El tiempo había pasado volando y ni cuenta se habían dado ni Inuyasha ni Kagome. De visita por la ciudad se lo estaban pasando genial y no querían pararse a pensar en regresar a casa. Eso era nuevo y mil veces mejor.

Mientras nuestros amigos, (Kagome, todos sabemos que era solo Kagome) correteaban por la ciudad pegando saltitos como si fueran Heidi buscando por las montañas a su abuelito, Kagome se dio cuénta de que había un cartel para ayudar en la operación de un niño donando sangre. Tanto ella como Inuyasha eran del grupo AB, por lo que le podrían ayudar.

Tras dos horas de una charla filosófica de Kagome a Inuyasha sobre ética y moral para una puñetera donación de sangre, ambos lo hicieron, pero no sabían, y menos Kagome, que por ese pequeño detalle iban a suceder demasiadas cosas…

En una cabina a parte de la Sala de Donaciones…

-Kagome Higurashi… Es un placer haberla conocido… Princesa de Alejandría.

Esa mismatarde, el Doctor Naraku, de la Sala de Donaciones, fue a comunicar al Rey que habían encontrado a su nieta.

El Rey Onigumo no cabía en sí de dicha, era verdad, su hija era una desvergonzada e hiriente mujer, pero aquel bebé que esperaba cuándo la expulsó, nunca tubo culpa de cómo era su madre, por lo cuál llevaba diecisiete años buscando a su nieto o nieta, en su caso nieta, a la cuál otorgaría todos los derechos de un Higurashi con tal de que no volviese a saber de su madre, y si tenía suerte, tal vez no fuese como esta y fuese alguien a la que le interesase vivir bien, cómoda y feliz de por vida, y obedeciese las órdenes de su abuelo. Él sonrió. Tenía que reconocer la verdad. Él también extrañaba a su hija. Y lo hacía un poco. Mucho. Demasiado. No era capaz de vivir si no veía a su hija sonreír una vez más y si no conocía a su nieta para poder mimarla y quererla como nadie… Él aunque no lo aparentase, también tenía sentimientos. Era humano.

El anciano Rey corrió a sus aposentos, en los cuales reposaba como cuál linda y delicada rosa, su amada y enferma esposa. Esta al oír las puestas abrirse con tal estruendo abrió los ojos con cansancio lentamente. El hombre, sonriendo, se acercó a su mujer.

-Kagura, después de tantos años, de tan larga espera, nos la han encontrado… Me han asegurado saber en dónde está nuestra nieta… Está en la ciudad, mi amor.

Es un capítulo corto, pero subiré continuación pronto!

Os lo prometo!

DEJEN REVEWS.