HOLA Aquí de nuevo, espero comentarios y cruciatus por igual he…. Ah y esto es RATED M, MUY JUSTIFICADO Y CONTIENE TODO TIPO DE ADVERTENCIAS ASÍ QUE POR FAVOR LÉANLO BAJO SU PROPIA RESPONSABILIDAD

DISCLAIRMER: HP y sus personajes, lugares y demás son propiedad de la señora J.K Rowling yo solo los uso para diversión sin fines de lucro, aclarado esto comencemos

A pasado una eternidad, lo sé, lo sé. Promesas, promesas pero nadie dijo que tener una vida y ser una adulta sería fácil. Aquí esta lo nuevo y espero retomar mi camino aun si es a paso de tortuga, muchos besos y espero que les guste, dejen reviews y sugerencias.

Capítulo 7: ¡Sorpresa!

Las semanas pasaron con extrema lentitud, después de lo ocurrido aquella mañana Severus no había vuelto a tocarla, Sonya sabía que él, la culpaba por la muerte de su hijo nonato, sus ojos escocieron al recordarse a si misma pujando para poder desechar el feto de su cuerpo, aun cuando él la acompañara en todo momento y le brindara su apoyo jamás olvidaría la tristeza en sus ojos oscuros y el frio odio que se había instalado en ellos desde entonces.

Sirvió el plato con su desayuno, esta día él se quedaría en casa, pues le había informado que debía terminar las pociones que tenía en su laboratorio del sótano, ella se había apresurado a limpiar el lugar y tenerlo ordenado para cuando él despertara.

Severus murmuro un gracias desde detrás de sus periódico y evito mirarla a toda costa, hacia tanto tiempo que no la tocaba, la ansiaba con locura pero no podía permitírselo, no después de lo que ocurriera… no la merecía, igual que todo lo bueno que alguna vez estuviera a su alcance, no la merecía. Comieron en silencio perdidos en sus pensamientos, hasta que una lechuza aterrizo en la ventana, Sonya se levantó y cogió la carta que el ave sostenía, con una caricia a su emplumada cabeza la despidió.

La carta era de papel fino con relieves en oro en las esquinas y el sello de una serpiente enroscada, Sonya miro a los ojos de su marido por primera vez en muchos días. El asintió dándole permiso para abrirla. Con dedos agiles ella rompió el sello y leyó el contenido.

Un tal señor Burke le informaba que se requería su presencia en el ministerio, al parecer debido a que su nombre figuraba como único heredero de la señora Antonella La beouf, las manos de la muchacha comenzaron a temblar al pensar en esa mujer. Severus se puso de pie al verle descomponer y con extrema ternura le quito la carta de las manos, después de leerla rápidamente la desecho sobre la mesa.

-¿Esta…?- pregunto aun temblando con fuerza, Severus asintió solo una vez, no se esperaba aquello, no la muerte de esa maldita, si no, lo de la herencia. Si, él se había encargado de ella, no se sentía orgulloso pero la sed de venganza había sido más fuerte, se lo debía a su esposa… se lo debía a su hijo, ¡Dios! Su hijo…

-¿Estas bien?- pregunto mientras con sumo cuidado la atraía contra sí, ella dejo de temblar y se acurruco con su cuerpo buscando calor, sus suaves curvas se acoplaron a los planos de su cuerpo como si de dos piezas de puzzle se tratasen. Ella suspiro al inhalar su aroma, menta y sándalo con un toque de pergamino viejo.

El la sostuvo por unos minutos más antes de despedirse y marchar hacia el sótano, donde tenía su laboratorio en casa. Sonya lo vio partir y se abrazó a si misma cuando sintió la falta de su calor, su mente trabajaba pensando, ¿él la mato?, y si era así ¿Por qué?, ¿Por ella? O ¿por él?...

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El joven se apretujo la capa tapándose lo más posible, nadie debía verlo, había ido con la esperanza de ver si ella estaba ahí pero al parecer no. Suspiro con pesar, Ginny, no sabía nada de nadie. Había despertado hacia escasas semanas en un cuarto completamente desorientado.

Hannah lo había rescatado, bueno ella y otros Hufflepuff que se habían dado cuenta que no estaba muerto como todos lo creían. Lo habían cuidado durante todos estos años en los que él había permanecido inconsciente.

Hacía casi dos meses que había despertado y teniendo que esforzar porque su cuerpo respondiera de nuevo, pues al estar tanto tiempo inmóvil sus músculos se habían atrofiados un poco pero eso no lo detuvo, no después de escuchar todo lo que Voldemort hiciera en su ausencia.

Se asomó por la esquina y vio un destello dorado, reconociendo ese cabello a pesar de que su rostro y su cuerpo ya no correspondían al recuerdo que el guardaba sobre aquel joven hombre que se paseaba por el callejón dando órdenes como capitán.

Malfoy, Draco Malfoy era el quien parecía lugarteniente en esos momentos ya no se veía como el joven pálido y asustadizo que el recordaba. Una figura más pequeña lo hizo desviar su atención, a pesar de que la capucha de la capa la cubría él pudo ver un atisbo de rizos castaños que se escapaban de ella. Hermione, era ella, parecía asustada, eso y el grillete alrededor de sus muñecas lo hicieron desesperar, estuvo a punto de salir a su encuentro cuando se dio cuenta que era Malfoy quien tiraba de la cadena. Ella era su esclava.

Los siguió, debía ver a donde se dirigían y tratar de salvarla si le era posible, camino detrás de ellos por unos veinte minutos hasta que llegaron a un local viejo y sucio en el callejón Diagon él se detuvo de nuevo espiándolos. Vio que Draco le ordenaba a sus hombres que vigilaran y hacia entrar a la chica empujándola un poco, más cuando los hombre se retiraron el paso su mano por la barbilla de ella e inclinándose un poco le dio un suave beso al que ella correspondió antes de perderse dentro de la tienda.

Abrió la boca desconcertada ¡¿Pero qué carajos?! ¡¿Hermione con Malfoy?! ¡Mierda!...

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Era tarde y Severus estaba harto no había hecho nada en todo el puto día, solo pensar en la mujer que diligentemente aseaba la casa mientras él intentaba trabajar, el tenerla abrazada había sido un graso error, su cuerpo había reaccionado a ella inmediatamente, se acomodó por milésima vez, estaba duro, llevaba así desde que su cuerpo generosamente proporcionado se había apretado contra él, el recuerdo de la última vez que hicieran el amor lleno su mente, la suavidad de sus muslos alrededor de sus caderas sus grandiosos pechos bamboleándose a su ritmo, su pequeña y carnosa boca abierta profiriendo gemidos ante el placer que él le daba.

Maldijo cuando la poción que tenía entre manos se derramo ante su descuido, boto todo y con un ademan hizo desaparecer todo el desastre, con cansancio camino escaleras arriba y bien abrió la puerta el exquisito aroma a carne con especias le lleno los sentidos, su estómago gruño protestando pues no se había alimentado por la tarde aun cuando ella toco a la puerta para avisarle que la comida estaba servida.

Entro a la cocina solo para ser recibido por el bien formado culo de su esposa al aire mientras estaba agachada sacando algo de debajo del lavadero, esa tarde traía un escandaloso vestido azul eléctrico que se le entallaba a la altura del trasero y que dejaba ver su generoso escote pues la maldita cosa carecía prácticamente de tela al frente por el profundo escote que le llegaba al ombligo.

Trago espeso cuando ella le sonrió tímidamente y le invito a sentarse. Ella le sirvió un generoso trago de Whiskey de fuego con su comida, todo estaba delicioso como siempre pero sus sentidos estaban más alerta por la muchacha sentada al otro lado de la pequeña mesa que por la apetitosa comida en su plato, ella se inclinó cuando pro descuido su tenedor cayo de la mesa, un atisbo de deliciosa piel arrugada y rosada quedo a la vista, el pequeño pico en la cima de su generoso seno se escondía burlándose de él, ella lo vio con ojos inocentes y se ruborizo al sentir su ardiente mirada.

-Ven aquí- ordeno con voz ronca haciendo que sus inexistentes bragas se mojaran, la humedad corrió por sus muslos y el calor floreció en su barriga. Se puso de pie sobre sus temblorosas piernas, se había depilado completamente y la sensación de la seda de su vestido contra su monte y piernas era erótica.

Camino alrededor de la pequeña mesa hasta quedar frente a Severus, se mordió el labio cuando él la tomo por los muslo acercándola más, sus ojos oscuros le devoraron completa mientras sus fuertes y callosas manos acariciaban sus muslos subiendo su vestido, una mano se coló entre sus piernas y sus cabeza cayo hacia atrás mientras arqueaba su cuerpo ante la exquisita sensación de sus dedos sobre sus pliegues, hacia tanto que no la tocaba, lo deseaba con desespero

Mas húmedas lleno sus manos cuando ella llego a su orgasmo, sus pezones rosados estaban a la vista su hambrienta boca cubrió uno succionando con profundidad arrancando más gemidos, con premura hizo desaparecer todo lo que había sobre la mesa, y con fuerza la subió sobre ella, con dedos agiles deslizo su pantalón y ropa interior hasta sus tobillos y con una fuerte estocada se deslizo todo el camino hacia su interior, ambos gimieron ante la embriagante sensación, Sonya enredo sus torneadas piernas a su alrededor mientras cabalgaba las olas de placer que corrían por su cuerpo.

Severus la sostuvo mientras sus caderas trabajaban sin cesar, la sintió contraerse a su alrededor y tuvo que morderse hasta hacerse sangre para no dejarse ir tan pronto. Sus manos que hasta ese momento la sostenían por las caderas fueron al frente de su sensual vestido y con agilidad lo apartaron de su camino dejando al descubierto sus preciosos y grandes pechos que pegaban de botes, tomo uno en su mano y lo masajeo mientras martillaba en su interior.

Ella grito ante otro orgasmo y se sostuvo de la mesa que traqueteaba bajo ellos, sus ojos rodaron cuando la mano en su pecho se deslizo todo el camino hasta su hinchado y sensible clítoris y lo pellizco provocándole un estado de éxtasis perpetuo.

Severus le recostó sobre la mesa y se llevó sus piernas a los hombros, deleitándose con la vista de su mujer medio vestida sobre la mesa y la sensación de sus tacones balanceándose a ambos lados de su cabeza poniéndole increíblemente duro y grande en su interior. Paso sus manos por las medias de seda sexy que ella traía puestas mientras la sentía contrayéndose a su alrededor con fuerza, ella se arqueo cuando su orgasmo la arraso, tres embestidas más y Severus la siguió, con un gemido ronco se vacío completamente en su interior, tanto así que su semilla comenzó a correrse fuera de ella mojándoles a ambos.

Cuando sus respiraciones se normalizaron, Severus la tomo en brazos y la llevo a su cama donde continuo haciéndole el amor por el resto de la noche.

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Despertó cerca de medio día, sonrió al ver una rosa color sangre, a Lucius le encantaban las rosas de un color rojo intenso, decía que le recordaban a ella, así que había mandado cambiar todos los rosales blancos por rojos, inclusos en las enredaderas de las paredes de la vieja mansión los rosales rojos florecían hermosamente.

Se sentó y la sabana que la cubría se resbalo rebelando su desnudez sus pezones se erizaron por el sedoso contacto, la punzada de excitación le recorrió hasta el coño, las vividas imágenes de la noche anterior le llenaron la mente, las cosas deliciosas que Lucius le había hecho a su cuerpo…. Una sonrisa nació en sus labios hinchados.

Con un suspiro se levantó y se paseó por la habitación desnuda, el espejo antiguo de cuerpo entero con marco de oro macizo le devolvió su reflejo, se observó un segundo antes de entrar en el baño, salió una hora después de su habitación ataviada en un hermoso vestido rosado que le caía hasta las pantorrillas y que tenía un discreto pero sexy escote en v.

Bajo las escaleras con cautela, sabia por Hermione que Narcissa Malfoy no estaba en la mansión así como su hermana Bella, pero aun así nunca se sabía quién podrían andar por los pasillos.

Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver el alboroto que había por todo el Hall, los esclavos se movían con rapidez acarreando cubetas con agua y jabón y algunos ya limpiaban los rincones de rodillas, otros más entraban con cajas con alimentos y bebidas, un gran trono con incrustaciones de piedras preciosas era cargado hacia el salón.

Abrió la boca al ver un hermoso carruaje siendo lustrado en la entrada, parecía sacado de un cuento de hadas, era blanco con relieves en color bronces, súper elegante.

-¿Bonito, cierto?- Sarah volteo solo un poco sin despegar los ojos de la belleza de carro que estaba ante ella –Es para la novia del Señor Tenebroso- la pelirroja volteo tan de prisa que se mareo un poco. La hermosa morena a su lado la veía con cierta burla, Romilda estaba vestida con su habitual uniforme como de sirvienta francesa y sus cabellos estaban pulcramente peinados en dos coletas que la hacían ver aún más lasciva.

-¿La…del…- Sarah se había quedado atónita al escuchar aquello? – ¡Ohh!... ¡ohh!... ¡ay por dios!- Romilda sonrió mientras asentía con la cabeza.

-Sí, y es hermosa, o eso me han dicho- La verdad es que ella le había insistido mucho a Rodolphus que le dijera quien era la mujer y el solo había dicho eso y que no era inglesa. Rabastan por su parte había sonreído antes de seducirla y hacerle olvidar el tema.

-No puedo creerlo, solo… eso es, Wow- No tenía palabras para describir como se sentía, quería decir ese… ese horrible… hombre tenía una novia, una novia que al parecer llegaría a la mansión lo que significaba que el Lord Tenebroso estaría en la casa en los siguientes días, un escalofrió le recorrió entera al pensar en volverle a ver la cara a aquel hombre horroroso.

-Sip y ni siquiera sabes la mejor parte, van a casarse- de nuevo su mandíbula colgó hasta el suelo, Ca…ca…casarse ¡¿Pero qué demonios?! –Ya veo que te deje sin habla, bien- Romilda se voltio y se fue por donde había llegado contoneándose provocativamente.

Sarah se quedó estática viendo sin ver nada, antes de que un silencio se hiciera a su alrededor, parpadeo tratando de enfocar, una figura encapuchada se paraba en el Hall rodeada de sirvientes, la capucha cayo revelando una mata de lustrosos caireles negros, y un hermoso rostro de ojos azules que le quito el aliento, no solo por la belleza de la mujer si no porque era un rostro que ella conocía y por un instante creyó estar soñando, no podía ser cierto. Sus piernas flaquearon y su visión se volvió borrosa mientras la oscuridad la engullía…

La mujer cubierta con la capa de oscuro terciopelo sonrió al ver a la joven pelirroja desmayarse en pleno Hall, una mueca de desprecio cubrió su rostro mientras la observaba de cerca no iba vestida como esclava, ni siquiera como sirvienta sangre pura, más bien iba vestida como una dama, así que era cierto que era la mascota de Lucius Malfoy. Con una última mirada de la inconsciente joven quien era revivida por los criados se encamino a las hermosas escaleras de mármol, deseaba darse un baño y descansar un poco…

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Lo vio por la ventana cortando leña para la chimenea, con la camisa arremangada sobre sus fuertes antebrazos, la prenda se ajustaba a su maravilloso y musculosos torso, un estremecimiento la recorrió mientras la humedad se reunía entre sus piernas, se mordió los labios, se sentía caliente y desesperada.

Remus volvió a levantar el hacha antes de dejarla caer con fuerza, últimamente solo así se tranquilizaba, Lunático estaba inquieto, más que inquieto estaba frenético volteo hacia la cabaña, ella había estado observándole, lo sabía. Cuando ella lo devoraba con sus hermosos ojos castaños era como estar en un estado de perpetua excitación.

Se secó el sudor, sus músculos dolían por el esfuerzo, dejo caer el hacha y decidió descansar un poco mientras bebía algo en la cocina. Entro a la cabaña y se quedó estático ante la visión frente a él, ahí estaba ella inclinada frente la estufa sacando la cena del horno, sus perfectas y torneadas piernas estaban casi al descubierto pues su sencillo vestido verde de lana se entallaba a su culo como una segunda piel, su polla se agito poniéndose dura de golpe, torció el gesto no quería mostrarse agresivo con ella, porque se sentía a nada de perder el control.

La observo terminando de sacar la carne del horno, Ginny lo observo en silencio deseando con todas sus fuerzas que él se acercara y la tomara entre sus brazos y la besara y la hiciera suya de nuevo.

Se miraron a los ojos durante unos segundos que parecieron horas, Remus fue quien rompió el contacto mientras bajaba la cabeza y pasaba a su lado, la sed se le había ido. Camino hasta la habitación que hace noches no compartían y saco su varita, convoco una camisa limpia y dándose un rápido fregotego se la puso mientras caminaba hacia las escaleras, ella estaba a los pies de la escalera con expresión triste.

-Volveré después, hay suficiente leña dentro de la cocina y comida en la alacena no es necesario que salgas- Ginny no supo que decir, solo se quedó con las manos apretando su pequeño delantal, Remus salió de ahí sin mirar atrás.

Ginny soltó su llanto amargo en cuanto la puerta se cerró, se hubiera derrumbado de no ser porque alcanzo a posar su mano en la baranda de la escalera, se dejó caer en el último escalón mientras las saladas lágrimas se derramaban por su rostro compungido.

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La chimenea del salón dio una llamarada verde asustándola muchísimo.

-¿Sonya?- la voz de su hermana lleno el salón -¿Sonya, estas ahí?- La rubia se adelantó y se dejó caer de rodillas frente al fuego mientras observaba el rostro de su hermana pequeña flotar sobre las llamas.

-Sarah, ¿pero qué…?-

-No hay tiempo, debo decirte algo importante, Sony tienes que venir, tienes que ver esto, es importante, debes decirle a Severus que te traiga a la mansión- la prisa con la que su hermana hablaba hizo que Sonya se preocupara.

-Sarah, Tranquilízate. Severus no está en casa y no puedo ir ahora. ¿Dime que sucede?- Los ojos de su hermana le decían que algo muy grave estaba pasando, Sonya trato de no desesperar por no poder estar con ella.

-Sonya….- Su hermana no continuo, volteo a ver algo a sus espaldas- Alguien viene, debo irme y tú debes decirle a Severus que te traiga lo antes posible, ¿entiendes? Debes venir pronto- con eso las llamas se apagaron y la imagen de Sarah se desvaneció en el aire.

Sonya se pasó la manos por la cabeza intentando por todo lo posible no alar de su cabello que estaba perfectamente ordenado en un moño elegante, había descubierto que le gustaba vestirse bien y arreglar su cabello para su esposo, el ver a Severus recorriendo su figura con sus penetrantes ojos negros le hacía sentir bella y femenina, además que le excitaba sobremanera verlo al perder las formas ante sus atuendos.

Se alzó de donde estaba y se encamino a la cocina donde el elfo estaba terminando de limpiarla.

-¿Mogus?- La criatura alzo la mirada de su quehacer y se limpió las manos en el delantal que Sonya había cocido para él

-¿Si, ama? – contesto mientras se acercaba a ella, mirándola con adoración en sus grandes ojos saltones. Ella le sonrió amable, le agradaba ese elfo, era una buena compañía.

-¿Podrías ver si Severus ya viene? –Mogus asintió mientras se desvanecía para ir a cumplir su tarea, un instante después regreso con Severus al remolque. Su primer instinto fue refugiarse entre sus fuertes brazos que la rodearon con firmeza y protección, Severus no sabía que pensar, se preocupó muchísimo cuando vio al elfo aparecer en un rincón de su oficina, temió por ella pero ahora que la veía sana y salva no podía si no menos que estrecharla entre sus brazos y no dejarla ir, suspiro mientras el peso en su corazón se desvanecía, inhalo profundamente llevándose consigo su aroma delicioso.

-Mogus, gracias y ya puedes retirarte- le ordeno al elfo quien en el acto dejándolos solos en la cocina, le tomo el rostro a su esposa entre las manos, finas líneas de preocupación estropeaban su exquisito rostro. Le acaricio las mejillas con lentitud tratando por todos los medios no ver su exuberante figura envuelta en un pequeño y entallado vestido strapples color carne que se le pegaba como una segunda piel y dejaba muy en claro que no llevaba ropa interior, le encantaba saber que ella se arreglaba para él, la excitación lo golpeo duro, la atrajo hacia sí y la beso con fervor sin dejarle tiempo para oponerse.

Sonya se deshizo entre sus brazos y mientras sus labios se enfrascaban en una batalla en la que ambos ganaban sus brazos serpentearon a lo largo del pecho de su marido hasta llegar a sus hombros donde los coloco, juntando sus manos detrás de su cuello. Severus no espero más y de un movimiento la coloco sobre sus caderas, las largas y torneadas piernas de ella se enroscaron automáticamente a su alrededor provocando que el pequeño vestido de lycra se le subiera por los muslos hasta la cadera.

Él se molió contra ella notando lo húmeda y caliente que estaba aún por entre la tela del pantalón, bajo los labios por su cuello dejando rastros húmedos a su paso y mordisqueando de vez en vez, Sonya se arqueo víctima del frenesí de sensaciones ofreciéndose a todo lo que él quisiera.

Severus no espero mas y bajo sus su vestido descubriendo así sus perfectos y grandes pechos tomo uno en su boca mientras hacía malabares intentando deshacerse de su cremallera de tal modo que termino rompiéndola, no es que le importara un carajo, lo único que él quería era enterrarse en la miel entre sus piernas y golpear hasta el olvido. Pasó los dedos por entre los pliegues chorreantes de su coño solo para asegurarse de que estaba lista aun cuando sabía que era así, hundió la punta de su dedo un poco en el pequeño agujerito caliente y casi se corrió ahí mismo al sentir lo apretada y sedosa que estaba. Sin más preámbulos coloco la punta de su polla y se hundió de un solo golpe, Sonya arqueo la espalda gimiendo ante la sensación de sentirse deliciosamente llena, sus pezones estaban duros y sus pechos pesados y calientes.

Golpeo contra ella llenándola con su carne mientras mordía y succionaba su cuello y acariciaba sus grandiosos pechos, ella se corrió, se corrió dura y largamente durante lo que le pareció una eternidad, su coño apretó como un puño haciéndolo gruñir mientras arreciaba el ritmo, ella grito cuando dio contra ese dulce punto dentro de su concha haciendo que se corriera salvajemente , ambos estaban húmedos con el jugo de su coño y los sonidos pegajosos solo hacían la situación más intensa y lujuriosa.

Para cuando el tercer clímax la golpeo Severus ya no pudo aguantar más esa dulce tortura y se corrió dentro de ella llenándola con su esperma caliente con un lánguido sonido agónico.

Se quedaron así por un minuto antes de que el caminara aun con ella upada hacia el dormitorio, la recostó en la cama mirando su amorosa sonrisa, su corazón dio un vuelco al descubrir la verdad, la amaba, amaba a esta chiquilla que lo hacía sentir después de tanto tiempo.

Soltó el aire mientras la veía virar sobre su barriga y repantigarse mejor en la cama, hacía poco había comprado una nueva cama para remplazar el vejestorio donde solía dormir, no podía verla sin recordarla tirada, pálida y temblorosa perdiendo al hijo de ambos, no, la había destruido. Esta nueva era enorme con un colchón suave y le había puesto sabanas frescas y sedosas solo para ella.

La escucho ronronear lujuriosamente mientras se deslizaba sobre las verdosas y sedosas sabanas, se detuvo un solo momento a observar su blanca y delicada espalda sus redondeadas caderas y su delicioso trasero, su cuerpo respondió ante la vista.

Se encamino al baño con un pensamiento agrando el espacio y lo trasformo, el azulejo en las paredes se trasformó en un maravilloso mármol negro apareció una ducha enorme con tres paneles de cristal como paredes, agrando el lavabo e incluyo hermosos gabinetes y un gran espejo, y para rematar en el centro un gran jacuzzi cuadrado del tamaño de una pequeña piscina con un movimiento de su mano la lleno con agua humeante, se acercó al lavabo y tomo uno de los muchos frascos de esencias que ahí había, derramo unas gotas en el agua y de inmediato el aroma a coco lleno el aire.

Sonya despertó de su letargo al sentir las fuertes manos masajeándole la espalda desde los hombros a la cintura, sonrió aun con sus ojos cerrados, los cuales se abrieron al sentir los labios de Severus recorriéndole las nalgas.

-Vamos, tomemos un baño, pequeña- Le susurró al oído antes de apartarse para permitir que ella se pusiera de pie, una vez así la tomo en brazos y la llevo al baño, la sumergió con cuidado en la fragante agua, Sonya suspiro gustosa al sentir la deliciosa y cálida agua calmando sus agarrotados músculos. Él se metió detrás de ella y le abrazo en su regazo. Con un chasquido música suave y relajante inundo el aire.

Permanecieron así disfrutando de la compañía mutua, hasta que Sonya recordó el episodio de esa tarde, soltando con cuidado el aire se zafo del abrazo de su esposo a medias volteándose se sentó a horcajadas sobre sus caderas mientras deslizaba sus brazos por los hombros del moreno.

-Necesito decirte algo- Severus quien estaba muy entretenido deslizando sus manos por las regordetas nalgas de su mujer frunció el ceño. – Esta tarde mi hermana se comunicó conmigo mediante la red flu y… bueno ella estaba muy alterada- el ceño de él se hizo más oscuro

-¿Qué te dijo?- Sabia a la perfección que Lucius le tenía a la chiquilla pelirroja terminantemente prohibido hacer contacto con cualquiera, ¿Cómo había hecho ella para comunicarse con magia?

-No gran cosa, solo que necesitabas llevarme a la mansión pues había algo muy urgente que tenía que ver, algo grave ¿Podrías… podrías llevarme? Por favor- Severus trabajo arduo para averiguar que carajos pasaba, con un suspiro de rendición asintió, la llevaría solo para averiguar que carajos quería la niña roja.

Sonya le sonrió con amor antes de besarle con pasión, amaba a ese hombre, lo amaba de verdad…

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Horas después ambos entraron en el salón de la mansión Malfoy, era hora de la cena y al parecer todo el mundo estaba en el comedor, guiando a su esposa por el pasillo se encamino a dicho lugar. La enorme mesa estaba magníficamente abastecida con delicias, la chiquilla roja estaba sentada casi a la mitad enfundada en un escandaloso vestido blanco que era más escote que tela y con sus largos cabellos atados en un moño elegante a la altura de la nuca.

A los Malfoy les gustaba cenar con sus mejores galas eso era innegable.

-¡Sonya!- exclamo la muchacha corriendo a los brazos de su hermana mayor, ambas muchachas se abrazaron pues había pasado bastante desde la última vez que se vieran.

-¿Qué sucedió, estas bien, estas herida? -Dijo la rubia mientras pasaba las manos por los delgados brazos de su hermana, la otra negó enfáticamente mientras se separaban.

-Yo estoy bien… por el momento. Sony… jamás vas a creer quien está aquí, en esta misma casa- La rubia frunció el ceño al escuchar aquello mientras volteaba a ver a su esposo con preocupación, su hermanita había comenzado a temblar mientras abría la boca para continuas - …- sus palabras quedaron atascadas en su garganta cuando las puertas del comedor se abrieron y Lucius Malfoy entro por ella, más el rubio y apuesto hombre no venía solo, una hermosa mujer de cabellos negros venia de su brazo. Los ojos castaños de la pelirroja se encontraron con los azules de la joven mujer y Sarah solo vio desprecio y burla en ellos.

-Severus, Sonya- Lucius parecía muy sorprendido al verlos ahí, Sonya estaba estupefacta, tan quieta como una estatua de piedra. -¿Qué hacen…? Bueno no importa, sean bienvenidos, quisiera presentarles a...-

-Hola queridas, es un gusto verles de nuevo, primas….-

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Dejen reviews, no leemos pronto.

Xoxo

Dragoncita