¿10 capítulos? Me equivoqué, tendrá unos muchos…Muchos más. Gracias a todos los que me han apoyado y me han dejado esos maravillosos reviews que atesoro cada noche, no saben lo feliz que me hacen. Gracias, espero que sigan comentando.

Sin más que decir, disfruten de un nuevo capítulo…


Capítulo VI


Sin mal no recordaba, y si su intuición no le está engañando, es su quinta semana aquí. Definitivamente se le ha ido el coche, pues su límite establecía dos semana, sin embargo sigue aquí sin la más ligera predilección por marcharse, ni él ni Kagami.

Su madre, quien, vanamente le ha amenazado con ir a buscarle de una oreja si no regresaba en una semana, yacía en la magnifico porche de la mansión siendo regocijada en saludos y abrazos por todos los familiares allí presentes. Para la infortuna de Daiki, sigue durmiendo, con el mínimo asomo de tal presencia.

Al bajar las escaleras, Kagami supo que algo andaba mal, y al ver a la eminente morocha en el corredor, lo confirmó. Sus labios enmudecieron sintiendo sequedad, sus piernas volvieron en sus pasos sin siquiera pensarlo, de regreso a la habitación que comparte con Aomine.

- Aomine. – llamó suavemente, evitando despertarlo bruscamente.

Este ni se inmutó, parecía no sentir nada. Kagami intentó moviéndolo un poco, a lo que respondió con un quejido.

- Despierta, soquete, tu madre está aquí.

- ¿Qué? – abrió los ojos de golpe, levantándose también.

Se miraron a la cara, Aomine más contrariado que el pelirrojo, pero hiperventilando al fin. Se quitó la fina seda como sabana de encima y se apresuró al closet a buscar una camisa. Antes de salir miró al pelirrojo, amenazando de ser una jugarreta, lo pagará bien caro, pero en los ojos carmesíes no había duda que los afectara, puede que esté tan alarmado como él.

Ambos bajan las escaleras rápidamente, produciendo eco a las fuertes golpizas en los escalones. Toda la familia en el primer piso se inmutó de la aproximación de ambos y callaron su parloteo esperando a verles las caras. Allí estaba la risueña madre de Aomine, con la cara más legendaria esperando el abrazo mordaz de su hijo adorado y claro, su pareja.

- ¿Qué haces aquí, mujer? – dijo en cambio, afectando la alegría de su madre que desapareció en una cara amenazante.

- Te dije que si no venías en una semana vendría a buscarte de una oreja. – sus manos elegantes se postraron en su cintura manteniendo la mirada desafiante a su hijo desdeñoso. – Ven a abrazar a tu madre, bueno para nada.

El peli azul fue derechito a ella estrechando sus brazos, esta le recibió ensanchando una sonrisa maternal. No hay cosa que disfrute más que sentirse acurrucada en los brazos fuertes de un hombre, aunque se trate de su hijo, era la sensación más veraniega que pueda referir.

- Kagami, cariño, también estas aquí. – la vieja Ringo estiró sus lánguidos brazos hacia el adolescente que se apresuró a llegar a ellos regocijándola también.

- Mi amor. – canturreó la madre de Aomine, apartándolo casi con brusquedad y recibiendo otros brazos que bien podrían competir con los de su amado hijo. - ¿Cómo la has pasado?

- Mejor no se puede. – sonrió el muchacho, encantando a ambas mujeres que aplaudieron al unísono.

- Que bien, porque en dos días estaremos rumbo a Tokio.

- ¿Qué? Pero - se quejó el más alto, dedicando una mirada cargada de frustración y molestia a su madre que no vaciló en devolverle el desafío.

- Aomine, ya está bueno. Satsuki me tiene hasta la coronilla echándome pucheros porque no estas allá. ¡Te estás perdiendo el entrenamiento de verano, hijo! Y te has ido sin avisarle también, espera un largo regaño cuando llegues a casa. Pensé que la habías invitado también, pobrecita. – recitaba la mujer deshaciéndose de su chaqueta y cayendo como pluma en el sofá de la sala. – Usted también jovencito. – se dirigió al mayor de los adolescentes. – Me he hecho amiga de Tetsuya preguntándome por ti. Al parecer tu entrenamiento también empezó.

Kagami agrió la cara echándose para atrás unos flequillos de la cara, Aomine y él intercambiaron miradas rápidas que luego se alojaron en los ojos pardos de su madre.

- ¿Qué día es hoy?

- Martes.

- ¿Qué fecha?

- Martes 23 de Julio.

- ¿23? – se sorprendió el moreno, Kagami solo abrió la boca sofocando un suspiro.

¿De verdad ha pasado tanto tiempo? Pensaron los dos. Las imágenes de reproches por parte de las autoridades femeninas se hacían presentes en su cabeza, haciéndolos erizar. La madre sonreía mientras se abanicaba con su mano adivinando lo que pasaba por ambas cabezas.

De las escaleras aparecieron los primos de Aomine que saltaron a la emoción cuando vieron a Misa, la abordaron en preguntas y abrazos, olvidándose de los dos deportistas por completo. Estos se encogieron de hombros, tenían mejores cosas que hacer y pensar.

El peli azul se retiró a su habitación a prepararse para un baño, contrario al mayor que decidió quedarse allí con la alegre familia que en unos minutos saldría al jardín a picar unas frutas y charlar animadamente un rato.

Después de quince minutos de enérgica charla, el pelirrojo no aguantó las ansias de querer interceder ante Aomine, las dudas empezaban a aflorar en su serenidad. No se molestó en disculpar su retirada, nadie lo notaria de todos modos y eso le alegraba. Subió las escaleras y entró a la cómoda ausente de la persona que buscaba. Se recostó en la pared cercana a la entrada y se perdió por unos segundos en la vista del ventanal al otro lado de la habitación. Las plantas se columpiaban con suavidad y se sentía una cálida brisa arropar la estancia, sin embargo podía sentir las gotas de sudor resbalar por su espalda. Chasqueó la lengua proporcionándose aire con su camiseta, en eso entró el moreno envuelto en una toalla y con el cabello empapado.

Al parecer no le notó allí puesto que siguió inalterable hacia el closet. Justo antes de desvestirse la toalla, Kagami se aclaró la garganta provocándole un susto.

- Joder, casi me matas, Bakagami. – dijo enojado, sosteniéndose el corazón con las manos.

- Debí haberlo hecho, Ahomine. – se cruzó de brazos.

- ¿Qué quieres? – continuó vistiéndose como si nada, debajo de la toalla ya traía ropa interior lo que hizo sentir estúpido al pelirrojo.

- Lo que tu madre dijo.

- ¿Qué con eso?

- ¿Qué le dirás a Momoi-san?

- Nada. ¿Qué le dirás a Tetsu?

- ¿Qué le dirás tú?

Aomine frunció las cejas, infestado del retozo de Kagami, se empeñaba en seguirle, y peor, mejorar en su propia jugarreta. Cuando terminó, caminó hacia la puerta con intención de ignorarle, ambos estaban serios pero Kagami no le dejaría marchar así por así, le sostuvo de la camiseta y le atrajo a sí con mucha tosquedad, incrustándole un beso que aunque este no se lo esperaba, correspondió sin titubear y sus brazos acorralaron la figura contraria en la pared. Sus pasos sonaron como martillazos en el suelo, siempre tan violentos.

- ¿Qué es lo que quieres, Kagami? – carraspeó el moreno mirándole a los ojos, sintiendo como la sangre la ardía en las venas por aquel arrebato.

- No quiero volver. – contestó, del mismo modo que él, sus palabras arrastradas por un suspiro bajo.

- ¿Y crees que yo sí? No todo es sexo y diversión, Bakagami. – sonrió maliciosamente y rozó la piel tibia de sus labios.

- Maldito, Aomine. – masculló entre sus labios que fueron lamidos con afán.

Sólo queda su última aventura en aquella casa, la cual aún desconocían. En los tres días que le quedan allí deberían hacer otra memoria que les recuerde el tiempo allí vivido, y su relación…

Tomando en cuenta el tiempo, bajaron las escaleras intercambiando datos sobre la NBA y debatiendo su credo según el jugador que prestigian.

La familia hizo un escándalo cuando traspasaron el umbral hacia el jardín, les causó un espasmo a ambos pues la razón de aquello puede ser muchas cosas…

- Kagami acaba de traer a Dai-chan, estamos todos. – anunció la tía Sun cargando entusiasmada a su hermoso hijo de cabello castaño y ojos azules.

Todos estaban reunidos en los bancos que rodeaban el arenal decorativo para el jardín. Los que no estaban sentados, se sentaban en la grama o en las rocas más grandes, o simplemente permanecían parados. Eran pasadas las doce del mediodía y el sol intenso de aquel horario parecía molestarle poco, nada podría malograr su armonía.

- ¿Qué pasa? – preguntó Aomine buscando espacio enseguida entre su madre y sus tías.

En su cara se dibujaba una sonrisa de interés, la alegría se le contagiaba. Kagami avanzó con él pero fue llamado por Shiori y León, y contento se apresuró hacia ellos.

- Vamos de camping. – dijo a todo dar la tía Sun, causando emoción entre todos.

- ¿De camping? ¿Dónde? – se sorprendió el moreno mirando a su tía desconfiado.

- Pues al lago, mi amor. Ya que ustedes se van en tres días. – fingió una cara de tristeza mostrándola a todos los demás que la imitaron haciendo reír a Aomine. Ya se la cobrará después. – Vamos a hacer algo divertido. Después de la cena todo el mundo estará circulando en rumbo a allá.

Todos aplaudieron ante lo dicho, y como bien se sabía, las palabras de aquella mujer son órdenes sin compasión.

Ha caído la noche para la familia Kusakabe, la fogata empezaba a avivar el ánimo de los reunidos a su alrededor y los dulces para calentar empezaban a circular. La pavesa que brotaba en los aires centelleaba como chispas ocasionadas por el fuego, adornaba el cielo estrellado de aquella velada.

Algunos habían traído tiendas para pasar la noche bajo la frazada de la naturaleza, como Taiga y Daiki que internamente se entusiasmaban por la idea. Mientras engullen algunos malvaviscos, conversaban con fulgor de alguna que otra historia que algún guerrillero se atreve a aventurar.

- ¿Quién cree que será el valioso este año?

- ¿En qué? – preguntan al unísono los atletas, dedicando la vista al tío Sanyo: origen de la pregunta.

- En la NBA. – rio este como si ya no fuese redundante.

- Te diría que yo, pero… - empezó el moreno, apenas audible por el caramelo en su boca, solo recibió que el pelirrojo a su lado le fulminara con la mirada. - Yo creo – habló muy alto para que todos se fijaran en él – que este año el valioso, sin duda, será LeBron.

- Claro, en el año bisiesto. – Interceptó de inmediato su contendiente - este año es de Kobe, juega con los Lakers, ¿Qué más quieres?

Y empezó una discusión entre los dos, los demás opinaban de vez en cuando y reían ante las acaloradas explicaciones de los dos defendiendo sus ideales. Fueron forzados a calmarse gracias a la tía Sun, eran pasadas las 12:00 y tanto barullo no era bien presenciado. La pareja de ancianos se retiró deseándole buenas noches y que gocen todo lo que quieran, junto con aquellos que pasar la noche bajo la manta fría de la noche no les causaba gracia. Quedaron unos 10 de los cuales, los más jóvenes y el tío Sanyo formaban un grupo de barriga al césped, mientras conversaban en voz baja.

La fogata desaparecía conforme avanzaba la noche hasta quedar sólo un centello de luz en medio de la madera. Algunos se quedaron dormidos a excepción de Aomine, Kagami, Chris y Shiori que se han quedado chismorreando y contemplando la pintura de estrellas en cielo.

Las tiendas de acampar eran pequeñas y pese a que es verano, las noches eran frías, más en espacios rurales como este. El lago a unos metros del campamento hacia pequeños murmullos con la brisa y comunicaba tranquilidad.

Aomine y Taiga no podían evitar pensar en lo engorroso que sería regresar a Tokio, retomar la rutina y encarar más problemas. A pesar de ser conscientes de que algún día volverán y que eventualmente empezarán a extrañar a las personas allá, el tiempo aquí no se podía comparar jamás. Una aflicción les aborda al pensar en su futuro y lo que este le depara consecuente a su relación…

Pero un rápido 'qué más da…' parecía resolver todos las inquietudes para ellos.

Pronto se quedaron dormidos y la nostalgia se esfumó temporalmente de sus mentes. En la mañana les hicieron levantar muy temprano para desayunar, probablemente ese día también estaba planeado por la mente maestra de la casa.

- Arréglense rápido, iremos a montar caballo.

- ¿A montar caballo? – gritaron los niños en la mesa, pareciendo algo ya planeado.

- ¿Todos? – preguntó con cara amarga la joven Shiori, con un pedazo de tocino aun en la boca.

- ¿No quieres ir? – inquirió la tía Sun con las cejas muy arriba.

- Pues, no. Estaba pensando en ir al pueblo. Han montado una feria mecánica.

- ¿Una feria? – exclamaron los niños de nuevo.

- Hagamos esto rápido. ¿Quiénes quieren montar a caballo por el llano?

La mayoría levantó su mano a excepción de Shiori, Kagami, León e Irie. La mujer sonrió a todos y explicó los detalles de la aventura de aquella tarde.

- Si Irie y León no quieren ir, pueden acompañarte Shiori-chan. – sugirió Ringo a la cabeza de la gran mesa, con sus largos brazos postrados en la costosa madera educadamente.

- Si, por eso preferí quedarme. – sonrió León, acariciando la mano de su pareja al lado suyo, que puso cara de tristeza al ver que sus planes para aquella tarde no coincidían.

- ¿Qué harás tú Kagami-kun? Daiki parece querer ir a montar caballo con los demás. – se burló la señora, algunos sonrieron evitando soltar una carcajada y continuaron comiendo.

- Ah, ¡que joder! – se quejó el moreno, empujando su plato ya vacío y explayándose en su asiento de forma indecente. – Me da igual, he montado caballo muchas veces.

- No te estoy obligando a nada. – dijo mientras llevaba el vaso con jugo de melón a su boca, tranquilamente el pelirrojo, a pesar de estar del otro lado de la mesa.

- Cállate, malagradecido.

- Aomine… - gruñó su madre para que este se comporte.

- ¿Entonces irás con ellos, Dai-chan? – masticó suavemente la fruta en su boca mientras lo miraba atentamente la añejada mujer.

- Si, qué más da… - suspiró desviando la mirada a la mucama que traía más fruta.

- Provecho a todos, voy a ver a Yashiro. – se disculpó Shiori saliendo errante del salón.

Aomine salió con ella tras tomar su jugo de un sorbo, tras él, la mesa empezó a vaciarse paulatinamente. Al dar las dos de la tarde apenas quedó gente en la mansión, los chirridos de las aves merodeaban la casa junto con frías brisas, el cielo pintaba unas nubes grises y los jóvenes se reunían en el cuarto de Shiori y su hijo para salir.

La adulta se veía emocionada por el paseo, León condujo en el auto que dejó el tío Gai exclusivamente para ellos hasta el pueblo. Llegaron en poco menos de veinte minutos a la central donde aparcaron y planearon los destinos.

- Quiero ir al festival y tirarme muchas fotos con Yashiro. – elevó a la criatura por los aires, sonriéndole y ocasionándole una risotada.

- También han puesto el mercado cerca de muelle. – agregó Irie mirando su móvil.

Los ojos del peli azul brillaron ante provechoso dato, recordaba que en ese bazar vendían montones de comida y más su favorita. Incluso había un puesto donde solo servían comida con salsa Teriyaki.

- Yo iré con Kagami. – dijo sin pensarlo más, su estómago incluso empezó a sentirse vacío y su nariz recordaba aquel gustoso aroma.

El pelirrojo se inmutó mirándole de reojo, sintiendo desagrado. Se había entusiasmado en verdad con la feria y el festival.

- ¿A dónde? – le miró sorprendida la mujer entre ellos.

- Al mercado. Iremos a la feria y después Kagami y yo iremos al mercado. – avanzó estableciendo que es hora de ponerse en acción, Shiori contestó un largo 'ah' y todos desalojaron sus puestos.

Al llegar los hombres pusieron caras largas al ver que los juegos eran relativamente tranquilos. Una temática familiar quizá. Shiori trató de animarles y estos no pudieron eludir su gran entusiasmo, pronto el celular de la chica estaría repleto de fotos cómicas de aquel día.

Kagami y Aomine se ausentaron del grupo al dar las 5:20 alegando que se verían en el festival a las 7:30 más tardar. El muelle no estaba muy lejos de allí, a tan solo tres cuadras. Cuando los ojos azules presenciaron aquella ambiente casi brotaban de felicidad, esto era lo que más añoraba de su verano aquí: toda la comida a mitad de precio que podía comer.

Se adentraron entre la multitud con prisa, la figura morena a veces se desvanecía del rango visual de Kagami, impacientándole por completo. No era hasta cuando se detenía en un puesto con aquellos ojos hechos estrellas brillantes que conseguía dar con él, al menos por escasos segundos. Le parecía desagradable, tal vez porque no ha dormido bien anoche, y su mal humor no para de alterarle el atmosfera dañando su ánimo. Sin dignarse a mirarle siquiera, le pasa un contenedor de cartón con papas fritas en espiral y una salsa que él no puede reconocer. Levanta la cabeza esperando que Aomine haga lo mismo, pero sólo le queda probar aquel aperitivo y comprobarlo por sí mismo. Se trataba de mostaza dulce y kétchup, juntos pero no ligados lo cual le daba un buen sabor. Se lo terminó y mientras caminaba tranquilo detrás del emocionado Aomine, sólo podía mantenerse alerta por si volaba hacia otro lado. Así sucedió con cada puesto que llamaba la atención del moreno, le pasaba un poco de lo que compra, sin siquiera mirarle, encandilado por tanta comida.

- Kagami, mira esto. – le llama con su dedo índice, Kagami solo alcanza a ver su figura requerir su atención, puesto que la gente caminando no le deja ver más. – Es increíble. – dice cuando lo siente a su lado.

El puesto donde se han detenido esta vez era muy pintoresco, flores de papel decoraban todo el letrero, pero lo que ofrecían era aún mejor. Fruta con todas las formas posibles, pero la que llamó la atención de ambos fue la sandía con forma de balón de basquetbol. El pelirrojo no contuvo la sonrisa y ambos pidieron una versión más pequeña para llevar.

- Sácale una foto, – le pasó el celular con cuidado de no tirar la fruta – se lo quiero mostrar a Satsuki, le encantará.

Kagami así lo hizo, aunque con una mueca resentida en su rostro, cuando entregó el teléfono devuelta, este corrió del nuevo al puesto y tomó más fotos, en especial a un frutero con todo tipo de frutas pareciendo un ramillete y otro que parecía un bebé en una sandía que jugaba el papel de cuna.

El bazar parecía estar más lleno cada vez y el moreno se sentía ansioso en verdad. Habían comido tanto mientras avanzaban que empezaba a creer que cuando llegaran a su puesto favorito estará demasiado lleno para comer.

Llegaron a la parte más amplia del lugar donde los diferentes kioscos rodeaban las mesas. Allí encontró lo que buscaba y se formó en la fila de inmediato. Kagami apartó una mesa y le esperó pacientemente. Seguía claro pero las nubes eran más gruesas y opacaban los tenues rayos de sol. Ya no le importaba que sorpresa en plato la traiga Aomine, ha probado de todo y su apetito era insaciable, de hecho, todo lo que probó hoy le gustó, el paladar de ambos parecía ser similar, y tal vez se aproveche de esto en el futuro.

Al cabo de media hora revolcándose en su asiento, el moreno regresó con dos platos con enormes hamburguesas cada uno. Kagami le miró sorprendido y abrió los ojos aún más cuando este dijo que volverá por el servicio de ensalada y las bebidas. Contempló ambos aperitivos sintiéndose repentinamente hambriento.

- Se ven deliciosas, ¿verdad? – la voz del moreno retumbó en su cabeza y en sus pensamientos contestó 'muy'.

Las mesas en sí eran pequeñas y con cualquier cosa se verían llenas, pero esta vez parecía desbordarse. Ambos iniciaron con bocados grandes sin parar, la gente alrededor se enfocaba en ellos y se sorprendían por semejante apetito.

- Me recuerda a aquel concurso. – mencionó el pelirrojo apenas entendible por la comida en su boca. Tomó un sorbo de su bebida y tragó.- Me hicieron comer diez pasteles de carne para no pagar la comida.

- ¿Diez? – exclamó el moreno parando de masticar.

- Sí. Ese día no dormí, el estómago me retumbaba y cuando amaneció, uf. – negó con la cabeza al recordar esa espantosa noche.

- ¿Qué? – quiso saber el moreno, muy tarde para evadir una respuesta.

- Pasé todo el día en el baño, cagué como nunca.

Aomine casi escupe la comida de su boca por la carcajada. Toma un sorbo de su bebida y continúa riéndose.

- Que cerdo, Kagami. – dice entre risas.

- Me vas a perdonar, pero por mí tuvimos una buena comida gratis. – continua comiendo, muy seriamente.

- Yo no soy tan cerdo. – levanta una ceja y mientras le da otra mordida a su comida, observa a Kagami, airándose de grandeza.

- 'El único que puede vencerme soy yo' – recita la antigua frase de él, curvando otra ceja.

- Imbécil. – no puede contener su vergüenza y furia, que toda la comida casi vuela por los aires.

La gente allí se voltea una vez más por el ruido de los platos, Aomine consciente de esto fija unos ojos furiosos en él pero su boca hace curvas de inquietud. Kagami suelta una buena carcajada echándose para atrás y en su cabeza regresa la viva imagen de aquella escena.

- Quería intimidarte. – explica tratando de ignorar su risa, pero la vergüenza es difícil de contener, su mirada se clava en sus manos mientras mastica la hamburguesa.

- Lo hiciste pero ahora me parece tan ridículo.

- Aun no puedes en un uno a uno. – enfrenta sus ojos y su boca se curva arrogantemente.

- Pf. – se voltea y bebe de su refresco. – Cuestión de tiempo, morenito.

- Cuando me lesione. – soltó una carcajada terminando el último bocado de su comida.

- Ahomine. – murmura.

- Bakagami.

La lluvia les sorprendió justo al terminar su abreviada cena, junto con el tiempo que les avisaba la hora de ir al festival. Empezaba a oscurecer y sabiendo que si se atrasaban en llegar podrían perderse el desfile, decidieron seguir. Utilizaron las camisas envueltas en sus cinturas para cubrirse de la lluvia, la gente se dispersaba por los rincones de la calle buscando refugio de la lluvia y le dejaban el trayecto prácticamente libre.

Corrían tan rápido como podían, pero la espesa cortina de lluvia apenas le permitía ver por donde intuían. En una indicación del moreno para doblar en la siguiente intersección, el pie del pelirrojo flaquea contra un charco y resbala cayendo de nalgada. Daiki suelta una carcajada sin poder contenerse, pero le extiende una mano enseguida. Kagami se queja y le empuja, ambos irreparablemente empapados.

Cuando vislumbraron la gran entrada del templo continuada de una empinada escalera que conducía al lustroso festejo, la lluvia cesó. Finas gotas sentían en sus hombros y el cielo oscuro empezaba a despejarse. Corrieron a las escaleras ignorando el dolor por la reciente comida llegando fácilmente a la bienvenida del festival, que consistía en un gran kiosco con máscaras, atuendos y helados.

Ambos compraron un helado de frutas junto con varios suvenires y continuaron por la colorida fiesta. Tardaron poco en encontrarse con los demás, entablaron una larga charla sobre sus actividades de aquel día y la indecorosa lluvia mientras avanzaban por el desfile.

La noche terminó con un espectáculo de fuegos artificiales que los jóvenes contemplaron con calidez. Esa será la última noche de su aventura veraniega y se lamentan de no poder condecorarlo con un beso por la presencia de conocidos allí, pero es suficiente reconociendo el deseo de afecto mutuo. Además la satisfacción de complacer a Shiori en su día perfeccionado no tenía precio, ver la cara sonriente de ella y su bebé es suficiente placer.


A la mañana siguiente, Aomine madrugó, se dio un buen baño de agua fría y preparó desayuno. A las 7:30 había terminado de prepararse y despertó a la joven madre y a su novio. Había conseguido que Gai le prestara su lujoso BMW Z4 para dar un paseo y sabiendo que partirán en la tarde, debe aprovechar esta oportunidad. Le ha perjurado que tendrá cuidado con las curvas, pues Aomine pensaba ir a la finca de los vecinos Hakura y disfrutar de la vista una última vez. La carretera envolvía una montaña y la vista desde el automóvil será algo que podrá recordar para siempre.

- Date rápido, imbécil, si se despiertan se joderá todo. – a pesar de los empujones de Aomine, Kagami seguía sumido en un sueño devastador.

Intentaba vestirse pero sus manos eran lentas y sus parpados negaban la luz permaneciendo cerrados. El moreno le empujaba y zarandeaba pero Kagami solo se quejaba creyendo estar dormido aun. Lograron escabullirse exitosamente, apenas emitiendo ruido al cerrar la puerta y arrancar el auto. Pero se sorprendieron al no ver rastro de Shiori, le había dicho a Daiki que iría entre sueños pero esta a lo mejor creyó que el adolescente se refería a 'ir más tarde' y se ha quedado acurrucada en su cama.

Sin poder darse el lujo de perder el tiempo, el verano se resbaló de sus manos con la brisa de horizonte. Hasta muy luego…

Fin.

Un día de retraso pero publicado al fin, ¡lo siento mucho! Es que la revisión y el final me han costado un poco, tal vez lo edite después, pero por ahora lo dejaré así ya que no quiero abundar mucho.

¡Espero reviews!