Disclaimer: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Personajes y escenarios de Kishimoto-sensei; trama de mi propiedad.

Advertencia: Este capítulo tiene algo de +18. Cuidado con eso.


Infieles


07. ¿Compromiso?

Neji y Hinata caminaban uno tras otro, separados por barreras invisibles, enfadados por lo que había sucedido momentos antes, cuando la grúa se había llevado el coche y Neji había guardado un silencio mortal; y eso había sido un momento antes de gritarle que estaba loca y mandarla a la mierda. No fue agradable, sencillamente se quedó callada e hizo oídos sordos; sin embargo, estaba temblorosa aún por el trauma del accidente. Recordó, vagamente, lo que había sucedido justo después de que hubiese casi saltado del coche en marcha...

Su primo Neji no dudó un segundo en agarrarla a ella y descuidar el volante, que giró sin control. En un momento, automóvil se salió de la vía y se estrelló contra la farola que estaba al otro lado de la calle... Varios cristales se rompieron y el capó quedó destrozado. Milagrosamente, ambos salieron sanos y salvos ayudados por un par de personas que pasaban por allí. Después de hacer el parte, se habían marchado caminando.

Aún le dolían las cervicales. Se fijó en la mejilla de su primo, donde un fino corte se dibujaba en su piel. No pudo evitar pensar que habría pasado si él no la hubiese sujetado y si no hubiese sujetado el volante a tiempo... Un escalofrío la recorrió; tuvo ganas de echarse a llorar allí mismo. Su primo podría haber muerto por su culpa. ¿Dónde estaba su serenidad, su seriedad en aquellos momentos? Toda la vergüenza de la noche anterior se esfumó de un plumazo. En su lugar, se encontraba el arrepentimiento y la ira por ser tan estúpida de haber hecho algo sin sentido y la hacía parecer una niñata en lugar de una chica de dieciocho años a punto de entrar a la Universidad.

Se fijó en el cielo, que ahora le parecía absurdo con toda la polución de la ciudad. Un par de lágrimas se escurrieron por sus mejillas; eran de rabia. Ella había sido una inmadura por intentar bajar de un coche en marcha, pero él era un cerdo por intentar tocarla, simplemente por obligarla a subir al coche sin que ella quisiera. Simplemente no, no quería verle más después de lo que he había hecho.

-Escucha, ¿sabes lo que te digo? -Neji ni se molestó en mirarla-. Que tienes trescientas veces más culpa que yo de lo que ha pasado… y qué...

Siguió caminando. Hinata se enjugó las lágrimas, no quería que ese necio la viera así.

-...y que te odio… ¡No quiero que vuelvas a acercarte a mí, ni a tocarme! -Exclamó firmemente-. Te… Te juro que si me vuelves a tocar, le diré a mi padre lo que sé...

Neji paró y se giró; y entonces, Hinata pudo verle una mirada que no le había visto nunca. El camino a pie era largo, y la tarde ya comenzaba a dejar sus rastros en el cielo, que se había vuelto de un azul que ya amarilleaba.

-¿Acaso te has asustado?, ¿Ahora sientes el miedo? -Le preguntó ella, levemente asustada. Los ojos de su primo tenían una tonalidad gris, casi azúrea; los sentía helados sobre su cuerpo.

-¿Lo sientes tú? -Le preguntó-. Hace años le perdí el miedo y el sentido a todo, ¿cómo una mosquita muerta como tú me lo iba a dar?, ¿Dime, cómo?

Hinata dio unos pasos atrás. -No te acerques.

-He intentado ser amable contigo, pero no se puede -Le dijo, acercándose más-. Una estúpida como tú no puede entender eso, ¿verdad?

Hinata trató de reprimir sus lágrimas, pero no pudo; las palabras eran demasiado hirientes. Se sentía débil y pequeña. Jamás, nunca se había sentido tan mal cerca de alguien de su propia familia.

-No… No… -Trató de decir, tartamudeando.

-¿No qué? -Le preguntó- ¿No puedes más que tartamudear? Las niñas ricas sois lo peor, ¿cómo no podría odiarte yo, en vez de tú a mí?

Neji se acercó aún más. Hinata maldijo que la calle estuviese vacía. Como por una especie maldición, nadie venía a ayudarla, nadie podía socorrerla de ese intruso que se había adueñado de su mente con el temor y la duda. Lo peor era que, pese a intentar defenderse, las palabras no salían de su boca. No podía alejarse; él estaba muy cerca, demasiado para su gusto. No reaccionaba.

-Quiero que me odies con razón, primita -Le dijo, tomando su barbilla con algo de fuerza, haciendo que la mirase.

Hinata reaccionó, trató de apartarle, pero le fue imposible, ya que él aferró una de sus manos y apretó su mentón aún con más fuerza, acercándola a su boca.

-¿Qu-Qué pretendes? -Maldijo la joven, deshaciéndose de su agarre-. ¡Suéltame!

El ruido de un golpe sonó en toda la calle, y Hinata se sobó la mano. Neji, por su parte, se tocó la mejilla, donde había una marca con la marca de una palma y cinco dedos. La joven se cubrió la boca, sorprendida por lo que había hecho y los pocos segundos salió corriendo camino a ras, quizá a su casita de ricos -donde por desgracia tenía que vivir él también- donde quizá su mami la estaría esperando con los brazos abiertos de par en par.

Estaba enfadado, enfurecido, sin embargo sonrió. La iba a hacer sufrir, a partir de ahora le iba a hacer la vida imposible a su primita. Se juró y perjuró que se las iba a pagar. ¿La había lastimado la última vez?, ¿Sí? Pues ahora le iba a hacer un daño mucho mayor. Ella se lo había buscado, oh sí.

&

En una oficina cerrada con llave, lejos de la calle, dos amantes se revolcaban sobre un escritorio en uno de sus muchos encuentros sexuales. Era un repartimiento mútuo de sentimientos de curiosidad el uno por el otro. Ella quería la experiencia; él quería innovación. Ella era hermosa, joven, con toda la vida por delante., y él era un viejo cansado de su mujer y su familia en general. ¿Qué mejor pareja de amantes que esa?

-Oh, señor Hyuuga -Gemía la mujer- ¡Siga, por favor!

-No van a oír, pequeña.

-No importa -Murmuró ella-. No hay casi nadie a estas horas.

Las embestidas se sucedían, una y otra vez con más fuerza. Ella abrió más sus piernas, encantada con la penetración. La mesa daba golpes contra la pared en que estaba apoyada, creando un ruido molesto; pero no les importaba. El vaivén se hizo tan placentero que finalmente llegaron al éxtasis de la relación. Él la llenó con su placer mientras ella se daba placer con uno de sus dedos y llegaba al orgasmo. Luego se acabó. Así era, casi cada semana.

El hombre salió de encima suyo y ella bajó del escritorio, limpiándose con un pañuelo de papel los rastros de semen. Ambos se vistieron con lentitud, obviando el hecho de tener que ir recogiendo las prendas esparcidas por el suelo. Se miraron y volvieron a besarse.

Las aventuras extra-matrimoniales eran divertidas, muy divertidas.

Cuando Hiashi Hyuuga y su secretaria salieron del despacho, nadie se les quedó mirando raro. Ya era normal que se quedaran largos ratos en la oficina organizando las cuentas de la empresa y preparando los actos a los que debían asistir. Ella, Hanabi Ichinose, era el ojito derecho de Hiashi Hyuuga. Jamás asistía a un acto sin ella, nunca sin su consejo, y las malas lenguas decían que le había abierto una cuenta con "ingresos extra". En sí, todo esto eran rumores, pero nadie podía negar que una secretaria tan bella no hubiese sido la tentación de su jefe. Su cabello liso de un tono chocolate, sus ojos grises, casi perlados cubiertos por unas gafas, su cuerpo de infarto y su corta edad: veintidós años. Nadie había podido obviar eso, ni siquiera un hombre casado.

-Me voy a casa, Hanabi -La informó su jefe-. Tenme lista la agenda para mañana.

-Sí, señor Hyuuga -Unas pupilas grises centellearon tras la montura de sus gafas-. Mañana a primera hora estará todo listo. Descanse.

Hiashi le dirigió una sonrisa, y la agarró del trasero, haciendo que ella diese un respingo.

-No te escapes, pequeña.

El hombre caminó por el pasillo y cuando desapareció por las puertas del ascensor, Hanabi enfiló el corredor y giró a la derecha y subió las escaleras hasta la planta seis. Allí, se paró ante una puerta que decía:

"Sasuke Uchiha, sub-director adjunto"

No pudo evitar sonreír. Le tenía en el bote. Hiashi confiaba ciegamente en ella; su secretaria, la única que le comprendía, la única que entendía sus problemas, la única que podía substituir a su frígida mujercita. Pero Hiashi Hyuuga ignoraba quién se ocultaba tras la joven, pasional y brillante Hanabi Ichinose.

&

Hinata se metió en la oscuridad de su cuarto; la estora estaba echada y la persiana bajada. Cerró la puerta y se tiró a la cama, pensando en cosas que lo único que hacían era ponerla de los nervios, hacerla revivir una vez más lo que había sucedido. Triste, se revolvió, dejando las sábanas arrugadas. Recordó la cara de su primo con el entrecejo arrugado, una mueca hostil en los labios, entre sorprendida y enfurecida; sus ojos habían centelleado con ira. Debía odiarla, y eso era lo que quería, que supiera que ella le profesaba un sentimiento mutuo.

Era lamentable como en un par de semanas habían acabado odiándose y tratándose como a pura mierda. Hinata no sabía ni entendía de dónde había sacado el valor para decirle aquellas palabras que acabarían con su relación de familiares que se trataban con formalidad. Ya no eran ni eso. Hinata confiaba que las ofensas de Neji se acabaran entonces. Sin embargo, Hinata no sabía lo equivocada que estaba. Y es que sus palabras, sólo fueron en inicio de una larga línea de hechos que les convertirían en enemigos.

&

-Su novela no es lo que buscamos, señora Hyuuga -¿En cuántas editoriales había oído la misma frasecita? Para que engañarse, sus escritos no eran demasiado buenos, si no ya le habrían aceptado la novela en algún lado.

Miró la simple decoración de la sala; tenían dinero, se notaba. Una mesa de cedro justo en el centro de la habitación con una cómoda butaca. Un carísimo Dalí colgaba de la pared color crema. Si no lo aceptaban en ningún lado más, tendría que optar a la auto-publicación. Su libro había sido revisado por varios editores y correctores, y más de un crítico, por supuesto. El resultado no había sido malo, pero no entendía por qué no lo quería nadie.

-Quizá debería probar con algo con más gancho -Le dijo el director de la editorial, sacándola de sus pensamientos-. Quizá una novela de romántica o erótica.

-¿Acaso la ciencia ficción no es un terreno rentable?

-No demasiado, señora Hyuuga -Comentó- En nuestra editorial, dado que el público es más joven, apostamos por la sexualidad y el romance. El gancho de la historia, por supuesto, es una de nuestras prioridades. Se lo digo como consejo si quiere vender. Véndanos una historia interesante y nosotros compraremos su idea.

-Está bien, lo pensaré -Hikari se levantó, algo contrariada.

Cuando salió, su agente-editor la esperaba sentado en la sala de espera. -Por tu cara, parece que no te fue muy bien.

-No realmente -Suspiró la mujer, asqueada-. Es la vigésima vez que me rechazan esta novela. No lo comprendo.

Caminaron por el gran edificio, atravesando unas cuantas puertas hasta encontrar la salida.

-Encima ese hombre tuvo la decencia de decirme que escribiera otro tipo de narración: romance y erotismo. Siempre me ha gustado la ciencia ficción y el misterio. ¿Por qué debería escribir sobre algo diferente?

-¿No crees que sea hora de escribir algo así? -Argumentó el hombre que la acompañaba-. Algo que realmente llene tu vida. Siempre me hablas de lo mal que te trata tu marido, de la culpabilidad que sientes por tu hija. Soy tu editor, pero te conozco bastante bien.

-Gracias, Kakashi -Le sonrió dulcemente-. Eres mi mejor amigo, no sé a quién le contaría las cosas sino a ti. Pensaré en lo que me has dicho e intentaré tener un borrador de la idea para el jueves.

Caminaron por la acera un poco más, y después se despidieron, subiéndose cada uno a su automóvil. Hikari arrancó y puso la radio; enseguida sonó uno de sus discos favoritos. El apoyo moral de Kakashi era indiscutible, siempre la hacía sentir bien dondequiera que fuese con él. Conseguía sacarle una sonrisa en los peores momentos; casi igual que con Neji. Sin embargo, nada la habría hecho tan dichosa como ver su novela publicada en esa editorial o en cualquier otra. Todo un año de trabajo, -sobretodo evitando que su marido la descubriese escribiendo para que nadie tomase sus escritos en serio; deprimente. Volvería a casa y realmente pensaría en lo que hacer, si escribir una novela romántica o no.

Verdaderamente, quería demostrarle a su marido que era más inteligente que él, que era capaz de hacer cosas mucho más grandes que él; y por ende demostrárselo a sí misma. Ser escritora había sido siempre su sueño, y lo lograría; aunque tardase años en alcanzar ese mérito.

&

Neji entró a la casa dando un portazo en cuanto atravesó la puerta. Enfurecido, subió por la escalera dispuesto a darle su merecido a esa niña. Había vuelto corriendo tras ella, aunque ésta no se había dado cuenta. Abrió la puerta del cuarto de su prima con fuerza, haciendo un sonido estruendoso. Hinata dio un bote en su cama, pero se quedó como estaba, sorprendida. No se atrevió a girarse.

Neji observó con ira a la figura tendida en la cama. Estaba de espaldas, respirando descompasadamente; podría hacerse la dormida, pero él sabía que estaba despierta. La muy idiota se pensaba que era tonto. Como una exhalación, se acercó a la cama y la agarró de la ropa, tirándola al suelo.

-¿De qué vas! -Exclamó Hinata, perdiendo la paciencia-. ¡Me has hecho daño!

-Te lo dije, estúpida -Exclamó él, como si un demonio le hubiese poseído-. ¡Me vas a odiar porque a mí me da la gana!

-¡Idiota! -Su dulzura se había ido al carajo-. ¿Quién te crees que eres para tratarme así?, ¿Acaso no has tenido suficiente?

-Realmente no.

La vio desaprobadoramente: tenía los primeros botones de su camisa desabrochados, denotando su escote. Su cabellera negra estaba despeinada y bajo sus ojos había marcas de llanto. Le pareció terriblemente perversa y tentadora; era un demonio, ¡un maldito diablo con forma de mujer! La iba a castigar, la iba a hacer odiarlo con todas sus ganas.

-¿Te he mencionado que no quiero que te acerques?

-Sí.

Fueron las últimas palabras de Hinata, antes de que Neji hiciera algo muy, demasiado indebido. Algo que quizá cambiaría el curso de esta historia.

Cuando Hikari aparcó el coche en la entrada, vio como Neji entraba por la puerta con prisa y un rostro demasiado enfadado. No le siguió. Había días en que Neji estaba así, aunque se preguntó dónde estaría su hija y si él la habría recogido, tal como le dijo horas atrás.

Cogió las llaves y su bolso, y caminó hacia la entrada. La tarde casi había desaparecido, dejando paso a un cielo oscuro. Empujó la puerta y entró; no le extrañó que estuviese abierto, Neji la habría dejado así.

-¡Mamá ha llegado! -Quizá lo dijo demasiado bajo, porque al parecer nadie la escuchó. Quizá Neji se hubiese atragantado con su propio orgullo, porque no quiso contestar; Hinata tampoco, por lo visto-. Ellos se lo pierden.

Se fue a la cocina y tomó un vaso de agua del grifo. Se sentía realmente bien llegar a casa y tomar un buen vaso de agua después de un largo día; realmente era una buena sensación.

Con el bolso al hombro, subió por la escalera, y en su avance por el pasillo, oyó unos cuantos ruidos e improperios. También algunas quejas de una voz femenina. Paró para tratar de escuchar de dónde venían y llegó a la conclusión que era desde el cuarto de Hinata.

Dio unos cuantos pasos, ya que para ir a su habitación tenía que pasar primero por el de ella. Vio la puerta abierta, y presa de su curiosidad, se asomó.

Quizá no debió asomarse, porque lo que vio no le gustó tanto como había supuesto; más bien la disgustó sobremanera.

No fue para menos: Su hija y su sobrino besándose.

No, esa no era una escena que se viese todos los días. En ese momento, la ira y los celos se colaron en su alma; por un momento, la odió como si fuese una extraña que le hubiese robado a su hombre.

No. Debía desechar esa idea. Callada, se negó a creer en lo que había visto. Tenía que haber algo de errado en esa imagen; quizá enajenación de su mente. Ignoraría eso; aunque sólo por el momento.

Callada y silenciosamente, siguió su camino por el pasillo, como si nada hubiese ocurrido.

"Está bien, yo no he visto nada"...

Después de todo, su hija ya los había pillado en una ocasión y no había dicho nada hasta tiempo después. Ya llegaría su momento de echarselo en cara a Neji.

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Un beso: sus labios unidos por la humedad, sus cuerpos lo suficiente unidos para profesarse calor, una electricidad intensa invadiéndoles. Un instante, sólo un momento, lo suficiente para que ambos sintieran algo lo suficientemente fuerte como para separarse rápidamente.

Hinata fue lanzada a la cama con fuerza. Cuando levantó la vista vio esos ojos grises mirándola de nuevo, como nunca lo habían hecho; se sintió desnuda, tonta… sonrojada. Bajó la vista, mientras él salía atizando la puerta y dejandola cerrada. Cuando volvió a levantar los ojos, él ya no estaba; se había esfumado.

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Neji se encerró en su habitación, tratando de no pensar en lo que había sucedido. Suspiró largamente, como nunca lo hizo en su vida. Esto no le podía estar pasando; no a él.

Ver a su prima así, después de su pelea, le había exaltado. Y lo peor es que algo entre sus piernas había despertado. La vio sonrojada, enseñando su escote, su cabello revuelto, su debilidad. Pero eso no fue lo peor que ocurrió en la habitación. Lo terrible fue cuando se pegó a su cuerpo y la besó; entonce se puso horriblemente tieso, algo comenzó a despertarse…

¡Oh, madre mía, no le podía estar pasando!

¿Cómo se podía pasar de estar enfurecido a estar excitado?

Definitivamente, necesitaba un psiquiatra.

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En su cuarto, Hinata no estaba mucho mejor. Apretó las sábanas con los puños e intentó rememorar el rostro de Naruto, su antiguo amor; con terror, notó que lo veía difuso. Se llevó las manos a la cara, sintiéndose realmente mal, extraña; no podía verle.

Un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas, mostrando su debilidad. Realmente y más que nunca, le necesitaba. Extrañaba a Naruto más que nunca, aunque la hubiese traicionado en su momento.

Ahogó un sollozo con la almohada. Necesitaba a alguien que la socorriese, alguien que la animase. El rostro de su amor se aclaró, pero no pudo ver otro que el de Neji, mirándola fríamente, con odio. Ya no lo aguantaba más. Si volvía a cruzarse con él saldría corriendo, no tendría valor para enfrentársele de nuevo. No pensaba bajar a cenar y verle la cara a él o a su madre, o quizá a su padre, pero dudaba que se encontrase a éste último.

Se cubrió su sonrojado rostro. Recordó que cuando él la había mirado, una sacudida intensa había azotado su cuerpo; quizá sólo nervios de adolescente, pero diablos, ya era casi una mujer.

No podía sacárselo de la cabeza, por mucho que lo intentase seguía preso en su cabeza, como una impresión en un papel.

Oh, por dios, ¿qué había hecho ella para merecer eso?

¡Un psiquiátrico! Sí, eso le hacía falta. Se juró a sí misma acudir a uno esa misma semana para que la encerrasen y ya no la sacasen. Desechó esta idea, sabía que no estaba en sus cabales.

No podía estar deprimida al comenzar la Universidad. Faltaban menos de cuatro días para su gran día: la entrada al mundo universitario para cursar una carrera con la que jamás había soñado. Ah, estúpida vida.

Acostó su cabeza en la almohada, envuelta en un mar de lágrimas. Ya, después de todo lo sucedido, no podía pasarle nada peor, ¿verdad?

&

Se despertó a las dos horas y bajó al comedor, de mejor ánimo. No sabía la noticia que le esperaba. Miró el reloj: la nueve, hora de cenar. Su estómago gruñó, pidiéndole que lo alimentara. Hinata se arregló lo mejor que pudo y bajó la escalera. Para su sorpresa, cuando entró por las puertas del comedor, su padre se encontraba allí y no había ni rastro de su primo. En realidad, eso la alegró.

-Buenas noches -Saludó la joven, sonriendo levemente-, papá, mamá.

Se sentó en el asiento de la izquierda. Su madre dijo un ligero "hola" y su padre se dirigió a ella, cosa que extrañó a Hinata.

-Hinata, hija -Habló su padre, con su habitual tono serio; aunque parecía estar más alegre que de costumbre-. Ya que estás aquí… mañana por la mañana tenemos que ir a un sitio, tu madre, tú y yo.

-¿Dónde, papá? -Preguntó educadamente.

-Es una simple formalidad -Argumentó-. Una entrevista para formalizar tu compromiso con uno de mis subordinados en la empresa.

Su boca se abrió, formando una perfecta O. ¿Qué es lo que su padre estaba diciendo? No pudo hablar. Miró a su madre, dubitativa; ésta le devolvió la mirada, con tristeza.

-Es mi mejor empleado, proveniente de una acaudalada familia -Siguió hablando-. Será el mejor esposo para ti, Hinata.

Después de oír eso, Hinata no probó bocado en toda la cena.

&

En una discoteca del centro de la ciudad, Neji Hyuuga se divertía. Su motivo: tratar de olvidar todos los percances que habían ocurrido. No tardó mucho hasta que alguien se le acercó, una mujer de hermosas curvas.

-¿Te gustaría divertirte, cariño? -La sugerente voz de una desconocida le deleitó. La propuesta era demasiado tentadora.

Con gusto, se dejó llevar a la pista de baile por una morena de cuerpo impresionante. Iba a ser una noche de copas y sexo. Mientras bailaba al son de una sugerente melodía, no pudo evitar desear ver arrastrándose a su prima mientras él se reía y esperaba que ella le rogase cosas indecibles por esa boquita suya. No, mejor aún: eso pero en su cama.

Sonrió con deleite.

La melena de su acompañante le recordaba irremediablemente a ella. Si no podía sacársela de la cabeza, ¿por qué no hacerle la vida imposible, por qué no amargarla hasta decir basta?

Oh, sí, Neji necesitaba un psiquiatra urgente.

Continuará...


Nota: Actualización a la carta. Espero que os haya gustado el capítulo y me perdonéis por las faltas. Lo hice casi sin mirar eso. Por lo demás, ¿qué opináis?, ¿Se os han aclarado dudas de la historia?, ¿tenéis alguna sugerencia? Sólo hacedmelo saber.

Bueno, un beso y abrazos a todas ^^ Agradecimientos especiales a: Viicoviic, Fujioka-chan, NejiHien, Ridesh, Daniratoe, Bell, Chiiiachian, Harukauzaki y Lilamedusa.