EXTRA

Crónicas En el Cielo

Parte 01 (Parte b)

Con mucho esfuerzo y dedicación, pude lentamente seguir adelante por mi propia cuenta. Aunque tenía algo de dinero ahorrado, no podía esperar a gastármelo todo para ver qué hacer. Además, tampoco debía aprovecharme de la ayuda del señor Hang; por lo cual decidí ofrecerme como una empleada para la pequeña tienda de compra y venta, a la que llamada "El Dragón de Jade". Él aceptó sin inconvenientes ya que, durante mi embarazo, aprendí al observarlo como era el movimiento del negocio. Aprendí a identificar joyas y metales preciosos y saber cuáles eran falsos o no.

- Fue un placer servirle. Vuelva pronto. – Me despedí con cortesía de un cliente satisfecho. Apenas me desocupaba de cualquier cliente, rápidamente revisaba a Rouge para saber si estaba bien o necesitaba algo.

- Es todo una ternurita. – Expresó el Señor Hang, quien miraba con cariño a Rouge. Yo me acerqué a la pequeña cuna que se le hizo y, tomándola, la cargué en mis brazos.

- No hay nada más preciosa que ella. – Comenté con una sonrisa. A pesar de su sonrisa, él parecía triste. – ¿Pasa algo? – Le pregunté, a lo que soltó un suspiro.

- La casa sin ti, y Rouge, se siente tan vacía. – Me respondió, tomando algunos artículos y ubicándolos en unos estantes.

- Usted sabe el porqué. Yo ya debía ser independiente. – Le explicaba, pero la expresión de desaprobación en el rostro de él no desaparecía.

- Sapphire, solo tienes 15 años. Eres aun una niña. – Al escuchar estas palabras provenientes de él, una furia creció dentro de mí.

- ¡Yo ya no soy una niña! ¡Soy una mujer! – Le grité con enojo, despertando a Rouge y provocando que comenzara a llorar. Cuando la calmé, meciéndola con cuidado en mis brazos y quedándose dormida, la acomodé de vuelta en la cuna. Luego, me acerqué al señor Hang y lo vi seriamente a los ojos.

- Sapphire, yo…– Trató de comentar lo que sentía, pero no podía.

- Entienda, dejé de ser niña en el momento en que mataron a mi padre frente a mis ojos. Dejé de ser niña en el momento en que me desfloraron sin compasión. Dejé de ser niña en el momento que destrozaron mi inocencia. – Le explicaba, pero cada palabra que decía causaba que ambos soltáramos lágrimas de nuestros ojos. – Por mucho que quiera creer que esa niña sigue viva, la verdad es que eso sería una mentira que no puedo mantener. No hay nada en mi pasado que valga la pena recordar. – Terminé de hablar. En ese instante, me abrazó. El aura que brotaba de me recordaba a mi padre.

- ¿Y qué pasa con ese chico que te ama, Stefan? ¿También quieres olvidarte de él? – Al preguntarme esto, me separé con rapidez de él y giré, evitando que me viera a la cara.

- "Él… es un recuerdo que se niega a morir" – Le respondí, caminando a la habitación donde guardábamos la mercancía, dirigiéndome luego al baño. Me miré al espejo, esperando que la chica que se encontraba del otro lado me diera cualquier consejo. Del bolsillo de mi pantalón saqué un pequeño sobre, donde dentro de este se encontraba una carta por parte de Stefan. Apenas una semana después de su visita, un detective llegó a la casa del señor Hang. Me hizo a mí muchas preguntas que me negué a contestar. Le pedí que ya cerrara mi caso, que estar viva era prueba suficiente para que ya me dejaran en paz. Trató de convencerme de que volviera al pueblo en el que crecí y diera más explicaciones, pero mi respuesta seguía siendo "no". Lo único que yo le pedí es que si podía recuperar la única propiedad de mi padre, la casa que debió calcinarse al ser incendiada por Strauss, que diera aviso que la vendía a un precio muy económico. Él se fue, con una sensación de tristeza por mi manera de ser, pero los papeles de mi casa me llegaron, junto a solicitudes de venta. No me sorprendí que las ofertas fueran muy altas, debido a que los nombres de los compradores eran conocidos por parte de mi papá y de mí, quienes debían estar al tanto de mi situación. De todas ellas, acepté la más baja, porque consideraba que el precio de las demás era como estafarlos. Con eso, compré el pequeño apartamento, junto con unos muebles para la casa.

- Sapphire, ¿Estás bien? – Escuché preguntarme al señor Hang, quien dio unos toques a la puerta. Rápidamente yo guardé la carta de Stefan, me mojé el rostro y salí.

- Of course (Por supuesto). Esto lista para seguir trabajando. – Le expresé, retirándome de nuevo a mi puesto y siguiendo atendiendo a los clientes que llegaban.


Casi como un parpadeo, ya Rouge cumplía sus 7 meses de edad. Ya gateaba de un lado para otro, al igual de tratar de pronunciar varias palabras y desplegar sus pequeñas alitas para volar, aunque estas aun no soportaban su peso. Además, en el trascurso de estos meses, había adquiridos más muebles y accesorias para el hogar, teniéndole más ropa a Rouge además de varios juguetes. Pero, más que objetos materiales, siempre trataba de darle todo mi amor espiritual. También debía mencionar que, a pesar de haberle alistado su cuarto con todas las necesidades, seguía manteniéndola conmigo y dormíamos juntas. "No sé si era por temor a dejarla sola, o yo tenía miedo de estar sola".

- Bien, yo es hora de dormir. – Comenté entre bostezos a las 1:00 am, hora en que logré hacer que se durmiera Rouge. Después de todo, ella era una criatura nocturna y cambiar esa naturaleza no era fácil. Sin más, acomodándome al lado de mi preciosa gema, me dormí.

- Sapphire, despierta mi deliciosa adquisición. – Escuché susurrarme, reconociendo perfectamente la voz, a lo que abrí mis párpados inmediatamente. Vi como yacía Strauss encima de mí, mientras mis brazos eran sujetados por dos de sus cómplices, quienes eran un orangután y chita respectivamente. A pesar de esto, mi mente se aterró por otra cosa más importante que mi bienestar.

- ¡¿Dónde está Rouge?! – Pregunté en gritos, viéndolos fulminantemente.

- Ella está en mis manos. – Escuché responder, viendo la puerta de la habitación abrirse y viendo como Stanislov sostenía a mi hija en sus brazos. – Mi hermanita es tan linda. – Comentó mientras con su mano acariciaba su rostro. Noté en ella ante estas caricias gestos de inconformidad. En manos de él cualquier cosa mala le podía suceder.

- Hey, lo que debes temer está aquí. – Expresó Strauss, quien ya estaba desnudo. Subiendo la camiseta y bajando un poco el pantalón de mi pijama, dejó expuesto mi brasier y pantis ante su mirada. Con sus manos, las metió bajo mi brasier y comenzó a apretujar mis senos con fuerza, causándome dolor. Al aburrirse, desabrochó mi brasier y lo tiró a un lado. Miré mis senos y se le notaban unos cuantos moretones. – El bebé tiene hambre. – Mencionó, acercando su boca y chupando de ellos, pellizcándomelos con malicia. Además, con una de sus manos, lo metió debajo de mi pantis, comenzó a frotar y meter sus dedos dentro de mi intimidad. A pesar de todas las ganas que tenia de llorar, me aguante para evitar darle cualquier tipo de gusto.

- Detente de una vez. – Le exigía, pero risas brotaban de él.

- Por favor, no voy a detenerme. Tu cuerpo tampoco quiere que me detenga. Se nota que se excitó al sentir mi roce, ya aquí abajo ya está bien húmedo. – Decía estas palabras con descaro, provocando que quisiera arrancarle la lengua. – Igualmente, tu cuerpo se ha desarrollado más en todo este tiempo y quiero degustarlo. Así que no voy a perder tiempo quitándote este sexi pantis. – Comentó penetrándome al final de la frase, estirando luego mi panti para luego soltarlo y hacer que lo mismo varias veces más y dejarme una pequeña línea roja en la barriga, ardiéndome un poco.

- Hace más de un año, luego de violarme, embarazarme y botarme a la calle te importó mierda mi suerte; ¿Por qué volviste entonces? – Le pregunté, mientras él no dejaba de moverse frenéticamente, lastimando mi interior. Sentía que ya estaba llegando a mi límite.

- La respuesta es simple. Te extrañaba. – Dijo, dejándome pasmada. – Extrañaba tu calor, tu cuerpo, tus gritos y tus lágrimas. – Seguía explicando. – Así que decidí buscarte y llevarte de vuelta a tu antiguo hogar. Esa habitación donde tú y yo disfrutamos de placeres increíbles, para formar una familia más grande. – Terminó de hablar, dejándome sin palabras por unos segundos.

- Jamás sentí, ni sentiré placer por ti, Strauss. – Le refuté sus palabras con seriedad. – Puedes dejar embarazada las veces que quieres, y amaré a esas criaturitas, ya que aprendí que ellos no tienen la culpa de cómo fueron procreados; pero escucha bien, por mi voluntad jamás tendría un hijo contigo. ¡JAMAS! – Le grité fulminantemente. Durante un segundo se detuvo, a lo que me puso sus manos en mi cuello y comenzó a estrangularme, mientras volvía a violarme.

- Cuando volvamos te castigaré de las peores maneras. – Decías de una manera lunática, dejándome sin aire en mis pulmones. Al detenerse, y correrse dentro de mí, me soltó. Solté una sonrisa de satisfacción al haber no llorado en ningún momento, provocando que me viera con más enojo. Él miró a su hijo, a lo que me miró a mí y sonrió de manera macabra. – Vi en un documental que, cuando un macho quiere las hembras de los procreen con él debe matar a la generación anterior. – Al dar esta explicación, sentía como mi cuerpo se pasmaba. – Así que, para que puedas tener un hijo conmigo, debo matar a la antigua generación. – Al terminar, le hizo una seña a Stanislov, quien acomodó a Rouge en el suelo y sacó una pistola.

- No, no, no… – Comencé a decir con miedo.

- Lo siguiente será demasiado fuerte para ti. – Expresó Stanislov, cerrando la puerta. En ese momento, comencé a escuchar a mi pequeña Rouge llorar. – Shhhh, tranquila hermanita. Yo te ayudaré a dormir cómodamente de por vida. – Dijo Stanislov ante el llanto de Rouge. A cada segundo que pasaba mi respiración aumentaba, así comió el llanto de mi hija. De improvisto, un disparo se escuchó del otro lado de la puerta… y Rouge ya no lloraba más. Miré hacia el suelo y grité, y lloré a más no poder, al ver como un charco de sangre se formaba bajo la puerta

- ¡Esto es solo una pesadilla! ¡ES UNA MALDITA PESADILLA! – Gritaba con todas mis fuerzas.

- Oh, Sapphire. Recuerda, no parabas de decir eso todo el tiempo que te tuve cautiva. Esta es la realidad. – Expresaba con jactancia, mientras uno de sus empleados le entregaba una jeringa e inyectaba con gusto su contenido en uno de mis brazos. – No te preocupes por Rouge. Habrá más bebés dentro de ti que podrán remplazarla. – Afirmaba, mientras todo se volvía oscuro. "Ante toda esa oscuridad yo no dejé de gritar".

Mis párpados se abrieron, levantándome bruscamente. Observé que aún seguía en casa, y Rouge dormía plácidamente en mi cama. Todo fue una pesadilla, una espantosa pesadilla. Mi cuerpo temblaba, pero no de frio. Vi la hora marcada en el reloj despertado en mi mesa de noche y eran las 3:00 am. Con miedo, tomé con cuidado a Rouge en mis brazos y, cogiendo cosas imprescindibles para su cuidado, salí lo más rápido del apartamento. El vigilante del edificio al verme me preguntó qué pasaba, pero ni me inmuté en contestarle. Caminaba lo más que podía por aquellas calles de la ciudad, para llegar a la casa del señor Hang. Pude volar, pero mi temor me lo evitaba. Frente a su pequeña casa, comencé a tocar el timbre. Lo tocaba una y otra, y otra vez, sin parar.

- ¡Sapphire! – Dijo el señor Hang, sacándome de mi trance. Al verlo, lloré y lo abracé. – Entra de una vez. – Me pidió, a lo que hice caso. Ya adentro, le expliqué a detalle lo que pasó. Le pedí que me diera posada esa noche, a lo que no se negó. El resto de esa madrugada pude dormir tranquilamente, en la habitación que antes me pertenecía. Al llegar el amanecer, desperté tranquilamente. Era como si nada me hubiera pasado. Me alisté para el trabajo, ayudándole a preparar el desayuno para mí, el señor Hang, y unas papillas para Rouge. Fuimos felices al trabajo y seguimos nuestro día normal.

- Ya terminé de anotar el inventario. – Informé, entregándole las anotaciones. Noté como el señor Hang me miró sin emoción y los guardo en su escritorio. – ¿Pasa algo?– Le pregunté, a lo que me miró fijamente.

- ¿Ves lo que te decía? – Me respondió con una pregunta que, a pesar de las horas, sabía exactamente a qué se refería. – Aun no estas lista para vivir sola. – Terminó de decir, sentándose y recostando su cabeza en una de sus manos.

- Ya lo hemos hablado. Estaré bien. – Le refutaba, pero no era suficiente.

- Pues… esta madrugada me mostraste otra cosa. Quisiera poder entenderte mejor. –

- Si lo que quiere es mejores argumentos de porque quise independizarme fue… fue…– Quise responderle, pero un dolor me asediaba ante tales palabras. –… porque entre mis pesadillas… usted también se encontraba como uno de los que me agredían. –

- Sapphire… tú sabes que yo nunca sería…–

- Eso lo sé. – Le interrumpí. – Lo sé muy bien. Usted ha podido remplazar, en gran medida, esa parte que me fue arrebatada cuando murió mi padre. Usted es mi nuevo padre ahora, pero mi mente no deja de torturarme ya que también es un hombre que no está ligado sanguíneamente conmigo. – Le explicaba.

- Si así es como te sientes, no tengo derecho a interponerme en tus decisiones. Solo… te daré los mejores consejos para que puedas seguir adelante; y el primero es que vuelvas a las terapias grupales del hospital de vez en cuando. Eso te ayudará. – Me aconsejó.

- Gracias. – Lo abracé.

- Hehhh… ¿interrumpo algo? – Escuchamos decir, a lo que nos dimos cuenta que se trataba de un cliente. Nos apenamos un poco y, con rapidez, lo atendimos cortésmente.


Pasó el tiempo, y no podía creer que Rouge ya tenía tres años. Así como se lo había prometido al señor Hang, traté de ir de vez en cuando a las terapias grupales. Me ayudaron bastante, evitando que tuviera más pesadillas… más de lo normal. Igualmente, me agradaba bastante la presencia del doctor Karl. Él me veía con una sonrisa que me daba confianza. Sabía que sentía algo por mí, pero no podía demostrarle ninguna señal de afecto. "No quiero darle falsas esperanzas, además de que tengo un novio; Un novio al que no permito que me venga a visitar, pero seguía siendo mi novio".

- Rouge, ¿Dónde estás? – Pregunté un poco molesta al ver que no había organizado sus cosas, dejándolas tirados por doquier, sin contar que le había pedido que se bañara y no la había hecho. Solté un suspiro de resignación, sobándome la cabeza. – Rouge, voy a bañarme y espero que todo esté limpio cuando salga. – Le avisé, entrando a mi habitación y cerrándola. Me desvestí, a lo que escuché un gritó. Giré, viendo que el grito provenía por parte de Rouge, quien se encontraba bajo la cama. Ella salió con rapidez y me abrazó con fuerza.

- Mami, ¿Cómo te hiciste esas cicatrices? ¿Te dolió mucho? – Comenzó a preguntar. A pesar de los años, jamás permitía que Rouge me viera la espalda descubierta. Siempre inventaba una excusa por la cual en las piscinas no usaba traje de baño.

- Rouge, no preguntes nada. – Le pedí, pero las expresiones de su rostro querían hacer lo contrario.

- Pero mami, eso se ve…– Trató de comentar.

- ¡CÁLLATE, Y NO PREGUNTES NADA MÁS! – Le grité con todas mis fuerzas, atemorizándola. Vi sus ojos y me temía. Temblaba de miedo, y me dolía al darme cuenta de lo que hice. Me acerqué con cuidado a ella y la abracé. – Cariño, no quiero decirte como se hicieron estas cicatrices ya que me dolió mucho y quiero olvidarlo, ¿Entiendes? – Le pregunté, a lo que asintió. – Perfect. – Le comenté, sobando su cabecita.

- Ahora que ya sé por qué no querías bañarte conmigo todo este tiempo, ¿Puedo bañarme contigo? – Me preguntó, mostrándome unos ojos de súplica tiernos.

- Of course (por supuesto). Ya no tengo excusas. – Le contesté, a lo que se alegró mucho.

Ese día para Rouge era casi como una celebración. Lo que debieron ser solo 25 a 30 minutos bañándonos, duró casi 3 horas. Cada vez que quería salirme, ella me "ensuciaba" con jabón o me suplicaba mucho que no me fuera. En resumen, en esas 3 horas Rouge recuperó el tiempo que no permití que nos bañáramos juntas. Pude hace años mostrarle mis cicatrices y decirle alguna mentira piadosa, pero preferí ocultárselo. "Mentirle me dolía más que ocultárselo".

- Te amo mami. – Me dijo mientras la cargaba en mis brazos, y su cuerpo tiritaba (temblaba) de frío al haber estado tanto tiempo en el agua.

- Y yo a ti, mi preciosa gema. – Le dije, besando su frente.


Los años pasaron, así como mi confianza aumento con este. Un ddías desperté y me di cuenta que ya no podía negar más mis sentimientos hacia el hombre que amaba. Sin más, llamé a Stefan y le pedí que nos encontráramos para pasar un fin de semana juntos. Después, el día acordado había llegado. A pesar de querer tener todo listo para su llegada, no tenía previsto que llegaría antes de tiempo; y para completar, la comida se me había quemado. Stefan, siendo igual de noble y caballeroso como lo recordaba, me ayudó a preparar todo para la velada. Nos reíamos, nos abrazábamos y, siendo lo mejor, nos besábamos por breves instantes.

Después de la velada hermosa que tuvimos, era momento de avanzar a un nuevo nivel. Llevé a Stefan a la habitación que yo usaba. Me senté un momento y pensé las cosas que sucederían. Intimaría con el hombre que amaba, pero las secuelas aún seguían ahí, molestándome. Sollocé un momento y me dispuse a limpiarme mi maquillaje. Stefan pensó que lo mejor sería dejarlo así, pero yo no volvería a sufrir por Strauss. "Ya era tiempo de avanzar". Él entendió, y continuamos, ayudándonos a desvestirnos mutuamente. Nos acariciábamos, nos besábamos de la manera más apasionada que pudiéramos e hicimos el amor. Al principio, yo llevé el mando pero Stefan me detuvo al darse cuenta que en un momento dejé de pensar en él, y solo pensé en dar placer al recordar lo que me hacía Strauss si no lo complacía. Stefan tomó el mando esta vez, y fue tan delicado y dulce conmigo, llenándome con su calor.

Al pasar la noche, ambos estábamos un poco cansados y nos deteníamos por breves instantes. En ello, sin que él sospechara, acerqué mi rostro a su miembro y lo introduje en mi boca.

- Sapphire, ¡no! – Trató de negarse a lo que le hacía, pero sostuve sus brazos para evitar que me detuviera. Él era más fuerte que yo, pero logré retrasarlo lo suficiente para hacer que se corriera dentro de mi boca. Lo solté y traté de tragar sus fluidos, pero mi garganta me lo impedía. – Escupe, por favor. – Me pidió al poner una de sus manos en mis mejillas, apretándola; así como tener en la otra un pañito húmedo. Le obedecí, escupiendo eso en el pañito húmedo. Él lo envolvió y lo tiró al piso. Me sentí apenada por mi comportamiento, a lo que no aguantaba las ganas de sollozar.

- Lo siento. – Le pedí disculpas. – Es que…– Traté de explicarme, pero él me detuvo… dándome un beso. No dejaba de besarme, y al separarse de mí se notaba en su rostro gestos de alguien con ganas de vomitar.

- Con que así es como sabe esto. – Mencionó, soltando una carcajada. – No puedo imaginarme las veces que te tocó hacer esto una y otra vez. Pero…– Se acercó y me abrazó. –… no quiero que vuelvas a humillarte de tal manera, así sea conmigo. Estar contigo de la manera tradicional me es más que suficiente. – Expresó, a lo que lloré de felicidad.

- Gracias. – Le dije. – Pero aun así, necesito pedirte algo.

- Lo que sea. – Dijo.

- Él me desgarró mi virginidad en tres partes, y tú ya has estado en dos de ellas. – Comencé a decir, a lo que capto inmediatamente.

- Sapphire, no creo que…–

- Donde él estuvo quiero que tú estés, y lo borres. – Le expresé, acomodándome boca abajo en la cama dejando a la vista la parte trasera de mi cuerpo.

- Solo esta vez. – Me informó.

- Solo esta vez. – Le afirmé. Primero besó mi espalda y luego usó sus manos para darme un masaje. Hizo lo mismo en mis nalgas, excitándome un poco. Sentí como acomodó su miembro en la entrada de mi trasero. Mi respiración aumentó un poco, pero traté de relajarme lo más que podía. Noté que ya había pasado casi como un minuto y él no había continuado. – Hazlo. – Le pedí. Con lentitud, introdujo poco a poco su miembro. Me ardía y me dolía, pero me prefería recordar este dolor que, en cierta medida, no era nada comparado con el que me hicieron sufrir. Antes de darme cuenta, Stefan se corría y llenaba mi interior. Con suavidad, él sacó su miembro.

- Te amo. – Dijo al acomodarse a mi lado.

- Yo también te amo. – Expresé, besándolo. Mi amor hacia él no tenía límites, solo superado por el amor hacia Rouge. – Continuemos. – Le dije, a lo que seguimos haciendo el amor hasta que el sol saliera… para luego continuar los siguientes días haciendo lo mismo hasta su ida.


Cuando las cosas parecen increíbles y no temes que se acaben, llega la realidad y te despiertas para ver parte de tus sueños destrozados. Mi pasado había vuelto, alcanzándome de maneras que no quería. Me confié en que nada malo pasaría, y ahora me encontraba atada a una silla frente a la persona que me hizo daño. Sonreía de su pronta victoria. Para Strauss, Rouge robaría la Emerald y se la entregaría (no personalmente).

- ¿Qué quieres hacer, hasta que me manden la señal de que tengo la Chaos Emerald en mi poder? – Me preguntó con sarcasmo, viendo como lentamente desabrochaba mi correa.

- Sea lo que sea que diga, tú harás lo que se te dé la gana. – Le contesté con enojo, apartando mi vista de él.

- Is true (Es verdad) – Afirmó mis palabras, levantando mi camiseta un poco más arriba de mi pechos, igualmente levantando mi brasier, dejando expuestos mis senos. Él comenzó a lamerlos, pero, de algún modo que no podía entender, no sentía nada. "La única emoción que sentía era indiferencia"

- ¿Me dejaras libre esta vez? – Le pregunté, a la vez que él bajaba mi pantalón y panti hasta mis rodillas. Me levantó de la silla y él se sentó, no sin antes bajarse los suyos y, por algún motivo, ponerse un condón (preservativo). Me posó sobre sus piernas, acomodando su miembro en la entrada de mi intimidad.

- No. – Respondió, introduciéndome de golpe su miembro en mi interior. A pesar de comenzó a violarme, yo aún seguía indiferente. Recordaba en ese momento todas las veces que me tomó a la fuerza, pero nada. Nada me molestaba. Sentí un calor en mi interior, al tiempo que escuchaba un gemido por parte de Strauss. Sacó su miembro de mí, se quitó su preservativo y, siendo entregado por su empleado, se puso otro. Esto me parecía raro, debido a que nunca uso uno mientras estuve cautiva.

- ¿Qué pasa? ¿Te aburriste te llenar mi interior con tus fluidos? – Le pregunté seriamente, molestándolo.

- Lo que pasa es que no quiero dejar muestras de ADN en el cadáver que dejaré. – Respondió, dándome la respuesta obvia, que ya sabía. De nuevo, volvió a violarme en la misma posición, pero yo seguía sin sentir nada. De improvisto, sin saber el porqué, comencé a reírme. – ¿Algo te causa gracia? – Preguntó.

- No. Es que quería decirte que te movieras con más fuerza, ya que no siento nada de placer. – Le dije con malicia, sintiendo como sus manos apretaban mi cuerpo con fuerza, mostrándome que lo había hecho enojar.

- Si así lo pide la puta. – Dijo, moviéndose con más fuerza. Al cabo de los minutos se detuvo. – ¿Qué te pareció ahora? – Preguntó con sarcasmo entre jadeos.

- Mi novio, en tres días, me dio más placer de lo que tú jamás en la vida me darás. – Le respondí. Lo siguiente que pasó fue que me tiró al suelo, y comenzó a darme varios golpes con sus puños y pies. – ¿Celoso? Jajaja. – Comencé a reírme en su cara, notando que estaba perturbado por mi actitud. Volvió a acomodarme en la silla, sacó una navaja y la puso en mi cuello.

- Te mataré. – Expresó apretando con fuerza el filo de su navaja contra mi cuello.

- Lo sé. – Le dije, mostrándole una sonrisa. – Pero al menos ya no te tengo miedo. – Terminé de decirle, borrando mi sonrisa y dejando una expresión de seriedad en su lugar. En el ambiente se escuchó un sonido de un tono telefónico. El orangután contestó un celular y parecía feliz.

- Ya se tiene la gema, señor. – Le informó

- Nuestra hija hace un excelente trabajo. – Expresaba, mientras acomodaba mis prendas de nuevo a su posición original.

- Ella es mi hija, no tuya. – Le recalqué con orgullo. En breve, sentí como me hizo un corte en el cuello.

- Para cuando "tú" hija llegue… tu estarás muy muerta. – Me informó, sonriendo. Al verlo salir, todas las luces se apagaron, y quedó la oscuridad. Sentí con el pasar de los minutos que me debilitaba. No quería cerrar mis ojos, pero en la oscuridad que iba a saber si ya los había cerrado. De repente, una luz apareció en la sala, abrí mis párpados, observando que provenían de una chica de especie cuervo antropomórfico.

- Tu momento ha llegado. – Dijo ella, acercándose lentamente a mí.

- Rouge. – Fue lo único que dije al pensar en mi hija, llorado en el acto. Levante mi rostro y, con la mano extendida cerca de mi rostro, ella se había detenido. Dio unos pasos atrás, vio un pergamino que apareció de la nada y revisó su reloj, que también apareció de la nada, y me miró seriamente.

- Tu hija llegará en 40 segundos. Una vez que pase esa puerta tienes 4 minutos más de vida para despedirte de ella. – Me informó. Con un chasquido de dedos, desapareció y todo volvió a verse oscuro. Como me describió, Rouge llegó. Traté de abrir mis párpados pero estos no me daban. La escuchaba decir algunas palabras, a la vez que se alejaba y comenzaba a quitar las tablas de las ventanas. De resto, un grito de horror provino de ella.

– ¡Mami! ¡Mami, vas a estar bien! ¡Háblame! – Me gritaba, a lo que quería darle alguna respuesta.

- Mi… pequeña… gema. – Pude decir al fin. Abrí mis párpados con esfuerzo y miré a sus ojos, mostrándole una sonrisa.

- Todo estará bien. Ya lo veras. Todo saldrá bien. – Expresaba, devolviéndome la sonrisa, mientras de sus ojos brotaban unas lágrimas.

- Tú y yo… sabemos que eso es… mentira; Pero, por ahora…– dije con esfuerzo, pero sin dejar de sonreír. – Solo quiero… decirte que… te quiero. – dijo mientras levantaba con esfuerzo mi mano y le sobaba el rostro.

- ¡Yo también te quiero! – Gritó sonriendo, mientras sus lágrimas empañaban su bello rostro y tierno rostro. Seguí sobándole su carita, hasta que todo lo que me rodeaba se volvía negro.

- Lo siento... – Escuché decir seriamente entre las sombras, pero en su tono de voz me demostraba otro aspecto, como de alguien dolida. A pesar de ya estar muerta, sentía cansancio y me quedé dormida.


No sé cuánto tiempo pasó, pero al despertar me encontraba en un lugar imposible desde varios ángulos. Yacía en la bastedad del universo. Bajo mis pies, yacían como un piso las miles de estrellas que adornaban el cielo de mi mundo; y si miraba arriba las estrellas eran aún más hermosas. Incluso con todo esto, mi dolor era enorme. El destino me apartó de mi hija y ese dolor se convertía lentamente en rabia.

- Hola. – Escuché saludarme de un lado. Giré y noté que se trataba de una felina lavanda, con ojos dorados. – Mi nombre es Flames. – Expresó con una sonrisa.

- Él mío es Sapphire. – Le informé. A pesar de que su sonrisa transmitiera un aura de confianza, volví a pensar en mi pequeña Rouge y mis lágrimas no se hicieron esperar. – Lo siento, es que ya no podré estar al lado de mi hija. – Le comentaba. Ella, al instante, también lloró.

- Se lo que sientes, y lo único que puedo ofrecerte es mi amistad para ayudarte a comprenderé este maravilloso lugar. – Comentó, sacándome una sonrisa. "Era mi primera amiga… en el más allá".

Lo siguiente que hizo fue explicarme, y guiarme, ciertos aspectos. Me llevó a las puertas del cielo, donde del otro lado estaban mis padres. Ellos lloraron una vez que yacía en sus brazos. Luego de tanto tiempo, volvíamos a estar juntos los tres.

Flames también me comentó sobre ser una especie de guía para aquellos que perdían el camino, y que en caso de morir antes de tiempo tenían una segunda oportunidad para volver. Yo quería aceptar inmediatamente el trabajo, sabiendo que de alguna manera podría estar más llegada a Rouge y protegerla; pero los ángeles me lo negaron por el momento. Decían que aun debía reponerme, y que en cuestión de meses me permitirían esa labor (y yo esperé impacientemente cada segundo, pero al mismo tiempo disfruté de la compañía de mis padres, abuelos… y familiares (que ni sabía que tenía, o tuve).


Me sorprendí mucho que, a pesar de los meses en el paraíso, al reunirme en los sueños de mi hija solo pasaron minutos luego de mi defunción. Traté de aprovechar cada segundo. Le dije lo mucho que lo amaba y, aunque al despertar todo lo que conversamos lo olvidaría, el sentimiento perduraría en su alma.

- Realmente quisiera quedarme a su lado cada segundo. – Le comenté a Flames, quien me abrazó.

- Todos deseamos lo mismo. – Expresó, a lo que entendí su punto. No sé por qué yo fui permitida para ser una especie de "ángel menor", pero tener esta oportunidad me alegraba; pero siempre debía recordar mis deberes al tener esta posición. Durante los siguientes años (en el paraíso), cientos de almas perturbadas y agobiadas llegaron a nuestras manos. Flames y yo lográbamos convencer a muchos que debían ser fuertes y no se dejaran derrotar al volver, teniendo una segunda oportunidad; pero, igualmente, otros no tenían la fuerza de voluntad para continuar, deseando quedándose en el paraíso a unos cuantos pies de distancia.

- Han hecho un buen trabajo, Flames y Sapphire. – Nos alagó uno de los verdaderos ángeles del cielo. – Ahora, tengo otro trabajo.

- Genial. – Dijo con entusiasmo Flames, pero el ángel le hizo una seña con la mano.

- Este trabajo es solo para Sapphire. – Le informó, girando un poco su cabeza y viéndome fijamente. – A quien vas a ver es un conocido tuyo. – comentó, chasqueando los dedos. Una luz apareció y me cegó por unos instantes. Cuando abrí mis párpados, inmediatamente supe de quien se trataba.

- ¿Dónde estoy? – Vi cómo se preguntaba a sí mismo Stefan del lugar que lo rodeaba.

- ¿Es que no reconoces tu propia habitación? – Le respondí su pregunta con otra, a lo que se volteó y comenzó a llorar al verme.

- ¡Sapphire! – Gritó, mientras me abrazaba con fuerza y me comenzaba a besar. Yo le devolví el beso con todo mi amor. Nos besábamos, y nos besábamos sin detenernos. Sentí su mano acariciar con lentitud mi cuerpo. Una parte de mí quería detenerlo, pero otra, siendo mayor, decidió que no. Me desvestí al igual que él y, sin dejar de sonreír, hicimos el amor una y otra, y otra vez. Sentía que lo que hacía era incorrecto, ya que no pronunciaba ni una palabra para explicarle su situación. Mi misión era mostrarle el camino para que volviera a la vida, pero mis actos solo lo convencerían a que se quedara. Sabiendo lo que debía hacer, chasqueé los dedos, provocando que un haz de luz lo cegara. Al volver en sí, noté como parecía confuso, sin saber lo que había pasado durante todas estas horas.

- What the hell…? (¿Qué demonios…?) – Preguntó, a lo que solté unas risas.

- Acabamos de tener una charla muy, muy seria. – Le respondí, con una sonrisa.

- Pero yo…– Comencé a decir.

- Hay cosas que no puedes recordar, pero sientes que es verdad. – Dije, acercando mis labios a los suyos y besándolo. – Es hora que vuelvas. – Le informé.

- Yo no quiero irme. – Comentaba, pero yo solo seguía sonriendo.

- Si quieres, solo que niegas eso. Yo era un motivo en tu vida, pero ya no estoy; pero, puedes encontrar otro por el que guiar tu vida. – Le explicaba, volviéndolo a besar. – Además, esa chica Annabelle no se ve tan mal. Solo… juega bien tus cartas. – Terminé de decirle, mientras un aura de luz hacía acto de presencia. Los siguientes segundo, me encontraba nuevamente vestida. Salí de ese pequeño cuarto sintiéndome feliz de haber podido ayudar a Stefan, al igual de haber intimado con él una vez más.

- Sapphire. – Escuché como Flames me llamaba. – Me sorprendió cuando me dijeron quién era.

- él ya se fue. Volvió a donde debía. – Le informaba, decidiendo que mi turno ya había terminado por hoy.

- ¿Te hubiera gustado que se hubiera quedado a tu lado? – Preguntó, a lo que me detuve.

- Sí, pero… no habría podido soportar haberle quitado a un niño a su papá. – Le respondí, dejándola pasmada. En un segundo vi los recuerdos y el entorno que rodeaba a Stefan. Sabiendo que la chica con la que estaba yacía embarazada con más motivos él debía volver. Aun así, siempre estaré feliz de saber que mi recuerdo jamás abandonará su alma. "Siempre me amará".

Fin del Flashback


Terminé de contar mi historia. Flames y Tessa me miraban. En los ojos de Flames las lágrimas no dejaban de derramarse, mientras que en los de Tessa no salía ni una, pero me mostraba una sonrisa de afecto.

- Bien, fue muy hermosa la historia; pero, al ser una parca, tengo una labor que no se hará sola. – Comentó Tessa, retirándose con amabilidad. – Nos veremos pronto. – Se despidió, desapareciendo en una estela de sombras. Miré a Flames y le sonreí.

- La próxima vez tú serás quien cuenta la que cuente una historia. – Le informé, a lo que asintió. Sin más, "nos retiramos unos momentos a descansar para continuar más tarde con la labor que escogimos seguir".

Fin del POV Sapphire.


Bueno, espero que les hayan gustado estos EXTRAS. No olviden dejar sus Reviews. Sin más, hasta la próxima.

Nota de autor:

* Tessa es un OC que hizo su primera aparición en mi Fanfic "Cincuenta Sombras".