VI

Beckett sentía rabia hacía si misma por haber aceptado la invitación. No por la hija o la Madre de Castle, Mentira, pero sabía que si lo hacía algo malo acabaría ocurriendo. Su intuición le había advertido de lo que podría acabar pasando y... ¡voilà! El malvado había aparecido inoportunamente mientras la princesa con placa había bajado, considerablemente, la guardia.

Castle se había quedado como un pasmarote viendo como su Nikki Heat salia del apartamento. Por un momento había dejado de prestar atención a los suyos para sumergirse en los recuerdos, en un pasado no muy lejano. En esa relación que no prosperó. Volver a verla le había removido todo lo sucedido cuatro semanas atrás.

Él creía haber echo todo lo que estaba en sus manos para arreglar las cosas, pero el dolor de Kate era demasiado profundo para que un simple lo siento fuera suficiente.

- ¡Alexis vé a por el helado! Hoy será una noche larga...

- ¿Todos?

- Cuantos más mejor.

La pelirroja cogió una bolsa de un cajón al lado de la nevera, abrió uno de los departamentos del congelador y empezó a poner las tarrinas de 500ml en ella. Por otro lado, Martha trasladó la comida a unos tupperware poniéndolostambién, en otra bolsa más resistente.

- ¿Os vais?

Castle parecía haber aterrizado de su corto viaje a su mundo.

- Sí. No nos esperes levantado.

Martha fue a por su abrigo y bolso, alcanzando a su nieta lo suyo. Una vez dispuestas a salir, cada una cogió una bolsa de encima del mármol de la cocina y se fueron.

- Hasta mañana papá. Gina...

La hija de Castle fue la última en hablar antes de que la puerta se cerrase.

- Vaya... - Gina estaba sorprendida por lo que acababa de presenciar. - Parece que te han hecho boicot. Oye, por cierto, ¿Qué hacia la inspectora aquí?

Castle ni siquiera le respondió. Intentaba entender todo lo sucedido, pero era un caso demasiado complicado para resolverlo él sólo. Claro que en ese momento lo más insignificante le parecía horrorosamente complicado.

- Bueno... - añadió la editora al ver que su escritor favorito seguía ausente. - ¿Quieres que me vaya?

- ¿No te importa? - respondió él repentinamente. Gina negó. - Gracias... En éste momento no me siento una muy buena compañía ni para mi mismo.

La rubia acarició el rostro de Castle dejando que sus labios se rozaran tímidamente, con un punto de ternura.

- Llamame cuándo quieras...

A Richard aquellas palabras le sonaran a un susurro inaudible.

Con su mirada dio un vistazo al apartamento. Por más que mirase, ahí no quedaba nadie más que él y su alter ego1. Estaba completamente sólo y sin cena, aunque ahora mismo esto era uno de sus insignificante problemas.

Castle ando hasta el sofá. Ahí se dejó caer dejando su cuerpo totalmente sin vida. Se sentía abatido, aquello le superaba. Esa mujer le estaba perjudicando su estado de animo y a la vez su concentración, por no hablar de los sueños. No había noche, desde hacia días, que la inspectora no apareciese en ellos junto a un escenario muy similar a la escena del crimen involuntario que había cometido. ¿Quien le iba a decir que por querer salvar a su musa acabaría así? Sin dar tiempo a que su sistema nervioso mandara la señal al cerebro, se levantó del sofá precipitándose a la habitación de su hija.

Cómo siempre esa habitación estaba impecable. Ni una pizca de polvo, ni un libro

desordenado... El padre se acercó al corcho dónde estaban las fotos. Había muchas de ellos dos juntos, también con su madre - la abuela de Alexis - y... Castle acercó la mano con ademán de coger la foto de Kate, pero la retiró para volver a acercarla y sacar la chincheta. Sin duda, esa era Beckett. Esa sonrisa era made in inspectora Beckett.

Richard volvió a colocar la foto al mismo sitio dónde recordaba que su hija la había puesto, y sin preguntarse el porqué de aquello, desvió la mirada y fue cuándo se dio cuenta del objeto que reposaba en la alfombra. Éste se arrodilló, cargando su peso a la pierna izquierda, y cogió el objeto dorado del suelo. ¿Cuántas veces habría visto aquella placa? Montones, las suficientes para reconocerla y saber a quién pertenecía. De todos modos, a parte de Kate era difícil que hubiera entrado alguien más a no ser que... - Castle arrugó la frente y se deshizo de ese pensamiento.

El escritor salió de la habitación con la placa de Kate en las manos. Aquello era lo más cercano a ella que tenía entre ellas desde ese día y se sentía mal por ello. Debía devolvérsela, pero ahora no lo creía conveniente, si volvía aparecer muy probablemente le echarían a patadas. Por otro lado, quedarse de brazos cruzados no era su especialidad, además necesitaba más que nunca aclarar las cosas con Kate. ¿Por lo tanto que era lo mejor, ir y volver a estropearles la noche de chicas o esperar al día siguiente e intentar hablar con ella?

En otro punto de la ciudad, en el departamento de homicidios de la comisaria de Nueva York, Kate descansaba en su silla, dónde también lo hacia su abrigo. Ahora que volvía a llevar su ropa volvía a sentirse ella misma. A pesar del mal momento que acababa de pasar, ese vestido le gustaba demasiado. Formaba parte de una mañana diferente.

Kate llevaba un buen rato jugando a enredar sus dedos con la tela del vestido mientras la otra mano le servia de apoyo a su cabeza. Tenía la mirada completamente perdida en la oscuridad. Ni siquiera había abierto las luces, sólo tenia el apoyo de su lampara.

"¿Para qué hacerlo? ¿Que necesidad había de abrirlos?" pensó cuándo entro con los ojos llorosos.

El ruido de las puertas del ascensor hicieron vibrar sus veintitrés sentidos.

- ¿HOLA...? - su voz sonó precavida

- ¿Kate?

Aquella voz hizo que la inspectora quedara totalmente estupefacta.

- ¿Alexis? - su tono fue gracioso para las dos chicas Castle.

- ¿Que haces a... Que hacéis aquí? - rectificó al ver llegar a Martha.

- Bueno, no iba a dejar que te fueras sin probar mi cena.

- La inspectora abrió los ojos cuándo se dio cuenta d las dos bolsas.

- No teníais porque molestaros, habría comido cualquier cosa...

- De eso nada, ¡si Kate no va la cena, la cena va a Kate!

En todo ese tiempo, nunca le había ocurrido algo similar. Aquello era nuevo para ella, tanto que le costaba saber como reaccionar. Esas dos personas le estaban transmitiendo un cariño que ella no sabía como transmitírselo a ambas.

- Siento no haberme portado...

- No es culpa tuya, mi padre no tenía que haber venido, sabía...

- No. - Kate la cortó. - Mirad, yo os agradezco mucho el cariño y el apoyo, pero no soy nadie para poneros en su contra. No se lo merece y yo tampoco me merezco todo esto... - la voz le falló.

- Querida, me gustaría saber qué decirte... Si por lo menos supiera...

- ¡Abuela! - la interrumpió su nieta.

- ¿Queréis mi versión?

Al ver las reacciones de su hija y la madre, ésta suspiró. Lo último que esperaba la inspectora era tener que volver a narrar aquel suceso con sus propias palabras.

- No sabemos nada de lo que ocurrió ese día. Vemos que ya no os habláis, y por lo que leí de la carta que te hizo daño por un error que cometió, nada más.

- ¿Que pasó querida? ¿Tan grabe es lo que hizo mi hijo para que no lo habléis?

A Kate le faltaba valor para tener que volver a revivir con palabras aquel día. Sabía que tenía

que pasar pagina, ser capaz de contarlo sin que se le saltasen las lágrimas, pero había dos personas demasiado importantes de por en medio. Una ya no estaba, la otra si y ahora tenía a dos de sus vínculos más directos esperando una respuesta. ¿Qué pensarían de ella cuándo supieran la verdad?

1"Alter Ego " (latín, "el otro yo") Una segunda personalidad en una persona.

Obra Regitrada (SafeCreative; 1104100021459).