Capitulo 7

Salieron después de medio día del paradero, a pesar de sus suplicas Egon mantenía el pie el en acelerador, se le había planteado llegar a Texas y eso haría.

Estaba anocheciendo cuando llegaron a Houston, las luces de la ciudad se veían a lo lejos, pasaron casi todo el camino en silencio, Ray revisando el expediente con los estudios realizados a la muchacha, Egon concentrando en conducir y Sy leyendo los planos de un nuevo aparato, sin embargo no era un silencio pesado, se trataba más de un silencio de calma, de trabajo en equipo.

Se detuvieron en un parqueadero de camiones de carga a cenar, la comida había desaparecido de la hielera, estaban agotados y necesitaban urgente una buena ración de proteínas.

El restaurante del paradero no estaba completamente vacío, algunas mesas y la barra eran ocupadas por enormes y barbudos hombres de la carretera, camioneros rudos que charlaban a gritos soltando improperios sin importarles las meseras o la flacucha niña acompañada de dos nerds.

Mientras ellos pedían la cena, ella se dirigió al sanitario de damas que estaba totalmente abandonado, entró con mucho cuidado observando que el espejo definitivamente no existía y los cubículos estaban opacos y rayoneados; minutos después salía mas tranquila pero asqueada por el lugar, apenas había dado un paso fuera y un enorme tipo le cerro el paso.

— ¿Hola chiquita, estas extraviada?— sonriendo burlón no la dejaba pasar.

—no, solo déjeme pasar me esperan para comer— sin mirarlo fijamente trataba de pasar por un lado, se percató que el tipo portaba gafas para sol reflejantes y se hizo a un lado asustada.

—Nena no voy a morderte— burlón buscaba detenerla evitando que alguien notara algo desde el comedor.

—créame, no le conviene que esté cerca de usted— susurró –por favor, por su bien… déjeme—

El hombre la jaló del brazo como si quisiera meterla de nuevo a los servicios, pero las gafas la reflejaron y por un momento vio un reflejo distinto; aguantó la respiración y trastabillando se apoyo en un muro.

— ¿Qué eres?— gimió asustado, alejándose de ella como si fuera una cobra o una serpiente de cascabel, imperceptibles marcas delgadas, líneas negras que nacían de sus parpados comenzaron a invadir lentamente el contorno de sus ojos.

Sy no contestó, arregló su cabello y salio del pequeño pasillo, esbozo su mejor sonrisa y se sentó frente a Ray.

Cenaron casi en silencio, ella mirando de reojo al hombre que la vigilaba asustado desde un rincón, Ray y Egon planeando el siguiente tramo del viaje.

—Mañana estaremos en México— le anuncio Ray cuando les servían el postre –me va a tocar conducir—

— ¿Y cuando lo haré yo?— resoplo un poco molesta, dividió su flan en tres y una porción se la dio a Egon que la comió de su cuchara sin dejar de leer unos apuntes.

—si tienes tu licencia de conducir…— canturreo Ray, Sy sacó de su cartera un porta credenciales, su licencia y una credencial oficial que la acreditaban como mayor de edad –ok, llegando a México tu conduces— Sonriente Sy deposito otro trozo de su flan en su cuchara y se lo dio a Ray que lo comió haciéndole un gesto gracioso.

Se encontraban a punto de salir después de haber pagado y rellenado la hielera con botanas y bebidas cuando el camionero que minutos antes molestara a la muchacha se levantara de su asiento dando agudos gritos de dolor, clavando sus uñas en los pómulos.

—¡no déjame déjame!— chillaba como niño asustado, con desesperación arrancó las gafas oscuras de su rostro tatuado con complejos trazos en su rostro, lo blanco de los ojos también mostraba esas líneas que al parecer le quemaban, Silvana lo miró horrorizada mientras Egon y Ray lo observaban confundidos y poniéndose de pie para protegerla, el resto de los comensales se levantaron para intentar detener al hombretón que horrorizado por algo invisible arrebató a uno de sus compañeros un cuchillo clavándolo repetidamente en los ojos.

— ¡Vámonos!— Raymond tomó la mano de Silvana y la levantó de un tirón, Egon lo siguió de cerca aprovechando la confusión en el local; detuvieron su carrera en cuanto se encontraban a un lado del auto.

— ¿Qué fue eso?— Stantz miraba preocupado hacia el local, Sy estaba en silencio temblorosa y Egon tampoco quitaba la vista del restaurante, en cuanto lograron abrir el automóvil sacó uno de sus medidores que apuntó hacia el hombre que era atado por sus amigos en una mesa, el ulular de una ambulancia se escuchó a lo lejos y a pesar de la distancia que los separaba del extraño camionero un discreto blip del medidor lo puso aun más alerta.

—algo lo está torturando y es grande— murmuro Egon — ¡suban rápido!— urgió a sus acompañantes que lo miraban confundidos — ¡Raymond sube!— ordenó y en cuanto cerraron las puertas arrancó dando un derrapón.

— ¿Qué le paso?— Sy temblaba asustada, Ray la abrazaba con fuerza mirando hacia atrás.

—dijiste que lo estaban torturando— a pesar de todas sus experiencias en Manhattan Ray no podía ocultar que estaba sorprendido y preocupado – ¿a que te referías Spengler? ¿Qué detectaste?—

—¿notaron los tatuajes en el rostro?— Egon no retiraba la vista de la carretera —¿los notaron?— insistió y ambos negaron en silencio –era hebreo— nervioso hizo el cambio de velocidad, necesitaba alejarse de ese sitio –no se que decían en general pero al parecer el tipo se echó encima una maldición sin querer, los tatuajes eran palabras de la Torah, solo reconocí "ángel caído" y "serpiente", puede ser que se tatuara sin conocer el significado de esos símbolos—

—como que están muy populares las posesiones en estos días— Silvana se resistía a decirles algo por el momento sobre que ese hombre no tenía nada en la cara cuando la molestó en el pasillo del servicio.

—Entonces hay que volver, necesitamos fotografías de esas marcas— más tranquilo Ray dejaba salir su lado curioso.

—Tenemos suficiente con una posesión por temporada Raymond— Egon no deseaba volver –posiblemente lo que tienes— se dirigió a Silvana— atrajo a lo que torturaba a ese hombre—

—puede ser, ya intentó salir por un espejo— razonó Stantz la chica guardó silencio.

—lo mejor será conducir toda la noche ¿crees poderme relevar en una hora o dos Ray?— Egon ahogo un bostezo.

—Por supuesto— contestó sin dejar de abrazar a Silvana que no dejaba de temblar — ¿estas bien?— la miro preocupado.

—Tengo miedo— susurró, de nuevo era la niña retraída del rincón en el aula de física.

—Tranquilízate, no va a pasar nada, detuvieron a ese hombre y no hay manera que nos alcance— razono Egon mirándola por el espejo retrovisor, de nuevo se había cubierto la cabeza con la gorra de su chamarra, estaba hecha ovillo en brazos de Ray.

—intenta dormir ¿quieres?— Ray la arropo con su propia chamarra – Egon creo que mejor bajas la velocidad, no veo que alguien nos persiga y no quiero que llames la atención de algún policía—

Obedeciendo las indicaciones bien razonadas de su amigo bajó un poco la velocidad, las luces de Houston estaban más lejanas y frente a ellos la oscura autopista parecía interminable.

Intercambiaron lugares dos horas después, Silvana dormía inquieta a pesar de que Egon la abrazaba igual que Ray, su respiración era agitada y no dejaba de temblar.

—Creo que debemos buscar un lugar donde dormir, Sy no esta nada bien— sugirió Spengler sin embargo no alcanzaban a ver alguna luz en kilómetros.

—en cuanto encuentre un sitio me detengo, por ahora no creo que sea lo más seguro— contestó Ray con un cigarro sin encender en los labios — ¿Cómo está?—

—aunque duerme está aterrada, necesito darle un calmante— sin soltarla busco con la vista la pequeña maleta que llevará siempre con él, un botiquín más que básico que considero importante llevar, sobre todo por la situación inestable de la chica, con un poco de incomodidad lo alcanzó y sacó una jeringa que llenó de un liquido blanco, inyecto en el brazo a Silvana.

—Sujétate, tenemos que ir más rápido— aviso su amigo pisando a fondo el acelerador, las llantas del Ecto chirriaron haciendo eco en la noche.

En el paradero que dejaron atrás los paramédicos no sabían que hacer con el enorme camionero que se retorcía atado en la camilla; con certeros golpes se había sacado los ojos sin dañar al cráneo, la piel morena por el sol y surcada de extraños trazos se contraía reseca abriendo las líneas en carne viva provocándole un enorme dolor y balbuceaba sin parar.

—perdóname, lo siento, perdóname pero para esto por favor— susurraba sacudiéndose espasmódicamente en la camilla, en un instante inhalo con fuerza como si el oxigeno en el ambiente desapareciera –perdóname señora perdóname— gritó y quedó exánime en la camilla.

Amanecía cuando por fin Raymond encontró una señalización, anunciaba cabañas y podrían pasar un día en lo que la muchacha se recuperaba.

No despertó a Egon que por fin había podido dormirse un kilómetro atrás, de ella no podía saber si estaba dormida o inconciente pues además de la chamarra, su cabello blanco cubría el rostro de la muchacha.

El hosco administrador de las cabañas no hizo preguntas cuando al registrarse usara un obvio nombre falso, le dio un llavero hecho con un pequeño y simple pedazo de corteza, le señalo hacia donde llevar el auto.

— ¿Egon?— con un suave empujón en el hombro despertó a su amigo que saltó nervioso –tranquilo, encontré donde descansar y atenderla— Egon aun adormilado echo un vistazo sin salir del auto –aunque el Ecto es inconfundible me registré con otro nombre—

—Bien hecho— la alta estatura de su compañero reclamaba algo de espacio y se estiró buscando más comodidad –abre la puerta de la cabaña y checa el interior mientras yo la llevo—

Ray entró al lugar buscando todo aquel lugar donde el demonio pudiera salir, sin embargo la cabaña era rustica, todo era de madera y el único reflejo era un espejo despostillado en el baño, con cuidado lo sacó al exterior de la habitación dejándolo con el reflejo hacia abajo, bien oculto en un rincón del apolillado ropero.

Hizo una señal a Egon para que entrara con la chica que llevaba en brazos, le ayudó a acostarla cuidadosamente en la estrecha cama y respiraron aliviados después de revisar el lugar por fuera, no había nadie cerca y el administrador fumaba sentado en el pórtico de la oficina ignorándolos.

—necesito dormir— gimió Ray sentándose pesadamente en el incomodo sofá de madera tallada cubierta solamente por unos delgados cojines y una manta tejida a mano, Egon no dijo nada, solo después de revisar que Silvana estuviera dormida y tranquila tomó asiento en una mecedora también de madera.

Durante horas todo fue silencio, solo los suaves ronquidos de Ray se dejaban escuchar de vez en vez, era ya tarde cuando Silvana despertó, se sentía despejada y la sensación de miedo había desaparecido.

Se levantó con cuidado de la cama y con una de las mantas cubrió a Raymond que solo se movió inquieto; a Egon lo despertó guiándolo medio dormido hasta la cama, también lo cubrió y se quedó un momento de pie mirándolos fijamente con una sonrisa tierna dibujada en sus labios.

Poco recordaba del tiempo transcurrido en el auto, pero recordaba claramente lo sucedido en el paradero; el hombre acosándola en el pasillo de los servicios, un extraño reflejo en las gafas de sol, no era el monstruo, había sido otra cosa que le dio cierta tranquilidad, que desapareció al ver la reacción del hombre minutos después.

Recordaba los aullidos del gigantón y sangre, mucha sangre salpicando todo; sacudió la cabeza para eliminar esos pensamientos y de nuevo se concentro en los dos que dormían agotados tras una jornada difícil.

Salio de la cabaña, las luces del atardecer pintaban de dorado algunas nubes y el viento susurraba entre las hojas de los árboles, era un panorama relajante y respiró con fuerza, llenando sus pulmones con aire limpio, con sol y con aroma a pinos, plantas silvestres y flores coloridas.

Al no tener nada más que hacer entró al Ecto a revisar la hielera, en su penúltima parada se surtieron de bebidas y bolsas de frituras, aún había bastante así que no seria necesario salir a buscar algo que comer, al menos ella se conformaría con unas papas fritas y un refresco tibio, pero ellos habían conducido sin parar, necesitaban algo más substancioso.

La noche comenzó a caer y el administrador se acercó a ella que permanecía recargada en el Ecto, llevaba una lámpara de aceite en la mano y caminaba con paso seguro, conocía perfectamente cada piedra y raíz que sobresalían en el camino.

—Van a necesitar esto— le entregó la lámpara –no hay electricidad— informó.

—gracias— aceptó la linterna — ¿hay algún lugar cercano para comer?— ignoraba donde se encontraban.

—Cuando tenemos huéspedes mi esposa prepara algo— gruño el hombre curtido por la vida en la montaña –si quiere puede pedir que les prepare la cena—no le molestaba que le pidieran comida, no le molestaba nada, solo que era cortante por naturaleza.

Silvana pensó algo rápido y sencillo, dio algunas sugerencias y el administrador tras advertirle que sería un cargo extra se alejo de ella caminando hacia una cabaña un poco más alejada de la que salía humo de la chimenea de la cocina.

Entró a encender algunas lámparas, también encendió la chimenea y limpio un poco una mesa destartalada que servía de comedor, colocó la lámpara en la mesa esperando pacientemente el regreso del administrador que no tardo demasiado; un aromático café le hizo sonreír, al menos una bebida caliente y emparedados les ayudarían a distraer esa sensación de hambre, tenían casi 24 horas sin comer. Tan solo cerró la puerta y el aroma del café despertó a los durmientes.

—Mmm...— Susurró Ray saboreando ya una taza –me hacia mucha falta algo así—

—Solo pude conseguir algunos emparedados— Silvana se justificó, ambos le sonrieron agradecidos –estamos fuera de temporada de caza y el administrador no tiene mucha reserva en la despensa por ahora—

—Es más de lo que esperaba— respondió Egon cerrando los ojos mientras degustaba su bebida –me había resignado a cenar solo papas fritas—

Comieron en silencio, ella no quería hablar de lo sucedido la noche anterior, debían seguir adelante y recordar los eventos pasados podrían traer de vuelta a esa "cosa" que la perseguía inmisericorde.

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¡vamos con todo colega!