Outtakes 7 – Amigos.

El verano en Forks tenía un montón de cosas buenas, aunque lloviera días sin descanso y la niebla no parecía querer levantar. No sólo la falta de horarios les permitía holgazanear y disfrutar de la familia, si no que allí estaban sus amigos.

Gracioso, ¿verdad? Nunca antes había tenido amigos. No recordaba mucho de su vida anterior, pero de por seguro que había sido un chico un tanto solitario, con sus estudios, su música y sueños que quedaron truncados. Además, en 1900 estaba seguro que los actos sociales eran muy diferentes a los de ahora y no se llevaban las citas de juegos o para tomar un café después de clase, cuando todo sería tan encorsetado como las propias ropas que se llevaban. Durante 90 años luchó durante sus propios demonios interiores, tenía a sus hermanos en los que apoyarse y hasta que no conoció a Bella no supo lo que era sentir algo más allá del cariño fraternal.

Pero lo más gracioso de todo es que por Bella conoció a Jacob Black y era aquel al que consideraba un amigo. En la Universidad ni tenía tiempo ni ganas de hacer amigos. Bueno, eso había sonado un poco mal. No es que las personas con las que compartía clase no le cayeran bien, al contrario, había un par de chicos que le eran muy simpáticos y con los que a veces quedaba en la Biblioteca para compartir notas e impresiones, pero tenía un objetivo muy claro y entretenerse en actividades sociales le desviaban de ella: entrar en la Escuela de Medicina lo antes posible. Y si para conseguirlo perdía amistades, es que tampoco eran muy buenas.

Además, estaban Bella y Lexie, las únicas dos personas con las que quería disfrutar de su tiempo. Esme y Carlisle. Y ahora Emmett y Rosalie y pronto su nuevo bebé. Hablaba con Alice por teléfono y se intercambiaba emails con Jasper cuando se pasaba días de instrucción. Por eso, fuera de ese círculo sólo estaba Jacob Black.

Se sorprendía muchas veces cuando le ocurría algo o veía algo que le recordaba a él pensando "tengo que contárselo a Jake" o "qué opinará Jake de tal cosa". Hablaban mucho por teléfono, le contestaba emails con mayúsculas y faltas de ortografía porque para él pasar el corrector ortográfico parecía una pérdida de tiempo, y compartían planes. Y eso le hacía sentir muy bien. Porque Jake era parte de su familia y cimentar su relación hacía borrar décadas de enemistad.

Por eso, mientras Bella y Lexie disfrutaban con Charlie Swan había reservado un rato para pasarse por La Push y hablar con su amigo.

En La Push. Eso, ¿quién lo diría? La cabeza no le iba a explotar, no percibía pensamientos ajenos y excepto por la niebla espesa que se cernía en la costa o el ruido de un mar embravecido, aquel lugar era un remanso de paz.

Detuvo el coche tras una moto llena de barro y junto al Volkswagen rojo para bajarse. Entonces, llenó los pulmones de aire. Allí… olía de maravilla. A madera, musgo, tierra mojada y además a mar, el que se escondía tras aquellas casas en una playa que sólo había visitado en una ocasión. Y no muy buena, por cierto. Tenían que volver. Ese verano, volverían. Bella, él y Lexie. ¡Lexie! La primera vez que Lexie visitara una playa y pisara la arena con sus piececitos descalzos debía de ser en La Push.

Aquel sitio lo merecía.

El ruido de un crujido de madera y el chirrido de una bisagra, le hicieron salir de sus cábalas y mirar hacia la pequeña casucha: Jacob Black estaba en el porche mientras se ponía una sudadera para sonreír.

Jacob Black había cambiado mucho en ese tiempo, quizás como él. Ahora era un chico… normal. Había dejado de crecer, había perdido su musculatura y estaba visualmente más delgado. Además de dejar de pasearse por ahí descalzo y sin camiseta. Por ejemplo, ahora mismo se abrigaba con una prenda de algodón, llevaba un pantalón largo e incluso botas de montaña.

-¿Coche nuevo, tío?- preguntó sin más.

-Con todos los extras, te va a encantar en cuanto levante el capó- respondió.

-Como se nota que eres un negado para la mecánica- dijo con un chasquido de lengua- Estos coches modernos lo tienen todo eléctrico y no hay por donde meter mano. Y más los europeos. Además, ¿Qué te pasa con los Volvos? ¿Eres accionista de la marca, o que?

-Me gustaba el modelo: es seguro, grande y fiable. Ideal para la familia, estas carreteras y este tiempo tan asqueroso- explicó- Ahora ya no me preocupa tanto que sea rápido, como antes. La sillita de Lexie no queda tan bien en un deportivo- bromeó.

-¿Dónde están?

-Con Charlie. Necesitaban un tiempo a solas.

-Has hecho bien- le guiñó el ojo- ¿Qué tal todo por la Mansión? ¿La Barbie y el grandullón?

-De luna de miel. Los demás te envían recuerdos. Y Alice, esto.

Se acercó para tenderle el sobre dorado con su nombre que Jacob aceptó mirándolo extrañado para abrirlo de un tirón. Pasó sus ojos rápidamente por la tarjeta y después levantó una ceja.

-Planee lo que planee la pequeñaja, no sé qué hará para superar la celebración de tu cumpleaños del año pasado.

Edward se rió para darle un golpecito con el codo.

-Nada podrá igualarse a lo del año pasado. ¿Vendrás, verdad?

-Claro, tío. ¿Una fiesta con los Cullen? Por aquí nunca pasa nada tan divertido.

Le devolvió el codacito y después se abrazaron para palmearse la espalda.

-Venga- dijo Jake- Abre ese capó. Te voy a enseñar la diferencia entre una llave de tubo y una inglesa.

Ver cómo las manazas de Jake se movían con tanta soltura entre las piezas de un coche siempre le hacían animarle hasta la saciedad de que montara su propio taller cuando se graduara, cosa que no pasaría hasta el curso próximo. Jake había perdido tanta clase cuando formaba parte de la manada, que ni ahora, que era un chico normal, e iba todos los días a clase y hacía sus deberes a tiempo, iba a conseguirlo. Por eso, tras mirar el coche nuevo, dar incluso un paseo por la playa - donde Edward le confesó sus planes de ir con Lexie a que conociera la arena y el mar - terminaron su tarde en casa de los Black frente a unos deberes de matemáticas que al chico se le resistían.

Ayudándole a Jacob Black sentado en su cocina con unos problemas de trigonometría. Eso sí que era gracioso. O animándole con su negocio, mandándole constantemente piezas que conseguía en un taller de coleccionismo de Hanover que había encontrado o pagándole por sus habilidades como mecánico, porque había revisado uno por uno todos los coches de la flota privada de los Cullen. Eso sí quién se lo iba a decir.

O que asistiera a su cumpleaños. Con él allí y lo que planeaba Alice, sí que sería una fiesta perfecta, casi tanto como la del año pasado.

Así que como él ya había disfrutado de la compañía de un amigo, luego vino el turno de Bella. En los días sucesivos, mientras se acercaba el momento de la cita, insistía en que debía de acompañarla, que también habían sido compañeras suyas, e incluso que Jessica estaría más feliz de verle a él que a ella, pero como en Hanover excepto con sus compañeras de clase nunca se relacionaba con nadie fuera de su círculo, fue rotundo al respecto, además, contando, que tenía otros planes durante esas horas.

Eso, llevar a cabo sus planes, ahora que no tenían horarios y siempre estaban juntos, le estaba costando terriblemente, porque además Bella estaba empezando a sospechar. Pero sabía que bien merecía la pena.

Por eso, cuando incluso dijo que no la podía acompañar al pueblo a saludar a Jessica y Angela, su cara pintó una total decepción y como la excusa de que Esme quería que fuera a hacer unos recados a Port Angeles, ya se estaba empezando a agotar, usó la otra: Carlisle necesitaba ayuda en el Hospital.

-¿Es por aquí?- preguntó Edward extrañado.

El Jeep de Emmett, el único vehículo de los que poseían diseñado para cruzar el bosque, dio un tumbo más por lo que tuvo que esperar que su madre y su hermana se recuperaran para contestarle:

-Sí, detrás de esa arboleda- respondió Esme- Las ramas han crecido demasiado con las últimas lluvias, pero ya se debería de ver el tejado.

-Estará en ruinas- contestó él- La maleza se la habrá comido. Y habrá que construirla desde cero. Además, es sólo una cabaña. No creo que podáis hacerla habitable.

-Nos estás insultando, Edward- dijo Alice, desde el asiento trasero- No la haremos habitable, la haremos tu hogar. Aunque eso incluya un piso más con varias habitaciones para cuando la familia se vaya a ampliar.

-Alice- le advirtió- ¿No estarás mirando donde nadie quiere que mires?

-Como si la medicación me lo permitiera- bufó- No necesito concentrarme y sufrir una jaqueca para saber que en vuestros planes entra darle más de un hermanito a Lexie. Además, quiero una habitación también para cuando venga de visita. Esto queda bastante lejos de la mansión.

-Y yo que pensaba que independizándome me haría librarme de ti…- bromeó.

La chica exhaló una carcajada y antes de que su madre dijera nada más, se echó hacia adelante en su asiento para señalar hacia el norte, donde, entre la frondosa vegetación una casa de piedra gris lavada y estructura de madera se abría paso, con un porche lleno de hojas arrastradas por el viento y la lluvia e incluso un lateral comido por una enredadera.

-Es aquí, Edward, puedes dejar aquí el coche.

Obedeció echando el freno de mano y sin más se bajó para que Alice se bajara de un saltito tras él, exclamando jovial ideas aquí y allá, para rodear el vehículo y abrirle la puerta a su madre. Ésta se bajó tomándole de la mano para después cogérsele del brazo y unirse a Alice en sus planes.

La cabaña había pertenecido a la familia desde que se habían mudado allí por primera vez, pero había estado convertida casi en escombros durante medio siglo. Y había sido idea de Esme restaurarla y ofrecérsela como regalo de boda un año atrás, cosa que la pérdida de poderes y la aclimatación a su nueva vida quedó pospuesta y a la merced de la maleza como estaba ahora cuando todos se marcharon a Hanover.

-Habrá que contratar palas escavadoras para que hagan un camino hasta aquí- dijo Edward mirando a su alrededor- Y talar la mitad de estos árboles para tener un jardín. No quiero que Lexie o Sparkles corran peligro de que una alimaña les ataque entre todo este forraje.

-Un camino de piedra- dijo Alice- ¡Quedará genial! Y construiremos unos balancines de madera… ¡y un tobogán! Haremos un mini parque infantil. Y todos sus amiguitos del colegio querrán venir a jugar.

Edward se rió para rodear los hombros a su hermana y apretarla contra él para darle un sonoro beso en la cabeza para caminar hacia el porche de la casa. Podía incluso ver él el futuro que Alice le narraba. Vivir en Forks. No sonaba mal. No lo había hablado con Bella y aunque sabía que Hanover le gustaba mucho, quizás lo veía como él: como algo circunstancial. El sitio donde estaban estudiando, pero de donde partían siempre que tenían tiempo libre. Y aunque terminaran definitivamente en otro lugar, siempre, pasara lo que pasara, volverían a Forks y a su hogar que sería esa casa en la que Esme y Alice estaban encantadas de trabajar.

La madera crujió cuando pusieron sus pies sobre ella, pero parecía sólida, lo mismo que la puerta cuando Esme usó la llave para entrar en la casa. Y miró embobado el interior cuando se adentró.

No era un sitio tan pequeño como parecía y con la claridad cegada por los tablones clavados en las ventanas aún podía ver su potencial. La pared de piedra era robusta, lo mismo que los pilares de madera, porque a excepción de un poco de polvo y muebles en desuso, allí parecía que no había pasado el tiempo.

-Tiraremos ese tabique para agrandar el salón, uniéndolo con el comedor- decía Esme danzando por la estancia señalando aquí y allá- Abriremos un ventanal hacia el bosque y pondremos una chimenea. La cocina tendrá una puerta trasera a otro jardín.

-El río pasa muy cerca, podremos hacer hasta un estanque- sugirió Alice.

-Oh, sí, un estanque con peces- dijo en un suspiro de felicidad- Desde allí saldrá la escalera al piso superior, a las habitaciones. ¿Cuántas crees que serán suficientes?

Pero Edward no contestó. Seguía mirándolo todo como si las paredes ya estuvieran tiradas y sus cosas en ellas, con estanterías, sus libros, recuerdos y fotos. Con alfombras espesas, cálidas para aquel clima, con el fuego crepitando en su chimenea. Hasta olía lo que Bella estuviera preparando en la cocina. Escuchaba el cascabel de Sparkles y los balbuceos de Lexie en su corralito.

-¿Edward, cariño?- repitió Esme.

-Sí- dijo un respingo- Está bien.

Esme se rió y se cogió otra vez a su brazo. Sin explicar más le guió hasta el punto que señalaba e insistió:

-No me gustaría que siguieras quejándote del espacio de la casa donde vives, así que… ¿Cuántas habitaciones serán suficientes? ¿Tres, cuatro?

-No menos de tres. Construye otra ala si es necesario. Lo necesitarás porque intuyo que cada una irá con un vestidor propio.

-Intuyes bien- apostilló Alice- Además de que necesitaréis un garaje aledaño para varios coches. ¿Y un torreón? ¿Qué te parece, Esme?

Esme se volvió a unir a los planes con Alice, danzando aquí y allá, incluso cuando volvió a fijarse en ellas, su hermana tiraba de un tablón que cegaba las ventanas para mostrar algo fuera. Las oía hablar de los planos que presentar al arquitecto, los permisos que pedir en el ayuntamiento o la maquinaria que contratar cuando habló por siguiente vez:

-No sé cómo voy a ocultarle esto a Bella.

Dejando el tablón en un sitio, Alice volvió trotando como un potrillo hasta él para cogerse incluso de su brazo.

-No pienses que le estás ocultando algo si no simplemente… no hables de ello.

-Ya- rezongó- Eso es muy fácil de decir, pero… ¿cuánto tardarán las obras? Meses, quizás años. ¿Crees que podré estar callado tanto tiempo?

-¿Alguna vez le habías hablado de la cabaña?- preguntó su madre.

-No, hasta lo había olvidado cuando lo mencionasteis. Sé que aquí es donde guardasteis mis cosas cuando…- carraspeó porque sólo el pensamiento de aquellos días y la angustia que pasó le dolía, aunque hubiera tenido un final feliz-… tuvimos que ir a Italia, pero nunca había pensando en ello.

-Que siga así, cariño- insistió su madre como una sonrisa- Olvídate de nuevo, porque para ti también será una sorpresa. No sabrás nada hasta que Bella lo sepa, hasta que esté terminado. Es nuestro regalo de bodas atrasado por ser tan maravillosos como sois.

Edward sonrió a las palabras amorosas de su madre. Nunca nada era suficiente para ella, nada que pudiera ofrecerles: a Lexie y a ellos dos. Su tiempo, su amor incondicional y su apoyo. Cómo no iba a hacer lo mismo con su casa, cuando su diversión número uno era restaurar y decorar cosas, más para su familia. Como hizo en Hanover y como volvería a hacer. Y qué decir de Alice, con lo que le gustaba gastar dinero y hacer volar su imaginación. Al menos, en ello, se dispersaría su hiperactividad. Y él estaba encantado de formar parte de algo en lo que dos de las tres mujeres más importantes de su vida, estaban deseando brindarle.

-La casa de Hanover ya cuenta como regalo de bodas, o al menos así se lo hice entender a Bella, así que esperemos que en este tiempo se os ocurra otra excusa mejor- rió- Gracias, gracias por hacer esto por nosotros.

-Oh, cariño- suspiró Esme abrazándole- Cuántas cosas haces tú por nosotros.


-Gracias por traerme- dijo Bella- Ya que hoy todo el mundo parecía tan ocupado.

Jasper simplemente le sonrió para asentir con la cabeza y siguió con la mirada fija en la conducción, así que Bella suspiró - cosa que llevaba haciendo todo el día - mientas cruzaba los brazos, hastiada.

Edward estaba muy raro. ¡Tramaba algo! Y cada vez le quedaba más claro que todos, pasara lo que estuviera pasando, estaban en el ajo. Hoy, sin ir más lejos, Esme no le mandó misteriosamente a comprar algo que sólo se podía encontrar en Port Angeles, no, hoy hasta había involucrado a Carlisle que en sus vacaciones del Hospital de Hanover tenía que ayudar en Urgencias de Forks y él tenía que ir también.

¡Argh! Si fuera cualquier otro hombre pensaría que la estaba engañando y se citaba con su amante. Con Edward sería hasta peor.

-Estaré por el pueblo hasta la hora convenida para que os recoja- añadió Jasper con su tono tan calmado- Si ocurre algo o quieres que acuda antes, sólo tienes que llamarme.

-No creo que Jessica me permita irme hasta que no me haga la última de sus preguntas y me cuente hasta el último de sus chismes- bufó Bella.

-Sí- dijo él divertido- Recuerdo a esa chica. Hablaba como si fuera una metralleta. Hablaba, hablaba y hablaba. Además, nos tenía motes a todos. De mí decía que parecía siempre un poco tenso- rió- ¿Crees que se lo seguiré pareciendo?

Bella también rió y cuando le miró notó una oleada de tranquilidad. Que bien que no todos los Cullen perdieran sus poderes. Sobre todo Jasper. Nunca se había sentido especialmente unida a Jasper - ni qué decir de por las distancias que siempre él marcaba cuando era vampiro o por el ataque de su cumpleaños - pero con su manera de calmar su ánimo se estaba planteando pasar más tiempo con él, algo que estaba cumpliendo estas vacaciones: Lexie le adoraba, tenía mucha paciencia con el bebé y ahora mismo, parecía el único de su lado. Por lo menos, le evitó tener que tomar un taxi para acudir a su cita en el pueblo.

-Aunque debería de dar gracias a su verborrea- añadió- Porque de todos los alumnos del Instituto de Forks, fue a la única a la que no me apeteció morder.

Le miró de nuevo y le sonrió de medio lado a la vez que le guiñaba un ojo para que Bella suspirara divertida meneando la cabeza. Eso también ayudaba a relajar el ambiente. Y ver a Jasper bromeando le ayudaban a querer compartir más cosas juntos.

-A mí, ahora mismo, me apetece morder a toda la familia. Sólo os libraríais Lexie y tú, por estar ocultando lo que estén ocultando.

-No ocultan nada, Bella- respondió Jasper- Sólo tenían cosas que hacer.

-Oh- bufó- Ahora ya sólo se libra Lexie, porque tú también lo sabes.

-Bueno, en cierto modo, a mí me lo debes- le volvió a guiñar el ojo.

Ahora no pudo evitar reírse de nuevo meneando la cabeza. ¿Jasper siempre había sido así? Una lástima no tener con qué comparar, porque antes apenas había hablando con él media docena de veces. Pero seguro que sí, ese humor era muy de Alice, así que si no era una de las cosas por las que ambos se habían enamorado, seguro que se le había pegado algo de la personalidad de su adorada hermana política.

Jasper puso el intermitente para salir de la carretera y así entró en el aparcamiento del pequeño café de Forks, estacionando el nuevo Volvo tras los arbustos que crecían al otro lado de los cristales del local. Bella suspiró soltándose el cinturón mientras Jasper ya se bajaba por el lado del conductor, y ella se deslizó fuera mirándolo todo con añoranza.

Aunque se había acercado cada día a casa de Charlie con Lexie para que pudiera disfrutar de su nieto - e incluso en una ocasión fue hasta la comisaría para que se lo presentara a su ayudante - no había puesto un pie en el pueblo desde que llegaron. Y si hacía cálculos posiblemente la última vez que había caminado por aquellas calles estaba soltera y Lexie era un secreto. Así que un extraño calorcito recorrió su cuerpo, mezclado con nerviosismo y excitación.

Aquellas calles, aquellos establecimientos - el café, el restaurante, el super mercado, la gasolinera, la tienda de los Newton o el Hospital, tres manzanas más allá - eran testigos mudos de lo que había cambiado su vida. La suya y la de los Cullen, sobre todo ahora que ella misma también lo era.

Los balbuceos de Lexie le hicieron salir de su ensimismamiento, para girarse y ver a Jasper con la puerta trasera abierta entornándose hacia el bebé. Estiraba los bracitos hacia su tío mientras hacía sus ruiditos para que éste le soltara los arneses al tomarle en brazos para darle un sonoro beso.

-Ya está, soldadito- le volvió a besar- ¿Listo para formar?

Lexie emitió otro de sus gorgoritos pero buscó algo con la mirada. Algo no, alguien. La buscaba a ella. Lo que la llenaba de orgullo y satisfacción. Incluso rodeado de brazos amorosos como siempre lo estaba en familia, que estaban deseosos de arrullarle y sostenerle, los buscaba tanto a ella como a Edward, emitía sus grititos para llamar su atención sobre todo cuando no acudían al instante a sus requerimientos. Y si por ejemplo, Edward no era lo suficientemente duro para soportarlo y ya le tenía en brazos pero Lexie seguía gritando, siempre alguien preguntaba: "¿Qué quiere? ¿Está bien?" y Edward contestaba: "Quiere a Bella".

-Ve con mamá, soldadito- añadió en otro beso.

Bella sonrió tendiéndole los brazos a su pequeño para repetir el gesto del beso. Lexie dio un saltito en sus brazos y estiró las manitas, así que como sabía que su objetivo sería tirarle de los cabellos, les hizo una rosca para echárselos hacia atrás. Aún así y para que no se sintiera defraudado, le sopló en uno de sus sonrosados carrillos lo que al pequeño divirtió hasta las carcajadas.

Mientras, Jasper, cerró la puerta del coche, abrió el maletero, sacó la sillita, la montó…

-Te acompaño dentro- dijo empujando la sillita de paseo.

Bella asintió y sopló nerviosa para besar una vez más a Lexie antes de empezar a caminar. Así incluso apoyó la nariz en su cabecita: el olor y el calor de su bebé siempre le habían relajado. Porque, admitámoslo: estaba nerviosa. Angela sería cálida y acogedora, pero Jessica…

La campanilla que había sobre la puerta tintineó al empujarla, y en ese mismo momento y con el ruido estridente, notó como todos los ojos de los presentes se volvía hacia ellos. Apenas había media decena de vecinos, pero cada par de ojos se le clavaron como dagas. Tanto que incluso apretó a Lexie contra su cuerpo como si las miradas curiosas le fuera a hacer algo más.

-¡Bella!- exclamó una voz familiar- Está aquí, es Bella.

No hizo falta rebuscar más: el sitio era canijo, y a excepción de unas cuantas meses, estaba la barra y el biombo que tapaba la entrada a los aseos. Así que enseguida vio a Jessica pegar un salto para bajarse del taburete de la barra donde estaba sentada para tirar de Angela a su lado y plantárseles delante.

Angela no había cambiado mucho, a simple vista. Seguía llevando el cabello largo, ahora recogido en una coleta y sus gafas rectangulares de pasta. Y sonreía. Tenía una sonrisa preciosa, como antes. Estaba quizás algo más delgada - o era estrecha - y vestía como recordaba que lo hacía en el instituto: vaqueros y una camiseta. Visualmente vivir nueve meses en Washington no la había cambiado demasiado.

Jessica en cambio… estaba tan bronceada que hacía daño mirarla. Eso es lo que tiene estudiar en California. Llevaba unas mechas tan claras en su pelo de por sí rubio, que por seguro que Alice tendría algo que decir de ellas. Y aunque no había adelgazado o su cuerpo cambiado de cuando iban al instituto, iba con ropa tan ajustada que en cuanto saliera del ese café, cuando se cansaran de hablar de ella, de Lexie y de Jasper, empezarían por lo que la chica de los Stanley llevaba puesto.

-¡Bella! ¡Bella! ¡Bella! Estás aquí- canturreaba dando saltos.

-Hola, Jess- respondió ya turbada.

-¡No puedo creerlo! ¿Cuánto hace que no nos vemos? ¡Desde la boda! Y mírate. ¡Ahora tienes un bebé! ¡Flipo!

-Sí, yo a veces también- carraspeó- ¿Os acordáis de Jasper, verdad?- le señaló. -Señoritas…- dijo cordialmente y con leve asentimiento de cabeza.

Jessica se quedó sin habla durante unos segundos. Sólo unos segundos. Pestañeó como si no creyera que le estaba hablando, le miró de arriba abajo como si no le hubiera visto antes en su vida, pero volvió a exclamar:

-¡Jasper Hale! ¿También… te quedas con nosotras a…?- señaló imaginariamente el local.

-Oh, no, sólo he venido a acompañar a mi cuñada y a mi sobrino, asegurándome de que llegaban bien a su destino- sonrió- Ahora les dejo para que os pongáis al día.

Y sin más, como si nadie de aquel café les estuviera mirando, puso el cochecito junto a la mesa más cercana y le retiró la silla a Bella para que se sentara, del mismo modo que Edward le hacía caballerosamente. O mejor pensando, del mismo modo que todos los hombres Cullen hacían con sus parejas. Las chicas le siguieron sin gurgutar nada más. Le hizo otra carantoña a Lexie que estiró las manitas hacia él y antes de salir del local con otro asentimiento de cabeza, levantó una ceja que hizo que la camarera casi patinara para llegar hasta ellas y preguntarles qué querían.

Bajo el influjo de los Cullen. Eso pasaba cuando estabas con ellos.

Eso y que vio que cuando volvió con los cafés, se guardaba un billete de 50.

Pero bueno, allí estaba, sola - con un bebé - ante el peligro.

-Es precioso, Bella- dijo Angela- Parece muy bueno. ¿Cómo se llama?

-Alexander. Lexie- le besó la mejilla.

-¿Cuánto tiempo tiene?- preguntó Jessica.

-Hizo seis meses hace unos días- respondió.

-¿Te arreglas bien con las clases y…? Ya sabes. ¿Sigues estudiando, verdad?- añadió Angela.

-Sí, sigo un programa online. Y Edward me ayuda mucho. Además, que el doctor Cullen y su esposa se mudaran a Hanover sólo ha tenido ventajas y siempre nos echan una mano con Lexie.

-Es realmente guapo- insistió Angela- Hola- le hizo una carantoña a Lexie.

-Llevamos unos días intentando que salude con la mano, pero es muy testarudo- explicó Bella- ¿Le dices "hola" a las amigas de mamá, peque?

Bella hizo que Lexie moviera la manita, pero el pequeño pareció molesto y la apartó para refugiarse en su cuello, lo que Bella aceptó acariciándole la espaldita, lo que supuso otra carantoña de Angela. Pero Jessica, al contrario, hizo una mueca como si no le gustara la conversación y dijo en un tono chillón:

-¿Quién nos iba a decir que la boda por todo lo alto, el vestido carísimo y la canción del piano ocultaban tal cosa?

-¡Jess!- exclamó Angela- ¿En qué habíamos quedado?

-¿Qué?- le reprochó- Si el bebé tiene seis meses y se casaron en junio…

Bella carraspeó. Carraspeó para intentar con eso detener los cálculos de Jessica. Como si le importaran. Incluso al carraspear, Lexie emitió otro de sus gorgoritos y se refugió más contra su cuello. El ruido, por seguro, o las voces estridentes de Jessica. O su conversación banal. Su pequeño no estaba acostumbrado a tal cosa, cuando el sonido más alto que escuchaba eran las notas del piano cuando Edward le tocaba su nana y la conversaciones intrascendentales de Alice. Así que para no trasmitirle más nerviosismo, le besó y le sentó en su sillita. Tranquilamente le tapó con su mantita, movió el leoncito de peluche para que sonara el sonajero de dentro y cuando Lexie lo cogió, le puso el chupete y le besó, lista para contestar.

Estaba muy por encima de los chismes y habladurías del pueblo. Ya lo estaba cuando Edward era vampiro…

-No nos casamos para ocultar nada. Simplemente, ocurrió. Y no lo cambiaría en absoluto. Porque ahora tengo a esta personita tan maravillosa que es una parte de mí y otra de Edward, que nos necesita y que nos quiere.

Angela suspiró apoyándose en sus muñecas lacónica y volvió a mirar a Lexie en su sillita, pero Jessica seguía sin estar contenta. Quizás es que se le escapaban datos, seguro. Siempre presumía de saberlo todo, de ser el centro de todo en el instituto de Forks, pero mira tú por dónde que no lo era. O tal vez es que se acababa de dar cuenta que mientras ella cuchicheaba con Lauren que Bella Swan es muy poco para Edward Cullen y la dejará muy pronto si hacía esos cálculos que tanto le gustaban, Lexie ya estaba en camino lo mismo que su vestido de novia.

Bella sonrió también a Lexie y movió su sillita porque, por la manera que cogía el leoncito de peluche, parecía que iba a dormir. Iba a tumbarle un poco hacia atrás pero él movió el chupete fuera de su boca a la vez que una manita lo que sólo significaba una cosa: tenía sed. Sacó el biberón de la bolsa y se lo dio con un beso en la frente.

-Realmente es guapísimo- insistió Angela- Y parece que se te dan tan bien, te sale de una manera tan natural… ¡Yo estaría muerta de miedo!

-Es algo innato- explicó Bella guardando el biberón para volver a darle el chupete- Aprendes a hacerlo todo cuando lo abrazas por primera vez.

-¿Es tan horrible como dicen?- preguntó haciendo un gesto de horror- ¿Duele mucho?

-No hay palabras para describirlo- se rió- Pero te aseguro que se olvida cuando ves esta carita.

-¿Edward estuvo contigo? No se desmayaría, ¿verdad?- prosiguió su amiga.

-No- suspiró divertida- Estuvo a mi lado en todo momento, él y el doctor Cullen. Y le cogió por primera vez además de cortar el cordón umbilical.

-Buenas prácticas para ser médico. ¿Entrará en la Escuela de Medicina?- preguntó Jessica curiosa.

-Quizás este semestre. Está sacando unas notas increíbles. Siempre que puede ayuda al doctor Cullen, de hecho, ahora está con él en el Hospital. Le gusta mucho- explicó- ¿Y vosotras, qué? ¿Ya habéis decidido en qué os vais a graduar?

-Política- dijo Jessica rápidamente- Lo vi claro cuando di el discurso el día de la graduación en el instituto. Ese es mi destino: hablar y que las masas me escuchen.

-¿Y tú, Angela? ¿Qué tal está Ben? Creí que te acompañaría.

-Ben y yo… ya no estamos juntos- se encogió de hombros.

-Oh, Dios mío, perdona, no tenía ni idea- suspiró cohibida.

-No pasa nada- sonrió- Al empezar las clases comenzamos a distanciarnos y creímos que era lo mejor. Le veremos en unos días, a él y al resto de los chicos: A Mike, a…

-Mike Newton- bufó Jessica- Como si alguien quisiera verle.

-Tampoco estáis juntos- asumió Bella.

-California está lleno de chicos guapos, de cachas impresionantes con cuerpos increíbles. Puede que en Forks, lo mejor a lo que podía aspirar era Mike Newton, pero no en cuanto me subí al avión. No he sabido de él desde que me mudé.

Bella se encogió los hombros a su monólogo mordiéndose incluso los labios por dentro, porque debía de admitirlo, estaba muy fuera de honda. Ben y Angela parecían inseparables, tanto - bueno, quizás eso era exagerar - como lo eran Edward y ella, que bebían los vientos el uno por el otro, qué iba a imaginarse que el comienzo de la Universidad les separara. Y Jessica y Mike… pensar que cuándo él mostró su interés por ella, e incluso le quiso invitar a un baile, Jessica casi le retira el saludo…

-Parece que la única pareja del instituto que ha sobrevivido sois Edward y tú- dijo Angela con una sonrisa.

-Sí- dijo con rubor- Eso parece.

-¿Y el resto de los Cullen? ¿También están aquí?- preguntó Jessica- ¿Seguirán juntos, juntos, no?

-Eh… sí, claro- contestó extrañada a la obviedad- Alice y Jasper también están pasando aquí el verano. Emmett y Rosalie están de viaje de luna de miel.

-¡¿Se han casado?- exclamó chillona Jessica- ¿Cuándo?

-A decir verdad, este pasado fin de semana. En la Mansión. Fue una ceremonia preciosa. Se mudarán también con nosotros, a Hanover. Emmett estudiará allí.

-¡Eso es genial!- exclamó Angela- Seguro que les echabais de menos. Edward y sus hermanos están muy unidos.

Bella asintió feliz y volvió a mirar a Lexie. Ya estaba dormidito, abrazado al leoncito de peluche, chupando rítmicamente su chupete en la más absoluta de las paces. Oyó la voz de las chicas por detrás, quizás preguntándole algo, pero sus sentidos en ese momento fueron completamente para su bebé, sobre el que se entornó para arroparle mejor con su mantita y cubrirle con la capota para que no le molestase la claridad.

-Yo llevaré las bebidas- decía Jessica cuando Bella se volvió a incorporar- ¿Podrás ocuparte tú del hielo?

-Sí, llamaré a Tyler para que me ayude, seguro que sigue teniendo la nevera en la parte de atrás de su furgoneta- respondió Angela- ¿Y tú, Bella? ¿Vendrás con Edward?

Meneó la cabeza en una mezcla de asentimiento y negación, totalmente perdida. Primero, porque no sabía de qué hablaban que incluyera bebida y hielo. Y lo segundo porque, como en un bucle, se empezó a repetir en su cabeza una escena vivida dos años atrás, con la furgoneta de Tyler: el día que Edward le salvó de morir aplastada entre ésta y su coche.

Podía oír los gritos, podía oír el chirrido del frenazo e incluso cómo el metal se dobló bajo la mano de Edward. La manera de la que le miraron sus ojos dorados cuando se interpuso entre su cuerpo y el vehículo para que no la atropellara: cómo se descubrió ante ella y cómo le rogó sin palabras que no dijera nada. Miró entonces a su bebé, dormido, con su carita, una réplica exacta de aquel rostro tan perfecto, y casi se estremeció pensando cuán de diferente hubiera sido todo si el color de los ojos de Edward no hubiera cambiado perpetuamente a verde.

-No podrá mantenerse oculto en la Mansión eternamente- añadió Jessica- Además, ahora sabemos dónde queda: podemos presentarnos en cualquier momento y arrastrarle a la fiesta.

-¿U…una fiesta?- balbuceó- ¿Planeáis una fiesta?

-El 4 de julio- explicó Angela- En esa fecha ya estaremos todos en el pueblo. Será genial reunirnos, como antes. ¿Contamos con vosotros, verdad? Incluso pueden venir Alice y Jasper, si quieren.

Bella miró de nuevo a Lexie y volvió a menar la cabeza en aquel movimiento incierto. Y contuvo un suspiro. A ver, qué le pasaba a todo el mundo con las fiestas. A Emmett, a Cassie,… siempre empeñados en que acudieran a una u otra. ¿Acaso Lexie era invisible? ¿No era obvio que eran padres de un bebé de pocos meses que les requería constantemente? Vale que con los Cullen todo era muy fácil, que les brindaban su ayuda pero…

… dejarlo todo para hacer algo que nunca habían hecho antes y que no le apetecía nada, le daban ganas de poner los ojos en blanco.

-Os avisaré si asistimos, pero ni siquiera sé cuánto tiempo nos quedaremos en el pueblo- dijo, socorridamente- Iremos a Florida a ver a mi madre en unas semanas y tenemos planes de…

-¿Una de las acampadas legendarias de los Cullen? Ahora que tú también lo eres, irás con ellos, ¿no?- preguntó Jessica en su tono gritón.

-Eh…- titubeó Bella.

Las acampadas de los Cullen. Cierto. Jessica fue la primera que le habló de ellas, cuando desaparecían misteriosamente en los días de soleados del instituto porque el doctor Cullen y sus esposa se los llevaban de caminatas. Allí estaban, en el garaje de los Cullen, las decenas y decenas de ropas que compraban en la tienda de los Newton como tapadera. Sería divertido que ahora fuera realidad. Incluso se lo pudo imaginar, a ella, Edward, a Jasper y a Alice frente a un fuego. Pero Lexie era muy pequeño. Y él no tenía ropa de montaña.

-Sí, quizás vayamos- añadió para cortar el tema- Cuando levante el tiempo.

Entonces, ahora que había eludido el tema de la fiesta y los planes misteriosos de Edward sin mayor tragedia, Angela suspiró lacónica de nuevo e incluso estirando la mano sobre la mesa para tomar la suya, dijo:

-Estás tan… diferente, Bella. No puedo creer que seas tú.

-¿Diferente?- repitió extrañada- ¿En qué?

-En… todo- se encogió de hombros- pareces…

-… una Cullen- concluyó Jessica.

Una Cullen. Así que parecía una Cullen. Con todo lo que ello conllevaba: le alabaron la ropa, que hoy hubiera elegido unos zapatos y no unas zapatillas deportivas, la cazadora antigua o los pantalones, de una marca que ni siquiera sabía pronunciar. El leve toque de maquillaje que Alice le había aplicado o las ondas de su pelo. Y por una vez no se sintió el patito feo de la historia, poca cosa junto a ellos o que no merecía a Edward, si las personas que la conocían pensaban eso.

-Aunque yo más me refería a que parecías feliz- añadió Angela- Muy feliz.

-Es que lo soy- dijo Bella- Mucho.

Cuando el nuevo Volvo empezó a subir la rampa que llevaba a la Mansión, la niebla volvía a ser tan espesa que se estaba convirtiendo en una fina lluvia que seguro que calaba hasta los huesos. Bueno, al menos durante unas horas no había llovido. Al fin y al cabo, la tarde no había estado tan mal: la reunión con las chicas había sido muy fructífera y antes de que se diera cuenta, Jasper ya le estaba esperando a la hora acordada.

Angela y Jessica se acercaron a saludarle e intercambiaron frases corteses con él. Bella podía ver las ganas de Jessica de sonsacarle más que una breve conversación amable, pero al menos, la presencia del más enigmático de los Cullen todavía cohibía a Jessica Stanley. Se despidieron con promesas de otra cita, llamadas y emails, y así Bella y Lexie - despierto con tanto gritito - emprendieron viaje de vuelta.

Sí, definitivamente, no había estado mal.

El nuevo Volvo viró para entrar en el garaje, deteniéndose hasta que los portones se abrieron del todo. Después y en un suave ronroneo del motor, Jasper reanudó la marcha y aparcó el vehículo en su plaza correspondiente.

Bella nunca se acostumbraría a las dimensiones de aquel sótano ni a todo lo que allí se exhibía, como si de un concesionario se tratase. El Jeep de Emmett, las motos de Jasper, el Mercedes de Carlisle, el Porche amarillo canario que Edward le regaló a Alice la pasada Navidad,…

Pero lo más gracioso de todo era un pequeño todo terreno a motor que estaba estacionado en la habitual plaza del viejo Volvo, que Emmett había comprado para Lexie, aunque aún faltaran unos cuantos años para que pudiera usar.

Quedaría muy bien junto al que alguien le compraría al próximo bebé.

Se soltó el cinturón de seguridad cuando Jasper detuvo el motor y le sonrió cuando le abrió la puerta con su cortés caballerosidad. Sin decir más él fue hacia el maletero para sacar la sillita y Bella abrió la parte trasera para coger a Lexie de su asiento.

-Ya estamos en casa, peque- le besó en la frente- Te has portado muy bien, mamá está muy orgullosa de ti.

Lexie balbuceó y se cogió a su cuello, así que le acarició la espaldita en un nuevo beso. Y entre esos ruidos encantadores, se empezaron a colar otros - casi - mejores: las notas de un piano.

En los últimos días y desde que Rosalie y Emmett se habían marchado de luna de miel, Edward había empezado a trabajar en esa prometida nana. Probaba con una melodía y con otra, llenaba pentagramas y ensayaba. Normalmente le gustaba sentarse a componer solo, así que oficialmente no había escuchado nada definitivo, pero siempre solía apostarse desde lo alto de la escalera a espiarle a hurtadillas porque podía pasarse horas verle acariciando las teclas marfil y negras del instrumento.

El Mercedes de Carlisle estaba allí - supuestamente se habían marchado juntos al Hospital en el vehículo, cuando Edward rara vez se montaba en ningún coche que él no conducía - y le oía tocar el piano, así que casi cruza el garaje corriendo para que se reunieran.

¡Pero! La puerta que comunicaba con la casa se abrió para que Carlisle se asomaran con una impertérrita sonrisa.

-¿Cómo está el bebé más precioso del mundo? ¿Quién es el nieto de su abuelo que ha echado de menos todo el día sin abrazar y besar?

Lexie gritó. Vaya que gritó. Amaba a su abuelo con fervor. Estiró las manitas y dio grititos y los pasos que dio Bella para tendérselo no parecieron lo suficientemente veloces por la ansiedad de su bebé por estar en los brazos de su abuelo.

Carlisle le cogió, le besó repetidamente de una manera muy sonora, le levantó en el aire para soplarle la barriguita y cuando le vio cogido a su cuello que ni un tornado le podría soltar, se dio cuenta que estaría sin bebé un buen rato porque Carlisle tardaría mucho tiempo en cansarse de arrullar a su nieto, lo mismo que Lexie de recibir el cariño del mismo.

-¿Cómo ha ido todo en el pueblo?- preguntó interesado su suegro.

-Muy bien- sonrió- Ha sido agradable.

Le sonrió para acariciarle la espalda y así le hizo un gesto de que pasara, sin aflojar un ápice de sus carantoñas a Lexie. En el primer paso Esme apareció, incluso con delantal y un rodillo sobre el hombro, y tras saludarla y preguntarla cortésmente lo mismo se centró también en Lexie, que la recibió con grititos feliz. Así que cuando se disculpó diciendo que iba a saludar a Edward, ni Jasper que ya accedía a la vivienda con la sillita de paseo, le prestó la mínima atención porque también le hacía cucamonas al bebé.

Según avanzaba al salón, la melodía empezó a cambiar, como si supiera que estaba allí. Como si le diera la bienvenida. Dejó de ser una música típica de nana y empezó a convertirse en una que conocía muy bien: su canción de boda. Podía tele transportarse automática a ese día, podía incluso ver desaparecer los muebles de la casa para que albergara las sillas, mesas, flores, la orquesta y a los invitados. Incluso podía sentirse dentro de su vestido precioso y con sus zapatos de ensueño, con el peinado perfecto y el maquillaje que se arruinó de llorar por la emoción. Incluso podía oler su ramo de flores. Volvería a aquel día si le fuera posible.

Y en ese pensamiento se coló una pregunta en su mente que nunca se había hecho antes: ¿Dónde estaba su vestido de novia? Sabía que Alice lo había guardado, pero en el vestidor de la habitación de Edward no estaba y no recordaba haberlo visto en el de Alice cuando empezó a empaquetar para mudarse a Austin. Tenía que preguntárselo.

Siguió lentamente salón adelante inmersa en la música y cuando llegó al banco del piano, donde Edward interpretaba de espaldas, se sentó a su lado. Sus dedos bailaban por las teclas con aquella habilidad pasmosa y sin necesidad de mirar la partitura, se centró en ella para saludarla con un sonoro beso en los labios.

-¿Han sido amables?- preguntó.

Bella asintió con la cabeza y así apoyó la cabeza en su hombro, lo que animó a Edward a seguir con la canción. Y a ella a acurrucarse más en él, inspirando esa maravillosa esencia suya: no era la ropa, no era el pelo,… era todo el conjunto. Así que primero le besó el hombro, luego el cuello y terminó en la nuca donde, quizás, como Lexie, su esencia era incluso mejor.

-No hueles a ella- dijo Bella entre besos- A tu amante.

La melodía se interrumpió bruscamente a la vez que la sala se llenaba con una carcajada.

-¿Crees que tengo una amante?

-Sería una explicación más fácil para el misterio que te traes desde que hemos llegado, pero en tu caso seguro que es hasta peor.

-Tonta Bella- le cogió la cara con ambas manos para besarla- ¿Hay algo peor que engañar a la esposa a la que le has jurado fidelidad mientras vivas? Sabes que jamás te haría nada así. No lo dudas, ¿verdad?

Bella meneó la cabeza para sonreír y le respondió con otro beso en los labios. Eso le animó a él para que tirara de su cuerpo y le sentara a horcajadas sobre él pero en la pasión del beso Bella se apoyó sobre las teclas, que sonaron abruptamente, por lo que se obligó a cortar el beso:

-No estamos solos en casa- le recordó.

-Cierto- le dio un beso cortito- Este piano no tendrá la misma fortuna que el de Hanover- añadió con su sonrisa retorcida.

Con mejillas encendidas, lo que le evocaba el recuerdo de esa última frase, le volvió a besar enredando sus dedos entre su pelo para no volver a dejarlas caer sobre las teclas hasta que un tropel de pasos llenó el silencio que reinaba en el salón:

-¡Iremos, iremos, iremos! Será genial.

Edward interrumpió ahora el beso, pero molesto. Alzó la vista para ver a su hermana cruzar el salón a la carrera blandiendo lo que fuera que llevara en la mano, pero a una docena de pasos le habló en un tono muy poco amistoso:

-Alice, piérdete- gruñó- No entiendo cómo en una casa tan grande sea imposible tener un poco de intimidad.

-Y yo no entiendo cómo has tomado semejante decisión, Edward- le dijo ofendida- Lexie está a escasos metros: ¿quieres crearle un trauma a tu hijo por tener que revivir la escena en la que sus padres le concibieron?

-¿Cuántas veces te he dicho que no mires donde nadie te ha pedido que lo hagas?

-¿Crees que me es agradable? ¡Y que las decisiones que tomas últimamente sólo sean de carácter sexual no ayuda en absoluto!

-¡Basta!- exclamó Bella- ¡Los dos!

Ambos hermanos miraron a Bella como si hubieran olvidado que estaba presente. Sobre todo Edward, que aún tenía a su esposa sentada a horcajadas, sujetándola con los brazos. Le dio un golpecito para que le soltara y con su rubor se levantó como si no hubiera estado en semejante postura delante de nadie ajeno a la pareja.

-Hubiera decidido Edward lo que hubiera decidido, te aseguro que no iba a pasar aquí. Pero como él dice, nos es muy bochornoso que veas momentos de nuestra intimidad por lo que te pido de nuevo que me prometas que no mirarás- Alice tomó aire para hablar pero Bella le detuvo alzando un dedo- Sé que no lo puedes controlar, pero al menos inténtalo.

Alice meneó la cabeza, pero bajando la mirada murmuró algo y después asintió.

-Muy bien- dijo Bella- Ahora, quería preguntarte una cosa.

-Está arriba, junto con el resto de los vestidos de novia que hemos usado. A Rosalie no le gusta mucho que entremos, pero después haremos un tour. Y nos probaremos unos cuantos. ¡Será muy divertido! - respondió a toda velocidad con riesgo de ahogarse- Y mañana levantará el tiempo, ¿sabes lo qué será más divertido aún?- zarandeó lo que llevaba en la mano.

Bella meneó la cabeza con una negación, preguntándose a su vez de dónde había sacado aquellas prendas del tamaño de Lexie que no había visto antes. Quizás, en esas ocupaciones misteriosas de aquella tarde, había estado hacer más compras hasta que se dio cuenta de qué era aquella camisetita y aquel pantaloncito.

-Tenemos que estrenar la tienda de campaña y el saco de dormir y ese chisme para hacer el fuego. ¡Que idea tan genial has tenido! Y tengo suficientes prendas para las dos. ¡Oh, que emocionada estoy!

Corrió hasta Bella para abrazarla y empezó a dar salitos, lo que a Bella le hizo echarse a reír. Era Alice, el torbellino de felicidad. Y claro que sería genial, compartir una experiencia así con ella. Bueno, todas las experiencias nuevas para los Cullen eran geniales: la primera visita a una peluquería, la primera visita a una esteticista, la primera sesión a unos rayos uva…

Pero tanto saltito y gritito parece que molestó a Edward, que empujó el banco con un chirrido para levantarse y preguntó:

-¿Se puede saber de qué demonios habláis? Me estáis mareando con tanta vuelta.

-Mañana nos iremos todos de acampada, Edward- dijo Alice para ahora saltar hacia él- Pero de verdad. Y tengo esta ropa para Lexie. Algo en mi interior me decía que debía de comprarla cuando la vi en la tienda. ¡Será muy divertido!

-¿De acampada? ¿En el bosque?

-¡Claro!- volvió a exclamar con su jovialidad- Malvaviscos. Tenemos que comprarlos. Nunca los hemos probado. ¿Y tú, Bella? ¿A qué saben?

-Dulces- se rió- Y aún mejor asados.

Alice volvió a gritar feliz lo que a Bella divirtió más, pero al mirar a Edward se le borró parte de la jovialidad. Le levantó una ceja intentando leer su expresión, él le meneó la cabeza como respuesta y Bella le abrió los ojos comunicándole que se olvidara de lo que estaba pensando.

-Lexie es muy pequeño- contestó fuera de su conversación mental- No podemos hacer que duerma en el bosque. ¿Y si coge frío? No creo que sea buena idea.

Entonces, la pompa de felicidad de Alice se desinfló.

-Le abrigaremos bien. Llevaremos mantitas y mucha ropa. Edward, por favor- le rogó- Me hace mucha ilusión.

Entonces, Bella tomó aire ruidosamente para hablar, casi tan rápido como la idea se le cruzó por la mente. Le supondría un suplicio, pero todo estaría bien y si Alice quería ir de acampada, por supuesto que irían.

-Lexie se puede quedar en casa, con Esme y con Carlisle. E iremos nosotros.

Y en una nueva sonrisa de su conversación inaudible, Edward añadió conciliador:

-Acamparemos dentro de los límites de la finca para no perder la cobertura del móvil. Y para regresar pronto, no nos sorprenda una tormenta.

-¡Edward!- exclamó Alice en un gritito saltándole al cuello para colgarse de él- Te defenderé a muerte la próxima vez que Emmett diga que eres un muermo.


Aunque la Mansión de los Cullen se encontraba entre los sitios donde residía habitualmente, Bella no podía decir que la conociera como si de su propia casa de Hanover se tratara. Seguro que los kilómetros cuadrados, las alas y los pisos ayudaban, pero lo que contribuían eran los recovecos y secretos que los Cullen albergaban en ella, que nadie se había dado cuenta de mencionarle, aunque fuera parte de la familia.

El tercer piso, por ejemplo. El gran desconocido. Allí solamente subía al cuarto de juego de Lexie y por la escalera de su habitación, sitio donde evidentemente poco tiempo podían visitar, porque a excepción de un corralito lleno de juguetes, el resto de las cosas, el bebé era aún muy pequeño para usar. Allí también había una impresionante Biblioteca, un gimnasio, un mirador donde en alguna ocasión habían cenado - lo que tampoco ayudaba el tiempo de Forks - y varias habitaciones, dos de las cuales Emmett y Jasper usaron cuando fueron desterrados del piso intermedio al recuperar la mortalidad.

Por eso cuando Alice subió allí, danzando cuál bailarina, a Bella le daban ganas de chistarle que bajara la voz y que pisara más despacito la alfombra porque tenía la sensación de visitar un museo, con todo el arte que se exhibía en las paredes, la calma y la quietud que allí se respiraba.

Y en ese pensamiento, nunca estuvo más acertada. Frente a la Biblioteca y en medio de dos habitaciones - que tampoco conocía - había un cuarto para el que tuvo que pestañear varias veces para cerciorarse que sus ojos estaban viendo en realidad. No, era más que un Museo, un Museo de moda. O era más incluso que la historia de esa familia, de la que ella ahora formaba parte. Aunque su parte fuera casi la más pequeña, pero no la más insignificante. Porque allí, expuestos y hasta en ¡vitrinas! Estaban uno por uno todos y cada uno los vestidos de novia de cada Cullen. Todos. Hasta el de Rosalie. El de Rosalie mortal, de los años 30, en una cámara acristalada, con control de humedad, temperatura y luz para que no se deteriorara.

-Yo creo que no os deberíais probar ninguno- dijo una voz a sus espaldas- Porque Rosalie seguro que tiene cámaras en alguna parte.

Bella dio un respingo e incluso un salto para girarse hacia la voz. Allí estaba Edward, en el umbral, con Lexie en brazos, acurrucado contra su cuello. Últimamente tenía una manía un tanto divertida cuando se estaba empezando a quedar dormido que había empezado con cogerse a la oreja del que le tuviera en brazos, pero que había evolucionado a acariciar con los deditos las marcas de las mordeduras de Edward. La primera vez que lo hizo les dejó impresionado a los dos pero ahora mismo no se dormía si no lo hacía, fortuna suya ya que todos los miembros de la familia las tenían.

Pero cuando Bella le dormía, tenía que conformarse con la de su muñeca, que parecía ejercer el mismo efecto.

-Entonces no nos probaremos los de Rosalie- respondió Alice- Podemos ponernos alguno mío y alguno de Esme.

Aún en su sobresalto y con la incomodidad que le producía la habitación miró a Alice - que tomaba una bolsa de un vestido de un perchero dentro de su vitrina - y miró a Edward, en el umbral con Lexie, sin moverse.

-¿Sabías… lo de esta habitación?- le preguntó- Que mi vestido de novia estaba aquí con todos los del resto de la familia.

-Supongo que se me olvidó mencionarlo- se encogió de hombros.

-Ya. Como la caja fuerte que hay tras el estante falso de tu habitación o el viaje de las facturas al administrador del fideicomiso.

-Mi mente ya no es lo que era, Bella- se rió- ¡Oh!- exclamó- Recuerdo ese. Déjalo en su sitio, Alice, a Esme no le gustará verlo fuera de su bolsa: el encaje lo compró cuando era mortal para el vestido de novia de una de sus hermanas.

Alice se revolvió lanzándole una mirada furibunda a su hermano pero cerró la bolsa para dejarla en su sitio, cerrando la vitrina. Movió un par de perchas de la vitrina de al lado y en un suspiro, aunque nadie le dijera nada, cerró la siguiente y fue hacia la del fondo, donde sólo había uno.

-Ten- dijo dándole la bolsa a Bella- Es el tuyo. Procura no mancharlo cuando te lo pruebes- tomó aire estrepitosamente y añadió señalando a Edward- No sé por qué has subido, nos has fastidiado toda la diversión. Te quejarás de uno y de otro y del siguiente. No puedo creer que te tendré que defenderte delante de Emmett y decir que eres hasta divertido.

-Esta habitación me pone los pelos de punta- se defendió él- Míralo, ahí, hasta con manchas de sangre- señaló la vitrina central con el vestido de Rosalie- Es morboso exponerlo de esa manera. Debería de haberlo quemado. Pero no, hemos cargado con él durante 80 años.

Alice contestó algo y Edward le volvió a rebatir, e incluso en medio escuchó un suspirito de Lexie, que seguro que estaba molesto por el intercambio de pareceres de su padre y su tía, pero Bella sólo centró la atención en aquella vitrina y su vestido. Era precioso, precioso para la época en la que lo diseñaron y con su visión se completaba la historia que le había contado Rosalie tiempo atrás de su propia historia. Y así casi comprendía mejor su dolor y hasta su forma de ser si había tenido la sangre fría de conservar el único recuerdo que le quedaba de su mortalidad, y seguro que la más dolorosa de todas que representaba el dolor de su última noche de existencia y las mentiras de un prometido cobarde y asesino.

-Es importante para Rosalie- murmuró junto a la vitrina- Seguro que antes lo era, pero ahora, que todo ha quedado atrás, aún lo será más. Tú no te deshiciste de las joyas que Carlisle recogió de Elizabeth Masen, deberías de comprenderla.

Cuando se volvió, Alice estaba con el dedo en alto y con la boca abierta porque le habían coartado en su explicación, pero Edward tenía casi más altas las cejas, su expresión de sorpresa e incluso los labios en forma de "o".

¿Acababa de hacerlo? ¿Defender a Rosalie delante de Edward? Su relación estaba más tensa que nunca y en los preparativos de la boda se habían peleado en muchas ocasiones. Entonces, Bella intentaba serenar a Edward y no hacer enfadar más a Rosalie, pero lo justo era justo y era lo que debía de decir.

Tras unos instantes, Edward meneó la cabeza, bajó las cejas, cerró la boca, besó a Lexie en la cabecita y contestó:

-Tienes razón. Es importante para Rosalie, del mismo modo que lo son para mí las joyas de mi madre. Gracias a Dios que he encontrado a esta mujer tan maravillosa que me hace ver la realidad cuando estoy cegado con mi tozudez- le sonrió de medio lado- ¿Puedo vértelo probar o será como cuando estábamos preparando la boda?

-¡Ojalá!- suspiró Alice- Entonces hasta me dejabas pasar más de 5 minutos con Bella. Eres todo un acaparador- le sacó la lengua- Pero te perdono, porque voy a empezar a hacer una lista de todo lo que necesitamos para la acampada de mañana.


Edward, antes de bajar la persiana que cegaba la última de los ventanales de su habitación, miró fuera para estremecerse. No es que lloviera a mares, había que buscar una nueva expresión para lo que estaba cayendo. Truenos, relámpagos, aire y agua azotaban ahora mismo al bosque mientras la lluvia golpeaba los cristales. Alice debía afinar más sus visiones si seguía afirmando que mañana, escamparía.

Pero, ¿qué no haría por su hermana favorita? Esme y Carlisle estaban felices con la idea de quedarse al cargo de Lexie una noche - aunque ellos estuvieran al otro lado del jardín - y sería genial compartir esa experiencia con Jasper y Alice. Y ver a Alice y a Bella juntas. Eso era verdad. Él dependía demasiado de Bella y siempre que estaba en la casa estaba con ella, y desde la marcha de Rosalie y Emmett de viaje no habían pasado mucho tiempo juntas.

Cruzó el cuarto hacia la cama y antes de entrar por su lado, se asomó en el serón de Lexie. Un serón víctima de las compras compulsivas de su tía. Estaba allí ya la pasada Navidad, muy útil cuando Bella tenía que darle el pecho sin necesidad de cruzar el pasillo, y muy útil ahora porque es donde se echaba sus siestas, más manejable y ligera que la cuna de su habitación.

Tras darle la cena, se empezó a quedar dormidito en sus brazos - acariciando sus cicatrices como acostumbraba últimamente- y cuando le intentó tumbar en la cuna rompió a llorar así que no pudo separarse de él y ahora descansaba en el cuarto con ellos, sensación que le encantaba.

-Dulces sueños, pequeño- le susurró arropándole más con su mantita.

Le besó la frente, soltó el dosel para que no le molestara la claridad y así se sentó en la cama y saltó hacia su lado - el contrario del serón. En ese momento sonó el cascabel de Sparkles, que saltaba de su cesto al sillón e incluso le sonrió al gatito cuando se dio cuenta que las tres personas - y el animal - con los que compartía vida en Hanover estaban en aquella misma habitación.

-Te gusta, ¿verdad?- le dijo al gatito- Es grande, aunque no haya cortinas para que te cuelgues, pero no te puedo dejar salir: Rosalie no es lo peor que te puede pasar en esta casa. El bosque está muy cerca y ronda de todo por él. Confía en mí. Lo he cazado.

Con un maullidito, el gato se bajó del sofá y corrió dando saltitos hasta subirse a la cama, moviendo la cola. Edward se rió y le cogió para acariciarle, del mismo modo que hacía Bella: en su regazo para pasar su mano desde la cabeza hasta la punta de la cola.

-La otra casa será mejor, lo talaremos todo para que te puedas pasear- le susurró en una caricia.

Volvió a maullar, ronroneó e incluso acarició su cabeza contra su regazo. A Bella no le gustaba mucho que se subiera a la cama - en Hanover al gatito ni se le ocurría entrar en su habitación ni en la de Lexie - así que le dejó en el suelo para que volviera al sofá o a su cesto, pero en medio del movimiento para agacharse, la puerta del cuarto de baño se abrió y se quedó congelado con el gato a unos centímetros del suelo y la visión de Bella en el umbral.

-Aún me vale. Y no sé si es bueno o malo, porque cuando nos casamos estaba embarazada de tres meses.

Levantó el vestido para dar un par de pasos y se quedó allí, en medio de la habitación, tan preciosa como ese día. Y eso que ahora llevaba el pelo suelto y no en aquel recogido perfecto, sin velo, no tenía aquel sutil toque de maquillaje y a simple vista parecía descalza, por lo que se pisaba la tela. Pudo transportarse a ese día, a los nervios y la excitación que sintió, a los sobrecogedoramente hermosa que le pareció entonces y hoy, y a lo afortunado que se sentía desde ese momento hasta el fin de su vida.

Se obligó a moverse para no babear. Y sobre todo a soltar a Sparkles porque maullaba molesto. Así que se incorporó intentando parecer compuesto y no obnubilado por lo que tenía delante.

-Estabas perfecta ese día y sigues siendo perfecta ahora, mi amor. Eso contesta a tu pregunta.

-Mientes- dijo con su rubor- pero gracias. Es una tontería, pero lo echaba de menos. Y no puedes echar de menos algo que te has puesto sólo una vez. Aunque siento que es parte de mí.

-Nos lo llevaremos a Hanover, si quieres. Y así podré verte con él puesto más veces.

Bella se rió y caminó por la habitación - levantando la tela - para llegar a su lado. Se quedó delante de él, le cogió la mano e hizo girar su alianza, igual que cuando se la puso hace casi un año atrás.

-¿Por qué querrías verme con él puesto más veces? ¿Para recordar ese día?

-Cada vez que cierro los ojos te veo, en mi mente, caminando hacia el altar y diciendo las palabras que hacen latir a mi corazón- le besó la mano que jugaba con su alianza- Pero así podría vivir algo que lamento que Alice no creyera que me haría mucha ilusión: quitártelo para tener nuestra noche de bodas.

Bella iba a contestar varias cosas. Primero reírse porque eso era lo que le evocaba la visión de cruzar los aeropuertos vestida de novia hasta llegar a Brasil o cruzar aquella fiesta con tanta tela, además del peligro que esto hubiera supuesto para un posible golpe de calor, del calor que hacía en la isla. O subirse en el bote para surcar el océano, pero en medio de su divagación la mirada de Edward empezó a quemarle, quemarla de pasión y deseo así que sólo le respondió al beso mientras la hacía caer sobre él.

-¿Crees que le causaremos algún trauma a Lexie, como cree Alice?- preguntó Bella.

-Seremos cuidadosos y no nos cargaremos el mobiliario como entonces para no despertarle- respondió él.


Bella sopló su malvavisco, lo tocó para comprobar que no quemaba y le tendió el palo a Alice. Ésta lo cogió con una sonrisa y estirándola con la mano, se la metió en la boca.

-Te has comido media docena ya. Te sentarán mal- le dijo divertida.

-No creo. No me he visto vomitando- respondió con la boca llena- Pero para quemarlos deberíamos de hacer una buena caminata. Mañana por la mañana, ¿qué os parece?

Jasper asintió avivando más el fuego y Bella respondió lo mismo pinchando el siguiente malvavisco porque Alice estaba tan emocionada con la acampada que era imposible no contagiarse. Había estado emocionada todo el día, preparando cosas aquí o allí, así que estaba encantada compartiendo la experiencia con su mejor amiga y la pareja de ésta, el que era una suerte que en el ejército le hubiera enseñado a hacer un fuego.

Porque sí, puede que los Cullen tuvieran todo el material necesario para acampar durante meses, pero no tenían ni idea de hacerlo. Allí estaban los cuatro con todo el instrumental más caro del mundo sin saber qué cabo iba con qué otro o qué era el avance de la tienda de campaña. O para que servía el camping gas. Ni con la documentación que había encontrado Edward por internet se habían salvado.

Pero tras instantes de incertidumbre ya tenían montado su campamento, su fuego, su tienda de campaña, la Mansión estaba escasos minutos caminando, la noche serena, habían cenado y disfrutaban de su compañía.

Los matorrales a su espalda se abrieron tras varios chasquidos producidos por ruidosos pasos y antes de que la silueta de Edward apareciera lo hizo la linterna que llevaba en la mano. Les sonrió al llegar, apagó la linterna y antes de sentarse en su silla, abrió la nevera a su lado para sacar dos cervezas, una para él y otra para Jasper.

-¿Acogedor el cuarto de baño?- preguntó Alice con la boca llena.

-Bastante- respondió quitando la chapa para lanzarla dentro de la nevera- Chicos a la izquierda y chicas a la derecha. Aunque sólo debéis evitar seguir la marca en el árbol.

-Ugh- suspiró Bella- No hacía falta que fueras tan gráfico.

Se rió para darle un codacito, le ofreció la botella que Bella rehusó negando con la cabeza y después la levantó para brindar a la distancia con Jasper. Había costado mucho esconder esas cervezas a Esme - quien no estaba muy de acuerdo que bebieran los que legalmente no tenían la edad- porque había estado ojo avizor con todos los preparativos, preocupada de que llevaran todo lo suficiente y no pasaran frío, pero menos mal que Carlisle era más comprensivo con ese tema y le ayudó a camuflarlas. Bella nunca bebía y Alice no podía hacerlo con su medicación así que con un par había sido suficiente.

-¿Y ahora qué hacemos?- añadió Alice tras el festín de su último malvavisco chupándose los dedos- ¿Qué es lo típico que se hace en las acampadas?

-Hay gente que se reúne junto a un fuego y cuenta historias de miedo- explicó Bella- O leyendas. Los quileutes suelen contar sus antiguas leyendas.

-Yo me sé una muy buena de vampiros- bromeó Edward- ¿Queréis oírla?

-No, la tuya seguro que es muy aburrida- se burló su hermana- Que nos cuente Jasper.

-Me he olvidado de muchas, Alice. Y seguro que de las mejores. Que empiece Edward.

Alice hizo un mohín y escrutó a su pareja durantes unos segundos, pero después suspiró y sólo se revolvió para coger un nuevo malvavisco de la bolsa, pincharlo en su palo y ponerle al fuego. Así, Edward, dio un sorbito a su cerveza y después se aclaró la voz.

-Cuando viajé por Suramérica me encontré con un vampiro que no se contentaba sólo con chupar la sangre a sus víctimas- explicó- también les arrancaba la cabeza.

-¿En serio?- dijo Bella con cara de asco- ¿Y qué hacía con ellas?

-Cualquier aberración, no querrás saberlo- se rió- Se creía un mandado divino o algo así, una especie de ángel caído en la Tierra con la misión de imponer un orden, pero no era más que un desquiciado, que ya había hecho daño en su vida humana, con poderes especiales.

Mirando a Edward, a aquella cara que conocía tan bien, con el gorrito de lana que llevaba calado, una cazadora azul de montaña abrochada hasta el cuello y un pantalón gris, Bella hasta se estremeció, y no por la grotesca historia si no porque sintió que a diferencia de él que podía acceder a su mente y conocer todos sus pensamientos y deseos, ella jamás le llegaría a conocer también. Lo que había vivido antes de conocerla, aunque no fueran cosas nada agradables, los viajes que había hecho o la gente con la que se había topado. Además, aunque lo compartían todo y le respondía a todas sus preguntas, a veces no le contaba cosas porque para él no eran importantes o merecedoras de su atención y así sentía que siempre se estaba perdiendo una parte de Edward y lo quería todo.

-¿Te he asustado?- le preguntó poniendo una mano en la espalda- No debí contarla, no es muy agradable, perdona.

-No- dijo Bella en otro respingo- Sólo… intentaba imaginarme todo lo que hay en tu mente y que yo no puedo leer.

-Nada interesante, te lo aseguro- dijo con una sonrisa- Empezó a ser interesante cuando tú te hiciste dueña de cada uno de mis pensamientos.

Bella asintió levemente, pero Edward se estiró hacia ella, atrayendo su silla contra la suya. Así ahora sí que le sonrió, él le besó la frente y aprovechó para acurrucarse en él.

Bueno, no podía leerle la mente pero sí escuchar su corazón, notar su calor y contar las veces que inspiraba y espiraba. Seguro que era más interesante que las historias de sus andanzas por Suramérica.

-Yo me sé otra historia- intervino Alice blandiendo su palo humeante- De unos vampiros, que se llamaban así mismos vegetarianos porque no bebían sangre humana y al final se volvieron humanos.

Todos rieron y empezaron a sucederse anécdotas: de las clases en la Universidad, de la instrucción de Jasper o la importancia de tener una buena pedicura, según las creencias de Alice. Los chicos apuraron las cervezas, Jasper escondió la bolsa de malvaviscos porque Alice se la había comido casi entera y tras sugerir que sería mejor pasar dentro de la tienda antes de que empezara a helar, las chicas fueron en busca del cuarto de baño mientras los chicos recogían las sillas, la nevera y los utensilios de la cena para extender los sacos y encender las lamparillas dentro de la tienda.

-Si hubiera sabido que ir de acampada era tan poco glamoroso, no habría insistido tanto- rumió Alice abriendo camino entre la vegetación guiada por la linterna- Hacer pis al aire libre, que humillación- bufó- ¿Y por qué está tan oscuro? Podemos meter el pie en cualquier surco y hacernos daño.

-Ni así comprenderías lo mal que lo pasaba cuando tú o Edward me llevabais por el bosque a toda velocidad.

-Bah- le sacó le lengua- Seguro que no era tan terrible. Mucho menos que lo del pis.

Bella se rió y le dio un codacito para después tomar la linterna de su amiga para que pasara hacia el campamento. Se veían sombras dentro de la tienda de campaña así que ya les esperaban. Alice se adelantó con su neceser- sí, había llevado un neceser con todo tipo de cremas y los cepillos de dientes - y antes de meterlo en su mochila se quedó lívida para después exclamar:

-¡Edward! ¡No puedo creerlo! ¡Me lo están poniendo realmente difícil!

Y sin más, de casi dos saltos, como si fuera un gatito, levantó la tela de la tienda que hacía de entrada para meter la cabeza dentro.

-¡No! ¡No! ¡Y no!- volvió a exclamar.

-Alice, baja la voz- se quejó Edward- ¿Quieres que Esme y Carlisle piensen que nos está ocurriendo algo y se presenten aquí con el jefe Swan y su ayudante?

-Pues quizás sería buena idea que el jefe Swan se presentara aquí y viera esto.

Alice se revolvió otra vez, introduciendo su pequeño cuerpecito dentro de la tienda y esa fue la primera vez que Bella pudo ver el interior. De colores anaranjados e iluminada por la lamparilla, las esterillas acolchadas cubrían el suelo gris de la misma dejando en medio un pasillo, donde por un lado estaban los sacos de Alice y de Jasper - Jasper dentro del suyo y junto a la pared de la tienda - y al otro lado otro saco único donde Edward estaba dentro, sin cerrar la cremallera.

-Había un saco para Bella. Lo dejé junto a su mochila. ¡Y tú lo olvidaste en el garaje! Vuelve a por él ahora mismo- inquirió su hermana con un aspaviento.

-No pienso subir colina arriba hacia la casa porque a ti te dé la gana- le rebatió.

-Entonces, ¿lo admites?- recriminó su hermana- Que lo dejaste deliberadamente.

-No tengo que admitir nada- se quejó él- Se olvidó y se olvidó. Punto final. Vive con ello.

Alice emitió un gemidito de frustración apretando los puños elevando el tono más cuando Jasper añadió en su tono calmado:

-Alice, cariño, ¿por qué no entras antes de que se nos cuelen los mosquitos? Nos devorarán y más con el perfume que te has echado.

-¿Quién tiene la ocurrencia de ponerse perfume en el bosque? Si fuera vampiro, ahora mismo te mordería- contestó Edward jocoso.

Pero Alice no se amilanó y revolviéndose incluso tiró del saco de su hermano. Jasper le dijo más palabras de clama, le quitó importancia y le pidió que se sentara con él, pero hasta que Bella no se adentró en la tienda, el ciclón de Alice no se detuvo.

-¿No tienes nada que decir?- le inquirió.

Bella notó como se sonrojaba. No obstante, no sólo Alice la miraba, Jasper y Edward también - con los pies en alto para evitar que su hermana vapuleara su saco - como si ella fuera un juez supremo en posesión de la verdad.

-¿Sobre… que no tengo saco de dormir?- dijo a media voz.

-¡Genial!- bufó Alice- Estás obsesionado- señaló a Edward- ¡Los dos! Me lavaría los pensamientos con lejía si pudiera librarme de los flashes que recibo de vosotros.

Entonces, como si se hubiera caído en ese mismo momento en la conversación, Bella se dio cuenta de por qué protestaba tanto Alice. Evidentemente, al olvidar su saco - queriendo o no - tendría que compartirlo con Edward. Junto a ellos. Y había hablado tanto de lo feliz que estaba de poder dormir juntas que hasta se imaginaba una escena de ambas tomadas de la mano, saco con saco, felices. ¡Pero no sabía lo que se había imaginado - y por ende decidido - Edward al respecto!

-Alice, dijiste que lo intentarías- dijo Bella en su bochorno- Nos lo prometiste.

-Y Edward debía de coger tu saco. Y lo dejó olvidado. Promesa rota por promesa rota- se revolvió- Y ahora tengo que dormir a vuestro lado mientras compartís saco- se estremeció- Es repulsivo.

-Alice, basta ya- contestó Edward levantando la voz- Lo olvidé queriendo, ¿contenta? Pero hay una explicación: una vez le prometí a Bella que en el momento que nos casásemos, siempre compartiríamos cama. Fuera donde fuera. Y cumplo mi promesa. A diferencia de ti.

Alice se volvió a quedar quieta pero ahora hizo una mueca con los labios apretándolos. Pestañeó para mirar a Edward, pestañeó para mirar a Bella que tenía esa sonrisa suya impertérrita cada vez que su hermano le decía algo bonito y suspiró para quedar sentada.

-Está bien. Recuerdo esa conversación. Pero nada de hacer algo dentro de ese saco.

-Dios mío, Alice- musitó Bella más abochornada que nunca- No tienes ni qué dudarlo. Por quién nos tomas.

-Por unos recién casados- bromeó Jasper.

No es que fuera una experta en acampar ni mucho menos en excursiones, a no ser por las que Charlie le había obligado a acudir de niña, pero desde esa noche, sería una actividad a repetir periódicamente. Solucionado el conflicto del saco de dormir y una vez acomodados se pusieron a charlar y a reír como si hubiera algo que les impidiera dormir. Era genial estar con esas tres personas tan importantes para ella, que le hacían formar parte de esa familia. Y sería más cuando Rosalie y Emmett regresaran, el bebé naciera y junto con Lexie pudieran formar un camping completo.

Alice fue la primera que cayó rendida y Bella sólo se dio cuenta cuando la mano que se tomaban dejó de sujetarla. Después lo hizo Edward, abrazándola por la espalda y tomando su otra mano y cuando se dio cuenta que Jasper también dormía, decidió cerrar los ojos e intentarlo, cosa que le costó bastante. Primero, empezó a hacer frío y ni siquiera compartiendo saco con Edward y en sus brazos se mitigó, segundo, había muchos ruidos en el bosque y tercero, echaba de menos a Lexie.

Era una tontería, estaba a escasos minutos caminando, en su cunita y con Esme y Carlisle, pero sentía que le faltaba algo.

Si no hubiera sido por el punto dos, hubiera subido la colina para verle dormir con su cara de paz, idéntica a la de su padre.

El frío empezó a mitigarse poco a poco e incluso empezó a hacer calor dentro de la tienda, y hasta le pareció escuchar conversaciones, el crepitar de un fuego y pasos a su alrededor. Se intentó desperezar de su sueño y abrir los ojos pero sólo vio un borrón gris que era la camiseta de Edward en la que estaba acurrucada, sumergida dentro del saco.

Sacó la cabeza y tuvo que girarse para comprobar - efectivamente - que estaban los dos solos y que Edward aún dormía. Se quedó en silencio unos instantes y ahora escuchó ¿una conversación? Que decía algo referente al desayuno y al fuego.

¿Olía a chocolate?

Como si el haberse movido le hubiera servido para despertarle, Edward carraspeó, se frotó los ojos y los abrió para mirarla. Y como si estuvieran solos, como cada día, en su habitación y su cama, dijo:

-Buenos días, ¿has dormido bien?

Sonriendo asintió y después recibió su acostumbrado beso de buenos días. En medio de él notó que le pasaba los cabellos tras la oreja así que podía imaginarse los pelos que tenía de moverse de un lado a otro del saco. Pobrecito, estaría morado de patadas, no sabía cómo seguía allí y no había salido pitando al primer juzgado a pedir el divorcio: ella se movía de un lado al otro mientras él permanecía estoico amoldándose a su postura abrazándola y aferrándola.

-Ha hecho mucho frío, espero haberte cobijado bien- añadió.

-Mejor que bien- respondió Bella- Aunque por seguro hubieras decidido hacerlo de otro modo.

Edward se rió para volver a besarla sujetándole la cara con las dos manos, cuando, sin más, se quedó quieto. Ladeó incluso la cabeza como si se hubiera percatado de algo, para, acto seguido murmurar:

-Lexie.

Oh, él también le echaba de menos. Claro, cómo si no. Aunque se hubiera dormido antes que ella y no le hubiera dado tiempo a pensar en el bebé, después de darle su beso de buenos días, cada mañana su siguiente centro de atención era él: le hacía cucamonas cuando estaba en la cuna, le dejaba que le tirara de los cabellos, que le palmeara la cara, le besaba las manitas y la barriguita…

Antes de que Bella pudiera verbalizar todo esto, diciendo algo como "yo también le echo de menos", se incorporó. Volvió a murmurar el apelativo cariñoso de su hijo, salió del saco corriendo las cremallera de golpe y en dos zancadas agachado en la tienda como estaba, se puso sus botas de montaña para salir fuera sin abrochárselas.

Oía la voz de Carlisle. Y después oyó la de Esme, incluso la risita de Alice y los pasos de Jasper. Conocía aquellos ruidos familiares desde hacía décadas, aunque ahora su oído tuviese el umbral normal humano. Antes de que su cerebro se preguntara qué podrían hacer allí Esme y Carlisle si la última vez que les había visto la tarde anterior estaban encantados de poder quedarse a solas con Lexie y malcriarle sin que él pudiera hacer nada, los pensamientos fatalistas se apoderaron con todo su ser.

Pensamientos de qué podría hacer Carlisle allí y hablando entre susurros. O Esme. ¡Algo terrible había pasado! Seguro que estaban pensando cómo darle la fatal noticia porque la paranoia y la sobreprotección a Bella - y ahora por extensión a Lexie - no se había quedado en la ponzoña que su cuerpo había perdido al recuperar la mortalidad.

Reptó por la tienda de campaña, se calzó sin abrocharse las botas y prácticamente arrancó la cremallera. Tenía que llegar fuera, tenía que ver…

A Alice sentada frente al fuego meneando algo en un cazo, a Jasper avivando el fuego y sí, a Esme y a Carlisle. Vestido de montaña. De arriba abajo. Aunque ni siquiera reparó en eso porque su visión fue a su bebé en brazos de su abuela.

¿Estaba entero? ¿Lo tenía todo? ¿Fiebre? ¿Infección de oídos? ¿Cólicos?

-¿Qué… pasa? ¿Qué hacéis aquí? ¿Estás bien, hijo?

Antes de darse cuenta ya le había arrebatado el bebé a su abuela y le preguntaba a él su estado, cuando evidentemente no le podía contestar. Todo el mundo le miró perplejo, posiblemente Lexie se asustó por el vapuleo de regazo a regazo y pestañeó curvando sus labios como si fuera a romper a llorar, pero como le apretó contra su cuello el pequeño ni se atrevió a gurgutar. Como su familia. O Bella. Cuando miró hacia la tienda, salía poniéndose las botas.

Carlisle también batió la cabeza: miró a Esme que se había quedado con los brazos vacíos donde ya no sostenía a Lexie, a Edward sujetando a su bebé y a Bella peleándose con los cordones, así que levantando los brazos - como si tuviera que poner paz en algo- dijo, calmado y sonriente.

-Hemos decidido unirnos a la caminata. Alice nos ha asegurado que hará buen tiempo y por eso hemos equipado completamente a Lexie. Espero que no os importe.

Edward fue ahora el que les miró perplejos a todos y después reparó en su bebé, en que llevaba unos pantaloncitos de montaña, similares a los suyos, un polar de un verde precioso, casi parecido al de sus ojos, un gorrito de lana e incluso unas botitas de cuero, eso sí, sin suela y con unos cordoncitos de colores que seguro que le encantaría desabrochar. En cuanto sus miradas coincidieron, le sonrió, le señaló con el dedito y él no pudo más que besarle.

¿Y era Alice la que estaba siempre bajo supervisión médica? Él necesitaba una buena dosis de tranquilizantes. Seguro que había estado de sufrir un infarto y hacer a Bella sufrir otro.

-¿Nos importe?- dijo Bella saliendo de la tienda de campaña- ¡Por supuesto que no!

Antes de acercarse a él con brazos abiertos, Lexie empezó a dar saltitos, a gimotear y señalarla. Y a Edward no le quedó más remedio que tendérselo, libre ya de angustias y de pensamientos horrorosos. Bella era la luz de todo ese bosque, por eso quizás hasta ahora mismo salía el sol: había sido su luz y ahora, claramente, era la luz en la vida de su pequeño que la buscaba siempre en su campo de visión y que no descansaba hasta que no tenía su atención al completo..

-Mamá te ha echado mucho de menos Lexie- añadió cogiéndole en brazos- Mamá y papá. Y tía Alice y tío Jasper- le besó sonoramente- Pero seguro que tú has sido muy bueno y has estado muy bien con los abuelos, ¿verdad?

En otro sonoro beso, levantó la vista hasta Carlisle y Esme, tomando esta la palabra para hacerle una cucacomana al bebé, tomando a Bella por la cintura.

-Por supuesto que se ha portado estupendamente, si es un angelito. En cuanto sea un poquito mayor, estoy seguro que le encantará que acampemos juntos toda la familia.

-Mmm…-murmuró Alice- No si no hacemos algo con el tema del cuarto de baño. ¿Te imaginas a Rosalie haciendo pis al aire libre?- soltó una risita.

-Siempre podemos acampar más cerca de la casa para que subas cuando lo necesites- observó Edward.

-Que idea tan buena- rebatió su hermana para sacarle la lengua- Como la de las cervezas.

-¿Qué…?- preguntó Esme en un suspirito- ¿Qué cervezas? ¿Quién ha bebido?

-Gracias, Alice- le reprochó él- Con esto nos quedamos en paz por lo del saco.