Ruptura Blanca
.-.-.-.-.-.-.
Una ruptura blanca no le hace mal a nadie… después de todo nunca hubo culpa… solo un corazón roto.
.-.-.-.-.-.-.-.
Capitulo 7
"El estar tranquilo y sonreír, no quiere decir que somos cien por ciento felices"
By- TutzyCullen
.-.-.-.-.-.-.
Tome un cigarro y con el permiso de Emmett lo prendí. Podría parecer cobarde en cierto aspecto. Refugiarme en el tabaco en este momento fue un acto débil, pero como él me dijo hace tiempo es parte de mi esencia y es lo que mehacesentirme fuerte, tienes que aceptarlo.
Maldije internamente. Otra vez estaba haciendo lo mismo que él. El tabaco había llegado antes que él, pero aun así aprendí del mejor: de una locomotora andando. La primera vez que lo vi fumar me asuste, pensé que terminaría con un paro a mitad de Central Park y que tendría que correr para llamar a los paramédicos y en el momento en que me preguntaran que es lo que había ocurrido, yo diría "simplemente se fumo dos cajetillas de cigarro él solo."
Me reí por mis ocurrencias fueron momentos buenos los que vivimos juntos – claro, si le quitas los problemas-todo hubiera sido magnifico.
– Vaya, ahora entiendo porque cancelo su boda con Elena – comento
Mi cuerpo se tenso al escuchar el nombre de ella. Exhale dejando salir todo el humo de mi boca, parpadee, encontrando un punto fijo en algún lugar. No sabía que él había cancelado su boda, la última vez que hablamos fue para acabar con lo que nunca debió de haber ocurrido.
– Yo… no sabía sobre la cancelación de su boda – comente sin voltear a verlo, todavía estaba procesando esto.
Cada vez que hablaba de esto, en especial de su partida prefería voltear la cara y ver algo fijo, no quería ver qué cara ponían cada vez que les decía como es que termino todo esto.
– No tenías por que saberlo – contesto Emmett – fue algo que todos veíamos venir. Elena también cometió errores.
Suspire al recortar de qué tipo de errores hablaba y sobre todo de que muchas veces supe más de lo que debía de saber.
– Me imagino – susurre
– Si yo también
Tenía miedo de que después de esa pregunta las cosas cambiaran. Ya habíamos pasado por el momento en donde todos creen que tienen el derecho a juzgar, en donde empiezan a decirme que estuvo mal lo que hice, pero no sé por qué volvía a tener esa sensación. Emmett no parecía de esas personas que solo hablaban sin conocer.
– Muchas veces me pregunte por qué Edward sonreía más – comento haciendo que volteara a verlo – en algunas ocasiones se portaba un tanto distante, pero ahora creo saberlo. Sabía que Elena no tenía nada que ver, ya que ella nunca estuvo aquí, solo esa temporada cuando se comprometió con Edward.
Asentí. Esa temporada se refería al día de la cena; nunca supe a que había venido a comprometerse, ya que él nunca me lo dijo.
– No te estoy juzgando Bella, sería lo último que haría – cercioro – en verdad conocí a Edward casi al mismo tiempo en que Rosalie lo conoció; y los dos siempre estuvimos de acuerdo en eso. Él era feliz, sonreía más de una vez, era más calmado, pensaba las cosas, tomaba decisiones, en verdad lo cambiaste.
Expulse el humo del cigarro lentamente, sentía como el nudo se formo en mi garganta. No era la primera vez que me lo decían y yo lo sabía. Conocía su relación con Elena y la relación que tenía conmigo, y existían muchas diferencias.
– No tienes porque apenarte, sus razones tuvieron y eso solo lo saben ustedes – contesto
– Gracias… a pesar de que no deberías
Y era lo único que podía decir, ¿qué podía contarle? no había nada que contar sobre esto, nada nuevo. Solo el pasado y eso que me construyo de cierta manera.
– Después que paso ¿aceptaste salir con él? – pregunto, cambiando de tema
– Si y la verdad es que fue significativa.
.-.-.-.-.-.-.
Estaba terminándome de arreglar. Hoy saldría con Edward por primera vez. Rosalie me había insistido tanto en saber de mis planes, pero solo logro el que le dijera que quería ir a dar un paseo yo sola. En un principio se sintió desplazada pero entendió que a veces ella hace lo mismo.
Tome la opción de llevar un pantalón de mezclilla, una blusa de tirantes y un suéter delgado, junto con una bufanda. No haríamos la gran cosa, iríamos a MoMa y después a cenar a algún lugar no muy concurrido.
Baje con cuidado acomodando mi bolso y las llaves de la casa.
– ¿Te irás en taxi? – pregunto sin apartar la vista de la televisión
– No, pensaba en llevarme mi carro
Rosalie asintió y se despidió de mí diciendo que pasara una buena noche. Al salir del departamento marcando en el elevador el piso del garaje, me di cuenta que era la primera vez que hacía algo diferente. Había ocultado algo que quizás y no se ve que este mal, pero aun así tenía la sensación de que estaba haciendo las cosas de manera incorrecta.
Repase una vez más si todo está bien, estaba nerviosa y no era fácil de ocultar. Era esto como en navidad, cuando tenía cinco años: impaciente por saber si Santa había traído lo que mi carta decía.
Me subí al carro y trate de calmarme. Solo iremos a cenar y ya Bella, solo eso. Asentí tratando de convencerme. Salí con cuidado al tráfico, era viernes y hace unas horas termino de llover. Durante el camino iba jugando con la radio, no podía ni siquiera concentrarme en eso. Trate de tomar aire un par de veces, pero siempre me ganaba la risa. Definitivamente estoy mal.
Aparque cercas del MuseoMoMa. Tome mi bolso y lo pase por mi cabeza dejándolo a un costado. Puse la alarma del carro y guarde las llaves, dejando salir un suspiro y sobre todo tratar de sonreír. Observe un poco el lugar, hace tiempo que no venia así que podía decir que las cosas cambiaron un poco.
– Me da gusto saber que no me dejaste plantado – se escucho la voz de Edward atrás de mí
– ¿Y qué te hace pensar que vine a verte a ti? – no quería voltear a verlo, sabía que estaría frunciendo el ceño.
– Porque no me dijiste que te… – me empecé a reír llamando la atención de algunos curiosos.
– Edward, en verdad era una broma. Anda vamos que faltan dos horas para que cierren y deseo verlo todo.
– Me las pagaras Swan – dijo al posar su mano en mi espalda indicándome el camino
– ¡Oh! Lo siento tanto – trate de sonar dolida, pero lo único que salió fue un tono incrédulo.
Edward se empezó a reír y seguimos a las demás personas que iban hacia la taquilla.
Minutos más tarde…
Edward me había explicado cada una de las pinturas que había, tanto nuevas como antiguas. Estaba sorprendida por la facilidad de palabra y paciencia al explicarme cada uno de sus puntos respecto a los cuadros. Sus ojos mostraban que para él, el hablar de esto era lo que amaba. Podía imaginármelo como un guía durante una excursión y me agradaba, o como aquellas personas que son conocedores de las pinturas, levantaría la ceja y pondría su mano en la barbilla y tardaría más tiempo de lo que cree en averiguar de qué forma trabajaron con ella.
– Bella… ¿me escuchas? – me despabile y voltee a verlo, parecía preocupado.
– ¿Qué pasa? – pregunte
– No, no me escuchabas – sonrió de lado – que ya tenemos que salir, ya van a cerrar el museo
– De verdad, lo siento – dije con pena
– Anda, vámonos que todavía falta la cena.
Asentí. En verdad iba a penada, rara vez me pasaban estas cosas. El perderme en mi mundo era algo normal, pero el quedarme completamente en el limbo era diferente. Edward iba escoltándome, posando su mano de nueva cuenta en mi espalda. Me sentí cómoda. No supe ni por qué había suspirado, pero Edward volteo a verme enarcando una ceja. Negué y le di una pequeña sonrisa. Sabía que esto estaba mal, me estaba dejando caer con tan poquito.
Estuvimos parados esperando que alguno de los dos comentara algo. Cuando su celular empezó a sonar. Vi su sonrisa al ver la pantalla de su celular.
– Disculpa – asentí y camine hacía una de las bancas.
Vague un poco con la mirada. Tratando de quitar la curiosidad por escuchar lo que decía al teléfono. Abrí mi bolsa sacando mi reproductor, cuando sentí las manos de Edward impidiendo que lo hiciera.
– Lo siento, es solo que no le avise a Elena que no estaría en casa y ha hablado.
– No te preocupes –
– Entonces, ¿Vamos a cenar? – señalando hacia su carro
– He traído mi auto – señalando el Audi.
– Podemos dejar tu auto e ir en el mío.
Quería decir que sí, pero no deseaba dejar mi carro aquí. Podía parecer infantil, pero mi auto iba a hacer de gran ayuda por si tenía que salir antes.
– En verdad me gustaría llevar mi carro – dije apenada – si quieres vamos en el mío y cuando terminemos te traigo de vuelta.
Edward dudo un poco, parecía como si quisiera descifrar algo más. Voltee hacia otro lugar, quería reírme, no de él si no de la situación. Sabía que los hombres, les gustaba tener el control la mayoría del tiempo con respecto a las citas.
– Bien – dijo atrayendo mi atención – y ya ríete
No supe cómo fue, pero termine riéndome. Era realmente cómico verlo bufar y decir que él debería de estar manejando, que él me invito a salir, prácticamente el perdía su hombría en esta salida, que los papeles se cambiaron.
– Edward es solo un medio de transporte – dije por décima vez
– Podíamos haber ido en mi carro – bufo cruzándose de brazos
– Eso es estúpido –
Suspire y revise que no vinieran carros atrás, me hice a un lado y me quite el cinturón. Edward arrugaba un poco la frente tratando de entender que es lo que hacía. Abrí la puerta y baje, caminando hacia la parte del copiloto.
– Muévete – ordene
– Bella esto es estúpido, vamos a llegar tarde –
– No importa, no quiero seguir escuchando como tu hombría baja dos rayitas. Cámbiate de lugar por favor.
Sabía que me estaba pasando, pero sinceramente me canse de escucharlo. Edward asintió y bajo del carro. Ni siquiera voltee a verlo cuando lo hizo, simplemente al carro, y me puse el cinturón. Edward se notaba algo contrariado.
– En verdad no tenías que hacerlo – dijo mientras se abrochaba el cinturón
– No, no tenía que hacerlo, pero a veces la paciencia es mi enemiga y en verdad Edward, la estabas colmando
– Lo siento –
Sonreí y le señale que el siguiera manejando, durante el camino no volvimos a tocar el tema. Estaba algo nerviosa, ni siquiera a Alice o Rosalie les había prestado mi carro.
– ¿A dónde iremos? – lo mire extrañada al no reconocer el camino
– Se llama "Betel" es un restaurante italiano. Algo cliché lo sé, pero hacen la mejor pizza que he probado en mi vida.
Su expresión me pareció adorable, parecía como si hablara del platillo favorito que le prepara mamá.
Pasaron diez minutos y Edward aparco cercas del restaurante. Parecía bastante concurrido, ya que la gente salía y entraba, se podía notar la exclusividad del lugar. Por fuera había mesas, la mayoría eran grupos de amigos y una que otra pareja que disfrutaba de una buena velada.
Un mesero abrió la puerta pidiendo nuestros abrigos.
– Buenas noches – dijo al tomar una libreta – ¿a nombre de quien la reservación?
– Edward Masen –
– Listo, vamos su mesa esta lista
Voltee a ver a Edward preguntándome a que se refería con "su mesa esta lista". Se encogió de hombros quitándose la importancia. Camine detrás del mesero, cruzamos gran parte del restaurante. Cada vez se volvía más silencioso o mejor dicho más intimo.
– Aquí es – dijo el mesero, dándome el pase para sentarme – les dejo el menú, en un momento vendrá un compañero a pedir su orden, provecho. – Edward le sonrió en agradecimiento.
Al poco tiempo llego dicho compañero de nombre Kevin, quien simplemente no quitaba su vista de Edward. Me reí de la situación haciendo que se sintiera un tanto incomodo, parecía como si todo le estuviera saliendo mal, no como él lo había pensado.
Edward pidió una pizza mediana con todos los ingredientes, mientras yo ordene una lasaña y de tomar un vino tinto.
No hablamos mucho, aunque por momentos solo era para platicar sobre el arte del lugar. Sinceramente era hermoso, no era elegante, pero era un lugar con un ambiente agradable. Me sentía en verdad a gusto a lado de él. Podía hablar sin tener que tartamudear o dejar algún tema inconcluso, pero aun así sentía que algo no estaba bien.
La cena llego y con eso el silencio. Edward volteo algunas veces a verme causando un ligero sonrojo. Trate de decirle algo cuando alguien me gano la palabra.
– ¿Edward? – pregunto un señor. Quien sonreía y extendía los brazos, ofreciéndole un abrazo.
– Eleazar – dijo asombrado al levantarse – tanto tiempo sin vernos ¿Cuándo volviste? – dijo Edward impaciente, tomando el abrazo con emoción.
– Tengo apenas una semana aquí muchacho, pero que impaciente. –
Edward se encogió de hombros, parecía como si estuviera fascinado con la presencia de ese hombre. Podía observar con claridad sus facciones. Estaba sonriendo más de lo normal. Se formaban pequeñas arrugas alrededor de sus ojos, siendo estos los que brillaban.
– Y bien ¿Qué no piensas presentarme a esta bella dama? – dijo Eleazar, quien me señalo. Me sonroje, me limpie la boca dejando la servilleta a un lado para levantarme.
– No querida, quédate sentada. Soy Eleazar, un gusto – dijo al dejar un beso en cada mejilla
– Igualmente, soy Isabella – contestando con una tímida sonrisa.
– Vaya y yo que pensaba que no podía haber mujer más hermosa que mi Atenea – comento haciendo que Edward bufara y se riera de él.
– Créeme que a Atenea no le gustara el que hayas dicho eso, pero es la verdad.
Me sorprendí. Trate de hacer oídos sordos y querer contestar algo, pero no pude formular nada. Susurre un pequeño "gracias". Edward sonrió y se hizo a un lado, dejándole a Eleazar el lugar. Kevin no tardo en llegar con otro plato y par de cubiertos, junto con otra copa.
Exhale de una manera gratificante, ya no me sentía tensa. El tener a Eleazar cenando con nosotros me hacía creer que todo está estaba bien, que solo era una charla entre amigos tomando como temas los gustos y recuerdos.
– Bella ¿a qué te dedicas? – pregunto Eleazar
– Estudio Arte con Edward – señalando con la mirada, mientras daba un sorbo al vino
– Vaya una futura VanGogh, porque déjame decirte, este hombre podrá ser un excelente dibujante o pintor como quieras llamarlo pero dedicado no es – comento riéndose de su propio chiste.
Edward parecía no entender a que se quería referir con eso. A ciencia a cierta sabía por cuenta propia que Edward no era alumno con altas calificaciones, pero si era un alumno promedio igual que los demás, igual a mí.
– Deja de alardear, sabía que todavía no supieras el desaire que les hice a mis padres al no inscribirme en la carrera que ellos querían.
– Bueno es que dejar la empresa de Masen Co. en manos de tus primos, no fue la mejor elección, pero… aun así tu alma nunca fue para los números, a pesar de que no eres malo con ellos, sino que tu vida es de más libertad, sin cadenas ni amarres, simplemente libre.
Parpadee en el momento en que termino de hablar. Era verdad, podía ver a Edward en diferentes facetas, pero nunca comprometido o casado con alguien, pero en este momento sería simplemente burlarnos de lo que estaba a punto de hacer casarse conElena. Era como Rosalie lo había descrito es su momento, simplemente un Don Juan.
– Creo que he espantando a la pobre Bella – susurro Eleazar a Edward
– No, simplemente está analizando la situación – contesto Edward
– Ni una de las dos, solo me asombre el cómo te conoce tan bien –
– Es algo obvio – dijo Eleazar – Edward es mi primo. Lo conozco desde que su mamá lo tenía como frijol en su vientre y como término siendo un artista y no un contador o administrador.
Edward hizo una mueca. No me lo imaginaba como un contador o administrador… me gustaba el artista, porque de verdad eso era.
Edward y Eleazar se encargaron de hacerme reír en más de una ocasión, en otras o Eleazar o él se levantaban a contestar el celular, pero nada que fuera duradero. Esta vez estaba Eleazar hablando con su esposa.
–Lo siento, puede que esta no haya sido algo que tu esperabas – se disculpo
– En verdad no esperaba algo más – conteste, regalándole una sonrisa.
– ¿Segura? solo que, no sé si estés incomoda o cómoda con esto –
– Sinceramente me siento cómoda. No ha sido quizás algo normal, pero puedo decir que ha sido la mejor que he tenido – Edward sonrió, al momento en que tomaba mi mano – gracias en verdad, me la he pasado muy bien.
Él asintió. No podía decirle que en un principio mis pensamientos eran renuentes a lo último que he dicho, no deseaba que se sintiera mal. El había hecho mucho esfuerzo, pero no entendía por qué.
Eleazar se despidió al salir del restaurante. Mientras nosotros caminábamos de nueva cuenta al auto. Me sentía más ligera, hasta sentía como mis labios estaban más pronunciados y sin tanta frustración, sonreía porque lo sentía. Volteaba a ver a Edward quien iba igual, parecía como en las ocasiones donde caminas sobre la arena del mar, disfrutando del hermoso clima de la playa, dejando que la brisa golpee tu rostro. Su sonrisa era exactamente igual a la de ese momento.
Le tendí las llaves, se sorprendió al ver lo que hacía. Acepto gustoso, haciendo que me riera de él.
Durante el camino seguimos sin decir nada, pero el silencio no era incomodo. Edward tarareaba una canción, mientras yo buscaba mi celular, para avisarle a Rosalie que ya iba en camino.
Al llegar a MoMa, Edward apago el carro y volteo a verme.
— Me encanto salir contigo, me la pase muy bien — dijo Edward
— Digo lo mismo — en cierta parte era verdad, pero no tenía que decirle toda la verdad — ha sido diferente y me ha gustado
— ¿Me dejaras repetir? Me refiero ¿podemos volver a salir? — quería decirle no o cualquier otra cosa, inventarme algo, pero no fue así.
— Claro — dije en un tono, donde no sabía si mi voz había sonado fuerte simplemente había sido un susurro.
Edward se quito el cinturón al igual que yo, esperaba a que él se bajara del carro para así pasarme al asiento e irme a casa.
— Me tengo que ir — dije — Rosalie me está esperando
— Lo sé —
Se volteo y me acerque para darle un beso en la mejilla. Sus labios se posaron más tiempo en mi piel, creando una sensación diferente. Me aleje de él haciendo que nuestros rostros quedaran muy cercas.
— Cuídate Bella — susurro dejando que su aliento embriagara mi cuerpo.
Edward rompió la distancia, posando sus labios en los míos. No está bien, esto no está bien.El movimiento era desesperado, mordía mis labios sacando pequeños gemidos de mi boca.
Nunca me habían besado así. Sabía que la tensión se notaba desde un principio pero no llegue a imaginar que terminaríamos besándonos en mi carro. Su lengua roso mi labio inferior tratando de pedir permiso y entrar. Estaba algo renuente pero en verdad quería sentirlo. Entreabría mi boca, provocando un gemido en el momento. Era diferente, con la escasa pasión que había surgido creó un aturdimiento, haciendo que abriera los ojos asimilando la situación y fue cuando todo volvió a la realidad… ´él tenía aElena.
Trate de romper el beso de una forma no muy brusca. El tenía aun cerrado los ojos y jadeaba, trataba de no ser tan obvia pero en verdad me había gustado.
— Cuídate—
Se acerco y solo roso sus labios en los míos antes de salir del carro. Me quede atónita en mi lugar, tratando de asimilar lo que había pasado. Edward ni siquiera volteo, con paso firme cruzo la calle hacía su carro, entrando en él y sin más desapareció del lugar.
.-.-.-.-.-.-.
Hola chicas… primero quiero pedirles una disculpa por haber tardado casi 3 semanas sin actualizar… pero tuve una pequeña frustración con el capitulo y aparte cosas personales… espero que haya sido de su agrado… y perdón si ven alguna falta de ortografía ya que esta vez no le mande el cap a mi Beta… :$ … Buenos chicas nos vemos en la próxima actualización …
At:
Tutzy Cullen
Pd: Estoy publicando una historia en mi Blog… es totalmente ajena de Twilight… la hice para mi clase de Guionismo en la Uni… espero que sea también de su agradado: D
http: / lullaby dreams . word press . com/ solo le quitan los espacios
