Los personajes no me pertenecen, solo juego con ellos en mi cabeza

contiene temas fuertes, si eres menor de edad o no te gusta; no lo leas...

Edward Pov

Me desperté sintiendo leves caricias, suaves, en mis brazos, en mi pecho y abdomen. Se sentían muy bien, cálidas y relajantes. Unas suaves manos se paseaban por mi cuerpo, acariciándolo tiernamente.

Ronronee casi automáticamente, sintiendo levemente sus uñas rozar mis brazos, luego siguió con sus caricias a mi pecho, tocándolo, rozándolo, haciéndome sentir escalofríos. Podía sentir como mi cuerpo estaba reaccionando ante estas atenciones.

- Despierta corazón- dijo una dulce voz en mi cuello. Pero las caricias no cesaban, sentí besos dulces en mi cuello. Mierda, mi cuerpo ya estaba totalmente despierto. Pero entonces recordé quien era la mujer que estaba a mi lado, la mujer de la que iba a divorciarme muy pronto.

Me separe levemente de ella, me senté en la cama y talle mis ojos. No había podido dormir mucho que digamos cuando Rebeca pegaba sus curvas completamente a mi cuerpo. O cuando sus piernas rozaban partes sensibles de mi anatomía. Lo peor de todo es que ella lo hacía dormida, ya que la había tratado de mover, pero nada, ella lo hacía inconscientemente. Por lo que dormí con una enorme erección toda la noche.

La sentí colocarse a mi espalda. Sus manos se posaron en mis hombros masajeándolos. Cerré los ojos inconscientemente, disfrutando de la exquisita caricia.

- ¿Dormiste bien amor?- pregunto con voz suave, susurrándole a mi oído. Haciéndome estremecer. ¿Por qué de repente se comportaba de esta manera? Voltee un segundo para ver su rostro. ¡Dios! Se veía mas hermosa de lo que recordaba. Su cabello hecho una linda maraña, sus labios rosados, llamándome a besarlos. Una de las tiras de su camisón estaba bajada, dejándome ver la sensual silueta de sus hombros desnudos. La orilla de su camisón esta levemente levantada, dejándome ver sus deliciosas piernas. Me golpee mentalmente, tenia que pensar con la cabeza de arriba, no la otra.

- Si algo- dije secamente, levantándome de la cama, caminando hacia la ducha. Temía que me pidiera dejarla acompañarme, pues no podría resistirme a esa visión celestial. Para mi suerte ella no hizo ademan de querer entrar a tomar un baño conmigo. Pero por alguna razón, estaba esperanzado de que lo hiciera, me sentí un poco frustrado que no hiciera la sugerencia. Me detuve a medio camino, planteándome si yo mismo debería invitarla. Pero recordé cuantas veces lo hice antes y ella simplemente me ignoro. La rabia comenzó a corroerme por lo que seguí caminando y cerré la puerta de un golpe.

Me desnude completamente y me metí a la regadera, estaba algo confundido, ¿Por qué estaría actuando tan raro? Ella jamás ni siquiera en el tiempo de nuestro noviazgo se comporto tan atenta, y ahora que pienso rehacer mi vida, ella viene y cambia su actitud. Si lo hubiese hecho cuando yo intentaba salvar nuestro matrimonio, creo que hubiese sido la clave para poder ser felices, pero ahora, sentía que era demasiado tarde.

No iba a mentir. Me gustaba su cambio. Me gustaba la dulzura que profesaba. Me gustaba sus muestras de cariño y sus atenciones. Pero no era estúpido como para volver a caer.

Nuestro encuentro de ayer se me vino a la mente. Podía sentir hasta el sabor de sus labios en los míos. Su piel se había sentido mas suave y delicada de lo que recordaba. Pero había algo diferente. Sus ojos, jamás me habían parecido tan transparentes. Además, podría jurar que ahora se veían mas claros, en fin.

Sentí una punzada de dolor, sorprendiéndome al ver mi miembro totalmente despierto. Estaba sorprendido, porque nunca me había excitado tanto con solo pensar en una mujer, mas bien en mi "mujer" si nos íbamos a esos términos. Pero aquí estaba yo, con una erección monumental y dolorosa. ¿y si le pido que se haga cargo? ¿Y si la traigo para que se ocupe de lo que ella misma provoco? Estuve casi a punto de salir desnudo de la habitación y traerla para que follaramos deliciosamente. Pero no. Debía ser fuerte.

Suspire, no me quedaba de otra. Tome mi miembro entre mis manos, y comencé a acariciarlo de arriba abajo, apretando ligeramente. Cerré mis ojos, y los recuerdos de su piel la noche anterior empezaron a pasar como una película en mi cabeza.

Imaginaba que eran sus manos las que me tocaban, haciendo que mis embestidas se hicieran mas rápidas. Mi respiración estaba agitada. Mi brazo libre estaba apoyado contra la pared. El agua caía sobre mí piel, haciéndome sentir mejor.

Luego imagine que eran sus labios los que rodeaban mi miembro, haciendo mis embestidas casi freneticas.

- Vamos… nena…- dije con mis ojos cerrados gimiendo incontrolablemente, con la imagen de mi esposa en mi cabeza.

- Mas rápido nena… mas duro…- dije fuera de mi. Ya podía sentir como llegar el clímax, por lo que comencé a acariciarme mas duro.

- Agghh- grite estallando. Dejando que mi clímax se apoderara de mi cuerpo por completo.

Me recargue contra la pared tratando de normalizar mi respiración. No podía creer que tuviera que masturbarme pensando en mi esposa. Ni siquiera con Tanya lo había hecho. Estaba realmente jodido.

Termine de bañarme, Salí de la habitación, con algo de temor, no sabia que haría si la encontraba en una posición o situación indecorosa. Pero no, ella no se encontraba en la habitación por lo que me cambie con mi traje formal, para ir a trabajar.

Baje las escaleras con la corbata todavía suelta, en todos mis años, jamás aprendí a hacer el nudo, por lo que le pediría a Sue, mi ama de llaves que lo hiciera por mi.

El olor a café y tocino me lleno por completo. Dios olía delicioso. Casi arrastrado por el olor llegue a la cocina, sorprendiéndome al instante.

- Si… se lo juro que lo hizo, entonces me le pare de frente y le dije "si no me devuelves esa bolsa de frituras me quitare mis tacones y los estrellare en tu cabeza"- dijo Rebeca, haciendo estallar en carcajadas a Sue. Yo las mire asombrado. Rebeca jamás había hablado con el servicio de manera amistosa. Decía que no era de nuestra clase social y todas esas mierdas. Odiaba su forma de pensar. Pero ahora estaba aquí, sonriendo amistosamente con nuestra ama de llaves.

Me fije en Rebeca, su cabello estaba hecho un moño con pinzas que salían de su cabeza. Tenia puesto un jean oscuro y una blusa de tiras color amarillo. Se veía muy sexy. No entendía porque ahora se vestía de esa manera. Jamás lo había hecho. Sabia que mis ojos estaban oscurecidos.

Carraspee incomodo llamando la atención de ambas. Rebeca me miro con una gran sonrisa, y prácticamente bailo hasta llegar a mi.

- Hola cielo- dijo parándose de puntitas y rozando levemente mis labios. Embriagándome con su sabor y su olor dejándome completamente aturdido. – Déjame ayudarte con esto- dijo refiriéndose a mi corbata. Tomo ambas partes y comenzó a anudarla y arreglar mi camisa cariñosamente. Yo mire a Sue confundido, para ver si ella tenia alguna idea de lo que sucedía. Ella se encogió de hombros, negando con la cabeza. Al parecer ambos estábamos en las mismas. – Ya esta amor- dijo Rebeca separándose de mi. Yo la mire fijamente. Ella sonrió embelesándome. Sacudí la cabeza mentalmente. Piensa frio.

- Algo huele bien- dije tratando de cambiar de tema. Sentándome en la mesa. Rebeca sonrió alegre.

- Pues me alegro mucho, he preparado el desayuno para ti- dijo tomando un plato, sirviendo un poco de todo y colocándolo frente a mi. Tomo una taza de café haciendo lo mismo.

- ¿Tu cocinaste?- pregunte arqueando una ceja, esperando que Sue la desmintiera. Pero no, Sue asintió dándole la razón, confundida al igual que yo.

- Claro, quiero complacerte en todo bebé- dijo dándome un fugaz beso en los labios, sirviendo otro plato. Yo la mire nuevamente. Esta mujer iba a volverme loco.

Mire mi comida, se veía todo delicioso, lleve un trozo de huevo y tocino a mis labios y casi gemí por lo bien que sabían, tome un sorbo de café y al igual que la comida, estaba exquisito.

- Esta delicioso- dije sin poder evitarlo. Ella volteo a verme complacida.

Puso otro plato en la mesa, seguido de un tercero. Arquee una de mis cejas. ¿Acaso esperábamos visitas tan temprano?

- Siéntate con nosotros Sue- dijo Rebeca, sorprendiéndome a mi, y de paso a Sue, que la miraba con los ojos como platos.

- No… Señora, No… no es apropiado- dijo Sue incomoda.

- En primera, no me llames Señora Sue, llámame Be… digo llámame Rebeca, en segundo, a Edward y a mi nos encantaría que desayunaras con nosotros, ¿verdad amor?- dijo mirándome a mi. Yo estaba en silencio. ¿De cuando acá tanta amabilidad? Digo… a mi no me molestaba que Sue comiera con nosotros, ya que la consideraba parte de mi familia, pero que Rebeca lo hiciera, era algo sorpresivo.

- Claro- dije sonriéndole amablemente a Sue, quien me miraba apenada y algo asustada. Rebeca le corrió la silla y ella algo insegura se sentó.

Comenzamos a comer los tres en silencio. Sue fue perdiendo la incomodidad y se veía mas tranquila. La comida estaba deliciosa. Rebeca de ves en cuando hacia comentarios de cualquier cosa, imagino que para que el momento no fuese tan incomodo. Luego de terminar, sorprendiéndome nuevamente se ofreció a lavar los platos. Sue y yo solo nos miramos extrañados del comportamiento de mi esposa.

- Me voy- dije caminando hacia la puerta. Cuando sentí una pequeña manos detenerme. Voltee y Rebeca me veía con un dulce y sexy puchero, que jamás le había visto, y que me gustaba.

- ¿Te vas sin despedirte de mi, mi amor?- dijo aun con su puchero. Yo quede como idiota viendo sus labios. Quería besarlos pero no sabia si hacerlo o no. Ella pareció ver mi indecisión porque se paro en puntitas y beso mis labios, atrayéndome a ella. Sin poder contenerme puse mis manos en su cintura, el beso se profundizo cuando ella metió su lengua en mi boca, haciéndome gemir. Mis manos soltaron su cintura, para bajar a su trasero y acariciarlo ardientemente. Me separe de ella cuando el aire nos falto.

- Debo irme- dije con mis ojos cerrados, apartando las ganas de cogerla en brazos y tomarla contra el sillón.

- Llega temprano amor- dijo dejando otro beso en mis labios. Sonreí sin poder evitarlo, deje un beso en su coronilla, tome mi maletín y Salí por la puerta para irme a la empresa.

Me subí a mi auto, y mire a la puerta, viendo como estaba parada en el marco, esperando a que me marchara. Se despidió con la mano suavemente, y sonrió. También me despedí, sintiendo como una pequeña punzada en el pecho al tener que irme.

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- Buenos días Lucy- dije pasando al lado de mi secretaria, caminando a mi oficina.

- Buenos días jefe- dijo caminando detrás de mi, con papeles en la mano. – Que buen humor traes hoy tesoro- dijo una vez estuvimos en mi oficina.

- Ni que fuera un ogro- dije divertido. Ella sonrió cariñosamente.

- No me digas que ya le impusiste el divorcio a… bueno tu sabes- dijo susurrando. Reí.

- No, aun no- dije simplemente, sentándome en mi escritorio. Comenzando a revisar papeles, firmar permisos, balances, etc.

- Entonces fuiste a verte con la mujercita esa ¿no?- pregunto seria, refiriéndose a Tanya. Suspire.

- No- dije secamente.

- Mira Edward, ya se que no quieres que me meta en tus asuntos, yo estoy de acuerdo en que busques el amor que te falta, pero esa rubia no te traerá nada bueno, ella no te quiero de verdad corazón, lo que la llama son los ceros que posee tu cuenta en el banco, y tu apellido- dijo mirándome preocupada.

- ¿Crees que no lo se?- pregunte sarcástico, Oh. Claro que lo sabia. – Ella es solo una distracción- dije

- Pero… - la corte.

- Hazme una cita con el Señor Williams, necesito que me entreguen los planos del hotel nuevo terminados- dije cambiando totalmente de tema. Ella suspiro y asintió saliendo de la oficina.

Como si por arte de magia la hubiésemos invocado, mi celular comenzó a vibrar anunciando que Tanya estaba llamando. Descolgué.

- ¿Por qué no me contestabas el teléfono?- fue su saludo. Suspire cansado. No estaba de ánimos para reclamos sin sentido.

- Estaba ocupado- dije recordando que estaba haciendo en ese momento, sacándome una sonrisa, y haciendo que mis pantalones se achicaran.

- ¿Estabas con ella no? Con la frígida de tu esposa ¿verdad?- dijo histérica.

- No tienes derecho a reclamarme nada Tanya, tu sabes que lo nuestro es solo sexo- dije aprovechando para aclararle las cosas.

- ¿Cómo puedes decir eso? Osito yo te amo- dijo con voz lastimera. Sinceramente no me causaba nada.

- Jamás te he prometido nada Tanya- dije exasperado.

- Pero yo te amo, no lo entiendes, tu esposa no te ama, se ha de revolcar con cualquiera, en cambio yo solo tengo ojos para ti-

- ¡Eso no es de tu incumbencia, y si no quieres que se termine lo nuestro será mejor que dejes de joderme la vida!- ladre molesto.

- Pero amor…- la corte.

- Después hablamos- corte la llamada. ¡Mierda! Siempre era lo mismo. Siempre reclamándome cosas sin tener el derecho. Era cierto que Tanya era más atenta que Rebeca, pero no me gustaba escuchar sus insinuaciones.

Seguí tratando de concentrarme en mi trabajo, pero no podía dejar de pensar en el día de ayer, en su actitud, en ese perfume, en sus ojos, en fin, en ella completamente. Al final, termine con una dolorosa erección.

Si me iba a divorciar de Rebeca, no debía dejarme llevar, después sería complicado separarnos.

Suspirando por mi debilidad teclee rápidamente un mensaje.

Voy a tu departamento, espero estés lista para mi.

Edward

Sin esperar respuesta, tome mis cosas y conduje como loco a su departamento. Necesitaba una liberación, y sabia que ella me la daría. Era un pendejo de mierda por hacer estas cosas, pero no había de otra.

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- Osito te espe…- no la deje hablar, choque violentamente mi boca con la suya acallándola.

- No hables- dije cuando nos separamos. La desnude sin miramientos, me coloque un condón, y la penetre salvajemente, teniendo en mi mente el rostro de mi esposa. No hubieron caricias, ni delicadezas, era yo penetrándola sin ver mas allá de mi propio placer. Ella no era tonta, jamás se quejaría de mi comportamiento, pues ella perdería mas que yo. Sentía que no podría correrme, por lo que cerré mis ojos, y fueron unos ojos chocolate los que me miraban con deseo, era un piel de porcelana la que tenia sobre mi, era un olor a fresas el que me embriagaba y unos labios dulces sabor a caramelo los que me volvían loco.

Me corrí rápidamente, saliéndome de su interior. Abriendo mis ojos y viendo realmente con quien había estado en lugar de Rebeca. Me sentía como una mierda.

- Mi amor- dijo con vos demasiado melosa para mi gusto, no sonaba como lo había dicho ella esta mañana…

- Me voy- dije poniéndome mi ropa. Sin mirarla.

- Pero…- la corte.

- Debo irme- dije mirándola sin discusiones. Ella se mordió la lengua para no decir lo que en realidad quería. Salí por la puerta escuchando como me llamaba, la ignore y camine hacia mi auto. ¿Por qué de repente hoy sentía que le había fallado? ¿Por qué hoy me sentía más mierda que otros días? Tal vez era el hecho de que ella había intentado ser distinta, pero eso no cambiaba nada, el daño estaba hecho, no tenía arreglo o ¿sí?

Como si el destino quisiera atormentarme mi celular sonó. Rebeca decía en la pantalla. Sentí un dolor agudo en el pecho, haciéndome sentir como el más miserable de los hombres. Sabía que discutiríamos y no tenía el ánimo para hacerlo. Pero de igual manera conteste.

- Hola cielo- fue su saludo, haciéndome sentir peor.

- Hola- dije nada más.

- ¿Ya vienes a casa? Te extraño- dijo con voz dulce, haciéndome cerrar los ojos e imaginarla aquí a mi lado.

- Si, estoy algo cansado- dije solamente. Necesitaba un baño.

- Claro amor, ya veras, te tengo una rica cena, y de paso te preparare un baño de burbujas para que te relajes- dijo cariñosamente.

- Claro- dije sin saber que mas decir. Pero sinceramente ansiaba ver a mi esposa, por primera vez en mucho tiempo lo ansiaba.

- Te espero en casa cariño- dijo cortando la llamada. Suspire, ¿Por qué de repente dolía mi pecho como si tuviera una herida sangrante? No tenía ni idea. Con un nuevo suspiro, conduje solitariamente hasta mi lo que se hacía llamar "mi hogar"

Bella Pov

- ¿Cómo?- grito por el otro lado de la línea. Rodé los ojos, ya se lo había repetido como cuatro veces.

- Lo que escuchaste- dije cansada.

- Dios, Bells, es que no puedo creerlo. ¿Casi te acuestas con el?- chillo, haciéndome sentir muy pero muy mal. Porque si, si él no hubiese parado, yo no hubiera tenido voluntad para hacerlo. ¡Me deje llevar! Ósea, se suponía que era él, quien debía ser seducido, no yo… pero es que tocar su pecho, sentir su aroma tan masculino, sus manos… OH. MI. DIOS. Que manos, eran grandes y masculinas. Sus besos… Oh lala, ósea, jamás me habían besado así. Juro que casi le grito "hazme tuya hombrezote" pero uf, pude controlarme. Sus ojos… esos ojazos verdes, Dios, ¿Cómo lo voy a soportar? Estuve a un pelito de nance de acostarme con mi "cuñado" no, no , no y no, esto no debe pasar, porque aunque James y yo cortamos, ya que dijo que sentía que yo estaba diferente y blablablabla, yo lo quería, pero por ahora no me sentiría bien estando con el y jugando con Cullen a la vez. – Bells Yuju te perdí- grito Jane llamando mi atención.

- Ups lo siento amiga, me quede pensando, ¿Qué decías?-

- Ay Bells, andas en las nubes, pero te comprendo, yo tampoco me hubiera resistido, y dime, ¿Cómo la tiene? ¿es tan grande como dicen? Cuéntame anda- canturreo

- ¿Y es que no me estas escuchando?, no paso nada, no lo vi desnudo, ni nada por el estilo- dije exasperada.

- Ok, así que… Tanya Dénali ¿no?- pregunto

- Si, Tanya Dénali su amante- dije con una mueca, por lo menos ahora sabia el nombre de la… no debo decir malas palabras, las niñas buenas no decimos malas palabras… en fin, ahora sabia el nombre de su amante, eso ya era algo. – Ya sabes que hacer ¿no?- pregunte a Jane, sabiendo que ella podría espiar a esa mujer, quería saber como ella, debía conocer a mi "enemigo"

- Claro, tu confía en mami- dijo riendo. Yo sonreí, ahora debía comenzar el juego de la seducción, solo esperaba no quemarme también.

HOLA CHICAS… ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO… GRACIAS POR TODOS SUS REVIEWS, ME ALEGRARON MUCHO… ¿QUE OPINAN DE TODO?

DEJEN SUS REVIEW PLISSSS

FAVI: GRACIAS POR COMENTAR CIELO, ESPERO QUE TE GUSTE EL CAPI… BESOTES PARA TI TAMBIEN…