Disclaimer: Los personajes son de SM, La mayoría de los nombres son originarios de la mitología griega, y otros tantos son invención mía. Las sirenas y las leyendas que las rodean, pertenecen a la mitología griega, también. Las fichas son de ellos, pero yo decido donde ponerlas.

Es un recuerdo de Ligeia, sí, pero desde el punto de vista de otra sirena, sin embargo, nuestra protagonista lo presencia :)


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Los recuerdos de Ligeia II: La Cacería Sirenaica

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Agláope/Jane

"La sirena es medio humana, medio bestia, medio silencio, medio algarabía, mediodía, medianoche, medio ruinas, medio soledad."

Es la hora – anunció Telxiepia – es la hora más bonita para nosotras, y la más sangrienta para ellos. Hemos de dar gracias a alguna entidad superior a nosotras por esta maravillosa vida de eterna belleza y placeres carnales, porque a lo que todas las mundanas aspiran nosotras, lo hemos logrado. ¿Os arrepentís de la decisión de Deméter? Entonces no sois dignas. ¿Lo sentís como un castigo? Entonces no sois dignas. ¿Estáis…

Dejé de escuchar, el don de Telxiepia se resumía en hablar y hablar y hablar, seguramente en las leyendas es más conocida como "la de palabras aclamantes" pero, ¿para qué necesitas apoyo cuando ya eres fuerte? ¿Para qué necesitas paz interior cuando eres el ser más bello en el exterior?

Volví a atender cuando escuché mi nombre en un gruñido.

- Como sabéis – Empezó Písinoe y Telxiepia retrocedió – La Cacería Sirenaica es la cacería más grande, celebrada cada cien años y donde hacemos un despliegue de medios jamás visto en toda nuestra historia. Es el mejor premio de este mundo, porque todas os beneficiáis a niveles increíbles. Nuestras hermanas de las Aguas Frías, esperan por nosotras, al igual que las hermanas del Caribe y las sirenas asiáticas, entre otros aquelarres. Distintos tipos de Náyades nos van a guiar, y se realizará mañana, pero tenemos que emprender hacia las costas Mediterráneas, donde estarán los hombres, piratas o no e incluso podremos devorar a alguno que sea importante en su mundo – Mi hermana mayor reía diabólicamente al igual que todas. ¡Estaba tan emocionada!

En general las sirenas cazaban a sus hombres sin compañía de ninguna hermana, pero esta cacería en particular era preciosa. Muchas sirenas de todos las aguas del planeta se congregaban en cualquier punto del mundo para provocar numerosas muertes, la vez pasada fue en Tailandia, ahora le toca sufrir a las costas Mediterráneas.

Las náyades son ninfas de aguas dulces, mortales aunque vivían más que una humana normal y no tenía cola, pero sí contaban con gran belleza y destacaban absolutamente en todo lo que hacían, y en ocasiones tenían poderes. Solían asociarse a nosotras en esta Cacería porque las sirenas les proporcionábamos objetos extraños del fondo del mar. Tan simple como eso.

También debíamos avisarlas si queríamos dormir una noche en alguno de sus pantanos o lagunas, porque estos dos primeros, junto con los ríos, manantiales y las costas eran propiedad de ellas, el resto del agua era nuestra.

Otra ninfa de cualquier elemento, también era bienvenida. Y si os preguntáis por qué tanto apoyo solo para que consiguiéramos nuestra comida, es porque si nosotras no existiésemos, ellas tampoco. Deméter, convirtiéndonos siempre en una mitad de algo, inició una especie de moda que adoptaron el resto de diosas con sus sirvientas. Ellas.

Las ninfas se limitaban a ayudarnos y después desaparecían, porque aunque podían comer hombres no les interesaba, comer animales las dotaba de más cosas.

Miré a mí alrededor y sabía que estaba en una oscuridad completa, pero podía ver como si fuese de día. A mi lado estaba Ligeia, y al otro Alexa. Flotaban con delicados movimientos, y miraban directamente a Písinoe.

Hemos de nadar en dirección vertical, luego en horizontal y cuando el sol de junio alumbre el segundo hueco, las ninfas estarán en la superficie.

Ninguna dijo nada más y Písinoe tampoco preguntó si alguna quería. Nadamos en carrera hasta la superficie. Nuestro hogar durante estos últimos años había sido un agujero (1), literalmente.

Cuando el agua seguía siendo oscura, pero no negra, nos alineamos en una fila india, y la primera en "despegar" fue la mayor de todas, Písinoe. Después Ligeia se posicionó a su izquierda y yo a la derecha. Al lado de Ligeia, Telxiepia, detrás Parténope, Alexa, Daradne, Skye, y a su izquierda, Melpómene. A mi derecha, iba Teles, después Galatea, Euníce, Kalliope, y Nesea.

Parecíamos una bandada de pájaros, porque desde arriba nos teníamos que ver como una flecha. Solo que no éramos pájaros, ni nadie podía vernos.

El ambiente era alegre, y todas conversábamos, menos Ligeia, secundada por Alexa, Nesea, y Galatea en menor medida, que tenían caras afligidas bien disimuladas. Siempre supe que estas cuatro eran las raras del aquelarre. Si no les gustaba esta vida, pues que se jodieran porque era lo mejor que había y no iban a encontrar nada mejor. Malditas desagradecidas.

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Nos esperaban nuestras hermanas de las Aguas Frías, que eran cuatro menos que nosotras. Se trataban de las sirenas del Polo Norte y Polo Sur, en realidad dos clanes diferentes pero que las sirenas que no pertenecíamos a ellos, los llamábamos como si fuera uno.

Sirenas de piel blanca o casi transparente como el cristal, de colas y ojos en colores fríos; grises, azules, verdes… Algunas rubias, otras pelirrojas pero ninguna castaña. El resto todo era igual, voces, belleza… Ahora que lo pienso, las sirenas parecemos calcadas unas de las otras. Distinguí a la madre de Teles entre las rubias platino. Miré a la aludida, que hablaba con Ligeia, y miré a Sao, que no se había dado cuenta de la presencia de Teles.

Las sirenas del Norte tenían un no-sé-qué que las hacía diferentes a las del Sur, pero si no tenías cuidado al mirar, todas te parecían iguales. Nos miraban recelosas y seguro que al rato ya nos convertiríamos en las mejores amigas del mundo.

Písinoe avanzó y Leniae, la mayor del aquelarre del Norte y en nombre del Sur, también se acercó.

Las diferencias e igualdades entre ambas resultaban chocantes. Estaban hablando, pero yo me dedicaba a observarlas y compararlas. Písinoe gesticulaba con las manos, las cuales tenían uñas largas y afiladas. Leniae no parecía intimidada por sus ojos, más oscuros que las profundidades del mar, ni se dejaba amedrentar por la espantosa y descuidada pero de alguna forma, bonita cola de Písinoe. El pelo de mi hermana mayor le llegaba hasta la cadera, y siempre se dedicaba a cubrir sus pechos con él. Sin embargo, si el cabello se le iba hacia atrás, no se preocupaba en cubrirse.

Leniae, al contrario…

El rubio casi blanco cabello funcionaba como un halo de luz en donde nos encontrábamos, y en sí toda ella brillaba. Sobre todo por los ojos, celestes grisáceos y tranquilos. La cola era plateada, delgada, y por supuesto, larga. Leniae parecía ser consciente de su belleza y había decidido que la mejor forma de utilizarla era con una actitud modesta, y quizá eso era lo que la hacía más bella aún.

Interesante. Una sirena que sabía cómo era y aún así decidía ser humilde.

Y como siempre, no debías dejarte engañar por las apariencias, porque quizá la sirena más risueña, es la sirena que tiene los dientes más afilados.

Mientras yo seguía embelesada con dos mundos tan distintos, sentimos una presencia, más de una, y nos pusimos en posición de defensa.

¿Podemos unirnos a la fiesta? – Preguntó Yanira. Al instante, aparecieron un número considerable de sirenas bronceadas, conté entre quince y veinte, de cabellos que iban desde el castaño claro al oscuro, y colas multicolores. Las presuntuosas del Caribe.

Me giré para ver a mi gente. Leniae sonreía. Písinoe las miraba fijamente con un rictus en la boca. ¿Qué quería? ¿Asustarlas o más comida?

Sin una respuesta por nuestra parte, las sirenas caribeñas se incorporaron fácilmente a nosotras y empezaron a hablar con soltura. Éstas imponían tanto como Písinoe, de hecho, ella podía pasar por una del Caribe si no fuera por la pálida piel, al igual que Ligeia.

Más tarde, llegaron diez sirenas asiáticas, algo así como las caribeñas solo que con los típicos ojos rasgados. Éstas mismas nos comentaron, que su don común era tejer un material muy valioso, que no solo es ligero si no también transparente y hermoso, y que por esto los pescadores siempre tenían ganas de agarrarlas.

¿Para qué quieren atraparnos? Las sirenas somos unas criaturas maravillosas, hábiles y versátiles y en nuestro mundo, está mal visto que un pescador quiera capturarnos, solo para ensuciarnos con sus asquerosas manos de mundano.

La luz del Sol de junio alumbró el suelo. Ahí estaban tres agujeros, no… Túneles, sí, eso, por donde habían aparecido las sirenas caribeñas, las asiáticas, y supongo que las de Aguas Frías. La luz solar alumbraba concretamente el segundo túnel, el mismo que dijo Písinoe.

La antes mencionada, fue la primera en introducirse, después las trece restantes de nosotras, posteriormente nos siguieron las Aguas Frías, las asiáticas y las del Caribe. Según tenía entendido, el segundo túnel de tres, era más que un hueco sin fondo. Era un portal a otra dimensión, un transporte más rápido a cualquier superficie del planeta. Sólo tenías que desearlo.

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Vi la luz y saqué la cabeza. Tomé una gran bocanada de aire, solo porque soy claustrofóbica y el túnel me estaba aplastando los costados de la cola, ¡ni siquiera me estoy quejando del hecho que seamos cincuenta y cuatro sirenas!

Miré con burla a las que se estaban peinando, y a las que seguían jadeando por aire sin realmente necesitarlo. Ahora que lo pienso, el respirar es un hábito que se pasó con nosotras a esta vida.

La minoría indiferente, se sentó en la orilla. La orilla de un pantano en principio no tan profundo como a lo que estaba acostumbrada. El pantano estaba rodeado de árboles con muchísimo musgo, y todo era verde. ¡Hasta el aire era verde!

¿Y ahora? – Preguntó Oritía. Una sirena caribeña. Písinoe la taladró con la mirada. Conociéndola, estaba cabreada por hacer esa estúpida pregunta ya que debería saberse el plan de memoria. Oritía se hundió en el agua, que también era verde y no la vimos más.

La jefa del clan del Caribe, Yera, miró igual de mal a Písinoe, que no dijo nada y se mantuvo impávida. La sirena ajena a mi no aguantó la pesada mirada de mi hermana y miró hacia lo que parecía un bosque. Ahora todas mirábamos a Yera. Seguro estaba aguantando las ganas de llorar. ¿Por qué será jefa?

Me encanta humillar a sirenas débiles.

Mientras nos reíamos disimuladamente de ella, unas flautas, arpas y tambores anunciaron la llegada de las ninfas. He aquí mi segunda parte favorita, la primera es comer.

Una entrada espectacular – Susurró Ligeia. Las luciérnagas empezaron a revolotear alrededor nuestro. Los instrumentos aumentaban su sonido. Unas voces sibilantes y dulces, no tan potentes y bellas como las nuestras, acompañaban el ritmo. Los árboles estaban cambiando de color, no sabía dónde nos encontrábamos pero definitivamente este lugar era El Bosque Abscondidum.

Mujeres vestidas con trapos casi transparentes y de colores, aparecieron en nuestro campo de visión. Iban montadas en unicornios, otras a pie, y la mayoría de ellas llevaba un arma en la espalda como un arco o una espada.

Una de las tantas leyendas de los humanos, sostiene que las hadas sonángelescaídos o paganos muertos que no han sido suficientemente buenos para entrar alParaíso, ni tan malos para entrar alInfierno, quedando obligados a vivir eternamente a mitad de camino hasta que en elJuicio FinalDios resuelva su destino, pero esto no era verdad. Las hadas son mitad demonio mitad ángel, con la belleza de uno y la maldad del otro, incapaces de mentir, capaces de cumplir deseos si le caías muy bien y estos deseos siempre tenían un final terrible. También se decía de ellas que eran manipuladoras pero encantadoras, y enigmáticas. ¡Yo odio la gente enigmática! Así que si estas hadas quieren hacerse las misteriosas con nosotras, ya pueden ir enfilando de vuelta a sus cuevas. A mí que no me vengan con "adivina, adivinanza".

Una de nosotras las saludó.

Ya nos hemos saludado antes – Respondió Simene sonriendo. Simene era hija de una de las Cuatro hadas principales, Lemni concretamente. ¿Ven a lo que me refiero? Con el "saludado antes" se refiere hace cien años, la última vez que pedimos su ayuda.

Simene se bajó de su unicornio con una gracia que rompería el corazón de cualquier bailarina. A pesar de ser su contextura delicada, no tenía pinta de ser débil, al menos físicamente.

Hemos dado con dos barcos piratas llenos de hombres de todo tipo. Las nereidas (2) han lanzado un hechizo a sus barcos para que no se puedan mover de ahí mientras llegáis. Están anclados sin anclas, así que no os preocupéis por el tiempo. – Apuntó Simene. Písinoe se acercó y bajó la cabeza delante de ella. Viniendo de ella, era la máxima expresión de respeto y agradecimiento que podía mostrar.

Alexa se acercó y me susurró: "mira la cara de Simene" la miré, y tenía una expresión de superioridad que Písinoe no veía mientras tenía la cabeza abajo, y que seguramente si la veía la mataba. Eso me hizo reír.

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Aparecimos lentamente por la costa, asomando casi nada los ojos, porque los hombres en ambos barcos estaban por la borda mirando el mar, y desde lejos incluso se notaba su histeria. Se gritaban unos a otros, y se movían bruscamente. ¿Por qué los hombres humanos son tan brutos? Y pensar que nos habían condenado eternamente a alimentarnos de esto…

Dos nereidas, Anfitrite y Tetis se encontraban en la costa con las manos cruzadas, mirando en dirección nuestra. Llevaban los ridículos vestidos de la época, supongo que para disimular en frente de los enormes barcos. Písinoe sumergió su cabeza y susurró algo debajo del agua, después volvió a emerger. Los susurros de mi hermana se fueron expandiendo en ondas hasta llegar a la costa, y Anfitrite se arrodilló para oír mejor.

Trucos del mar.

Nos miró y volvió a ponerse de pie, le dijo algo a Tetis que asintió delicadamente. Las dos se fueron caminando con un porte que seguramente ya alguna envidiaba, y se escondieron detrás de unas rocas. Después de despojarse de sus ropas, Tetis levantó los brazos hacia el mar y Anfítrite en dirección a nosotras.

Las olas sobre el brumoso mar empezaron a alterarse, y ráfagas de furiosos vientos azotaban el barco. Ambas hicieron que el cielo se pusiera gris y una fuerte tormenta empezara. Los piratas, ni tan cerca de la costa, ni tan lejos, corrían de un lado a otro. Seres inferiores que se creen superiores…

Una enorme ola de varios metros, empujó el barco hacia un mural de piedras igual o más grande que él. A este paso, los barcos no resistirían mucho. Nuestra meta era que los hombres cayeran al mar o al menos en botes.

Otra ola los golpeó. El primer barco se arrimó al que había chocado contra las rocas y la madera crujió. Mientras todas miraban maravilladas como su comida agonizaba, miré a las creadoras de tanto caos, Anfitrite tenía los ojos inyectados en sangre y Tetis sonreía.

Como si con el mar no fuese suficiente, del cielo cayó un rayo que aterrizó en medio del barco que se arrimó al primero.

Durante una fracción de segundo, vi algo que a pesar de su corta duración me acompañaría durante toda mi existencia.

El barco caía, se rompía, se quebraba. Los hombres arriba estaban más allá de desesperados. Si caen, no pasa nada, pero con el mar como estaba… Nos teníamos que apresurar, porque podían morir ahogados. Las nereidas tenían que parar en el momento justo en que cayera el último.

Pero eso no fue lo que me traumatizó.

En la proa del primer barco, que curiosamente el mascarón era una sirena, se encontraba un hombre tranquilo, que aferraba con todas sus fuerzas un libro a su mano y un crucifijo a su cuello. No lloraba, ni pataleaba, rezaba en voz baja. Estaba arrodillado y miraba el mar.

No. No miraba el mar…

Me miraba a mí.

Por la sorpresa, saqué mi cuerpo hasta los hombros y también lo miré. No con hambre aunque ya olía la sangre, no con deseo, no con rabia… Con curiosidad. "¿Por qué me miras, joven cristiano?" "¿Qué ves en mi para mirarme de esa forma?" "¿Esa mirada puede existir en un hombre? Pensaba que solo las mujeres miraban así" "¿Por qué no gritas ni alertas a tus compañeros si ya sabes quién soy y qué hare contigo?"

La magia del momento y nuestra conexión fue rota. El barco terminó de caer y desapareció en el mar, junto con Anfitrite y Tetis, aunque el oleaje seguía siendo suficientemente fuerte para arrastrarlos mar adentro.

El caos había acabado y había una tranquilidad alterante. Los hombres que no habían muerto empezaban a salir a la superficie.

Enamoraos de alguno – Dijo Teles acercándose a ellos como en una especie de trance.

Ahora empezaba el verdadero caos.

¡No!

Algo dentro de mi tan potente como todas las olas, me hizo hundirme con fuerza.

Allí debajo, había demasiadas burbujas para ver algo con claridad, porque todas las sirenas nos habíamos hundido a la vez, pero yo solo buscaba a alguien y no para que fuese mi comida. Mi corazón iba a dos mil por hora, y descubrí que esto era la verdadera adrenalina. Sentir que podías perder algo o a alguien al mínimo fallo.

Muchas veces había nadado rápido para conseguir algo, o para ganarle en una carrera a alguna de mis hermanas, pero esto era diferente… Aquí no había premios, ya no.

Busqué al joven cristiano y casi me desmayo. Casi deseo que me ahogase, pero no pedí el deseo porque tenía a alguien por quien luchar.

Písinoe estaba delante de todos ellos con una falsa mirada de ternura. Cantando. CANTANDO.

Todas salivaban. Menos Ligeia, que estaba compungida. Cada una eligió a un marinero y nadó directamente hacia él. No sé cómo me debía de ver en ese momento, pero seguro que con cara de persona que está siendo torturada.

Douce dame jolie, pour dieu ne pensés mie, que nulle ait signorie…– A mi ni loca se me ocurrió abrir la boca. Cuando había encontrado a mi marinero, tiré de él hacia abajo y oí a mis hermanas riéndose, diciendo cosas del tipo "esta ni siquiera ha esperado a cantar…"

Al principio estaba asustado. Tenía ojos marrones, puros y castos y en paz consigo mismo. Tanta belleza…

Debería ser de otra forma, ¿y si yo quiero que sea a mi manera? – Le susurré. Los humanos podían oír a las sirenas hablar, pero humano con humano debajo del agua no.

Se veía que tenía intenciones de responderme, pero tenía miedo de morir ahogado. Le enseñé que conmigo iba a ser tan fácil como respirar.

Sabía que tú eras distinta… – Con atrevimiento, levantó la mano y me acarició la mejilla. Cerré los ojos ante el contacto, la primera caricia real que recibía de un hombre.

La última vez que nos veremos. ¿Cuál es tu nombre? – ¿Qué tenía mi pecho? ¿Por qué ardía? ¿Por qué me dolía el corazón?

Es William Hall, ¿puedo conocer el tuyo? – William Hall. Juro que lo recordaría para siempre.

Quizá algo difícil de pronunciar para ti. Agláope. – Lo mire tímidamente. Ahora me sentía completa, pero a la vez poca cosa para él. Viendo sus ojos me podía dar cuenta del monstruo que he estado siendo todo este tiempo y me avergüenzo. Tal vez si yo fuese humana para él…

Te llamaré Jane. – Sonrió. Toqué con las dos manos los hoyuelos que se formaban en sus mejillas.

Nuestra burbuja fue rota cuando oí arriba los gritos.

Por favor, hazte el muerto – Acerqué mi boca a su cuello y deposité un suave beso ahí, y en el hueco debajo de su oreja, sentí a William removerse.

Si haces eso, estaré más vivo que nunca – No hice caso, le seguí besando y chupando el cuello. Era necesario. Mis hermanas empezaron a descender con hombres que tenían diferentes expresiones, desde horror hasta encantamiento e incluso indiferencia. Intenté poner a William de espaldas a eso, él no tenía por qué saber que hacíamos después de cantar…

Nadé un poco más abajo, el pecho de Will subió y bajó bruscamente.

No te ahogarás – Le prometí separándome de él para mirarle a los ojos.

No es… Quiero hacer esto – Y de repente, me besó. Con dulzura, con tranquilidad intentando prolongar al máximo este momento. Todo lo que sabía era de labios cálidos y suaves.

Después del beso, lo llevé a la orilla y le dije que corriera lejos de las aguas para siempre. Él tenía que irse, sí, pero tampoco luchaba por él porque no me merecía algo así. Me quedé durante un rato varada en la arena, dejando que la luz de la luna me diese la energía necesaria para afrontar una eternidad sin este extraño que me había robado el corazón rápidamente.

En mi mundo, bien sabidas eran las leyendas de sirenas enamoradas, y la cosa era más o menos así: veían a su otra mitad (curioso, porque ya nosotras somos una mitad de algo) se flechaban por ese hombre rápidamente, y cambiaban a mejor por y para él, también tengo que decir que jamás podían volver a enamorarse de nadie más.

¿Me había enamorado? ¿Tan rápido? Aunque esto encaja con la personalidad de las sirenas, volubles y extrovertidas, me resulta extraño. Creí que para mí esto no estaba permitido, después de todo el amor es uno de los tantos dones que el Cielo le regaló a la tierra, y yo no soy precisamente pura…

Volví al agua, pesarosa, y ahí estaba Ligeia mirándome con la boca llena de sangre y ojos como platos. Lo había visto todo.

Ligeia, por favor… Sabes que pueden torturarme, desterrarme o incluso asesinarme… – Ella no dijo nada. Después miró su reflejo en el agua y me volvió a mirar. Algo en su mirada había cambiado, quizá, ¿respeto? Se lavó la sangre restante y me ofreció unas algas en silencio. Sí que estaba hambrienta, y me conformaba con esto.

No diré nada, pero te envidio. Me tocó el corazón. – Bonitas palabras que decía con expresión seria – si hay para ti, ¿por qué no para mí? He aquí mis pensamientos dichos. Mientras, estoy sola.

Resiste unos siglos más. – Susurré. La luz de la luna se reflejaba en la oscura agua, y había una quietud que antes no, al parecer solo estábamos ella y yo, pero no podía fiarme. Me acerqué y rodeé su cintura con mis brazos. Ligeia se quedó quieta.

¿Qué haces? – preguntó tensa.

Se llama abrazo y tienes que rodearme tú también. Ya verás cómo te sienta mejor y te sientes aunque sea, solo un poco, menos sola. – Lentamente, y con cara de niña asustada, Ligeia rodeo mi cuello con sus brazos y entrelazó las manos.

No está tan mal – Dijo en un hilo de voz. Moví mi cola contra la de ella y se rió por las cosquillas que eso le causaba. Su armoniosa risa rebotaba contra el mural de piedras, minutos antes donde habían muerto hombres con familias que ahora se estarán preguntando por ellos.

Menos la esposa de William, que seguramente tenía.

Fin Flashback


(1) Con "agujero" se refiere a que habían estado viviendo en el Blue Dean's Hole. Buscádlo en google.

(2) Nereidas: ninfas del mar Mediterráneo.

* Simene es: Simone Simons. Buscadla también en google imágenes. Idea del personaje: a mi hermana biológica Gabriela.


Vengo y me voy! A penas y he podido escribir y subir el capítulo. Varias cosas:

Alexa, no te he descrito en este cap porque lo haré en los próximos, ya que esto más que aparición fue una mini-introducción a tu personaje, pero ya verás la guerra que darás :). Besos y abrazos hermana!

Scarlet, no pienses que me he olvidado de ti! En lo que tenga tiempo, te respondo a todo por hotmail. Besis!:D

Y a ti, sí, tú, que estás leyendo esto, si no eres de las que te he mencionado, pues igualmente amor infinito para ti por el review o solo por leerme.

Me dejas un review, porfaplis?:c Tardas un minuto como máximo y me das energía para seguir escribiendo!

LAS ADORO!