Las calles de Gotham son heladas llegando la noche.

Durante el día las nubes se juntaban formando una neblina tóxica liberada por decenas de fábricas. Al haber tanto movimiento, las personas ignoraban lo que respiraban. Envenenando su organismo naturalmente adaptado, para cualquier otro que viniera del exterior sería simplemente difícil respirar.

Un mes, tal vez dos. En manos de un alfa dominante y loco el tiempo era eterno y parecían haber sido años.

Su "última" orden antes de dejarme ir había sido una lista que quería no tener la obligación que cumplir.

- Dejaré que te encuentren pequeño pero no te irás hasta que jures cumplir mis caprichos hasta tu final.

Había aceptado, por supuesto. No podía negarme y si lo hacía era sometido a un "tratamiento" que me haría obediente.

Caminaba descalzo tratando de imaginar que lo que pisaba era agua de lluvia y no la del alcantarillado. Agua sucia que se desbordaba por algún defecto en el mismo.

Estaba agotado, apenas y podía ubicarme en las calles después de no haberlas visto durante tanto tiempo.

Un asco repentino invadió mi garganta obligándome a soltar lo poco que aún retenía mi estómago. Mi vientre dolía e ignoraba los deseos de llorar, maldiciendo todo, a todos, por no ser tan miserables como yo lo era.

Se me notaba levemente en los lados, una leve abultacion por la falta de alimento, el propósito de todo omega vivía en mi interior.

Seguí caminando, cuanto más rápido llegara más pronto podía darme el lujo de caer.

Visualicé la gran edificación, cientos o miles de metros cuadrados de terreno y lujo, propiedad de la familia Wayne.

Tiré de la reja sin fuerza y recosté mi frene en ella. Una oleada de asco me atacó y sin poder contenerla vomité mi estómago.

Mareado y casi muerto como estaba sostuve la pequeña navaja con ambas manos.

Voltee y miré a hacía la cámara.

- Quiero que te vea, que sepa que es su culpa.Y yo repetía un lo siento decepcionado en mi cabeza.

Un moviendo y cortaría mi cuello. Un movimiento que no sólo acabaría con mi vida, también lo haría con mi propósito.

Un llanto ahogado y desesperado se retuvo en mi garganta.

La puerta principal se abrió de golpe. El moviénto que esperábamos.

Alcé mis manos e hice un corte horizontal. No sabía si dolía más o menos que todas las demás heridas de mi cuerpo, que mi alma rogando por la salvación de mis cachorros a costa de la perdición de la mía o la mordida en mi cuello emocionada por haber cumplido con la orden impuesta por mi dueño, por mi alfa.

Caí al instante que escuché a la reja partirse y sentir una poderosa mano que parecía querer partirme el cuello en vez de detener el fluir imparable de la sangre.

No lo había considerado mi padre, era tan bueno que parecía ridículo. Aún así su mano parecía amable y su aroma a asfixiante preocupación me hacía querer decirle a mi padre que lo aceptaba.

Superman trataba con fuerza de voluntad de evitar el incesante temblor de su mano que alargaba el corte en mi cuello. Yo sostenía su mano tratando de decirle que estaba bien y que ese era mi propopropósito, mi obligación.

Al no poder parar me levanta y me lleva a la entrada. Mis ojos se cierran y siento un calor en mi pecho, doloroso e incómodo.

- Lo siento...

Palabras que juré nunca saldrían de mi boca salieron tan sinceras y apagadas que pensé que no eran incorrectas, que toda mi vida había esperado el momento para decirlas y liberar un poco mi corazón del odio que sentía hacia mi mismo.

La visión borrosa de varias miradas sobre mi me hacen sentir finalmente en casa.

Al final cierro mis ojos y me dejo consumir, sin tener la pequeña esperanza de seguir vivo cuando despierte o si todo fue un sueño y estoy encadenado de nuevo a la silla eléctrica con mi nombre en el escondite de mi alfa.

Como toda las noches, la noche de mi descenso era helada como el invierno.