El camino hacia el hospital, fue totalmente silencioso. La mente de Sam estaba dividida, entre lo que el demonio que habitaba dentro de su hermano le habría hecho a Evelyn y el simple hecho de que un demonio habitara dentro de Dean.
"¿Quién ha dejado salir de infierno a Dean, ha sido algún demonio que quería dejar a uno de los suyos libres dentro de mi hermano?" Intentando que Dean no se diera cuenta, Sam se estremeció, pensando en las barbaridades que habría visto su hermano, las que habría llevado a cabo el demonio y que no habría sido de parar por mucho que hubiera querido. "Tenía que haberlo visto venir, tenía que haber encontrado la forma de ayudarle. Tantas visiones, tantos poderes psíquicos, ¿para qué los quiero si a la única persona que realmente quería ayudar ha sufrido tanto y lo sigue haciendo todavía."
Se concentró en el horizonte que se movía a gran velocidad mientras conducía el Impala. Le hizo gracia que su hermano no protestara porque Sam tomara el volante del coche, pero cuando lo vio quedarse dormido a su lado, se dio cuenta que todavía no estaba recuperado del todo, que sabía actuar muy bien, ocultar sus sentimientos a todo el mundo, pero Sam era distinto, era su hermano pequeño, la persona que mejor lo conocía y el único con el que realmente quería ser sincero.
Por eso, cuando apenas habían arrancado, Dean se acomodó en el asiento del copiloto, como tantas veces había hecho Sam a lo largo de los últimos tres años y cerrando los ojos, se había quedado dormido. Parecía tan inocente así, como si no hubiera visto ningún mal en su vida, como si los demonios no fueran más que los cuentos que le contara su padre antes de irse a dormir, como si el infierno, sólo formara parte del mundo de las pesadillas.
Sin embargo, por mucho que le pesara a Sam, Dean si era un gran actor, alguien que tenía un gran espacio en su interior para guardar todo aquello que no se atrevía a mostrar al resto del mundo, todo aquello que le daba tanto miedo a él mismo, que se negaba asustar sin motivo a su hermano pequeño.
Había salido del infierno, pero el infierno estaba dentro de él, luchaba con él continuamente y de vez en cuando no le quedaba más remedio que dejarlo salir, como había pasado ese día, cuando Sam había conocido al demonio que estaba ganando fuerzas en su interior.
Dean estaba cansado, estaban siendo unos días demasiado largos, como para seguir con ellos por mucho tiempo y sabía que tarde o temprano perdería la guerra, sin saber en que se terminaría por convertir; teniendo en cuenta a los cazadores que ya había matado y que había estado a punto de acabar con la novia de su hermano.
Por eso, prefería dormir, intentar soñar con cosas más felices, dejar que ese maldito demonio también durmiera y le dejara un rato tranquilo. Sam vino a su mente, pero no el hermano de veinticinco años que estaba cuidando de él esos días, se trataba del Sam adolescente, el que descubría la caza con aquel espíritu, el que dispara su primer cartucho de sal, el que saltaba de alegría cuando el espíritu se desvaneció.
"Ese Sam desapareció por mi culpa, si no le hubiera llamado, si no le hubiera metido en esta guerra, Jessica seguiría viva y Sam y ella estarían felizmente casados. Lo siento, he arruinado tu vida durante todos estos años y ahora he estado a punto de volver a hacerlo con Evelyn ¿Crees que podrás perdonarme alguna vez o tu también vas a esconderme lo que verdaderamente sientes hacia mi?"
- o -
Por fin llegaron al hospital. Cada paso que daba Sam hacia la habitación que la enfermera le había dicho que era la de Evelyn, su corazón latía con más fuerza. Dean no había querido quedarse en el coche, necesitaba decirle a la chica que lo sentía, ya que ella sabía de la existencia de los demonios, quería contarle la verdad, Evelyn no se merecía todo el dolor que le había causado y su hermano tampoco.
Sam llamó a la puerta, seguro de si mismo y de los grandes sentimientos que seguía teniendo por Evelyn. Sin embargo, cuando la escuchó hablar, toda esa valentía, desapareció de un plumazo.
"Pasa." Sam abrió la puerta con cuidado, no sabía como iba a reaccionar ella cuando le viera. Dio un primer paso hacia el interior de la habitación y allí la vio, sentada en la cama, escribiendo algo en un cuaderno. Sintió una punzada en el corazón al ver su brazo derecho en el cabestrillo que lo sujetaba y cuando la chica levantó la vista, apretó los puños al ver el morado que todavía había en su cara.
Evelyn se quedó de piedra, jamás hubiera esperado esa visita, por mucho que había soñado y rezado con volver a ver otra vez al chico que le había robado el corazón, había perdido toda la esperanza, creyendo incluso que estaba muerto. El bolígrafo se le cayó de la mano y el cuaderno resbaló por sus piernas.
"No es posible." Sam dio un paso más adelante, aquel recibiendo no estaba del todo mal para lo que él había esperado. "Maldito desgraciado." Entonces Sam se quedó quieto, aquello estaba fuera de sus planes. Evelyn se levantó de la cama, al menos no estaba tan mal como había llegado a pensar Sam en un principio. "¿Cómo te atreves a aparecer por aquí?"
Fue hasta él y se detuvo frente a Sam, sin darse cuenta de la otra persona que esperaba en la puerta de la habitación. "Eve lo siento, no sabía que había ocurrido esto, de haber tenido noticias de ti."
La chica lo empujó ligeramente, aunque Sam, no llegó a moverse un ápice. "Te marchaste sin más, me dejaste tirada como todos esos tíos a los que decías no parecerte. ¿Qué fue otra tía, ella te daba más de lo que esperabas sacar de mi? Espero que el polvo mereciera la pena."
"Eve, por favor."
"Deja de llamarme así, dejaste de tener derecho a hacerlo cuando dejaste que ese demonio estuviera a punto de matarte, cuando esperé a que vinieras a ayudarme, a estar a mi lado y no lo hiciste. Pero dímelo Sam ¿Qué fue más importante que yo para que me dejaras así?"
"Mi hermano." Dijo de la forma más seca que Sam había hablado nunca. Eve abrió la boca para replicar, cualquier otra cosa que hubiera dicho a ella le hubiera cabreado, pero eso si que la cogió por sorpresa.
"¿De que narices estás hablando? Tu hermano está muerto, tu mismo me lo dijiste." Entonces Evelyn se percató del espectador que había estado observando toda la escena en silencio. "¡Qué hace él aquí? ¿es que acaso tu también eres ahora un demonio Sam?"
La chica dio un paso atrás, pero las manos de Sam sobre sus hombros la detuvieron. Evelyn clavó sus ojos sobre Sam, nerviosa, próxima a perder el último destello de paciencia que todavía le quedaba encima.
"Dime de una vez de que va todo esto si no quieres que me ponga a gritar, porque tengo muchas ganas de hacerlo, con tal de quitarme de mi vista al desgraciado que estuvo a punto de matarme."
Sabiendo lo que hacía, Sam se puso entre Evelyn y Dean, por lo que ella no podía ver al mayor de los hermanos. "Se que es difícil que te creas esto, pero es la verdad. Ese de ahí, es mi hermano, es Dean. Si estaba muerto y fue al infierno sólo por haberme salvado la vida." Dean se tensó al escuchar las palabras y el tono triste y apesandumbrado de su hermano al recordar momentos tan difíciles para todos. "Pero no es el que te atacó, ese era un demonio que lo poseyó."
Dean se sorprendió por escuchar a su hermano hablar en pasado de un tema que estaba más reciente que nunca, Sam había hablado con el demonio, sabía que estaba allí y estaba ocultándolo. Dean sabía que no merecía un hermano así.
"Ahora está bien, necesita ayuda, todos la necesitamos, pero está volviendo a ser el mismo. ¿querías saber porque no volví a ti? Ahí tienes la respuesta; Dean estaba mal, muy mal y no pude abandonarle, no después de todo lo que ha hecho por mi."
"Sammy." Dijo por fin Dean después de haberse mantenido al margen de aquello durante todo el rato. Se acercó a Evelyn, que dio un paso atrás, sin que Sam la dejara sola ni un momento. "No tienes porque pedir perdón por los terribles actos que yo mismo he cometido."
"Pero no eras tu."
"Lo siento mucho Evelyn." Continuó diciendo Dean, como si no hubiera escuchado las palabras de su hermano. "No tienes porque perdonarme, no me lo merezco, porque esa cosa todavía está dentro de mi, la oigo, se lo que quiere y no es nada bueno, si volviera a salir a luz… Pero Sam no tiene la culpa, el te quiere, me ha hablado de ti y le conozco demasiado bien, como para saber que te quiere. Él no tiene la culpa de nada, págalo todo conmigo."
Dean se dio la vuelta y salió de la habitación. Evelyn parecía haberse convertido en una auténtica estatua y por mucho que el enfado estuviera ahí, no había podido contestar a las palabras de Dean.
"¿Es tu hermano de verdad?" Sam asintió, intentando alejar de sus ojos vidriosos todos los sentimientos que se agolpaban en su corazón. "Entonces es tal y como me lo describiste." Sam la miró a los ojos, desconcertado por lo que la chica estaba diciendo. "Tienes razón, Sam, ese no es el demonio que me atacó, no veo el odio y el fuego en sus ojos, las ganas de matar que le dominan cuando actúa el demonio." Inconscientemente, la chica se abrazó a Sam, temblando de miedo al recordar los terribles y dolorosos momentos que había pasado con el demonio. "Pero no puedo."
"¿No puedes el qué?" Preguntó Sam acariciando la mejilla de la chica. "No puedo volver contigo mientras él esté cerca. Lo siento Sam, pero tu hermano lo ha dicho, el demonio sigue ahí, el mismo que quiso matarme."
"Eve, el demonio no ha hecho nada desde que Dean volvió, él lo está controlando y yo estoy preparado para acabar con él en cuando mi hermano este recuperado por completo de sus heridas. Eve yo te quiero y no voy a permitir que te ocurra nada malo esta vez, te lo prometo."
La chica se separó de él, cabizbaja y se dirigió hasta la cama, donde se sentó y un momento después respiró profundamente. "Lo siento Sam, pero no puedo hacerlo, no quiero hacerte elegir, no es mi estilo. Te quiero mucho y odiaría perderte, ya me odio por tener que decir esto; pero mientras ese demonio siga dentro de tu hermano, no creo que pueda estar cerca de vosotros." Evelyn levantó la cabeza hacia Sam con lágrimas en los ojos. "Llámalo miedo, di que eso no es lo que haría un buen cazador, di que estoy cagada, pero es cierto, te aterra pensar en estar a solas con Dean y que vuelva a salir ese demonio. Adiós Sam, espero volver a verte y poder retomar las cosas donde las dejamos la última vez que nos vimos."
"¿Es tu última palabra?" Sam no podía creer lo que estaba oyendo, Evelyn no le estaba haciendo elegir, porque en realidad ella había elegido por los dos. Estaba dejándole por miedo.
"Si, lo siento." Sam asintió y sin decir nada más se dio la vuelta y salió de la habitación. Una vez que Evelyn se había quedado sola rompió a llorar, sin poder ocultar por fin el dolor que le producía su corazón al romperse, por tener que perder de esa manera a un hombre al que amaba tanto.
El llanto desconsolado de la chica atravesó la puerta cerrada hasta donde estaban Dean y Sam. "Lo siento Sammy, si supiera que esto iba a ocurrir, tal vez después de todo hubiera sido mejor que me hubiera quedado en el infierno."
"No vuelvas a decir eso, no insinues que todo lo que he luchado por pensar que estabas en un lugar mejor no ha servido para nada, que lo mal que lo he pasado, los meses que me ha costado salir adelante cuando pensaba que te había perdido y las noches sin dormir por cuidarte, no han servido de nada." Sin dejar que Dean contestara, Sam lo abrazó con fuerza. "Te quiero demasiado como para aceptar que tu muerte es una buena solución para nada y si tengo que elegir entre Evelyn y tu…"
"No lo digas hermanito, por favor no lo digas." Dean le devolvió el abrazo, sin querer escuchar nada más, ya tenía bastantes remordimientos en su cabeza, como para que alguien y sobretodo Sam, le dijera que elegía a su hermano muerto y endemoniado que a la chica más linda y más perfecta para él que nunca hubiera conocido.
