CAPITULO VII – DRACO MALFOY

.

La victoria del Dragón

.

A pesar de que el caso estaba cerrado oficialmente con el testimonio de Hermione y Harry, que vieron al asesino del Águila de Sangre quemarse vivo y el de la joven sobreviviente que regresó a su rutina normal; Hermione no cejó en el intento de interpretar el significado de las runas marcadas. Lo hacía como un reto personal, pues no solía dejar las cosas a medias. Pero para esta tarea debía crear un contra poción contra los efectos de la maldición que le permitieran no quemarse viva como a los otros traductores. Ella buscó a Malfoy, pues él fue quien logró encontrar los ingredientes de uno de los calderos del asesino Marshall. Draco vivía en una villa en Bourdeaux, cerca de Paris, donde ella residía y aceptó ayudarla sin problema. Draco había superado sus equivocaciones de la guerra, en parte porque sus padres murieron envenenados por sus rencores y porque recordaba que sus prejuicios no lo habían llevado a ningún lado bueno. Ahora aquello le permitía respirar y darse otra oportunidad de vivir sin presiones. Estaba separado de Astoria, su esposa y madre de su único hijo, Scorpius, desde que el chico tenía dos años. No la amó jamás pues su matrimonio fue concertado por sus padres. Cuando estos fallecieron él empezó a dedicarse a su verdadera pasión: las pociones.

Se reunían todos los fines de semana, pues eran los únicos momentos que tenían libres, pues no era una investigación oficial. Kingsley le había cedido toda la información, pues conocía el celo de Hermione y la destreza de Draco. A veces trabajaban un par de horas y cuando estaban concentrados solían pasarse toda la noche. En esas ocasiones, que resultaron muy frecuentes, él solía pedir algún platillo al restaurante cercano siempre con una buena botella de vino francés. Al terminar la llevaba a su casa y se aseguraba que ella subiera a su departamento para irse. En ese tiempo, Hermione finalmente dejó cualquier enemistad hacia él, pues lo conoció sin los prejuicios impuestos por su familia o por la presión de su posición y linaje. La vez en que Draco derribó cualquier barrera de resentimiento para siempre con ella fue la noche en que la llevó a su villa en Bourdeax. Caminaron por la campiña con un cesto de quesos y vino y se sentaron a ver el atardecer. Allí él, en un gesto que Hermione jamás imaginó, le pidió perdón por haberle insultado toda su vida en Hogwarts. Era una tontería para cualquiera a esas alturas de sus vidas, pero para ella aquel gesto simple, convirtió a Draco en un amigo para ella.

En una de las visitas de Luna y Rolf, su esposo, a Francia, los cuatro cenaron juntos y Hermione se incomodó un poco, pues Luna intentaba quitarle a Draco los torposoplos, que según ella, le atacaban cuando Hermione estaba junto a él. En aquella cena, Luna les contó que Harry y Ginny rompieron su relación una vez más, pero que Ginny se encontraba bien a pesar de todo y que no había caído en la depresión, sino que estaba de voluntaria en un centro de apoyo familiar. Luna opinaba que a pesar de que ambos hicieron su mejor esfuerzo no pudieron volver a encender el amor que había entre ellos, porque hubo demasiado dolor entre ambos y no lograron sobrellevarlo. Hermione preguntó por Albus y Lily, y Rolf le contestó que los chicos estaban bien, pues su mayor temor era que su madre volviera a deprimirse y al no resultara así, se mantuvieron tranquilos aunque algo tristes.

Dos meses después, Draco se encontraba fuera de Francia. Estaba en plena selva amazónica buscando con su equipo algunos insumos para su laboratorio de pociones. Estaría tres semanas absorto en la operación más importante de su negocio, pues en ella se encargaba de encontrar la materia prima más peligrosa, única y extraña para sus experimentos e ingredientes. Se despidió de Hermione, bromeando acerca de que lo llamara sólo si la luna caía a la tierra y quedaron en cenar en cuanto él regresara. Hermione sabía que ese viaje era importante para él y ni siquiera le pasaba por la mente molestarlo. Pero su propósito se vio truncado apenas cinco días después de su partida. Una llamada de Londres volteó de cabeza el mundo de Hermione. Su padre se encontraba grave en el área de cuidados intensivos del hospital Royal Brompton. Un ataque cerebrovascular grave lo ingresó por la mañana y Hermione tuvo apenas unas horas para acompañarlo pues falleció a media tarde. Luna dejó a sus gemelos con su suegra y se encargó de avisar a todos sus conocidos. Ginny fue la primera que acudió y con una entereza envidiable se encargó de los chicos y de los preparativos junto a Hermione. Ella intentaba mostrarse fuerte y no derrumbarse pues no quería que su madre sufriera aún más. Ron acudió sólo y no con su nueva esposa, si bien sabía que le generaría problemas. Ginny y Hermione se encargaron del funeral lo más pronto posible, pues no deseaban prolongar el sufrimiento de su madre por más tiempo. Ginny le dejó un mensaje Harry, quien se encontraba de comisión en Polonia. Hermione llamó a la oficina de Draco en Francia y preguntó si por algún motivo él se había comunicado. Marcela, la secretaria, intuyó que sucedía algo, pero Hermione no dejó ningún mensaje y simplemente colgó.

Harry recibió el mensaje al día siguiente por un error en el departamento de comunicación y regresó volando en escoba, pues calculaba que el traslador demoraría más en llegar que él en llegar a Londres. Su corazón estaba partido, pues conocía al señor Granger, ya que después de la guerra solía ir a visitar a sus nietos y nunca faltaba a los cumpleaños de Rose y de Hugo, y más aún le dolía pensar en el sufrimiento de Hermione. Ni siquiera tuvo tiempo de cambiarse. Apenas llegó a la casa buscó a Hermione con la mirada. La contempló en una esquina hablando con Ginny y decidió esperar que esta se fuera. Un momento después, Harry se dio cuenta de lo absurdo de su comportamiento y corrió a su encuentro. Hermione, quien ya lo había visto, agobiada por el sufrimiento, ni siquiera lo tomó en cuenta y ambos se fundieron en un abrazo.

Harry la sujetó de los hombros por unos segundos, pero al mirar alrededor y contemplar a todos sus conocidos, se limitó a sentarse junto a ella mientras conversaban, cuando algunas voces empezaron a murmurar. Unas empleadas del ministerio señalaban hacia la puerta. En el umbral una figura cuestionada hacía mucho y casi olvidada por la mayoría, hizo su aparición. La noticia del fallecimiento del señor Granger le llegó apenas unas horas atrás, gracias a que él mismo insistió en bajar a un claro para preguntar por Hermione y su secretaria le comentó de su llamada. Ella estaba segura que aún si pudiese comunicarse con él, jamás dejaría la operación más importante de su negocio, pero al levantar el rostro y verlo allí en el umbral, los ojos volvieron a llenársele de lágrimas de la emoción.

—Draco…

Harry se levantó como un resorte y la expresión de sorpresa en su rostro fue seguida por algunos de los que estaban allí. Hermione corrió sin importarle nada y él la recibió con los brazos abiertos, acunándola cuando ella empezó a llorar en silencio, aferrándose a ese abrazo con desconsuelo. Algunos continuaron murmurando por lo bajo, pero a ella no le importaba. Él estaba allí por ella, frente a todo el mundo sin ocultarse. Ella lo abrazó aún más fuerte.

Las entrañas de Harry se convirtieron de pronto en plomo al contemplar la escena. Tenía ganas de ir hacia allá y retirar la mano de Malfoy del cabello de Hermione e increparle que no era lo correcto. Deseaba gritarle que no tenía ningún derecho de abrazarla ni de besarle la frente de esa manera. Que ese era su derecho. Luego relajó los puños pues comprendió que tampoco era su derecho. "He sido un cobarde". Pensó y se retiró discretamente hacia el bar para servirse una copa.

Semanas más tarde, la realidad de su frase se vio definida con la noticia que Ginny le alcanzó: Draco y Hermione habían empezado una relación. Incluso apenas unos meses después ella se mudó a vivir con él a la villa de Bourdeax, para sorpresa de muchos. Harry tuvo que concentrar su voluntad en pensar que si ella era feliz, él también lo era (aunque sus entrañas siguieran convirtiéndose en plomo cada vez que los imaginaba juntos.)

Yo: matrimonio. Tú: nada

Una tarde, una pequeña nutria apareció en el departamento de Harry. Hermione quería reunirse con él, pues tenía algo urgente que conversar. El semblante de Harry se iluminó y se preparó para encontrarse con ella en el Callejón Diagon, en el pub de Neville y Hannah.

Harry llegó un poco retrasado, pues a última hora se empeñó en comprar unos pantalones y una camisa nueva. Cuando llegó al lugar, Neville corrió a su encuentro para avisarle que los dos lo esperaban impacientes en la mesa del fondo.

—¿Los dos?

Harry dejó sobre una mesa vacía y cuidándose de que nadie lo viera, el ramo de rosas que traía. Logró sonreír al ver a una radiante Hermione que corría para abrazarlo. Draco continuaba sentado en su lugar y se limitó a mover la cabeza a modo de saludo.

—Logramos encontrar un antídoto. ¡Pude leer una parte de los grabados rúnicos!

No obstante la poción creada por ambos sólo permitía leer los grabados rúnicos por una hora sin sufrir grandes efectos perniciosos. Hermione mostró una pequeña herida cicatrizada en su dedo meñique pues se pasó veinte segundos del tiempo. Ella estaba más que emocionada, ya que trabajó muy duro para lograrlo. No importaba que casi no entendiera el párrafo completo pues eran runas muy antiguas:

"…Týr er einhendr áss

ok ulfs leifar

ok hofa hilmir.

Mars tiggi…."

Ella prometió que terminaría de resolver aquel mensaje así tuviera que trabajar día y noche y Harry tuvo que recordarle que el asesino del Águila de Sangre estaba simplemente loco y que quizás jamás sabrían la razón exacta de aquellas inscripciones. Con todo, Hermione estaba feliz y pidió una ronda de cerveza fría para los tres. Draco estaba relajado y se permitió reír de algunos chistes de Neville, que los acompañó unos momentos a la mesa. Empezaron con vino francés especialmente traído por Draco y terminaron con la cerveza de la casa. En un momento dado, Draco le limpió unas gotitas de cerveza de la mejilla de Hermione y Harry contempló aquel gesto con seriedad.

—No se tomen toda la cerveza, que regresaré en un momento —comentó alegremente, con el alcohol empezando a actuar en su cuerpo.

Ambos la observaron caminar hacia los sanitarios y cuando la vieron desaparecer hablaron al mismo tiempo. Harry interpeló de frente a Draco sobre sus intenciones para con Hermione. Le espetó que estaba seguro que jugaba con ella.

—¿Te parece esto más que honorable?

Draco habló tranquilamente y sacó del bolsillo de su traje Armani una caja de terciopelo negro. La abrió y Harry frunció el ceño ante el inmenso diamante que reposaba en el fondo.

—No estás divorciado, Malfoy. ¿Qué se supone que le ofrecerás a Hermione?, ¿Ser amantes?

—Ella vive en mi casa y le hago el amor todas las noches —los ojos de Draco brillaron con malicia—. Creía que ya lo éramos y que entendías lo que ello significaba, Potter. Puedo darte más detalles, pero creo que sería de mal gusto.

—Sabes a qué me refiero, Malfoy.

—Entiendo que me creas superior, pero la clarividencia no está entre mis muchas cualidades.

—¡Maldita sea, Malfoy! —bramó Harry y algunos parroquianos voltearon sorprendidos—. Quiero asegurarme de que no estás jugando con ella. Eso es todo.

Draco se cruzó de brazos y lo observó detenidamente.

—Me subestimas, Potter. Tu excesiva preocupación por ella…Se leer entre líneas, no soy un tonto —la voz de Draco destiló un ácido sarcasmo—. O quizás tú lo eres. Aún no lo defino.

Hermione regresó con una jarra más de cerveza, pero Draco reveló que su cuota de esa bebida de niños era suficiente e iría por un vaso de whisky de fuego. Harry, quien estaba taciturno, de pronto les dedicó una sonrisa y se ofreció a traer un vaso también para él. Cuando llegó a la barra se acercó a Neville para pedirle que pusiera un poco de música para animar la velada

—La música está muy buena. ¿No les parece?

El gesto de Draco fue más que elocuente y con premura invitó a bailar a una encantada Hermione. No dieron ni dos vueltas y Draco tropezó con la joven camarera del Caldero Chorreante, quien volcó el contenido de su bandeja de hamburguesas sobre el elegante traje de Draco. Hermione lo miró con gesto serio, pues Draco estaba a punto de explotar. Maldijo por lo bajo y le pidió a Hermione que lo esperara unos cuantos minutos pues iría a cambiarse a su hotel.

—Un hechizo limpiador no desaparecerá este horroroso olor…

Hermione apenas pudo contener la risa al igual que Harry, pero lo disimuló bien y le dio un beso ligero a Draco antes que desapareciera del Caldero Chorreante.

—¿Confundus, eh, Harry? —Bromeó Hermione caminando hacia la mesa—. Hace mucho que no veía ese hechizo. Recuerdo que lo use alguna vez…

—Bailemos.

Harry la tomó de la mano para evitar que regresara a la mesa.

—Esa canción es horrible —Hermione hizo un amago de lucha, pero se dejó arrastrar. Continuó sonriendo, algo alegre por el alcohol en su sangre.

Harry en cambio estaba serio. Sabía que tenía poco tiempo. A su señal, Neville cambió la canción. Hermione se desconcertó. Era la misma canción del Bosque de Dean y del pequeño hotel en las afueras de Londres. Harry la tomó de la cintura y la acercó a él. Tomó su mano y comenzó a bailar suavemente.

—Draco no es para ti.

—¿Por qué?

—No te conviene.

—¿Por qué? —insistió Hermione.

—Es un imbécil.

—Ese es un adjetivo, no una razón —se apresuró a aclarar.

—Fue un mortífago. Intentó matar a Dumbledore y…

Ella le devolvió una mirada exasperada.

—Eh... bueno, ¡Es un Malfoy! Si esa no es razón suficiente…

—Creo que iré a sentarme.

—No.

—Esta conversación no tiene sentido —dijo Hermione con la voz apenas controlada.

—¡Te propondrá matrimonio! –Gritó fuera de sí—. Malfoy no es para ti, Hermione! Tú mereces algo mejor, alguien que te conozca bien, que te valore, que este siempre a tu lado…

Hermione pareció no sorprenderse por la revelación.

—Draco ha estado conmigo estas últimas semanas y me ha demostrado que puedo contar con él. Me ha presentado con sus amistades, sin esconderme ni avergonzarse. Ha enfrentado incluso a algunos parientes que aún creen en esa tontería de la pureza de la sangre —desvió la mirada—. Somos novios.

—No es suficiente —insistió Harry mientras volvía a sujetarla con más fuerza—. No necesitas que te muestren como un trofeo, necesitas a alguien que entienda la pasión por tu trabajo, que comprenda que eres feliz trabajando mil horas al día y que lo haces no por tu satisfacción personal ni egoísta, lo haces por los demás —se acercó más a ella y le acarició con suavidad la mejilla, más retiró su mano inmediatamente—. Ese alguien tiene que conocerte tanto que percibirá el mohín de tus labios cuando estás nerviosa. Como ahora.

—¿Y quién es esa persona? —musitó Hermione apenas respirando.

En aquel momento, los ojos verdes encontraron los suyos y le dedicaron una mirada intensa. La mano de Harry guió la de ella hasta su pecho, sobre su corazón. Hermione entrecerró los ojos, concentrándose en el violento palpitar del corazón de Harry a través de la camisa de cuadros, percibiendo la fuerza y a la vez la tibieza de la conocida mano sobre la suya.

Lo único que deseaba Harry era besarla. Ella entreabrió los labios ligeramente y él sintió el piso moverse bajo sus pies. Empezaba a acercarse a ella, cuando el sonido de cristales lo hizo levantar el rostro. Neville los miraba desde la barra con la boca abierta como una carpa y una copa rota en la mano, mientras que Hannah, su esposa, observaba con los brazos cruzados y un gesto incrédulo en el rostro.

Era obvio que los miraran de ese modo. Si esa era la reacción general, ¿Qué podría esperar de los demás? Harry se detuvo. La imagen de Ron, Ginny, sus hijos, los hijos de Ron y toda la comunidad mágica ensombreció su mente.

No se sentía tan desenfadado como aquella noche en el hotel, pues no había bebido lo suficiente y sabía que Malfoy regresaría en pocos minutos. Le ofrecería matrimonio, en cambio él ni siquiera había pensado en un futuro cercano. Continuaba mirando a Hermione sin hablar, los segundos transcurrieron inexorables y cuando al fin se decidió a actuar sintió la presión de una mano sobre su hombro. Si no fuera porque ella estaba presente, Harry imaginó que Draco podría haberle arrancado un brazo de la fuerza que aplicó a aquel movimiento.

—Cumpliste tu cometido de divertir a Hermione unos instantes, Potter —dijo Draco, con la voz apenas controlada—. Pero ahora me haré cargo de mi mujer.

Hermione se impresionó, sintiendo la fuerte tensión entre los dos. Por un momento creyó que Harry respondería la clara ofensa, pero se limitó a hacer un movimiento de cabeza como despedida y caminó hacia la puerta de salida.

Draco no observaba a Harry, estaba atento a la mirada lánguida de Hermione. Sabía que no podía perder un minuto más. La tomó del talle y enredando los dedos en los cabellos castaños empezó a besarla con verdadera pasión. La imagen de Harry comenzó a desdibujarse de la mente de Hermione.

Harry volteó por última vez. Los observó por unos segundos aún besándose en medio de la pista, frente a todos. Suspiró encogiéndose de hombros. Quizás Malfoy era realmente lo mejor para Hermione.

.

.

Luna, otra vez.

.

Su vuelo estaba programado para las tres de la mañana. Hermione regresaba del andén ¾ después de despedir a Rose y a Hugo que regresaban a Hogwarts. Había sido un largo día, pues la esposa de Ron intentaba por todos los medios que le acompañara a comprar ropa para el nuevo bebé y ella no tenía fuerzas para nada, pues estuvo trabajando la última semana casi sin dormir, pues sentía que estaba cerca de terminar de descifrar todos los grabados rúnicos. Harry la abordó apenas se despidió de los chicos para reclamarle el que no haya contestado sus llamadas ni devuelto sus cartas, en esas semanas. Hermione le escuchaba cansada. Harry hablaba acerca del los ímpetus machistas de Malfoy, que el presagiaba serían peores una vez que se casaran y que ella debería frenarlo y mas argumentos similares.

—¿Dejarías de hablar por un instante, Harry? Tendré que hechizarte si no cierras la boca de una vez.

—Sólo me gustaría asegurarme que seas feliz. Eso es todo —suspiró pareciendo genuinamente preocupado.

Aquella frase hizo que todo su cansancio y fastidio se le escurriera entre los dedos como agua. No quería hablar del tema, pero asumió que no podría ocultarlo más tiempo. Le confesó que Malfoy no tenía nada que ver con su silencio, pues ella ya no estaba con él desde hacía muchas semanas. Que si no había contestado a sus cartas fue por ella y no por Malfoy, aunque si había algo de cierto en que él sugirió cortar con sus amistades y concentrarse en una nueva vida junto a él. Pero ella no estaba dispuesta a sacrificar a sus amigos ni a su carrera a pesar de lo que sentía por él.

—Sigues enamorada de él… —preguntó cauteloso.

—Ya no.

En el andén tres cuartos aún quedaban algunos padres de familia. Luna y Rolf también estaban a unos pasos de distancia, aunque Harry no los había visto aún. Él sólo sonrió al escuchar la noticia que Malfoy y ella ya no vivían juntos.

¿Era lo que imaginaba? Hermione intentaba ver en los ojos de Harry alguna señal. No quería volver a confundirse. Ya era suficiente con su extenuante labor con las runas como para volver a embrollarse con Harry. Pero los ojos verdes la miraban con aquella especie de luz cálida que por un momento olvidó todo a su alrededor.

Siempre supo que Harry apenas podía dar un par de pasos si no se aseguraba de que su comportamiento no heriría a los demás. Ese complejo de héroe le impedía pensar en él y siempre buscaba no lastimar a nadie más. Quizás las cosas después de tanto tiempo hubiesen cambiado.

Después de un matrimonio de casi quince años, Hermione venció cualquier apocamiento que le atenazara y no le permitiera disfrutar la vida. No en vano se fue a vivir con Malfoy a pesar de que muchos la censuraron. Todo lo contrario a Ron, a quien muchos aplaudieron por meterse con una mujer mucho más joven que él. Le costó mucho aprender a vivir su libertad sin esperar el juicio de los demás. No con cierto temor, se acercó a Harry casi conteniendo el aliento. Depositó un ligero beso sobre sus labios y esperó.

Harry sonrió pues no imaginó que ella reaccionara plantándole un beso en medio de la calle. Se inclinó para continuar besándola, pero segundos antes, en una acción involuntaria, giró el rostro hacia ambos lados para asegurarse que nadie los veía. La sonrisa de Hermione se congeló automáticamente.

Hermione hizo un gesto de fastidio.

—Tengo que regresar a Francia. Debo terminar de descifrar las runas.

Luna, que observó todo, lanzó un suspiro resignado. Harry por su parte miraba a Hermione con un gesto de estupor, pues no lograba entender qué había sucedido para que ella retrocediera y decidiera irse del andén. Ya empezaba a correr detrás de ella cuando sintió que lo sujetaban del brazo. Se detuvo sólo para observar como Hermione desaparecía de la estación.

—Rolf se ha visto obligado a cuidar a los gemelos. ¿Iremos a tomar café a la cafetería de enfrente o quieres conversar aquí mismo?

A pesar de estar acostumbrado a las peculiaridades de Luna, una vez más volvió a desconcertarlo. Pero en el estado anímico en que se encontraba se dejó llevar. Ambos se sentaron en una pequeña cafetería cerca de la estación y Luna pasó a relatarle una interesante historia sobre los hongos alucinógenos de Papúa Nueva Guinea y los knezles de ojos rojos. Harry empezó a preguntarse que objeto tenía estar en aquel lugar escuchando las historias de Luna y no intentando detener a Hermione.

—Voldemort dejó este mundo hace mucho, Harry.

Y como siempre, Harry entendió un pimiento.

—Sé que intentas decirme algo, pero soy sincero al decirte que no me encuentro muy receptivo últimamente.

Luna simplemente esbozó una risa cantarina.

—Todos tenemos algo de héroes, pero sólo podemos intentar ayudar a quién nos lo pide. Y aún así, eso no determina que debamos pasarnos la vida pensando que podemos evitar el sufrimiento o la incomodidad de los demás.

—Luna…

—Intenta primero ser feliz, Harry. Cuando lo seas, podrás preocuparte por hacer felices a los demás.

Harry bebió su té y salió pensando que quizás Luna entendía mejor las cosas que nadie en esta tierra.