualizado desde hace tanto tiempo, es que entre una cosa y la otra me fui de vacaciones, debo admitir que esa no es excusa pero…es que no conocen a mi mamá, me prohibió tajantemente el uso de un computador en esos días, según ella era que necesitaba un descanso, que los ojos se me ponían cada vez más chicos al estar tanto rato pegada a la pantalla y bla bla bla, el punto es que quede desconectada del mundo y de la historia. Pero como ya vieron en recompensa a la espera el capítulo es doblemente mas largo de lo habitual. Bueno la verdad es que tenía que serlo, sino ¿Cómo le iba a hacer justicia a los acontecimientos?
Espero les haya gustado el cap. lo hice con mucho amor. Lo que yo me pregunto es¡¿Cuándo me pasará a mi algo así?! Jajaja Esperemos que pronto sino me tiraré del primer acantilado que encuentre…
Un beso enorme y muchas gracias por seguir leyendo, de verdad me animan tanto. Gracias de verdad.
Con mucho amor para uds. y para mi mejor amiga, que ayer se me fue a vivir a Argentina. La echaré tanto de menos…lloré como una Magdalena lo admito. UN BESO ENORME ROMY TE QUIERO MUCHISIMO.
Este capítulo va especialmente dedicado a mi hermana, mi amiga y confidente, Elizabeth, que sin su valiosa ayuda no podría haber terminado este capítulo, aunque ella no sabe que fue expresamente para lo que menos le gusta y a mi me encanta: Harry Potter. Te quiero mucho, espero te haya gustado.
Con cariño,
Sophie
