Segunda Parte.

I
De nuevo a oscuras.

Al día siguiente nos levantamos cansados, pero deseosos de empezar la jornada, el caso que teníamos entre manos era de lo más interesante.
Holmes se levantó esa mañana de muy buen humor, canturreaba por toda la cocina mientras cocinaba algo que olía maravillosamente.

-¿Creps?- pregunté.

-Exacto, creps con chocolate.

-Huele fenomenal.

-La dejaré probar un poco- sonrió.

-¿Solo un poco?, estoy famélica.

El desayuno se pasó entre risas, hasta que Lestrade, al que habíamos informado del caso, irrumpió en la habitación.

Como ya he dicho antes Lestrade es más bien bajo, con el pelo oscuro y ojos ojerosos.

-Cuatro muchachas muriéndose, tres perdidas, y ustedes dos aquí pasándoselo en grande- exclamó.

-Que sepa que si no fuese por nosotros no habría tres muchachas, sino cuatro, y no sabrían tampoco ustedes la relación que hay entre las cuatro chicas, ni tampoco como salvarlas- señalé.

-Creo que después de una semana sin parar de trabajar, puede que nos merezcamos una mañana de descanso- completó Holmes.

-Muy bien, no hace falta que se pongan tan susceptibles- se defendió el inspector.

-Ahora si nos disculpa, ¿podría sentarse en la sala de espera hasta que acabemos de desayunar?

Ordenó a la señora Hudson para que le condujese hasta ella.

Tardamos media hora más, luego fuimos a buscar al jefe de policía para hablar sobre nuestro caso.

-Bueno, ¿para que ha venido?, creo que no es una visita de cortesía, ¿verdad?- preguntó Sherlock.

Nos reímos.

-Oh, no sea así Lestrade, solo era una broma dije yo.

-Si ya se han mofado lo suficiente me gustaría hablar de lo que me ha traído aquí.

Holmes y yo intercambiamos una mirada, para luego ponernos en posición de escucha, las yemas de los dedos juntas, poniendo la cabeza entre ambas manos.

-He mandado a todos mis hombres a registrar esta parte de Londres, iremos extendiéndonos poco a poco, no pueden estar muy lejos.

-Sus hombres lo único que van a hacer es que desaparezcan todas las pruebas- dijo Holmes pensativo.

-Son chicos de Scotland Yard, están preparados, no ose insultar al servicio de policía.

-Bueno, me parece que si ya ha dicho todo lo que tenía en mente, es hora de que Sherlock y yo saquemos conclusiones- corté.

-Y no, no se puede quedar- contestó Holmes a una pregunta inexistente.

-Buenos días- dijo mientras se iba, algo molesto.

Después de que Lestrade abandonara la habitación Sherlock y yo nos sumimos en un silencio sepulcral.

-Mandaré a mi banda callejera a registrar y hacerse con información.

-Está bien, yo iré por mi cuenta, le avisaré con cualquier cosa.

Dicho esto me fui a buscar algo que nos pudiese servir a casa de Elizabeth Jhones.

En ese momento todo estaba vacío, Jhones estaba en el hospital acompañando a su hija, nos había facilitado una llave.

Recorrí todas las esquinas de la casa, lo último fue el cuarto de Dihan, todo estaba bastante ordenado, tenía que haber algún sitio donde Marcus guardase sus movimientos, pero, ¿dónde?, lo más probable fuese que estuviesen en un sitio al que solo él tuviese acceso, entonces en la casa no estaban,…, ¿y en la del bosque?, me dirigí inmediatamente hacia allí, rezando para acordarme del camino.

El sol me deba en la nuca por todo el camino de tierra, fue un alivio llegar al bosque.

Cuando llegué a la casa rural, abrí la puerta para seguidamente registrarla, no había nada que llamase mi atención, excepto que la casa por fuera era el doble de grande que por dentro, salí y medí la casa a lo ancho, eran más o menos treinta, luego entré en la casa, esta solo tenía una sala así que no me costo mucho medirla a ojo, serían unos diez metros, lo que nos indicaba que había otra sala, pero, ¿por donde se entraba?

Observe la casa con precisión, parecía un diseño del año 1790 aproximadamente, todo lo que veía parecía coincidir con ese año.

Después de observar todo unas diez veces me di cuenta:

-¡Los ladrillos!- grité.

Toda la casa estaba de madera excepto la pared paralela a la de salida, aunque estaba disimulada me di cuenta la primera vez que entramos. Mi mente se centró en esa pared, y tras una serie de razonamientos lo vi, empuje un ladrillo y la pared se abrió.

Voy a explicar al lector como fueron mis razonamientos: Marcus medía un palmo más que yo, y al ser una puerta que accionaría él debía estar en un sitio al que el pudiese acceder sin problemas, pues bien, hay un estudio que afirma que los seres humanos solemos alzar la mano a la altura de nuestra nariz, por lo tanto estaría justo por encima de mi cabeza, lo que más me costó, fue ver de esa fila cual era, y lo encontré, uno que tenía menos cemento alrededor, casi inapreciable. Todos esos razonamientos los hice en menos de medio minuto.

La sala escondida no tenía pérdida, mapas por todos los sitios, documentos, cartas, sobres, carpetas …; decidí observar bien todos los papeles, y maldito el día en que lo hice: Vi un plano, el de la ciudad de Londres, estaban rodeadas una casa de Marilebone Road con el nombre al lado de Marilyn Jhones, otra en George Street con una chica cuyo nombre era Lisa Strand, Devonshire Street con Gimmy Turner, y nuestra casa de Baker Street, y junto a ella, mi nombre; en ese momento se me heló la sangre completamente, había estado en situaciones a punto de morir, pero nunca había sido el centro, siempre lo llamaban daños colaterales, aunque no podía dejar que eso me influyera, cogí todos los documentos que pude y me puse en marcha hacia el 221b de Baker Street.

Me asegura hoy Sherlock que cuando le conté todo esto estaba pálida, y la verdad es que en ese momento él empezaba a estarlo también, todo ese tema le aterraba igual que a mi.

-Holmes, por dios, ¿qué debo hacer?- dije angustiada.

-No lo se, por ahora debemos asegurarnos de que usted no salga sola, yo mismo me encargaré de acompañarla a todos los sitios a los que usted vaya.

-Muy bien- asentí.

-Ahora debemos ir a conseguir los documentos de los que habla y revisarlos, dos mentes son mejor que una.

-Holmes, ¿no lo estará diciendo en serio?, quizás esté en peligro mi vida, pero no he perdido mi profesionalidad- dije mientras sacaba una carpeta en la que estaban los papeles.

A Sherlock se le iluminó la cara completamente.

-Es usted muy cuidadosa, sabe como actuar.

-Mi vida no es la única en juego, creo que todavía se me puede considerar una buena detective y voy a hacer honor a mi nombre- sonreí.

-La mejor de todas- sentenció Holmes.