7. Who Knew?
"If someone said 'three years from now'
You'd be long gone
I'd stand up and punch them out
Cause they're all wrong and
That last kiss
I'll cherish
Until we meet again
And time makes It harder
I wish I could remember
But I keep Your memory
You visit me in my sleep
My darling
Who knew?"
Cruzó la puerta Senkai pensando en él y en todo lo que habían vivido desde que volvieron de Hueco Mundo. Estaba feliz. Sólo quería terminar rápido con todo lo que debía hacer en la Sociedad de Almas y volver a su lado para no separarse nunca más. Pero nunca se imaginó que sólo seguiría pensando durante veinticinco años, sin poder volver a verlo nunca.
Desde aquel remoto primer momento en que lo vio y decidió arriesgar su vida para salvarlo, desde aquel preciso instante, dentro de su ser y de su larguísima vida de alma, supo que él marcaría su corazón y cambiaría todo para siempre. Y así fue.
Después de la última pelea y cuando ya había acabado todo, su corazón seguía sintiendo miedo. No el mismo que tuvo cuando creyó que moría sin él o el que tuvo cuando Ichigo estuvo a punto de morir, sino miedo a perderlo, terror a que la dejara sola, a que todo lo que sentía se tuviera que apagar porque eran de mundos distintos.
Pero Ichigo se acercó a Rukia y la miró. Tomó las manos de ella entre las suyas y pronunció aquellas palabras que hasta en sus sueños retumban.
- Este será nuestro mundo y ya no habrá barreras. Tú y yo, juntos para siempre y por siempre. Te lo prometo, Rukia
Ese día fue el más feliz de toda su eternidad.
Un año nuevo se aproximaba y la Sociedad de Almas no los perseguía ni les pedía aún que tuvieran que volver. Estaban por levantar sus copas para recibir todos juntos el año que entraba, allí, en aquella pequeña y vieja casa junto al río en Karakura. Cada momento de esa noche está grabado a fuego en el corazón de Rukia. Todos sus amigos reían felices, y ellos también. Todos, Orihime, Uryu, Chado, Tatsuki, Keigo, Mizuiro, Kon, Renji, Ichigo y Rukia.
Brindaron por todos, por sus amigos y por ellos dos. Por esa lluvia que se había detenido definitivamente, por ese corazón que había dejado de sufrir para darse un respiro que parecía que iba a ser eterno.
Ichigo vendó los ojos de Rukia y la llevó ahí, al Nozomi, a prometerse algo que según él, se tenía que cumplir gracias a una vieja leyenda.
- Te prometo que voy a estar contigo siempre, que te protegeré y que te amaré para toda la vida
Se abrazaron, se besaron y sellaron aquella promesa amándose bajo la luz de la luna llena y llenos de esperanzas y sueños que hicieron que se sintieran uno solo.
Al poco tiempo, una reunión de capitanes se realizó en el Seireitei y convocaron a Renji para que sea uno de los nuevos capitanes, junto con Urahara y Yoruichi que habían sido restituidos como retribución por su trabajo en la guerra con Hueco Mundo.
Como la ceremonia sería muy importante, ya que tres capitanes tomarían su puesto, todos los miembros de los escuadrones debían estar presentes y Rukia no era la excepción. Obviamente, cuando le dijo a Ichigo que se iría, comenzó un nuevo escándalo.
- Tengo que irme – intentando sonar segura. Dudaba lo que haría Ichigo, pero no podía dejarlo hacer ninguna locura. – Habrá un importante acto en el Seireitei – miró hacia otro lado, para recibir la respuesta. – Ascienden tres capitanes – cerró los ojos con fuerza.
- ¡Iré contigo! – entusiasmado.
- No… - dubitativa, sin mirarlo todavía. – No puedes – resignada. Era el momento de recibir todas las quejas por parte de su amado.
- Hablaré con quién sea, conseguiré la autorización – insistió. - ¡No te dejaré sola! ¡No quiero que te vayas sin mí! – desesperado y gritando.
- ¡Tontito! – lo regañó cariñosamente, acercándose.- No me voy para siempre, es sólo por un par de días. La ceremonia es mañana – llevó su mano derecha a la cara del chico, acariciándolo. – Nos iremos esta tarde – hizo una pequeña pausa, a sabiendas de que menos le gustaría lo que diría a continuación – con Renji
- Esa es otra de las cosas que me molestan – la tomó por la cintura con ambas manos.
- En dos días estaré de regreso y estaremos juntos siempre – lo besó. Debía ir a la Sociedad de Almas y conseguir el permiso para quedarse con él.
En el acto, el Comandante General Yamamoto anunció que debido a los recientes incidentes y a las graves pérdidas y daños producidos en los tres mundos: Hueco Mundo, el mundo humano y la misma Sociedad de Almas, las puertas de comunicación se cerrarían por un período de tres años. ¡Tres años! Rukia sintió que debía salir corriendo en ese preciso instante y volver. No podía permitir que la separaran de Ichigo, pero no pudo. Cuando quiso volver, ya habían destruido todo…
Al tiempo descubrió que la leyenda del Nozomi era muy cierta, porque si bien tendría que esperar tres largos años para volver a ver a Ichigo, no estaría sola: estaba embarazada.
Tan contenta y radiante, tan tonta. Lo primero que hizo fue hablar con Renji, y él fue el que logró que entendiera la gravedad de lo que le estaba sucediendo. Nadie en el Seireitei aceptaría que naciera el hijo de un humano con una shinigami y tampoco podía volver ni ocultarlo por mucho tiempo… Necesitaba confiar en alguien más, alguien que le dijera que sí podía, que tenía que intentarlo, que no debía rendirse. Fue a decírselo a su hermano.
Cuando estaba hablando con Byakuya y a punto de confesarle la verdad sobre el padre de la criatura que crecía dentro de si, entró Renji en la oficina, desesperado.
- Capitán, es mi culpa – agitado y serio. – El niño que espera Rukia es mío
Rukia no podía creerlo. ¿Por qué había dicho semejante barbaridad? Pensó que su hermano no lo creería, pero se equivocó: lo aceptó inmediatamente y ordenó en que se casaran cuanto antes.
Haruto. ¡Cómo no acordarse de Ichigo todo el tiempo al verlo! Si hasta las peleas y su manera de hablar hacen que Rukia sienta que es Ichigo el que está con ella. Haruto logró que se mantuviera de pie y salga adelante con todo el peso de llevar esa mentira a cuestas, y también pensar en que cuando se reabrieran las puertas, debería enfrentar la realidad y a toda la Sociedad de Almas.
Cada noche soñaba con él, con su perfume, con su piel. Cada día sufría su ausencia, rezaba por tenerlo cerca pronto, ya que los meses pasaban rápido. Pero nada estaba más lejos que aquellos anhelos.
Los tres años pasaron, pero en lugar de abrir las puertas decretaron que todo lo referente a la guerra de Hueco Mundo, a Aizen, a Ichimaru, a Tousen, a los Espada, a Karakura y los ryoka, sería dejado atrás. Toda la documentación se confiscó y nunca nadie hablaría del tema para que los niños y los nuevos no conocieran la verdad. Ya no era necesario pensar en el pasado, sino preparase para el futuro y lograr que nunca más sucediera algo como aquello.
Rukia volvió a caerse, volvió a querer morir otra vez. La volvieron a separar de él, nuevamente la dejaron sin vida. Pero estaba Haruto, su fiel retrato viviente, que la alentaba a seguir cada día y sólo en las noches recordaba y deseaba haber podido tocarlo más, haber podido decir su nombre sin que nadie la castigara por eso. Y, sobre todo, haber sentido libremente ese amor que la envolvía en una locura que la mataba de a poco.
Cada año que pasaba era una tortura. Cada momento, cada mentira, cada ocultamiento. Su hijo, el de los dos, crecía en medio de un mundo sin sentido, rodeado de mentiras y falsedades, sin su verdadero padre y casi sin ella.
Byakuya había logrado entablar una relación única con su sobrino. Haruto despertaba su lado paternal a tal punto, que llegó a reconocerlo como su hijo adoptivo y hacerlo heredero de su propio puesto dentro del clan. Les pidió a Rukia y a Renji autorización para cambiar su apellido por Kuchiki. No fue de las mejores noticias para Renji y no estaba del todo convencido, pero después de meditarlo bien, pensó que lo mejor para Haruto era que se apellidara como su madre, ya que era menos falso que sea un Kuchiki que un Abarai.
Era verdad que sin la ayuda de Renji, Rukia y Haruto ya no estarían en este mundo, y Rukia nunca había pensado en aquello hasta que vio su tristeza cuando el niño que habían criado juntos dejaba de ser su hijo para convertirse en un Kuchiki. Tantas cosas habían pasado, tantos momentos lindos y tantas horas de llanto. Cuán agradecida estaba a Renji por todo lo que hizo por ellos durante esos años.
Rukia recordaba cada instante en el mundo humano junto a Ichigo mientras veía crecer a Haruto, entre los modales y el entrenamiento como shinigami. Su poder era enorme y su potencial aún mayor. ¿Quién podría dudar que es hijo de él? Y gracias al destino, estaba esa frase, "para siempre y por siempre". En definitiva esas palabras eran las que la hacían seguir adelante, para cumplir aquella promesa que jamás se rompería.
Quince años más tarde de su último adiós, Rukia no soportaba ni un minuto más estar viva. Los recuerdos la atormentaban día y noche, sin parar de bombardear su cabeza. No paraba de soñar y llamarlo por las noches, y de llorarlo en los días. Pensó que no podía seguir así y que lo mejor sería hacerle frente de una vez por todas a la realidad: no podría estar con él hasta que reabrieran las puertas, así que lo mejor sería encerrarlo junto con sus sentimientos dentro de su mente y de su corazón hasta ese bendito día en el que se reencontraran.
La enfermedad del Capitán Ukitake empeoró y lo internaron en los pabellones del Cuarto Escuadrón, para que la Capitana Unohana lo asistiera en persona a diario. Fue él mismo el que pidió especialmente que Rukia asumiera todas sus responsabilidades frente al equipo de shinigamis que conducía. La nombró Teniente y Capitán suplente al mando del Treceavo Escuadrón, a pesar de las negativas de Byakuya. Rukia sabía que aquello la ayudaría a resistir y a esperar más pacientemente.
Cada año nuevo se permitía recordarlo abiertamente y, a media noche, levantar su copa hacia el cielo para decirle "Feliz año nuevo, mi amor". Pensar que serían sólo tres años y ya habían pasado veinte. ¡Qué cruel que es la vida a veces! ¿No?
Haruto ya era teniente y cada vez se parecía más a Ichigo y a Byakuya. Su carácter era una mezcla peligrosamente explosiva que acumulaba poder a cada instante. Pero Rukia seguía viendo en el fondo de sus ojos miel a Ichigo.
¡Como olvidar lo que sintió con aquel último beso! Cada noche de insomnio recordaba, sin querer, el roce de sus labios con los de ella. Cerraba los ojos y creía sentir hasta el perfume de su cabello haciéndole cosquillas en la nariz. Fue imposible encerrarlo del todo, pero había logrado no llorar al recordarlo, y mirar el mundo desde otro lado, uno más amable y comprensivo. Sólo debía aguardar en silencio su reencuentro.
Cinco años más tarde, a veinticinco años de aquella tarde en la que se despidieron, Renji le anunció con cierto temor, que asignaron a Haruto a una misión en el mundo humano, específicamente en Karakura. Rukia no podía creerlo, ¡se reabrirían las puertas! Al fin podría volver a verlo.
Pero, Haruto era el problema ahora. Había crecido engañado, no sabía la verdad sobre su padre ni nada sobre los humanos. El corazón de Rukia volvió a ahogarse en llanto, tanto o más que cuando dijeron que cerrarían las puertas. ¿Qué debía hacer? ¿Qué era lo mejor en ese momento? ¿Qué Haruto fuera y se enfrentara a todo, o que se quedara allí, donde podría vivir una vida sin preocupaciones, pero vacía?
Tantas cosas le hubiera gustado compartir con su hijo. Tantos momentos en los que estuvieron juntos, luchando codo a codo, divirtiéndose, peleando. Pero tuvo que guardar todo en su memoria y sólo verlo en sus sueños. ¿Y ahora? ¿Quién sabía lo que debía hacer? Todo caía en caída libre sobre su mente. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil?
- Desde aquel momento en que crucé la puerta pensando en él, lo extraño. Y lo hice durante veinticinco años. Y ahora que puedo volver a verlo, no sé qué hacer. ¿Quién lo sabe?
Capítulo basado en "Who knew?" de Pink.
