Hola. ¿que tal?
He empezado un proyecto que se llama "termina cautivo de una buena vez" Así que aquí me tienen.
Agradezco sus comentarios en especial a Eliza Garcia 123. Gracias por el mensaje.
Espero que les guste y comenten.
Capitulo 7 .-Cambios.
Tu cuerpo esta callado, tu respiración es tan tenue que a penas puede percibirse. Sientes un poco de frió e incluso tu piel se eriza cuando sientes los dedos del capitán recorrer tus piernas. Sin embargo esta vez no te estas resistiendo, dejaste de hacerlo hace un tiempo cuando te diste cuenta que simplemente no puedes escapar de esto.
Esta vez él no esta desvistiéndote, al contrario esta poniendo sobre ti una ropa de suave textura. Al capitán se le esta haciendo costumbre y lo ha estado haciendo últimamente, vestirte de manera elegante (lamentablemente no con ropa de chico), contarte cosas de como la han pasado en sus desembarcos previos, él peina tu cabello, el limpia tu cuerpo a conciencia, incluso te alimenta.. Eres como una muñeca viviente incluso te tocarte como si corrieras el riesgo de romperte.
Cierras los ojos mientras sientes sus largos dedos en tu cabello, es ligeramente incomodo cuando toca tu rulo pero es tan frecuente que estas empezando a acostumbrarte. Abres los ojos al sentir su mano deslizándose hacia tu rostro, su pulgar acariciando tus labios sabes lo que eso significa. Separas los labios mientras tus parpados se entrecierran, lo sientes besarte y te quedas lo mas quieto posible.
Con el paso del tiempo has "aprendido" a dejar ir tu mente a otro lugar, a un lugar mas pacifico, sin embargo resulta extraño hasta para ti que cada vez tu mente y tu cuerpo estén en el mismo sitio cuando el capitán te toca.
Es algo extraño en realidad el hecho de que en el exterior te mantengas estoico y ´por dentro tu mente es un caos desde que notaste que cada vez te resultaba menos desagradable el contacto ajeno, es mas a había veces en las que te encontrabas deseándolo. ¿Te habías vuelto loco?
Definitivamente... lo pensabas.
Otro atardecer llegaba, el sol se ocultaba lentamente en el ocaso llenando el cielo de tonos naranjas. El viento movía su cabello, la temperatura estaba descendiendo rápidamente haciéndolo estremecer, se sentía un poco débil, como si sus piernas no fueran a ser capaces de sostenerlo mas tiempo. Aun así no se movió ni un poco, mantuvo su mirada hacia él ocaso apretando el collar contra su pecho, rogando y pidiéndole a dios que ese día fuese el día en el que volviera a estar junto a su hermano.
Pero la noche llego y la esperanza que su corazón albergaba volvió a acabarse de a poco, sus ojos se llenaban de lagrimas perdiendo la fe una vez mas. Sus piernas dejaron de sostenerlo y cuando estaba por caer fue a tiempo detenido por alguien.
—¡Oye...! ¿Estas bien?
—Señor Ludwing... -susurro el castaño con una pequeña sonrisa.
—El doctor ha dicho que debes descansar y sin embargo aquí estas de nuevo. Desobedeciendo y viniendo a este lugar a llorar. -aunque su voz era fuerte sus palabras y acciones eran gentiles, esa manera tan delicada de pasar sus dedos por las pestañas ajenas para secar los rastros de lagrimas.
—Estaba esperando... Pensé que este día tendría suerte. Creo que ya no me queda mas fe...
—Debes descansar. -dijo el rubio cargando al pequeño italiano con facilidad, caminando hacia dentro de la casa acunándolo contra si al escucharlo sollozar.
—Tienes que tener fe, mi hermano esta haciendo todo lo posible para encontrarlo y conozco a mi hermano... el no se rendirá así que tu tampoco lo hagas.
—... -Feliciano fue dejado con sumo cuidado en la cama, sus ojos color miel se encontraron con los ojos color celestes del rubio. Había algo en ellos que lo tranquilizaba, pero aun así no podía dejar de llorar. Porque no importaba cuanto resara y cuanto pidiera su fe era cada vez mas difícil de restaurar y aun si decían que no se rindiera Feliciano no sabia si aun conservaba fuerza para seguir.
—No puedo.. Sé que debería tener fe y confiar, pero tengo un presentimiento de que algo muy malo le paso y no sé... Fue mi culpa que se lo llevaran, si tan solo... si tan solo no hubiera sido cobarde y hubiera dejado que me llevaran. Al menos de esta forma podría dejar de sentir ese sentimiento de culpa que no me deja respirar a momentos.
—No es tu culpa.
—¡Lo es, es mi culpa! -levanto la voz —De no ser por mi fratello no hubiera regresado a casa y no lo hubieran atrapado esos piratas, si algo le pasa... No voy a ser capaz de vivir, preferiría morir antes de saber que él podría no volver jamas... y soy un inútil que no puede hacer nada para salvarlo... -el nudo que se le formo en la garganta le impidió continuar hablando, las lagrimas gruesas comenzaron a deslizarse por sus mejillas. El dolor en su pecho casi no lo dejaba respirar, es por eso que se quedo sin respiración rápidamente cuando sintió unos cálidos labios sobre los suyos.
Abrió los ojos como platos mientras las lagrimas cesaban, ese dolor que sentía en el pecho desapareció cuando comenzó a latir rápidamente. Y aquella dulce sensación termino tan rápido como empezó, el rubio se alejo ambos se vieron una fracción de segundo común notorio sonrojo en sus rostros.
—Lo siento. -susurro de manera apresurada el rubio antes de salir de la habitación dejando al menor sin palabras, sin aliento, con el corazón latiendo a mil y con una nueva fe en encontrarse de nuevo con su hermano.
Los pub solían ser en muchos de los casos temibles, mas aun si era uno de esos en los que solo iban piratas. Después de estar navegando por mucho tiempo no había nada mejor que parar en una de esas ciudades invadidas por piratas para tomar un poco de ron y conseguir algo de sexo con alguna mujer.
Lo importante en cuanto a llegar por primera vez a un bar era mantenerse al margen lo mas posible, hacer lo que hacen todos y no resaltar...Algo que no se le daba muy bien a Kirkland. Arthur tenia esa manía de actuar como caballero aun cuando era un temible pirata, entraba a paso elegante a cualquier lugar y mantenía ese aire de superioridad que molestaba a mas de uno.
Es por eso que cuando entraba a un nuevo bar se ganaba algunos enemigos de inmediato.
—oye, este no es lugar para señoritos. Vete de aquí antes de que salgas lastimado cara bonita. -dijo burlón un hombre alto y fornido de apariencia nada agradable, Arthur no se contuvo de hacer una mueca de asco cuando el hombre le hablo.
—Solo vengo a conseguir un poco de información. -dijo el ingles poniendo una mano su su cinturón, el hombre que antes le hablo lo miro con una sonrisa burlona.
—A menos de que quieras salir con dolor de trasero no conseguirás nada aquí muñeca.
—Como iba diciendo, requiero información sobre un pirata, mis fuentes indican que ha pasado por aquí hace poco. ¿Hay alguien aquí que pueda decirme sobre...?
—Porque no usas esa boca tuya para darme algo de placer en lugar de molestar con habladurías. -dijo el hombre tomando por la barbilla al rubio, los hombres de Arthur que estaban detrás de él dieron un paso hacia atrás excepto por Alfred que iba a atacar al hombre, pero fue detenido por el capitán.
Cuando el muchacho retrocedió un paso Arthur derribo al gran hombre como si se tratase de un muñeco de trapo, con uno de sus cuchillos clavo al suelo al hombre desde el hombro, su espada le apunto al cuello.
—Bien, hagamos algo... Tu me dices lo que quiero saber y yo no te cortare el cuello. -puso su pie contra la herida haciendo chillar al hombre que solo segundos antes se la daba de macho. Algunos se levantaron para ayudar al compañero caído pero antes de que alguien hiciera algo contra el rubio se escucho un grito entre la multitud del pub.
"¡Es el demonio Kirkland!"
Y todos se quedaron paralizados en su sitio.
—Agh, odio ese sobrenombre... -susurro el rubio con una sonrisa. —Bueno, ahora que todos están poniendo atención, ¿Alguien podría darme información sobre Antonio Fernandez Carriedo? ¿Que es lo que sabes? -le pregunto al hombre que tenia en el suelo.
—Yo no sé nada... ¡Ahh! - Grito de dolor cuando el rubio clavo su espada en su hombro. Arthur no tenia paciencia a veces. —Esta bien, te diré lo que sé detente, detente! -pidió.
—¿Y bien?
—Paso por aquí hace una semana, dijo que iba al sur, le advertí que la tormenta roja estaba cerca de esos lugares pero él dijo que sabia como evadirlo. Es todo lo que sé... -dejo ir al hombre el cual fue auxiliado de inmediato por sus compañeros, se volteo hacia el que estaba en la barra.
—¿Antonio? ¿Venia acompañado de un chico? De cabello castaño de estatura pequeña y cuerpo delgado.
—No señor... pero, tenia a una chica igual a su descripción.
—Ya veo... -dio media vuelta y salio seguido por sus hombres. —Parece que para llegar al idiota del Antonio tendremos que enfrentarnos a la tormenta roja... Maldición, debí cobrarle mas a ese ricachon.
—¿Como sabes que aun tiene al chico? -pregunto Alfred caminando al mismo paso del capitán.
—Es obvio que esa chica es en realidad nuestro objetivo. Antonio sigue teniendo gustos extraños. Lo que me preocupa es enfrentarme a él.
—¿A Antonio?
—No, a la tormenta roja. -dijo Arthur frunciendo ligeramente el ceño. Subió a su barco y comenzó a ordenares zarpar de inmediato.
—¿Quien ese tal tormenta roja? -pregunto el menor viendo como Arthur se sujetaba al timón.
—Mi hermano...
—... -eso si que Alfred no se lo esperaba.
Cuando el barco paro en un muelle todos bajaron entusiasmados, el capitán les había dado permiso de salir y hacer lo que se les diera en gana por una noche y eso era bueno para todo los hombres de nave del capitán Fernandez Carriedo. El capitán bajo también dispuesto a conseguir mejores ropajes para su muñeca viviente. Lovino que se había vuelto mas dócil no tenia ahora ataduras que le impidieran salir del camarote del capitán.
A paso lento salio de allí y camino sin apuro bajando del barco, Francis que salia de su oficina alcanzo a verlo y fue tras de él para detenerlo cuando se echara a correr para escapar.
Sin embargo lo que esperaba que pasara no se hizo realidad, el francés se quedo con los ojos abiertos como platos al ver que Lovino, en lugar de ir al lugar contrario para escapar iba directamente hacia donde estaba el capitán.
—Oh, romano. has salido del barco.
—...
—¿Quieres quedarte junto a mi ahora? -dijo el capitán pasando los dedos por el cabello castaño del chico el cual solamente asintió en silencio. A unos pasos Francis los observaba estupefacto. ¿Que era lo que estaba pasando? ¿Donde habían quedado los deseos de escapar que tenia Lovino?
Pensando que el menor no tenia la confianza de escapar porque Antonio tenia puesta su atención en él se puso en medio de ambos captando la atención del capitán por un largo rato, sin embargo Lovino no se movió se su sitio, su mano se aferro a la orilla de la gabardina del capitán para no ser dejado atrás.
Eso estaba mal definitivamente, Lovino tenia un mal. (síndrome de estocolmo)
#
síndrome de Estocolmo
Trastorno psicólogico temporal que aparece en la persona que ha sido secuestrada y que consiste en mostrarse comprensivo y benevolente con la conducta de los secuestradores e identificarse progresivamente con sus ideas, ya sea durante el secuestro o tras ser liberada.
