FIVE MINUT
Sobreviviendo en 30 Minutos
Hermosa noche en Hong Kong, luces a rabiar en toda la isla daban cuenta de su vida nocturna, pero en el descomunal ruido de la bohemia, nadie se percato del vuelo silencioso y a baja altura de un helicóptero negro, que a esas horas (las doce de la noche) se acercaba amenazante a las techumbres de los altos edificios de la arquitectura moderna de China.
- transferencia del virus iniciada, atentos a la orden para el descenso – decia el pelirrojo a Sanosuke, Aoshi, Misao y Sayo, para que se pusieran su pasamontañas negros, que solo dejaban sus ojos al descubierto, y se acercaran hacía la puerta del helicóptero.
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- La ciudad se ve hermosa desde aquí – comentaba Misao con los ojos desorbitados por la vista panorámica de la bahía.
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- Recuerden su roles en esta misión, solo tenemos 30 minutos desde que Kenshin de la orden – agregaba Aoshi mirando de la misma forma que Misao la ciudad de Hong Kong, pero volviendo la vista hacia su compañeros señalo – buenas suerte a todos, confió en ustedes.
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- chicos recuerden que hay langosta a la vuelta, así que no demoren mucho que no me aguantaré el hambre – bromeaba Kenshin para destensar a sus compañeros.
- Cabeza de micro chip, ni se te ocurra ponerles tu manitas– decia Sano entre risas – esa langosta es mía.
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- Kenshin ya estoy sobrevolando el edificio – señalaba el piloto de la nave – cuando me deshago de la carga – evidentemente aludiendo a que los cuatro chicos descendieran.
- Aun no, falta un 15
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- Esto es lo que más me carga, la espera.- decia con tono molesto Sayo - Si no fuera por los guantes me comería las uñas.
- Descarga del virus casi completo, por un momento verán un cambio del voltaje en el edificio, cuando la luz se reponga, bajen.
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- SEGURIDAD PENETRADA. DESCIENDAN AHORA.
Cuatro siluetas cayeron desde el helicóptero hasta la techumbre del edificio. Dos de ellas corrieron hacia la torre del sistema de climatización, que no era más que una casucha a donde iban a dar todos los conductos de aire. De sus mochilas sacaron cuerdas y algunos garfios de alpinismo, preparando con rapidez dos cuerdas, enganchadas con fuerza a las rendijas de la casucha para el descenso de las otras dos siluetas que por mientras se colocaban unos arnes. Luego éstas se posicionaron en el borde de la pared sur del edificio.
Sanosuke y Misao quedaron suspendidos en el aire luego de inclinarse hacia delante, sujetos solo por las cuerdas de seguridad que Aoshi y Sayo tensaban, por lo que sus ojos quedaron frente a frente con la vista de la calle, 30 pisos más abajo. No recomendable para personas que sufren de vértigo.
- Te hecho una carrera.
- Misao, solo debemos descender hasta el 29, no tiene gracia hacer una carrera. Cuando estemos en Francia iremos a escalar a los Alpes. Te parece?
- Hai – y sin más se arrojo al vació seguida de cerca por Sanosuke. La caída como dijo el castaño no fue muy larga, por lo que una vez frente al ventana de la oficina del señor Ganm, Sanosuke, apoyado desde el techo por Aoshi, pudo sacar una ventosa, que sujeto al vidrio, y un diamante con el cual abrió un orificio lo suficientemente grande para que la pequeña y menuda Misao entrara y luego ésta le abriera la ventana, para que él también entrara al piso.
- Sayo es tu turno y el de Kenshin – dijo Sanosuke encaramado en el borde de la ventana.
Sayo soltó la cuerda de seguridad de Misao y corrió a la casucha, donde ubicó primero una placa y luego detrás de ella arrancó algunos cables que conectó con su computador personal que sacó de la mochila a su espalda. En la pantalla aparecieron los planos 3D del edificio y algunos puntos rojos avanzando a través de los distintos pisos de este.
- Kenshin ¿recibes la imagen?
- Perfectamente – respondió Kenshin a la castaña, viendo con claridad cada unos de esos puntitos rojos, que no eran otra cosa mas que los guardias del edificio, que al entrar el virus en el sistema de vigilancia debían cumplir con su trabajo manualmente - al parecer los guardias más cercanos solo están a tres pisos de ustedes así que trabajen rápido.
- Entendido – respondió Misao dando la señal a Sanosuke que se ubicara cerca de la puerta de salida de la habitación del dignatario.
- Aoshi¿cuál es el libro? – volvió a hablar la chica de la trenza.
- "Teoría y Praxis" de Habermas.
- Libro denso, capaz que nunca se lo haya leído – señalo Sanosuke observando como Misao trataba de dar con el libro leyendo los títulos de los lomos de cada uno de los que estaban en la repisa.
- Seguramente solo lo tiene de adorno – le respondía Aoshi – aunque tú tampoco, con suerte haz leído "El principito".
- Oye! – chillo el castaño – no subestimes a Saint Exupéry. El Principito es el libro de mi niñez.
- Siento interrumpir la charla literaria, pero un guardia esta a un piso de ustedes, Misao y Sanosuke… Aunque por ahora está recorriendo el piso inferior, parece que pretende ascender.
- Gracias cabeza de micro chip… Misao apúrate – gruño Sanosuke acercándose hasta su compañera.
- Aquí esta el maldito libro – dijo Misao jalándolo hacia atrás. Solo basto esto para que un ruido a metal gastado hiciera crujir la madera de la repisa y esta se abriera en dos, mostrando a los chicos una puerta de metal color platino y con un panel de botones negros en medio. Misao digitalizo la clave que con Aoshi le enviaran a Kenshin en la mañana en su súper misión de encubierto. La muchacha se rió por lo bajo al recordar como en la desesperación de no ser pillados ambos se besaron y luego inventaron la excusa de ser marido y mujer.
- Cuánto tiempo tenemos Kenshin – pregunto de repente la voz del hombre de la mirada gélida. "Pensando en el rey de roma y éste que se asoma" se dijo a si misma Misao.
- Diez minutos, Aoshi… y el guardia va en el ascensor, Sanosuke.
Sanosuke corrió nuevamente hacia la puerta donde pegando la oreja a la robusta madera comprobó el ruido de las puertas del ascensor al abrirse. Miró con alarma a Misao que buscaba y trajinaba en la bóveda entre papeles y cajas.
- Apúrate – siseo bajo, por lo que la chica lo miro de reojo con cara de asesina.
- el guardia va hacia ustedes – chillo Sayo por el audífono – tengan cuidado.
Sanosuke sacó su pistola semi automática, la Sig Sauer P228 o "mi negrita bella" como le decia de cariño y se ubico a un costado de la puerta a la espera del guardia. Misao, por otro lado, con desesperación trataba de dar con la maldita formula y más cayó en paranoia cuando por el audífono su hermano le indica: - cinco minutos.
- Aoshi, prepárate para prestar apoyo – le indica el pelirrojo, cuando por la línea de comunicación comienzan a escuchar como Sanosuke se defiende del hombre que entraba en la habitación, pero un repentino silencio se apoderó de todo.
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- Sanosuke… Misao… están ahí? - se atreve a preguntar Sayo entre medio de la tensión.
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- Aha…ah… - se comenzó a escuchar la respiración jadeante de Sano – está inconsciente y Misao ya tiene la formula.
- Pues salgan de ahí, solo queda un minuto – exclamo con alegría Kenshin.
- No nos preocupes de esa manera cabeza de pollo – le recrimina con evidente felicidad Aoshi.
- Eres un grandísimo idiota, pero aun así te amo – le dice Sayo, para que después solo se escuche la risa de Misao y Sanosuke.
Los chicos tal como habían entrado, se lanzaron al vacío para sujetarse de las cuerdas que ondeaban con el viento. Con prisa escalaron hasta el techo donde fueron recibidos por Aoshi y Sayo, y creo que es justo mencionar que la parejita de Sano y la castaña se dieron un apasionado beso. El helicóptero los recogió sin problemas, dos segundos antes de que el sistema de seguridad del edificio se repusiera.
El cuerpo del guardia inconsciente en la oficina de Liu Ganm accionó las alarmas al ser detectado por los sensores. La policía llegó a los diez minutos, pero ningún peritaje dio con huellas o muestras de ADN como para dar con los culpables del robo, pero aun así nadie se entero, el politburó no emitió ningún comunicado de prensa, la vergüenza era demasiada.
- la langosta los espera chicos – les dijo Kenshin – y el comandante agrega una botella de champagne, hoy tendremos celebración.
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- Sí, esta es la fórmula- sentenciaba Megumi arrojando el papel sobre la mesa con asco.
- Acabemos con él de una vez – lo tomó Sanosuke mientras del bolsillo trasero de su jeans sacó un encendedor y sin rodeos le prendió fuego. Kenshin le acerco un basurero de metal donde el papel termino de contar sus últimos segundos de vida, siendo reducido a cenizas. Nadie hablo, solo se limitaron a observar en silencio como de blanco pasaba a una negrura extrema.
- Un peso menos – suspiro Kaoru.
Nuevamente nació el silencio, Misao jugaba con un vaso de agua, Kenshin miraba absorto la vista panorámica tras la ventana, Tokio observaba fijo su agenda negra dándole de golpecitos con su lápiz, Saitoh prendía un cigarrillo para luego mirar la cerilla al rojo vivo, Aoshi jugaba nerviosamente con los pulgares, Kaoru miraba un mechón de su cabello, mientras Sanosuke se tronaba los nudillos y Sayo miraba fijamente a Megumi que ponía cara de asco al escuchar ese estruendo de las manos del castaño.
- Megumi?- llamó repentinamente la castaña atrayendo sobre ella la automática mirada de siete pares de ojos - ¿cómo creaste ese gas?
Los siete pares de ojos se volvieron hacia la morocha, que avergonzada bajo la vista al suelo.
- Megumi, por favor. Necesito saberlo – insistió su nueva amiga. Megumi miro de reojo al comandante Saitoh, como pidiéndole permiso para lo que pretendía narrar. Hajime asintió levemente con la cabeza.
- El gas Juppon G es creación de mi padre. Genzai Takani… - comenzó diciendo en un tono grave, neutro – en su última investigación él intentaba desarrollar un modo de regenerar la piel humana, principalmente motivado, por las cicatrices y deformaciones que miles de personas deben conllevar por el resto de su vida después de graves quemaduras…
- Loable intención – susurro Kenshin mirando de soslayo a Kaoru, quien esbozo una sonrisa de agradecimiento
- … pero lamentablemente dio con la formula del Juppon G, un ácido capaz de carcomer la piel y mucho más… mi padre guardo esta fórmula, no la dio a conocer, pues sabia que podía ser mal empleada si caía en manos enfermas, sin embargo, un día al laboratorio de mi padre llego Shishio Makoto ofreciendo pagar todos los trabajos de investigación que mi padre quisiera generar incluyendo la habilitación de un laboratorio exclusivo, con la mas alta tecnología, a cambio de que generará esta formula del Juppon G…
- …Shishio no acepto la negativa de mi padre – interrumpió Kaoru, tomando la mano de su hermana, para seguir ella con el relato - por lo que a las dos semanas me raptó desde la salida de la preparatoria…
- Maldito infeliz – resoplaron con ira Kenshin, Aoshi y Sanosuke.
- Mi padre desarrollo la fórmula contra voluntad, amenazado a cambio de mi vida y la de Megumi, pero a los seis meses murió de un ataque al corazón – Kaoru hacia grandes esfuerzos por no llorar, por lo que el apretón de la mano de Megumi le dio el valor necesario para seguir. Todos la escuchaban expectantes - no pudo con toda la presión, ese viejo estupido lo mató… a pesar de todo Shishio obligó a Megumi a seguir con la labor, ni siquiera nos dejo enterrarlo como corresponde, nunca supimos que paso con su cuerpo… por lo menos soy feliz de que ya no sufras en manos de ese inescrupuloso… - y escondió su cara en el cuello de su hermana mayor.
- Esa es la historia Sayo… fui obligada a terminar la labor de mi padre, pero estoy dispuesta a correr el riesgo de llegar hasta Holanda y denunciar a Shishio con tal de vengar a mi padre... esto me motivo a escapar de él y venira pedir suayuda. Espero que hayas quedado satisfecha.
- Muchas gracias – dijo Sayo con una venia de cabeza. Sus ojos demostraban lo emocionada que estaba por aquella confianza.
- Nosotros también vengaremos a su padre – dijo Aoshi – gracias por confiar en nosotros - los cinco integrantes de Five se pusieron de pie y la reverenciaron.
- Ahora más que nunca le serviremos fielmente – agrego Kenshin mirando fijamente a Kaoru que tímidamente asomaba sus vidriosos ojos, sin soltar del todo a su hermana.
Después de la confesión de las hermanas Takani, siguieron charlando por una hora más. Los ánimos subieron un poco entre las bromas de Misao y Sanosuke, anécdotas de los viajes y misiones, e historias de niñez de los hermanos Himura cortesía de Tokio. Las Takani se sorprendieron mucho de averiguar que Kenshin y Misao fueran los hijos de Tokio.
- Ahora todos pueden ir a dormir, mañana tenemos concierto – dijo Kyoto levantándose desde su sillón – recuerden que debemos levantarnos a las seis.
- Ahhh nooooo! – se quejaron todos los chicos, eran las dos de la mañana y, además de la charla, la misión había sido muy cansadora, solo querían dormir hasta lo mas tarde que se pudiera, pero el itinerario de estrella de rock era su prioridad, así que nadie objeto cuando Tokio alzo una ceja como última advertencia.
- Muy bien, buenas noches a todos… - tapando un bostezo con su mano Sanosuke se puso de pie, pero antes de dirigirse a la salida miro a Megumi – mañana a las 7, antes del desayuno – fue lo que dijo, para salir de la habitación dando la espalda a todas las miradas sorprendidas de sus compañeros.
- A qué se refiere? – pregunto Sayo mirando de reojo a Megumi. Todos automáticamente posaron sus ojos sobre ella a la espera de la respuesta.
- Me esta enseñando defensa personal – tartamudeo Megumi mirando el suelo – yo se lo pedí, por lo ocurrido con Seta.
-Pero ¿por qué Sanosuke?... ustedes no pueden verse ni a diez metros de distancia – exclamo alarmada Kaoru, imaginando una pelea de ellos dos, pero ahora a patadas y combos al estilo del video juego Street Figther .
- No sé… Buenas noches – y dejando a todos aun con muchas preguntas en la boca salio corriendo de la habitación. Sayo también dio las buenas noches y tranquilamente se fue a su habitación a dormir.
- Esto me trae mala espina – pensó Kaoru, pero siguiendo el ejemplo de su hermana mayor dio las buenas noches a todos, un beso en la mejilla a Kensan y se fue a dormir.
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- Nada en la prensa – dijo Aoshi arrojando una serie de periódicos chinos sobre la mesa donde todos desayunaba – era de esperarse que el Politburó no dejara que publicarán algo sobre el robo.
- Me hubiera encantado ver la cara de ese viejo verde la ver que la formula ya no estaba y ningún indicio de quien pudo habérsela llevado – sonrió Misao mientras tomaba el China Daily y comenzaba a hojear el periódico para comprobar lo que decia Aoshi.
- Primeras ordenes del día,. Jefes? – pregunto Kenshin mirando de reojo a Saitoh y Tokio.
- De diez a once de la mañana es el turno de Misao y Aoshi para las entrevistas con la prensa escrita, radial y televisiva – comenzó a enumerar Tokio tomando la agenda de cuero negro que tenia sobre la mesa - Luego de once a doce le toca a Sayo con Sano y contigo Kenshin. Trece horas, almuerzo y a las catorce nos vamos al estadio para las pruebas de sonido - a medida que iba anunciando las actividades del día con un lápiz hacia el movimiento de ir tachando cada una de las frases que allí estaban escritas - y desde ahora hasta las diez tienen tiempo de entrenar, practicar con su armas, revisar sus mail, lo que ustedes necesiten hacer, después de lo de ayer se lo merecen.
- Entonces para qué nos obligaron a levantarnos tan temprano? – preguntó Sayo en tono molesto.
- Para que no pierdan la costumbre – se rió Saitoh.
La mañana de entrevistas paso sin grandes sobre saltos, hasta cuando pretendieron salir del hotel, a eso de las dos de la tarde, para dirigirse al estadio donde se realizaría el concierto, pues una horda de fans le saltaron encima a la Van que los trasportaba. Una vez en el estadio, se preocuparon de la prueba de sonido, afinación de instrumentos, la voz de Misao, algunos arreglos y la pauta de canciones para la noche. A eso de las diecisiete horas regresaron al hotel para la merienda y recoger sus cosas para el concierto que comenzó de forma puntual a las 21 horas. Como siempre fue un espectáculo de calidad, destreza musical y estallidos pirotécnicos, que dejaron sin voz al público que gozó y gritó con cada una de las canciones. La llegada al hotel fue más que satisfactoria, pero no duro mucho la estadía allí, pues en la madrugada se embarcaron hacia su siguiente destino: Singapur.
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Esa misma mañana, cuando los chicos sobrevolaban el Mar Sur de China, en Hong Kong un hombre de cabellos castaños y traje sastre azulino entraba en el hall del edificio del Politburó.
- Señor Seta, no es cierto? – le preguntaba el señor Liu Ganm que se le acercaba desde atrás seguido, como perro faldero, por el negro de dos metros que tenia de guardia.
- Sí, soy yo – dijo el castaño de mirada extraña dándose vuelta para saludar mejor al hombre – usted es Ganm, no es así? – ambos se estrecharon las manos.
- Sígame, subiremos hasta mi oficina, para que vea mejor la bóveda y así ver si es capaz de averiguar quién fue el responsable, tal como lo señalo su jefe.
- Haré mi mejor esfuerzo – en su rostro se dibujo la sonrisa más malvada que algún ser humano hubiera esbozado alguna vez, por lo que le señor Ganm se sintió inquieto durante todo el silencio que los acompaño mientras ascendían, agravado por que Seta, antes de citarse podio como condición que el edificio estuviera absolutamente vació e impidió que el negro los acompañara hasta la oficina. "Este hombre lleva al demonio dentro" pensó el dignatario.
Al cabo de varios minutos, después de inspeccionar el lugar, Sou sentencio - no sé quienes fueron los culpables – y prendiendo un cigarrillo se sentó en el sillón del escritorio de Ganm.
- Que no!… el señor Shishio me aseguro que usted es el mejor…
- Fue un irresponsable señor Ganm – dijo el asesino aflojando una bocanada de humo, dándole la mas insignificante importancia a la reprimenda del hombre – esa fórmula no debió ser guardada en una bóveda tan insegura como ésta. Hasta un niño de cinco años es capaz de violarla y ustedes no se darían cuenta.
- Nuestra seguridad es de las mejores en el mundo…
- …PERO AUN ASÍ LA FÓRMULA DESAPARECIÓ – lo interrumpió de un grito Seta apretando los ojos de manera tan tétrica que Liu sintió un escalofrió recorrerle el cuerpo – eso es un error que mi jefe no esta dispuesto a perdonar – continuo diciendo en un susurro y apuntando una Pistola Walther P99 con silenciador entre las cejas del asustado dignatario chino. Seta divertido por la cara del hombre de setenta años le disparo a sangre fría, y guardando el arma en su chaqueta se dirigió al cadáver extendido en la alfombra. Lo pateó en las costillas, solo a modo de diversión.
- Por lo menos tienes buenos libros – le dijo antes de marcharse, tan misterioso como había llegado.
Fin del capitulo siete de Five Minut.
Notas de la autora, quenotese soy yo:
(singer with me...) Llego la hora de decir adios!... deciradiooos...digamos la apritr nuestra cancion... nuestra canciooooon!.
Es un poco temprano para decir: - Hasta luego, me voy de viaje al interior rural de mi país, donde internet no hay...por lo que este fic no será actualizado hasta mi regreso, es decir, hasta el 06 de febrero del año en curso.
Aún me queda una semana antes de mi partida, pero esta semana se la dedicaré a Ladrón de almas, del que me confieso no he hecho nada (soy una maldita floja)... quiero subir dos capitulos de ese fic, para no dejar la historia a medias, pues el capi tres es solo de transcisión para lo bueno que estará (espero) el cuatro.
Quiero dar las gracias a aquellas personas que han dejado su review en este fic. Sigan haciendolo, porque me encanta recibirlos y así saber qué es lo que opinan de él y cuáles son las criticas, aportes, palabras de apoyo, insultos. entre otras cosas que puedan dejar.
Muchas gracias a: Akari-aoi, Gabyhyatt, Aiko1504, Cisne.negro, Kaoru-luna, Kaoruluz y Lazara.
Un besote grandote a todas ( a mis Kazukos especialmente)
"Un beso a todas menos a una".
ARCASDREA
