Antes que nada deseo comentarles que hagan sus maletas, empaquen las ideas, sus opiniones, la emoción, el gato, el perro hasta la vecina si quieren porque migramos acá: mangateca (punto) org . Hay un montón de cosas nuevas por hacer chicos y chicas, así que ya los esperamos por allá. Les aseguro que se encuentran muchas agradables sorpresas.
Primeramente quiero comunicar de debido a como alguien muy bien lo expresó y cito "la descripción de la interacción del miembro" el rating ha sido cambiado a M.
Ahora bien, no es que sea mala habiéndome divertido con lo de Nanoha fue un reto. Pero a la final quedé contenta además me parece que se logró el objetivo.
Guest por un momento dudé si dejar que Fate llegara a tiempo, así que comparto el sentimiento. Gracias me esforcé en que quedara bonita y bien hecha, disculparás errores sigo aprendiendo (seguiré toda la vida es seguro)
Nutella Bueno, no importa uno se olvida a veces. Pero no me has dado ni una probadita de la tonelada que me prometiste. Y en efecto, alargué lo que más pude la salvadora entrada porque así tiene más efecto. Pobrecita que huya porque la matas, pero ten en cuenta que a Fate nadie la obligó.
Rainhard Te mereces dos premios. Parece que a nadie más le interesó lo de Fate (ó no se dieron cuenta) porque a pesar de su mención casual era un detalle bueno, pero en fin. Yo tampoco soy muy paciente que digamos.
Nara375 Exactamente eso pensé yo, estaban tan bien pero si igual que se haya perturbado la magia causa que Nanoha reaccione y bueno Fate como ya lo has dicho tu no se aguantó. Pero lo de liarse con otra ya también lo había pensado (léase advertido) antes.
No Hayate no es, ni sale en este Fic lamento desilusionar a quienes querían que de pronto hiciera algo. Otros personajes si saldrán más adelante.
Pobre Nanoha ¿verdad?. Pero no te angusties con el carácter que se manda es un pequeñisimo traspiés.
A tus preguntas en orden: Porque ya había acabado?. Si estaba. Puede ser. Lee y te enteras. Por supuesto. Si se dio cuenta de algo pero nada ver que el abusador peludo (es peludo por cierto). ¡¿Twincest?!. No Perséfone (Es que Proserpina no me gusta) no tiene nada que ver en esto. Le has dado al clavo. Puede ser, lo más seguro es que quién sabe.
Si lo salva, pero porque simplemente le da miedo Fate.
Me divertí pero no con la violación, sino con la cara de horror que me imagine en ciertas personas. Pero igual, si hasta hubo un momento que me tente a dejar que la… ya saben… solo para probar una cosilla. Pero no me voy a tirar el Fic por un capricho mío.
Que nota de autor más larga. Y sin más preámbulo ¡A leer!
Capítulo VI – Represalias
Se veía tan tranquila con los ojos cerrados y su respiración pausada, rítmica y suave. Su rostro relajado le daba una apariencia aún más angelical, le hizo pensar una vez más en cómo alguien podía atreverse a lastimar tan bella criatura. Pero el moretón que empezaba a formarse en su mejilla le hizo fruncir el ceño disgustada, había un ser capaz de tal atrocidad. Y estaba allí fuera en algún lugar dormido muy seguramente mientras ella estaba allí sin poder hacerlo.
Pronto amanecería, el firmamento aún estaba oscurecido pero una franja de luz era ya visible. No deseaba levantarse, estaba cómodamente atrapada por la sacerdotisa que en su dormir había terminado casi sobre ella, pero había algo que tenía que hacer.
Despacio con temor de por accidente despertarla la colocó despacio sobre la cama. Nanoha se revolvió pero no despertó, la noche había sido muy agitada para ella. Para Fate todo lo que su mente y cuerpo pedían era un buen descanso, su espalda en especial la estaba matando pero no tenía tiempo para considerar su estado. Tomó la manta y le cubrió con delicadeza, faltaría poco más de una hora para que los rayos del sol se filtraren por la ventana, eso le daba un poco más de tiempo para que descansaré. Una hora más de sueño no lograría borrar el horror que vivió pero la rubia esperaba que para el cuerpo de Nanoha fuere al menos un buen descanso. De pie contempló la figura dormida de la joven unos momentos y luego cuidando de no hacer ruido alguno, tomó el puñal abandonado en el suelo la noche anterior.
Observó con detenimiento el arma. Tendría nueve o diez centímetros de punta. No estaba particularmente afilado pero con un poco de fuerza era suficiente para atravesar la carne. Estaba oscuro pero sus ojos ya se habían acostumbrado a la falta de luz y pudo distinguir en el mango un tallado. Le tomó un poco reconocer lo que al parecer era un símbolo que aunque para ella era por completo desconocido, pero confiaba encontrar alguien para quién fuera familiar. Y sabía dónde empezar. Guardando el puñal en su cinto salió de la habitación y con prisa bajo las escaleras, no deseaba dejar sola a la joven un segundo pero era necesario.
Llegó hasta el solar y la mayoría de sus soldados dormía ruidosamente, menos Nero quién aún somnoliento se lavaba torpemente la cara.
-Nero.
Sobresaltado por la repentina carraspera en la voz de su Capitán dejó caer el cuenco. Y se irguió enfocando como mejor podía la vista.
-Ven conmigo. Trae tu arma y armadura.
Fate dio media vuelta y el joven pasando por encima de los borrachines alcanzo su equipamiento para seguirle.
No les tomo más de dos minutos subir la escalera y llegar nuevamente a la habitación donde ella aún dormía. Fate hecho un vistazo dentro para comprobar aliviada que la sacerdotisa estaba casi en la misma posición, la manta colgaba un poco dejando al descubierto parcialmente su pecho. Con una seña le ordenó a su lugarteniente esperar allí en tanto ella entraba para acomodar el cobertor. Una vez hecho, salió al encuentro de Nero quién estaba ya lo más despierto posible y atentó a las órdenes que le fueran dadas.
-Nero. Quiero que te quedes aquí hasta que yo regrese. Nadie entra hasta que yo vuelva ¿Entendido? – Se hizo a un lado para que él pudiera montar guardia en su lugar -. Si despierta es seguro que va a querer salir, no la dejes. No uses fuerza. Solo hazle saber que regresare pronto y asegúrate que coma apropiadamente, también las otras sacerdotisas.
-Como ordene Capitán.
-Enviaré a alguien más para que monte guardia contigo.
Nuevamente bajó la escalera hasta el solar, algunos borrachines empezaban apenas a reaccionar. Se acercó hasta el pozo para lavarse la cara, el agua estaba helada y eso era perfecto para terminar de despertar sus sentidos.
-Buen día.
La voz femenina le resultaba familiar. Giró para encontrarse con la doncella que había dejado a medio desnudar la noche anterior, un recuerdo que parecía tan lejano salvo por las palabras que ella hubo dicho. Las mismas por las que se había atrevido a dirigirse hasta la habitación de Nanoha, aunque su decisión había quedado abandonada cuando al llegar se encontró con la desagradable escena.
-Buen día - saludo despacio.
-Pensaba buscarle para entregarle su armadura Capitán. Pero me es grato no haber tenido que hacerlo. – sonrió ofreciendo la capa doblada bajo el peto, su armamento y protecciones de brazos.
-Pudo haberlo dejado con el dueño – dijo tomando su equipamiento – Pero le agradezco.
Y en verdad estaba agradecida, que le hubiere evitado tener que ir ella misma por sus pertrechos. No había tenido tiempo para detenerse a pensar en ello, pero en ese momento cayó en la cuenta lo muy vergonzoso de su actuar. Había en medio de su deseo desenfrenado sin intención alguna llamado a la joven por otro nombre, el de la persona que no había podido apartar de su mente en días y que ahora se daba cuenta, estaba arraigándose en lo profundo de su corazón. Contrario a lo que en u principio pensó ella no se hubo molestado, por el contrario parecía hasta feliz con su desliz. Pero para Fate el solo hecho le hizo imposible continuar. No era la joven con quién su cuerpo y mente deseaban estar, sino la alta sacerdotisa de Apolo a quién ella no lograba dejar de anhelar.
Fue extraño cuando Micaiah –ese era su nombre, ahora lo recordaba bien– con una sonrisa complacida en sus facciones continúo removiendo su capa, besándole despacio el rostro y luego con ella aún paralizada le quito el peto para acomodarse sobre ella. Y luego lo dijo, con tanta naturalidad que hasta Fate pensó era una verdad absoluta. Pero no podía negar que llevaba razón, en verdad eso que sentía en su pecho por la joven sacerdotisa era especial, diferente, le llenaba de una calidez maravillosa con el solo hecho de tenerla cerca, pero también en segundos se transformaba en una tormenta de fuego que la consumía.
-Con gusto. – Tomó el cuenco de las manos de Fate y comenzó a llenar un balde.
-¿Tomará un baño tan temprano? – Pregunto Fate en tanto se colocaba sus brazales.
-No… - dijo acompañada de una risilla pícara – El agua fría es excelente para despertarlos, además ya les he dicho mil veces que si van a dormir en el solar tienen que al menos no estorbar el paso.
-Ya veo… - intentó hacer el broche posterior de su armadura, pero su brazo aún no se lo permitía. Además del maltrato muscular de su pelea la noche anterior.
Micaiah notando la dificultad de la Capitán cesó su actividad para colocarse a su espalda, aunque parecía que Fate no se lo permitiría término por colocar los soportes de la armadura. También sujeto la larga capa y volvió a su labor anterior.
-Mi padre es muy suave con estos clientes.
¿Padre? Fate abrió mucho los ojos, así que la joven no era como ella se estuvo imaginando una… sino en verdad la hija del dueño del lugar. Ahora que la veía bien, tenía los mismos ojos que él aunque su cabello era de un tono diferente y tal como su hermano, era alta y esbelta. Pero entonces, oh dioses, ahora si estaba confundida. Notando la turbación de la rubia Micaiah rió.
-No se preocupe Capitán, mi padre no es un mal hombre. Y le aseguro que no tendrá usted ningún problema con él.
-Fate, mi nombre es Fate.
-Prefiero llamarle Capitán, estoy segura que no volveré a verle. – contestó tomando el balde y vertiéndolo sin piedad sobre los que aún dormían en el solar – Pero tiene un nombre muy bonito, me asegurare de recordarlo.
Fate rió también al ver como gruñían y se levantaban a prisa, solo para volver a caer con un golpe sordo. Incluso sus soldados fueron víctimas del malvado despertar de la joven hija del tabernero. Aprovechando el momento se acercó hasta Seluvia quién parecía estar más despierto que todos.
-Necesito que hagas algo para mí – dijo agachándose hasta quedar a su altura.
-Lo que ordene Capitán – contesto intentando ponerse de pie.
-Quiero que te laves la cara, tomes algo para espabilar y vayas al mercado. – sacó una bolsa con lata y se la entrego. Compra provisiones, queso, carne seca, algunas frutas y un par de alforjas nuevas. Cuando Kraad o Ragnos estén en condiciones haz que alguno monte guardia con Nero en el segundo piso.
Ayudado por su Capitán se acercó hasta el poso e igual que ella se lavó la cara como mejor pudo, pero en su estado no era suficiente para disipar todo rastro de la improvisada fiesta de la noche anterior.
-Le traeré algo para que se sienta mejor – ofreció Micaiah.
-Iré con usted.
-No es necesario – se apresuró a decir pero Fate le interrumpió.
-Puede ser, pero voy de salida igualmente. Imagino que su padre está aún descansando, así que le pagaré toda la deuda ahora a usted. Asumo que no hay problema con ello.
-Ninguno.
Aceptando la escolta de la Capitán Micaiah caminó delante hasta que se detuvo en la cocina, tomó diversos jarrones y mezclo un brebaje fuerte que ella sabía era capaz de disipar en gran medida los efectos del vino. Fate entre tanto calculaba los gastos a pagar, sumando incluso la silla rota y los costos del alimento que consumirían esa mañana.
-Creo que eso lo cubre.
-Muy bien – tomó las piezas de plata y las depositó en un contenedor sin contarlas siquiera. – No se sorprenda Capitán, confió en que es usted una persona honesta.
-Si, claro.
Estaban a punto de llegar al solar nuevamente cuando una idea cruzo su mente. La joven podía serle de ayuda, más de la que ya le había sido quería significar. Sacó la daga y asiéndola suavemente del brazo la giró hacía si.
-¿Conoce usted el propietario de estar arma?.
-Mmm – Micaiah examinó el arma. – No. Pero se quién la fabrico. El viejo cascarrabias de Avitus.
-¿Dónde puedo encontrarlo?
-En su forja naturalmente, ya debería haber abierto es muy madrugador. Pero le advierto Capitán es un viejo amargado, desde que su hijo mayor murió ha estado peor. – Hizo una pausa para mirarle a los ojos - ¿Por qué quiere usted encontrar al dueño?.
Para matarlo.
-Tiene una deuda conmigo, y me dejo su daga como prenda pero prefiero las piezas de plata.
-Ya veo. – Olvidando el brebaje en sus manos se acercó hasta la puerta con Fate siguiéndole de cerca – Camine hasta allí, luego cruce por la derecha y continúe hasta que vea llegue forja. No verá usted una exposición como en la mayoría de armerías, ahora solo forja bajo pedido.
-Gracias.
Bien, ahora sabía quién había confeccionado el arma. Con suerte si le proveía la descripción física al herrero este sería capaz de identificar al comprador, una ventaja que fuere una villa pequeña era que la mayoría de los habitantes se conocieren entre sí.
Camino siguiendo las instrucciones que Micaiah le hubo dado hasta que en efecto divisó un yunque y la forja ya encendida. Un hombre corpulento aunque entrado en años encima estaba avivando la llama, había varios trozos de metal esparcido en el suelo y sus herramientas listas junto a la enorme peseta llena de agua.
-Buen día.
-Buen día – contesto él sin cesar su labor.
-¿Puede usted decirme si reconoce el dueño de esta daga?- Espero hasta que él herrero giró para encontrarse con ella. – Alto, fornido, con barba más bien abundante y como…
El herrero finalmente hizo una pausa para encarar a la mujer.
-Ah, un soldado. Capitán por lo que veo. Déjeme ver… - tomó el arma y examinó el mango con cuidado reconociendo las marcas. – Mmm si, sé quién la mando hacer.
Eso había resultado mucho más fácil de lo que había pensado inicialmente.
-¿Puede decirme? – cuestionó neutral.
-Eso depende. Es un buen cliente…
-Tiene una deuda, de juego… me dejo su daga en prenda… - aventuró intentando sonar convincente.
-El muy… - tomo aire y le devolvió el arma – vive al final de la calle, junto al depósito. Por cierto, la espada que lleva ¿Puedo verla?.
-Ahm, si. – No muy segura si era buena idea pero no queriendo levantar sospecha le entrego el arma al hombre.
-Le falta filo. Puedo pulirla, total tengo que esperar por el horno. Pásese por aquí de nuevo cuando haya terminado con Varro.
El momento que había estado anhelando desde el segundo mismo en que el moretón en el rostro de Nanoha se hubo formado estaba cerca, caminó sin prisa con paso seguro. La brisa levantaba su capa y a medida que se acercaba su tranquila expresión se tornaba oscura e implacable.
La noche anterior no había tenido la intención de dejarle escapar, estaba cegada por una furia como nunca antes había experimentado. Si bien su prioridad era mantenerlo alejado de Nanoha, una vez hubo cumplido su objetivo principal todo lo que deseaba era hacerle pagar por haberse atrevido a intentar tomarla, quería golpearlo hasta que físicamente no tuviera energía para continuar. Sin embargo, durante la madrugada mientras observaba el rostro de Nanoha amoratarse y la inflamación crecer decidió que aquello no era castigo suficiente, los golpes curarían pero la huella que la agresión dejó en Nanoha nunca por completo. No había nada que ella pudiera hacer para que borrar de su memoria esa noche, pero se aseguraría que él no fuere más un peligro para ninguna doncella.
Llegó a la puerta y golpeó dos veces. Esperó hasta que escuchó pasos del otro lado, segundos más tarde una mujer mayor, como la edad de su madre abrió y le miró extrañada.
-¿Está Varro en casa? – preguntó con falsa camaradería.
-Si. Pero me temo que no podrá atenderle en este momento. Parece que ayer se peleó con alguien en la taberna y no se encuentra muy bien. – la mujer parecía molesta pero también afectada.
Fate con un movimiento rápido apartó a la mujer de la puerta y se adentró en la casa. No era muy grande y tenía el diseño tradicional, si estaba en lo correcto la habitación principal estaría junto al solar interior. A su espalda la mujer le seguía protestando airadamente por su interrupción en el hogar, pero no demasiado pues al ser ella un soldado podía hacer eso y mucho más.
Al llegar a la habitación, tal y como ella lo había supuesto, el hombretón estaba acostado cuan largo era sobre una cama bien decorada y suficiente grande para dos personas más. No dormía pero tenía los ojos cerrados y por lo que podía distinguir un empaste en el tabique roto, sin duda el desgraciado había sido atendido ya por algún sanador local. Se acercó hasta quedar justo a su lado, no se movió ni dijo palabra alguna ante las protestas de la mujer que insistía era mejor regresaré luego cuando el estuviere en mejores condiciones, solo lo observó dejando que la ira se acumulare en su interior.
Hasta que imprevistamente él abrió los ojos despacio, y al enfocar la vista intentó de un brinco apartarse pero no llego si quiera al otro lado de la cama, la rubia lo atrapo por el cuello de la túnica y lo estrujo contra la cama. Sus ojos centelleando peligrosamente.
A su espalda la mujer comenzó a gritar algo que no comprendía y muy poco o nada le importaba. Todo lo que Fate quería en ese momento era ver en los ojos de él el mismo terror, que fuera presa del miso pánico que ella. Estaba asustado si, pero ni por asomo al mismo al nivel que ella quería.
-Por favor, deje a mi esposo. Lo que haya hecho, me disculpo por él – dijo la mujer aferrándose a su brazo
-No. – Replicó Fate.
No apartó ni por un segundo su mirada fría de él. El hombre permanecía en silencio pero temblaba como una hoja movida por vientos de tormenta, el sudor empezaba a formar una leve capa en su frente.
-Por favor. – rogó nuevamente, esta vez aplicando un poco de fuerza al brazo que sostenía para intentar que sus palabras tuvieren más fuerza.
-Salga – ordenó la Capitán con voz potente.
-Pero mi esposo… ¿No le hará usted daño?
-Ahora – de nuevo con el mismo tono autoritario.
Ella no deseaba irse y dejar a su esposo con esa soldado, menos con la mirada ensombrecida que portaba en ese momento, pero no era una petición sino una orden. Si no hacía tal como se lo pedía la situación podía empeorar, lo mejor sería hacer como ella decía. Sin apartar la vista de Fate camino despacio hasta la puerta en tanto él la miraba suplicante.
Cuando Fate pensó que era seguro extrajo la daga del hombre de su cinto y habló con voz profunda y llena de ira.
-¿Dónde está tu valor ahora?
No hubo respuesta alguna, solo un gemido lastimero cuando sin compasión ella presionó el filo del arma contra su cuello. Su cuerpo tembló con más violencia cuando el metal empezó a cortar su carne, pero ella se detuvo a tiempo, esa era una muerte demasiado rápida, apenas y alcanzaría a sufrir unos segundos antes de desmayarse y morir.
Acercó su rostro al suyo, hasta que él pudo diferencia el matiz exacto de sus ojos carmesí llenos de furia. Aunque Fate hablo despacio, sin prisa y con extrema tranquilidad, como si las palabras que salieren de su boca fueran no más importantes que una conversación ligera, pero Varro temió con justificada razón que fuere las últimas que escucharía.
Que error había cometido al pensar que podía salirse con la suya.
-Solo una… esclava… - murmuró.
Entonces Fate lo tomó del cuello, aunque el hombre era más alto y corpulento lo levantó con extrema facilidad solo para dejarlo caer pesadamente sobre el suelo frío. Él intento alejarse pero una patada directa a sus costillas lo mantuvo efectivamente hecho un ovillo en el suelo. Pero ni su lamentable estado, con la cara inflamada por los potentes puñetazos que ella le propino más el tabique visiblemente quebrado y su temblar descontrolado iban a surtir efecto alguno en ella. Nada de lo que él pudiera hacer o decir iba a aplacar su ira, pagaría con su vida. Estaba decidido.
Armada con la propia daga de él se acercó con la firme intención de apuñalarlo. Pero un grito aterrorizado la hizo detenerse, giró sobre sí misma para encontrarse con una joven que la miraba con miedo. Debía ser su hija supuso, y a juzgar por las apariencias debía tener más o menos la misma edad que Nanoha. Una idea le vino a la mente. Abandonó al hombre hecho ovillo a sus pies para acercarse con dos zancadas a ella, la tomo del brazo y se la arrebató a su madre quien no era rival para su fuerza. Moriría pero antes le haría experimentar la misma ira, dolor y desesperación de la que ella había sido víctima, lo sentiría en carne propia, con la gran diferencia que él no sería capaz de hacer absolutamente nada. Incluso si lo intentare Fate podía fácilmente doblegarlo y de hecho no necesitaba un arma para acabar con su vida, podía hacerlo con sus propias manos.
Sorprendida la joven no supo que hacer, solo observó paralizada como la soldado la aprisionaba entre la pared y su propio cuerpo. Que pensaba hacer no tenía idea, pero su sola mirada iracunda la hizo temer e intentó inútilmente apartarse de ella. Se revolvió pero toda su resistencia cesó en el mismo momento que sintió el frio filo metálico rozar la piel expuesta de su pecho, sin decir una palabra y sin mirarla la desconocida rasgo su túnica desde el cuello, pasando por su vientre y hasta su término. Sus ojos fijos en su padre quién yacía incrédulo en el suelo.
Sintió la mano cálida y helada a la vez bajar por su anatomía expuesta hasta que llego a su parte más íntima, su padre se tensó e intentó levantarse pero la verdad era que poco podía hacer con una costilla lacerada. Fate lo miro con odio, con profundo desprecio pero también con satisfacción y una sonrisa extraña adorno sus facciones, por primera sus ojos se toparon directamente con los asustados violeta de su víctima. Y acercándose tanto a su rostro que parecía inevitable su contacto levanto apenas la tela para dar la ilusión que su mano se perdía en la intimidad de la joven, quien por extraño que pareciera estaba totalmente pasmada por su cercanía.
-¡No! – gritó Varro poniéndose de pie y abalanzándose torpemente contra Fate.
Pero ella ya esperaba aquel movimiento, se apartó ágilmente y giro su cuerpo para empuñar la daga como era debido. Después fue cuestión de tiempo y precisión para que todo el peso del hombre cayera sobre el arma penetrando su carne y arrancándole profundo aullido de dolor. Fate lo empujo para verle yacer sobre su espalda observando el mango de su propia arma sobresalir de su abdomen, su esposa a su lado gritando horrorizada y su hija aún paralizada.
Había cumplido su cometido, la puñalada podía o no ser letal. Dependería de que tanta habilidad tuviera el sanador que lo atendiera, pero ella ya no tenía nada más que hacer allí. Le miro una última vez, deseando que su deseo fuera también el de los dioses y ese sujeto no viviera para ver el próximo amanecer, luego salió de la casa sin prisa.
El sol estaba ya próximo a salir, el destello naranja en el horizonte era fuerte y pensó que la sacerdotisa despertaría pronto. Debía darse prisa.
Caminó de regreso a la herrería, sin prisa, sin remordimiento alguno. Saludo al sujeto con la mejor sonrisa que pudo y con amabilidad pregunto si estaba su espada lista.
-Lo estará en un momento, es buen acero.
En ese momento la esposa de Varro salía de casa gritando a los cuatro vientos por un sanador. Su túnica manchada de sangre fresca atrajo de inmediato la atención de los pocos hombres que estaban por allí, el herrero incluido detuvo su labor para prestar atención a lo que sucedía. Fate observó también la escena, tranquila y sin inmutarse aunque la mujer decidiera hacer algo en contra de ella, nadie allí presente se atrevería a levantar un solo dedo en su contra. Aún si lo hicieren, no había forma que la vencieran aunque ella tampoco deseaba herirlos, solo eran campesinos que nada tenían que ver.
El herrero sin embargo dio un rápido vistazo a las manos de la Capitán y logro distinguir un rastro de sangre en ellas. Paso saliva preocupado por la extrema tranquilidad con que ella observaba la situación, pero cuando la joven se giró hacía él sin dudarlo le entregó su espada, recibió las piezas de plata como pago por su trabajo. Y no pudo más que quedarse como roca cuando la hija de su buen amigo asomo a la puerta, muy diferente a su madre que agitada recibía la ayuda de sus vecinos, observó directo a Fate. Lucía asustada, pero más que nada su rostro denotaba un profundo enojo.
Al sentirse observada giró para encontrarse con los ojos malva mirándola. La odiaba supuso, por lo que le había hecho a ella y a su padre, era normal, natural y no le importaba en verdad. No había ido su casa con mayor intención que tomar la vida de Varro, pero solo matarlo no hubiera tenido suficiente sentido. Solo fue una desafortunada coincidencia que justo apareciere en ese momento y su mente hubiere maquinado aquel plan en escasos segundos, no había sido exactamente una agresión a su persona sino a él, para que pudiera experimentar la misma desesperación, impotencia y rabia de la cual había sido víctima.
Pero aun así, no podía culparlo solo al sujeto por lo sucedido, era también culpa suya. Ella debió permanecer atenta, alerta a cualquier señal de peligro, en cambio había dejado su deber de lado. El resultado casi había sido desastroso, o bueno, más de lo que era en verdad. Lo que más molesta consigo misma la tenía era saberse culpable de las pesadillas que seguramente asecharían los sueños de la joven sacerdotisa de ese día en adelante, no creía poder perdonarse a sí misma por haber sido tan irresponsable.
Al cabo de un momento se giró y sin decir anda más empezó el camino de regreso a la posada. El sol brillaba ya en el horizonte, Nanoha ya habría despertado y seguramente estaría dándole un mal rato a sus soldados.
Pero antes haría una parada más. Necesitaba comprar un par de cosas.
Tal como ella lo supuso justo en ese momento, la alta sacerdotisa de Apolo demandaba airadamente que se quitaren del camino y la dejaren salir. Claro, con mesura y educación propia de su estatus pero no por ello con cordialidad. Nero y Seluvia intentaban de todas formas contenerla, con palabras suaves pero sin ceder e incluso cuando amenazo con pasar por encima de ellos tuvieron que cerrarle el camino con sus escudos. No podían permitir que ella saliera, esa había sido la orden de su Capitán.
De mala cara tomó el desayuno que los soldados le ofrecieron. No era que buscaré un enfrentamiento con ellos, tampoco que la misma Fate los hubiere obligado a permanecer allí lo que la tenía tan molesta, sino el despertar y sentirse sola en una habitación desconocida, fría que tan malos recuerdos le dejaría. La noche anterior cuando aun llorando amargamente había dejado que Fate la cargare hasta la cama, para recostarla con tal delicadeza que no parecía ser la misma persona que minutos antes había estado golpeando salvajemente a su agresor. Y tenía la certeza que la única razón por la cual se hubo detenido fue su intervención, no estaba segura si había sido o no una buena idea, y definitivamente no lo había hecho por salvar la vida del sujeto, sino porque en ese momento todo lo que deseaba era sentirse segura a su lado.
Solo tenía la enorme duda de cómo era posible que la hubiera salvado. Si la última vez que la vio –antes de ser agredida- había desaparecido con una joven y creyó que pasaría la noche con ella. Bueno, admitía que estaba feliz de haberse equivocado. No solo porque gracias a eso estaba a salvo, un poco golpeada y no creía poder olvidar los eventos de la noche anterior tan rápido pero a fin de cuentas él no había obtenido lo que deseaba.
Además, la forma como había luchado por ella, con tanta determinación. No parecía que lo hacía simplemente por deber, porque era su trabajo. En verdad, la forma como hubo peleado con el sujeto era mucho más personal, incluso cuando él lograba asestarle algún golpe su determinación no menguaba, esa mirada decidida solo parecía brillar con mayor determinación. Pero también sus facciones reflejaban un profundo enojo.
La pelea parecía equilibrada, hasta que él la había golpeado fuertemente y aprovechando su pequeña ventaja había estrellado la silla en su espalda haciéndola pedazos. Todavía podía recordar la desesperación de la que fue víctima al verle allí sin moverse, no podía explicar su preocupación por su estado, pero recordaba bien el errático latir de su corazón mientras gritaba su nombre presa del pánico. Y luego, sin saber cómo se encontró de nuevo aprisionada por el cuerpo sudoroso y desagradable del sujeto, eso entre sus piernas presionando sobre su abdomen desnudo. Todo lo que quería era ir a su lado, que se moviera, quejara o cualquier cosa que le hiciera saber que estaba viva, pero Fate permaneció inmóvil. Nanoha se rebatió inútilmente hasta que el fuerte dolor en su mejilla la obligó a cesar su resistencia. Para cuando salió de su estupor el rostro de la Capitán había cambiado por completo. Sus facciones oscurecidas de forma inexplicable, su mirada era fría y cada golpe era dado con extrema fuerza. Su corazón dio un vuelco y en un impulso que no logró controlar se lanzó a sus brazos que la recibieron con delicadeza.
Pero no alcanzo a sentir la calidez de su cuerpo cuando nuevamente una fuerza mucho mayor que la suya la aparto de ella, para su sorpresa fue la misma Fate la causa. Entonces dio inicio la ronda final, el sujeto nunca tuvo una oportunidad, los golpes que Fate le asestaba eran tan fuertes que incluso Nanoha sintió miedo de ella, de la fuerza y el salvajismo con le que atacaba. Y fue en ese momento que se dio cuenta, antes cuando ella pensó que la había forzado estaba terriblemente equivocada.
Él intentaba huir con el rostro parcialmente cubierto de sangre, pero Fate no se lo permitía hasta que en un momento logró empujarla y como pudo se arrastró a la salida. El gruñido que escucho abandonar los labios de la Capitán la hizo ponerse en marcha de inmediato, se acercó hasta ella y se aferró con fuerza a su cuerpo. Casi en el mismo momento que su brazos la rodearon Fate se aquieto, luego solo sintió los brazos de ella rodear su anatomía y se abrazó a Fate aferrándola con fuerza.
Lloró hasta que sintió no tenía más lágrimas, porque estaba asustada, porque todo lo experimentado era nuevo e indescriptible, porque no deseaba pensar que hubiera sido de ella si Fate no hubiera llegado para rescatarle. Pero no todas sus lágrimas eran de tristeza. Se aferraba a ella con toda su energía, no dejando que un solo centímetro la separara de su cuerpo, de su calidez y la tranquilidad que su presencia le brindaba.
Incluso cuando Fate levanto su rostro despacio, separando sus cuerpos y al sentir el frio de la noche erizarle la piel recordándole efectivamente que su túnica estaba hecha girones, no le importó. Porque estaba segura que la Capitán no estaba más que observando atentamente sus ojos. Podía estar desnuda por completo, y aun así, sabía que ella no aparataría la vista de su rostro, porque se daba cuenta ahora que en verdad, desde el primer momento que sus miradas se cruzaron algo las había atrapado mutuamente.
Se levantaron despacio, sin romper el contacto visual y Fate con sumo cuidado la cargó en sus brazos, dándole todo el tiempo para que la rechazare si gustaba, por el contrario Nanoha se dejó hacer y se abrazó a su cuerpo. No se movieron por un momento, hasta que Nanoha sintió como era bajada hasta la colcha y ser separada con cuidado del cuerpo de Fate. No lo permitió, la tomó por el brazo y no la dejo ir, hasta que sintió el peso de su cuerpo junto al suyo sobre la cama. No se movieron, ninguna dijo nada. La sacerdotisa se acomodó como mejor pudo en su pecho y la Capitán la rodeo con sus brazos con ternura, el latido rítmico de sus corazones el único sonido que les embargaba. Lentamente el cansancio se fue haciendo evidente, pero ninguna supo en que momento cómoda con la cercanía de la otra y sin pensar en nada más que la bella sensación de estar junto a ella, se quedaron dormidas.
-Capitán…
Nanoha levantó la vista expectante hacía la puerta, no esperó mucho hasta que su figura se hizo visible. Y el corazón de Fate se contrajo dolorosamente al ver el moretón que ya se estaba formando en el delicado rostro de la sacerdotisa.
Con un leve movimiento le indicó a sus soldados que bajaren.
Espero hasta que se perdieron de vista y termino por entrar en la habitación. No estaba segura que decir, como actuar.
-¿Te duele? – Pregunto insegura.
-No… un poco.
Era normal se dijo Nanoha. Una pregunta muy tonta pensó Fate.
-Nos vamos ya. – Despacio le ofreció su mano con la esperanza que la tomare.
Sin dudarlo tomo la mano que le fue ofrecida y se acercó hasta que quedaron frente a frente.
-Cap… Fate… yo – levanto la vista hacía ella sorprendentemente segura – Gracias.
-No. Solo… lo siento mucho. Esto ha sido culpa mía.
No soportaba mirarle a los ojos, no cuando había fallado en su resolución de protegerla. ¿Cómo podía hacerlo si inevitablemente su mirada se desviaba a su mejilla herida?.
-Hay que bajar.
Intempestivamente la rubia rompió su íntimo contacto y aunque espero de espalda por ella en la puerta no se atrevió a mirarla a los ojos de nuevo. Sentía la culpa arremolinarse en su interior con tal intensidad que se maldijo por ser tan débil. Debió quedarse hasta que él no fuera más que un cascarón sin vida a sus pies, al menos así podía encontrar algún sentido de justicia en su interior para sentirse un poco mejor consigo misma.
Nanoha no intentó establecer contacto con ella en tanto abandonaban l pueblo, caminaron espacio, en el mismo orden que los días anteriores y con el mismo ritmo.
Sus auxiliares no había dicho palabra alguna, pero por las miradas indiscretas que le dirigían cada que podían Nanoha se daba perfecta cuenta que morían por preguntar. Naturalmente ella no diría nada, y ellas tampoco se atreverían a cuestionarle. También los soldados se veían inquietos y con justa causa. Su Capitán lucia extraña aquella mañana, caminaba ajena a lo que la rodeaba y estaba claramente distraída, pero además estaba el moretón que lucía la sacerdotisa.
Atrás quedaba el pueblo, junto con la incertidumbre de saber a ciencia cierta si el desgraciado había muerto o no. Solo se llevaban los recuerdos de una noche extraña, horrible pero agradable a la vez.
-¡Tú!
La voz femenina hizo a la comitiva detenerse.
Fate reconoció de inmediato a la joven rubia. Con una señal indicó a alguno de sus soldados se hiciere cargo de la rienda y a su vez a Nero para que continuara caminando. Así lo hizo, también el resto de sus hombres y las sacerdotisas, aunque Nanoha precio dudar la postura de la Capitán no parecía dejar lugar a duda alguna.
Cuando cálculo que estaban a una distancia prudente Fate camino hacía la joven que la miraba con furia e indignación. No se movió, solo la miró hasta que la joven se acercó con pasos firmes para quedar justo frente a ella. Después la mujer levanto su mano diestra y con furia le acomodó una sonora bofetada, como era apenas natural la piel enrojecida por el contacto, pero no giro su rostro para minimizar el algo el dolor. Muy dentro de sí creía que se lo merecía. No estaba arrepentida de lo que había hecho, en lo más mínimo pero tampoco estaba orgullosa.
-¿Ha muerto? – preguntó sin rastro de emoción en su voz.
Ella la miro conteniendo apenas las lágrimas. Su cuerpo temblaba producto de la ira acumulada, su reacción le hizo suponer que sí y aunque no se alegró tampoco sintió pena alguna. Pero si se sentía levemente mejor consigo misma, al menos podía decir ya que se había hecho justicia. Parecía que la joven se disponía por fin a contestar, pero su mirada se desvió a un costado, justo en el momento que Fate logro distinguir a la alta sacerdotisa pasar por su lado, y acto seguido con tanta o mayor fuerza que la desconocida le propino una cachetada.
-No sé y tampoco me importa quién sea. Ni lo que creyó le da derecho a hacer lo que hizo. – La voz de Nanoha tenía una tono tan imponente – Pero asegúrese que no vuelva a ocurrir.
Tenían la misma edad, según calculaba Fate y hasta la misma altura. E incluso el tono de sus ojos era similar, pero para ella en ese preciso momento no había nadie más que la alta sacerdotisa de Apolo.
Lo que paso después fue casi mágico e irreal, Nanoha no dijo una sola palabra más y tomó la mano de Fate con tanta naturalidad que parecía ser algo usual, no la primera vez. Con un último vistazo a la joven que aún no salía de su estupor y dándose media vuelta se alejó arrastrando consigo a una estupefacta Capitán. Pero Fate no podía simplemente irse, por más que se estuviere dejando guiar así que volteo el rostro a la joven.
-Si vive aún. Quizá debería preguntar el por qué a él. – hizo una pausa al sentir el agarre de Nanoha hacerse más fuerte. - ¿Era eso lo que vino a preguntar, no?
Ella no dijo nada, pero su silencio era más que suficiente. Sin embargo, Fate estaba segura que aquel hombre no sería capaz de reconocer jamás su falta, y esa duda posiblemente estaría por siempre con ella. No era su deber pero, de alguna forma se sintió responsable.
-No tenía que ver directamente con usted… pero… -se detuvo y también la sacerdotisa – Piénselo bien y lo sabrá…
Deseó de corazón que entendiera el significado de sus palabras y sin perder más tiempo fue ella quién emprendió la marcha, sin soltar la mano de Nanoha.
Micaiah tenía razón. Sus sentimientos por la alta sacerdotisa de Apolo eran ya demasiado obvios para continuar dudando, con cada momento que compartían solo se fortalecían. Y podía ver que era así también para la joven, solo esperaba tener el suficiente valor cuando el momento llegare para hacer lo que su corazón le dictaba y enfrentar las consecuencias de sus actos futuros, porque estaba segura que no pasaría mucho tiempo hasta que hiciere algo de lo cual jamás se arrepentiría pero podía sin duda costarle la vida.
No podía ni quería seguir negándolo más, desde que la vio a la Capitán había llamado su atención. En un principio porque era físicamente muy atractiva, pero igualmente el solo tenerla cerca había despertado algo en su pecho que sin saberlo se había estado negando a aceptar. Quería tenerle cerca, estar a su lado le provocaba una gran alegría y paz, cuando ente sus brazos su corazón palpitaba más a prisa y no deseaba más que permanecer allí para siempre.
Por primera vez en su vida las dos empezaron a comprender que tal vez, lo que siempre habían deseado no era realmente lo que podía hacerles por completo felices.
Espero que les haya gustado ya el 1 de Agosto les comento unas cosillas, cuando sepa otras. Si. Así de misteriosa.
Saben, me acabo de dar cuenta que por azares de la vida terminaré publicando en mi bello cumpleaños. Curioso ¿No?
