"En el mundo existen sujetos que se aprovecharán de ti, porque te ven débil, porque te creen débil. Siempre han tenido el mundo a sus pies y creen que con su propia prepotencia podrán someter al que se deje, que con un solo movimiento de manos pueden mandar sobre cualquiera... Creen que pueden usar a los demás para lograr sus objetivos, y botarlos y tratarlos como basura cuando lo logran... Tú mismo debes demostrar que no eres uno de esos sujetos débiles, porque tú vales mucho... Quizás ahora pienses que el mundo se te viene encima, que lo que te ha pasado te lo mereces y que eres peor que desperdicio de Numemon, pero recuerda que los buenos y malos actos tienen su recompensa tarde o temprano..."

Sí, esas son las palabras que aún resuenan en mi mente, desde el día en que conocí a un Digimon que confió en mí, a pesar de no haberme conocido siquiera un tanto. Y no, no hablo de Gotsumon... A pesar de su apariencia draconiana y demoníaca, vi en él una sensación de tranquilidad al escucharlo hablar.

07.- En el calabozo hay un Vigilante de la Frontera...

-¿Dejaste a Rakugamon en los calabozos? -preguntó Torkaimon al ver a Onagimon acercándose a él.

-Así es, Torkaimon-sama. -le contestó el sujeto del martillo. -Debería haberlo visto llorar, pero qué ingenuo es...

-Déjalo, Onagimon. -dijo su jefe. -Esto estaba en nuestros planes, sólo hacía falta que ese niñito supiera de qué lado debía estar. Y tomó el rumbo equivocado...

Mientras tanto, disfrutaba el maravilloso "hotel 5 estrellas" del castillo de Torkaimon. La única iluminación que tenía allí era la ventana que estaba pegada cerca del techo. A pesar de ser de noche, había mucho calor, las paredes húmedas. "Al menos sabía de dónde obtener agua", pensé. Y pasos, eso era lo que me desesperaba, escuchar pasos de arriba a cada rato, como si no tuvieran nada mejor qué hacer que caminar sobre nosotros.

-Quiero ir a casa... -dije mientras trataba de subirme a la ventana y ver un poco del exterior. -Papá... Ayano... Gotsumon... lo siento... No debí haber huido...

No vi nada más que la iluminación de las tres lunas del Digital World, la cual iba desapareciendo conforme nubarrones pasaban debajo de ellas, y la planicie llana, sin vegetación ni Digimon, como si la propia mención del nombre del dueño del castillo causara temor en todo el mundo. Me dejé caer al suelo, pensando en las palabras que mi antiguo jefe Torkaimon me decía: "En este mundo sobreviven los más fuertes. Es una ley natural que nadie puede contravenir. Puedes ser fuerte de poder, de inteligencia y sabiduría, o de ingenio y astucia. Debes ser fuerte en algo para sobrevivir, y los tres somos fuertes porque somos demonios...".

Pero esta vez, él había sido el fuerte y yo el débil. Había ganado, pero no me dolía eso. Lo que más me molestaba era pensar en el futuro de mi madre. No me importaba matar a quienes sean necesarios con tal de verla libre de su prisión, pero no sabía qué pasaría de ahora en adelante... Quizás era la primera vez que me encariñaba en las personas que serían afectadas por mi misión...

-Tengo miedo... -dije derrumbándome en un rincón de la celda.

¿Qué podía hacer?, pensé. Me sentía solo, sin nadie en quién poder tener apoyo... No sabría si mis "amigos" vendrían a buscarme, o lo que haría Torkaimon conmigo... Quise llorar, pero no quería mostrarme débil. Quizás, esto era lo que me había ganado.

-Tengo miedo... -dije nuevamente creyendo que nadie me iba a escuchar.

Me acomodé enrollándome en una esquina, miré al suelo y dije...

-Gotsumon... si tan solo pudieras oírme...

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No tengo idea si mi súplica llegó a Gotsumon, pero esa noche mi amigo de roca no pudo dormir. Desde donde estaban, se podía ver un punto lejano que todos los Digimon conocían como el castillo de mi jefe.

-Daisuke... -repetía una y otra vez Gotsumon. -No te desesperes, pronto iremos por ti...

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Y así intenté dormir, pero el escozor de mis heridas, y la alerta permanente que tenía por si ocurría algo, me mantenían despierto... y también una especie de gruñido al lado mío...

-Dejen dormir... -logré percibir una voz débil a la vez que cansada.

Lo que me dejó perturbado fue una especie de exhalación que se veía incluso a oscuras, una voz algo terrorífica, menos que la de Torkaimon pero algo es algo... y la sombra que proyectaba su cuerpo...

-¿Eh? -escuché que preguntaba. -¿Tengo visitas?

-¿Quién...? ¿Quién es usted? -pregunté asustado.

-Alguien que tiene hambre... -dijo como si disfrutara el momento.

Lo primero que pensé fue "me va a comer", pero lo que me dejó fuera de onda fue lo siguiente:

-¿Cuándo van a traer un plato decente de sopa? Tengo hambre... -gritó aquel sujeto.

Me quedé boquiabierto. Si ese sujeto también estaba encerrado, ¿se preocupaba más por pedir un plato de sopa?

-¿Quién eres tú? -volteó hacia mí y preguntó al verme...

Cuando lo vi, no vi a la figura macabra de Torkaimon, ni a la sonrisa maléfica de Rakugamon. Era un Digimon del tipo demonio, pero por su forma de actuar no parecía que lo fuera. Quizás, hasta sentí un poco de tranquilidad al saber que tendría un poco de charla.

-Yo... sólo un antiguo aliado de Torkaimon...

-Así que eres un esbirro de Torkaimon... -me dijo ese sujeto.

-No... más bien lo fui...

-¿Y cómo un niño humano puede ser aliado de un Digimon tan maligno y poderoso como Torkaimon?

-Él tiene a mi madre como prisionera... Me convertí en su sirviente para que la liberara...

-El fin no justifica los medios. -me dijo. -¿Y por qué estás aquí?

-Por no tener apoyo de nadie, porque cuando supieron la verdad, prefirieron hacerme a un lado... -dije apenado. -Traicioné a Torkaimon y me encerró aquí...

-Entonces fue tu culpa...

-Así es, por eso quise disculparme con él, pero todo resultó peor... y no sé qué hacer... Oye... -pregunté para no seguir con ese tan doloroso tema. -¿Cómo te llamas?

Aquel enorme Digimon se movió un tanto, quizás por estar los calambres de estar sentado día y noche en ese calabozo.

-¿Mi nombre? Mi nombre no es tan importante, pero si lo quieres saber, me llamo Gargadomon (ガーガドモン).

-¿Gargomon (ガーゴモン)? -pregunté.

-No, Gargadomon, con "gado" en vez de "go".

-¿Sabes, Gargadomon? -pregunté al escuchar muchas cosas extrañas en este mundo bizarro. -Es extraño que hablemos español y tengamos nombres japoneses...

-Seguramente el escritor es un perdedor que no se despega de ver caricaturas...

Como siempre me puse a reír, olvidando de mi situación y de dónde estaba.

-¿Y qué haces aquí, Gargadomon? -pregunté.

Gargadomon tomó aire y dijo:

-Piccolomon-sama fue encerrado en este castillo. Al enterarnos de esto, los altos mandos de los Vigilantes me mandaron a mí y a muchos más a este castillo a rescatarlo. Fracasamos... mis compañeros fueron asesinados, y a mí me tomaron como prisionero...

-Lo... recuerdo bien eso... -dije.

¿Y cómo no iba a recordarlo? Si yo había sido quien asesinó a todos ellos. Torkaimon se había encargado por completo de otro grupo, y el caos en el cuartel se había armado.

-¿Cómo no ibas a recordarlo? -me dijo. -Si tú mismo me encerraste aquí... si es cierto que tú eres Rakugamon.

-Ahora entiendo que todo lo que hice no valió la pena para nada... Creo que me merezco estar aquí... No quiero pensar en lo que sucederá con mi mamá... Quisiera que todo esto fuera un mal sueño para pronto poder despertar... -le contesté apenado, triste y cabizbajo, incluso soltando algunas lágrimas. -¡Odio a Torkaimon! ¡Lo odio!

-Nunca debes confiar en un demonio. -me dijo.

-¿A qué te refieres?

-Él nunca iba a cumplir su promesa de liberar a tu madre. -me dijo. -Sólo buscaba sus propios intereses, y utilizarte para llegar hasta donde está ahora.

-¿Pero... por qué? ¿Por qué hay sujetos así? -pregunté intentando buscar una explicación.

-En el mundo existen sujetos que se aprovecharán de ti, porque te ven débil, porque te creen débil. Siempre han tenido el mundo a sus pies y creen que con su propia prepotencia podrán someter al que se deje, que con un solo movimiento de manos pueden mandar sobre cualquiera... Creen que pueden usar a los demás para lograr sus objetivos, y botarlos y tratarlos como basura cuando lo logran o cuando ya no los necesitan.

-Entonces fui un debilucho al creerle... -dije bajando la cabeza.

-Torkaimon está equivocado, puesto que en este mundo no hay sujetos débiles. El débil es el que no quiere vivir, que prefiere morir para no sufrir. Tú mismo debes demostrar que no eres uno de esos sujetos débiles, porque tú vales mucho... Quizás ahora pienses que el mundo se te viene encima, que lo que te ha pasado te lo mereces y que eres peor que desperdicio de Numemon, pero recuerda que los buenos y malos actos tienen su recompensa tarde o temprano... Estoy seguro que encontrarás a alguien que no se aproveche de ti.

Al escuchar esas palabras, pensé inmediatamente en...

-Gotsumon... -dije recordándolo. -Nunca dudó de mí, ni cuando le dije la verdad... Hasta me defendió de Torkaimon... Pero... al menos el excremento de Numemon sirve para atacar... -contesté. -En cambio yo... no sirvo para nada... No soy aliado de Torkaimon, no soy un "Niño elegido"...

-¿Niño elegido? -preguntó Gargadomon como si al escuchar esas palabras supiera de lo que le hablaba. -¿Quieres decir que los niños elegidos ya están aquí?

-Sólo cuatro de ellos... -contesté sin subir la cabeza. -Yo sólo caí con ellos por error... Seguramente Yggdrasil se equivocó y me llevó con ellos, pero yo no debería estar en el Digital World...

-Yggdrasil haría todo lo posible por salvar a los Digimon de su extinción. -dijo Gargadomon. -Podría decirse que hasta puso su confianza en unos pocos niños humanos, los cuales no tienen una fuerza física, pero sí un enorme deseo de vivir y seguir adelante, sin contar en la pureza de sus corazones.

-Tú mismo lo dijiste. -contesté intentando rebatir sus argumentos. -Serví a un demonio durante seis meses, hice cosas muy malas... ¿cómo podría ser uno de ellos?

-¿Puedo preguntarte tu verdadero nombre? -dijo Gargadomon. -El que me has dado es el nombre del Digimon, pero sé que tu otro nombre es diferente.

-Yanami... -contesté antes de que mi compañero de celda me interrumpiera.

-¿Yanami...? -preguntó Gargadomon sorprendido. -¿Kaito Yanami? ¿Eres el gran Kaito Yanami?

-¿Yo? -pregunté como si no supiera lo que me decía. -Debe estar equivocado, soy Daisuke, no Kaito...

-No has cambiado nada en estos casi treinta años, Kaito. -dijo Gargadomon contento sin escucharme un tanto. -Hasta tu voz es igual a la que recordaba.

-Le digo que no me llamo Kaito, ni nombre es Daisuke...

Caí en la idea de Gargadomon... Kaito era el nombre de mi padre, ¿podría ser? No... no podían ser tantas coincidencias en este instante...

-Kaito es el nombre de mi padre... -le contesté a Gargadomon. -¿Cómo es que supo su nombre?

-Si eres su hijo, entonces no hay duda que su legado ha regresado a salvarnos. -me contestó mi nuevo amigo. -Daisuke, ¿puedo llamarte Daisuke? Rakugamon es un nombre muy feo...

-De acuerdo, Gargadomon. -le contesté.

-Daisuke, todo esto significa que Yggdrasil no se ha equivocado en sus designios. ¿Y quién mejor que uno de esos elegidos fuera el hijo del gran Kaito Yanami? Aquel niño que nos salvó a todos...

-¡Un momento! -grité intentando rebatir de nuevo sus argumentos. -¿No se supone que la última vez que llegaron niños humanos al Digital World fue hace cientos de años? Piccolomon nos lo dijo...

Al escuchar eso, Gargadomon comenzó a reírse.

-¡A Piccolomon le gusta exagerar las cosas! Es un excelente gobernante, pero si algo le molesta aunque sea un poco, se pone furioso. Además le gusta exagerar las cosas, dice que eso le da un aire de poderío. -me contestó. -Eso fue hace relativamente unos treinta años si recuerdo bien. Yo era apenas un Digimon en etapa de niñez, y no conocí a tu padre, pero todos los tabloides hablaban de él como si fuera un ser comparable a Yggdrasil.

-Entonces mi padre es famoso en el Digital World... -pensé.

-Si conozco bien el pensamiento de Torkaimon, seguramente supo quién eras tú, y por ese motivo te utilizó para llevar a cabo sus planes. Lo que no contaba es que Yggdrasil también te contara en sus planes para salvar al Digital World.

-¡Pero yo no quiero salvar al Digital World! -grité. -¡Yo sólo quiero salvar a mi madre...!

-¿Y para salvar a tu madre qué puedes hacer? -me interrogó. -No puedes ir con Torkaimon y obedecerle. Te tiene encerrado aquí, y la única forma de rescatar a tu madre es venciéndolo.

-Bueno... yo... -balbuceé.

-No te pido que salves al Digital World. -me dijo Gargadomon. -Si no lo quieres hacer, no lo hagas. Tan sólo hazlo por tu madre. De seguro tu familia debe estar preocupada por ella.

-Es cierto... -pensé. -Ayano está derrumbada, y mi papá no piensa más que en mi mamá...

-Torkaimon te ha hecho sufrir mucho, únicamente para satisfacer sus planes. -me siguió diciendo Gargadomon. -Él debe pagar por todos sus crímenes, lamentablemente...

-¿Sí? -pregunté algo interesado.

-Ahora que me has mencionado que tu segunda identidad era la de un antiguo aliado de ese demonio, me temo que también serás juzgado por los altos Vigilantes.

-¿Por qué? -pregunté cuestionando su autoridad.

-Porque la ley es la ley. Aún siendo manipulado por Torkaimon, tú mismo has hecho cosas malas en el Digital World. -me dijo. -Si atrapan a ese demonio, tú también serás enjuiciado por complicidad.

-Ya veo. -dije con la cabeza baja. -No será tan fácil como lo pensé...

-Pero tranquilo. -me dijo. -Por ahora te defenderé.

-¿Cómo?

-Ahora mismo somos prisioneros de Torkaimon. Mientras Torkaimon esté vivo, seremos aliados.

-¿Y cómo quieres que salgamos de aquí? -le pregunté. -Yo no puedo evolucionar, no puedo liberarme de estas esposas que llevo en las manos, y seguramente las que llevas tú sean del tipo de las que eliminan toda clase de poder. Yo no tengo las...

Al recordar la siguiente palabra que debía mencionar, se me iluminó la cabeza.

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-¿Y bien, Onagimon? -preguntó Torkaimon a su aliado mientras se curaba por sí mismo sus heridas. -¿Dónde metiste a Rakugamon?

-Lo metí en una de las celdas de la zona norte del castillo. -respondió Onagimon.

-Zona norte... zona norte... Allí sólo hay una celda.

-Así es, Torkaimon-sama.

-¡Si serás...! -gritó furioso Torkaimon. -¡Debías mantenerlo aislado! ¿Cómo se te ocurre meterlo con ese vigilante de Gargadomon?

-Lo... lo siento, Torkaimon-sama. -dijo Onagimon apenado.

-No importa. -dijo Torkaimon resignado. -Mientras le hayas quitado el manojo de llaves que lleva Rakugamon para controlar los poderes de los prisioneros, será suficiente.

Onagimon movió la cabeza negativamente...

-¡Eres un hijo de...! -gritó Torkaimon más furioso. -¡Ve a ver a Rakugamon! ¡Corre! ¡Antes de que se escapen!

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Lamentablemente el manojo de llaves que llevaba conmigo no contenía la llave que me podía liberar de mis esposas, seguramente previsto por Torkaimon anteriormente pensando en una situación parecida a esta. Lo que significaba que no podría evolucionar para detener a los pocos Digimon que nos tenían custodiados. Pero para mi fortuna, Gargadomon tenía una fuerza brutal, eso y un enorme rifle que llevaba consigo, con eso nos bastaba.

-Ahora... -dijo Gargadomon jadeando y observando hacia todos lados. -Ahora debemos ir con Piccolomon... Seguramente podrá liberarte de esas esposas...

-De... de acuerdo... -le dije un poco cansado. -Sólo te pido un favor...

-Dime, Daisuke... -me preguntó ni nuevo compañero de fugas.

-Mi madre está en la zona sur... -dije. -Por favor, te pido que vayamos a liberarla...

Que yo recuerde, esa noche fue muy agitada... Era la primera vez que le pedía ayuda a un desconocido...

Continuará...