Capítulo 7

Hagen por fin llegó al lugar donde Mime había estado tocando antes pero no podía ver a nadie por ningún sitio a pesar de que pudiera ver algunas trazas en la nieve: además de las huellas de las botas también había fragmentos de ramitas y hojas desparramados por todas partes y de tal manera que el chico se puso sumamente nervioso.
—Esto sí que es raro, juraría que la música procedía de aquí. ¿Dónde estará Syd?
Hagen se puso a investigar por los alrededores, sin notar que los cuatro que habían estado peleando se encontraban solamente a unos escasos metros de distancia suyo. Un fragmento de tela blanca, de la cual no se había apercibido al principio, había caído sobre la nieve durante la pelea y en ella había algunas gotitas de sangre. Unos metros más lejos, colgado de una rama, vio un trozo de tejido que parecía pertenecer a la chaqueta de Syd.

Hagen no tenía dudas de que habría habido algún conflicto y que las marcas en la nieve y los fragmentos de tela eran señal inequívoca. Su amigo había sido atacado por algo o alguien, pero la cuestión que más le preocupaba era la de saber su paradero.
Una terrible sensación de ansiedad se adueñó de él especialmente cuando pensó en las últimas palabras que su madre le había dirigido antes de salir de casa. Un horrible sonrojo se apoderó de sus mejillas.

Sin embargo, pronto se tranquilizó cuando desde la distancia vio llegar a un joven de cabellos verdes, bastante despeinado y con la ropa en terribles condiciones que se le acercaba.
—¡SYD! ¡SYD! ¡Estoy aquí! —gritó para llamar su atención—. Hagen estaba equivocado pues no se trataba de su buen amigo Syd, sino de su desconocido hermano gemelo Bud— ¡Por todos los dioses, Syd! ¿Dónde estabas?.
—Pues yo... —el chico balbuceó un poco porque no se atrevió a desvelar su verdadera identidad.
—Oye, ¿qué te ha pasado?, llevas la ropa hecha unos zorros.—le preguntó antes de que Bud tuviera la oportunidad de contestar a su pregunta anterior.
—No es nada, es que me perdí por el bosque y despues fui...— antes de que pudiera terminar la frase Hagen le interrumpió.
—Bueno, lo que importa es que estás aquí.

Sin más, Hagen se lanzó sobre él y lo abrazó fuertemenete, el otro muchacho se quedó absolutamente pasmado porque nunca nadie antes le había dado muestra alguna de afecto, así que cuando se separaron Bud decidió tomar la oportunidad para devolverle el abrazo. Bud temía que en cuanto se descubriera que no era Syd, Hagen se enfurecería con él.
—Me asustaste mucho , ¿sabes? tenía miedo de que te hubiera ocurrido algo malo. —dijo el rubito.
—Yo también, Hagen.
—Vamos, debemos ponernos en camino a la capital.

Bud estaba bastante nervioso pues no sabía como explicar al rubiales que no era Syd. Sin embargo, en unos momentos aquella dejaría de ser una preocupación porque el mismo peligro de antes les acechaba.

Mientras tanto dentro de la casita en el bosque Syd y Mime se encontraban atados de pies y manos y amordazados a la merced de aquellos dos tipos. Fenrir sonreía divertido mirando a ambos con lascivia (hacía mucho tiempo que andaba detrás de Mime aunque este último siempre se había negado a mantener una relación que no fuera estrictamente profesional y el otro jovencito tampoco estaba mal) Por su parte, Alberich se divertía en echar indirectas, hacer pequeñas amenazas y lanzarles abuso de tipo verbal a ambos muchachos; aparte de que estaba emperrado con Mime y estaba picado porque el del pelo naranja le había dicho varias veces que se comprara un bosque y se perdiera.
Todos oyeron el ruido de voces y pasos a escasos metros de distancia. Fenrir fue a mirar por la ventana y vio que se trataba de Hagen y Bud, lo cual hizo le sonreir y comenzó a urdir una nueva estratagema para atraer a los dos a la casita y ajustar las cuentas al rubio.

Los chicos oyeron una voz procedente de la cabañita, era la de Mime que estaba imitando a una mujer y sonaba muy familiar a Hagen porque parecía pertenecer a la de Hilda. Los dos chicos se acercaron a la puerta y como notaron que estaba abierto se adentraron en la casa.