Hacia el mismo rumbo
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by
Kuraudea
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Capítulo 7
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Ley de atracción
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"La ley de la atracción es la creencia de los pensamientos conscientes o inconscientes que influyen sobre las vidas de las personas. En el amor, la palabra también tiene un efecto gigantesco. De hecho, el amor mismo es palabra. Las personas se enamoran a través de lo que se dicen, con el lenguaje hablado, o con el idioma de los ojos, del corazón y las caricias de las manos"
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La moderna Capital de Oeste lucía brillante bajo el hechizo de la noche, como los gatos pardos mostrando la mejor de sus caras. La noche ciertamente embellecía a cualquiera persona, pero pese a no contar con tal cualidad, seducían. La vida de fiesta era mágica, había luces por doquier encandilando a la vista de los trasnochadores. Como era costumbre, los fines de semanas había música, autos y gente de buen vestir visitando los estrafalarios centros nocturnos de la Capital; unos divirtiéndose, otros bebiendo y otros quizás buscando con quien pasar la noche del sábado.
...
Dentro de un fino restaurante estaba el famoso empresario Trunks Brief sentado al ras del servicio de barra. Con su mano agitaba una copa y de un trago se bebió el exquisito Martini. Al final tomó la aceituna con el mismo palillo que le perforaba y la masticó.
Una tras otra copa bebía e hidrataba la sed de sus delgados labios. Él estaba bajo la expectativa de todos los que se cuchicheaban por su presencia. Con su típico traje negro y su melena al ras de los ojos, se disponía en «distraerse» antes de regresar a su sombrío departamento.
Era el momento exacto para relajarse un poco, beber, fumar un rato y desesterarse de tan intensiva semana laboral. Lo bueno era, que ya faltaba poco para su libertad, para emprender aquel viaje de aventura que tanto anhelaba ¿serán verdad lo de esas esferas mágicas? Se preguntaba para sí mismo.
El joven robusto que atendía el servicio de la barra ofreció sus servicios:
—Joven Brief, ¿Algo más para tomar?
—Otro Martini, Wilson.
Claro, tanto tiempo asistiendo al mismo lugar, no era para menos el saberse el nombre del mesero e incluso hasta platicar con él de cosas intrascendentes como: fútbol, el alza de los Zenis, del séptimo arte y demás.
...
Unos altos tacones se aproximaban justo donde se encontraba el empresario; al llegar la mujer se prendió de sus hombros y saludó.
—Hola, Trunks—dijo una coqueta voz.
—Oh, eres tú Line.
—¿Pues a quien esperabas ver?—la joven rubia tomó asiento a un lado del azul y ordenó una bebida—Tráigame una margarita por favor.
Line McCognely era nieta de un gran accionista de la capital de Oeste. Su abuelo era amigo del Dr. Brief desde que eran jóvenes; por ende, se conocían ambos chicos desde muy pequeños.
—¿Qué te trae por aquí?—preguntó el muchacho tras encender un cigarrillo.
—Supe que viajarás—se cruzó de piernas la mujer. Ciertamente el vestido rojo que traía le sentaba muy bien—Y como sé que lugares rondas, pues decidí venir a verte—le dio un trago a su Margarita.
La relación entre Line y Trunks no era nada trascendental, no se podía decir que eran los mejores amigos; aunque la rubia de ojos grises siempre aspiró a más con el joven Brief. Sin nunca tener éxito, la mujer solo ha sido su paño de lágrimas en momentos de tempestad, en lenguaje ordinario: noche de placer desenfrenado.
—Yo sólo quiero desearte buen viaje—dijo la chica con incitante mirada llena de brillo.
Trunks terminó su cigarrillo y la colilla la llevó directo al cenicero, éste lo apachurraba con el afán de apagarlo. Entonces volteó y contestó:
—Eso sería fantástico—mostró media sonrisa e inmediatamente comprendió su lenguaje.
...
La puerta de un hotel se abrió y dio contra la pared, las prendas caían dejando un caminito que conducía al infinito placer; desnudez, preservativos y deseos bajos era la combinación perfecta para iniciar.
El rechinado de la cama era de escucharse de manera abrupta. Hasta que un gemido masculino se escuchó con potencia dando por finalizado el acto sexual que realizaban ambos jóvenes de manera desesperada. El empresario azotó en el otro extremo de la cama, agitado, cansado, pero aún así, decidió fumarse un cigarrillo.
En tanto la rubia se posicionó del muchacho, se sentó en su pelvis y con desfachatez le robaba el cigarrillo para darle algunas probadas. Y así, nuevamente regresaba el vicio «prestado» a los labios de Trunks.
—Tú y yo somos perfectos, Trunks—se mecía en él con ligeros roces—Podríamos hacer grandes cosas.
—Line, no te engañes—sonrió—Eso nunca pasará, lo sabes.
—Lo sé, lo sé. Pero se vale soñar ¿no?
—Más vale que no lo hagas, linda—mostró media sonrisa.
—Pero somos buenos en la cama.
—Eso no te lo discuto—Trunks se incorporó y la chica se hizo a un lado—Bien, debo de irme en un par de días parto, así que quiero dormir bien—juntaba sus prendas del suelo y vestía—Anda, te llevo a tu casa.
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Los orbes negros de pupilas grandes y sinceras se miraban frente al espejo. Aprovechando la desnudez de su torso hacia poses y hablaba con decisión para si mismo.
»Valentía.
»Determinación—frunció las cejas
»Coraje.
—¡Y mucha FUEEERRRZAAA!—alzaba sus brazos haciendo realzar sus músculos como si estuviese en un campeonato de físico culturismo—Esta madrugada tiene que ser—le contestó a su reflejo.
Y así sería.
En la madrugada partiría aventurarse para ir en busca de su amigo Trunks. Desde hacía tiempo algo le acongojaba, lo sabía; desde que vio al Cyborg aquel día de campo ya no pudo estar tranquilo. ¿Y cómo? si esa rareza iba a rumbo a dirección de los Bosques Negros, la gente contaba cosas horrendas del metálico ser.
—Descuida Trunks... El gran Goten salvará la situación.
El día transcurrió, hizo sus labores en el huerto de manzanas. Tomó una ducha, comió y para hacer rendir la tarde fue a visitar a su linda florecita: Marron.
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Acostados en el pasto con hojas entre sus cabellos se de daban un beso bastante pronunciado y pasional. Al despegar sus labios, la chica rubia se mantuvo sobre el cuerpo del muchacho; lo miró a los ojos y dijo:
—Llévame contigo, Goten—suplicó enfocando su mirada celeste en los orbes azabaches.
—Me encantaría, florecita—con sus dedos llevó un un mechón dorado detrás de su oreja —pero puede ser peligroso—añadió—Además, ¿Qué le diría a tu padre? No es como que vaya a durar un par de días, quizás esto se prolongue.
—Más vale pedir perdón y no permiso—rió tan endemoniadamente bella.
—¿Eh?—el joven parpadeó—Pero nena...tu papá... me mataría...—tragó saliva.
—¿Entonces supongo que ya le dijiste a tu mamá?
—No, no realmente—alzó una de sus cejas y torció los labios. Típico gesto del muchacho.
—¿Y qué harás?
—Le dejaré una carta—mostró media sonrisa por su infantil idea—Sé que se pondrá histérica. Cuando regrese no se cansará de gritarme—suspiró tomando un semblante reflexivo—Pero tengo que ir.
—Ay, Goten...—suspiró—Eres muy noble, mi amor—depósito un besito tronador en una de las mejillas del chico—Te voy extrañar.
—Y yo a ti florecita, mucho—dijo enternecido—Si esta «cosa» agarra señal en medio de la nada te llamaré—se refería a su anticuado celular.
En tanto, la rubia se acurrucó en el pecho del muchacho, éste por mera inercia la abrazo con fuerza y besó su nunca.
—Cuídate mucho, ¿sí?—acercó sus labios rosada en la oreja del muchacho—Recuerda que tenemos algo pendiente en el establo...
Éste rió de oreja a oreja con rubores en sus mejillas y rascaba su nariz.
—¿En serio?—preguntó el muchacho.
—Sí...
—Marron ¿Qué te hizo cambiar de opinión?—se extrañó—No hace un poco te habías negado.
—Un acto tan noble e heroíco de tu parte debe de ser premiado—se sonrojó, le costaba hablar de esos temas—Así también tendrás un motivo para volver.
—Entonces con más razón debo de llegar sano y salvo—apretó a la chica en fuerte abrazo—Te amo florecita.
—Y yo a ti, tontito. ¿Háblame esta noche, si?
—Lo haré... lo haré...
Sus labios se unieron en un tierno beso, y siguieron disfrutando del atardecer.
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La noche llegó, y el chico hacia una maleta con cosas básicas: medicamentos, navajas, ropa y en una cápsula llevaba comida, una humilde casa de campaña, un radio etc. En cuanto a Milk, no tuvo el valor de decírselo a la cara, entonces recurrió a la absurda idea de la carta:
«Mamá, no te preocupes. Volveré pronto lo prometo, haré lo que habíamos platicado en la cocina; buscar a la persona que me preocupa... Con cariño: Goten.
P.D. No te vayas a enojar»
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Sus tripas gruñían ferozmente y no hacía ni una hora que Milk había servido la cena. Daba vueltas en la cama pero esa necesidad brutal de comer le exigía que fuera corriendo a la cocina.
Y eso hizo.
De puntitas salió de la recámara y se fue directo al refrigerador. Al ver una pierna de jabalí los ojos le brillaron de la emoción.
—Esto... esto se ve delicioso...—dijo en voz baja.
Tomó la pierna, le quitó el plástico que le cubría y devoró.
—¡Mmmmm...!
Después abrió la charola de la sección de frutas y arrasó con todo: manzanas, duraznos, leche, era como si se tratase de un ladrón que entró a la casa para vaciar la nevera. La imagen era un tanto cómica, todo era oscuridad, excepto la luz que salía del refrigerador e iluminaba al hombre de cabellos puntiagudos sentado en el suelo, abasteciéndose de todo.
Cuando parecía haber calmado su apetito, cerró la puerta de la nevera. Trató de dejar todo «intacto» para así evitar que al día siguiente le echaran la culpa; de ser así se negaría por completo. Sin embargo fue imposible dejar todo como estaba, era obvio que Milk se daría cuenta que faltaba la enorme pierna de jabalí, pero aún si, Goku tenía fe que todo estaría bien, esa virtud de exceso de confianza era para envidiarse.
Caminó por la sala, estiraba sus brazos arrojando grandes bostezos, sus ojos se miraba perezosos, rascaba su estómago. Se introdujo por el pasillo que conducía a las recámaras; primero, a paso lento casi arrastrado dejó atrás el medio baño. De ahí, llegó a la habitación de Goten y se frenó en seco al escuchar a su hijo hablar por teléfono. Pegó la oreja en la puerta de madera y parpadeó al estar seguro que había escuchado algo de su interés.
—Vamos florecita, no llores estaré bien. Te prometo regresar sano y salvo—suspiró Goten—también te echaré de menos—sonrió—Lo sé nena, esto será una gran aventura.
¿Acaso Goten dijo una gran aventura?
El sueño se le escapó, las manos le hormiguearon. Es que ¿Cómo negarse a una aventura? Definitivamente tenía que hacer algo al respecto.
Salió disparado a su recámara.
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En tanto Goten salió de su habitación, fue directo a la sala y tomó el legendario Báculo Sagrado del abuelo Gohan. Suspiró nuevamente, no negaría que estaba nervioso; salió de la casa.
En el exterior caminó hacia el establo, abrió los portones puesto que ahí se mantenía una vieja motocicleta que incluía un asiento extra con llantas a un lado; pensando que sería estorbosa probablemente le quitaría ese anexo.
Pero su grata sorpresa fue que «alguien» ocupaba ese lugar del cual quería deshacerse.
—¡¿PERO QUÉ DEMONIOS ESTÁS HACIENDO AQUÍ, PAPÁ?!—preguntó el muchacho apretando uno de sus puños.
El hombre tras reír ligeramente rascó su nuca.
—Bueno, escuché que irías a una aventura... y yo también quiero ir.
—¿QUÉ?—el joven se sonrojó—Espero que no hayas escuchado otras cosas.
—¿Lo del establo con la hija de Krillin?
—¡BASTA!—se puso rojo como tomate. Estaba totalmente irritado—Papá, no te puedo llevar ¿qué le diríamos a mamá?
—Vamos, no te preocupes tanto, mira—le mostró al joven una hoja de papel—También hice una carta.
—¿Eh?—el muchacho la tomó y leyó—«Milk, fui con Goten»—suspiró con fastidio—...genial.
—Anda, hay que irnos, Goten—dijo alegre—¡Vamos a buscar a Trunks y al abuelo Gohan!—se refería a la esfera.
—El detalle es que no puedes ir papá—al hombre se le quitó la sonrisa de lo labios.
—¿Ah no...?—y sus ojos se pusieron cabizbajos.
Goten no pudo evitar sentirse mal al ver a su padre así. Y quiso retractarse.
«Diablos, creo que me pasé de la raya»
—¿Papá...?
—¿Sí...?—levantó la vista el hombre hacia su hijo.
—Abróchate bien el cinturón—afirmó con una sonrisa.
—¿Eh? ¿Lo dices en serio?—y su rostro desbordó una infinita alegría.
—¡SÍ, VÁMONOS!
El joven Son subió a la moto. Ambos se colocaron cascos y partieron hacia a «LA AVENTURA»
—¡SIIII!
...
Cuando dieron las 6:00 am Milk despertó. Buscó a Goku, de ahí a Goten y a ninguno encontró. Luego vio unas cartas sobre la mesa del comedor que llamaron su atención; las abrió y después de leerlas echó un grito que abarcó un kilómetro a la redonda.
—¡GOTEEEEEN, GOKUUUUUU!
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Otro mes se había cumplido y los jóvenes aventureros viajaban hacia dónde el radar les indicaba. La moto cruzaba un sendero frondoso de vegetación verde y grandes árboles. El camino ciertamente era estrecho y cada vez más empinado; las rocas contaban con torrentes de agua, salpicando entre ellas chorros de agua.
—¿Estamos cerca? —preguntó la muchacha tras el chillido del freno de la moto.
—Eso parece...—Trunks observó el radar, éste emitía su particular sonido de «Trin, Trin»—Creo que debemos caminar por un rato, supongo que así será más fácil rastrearlas.
—De acuerdo ...—suspiró la de cabello negro sin remedio y ambos bajaron de la moto.
...
Caminaron por bastante rato y hacia un calor de los mil demonios. Se filtraron entre las ramas, arbusto y el radar no dejaba de sonar.
—En esta área debe de estar, Mai—dijo Trunks—mira, tú busca de aquel lado—indicó—Yo empezaré por acá.
—Está bien...
La búsqueda fue sigilosa como cuando los perros están rastreando con el olfato en busca de evidencia; debajo de las rocas, en pequeños charcos, también cavaron en la tierra diversos hoyos en busca de la esfera y nada.
—¡¿Pero qué rayos pasa?!—preguntó Trunks alzando una de las ceja—Se supone que debe de estar la esfera en ésta área ¡Demonios!—enterró la pala en la tierra.
—¡Dame el radar!—se lo arrebató de la mano—Se nota que esa greña larga no te deja pensar.
—Deja de decir tonterías—frunció las cejas—No te pongas ruda que tengo mejores tácticas para atacarte—sonrió con burla—¿O es que ya no te acuerdas de...?
—¡GUARDA SILENCIO!¡No ves que me haces perder la concentración!—trataba de evadir aquel tema íntimo.
—Esta bien, está bien...
—Analicemos un poco, Trunks—indicó con la mano—La esfera no está entre los charcos, ni en los arbustos, tampoco entre las rocas—volteó hacia arriba—¿Y si la esfera está en las alturas?
El joven volteó hacia arriba también; los árboles eran altos y de troncos gruesos e incluso había una pared hecha de tierra y rocas; estorbaba a la vista. ¿Y si para encontrarla se tenía que escalar? Tal vez la esfera estaba del otro lado del muro.
—Quizás tengas razón—tomó aire y después dirigió la mirada hacia a Mai—¿Qué tan buena eres para escalar?
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Botas, guantes, cascos, arneses, piolet, crampones; y la escala comenzó.
El joven tomó inicio al alpinismo, encajaba el piolet para tener soporte e impulsarse; en su cintura iba el equipo de arneses, y en la punta de las botas estaban los crampones; eran picos metálicos que sobresalían para ayudar en mantener la estabilización. Avanzó un poco y Mai le hizo segunda; comenzó con la escala. Habían pasado unos cuantos minutos, el muro no era el más grande del mundo, tomándose en cuenta grandes ejemplos este quedaba chico pero no dejaba de ser cansado y pronunciado, parecía ridículo pero requería de mucha fuerza.
Ambos estaban empapados de sudor; constantemente Trunks miraba hacia abajo para asegurase que la chica estuviese bien.
—¿Todo en orden?—preguntó el chico.
—¡SI!—le contestó Mai en un grito. Se miraba agitada.
—Ya casi, trata de aguantar un poco más.
Y continuaron.
Sin embargo, a muy poco de llegar a la cima uno de los crampones se Mai no encajó correctamente y resbaló llevándose a su compañero–¡AHHH!—éste actuó de inmediato, con el bazo agarró vuelo y enterró con todas sus fuerzas el piolet. Se resbalaron al desmoronarse parte de la superficie terrosa, hasta que volvieron a estabilizarse.
—¡¿Estás bien?!—gritó el joven preocupado.
—Me están lastimando los arneses—se quejó. Tal parecía que quería llorar y ella no era así. Entonces era síntoma de que en verdad había dolor. Por el jalón que tuvieron las cuerdas de los arneses se estiraron y apretaban en exceso.
—No te preocupes—volteó hacia ella—Mira, yo me quedaré aquí, tu trata de subir y cuando llegues a mi nivel los arneses volverán aflojarse. Así podríamos ir de lado y no una arriba del otro—indicó—Falta poco, te lo prometo.
La chica siguió las indicaciones; llegó hasta donde estaba Trunks, aflojaron sus arneses y dieron el último estirón hacia la superficie.
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Él fue el primero en subir, de ahí, impulsó a su compañera.
Por cosas del destino sin ser para nada malintencionado ella cayó sobre su cuerpo; ambos agitados y sudorosos se miraban a los ojos sin parpadear.
Bajo ese semblante Mai, preguntó:
—¿Y ahora...?
El radar se mantenía sonando aún, entonces ¿Dónde estaba la esfera?
Se reincorporaron de esa pose comprometedora, caminaron unos cuantos pasos como dirigiéndose a la punta del un risco, y el radar sonaba con mayor intensidad. En la punta del risco sobresalía una rama de tamaño mediano; en ésta había un nido de varios huevos pintorescos y entre medio de ellos, estaba la esfera.
La chica la tomó con sus manos y pese a sus dolencias y cansancio; festejó.
—¡Aquí está, Trunks!—brincó de emoción.
—¡Siiiii, lo logramos!—él chico se acercó a ella, la tomó en brazos y giraron.
—¡Viva, viva!—se decían uno al otro entre abrazos—¡Lo logramos!
En verdad estaban gustosos y reían a sobremanera. Hasta que por tanto movimiento por accidente rozaron sus labios sin querer y quedaron sin habla.
La risa se acabó.
—Lo siento—dijo el muchacho y se separaron.
—No... no pasa nada—dijo Mai, sonrojada.
¿Y cómo no apenarse?
Si en teoría se «suponía» que ya habían intimado. En efecto la chica le dejó de hablar por varios días, la duda le carcomió ¿Pero qué más se le iba hacer a esa contingencia?
—Esto fue agotador—dijo Trunks al secarse el sudor de la frente con el antebrazo—Deberíamos de buscar un lugar para estar. Ya es media tarde y no tarda en oscurecer.
—Está bien...—asintió la muchacha al tiempo que arrojó un suspiro.
...
Tras caminar por buen rato el terreno se observaba muy irregular. La cima era empinada, estrecha. ¿Dónde acampar? No tenían ni la menor idea, pero les urgía asearse, comer y sanar las raspaduras de sus cuerpos.
...
Minutos después se encontraron con una pequeña extensión de cascada, fresca y bastante encantadora; ideal para tomar un baño con olor a naturaleza. Desempacaron sus cosas, la casa-cápsula y demás artefactos. Por fortuna pudieron adaptarse a un trecho recto.
Después, juntaron los materiales necesarios para dentro de un rato improvisar una fogata.
Aún el cielo arrojaba los últimos matices del sol entre tonalidades naranjas y rojas, tenían que aprovechar esa luz solar para poder asearse. Ciertamente podrían haberlo hecho dentro de la casa pero ¿cómo quitarse ese gusto de sentir el chorro del agua fresca caer en sus acalorados cuerpos?
Era inevitable.
La disputa sería en sí como bañarse ¿Él primero o ella primero? ¿O ambos?. Y ahí empezaba el gran problema otra vez.
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Enredados en toallas entraron al pequeño manto de agua que por fortuna no era para nada hondo; el nivel del agua llegaba justo al ras de sus rodillas. Ahí mismo, había raíces de árboles, ramas con pronunciadas hojas, puesto que la tierra absorbía agua era de esperarse que crecieran ramas entre la pequeña cascada. Después de todo las ramas que sobresalían del manto acuático no habían sido de todo malas, estas con delicadeza natural formaron una improvisada cortina para dividir o mejor dicho ocultar la desnudez del joven azul y la mujer salvaje.
Y ahí estaban, dándose la espalda uno al otro con la tentación prensada en la frente. Pero no, ¿cómo? No tenían y ni debían de voltear. Pero la situación era un tanto incomoda, morbosa y muy, muy tentadora.
En ese instante un gran silencio se apoderó de la situación. Los minutos parecían dar pasos de gigantes; tal y como si el tiempo fuese una eternidad. Entonces el joven empresario pese a lo bochornoso de la situación comenzó a asearse; retiró la toalla, la colgó en una rama y se entregó al chorro de la cascada que pedía purificarlo de los rastros de sudor. El agua resbalaba por su cuerpo marcado y toda su cabellera cambio a un color más oscuro de lo usual. Los mechones se unificaron siendo impulsados con su propia mano llevándolos hacia atrás mientras alzaba la barbilla—suspiró—era realmente refrescante. Con un jabón de barra tallaba su cuerpo, de ahí, su mano llegó a la cruz de su pecho que pese a lo pronunciado ya contaba con mejor pinta. Y tras caer espuma en las raspaduras que ocasionó la jalada del arnés; siseaba discretamente. Por esa causa frunció las cejas con intensidad, por el dolor que le ocasionaba. Respiró hondo tratando de ignorar ese detalle pero la tentación, el pecado, con una pizca de morbosidad le decía inconscientemente «Voltea» La mujer ya no le parecía tan indiferente y peor aún, estaba justo a unos metros dándole la espalda con la misma desnudez que él.
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Su cabello negro se adhirió a su piel blanca forrando su espalda escurridiza por el agua que parecían manos que tocaban su piel. Al abrir los ojos era imposible no sentir la presencia del azul, le estremecía un poco. Pero de cualquier forma ella advirtió.
—Ni se te ocurra voltear, greñudo—dijo junto con el apretar de su puño.
Sin más, se fue directo al choro del agua para retirar el exceso de jabón.
Y silencio.
No hubo palabras, sólo el sonido de la cascada que salpicaba sobre el charco. Las ramas manipuladas por el viento cantaban con su oleaje; despertaba los instintos de los jóvenes.
La tentación ganó, aunque «él» dio el primer paso.
Mientras la joven cerró sus ojos, el azul con ligereza volteó, tan sutil y discreto como fuese posible. El cuerpo de Mai ciertamente era cubierto por la cortina de ramas y largas hojas, pero aún así, se apreciaba parte de su cuerpo.
Trunks vio la blancura de su piel, mientras la mujer alzaba sus brazos hacia sus costados sobresalía parte de sus senos. Él ya no tenía nada que estar haciendo ahí, pero no pudo, tenía que verla «¿por qué?» Antes de que Mai abriera sus encantadores ojos él jaló la toalla que previamente había colgado y secó con rebeldía su cabellera.
Pero la tentación llegó a los ojos femeninos.
Aprovechando tal acción; ella volteó. Apreció parte de sus glúteos, espalda y torso. No creía lo que estaba haciendo, ¿Ella observado al greñudo? Ni explotando el mundo lo haría; pero lo hizo. Su corazón se irradió de algo, de un calor. Cada punzada de su pecho era un «hazlo» camuflado «observarlo Mai» apenas y podía lograr entender esa loca exigencia que le manifestaba su cuerpo.
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Había pasado ya tiempo de esa torpe contingencia, no hablaban mucho del tema, era algo que les causaba cierta pena. La mayor parte del tiempo él lo tomaba con el beneficio de hacerla molestar pero de ahí no pasaba. Trunks realmente pensaba que no sucedido nada «y estaba en lo correcto» pero, de cualquier forma había cosas como «¿Y si la toqué?» O «¿En verdad me vio desnudo?» El hecho de que no haya existido una "unión" no significaba que no hubieran pasado otras cosas. Al sentirse aturdido por tantas interrogantes lo mejor era pasar por alto ese tema.
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Tras haber pasado el rato de espionaje mutuo, cenaron gracias a la ayuda de la tradicional fogata que solían hacer para asar sus alimentos, al terminar se introdujeron a la pequeña casa.
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En una maleta estaban depositadas las Esferas del Dragón; brillaban, emitían luz dorada. Y ambos con un semblante más relajado las contaron solo por sentir ese entusiasmo de estar cerca de su paso final.
»Uno.
«Dos.
»Tres.
«Cuatro.
»Cinco.
«Seis.
Voltearon y sonrieron.
—Seis esferas del dragón—dijo el muchacho después de expulsar un suspiro—¿Estás lista para tu deseo, Mai?
—Si... ¡uff!—sacó aire— fue un trabajo difícil más de un mes en encontrar la sexta—se le quedó viendo a los objetos circulares—Dime algo Trunks ...
—Sí, dime ...
—Después de que juntemos las esferas ¿El místico Dragón saldrá solo?
—Buena pregunta—el joven se dirigió al clóset, deslizó las puertas y sacó una computadora portátil—Recuerdo haber guardado por aquí bastante información sobre la investigación de las esferas. No leí todo—se sentó en el suelo alfombrado y uso la cama como respaldo. Estiró sus piernas y encima de ellas depósito la laptop—Ven, echemos un vistazo.
La mujer de cabello negro fue hacia él y se sentó justo a su lado. Trunks con la mirada fija a la pantalla deslizaba el dedo con suavidad sobre el teclado para dirigir él cursor hacía unos archivos, dio doble click y listo.
Comenzó a leer:
«El misterio de las Esferas del Dragón: Shenron No Densetsu»
Los dioses como tales son sobrenaturales. Se le atribuyen poderes importantes a cada uno de ellos. Unas cuántas personas pueden creer que son algo concebido o sagrado. Pero por otra parte pueden ser temidos por sus adeptos.
Sin importar el idioma, pueden ser llamados de muchas formas diferentes, según el planeta, la raza o a veces las necesidades de los individuos.
Y una y otra vez al paso de un año se escuchaba su nombre con fervor salir de las gargantas de los deseosos «¡Sal de ahí Shenlong!» siendo cada sílaba empapada con poderosa ilusión. Llenos de anhelos alzaban sus manos y gritaban a todo pulmón «¡Cumple mi deseo!»
La magia de los dioses no tiene distinción con las personas; diseñados solo para obedecer y por poder divino hacer felices o desdichados a los seres humanos»
«Minutos después ...»
Las esferas del dragón tienen un límite en sus deseos; en primera no se puede pedir que un muerto regrese a la vida cuando su descenso fue de manera natural salvo cuando se trate de accidentes.
...
Al terminar de leer y tras descubrir que era imposible revivir a Baba Yaga el joven preguntó:
—¿Entonces que deseo vas a pedir, Mai?—sintió un poco de pena.
La chica fijó su mirada en sus manos que se apoyaban en sus piernas.
—Creo que ya te había dicho, un hogar—regresó la vista hacia a la computadora.
—Bueno, olvidemos de eso por el momento—trató inmediatamente cambiar de tema—¿Qué pasó con tus heridas?
—Arden, el arnés quemó mi piel—respondió—Fue en parte de los muslos pero principalmente en la cintura.
—Si, entiendo...
El joven dejó el aparato sobre el alfombrado, se incorporó y de la mesa de noche tomó el frasco que contenía el remedio de llantén; regresó con la chica.
—Déjame ver ¿sí?—ella solo mostró las heridas de sus pierna puesto que mostrar el daño de la cintura implicaría elevar demasiado la bata rosa.
Tiernamente el muchacho tomó cierta cantidad del ungüento y aplicó en las heridas. Mai siseaba, apretaba los ojos mientras mordía su labio inferior; ante todo haciéndose la valiente.
—Perdón...—dijo el muchacho—Sé que duele.
Y mientras las manos masculinas frotaba la blancura de las piernas de la muchacha, ambos se pusieron nerviosos. Motivo por el cual las palabras correctas tenían que salir a solucionar aquel bochornoso malentendido.
—Yo... yo no me acosté contigo, Mai—tragó saliva y el movimiento de las mano se frenó para busca la mirada de la chica—No me atrevería a tocarte sin tu consentimiento.
—Aunque moría por hacerlo...
—¿Eh?... pero ¿por qué estás tan seguro?—se sonrojó.
—Porque lo sé—regresó la mirada al alfombrado—De hecho quizás tú también lo sabrías.
No hubo palabras, más sí un silencio que adornó con creces la situación. Sin embargo, el chico pese a todo continuó con su charla.
—Falta curar la parte de tu cintura—recordó Trunks.
—No te preocupes yo puedo curarme sola—la chica quiso levantarse más él la detuvo tomándola del brazo.
—...Déjame hacerlo por favor.
...
Ella optó por otras prendas; un short y una playera larga que facilitará enrrollarse y así, dejar expuesta su cintura. El joven azul espero que ella se tomará el tiempo de acomodarse; él mientras estaba sentado por un lado en el borde de la cama dándole sutilmente la espalda.
—¿Por qué quieres hacerlo, Trunks?—preguntó Mai y el joven volteó.
—Porque tú lo haz hecho por mí—y comenzó a sanar.
Ciertamente así había sido, la prueba de todo era la cruz que estaba grabada en su pecho, esa herida que ella curó con el poder natural de sus manos. La mujer apretaba los ojos al compás de sus puños. Pero al abrirlos fijó su vista en el pecho del chico y en la parte del abdomen.
—Tu también estas lastimado, greñudo—esta vez sus palabras sonaron suaves, pese a decir el gran apodo con el que lo había bautizado.
Incorporó medio cuerpo y le arrebató de las manos el frasco que contenía el llantén, y curó sus heridas. Las manos femeninas parecían curarlo todo, parecían traspasar su piel, como si en vez del ungüento depositara polvos mágicos. Sin embargo, él no se quedó atrás, de forma inmediata imitó el mismo gesto que Mai. Y así, ambos se curaban entre sí.
El ambiente se tornó tenso, sus pieles se erizaban ¿Qué pasaba? ¿Por qué ninguno de los dos peleaba? Otra vez estaban bajo ese hechizo del tacto, era imposible no recordar su desnudez en la cascada. Roces de miradas, los palpites de sus corazones con ese sonido acelerado, bochornos y demás sensaciones.
—Deberías de untarte el llantén más seguido—quería un pretexto la chica para salir de ese extraño trance con él—Te aseguro que la enorme cicatriz desaparecería por completo.
Ella elevó su vista y de una forma sin ser completamente coincidentes sus labios se acercaban.
—Es que no pretendo que desaparezca—y sus bocas se abrieron faltando centímetros para su unión.
—¿Le gusta esa chica, señor?
—Verás Rita, yo sé cómo pero es que ella...
—¡LO SABÍA!—lo interrumpió azotando las palmas de sus manos contra la mesa. Llamando así la atención de algunos presentes por lo efusivo—¡AHORA TODO COBRA SENTIDO!.
—¡¿Qué?!¿Pero, por qué lo dices?—alzó una de cejas. Ese típico gesto herencia de su padre.
—Señor Brief—suspiró—¿Creyó que nunca me daría cuenta?
—¿Eh?—estaba trastornado.
—Va a cumplir seis meses de que llegó de su viaje. Dejó de tener encuentros con su querida amiga Line McCognely, moderó su vicio del tabaco, se ve relajado ¡USTED ES OTRO SEÑOR! Y ahora estamos en una exhibición de arte justo en el área de la cafetería, con el cielo que parece que arrojará cántaros de agua y usted...—se frenó y continuó—...Me habla de su viaje sin algún motivo, de esa misteriosa mujer; por cada vez que dice su nombre su vista cobra vida.
La lluvia de verano; esa esencia natural que lleva a momentos importantes de nuestras vidas. Era el clima actual de la Capital del Oeste; donde el cielo llora sin importar las risas de las personas; las nubes rugen vestidas de color gris lanzando un aura de melancolía; recuerdos bellos o malos caen junto con las gotas de lluvia que se estrellan contra los paraguas de pintorescos colores y quizás en el mejor de los casos brinda relajación. En esos días de lluvia no existía el asfalto gris sino el color de los impermeables y de los traviesos enamorados que pese a todo retaban a la lluvia entre pasos, risas y besos.
Que pésimo actor había sido durante ese lapso ¿Qué acaso fue tan obvio? ¿Que acaso había cambiado tanto? Ni su hermana, ni su madre y tampoco su abuela había detectado esa «falta de algo» y lo descubrió la persona que quizás menos imagina: su secretaria. ¿Y en qué momento? No estaba seguro, tal y como dijo ella quizás desde que llegó de su viaje. O simplemente perdió la noción al narrar su historia.
Y la mujer, su fiel compañera de trabajo, la cómplice de algunos cuantos secretos de amoríos soberbios; le dijo la verdad.
Entonces la secretaria volvió a insistir:
—¿Le gusta esa muchacha, Señor?
Y él contestó:
—Sí...—dijo sin titubeos con la sinceridad desbordándose del azul de sus ojos—...Me gusta mucho.
—¡¿Y?! ¿LA BESÓ?
El joven empresario razonó la pregunta, volvió a sumergirse en la historia.
—No—negó con la cabeza al compás de su respuesta...
—Por... ¿por qué?—la mirada de Rita se puso cristalina.
—Un ruido se escuchó en el exterior y interrumpió nuestro beso.
—¿Y si le gusta tanto que espera para estar con ella? ¿dónde está?
—No lo sé, Rita—suspiró—Aún no te adelantes; todo tiene un porqué. Solo te puedo decir que a veces por otras circunstancias no estamos destinados o preparados para seguir «Hacia el mismo rumbo» junto a alguien.
—Sígame contando por favor.
—Cuando nuestros labios estaban a punto de unirse...
Un ruido se escuchó en las afueras y el beso se menguó en su totalidad. Se enfrió a la par del ungüento que reposaba en sus pieles.
—...Perdón—dijo Trunks y se separó de la muchacha. En seguida cerró el frasco del llantén—Para mañana todo estará mejor—dijo, y se le dibujó media sonrisa en los labios.
—Gra... gracias—estaba apenada—Por cierto, Trunks ¿escuchaste eso?
—Sí.
—¿Qué sería?
—Sonó como si fuese metal, en todo caso Mai es mejor permanecer aquí. Hay que descansar y apagar las luces para no llamar la atención.
—De acuerdo, tienes razón.
La pequeña casa-cápsula se vistió de oscuridad, ambos jóvenes se sumergieron en la cama pero estaban a la expectativa. ¿Y si era algún loco? o algún animal.
...
Acostados boca arriba miraban al techo con la poca luz de luna que se filtraba por la ventana.
—No tengas miedo, Mai.
—No, no tengo—abrazó la sábana—Pero es imposible no pensar que puede ser algo peligroso.
—Lo sé. Todo está en orden créeme, están los seguros puestos, la alarma. Si alguien quisiese entrar se haría un gran alboroto.
La chica suspiró, entonces el joven capitalino volteó hacia a ella y se dio cuenta de algo muy importante.
«¿Dónde estaba la barrera de almohadas?»
Mai no hizo esa anticuada barrera ¿por qué? Y peor aún estaba hasta compartiendo la misma frazada.
No hizo escándalo para nada e incluso por él era mejor así; podían estar más cercanos, percibir su calor.
—A mí... me empezó atraer sexualmente—se sonrojó—Rita yo...
—¿Quería acostarse con ella?—le ayudó la mujer a sacar la verdad.
—Sí—contestó el empresario—Cada noche era más ameno, obvio con sus altibajos pero era un martirio sentirla tan cerca de mí y no poder hacer nada.
—Pero usted le hubiera dicho "Mai me gustas" y tal vez ella se hubiera dado cuenta que lo decía en serio.
—Sí, pero el punto es que en ese momento no lo hice.
—¿Entonces qué pasó, Señor Brief...?
Al hacerse de algunas palabras el sueño lo venció, al estar acostumbrados uno al otro durmieron sin problemas. Eran su complemento; necesitaban su presencia, su compañía, sus pleitos para sentirse bien.
Entonces, ¿Cómo no iba a surgir algo? Si tenían todas las herramientas necesarias para llegar a algo más. Quizás a veces es cosa de dejar a un lado el orgullo, la ambición y los acuerdos; centrarse más en lo sentimental. Pero como buenos humanos le damos prioridad a otras cosas que «creemos» que son de mayor importancia.
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La casa-cápsula fue iluminada por el claro de Luna y a unos cuantos metros el peligro ya los había alcanzado. Y tras de él había un camino de manchas de sangre que se escurrían de sus manos metálicas, proveniente de las membranas de lo que parecía ser un lobo.
Su trabajo como asesino profesional comenzaba desde ya.
—Espera un poco más Violet...
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Mientras tanto, otro par de aventureros se hacían compañía dentro su modesta casita de campaña. Estaban en el mero centro de los Bosques Negros; los ruidos de las ánimas relucían con lamentos, y quejidos junto con los ronquidos de Goku. Todo eso conformaba una celestial orquesta de terror.
—Esto es imposible...—dijo el joven Goten con los ojos abiertos de par en par sin poder dormir.
.
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CONTINUARÁ...
¡Muchas querido lector por llegar hasta aquí!
Beta Reader: Mari Tourquoise.
Nota del final:
Hola queridos n.n espero que les haya gustado el capítulo. Como ven, ya estamos juntando cada vez más las piezas del rompecabezas.
Primeramente ¿De dónde surge Line McCognely? Ella pertenece a mi primer Fic Trumai titulado "Predestinados" es un fic que nunca encontrarán xDD puesto que decidí mejor borrarlo y hacerlo nuevamente. Line es un Oc que hice para esa historia y curiosamente era novia de Trunks. Lo contrario de ahora que son simples "amigos cariñosos" pero deje el motivo original de cómo se conocen y es gracias a la amistad de Dr. Brief con el abuelo de la chica. Recurrí a ella puesto que necesitaba plasmar un poco como era la vida de Trunks en la capital «Vacía y sin sentido»
¿Goten y Goku de viaje? Así es, este par cómico también va explorarse en la gran aventura. ¿Qué sorpresas les esperará a este dúo? XD eso lo iremos descubriendo.
¡Tao pai pai ya encontró a Trunks y Mai! ¡O NOOOO! ¿Y ahora? Jajaja
Y si, Trunks ya se sinceró con Rita,« baia, baia», está enamorado el muchacho. ¿Entonces por qué está solo en la Capital? Llévense esa duda de tarea.
Hay mucho que despejar aún.
Así mismo todos se están dirigiendo "Hacia el mismo Rumbo" La pareja deseosa, los nuevos aventureros y el Cyborg; cada uno con diferentes objetivos.
La información de Shenglong la tomé prestada de uno de mis Drabbles titulado "Más allá de sus ojos" fue un fic que hice de [Shenlong x Trunks Xenoverse]y me pareció que encajaba perfectamente bien en esa escena.
Por último muchas gracias por sus Rw; a la gente que sigue esta mágica historia. Como siempre gracias a los lectores silenciosos (manifiéstense me interesa saber su opinión) y los presentes: YOS, Jimena, Cereza del pastel, Karol, las Ladys que ya las hecho de menos ¡Gracias a todos!
A las Comunidades de Facebook que me permiten compartir mis locas historias: Trunks & Mai Page, Dragon Ball Fanfics y Por los que leemos fanfics de DB.
¡NOS LEEMOS PRONTO!
Con cariño: Kuraudea.
Respetemos los derechos del autor
15/junio/2016
¡Di NO al plagio!
