Pláticas íntimas.
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Era la víspera del festival de mayo. Candy había sido una de las representantes de dicho festival ya que su nacimiento estaba registrado en ese mes. Anthony, Stear y Archie estaban emocionados y ansiosos por ese día ya que tenían permiso de hablar libremente con las chicas del colegio exclusivamente durante las festividades.
Llegó el día y Candy lucía hermosa en un vestido con un hombro descubierto, el color era rojo con cintas doradas. Llevaba un prendedor de colibrí en su cabello y éste lo llevaba recogido en un chongo rebelde con algunos risos de cabello libres. Sólo ocupó un poco de maquillaje, para no presentarse con su cara lavada, aunque no lo necesitaba, tenía un rostro y una piel muy bellos.
Anthony la observó a lo lejos. El llevaba un traje elegante y nada ostentoso. Su personalidad tenía encantadas a muchas chicas del Colegio al igual que Terry cuando hizo su aparición en el evento. Anthony no prestaba atención a nadie más que Candy, en cambio Terry, sin compromiso con nadie coqueteaba con algunas colegialas, sonreía con ellas y les besaba la mano al saludarlas, sin tomarlas en serio pues ya tenía en la mira a Candy.
Candy estaba decidida a pasar un día excelente con Anthony, Stear y Archie y mientras estaba junto a Patty buscaba a Stear para presentarlos ya que era la oportunidad idónea para hacerlo, los vio a los tres a la distancia y tomando a Patty de la mano se acercó a ellos:
-Patty, te presento a Stear, es un gran y querido primo mío. Stear, te presento a mi linda amiga Patty.
-Mucho gusto, se inclinó Stear tomando y besando la mano de Patty.
-El gusto es mío, contestó Patty sonrojada.
Annie que estaba junto a Archie tomada de su brazo, miró a Candy y corrió a abrazarla. Todos se quedaron sorprendidos de la reacción de Annie, quien siempre había parecido ser más cercana a Eliza.
Este gesto conmovió a Candy quien como es costumbre comenzó a querer dejar escapar las lágrimas.
Para evitar que la vieran se disculpó y dijo que iría al tocador. Anthony se ofreció a acompañarla, pero Candy se negó. En el camino, pensaba como hablar con Anthony sin lastimarlo, intentaría sacar esa idea de fuga de su cabeza. Se preguntó días atrás hasta qué punto amaba a ese muchacho. Su familia no permitiría esa unión, al menos no la tía Elroy. El tío abuelo en el peor de los casos estaría apoyando a Elroy, pero fuera de todo eso, ella sabía que lo amaba, y mucho, y cada vez se sentía más dispuesta a dejar todo por él.
-Él ha dicho que es capaz de renunciar al colegio, a su apellido, a su familia, a su herencia, con tal de estar conmigo. Yo no tengo herencia, mi familia es él, el colegio lo disfruto porque aprendo, pero lo puedo ver a él. Si Anthony no estuviera aquí conmigo, no le veo caso a permanecer aquí, tan lejos del hogar de Pony, de mis madres. Annie se ha acercado a mí, pero ya no es igual...-pensaba Candy. -Aun así tengo miedo, no sé si estemos listos para huir juntos...
Salió del tocador y en esos pensamientos se encontraba cuando unas manos inquietas jugaban con su cabello y una voz cerca de su oído decía con voz muy varonil:
-Entonces, ¿cuando empezamos con mi terapia de comportamiento señorita Pecas?
Ella giró sorprendida del atrevimiento de Terry, ¿cómo sabía el de lo pactado con la hermana Margaret si se suponía estaba herido y en mal estado?
- ¡Terryyy! ¡No hagas eso! Tengo novio y no quiero problemas con él por tus impertinencias. -Le dijo Candy, quien había permanecido de pie hasta entonces y comenzó a caminar y a su vez tratando de retomar el tema ya que sabía que era la oportunidad que tenía de hablar con él, se detuvo y mirando a sus hermosos ojos azules le dijo:
-Terry, escucha: Yo no sé si estaré aquí más tiempo, y no puedes depender de alguien para que te diga que es correcto y que no. En este tiempo que hemos compartido, te puedo decir que te he tomado cariño. No sé por qué, y tal vez no debiera, porque tengo un novio al que amo, pero te lo voy a decir: me gustas Terry y mucho, pero eso no es suficiente para estar con una persona. Lo que tenemos Anthony y yo va mucho más allá de cualquier amistad y atracción.
He llegado a quererte y a preocuparme por ti, por eso no quise que te delataran con la hermana Grey. ¿Por qué? No me lo preguntes. Pero no quiero verte hundido en la bebida. Desde aquél día que te conocí en alta mar, ¿recuerdas? Desde ese día descubrí en ti, un corazón noble, generoso. No creo que hayas intervenido en esa situación... (Agachando la cabeza apenada) por simple intromisión. Te preocupaste por alguien y de la misma forma desde ese día me preocupa que tú estés bien.
Se me partió el corazón cuando te vi ahí, tirado en medio de mi habitación herido y ebrio. Sin juzgarte, sólo me pregunté que sería tan doloroso en tu interior para llevarte a hacerte a ti mismo ese daño.
Perdóname si ahora soy yo quien se entromete, pero Terry, aunque no tenemos esa amistad como para entablar una plática tan íntima como ésta, me haría muy feliz que me prometieras no volver a embriagarte y ponerte en riesgo como aquél día. Independientemente de que yo siga en el colegio o no para poder comprobarlo.
-A ver pecas, por qué dudas de ser mi gran amiga si en estos minutos que llevas hablando me has leído como a un libro abierto. Imagínate que sería si te contara mis pesares y tú me contaras los tuyos... la terapia funcionaría mucho mejor, ¿qué dices? - preguntó Terry con la mejor sonrisa que sabía ofrecer en sus tácticas de seducción- o es que, tu noviecito el delicado ¿no te da permiso para hablar con nadie más? Eso también está mal Candy, me haces recapacitar sobre la bebida y mi afición a ella y tú estás igual, sólo que con un hombre que te cela de todo y por todo. ¿O me equivoco?
-Se quedó Terry en una posición más tensa y prosiguió:
-Dices que lo amas, que lo de ustedes va mucho más allá que cualquier cosa. –y le dijo susurrándole al oído:
-también acabas de aceptar que te gusto y mucho, y eso para mí es una oportunidad que no pienso desaprovechar hermosa…
-Terry, no sigas…
-Yo, nunca, he sentido esto por una mujer, no a tal grado de estar dispuesto a esperarte por si lo de "ustedes" no funciona. Tampoco sé rogarle a nadie, pero si así fuera, si te das cuenta después de que él no es lo que pensabas, búscame Candy...
Candy no tuvo tiempo de contestar pues en ese momento llegó Anthony. El estaba tratando de controlarse pues vio a Grandchester desde que jugueteó descaradamente con el cabello de su Candy y observo también cuando se acercó demasiado a ella a decirle algo al oído. Era hora de terminar con esa amena charla.
-Me parece que fui muy claro al pedirte que no te acercaras a mi novia. –amenazó Anthony.
-Y a mí me parece que no eres quien para darme órdenes. –respondió Terry en la misma actitud desafiante.
-Anthony, Terry, cálmense… -intervino Candy nerviosa, pero ninguno de los dos parecía escuchar y las miradas que se lanzaban aquellos dos eran de furia.
Al notar el alboroto llegaron Stear y Archie seguidos de las angustiadas Annie y Patty, para tratar de controlar la situación. Pero iban llegando cuando Anthony soltó el primer golpe, le dio con el puño al estómago de Terry, quien se dobló del dolor. Terry respondió con un fuerte golpe en el mentón de Anthony.
Archie, se metió en la pelea para ayudar a su primo y solo consiguió resultar lastimado. En algún momento, alguien le dio un empujón, al parecer el mismo Anthony, que cegado por el coraje daba golpes a diestra y siniestra y Archie fue a parar al piso… Candy y Annie lo ayudaron a levantarse, pues Stear con riesgo de salir también lastimado ya había entrado a los golpes para tratar de separarlos.
-Candy estaba muy preocupada, por ambos, el tremendo lío en que se meterían si las madres se enteraban de lo que estaba sucediendo. - ¡Basta, ya es suficiente! –gritó Candy. –No sé qué les ocurre a ambos. Se comportan como salvajes. Esto es una fiesta y tu Terry presumes de ser un caballero y mírate, todo pareces menos uno. Tu Anthony, eres tan bruto que has lastimado también a Archie en esta absurda pelea. Deben estar locos para hacer algo así en este colegio. Yo me voy de aquí, si quieren seguir peleando como niños berrinchudos ¡adelante!
Candy no supo cómo fue que todo ese discurso salió de su boca, y retirándose de ahí con Annie y Patty miraba de reojo a los contrincantes cruzando los dedos para que no siguieran peleando. Se sentía muy apenada y responsable de la pelea. Annie y Patty le hacían todo tipo de preguntas para saber cómo es que habían llegado a ese extremo Terry y Anthony. Stear y Archie se quedaron un momento con ellos, que a punto estuvieron de iniciar nuevamente con los golpes cuando Terry se atrevió a decir:
-Si no te crees, lo suficientemente hombre para Candy, si crees que prefiere mi compañía como lo demostraste ese día en las caballerizas, aléjate de ella y déjala en paz conmigo. Ella no merece a un tipo que desconfíe de esa manera de ella. ¡Quién te imaginas que es! ¿una chica que se mete a los establos para estar con otro que no es su novio?, ella siempre se ha dado a respetar conmigo, yo si la podré valorar…-concluyo Terry.
-Suficiente Anthony, -lo detuvo Stear- vámonos de aquí, en serios problemas nos vamos a meter si nos encuentran, vámonos.
La pasarela de las chicas de mayo empezó, Candy debería ir entre ellas y no fue así.
Anthony la buscaba y solo vio a Annie y Patty. Se acercó a ellas para preguntarles por Candy.
-Se fue a su dormitorio, estaba llorando, la quisimos acompañar, pero pidió estar a solas. –contestó Annie.
Anthony corrió hacia el ventanal de Candy y trepó por el árbol hacia su balcón.
-Candy ¿podemos hablar? –preguntó Anthony sin obtener respuesta. –Por favor amor, contéstame, necesito hablarte.
-déjame sola- respondió Candy desde el interior.
-Candy, perdón por hacerte una escena de celos, pero me hierve la sangre cuando ese tipo se acerca. No me podrás negar que algo trama. La vez que intervino en el barco, la intromisión en tu habitación, el jugueteo con tu cabello y esa forma en que se te acercó para comenzar su plática nefasta contigo.
No quiero sonar como un lunático, pero tampoco soy un tonto, ese Grandchester quiere meterse en tu vida y Candy, no se lo voy a permitir, a menos que tu...
A menos que tú ya no me quieras...- dijo Anthony al tiempo que sentía como su cuerpo se aflojaba después de la tensión producida por Terry.
Las puertas se abrieron y Candy jalo a Anthony hacia su cuarto.
-No seas tonto Anthony, eres el hombre de mi vida,-expresó Candy- eres mi amor, si estoy aquí en Londres es por ti. Creí que si me convertía en una gran dama, sería más fácil para mí estar a tu altura y podría ser aceptada por la tía abuela. Pero ya vi que no es así de sencillo. Ella no está dispuesta a que yo ocupe un lugar en la familia. No sé cuál es su miedo, sus propiedades, no me interesan, su linaje, tampoco, el apellido no me ha hecho más feliz de lo que fui en mi infancia y de lo que soy contigo aun sintiéndome solo como Candyce White.
No sé si aún estas dispuesto a... a dejar todo como habías dicho. Olvidarte de herencias, de la tía abuela, de lo que implicaría dejar el apellido Andrew si así nos lo exigieran y ser solamente nosotros: Anthony Brown y Candice White. Después de pensarlo mucho creo que es la única manera en que podríamos realmente estar juntos.
Por Terry no te preocupes, siempre me ha respetado, y yo solo te amo a ti, así que olvídate de él.
Anthony estaba además de impresionado, feliz por todo lo que Candy estaba diciendo. Llegaba a su mente la zozobra que ya en otras ocasiones lo había atacado. ¿Qué pasaría con ellos al quedar al desamparo de los Andrew?. Recordó entonces a Tom, su amigo con el que participó en un Rodeo. Y pensó que le pediría trabajo en su granja.
No se le cerrarían las puertas y él sabía trabajar y le gustaba hacerlo, con mayor razón si el premio sería vivir su vida con Candy, la mujer que amaba.
-Candy, entonces vámonos ahora mi amor, que hacemos aquí, si ni siquiera puedo besarte como se debe, no puedo ni hablarte ni tenerte cerca como ahora lo hago - y abrazó a Candy por la cintura estrechándola contra él.
Vámonos mi vida. Ahora que todos están ocupados en el festejo. Tomaremos el primer barco a América, tengo mis ahorros, nos iremos al hogar de Pony y trabajaré con Tom, sé que no me negará su ayuda…
