Lazos que unen lo que no se puede unir.

Ichigo.

—Nell—le digo mientras la abrazo con fuerza—, fue un gusto verte.

Ella me da un apretón de vuelta antes de soltarme y dedicarme una enorme sonrisa.

—Podría pasar a recogerte a la escuela mañana. ¿Te parece? Ir a tomar helado o algo.

Le dedico una sonrisa.

—Eso sería genial.

Me despido de Nell e inicio mi camino a casa. Ya son las nueve cuarenta de la noche y seguramente papá va a estar esperando el detalle completo de todo lo que pasó. Como si esperara que volviera diciéndole que acabo de tener sexo con Nell.

Parece que esperara que tuviera novia en algún momento cercano.

Niego con la cabeza ante ese pensamiento, enfundándome las manos en los guantes y cerrando la bufanda alrededor de mi cuello. Hago mi camino hacia casa a largas zancadas, el frío del ambiente quemando sobre mis mejillas y mis ojos. Estoy más que agradecido de avistar el letrero de la clínica mientras me acerco.

Cuando entro, quitándome los zapatos, veo a Yuzu y a Karin sentadas en el sofá, viendo la tele. Papá está bebiéndose un té, sentado a la mesa, mirando de reojo la pantalla que se ilumina y cambia de colores.

Los ojos castaños de Isshin se alzan de su té y se clavan en mí, una sonrisa extendiéndose por sus labios que hace que me den escalofríos. Tengo la necesidad de golpearlo.

—Ah, hijo mío. Vienes hecho todo un hombre, ¿verdad?—pregunta, levantándose de su asiento y caminando hacia mí.

—Cierra la boca, viejo—contesto, arrugando el entrecejo—. Te dije que Nell es sólo una amiga.

—Pero te has puesto muy guapo para ella—su tono de voz sugerente y sus cejas alzadas hacen que mis ansias de que se calle, preferentemente con su cara contra el suelo, aumenten—. Dime, ¿van a comenzar a salir? Oh, Masaki, nuestro hijo está creciendo tan rápido… ahora tiene novia y…

—Que no es mi novia, cabra vieja—le interrumpo, poniendo los ojos en blanco mientras camino hacia donde están acurrucadas mis hermanas. Los ojos de ambas se levantan de la televisión, y Yuzu me dedica una sonrisa—. Hola, chicas. ¿Qué tal la televisión?

Deposito un beso sobre la coronilla de cada una de las gemelas antes de apoyarme contra la parte trasera del respaldo del sofá.

—Terrible—comenta Karin, poniendo los ojos en blanco. Se parece mucho a la forma en la que lo hago yo—. ¿Quieres ver una película, Ichi-nii?

Niego con la cabeza.

—Se va a hacer muy tarde. Deberían irse a dormir. Yo mismo voy a meterme al sobre.

Les dedico una sonrisa antes de volver a besar sus cabezas, y dirigirme directamente hacia mi cuarto con los zapatos colgando de mis manos. Llegar a mi habitación me alivia un poco, haciéndome darme cuenta de lo tenso que la revelación de Nell me había dejado. Sigo sin creerme que Grimmjow Jaegerjaquez, el gamberro de la escuela, sea pariente de alguien como ella.

Me desvisto y me pongo los pantalones del pijama y una camiseta raída para irme a dormir. Cuando me meto en la cama, mi celular, que está sobre la mesita de noche, vibra y deja salir el sonido de alerta de mensaje.

Alargo la mano hacia el aparato, asiéndolo entre mis dedos. Al contacto con mi piel ya caliente, el metal de la parte trasera está frío como el hielo.

Deslizo el ícono en la pantalla para leer el mensaje y sonrío para mí mismo.

~Nell [10:00 pm]: paso a buscarte mañana a las cinco, ¿te parece bien?

Alzo la otra mano y muevo mis pulgares sobre el teclado táctil, escribiendo una respuesta rápida.

~Ichigo [10:00 pm]: me parece perfecto. ¿Helado o pizza?

~Nell [10:01 pm]: helado.

Dejo el celular en el mismo sitio en el que estaba antes de ver el mensaje de Nell y me dejo caer contra las almohadas. Se siente bien tener a mi amiga de vuelta. Después de todo, aunque mis amigos de la escuela son una de las mejores cosas en mi vida, tener una amiga que sea un par de años mayor ayuda a aclarar las cosas cuando necesites consejos de alguna índole.

No es que yo los necesite por ahora.

Por ahora.

Al despertarme lo que me parecen segundos después, noto que faltan cinco minutos para que la alarma de mi celular suene. Dejo salir un suspiro mientras me destapo, el frío de la habitación golpeando mis pies descalzos y mis brazos mientras balanceo las piernas fuera del colchón y las plantas de mis pies tocan el suelo de madera helado.

—A la ducha—murmuro para mí mismo, frotándome el ojo derecho con el talón de la mano. Oh, amigo, qué no daría por enrollarme bajo las cobijas de nuevo. Hace frío y tengo más sueño de lo que debería ser normal.

Me obligo a levantarme de la cama y conseguir una toalla en el closet. Bostezando, hago mi camino hacia el baño, agradeciendo que mis hermanas no estén de pie todavía.

Me ducho lo más rápido que puedo para evitar el frío que hace, y un par de minutos más tarde, estoy terminando de secarme el cabello y vistiéndome con el uniforme de la escuela. Como día viernes, tengo práctica del club de taekwondo, lo que significa que no tendré que pasar dos horas de mi tiempo con Grimmjow. Un alivio.

Oigo a mis hermanas levantarse cuando yo estoy pasándome una camiseta negra por la cabeza. La voz de Karin me llega a través de las paredes, discutiendo suavemente con Yuzu acerca de quién tomaría la primera ducha ese día. Y como siempre, Yuzu es la primera en bajar y dirigirse al baño.

Entonces, siento que alguien toca la puerta. Reconozco de inmediato el tono suave que suena a través de la madera, aunque me sorprende un poco oírlo. Karin casi nunca toca a la puerta de mi cuarto, y mucho menos tan temprano.

—Dame un minuto, Karin—digo en voz alta, abrochándome el botón del pantalón y luego el cinturón—. Bien, ya puedes pasar.

La puerta se abre ligeramente, y por la abertura se introduce la cabeza de Karin. Su cabello negro está desparramado para todos lados debido al sueño y aún tiene ligeras ojeras bajo los ojos. Lleva una bata encima del pijama y va en pantuflas.

—Buenos días, Ichi-nii.

—Hola, Karin. ¿Pasa algo?—pregunto, mirándola con las cejas alzadas mientras termina de abrir la puerta y camina directamente hacia mi cama. Se sienta en ella, los pies aún ligeramente separados del suelo—. ¿Karin?

—Uhm—comienza ella. Un rubor le sube a las mejillas y me encuentro sorprendido al verla sonrojarse. Mi hermana y yo nos parecemos mucho, por lo que es realmente extraño verla azorada. Le pasa lo mismo que a mí no obstante; cuando se enoja, el rosa cuelga de los ángulos de sus pómulos—. Yo… ah. Quiero hacerte una pregunta.

—Dispara.

—Está… bueno, hay un… un chico, en la escuela…

No. Jodas.

Alzo las cejas hacia mi hermana menor, entre sorprendido y ligeramente nostálgico. Han crecido tanto durante estos años que es casi imposible creer que son las mismas niñas que solían jugar en los columpios y subirse a mi cabeza como si fuera yo un árbol.

—Alguien parece estar enamorada—bromeo, casi doblándome en dos al reírme cuando el sonrojo enmascara su rostro completo—. Lo siento, tenía que hacerlo. Venga, dime.

—Bueno, se llama Toushirou—continúa, algo más segura. Al parecer mi broma la hizo entrar en confianza, lo cual es bueno, porque no me gusta ver a Karin enredarse con las palabras. Eso no es propio de ella—. Somos compañeros en el equipo de fútbol…

—Oh—dejo salir. No es como si no me esperara que fuera algo así—. ¿Qué edad tiene?

—Catorce.

—Ah, te gustan los chicos mayores, ¿eh?

—Uh, te estás comportando como papá.

—Oh, Dios, no—compongo una mueca de espanto. No, no quiero comportarme como el viejo—. Todo menos eso.

Ella deja salir una risita.

—Lo que quería preguntarte—prosigue Karin, jugueteando con el dobladillo de su bata— es, ¿cómo sabes que le gustas a un chico? Es decir… no sé, ¿hay alguna forma de saberlo sin preguntarle?

Oh, diablos. No le podría haber preguntado a nadie con menos experiencia en eso. Soy completamente un idiota en lo que refiere a este tipo de temas; nunca me he dado cuenta si le gusto a una chica, y las veces que alguien me ha gustado, simplemente me pongo una máscara de indiferencia. Hasta la hora, Nell nunca ha sabido acerca de mi pequeño enamoramiento, así como Orihime nunca supo que me sentí atraído hacia ella cuando tenía quince.

—Uh, Karin—dejo salir en un suspiro—, le preguntas a la persona menos indicada. Soy un completo idiota en ese aspecto.

Karin mira al suelo, ligeramente decepcionada.

—Pero lo que sí sé, es que los chicos de catorce generalmente no saben qué hacer alrededor de las chicas.

—Toushirou no sabe actuar alrededor de nadie, eso es seguro. Es tan… huraño.

La palabra me saca de balance.

— ¿Huraño? ¿De verdad? Mira quién habla…

— ¡Ichi-nii!

—Mira, Karin. Podrías preguntarle indirectamente, ya sabes. Eres una chica muy inteligente, seguramente se te ocurrirá algo. Además, lo peor que podría decir es no, ¿me equivoco? Tendría que ser un idiota para no ver lo increíble que eres.

Me dedica un ceño fruncido escalofriantemente parecido al mío.

—Tienes que decir eso, eres mi hermano—refunfuña, cruzando sus delgados brazos sobre su pecho.

—Sí, como también tengo que decir esto: si te hace sufrir, voy a golpearlo. Mucho. Aunque seguramente tú serías capaz de manejarlo sin problemas.

—Bien, entonces, ¿cenaron?

— ¿Por qué están todos tan obsesionados con Nell? Diablos, es como si nunca hubiesen visto a un chico y una chica ser amigos. ¿Qué tienen en la cabeza?

Frunzo el ceño hacia mi grupo de amigos mientras cruzo los brazos sobre el pecho. La cafetería está llena a rebosar y por suerte encontramos una mesa lo suficientemente grande para todo el grupo. Ishida, Chad, Shinji, Orihime, Tatsuki, Rukia, Renji, Mizuiro, Keigo y yo estamos todos sentados comiendo ligeramente apretados unos contra otros, pero no es como si no fuera siempre de esta forma.

El sonido de las conversaciones se alza por la estancia como un zumbido persistente que pierde sentido mientras más lo escuchas, como una palabra que pierde significado al pronunciarla muchas veces. Me cuesta incluso escuchar las voces de mis amigos cuando abren la boca, sobre todo porque lo hacen todos a la vez.

—Oh, vamos, ¿Nelliel Tu Odelschwank? Es simplemente preciosa…

—Ichigo, te prometo que si tú no la invitas a salir, voy a hacerlo yo…

—Jesucristo, cállense todos ustedes…

—Son un montón de niñatos hormonales, ¿se los han dicho?

—Rukia no me digas que no es sospechoso…

— ¿Puede todo el mundo callarse y dejar de especular sobre mi inexistente vida amorosa, por favor?—los corto, poniendo los ojos en blanco. Al instante, nueve pares de ojos me miran sorprendidos por mi tono duro y molesto—. De veras. Cállense todo el mundo. Es una amiga.

Una carcajada general explota entre ellos y los doy por perdidos. Incluso Rukia está riéndose como si no hubiese mañana, su frente escondida en el hombro de Renji para que no la vean carcajearse. Ishida, por su parte, trata de mirar hacia cualquier parte, menos nosotros, para esconder la risa que intenta escaparse de sus labios.

Dejo salir un gruñido de molestia. ¿Tienen que ser todos tan infantiles? Sin embargo, cuando se quedan callados y vuelven a mirarme, una nueva carcajada invade la mesa, y esta vez, no puedo evitar reírme con ellos. Maldita sea, soy tan débil.

Las clases pasan como un borrón y pronto me encuentro vestido en mi uniforme de taekwondo, ajustándome las protecciones del pecho y la cabeza. Una vez están bien puestas y correctamente apretadas sin quitarme libertad de movimiento, estiro los brazos y las piernas, soltándolos con movimientos ligeramente bruscos. Una inyección de adrenalina me recorre cuando me paro sobre el tatami, saltando sobre la parte curva de mis pies para luego ponerme en posición y subir la guardia.

Tatsuki, directamente al frente de mí, me imita y sube su guardia, protegiendo su cara con los puños y su pecho y costillas con los codos. Abre las piernas justo a la altura de sus hombros, y oigo la indicación del entrenador para comenzar la pelea.

He conocido a Tatsuki toda mi vida, al igual que su estilo de combate. Nos entrenamos juntos desde pequeños, y siempre solía dejarme sobre mi trasero.

Eso cambió cuando la pubertad atacó.

Viene hacia mí con una patada que trae toda la fuerza de su cadera. Va directamente a mis costillas, por lo que alcanzo a recibir el golpe con el protector del ante brazo, afirmando su pantorrilla con mis manos e imitando su patada, solamente para obtener el mismo resultado.

La dejo ir empujando su pierna lejos de mí, y nuevamente, ella me imita. Somos un espejo el uno del otro como siempre ha sido, pero no es que eso sea un problema. Bloqueo el puño que va directamente hacia mi pecho interponiendo la muñeca y moviendo su mano hacia un costado con un movimiento fluido, descubriendo la protección en su tórax por el tiempo suficiente para marcar un punto.

—Kurosaki—anuncia el profesor—. Dos pasos atrás. Saluden.

Seguimos las instrucciones, y luego, volvemos a lo nuestro.

Pronto el profesor nos dice que podemos deshacernos de las protecciones. Una vez que el calentamiento ha terminado, las protecciones no son necesarias.

La hora y media de entrenamiento drena casi toda mi energía. Uno creería que después de tantos años practicando artes marciales, ya no me sentiría tan agotado después de las prácticas. Eso es un error. Sigo sintiéndome agitado cada día al final de los combates, presumiblemente por la cantidad de adrenalina que llena mi sangre mientras peleo.

Le doy un sorbo a mi botella de agua antes de dirigirme a los camarines del gimnasio. Siento las piernas de goma y el cuerpo tan liviano como una pluma; la actividad física siempre deja esta sensación en mí. El sudor enfriándose contra mi espalda, mi nuca, mis sienes y mi frente.

Luego de una ducha para quitarme la transpiración y de secarme el cabello y el cuerpo, me deslizo de nuevo en el uniforme de la escuela. Guardo mis implementos en el bolso de lona y lo cruzo sobre mi pecho, mirando la hora en mi celular.

Diez para las cinco de la tarde.

La hora perfecta.

De camino a la salida de la escuela, paso por la piscina, dirigiendo una ausente mirada hacia el domo blanco que la cubre. Se oye el silbato y las órdenes de Yoruichi, la entrenadora del equipo de natación.

Inconscientemente, mis pies me dirigen hacia la entrada y hacia el muro de un metro de altura que rodea la piscina y en cuya entrada está la ducha que los practicantes deben pasar para ingresar a su lugar de entrenamiento. Ligeras volutas de vapor ascienden del agua temperada.

—Bien. Jaegerjaquez, Cifer, cuatrocientos metros estilo libre.

Mi mirada se clava en los postes de salida; tablas inclinadas hacia delante sobre un armazón metálico para facilitar la entrada al agua de los nadadores. Inclinados en posición de salida están Grimmjow y uno de mis compañeros de clase con el que nunca he hablado; Ulquiorra Cifer. Es un tipo delgado y pálido de cabello negro desordenado, cortado en melena hasta la mitad del cuello y unos ojos verdes vacíos y sin brillo. Para ser sincero, su mirada fija asusta.

El trinar del silbato me hace volver a la realidad en el mismo momento en el que ambos se lanzan con experticia al agua. Jaegerjaquez apenas si salpica mientras sus manos estiradas sobre la cabeza, con las palmas juntas, cruzan la superficie de la piscina con fluidez. Lo pierdo de vista un momento, ahogándome de sólo pensar cuánto tiempo puede contener la respiración bajo el agua, y unos cincuenta metros más adelante, emerge y comienza a bracear.

He visto suficientes veces los Juegos Olímpicos para saber que el tipo es un experto en lo suyo. Los músculos de sus brazos se mueven con firmeza calculada al salir y entrar del agua, a ritmo de dos por uno, braceando dos veces y tomando una respiración por el costado al emerger a la superficie.

Cerca del borde opuesto del rectángulo de cien metros por sesenta, su cabeza se hunde y veo sus pies apoyarse contra la losa, impulsándose al otro lado con una facilidad que da a pensar que de hecho una vuelta olímpica no tiene ninguna dificultad. Sé por experiencia propia que no lo es; hay que saber calcular el momento en el que el cuello llega a la T dibujada en el fondo, recoger las rodillas y retorcerse del modo correcto para no ahogarse. Requiere de muchísima práctica, pero tanto Grimmjow como Ulquiorra lo hacen como si estuviera en sus más básicos instintos.

El primero en terminar la serie es Grimmjow. Pone su mano contra la losa justo debajo de su poste de salida, y unos segundos después, Ulquiorra se le une, subiéndose los lentes por sobre la frente.

—Excelente, Jaegerjaquez. Mejoraste tu marca en cuatro segundos. Excelente tiempo tú también, Cifer. Cuida un poco más la entrada de tu brazo derecho. Recuerda que mientras más adyacente el brazo al agua, más rápido nadas.

—Sí, Yoruichi.

Oigo el chapoteo cuando Jaegerjaquez se alza solamente con las manos puestas en el borde de la piscina, izándose nada más que con la fuerza de sus bíceps. Se da una vuelta y se sienta cómodamente en la orilla, con los pies aún metidos en el agua, y se quita el gorro de goma y los lentes, sosteniéndolos en las manos.

Sus ojos azules están ligeramente enrojecidos debido al cloro de la piscina y su cabello, a pesar de haber sido protegido por el aislante de la gorra, está ligeramente húmedo, rizándose en sus sienes y la nuca. Se pasa los dedos por la mata celeste, con ademán distraído, echándose unos mechones hacia atrás.

Mira a su alrededor con pereza. Luce más relajado de lo que lo he visto nunca, sin sonrisas socarronas y sin el ceño fruncido. Incluso podría decirse que parece feliz.

Aunque toda la emoción se desvanece cuando su mirada se traba con la mía. Mierda, ni siquiera había notado que lo estaba mirando fijo. ¿Qué me pasa? No se puede ir por ahí mirando al gamberro de la escuela fijamente, no cuando ya tienes un castigo que va a durar todo el año escolar. Y Dios sabe que no quiero más problemas.

Salgo de mi estupor y me giro sobre los talones para seguir mi camino y encontrarme con Nell fuera de la escuela. Con las manos enfundadas en los bolsillos y la mirada fija al frente, doy largas zancadas en dirección hacia la salida.

Cuando alcanzo las puertas, noto que Nell ya está esperándome. Lleva su largo cabello verde turquesa trenzado a un lado de la cabeza, vestida de vaqueros ajustados, botas bajas y un suéter cuello de tortuga de lana. Parece la clase de prendas suaves y confortables, ligeramente peludas.

—Hey, Nell—la saludo, acercándome a ella.

Alza los ojos de su celular, y sus ojos grises se clavan en mí. Una sonrisa enorme le cruza el rostro y se lanza hacia mí, abrazándome como si no me hubiese visto en años.

—No respiro—jadeo.

—Oh. Lo siento. Lo siento…—se disculpa, soltándome y dando un paso atrás. El olor a sándalo se queda impregnado en mi ropa de inmediato—. Lo olvidé. ¿Estás bien?

—Perfecto—repongo, rascándome la parte trasera del cuello. Una enorme sonrisa ilumina su rostro—. ¿Qué? ¿Vamos por ese helado? Me muero por comer algo dulce.

— ¿Vienes de una práctica?—inquiere.

—Agotadora.

—Olvidé felicitarte por ganar las olimpiadas. Grimm me dijo que la pelea fue impresionante.

Le dedico una mirada de sorpresa, mis cejas subiendo casi por voluntad propia hasta la línea del cabello en mi frente.

Sin embargo, me contengo de decir nada. Me sorprende que Jaegerjaquez comentara algo de mí con Nell, pero, como dije al principio de todo esto, ése no es el punto. El punto es… ¿cuál era el maldito punto de nuevo?

—Sí. Oye… lamento haberle pateado el trasero a tu hermano.

¿Qué? Amigo, no. Diablos, no. ¿Por qué me estoy disculpando? No es como si me arrepintiera. Es más; volvería a hacerlo una y mil veces si tuviera la oportunidad. Pero seguramente Nell se habrá preocupado por él, sobre todo sabiendo que Aizen se había comunicado con nuestras familias para informar del incidente. Más que sentirme culpable por golpearlo, me siento culpable de haberle dado a Nell un problema que realmente no necesitaba.

El silencio que sigue a mis palabras me desconcierta ligeramente, así que bajo mi mirada hacia ella. Tiene el ceño fruncido y los ojos directamente al frente, como si estuviera rememorando algo incómodo. No me gusta la expresión de su rostro.

—De hecho, debería agradecerte. Merecía que alguien le diera una buena patada en el culo. A ver si así se le acomodan los sesos.

Deja escapar un suspiro; parece realmente preocupada por su hermano menor. No la culpo. Estoy seguro que si Karin o Yuzu terminaran haciendo de su vida un desastre, yo tendría exactamente la misma expresión. Sigo sin entender en qué posible mundo, Jaegerjaquez puede estar emparentado con ella.

— ¿Sabes? Cuando era un niño, no era así—murmura—. Solía ser muy amable, incluso inocente. Casi bobo. Pero después de… un par de años, nuestras vidas dieron un giro terrible. No es culpa de Grimmjow al fin y al cabo. Él simplemente…

—Nuestro pasado no nos define, Nell—la corto suavemente. Entiendo que quiera justificar el comportamiento de su hermano; yo también lo intentaría. Pero viéndolo desde una perspectiva lógica, todos tenemos la opción de ser quienes queramos, sin importar nada—. Cada uno escoge lo que hace de su vida. Grimmjow escogió mal. No es culpa de nadie más que de él.

Asiente con la cabeza, metiéndose las manos a los bolsillos de los vaqueros y luciendo muy pequeña.

—He intentado todo para ayudarlo. Traté que fuera a terapia, lo inscribí muy joven en el equipo de natación para que descargara su molestia en el ejercicio físico… incluso intenté razonar con él.

"Razonar" y "Grimmjow" no van juntos en la misma oración. Pero, hey, esa es mi opinión. Y mi mamá me enseñó que si no tengo nada bueno qué decir, mejor mantuviera mi boca cerrada.

—Nada parece funcionar.

— ¿Has intentado… no sé, ahogarlo o algo? Quizás una lobotomía

Una risa abrupta sale de sus labios, como si mi sugerencia fuera una broma. No lo era. Aunque dudo que el bastardo pudiera morirse ahogado, una lobotomía bien podría servir para eliminar los instintos de "macho alfa" que parecen empujarlo a hacer de la vida de todos un infierno.

—O podría salir por ahí contigo. Le haría bien ir a alguna parte con alguien que ha pasado por algo parecido.

Y ahí está de nuevo. Es la segunda persona en menos de una semana que me dice que Grimmjow y yo tenemos de hecho más cosas en común que un cabello naturalmente vistoso. La perspectiva no me es ni cómoda ni agradable. ¿Qué podríamos tener en común él y yo? Por como yo lo veo, el ser víctima de acoso puede hacer dos cosas contigo. Una, es convertirte en otro más del montón, creer que tu vida te ha guiado exactamente hacia donde estás ahora como si no tuvieras opción alguna. Grimmjow es esa clase de personas. Y la segunda, hacer que decidas defenderte por ti mismo, sin siquiera pensar en la posibilidad de hacerle lo mismo a alguien más. Esa es la vía por la que yo opté. Jamás sería capaz de hacer cosas como las que él hace.

Como casi ahogar a un chico inocente por toparse con él.

—Él y yo no tenemos nada en común—murmuro, casi refunfuñando.

Nell niega con la cabeza.

—Sí, lo tienen. Desde pequeño, Grimm tuvo problemas por su cabello. Muchos niños solían golpearlo en la escuela. Nuestro padre nunca se preocupó de ello. Y por si las golpizas en la escuela no fueran suficientes, papá solía golpearnos a nosotros en casa cada vez que andaba por ahí. Así que… sí, Ichigo, hay cierto lazo que los conecta.

Ahora, ¿con quién hablo, a quién le corto la garganta para romper ese lazo?