Disclaimer: Los personajes pertenecen a Hiro Mashima.

Este capítulo debería haber podido terminarlo para el día viernes que pasó pero tuve dificultades para escribirlo y que fuese revisado por quien siempre me los lee antes de subirlo (mi editor particular), así que recién hoy pude tenerlo listo.

Espero tener el próximo para el día Viernes, aunque esta vez no prometeré nada... los siguientes deberían ser más seguidos para acomodarse al ritmo de la otra historia de aquí en adelante así que tendré mucho trabajo por delante.

Espero que lo disfruten...

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Capítulo 7: Un lugar muy especial

Bueno, ha sido una semana un poco... encendida...

Desde el viernes pasado que Natsu pasa más tiempo en mi casa que en la suya (no es que eso sea una novedad, pero sí lo es el que ahora no trae a Happy).

Hemos estado en lo que podríamos decir que es una etapa de exploración... probando nuestros límites, aunque hasta ahora jamás nos hemos quitado la ropa. Pero si se siente así de bien con la ropa puesta no quiero imaginar cómo sería sin ella encima... y es que su piel, su tacto, me descontrola.

Creo que estoy empezando a entender mejor lo de Gray y Juvia… Si ellos en la fiesta sintieron la mitad de lo que siento cada vez que estoy con Natsu puedo comprender por qué no pensaron en otra cosa que tener las manos uno encima del otro. De hecho, hablando de eso, el miércoles después de que fuimos a ver a Gray a su casa, Natsu se comportó de manera muy extraña y dijo que parecía que Gray estaba ocupado, aunque su expresión sombría hacía parecer que algo malo pasaba. Después de ello se fue con Happy a pescar así que no pude preguntarle más a fondo. Y ayer llegó extrañamente animado a mi casa, inclusive un poco demandante, aunque por alguna razón, quería que me mantuviese en silencio.

Aún puedo sentir el dolor sordo en mis muslos en el lugar donde se apoyaron sus caderas, pero es un dolor un tanto agradable de sentir... me pregunto si será parecido cuando realmente lleguemos a... no debería pensar en ello... sólo llevamos un par de semanas juntos y es demasiado pronto para pensar en sexo.

No hemos salido de Magnolia en los últimos días y el no hacer misiones me tiene en la bancarrota, aunque no cambiaría en nada lo ocurrido en esta última semana, pero hoy quisiera hacer algo distinto así que le pedí a Natsu que fuésemos a algún lugar juntos.

Se supone que nos juntaremos en el gran árbol del parque sur esta tarde y saldremos a pasear por Magnolia... no tenemos muchos gustos en común como para llevarlo a algún lugar que me interese visitar pero definitivamente me divierto con él y supongo que podemos improvisar sobre la marcha. Sólo espero que esta vez no demore tanto en llegar como la vez anterior.

He desempolvado mi vestido rojo nuevamente, dado que Natsu dijo la última vez que le había gustado... aunque no sentí que me mirase mucho en esa ocasión y me gustaríae que esta vez en realidad me mirase.

Son más de las seis cuando veo a Natsu acompañado de Happy acercarse por un extremo del parque... no es justo que haya traído a Happy, se supone que este es mí día para estar con él, Happy ya tuvo el suyo el día miércoles.

– Hola, Lucy

– ¡Aye, sir!

Saludan animadamente, sin notar mi evidente enojo.

– ¿Qué pasa, Lucy?

– No pasa nada – digo volviéndome indignada.

– Bueno, entonces, vamos – dice Natsu ofreciéndome su mano.

Estoy enojada, realmente enojada, pero no quiero desaprovechar mi tarde amurrada... Doy un largo suspiro y me resigno a que seamos nuevamente tres, dándole la mano a Natsu.

Paseamos lentamente por los alrededores, viendo como la ola de calor que ha habido últimamente ha afectado la vegetación, secando prematuramente las hojas, que crean una alfombra crujiente a nuestros pies, resonando paso a paso mientras caminamos por el parque.

Puedo estar enojada, pero me tranquiliza estar de su mano y hacer cosas normales de pareja con él... quizás podría acostumbrarme a esto. La verdad es que siento que no me puedo enojar con él.

Apenas hemos salido del parque cuando Happy se aparta un poco y se despide.

– ¿Entonces Happy no iba a acompañarnos? – pregunto con curiosidad.

– ¿Querías que viniese? – Dice frenando para mirarme de frente.

Me desagrada que me respondan preguntas con más preguntas pero no sé cómo responder... me agrada Happy y nunca los apartaría pero... me gusta tener a Natsu sólo para mí.

– No es eso... es solo que, como llegaste con él...

– Happy sólo quiso acompañarme un rato porque no hemos pasado mucho tiempo juntos esta semana, pero él sabe que los viernes son nuestros. – dice acercándose a besarme.

Es la primera vez que hace algo como eso en público... pero eso no evita que me produzca un cosquilleo en la parte baja del abdomen. Es lento y suave y definitivamente muy cálido.

Nos apartamos lentamente y nos quedamos viendo unos segundos antes de volver a tomarnos de la mano y volver a nuestra senda.

Recorremos calle tras calle, dejando muy atrás el comercio y los canales propios del centro, con sus reflejos naranjas del atardecer en el agua y su bullicio sin fin. No sé si él tendrá alguna ruta en mente, pero yo no la tengo. Lo único que estoy lamentando es haberme puesto los zapatos que llevo, cuyo taco ya no es tan funcional como antes, pero definitivamente el vestido no se luciría sin los zapatos apropiados. Aunque Natsu no ha dicho nada al respecto... Tal vez debería dejar de esperar que algo como eso le llame la atención.

Cuando comienzo a vislumbrar a lo lejos el bosque del este empiezo a cuestionarme si habrá sido una buena idea lo de ir de paseo.

– ¿Natsu, dónde vamos?

– Hay un lugar que quiero mostrarte.

¿Un lugar que quiere mostrarme?

Bueno, eso no lo hubiese imaginado.

Mis pies resienten el cambio de paisaje cuando comenzamos a adentrarnos en el bosque, pero confío en que Natsu sabe el camino lo suficientemente bien como para guiarme así que lo sigo, dejándolo ir por delante.

Los tupidos árboles mantienen este lugar en fresca sombra, dejando pasar suaves rayos de luz que cada vez son más azulados.

Llevamos un buen trecho de caminata cuando algo me hace tropezar y termino enterrada en la espalda de Natsu quien, por suerte, mantiene bien el equilibrio y me sujeta a tiempo para no terminar en el piso. Lamentablemente mi zapato no tiene la misma suerte, ya que se ha roto el tacón con el tropiezo.

Miro los restos de mi zapato con tristeza y cansancio antes de tirarlo por ahí y quitarme su contraparte que ya de nada me sirve conservar. La tibia tierra y las piedras me dan la bienvenida por sólo un momento antes de que Natsu me tome en brazos para llevarme. La tela del vestido es ajustada como un guante, lo que me permite sentir las manos de Natsu en todo su esplendor, poniéndome nerviosa ante su tacto.

– Natsu, no es necesario que...

– Está bien, ya estamos cerca – indica con seriedad.

Avanza conmigo un largo trecho más antes de que lleguemos a un claro en medio del bosque. La hierba alta, dejando lentamente su verdor, conserva aún unas pequeñas flores tardías de color blanco que relucen ante la luz azulosa de los primeros destellos del anochecer. Visto de esta manera se ve un poco frío y solitario pero sin duda hermoso.

Me ayuda a ponerme sobre mis propios pies, deslizando sus manos por la tela con suavidad para luego apartarse lentamente, dándome la espalda.

– Solía venir aquí de niño – comienza a decir repentinamente – cuando llevaba poco tiempo en el gremio y aún no me acostumbraba a estar solo. Echaba de menos a mi padre y, por alguna razón, llegué aquí mientras corría después de haber discutido con alguno de los chicos...– Siento que casi puedo verle, de niño, corriendo con todas sus fuerzas por el bosque hasta llegar aquí – Recuerdo haberme desplomado en el piso y haberle gritado al cielo para que me escuchara.

– Natsu...

– Pero no importa qué, siempre termino volviendo aquí. Me trae recuerdos de Igneel. Es como si aquí pudiese sentirlo más cerca.

No entiendo bien por qué ha decidido traerme aquí pero su relato suena triste... aunque ya no tiene por qué sentirse así de solo nunca más. Ya no es el niño que quedó solo tras la desaparición de su dragón, es Natsu, de Fairy Tail, tiene a Happy, y al gremio y... y también a mí.

– ¿Natsu, por qué querías mostrarme este lugar?

– Porque, este sigue siendo el lugar donde vengo a hablar con Igneel, aunque no pueda escucharme.

No sé si llorar o alegrarme, porque su expresión es tan alegre y tranquila que no sé cómo reaccionar, me desconcierta.

Por un momento me da la espalda y se sienta en el piso, como si estuviese meditando. La luz de la luna da de lleno en él, haciendo palidecer su bufanda hasta hacerla ver blanca. Vuelve sus ojos al cielo y lo veo tomar aire.

– ¡Hey! ¡Igneel! – hace una pausa larga antes de mirarme y volver a mirar al cielo – He venido con alguien.

Siento como si estuviese irrumpiendo en un espacio muy, demasiado, personal en este momento y eso me abruma.

– Ella es Lucy – dice mirándome y esperando, como si quisiera que me presentase así que decido seguirle el juego.

– E-e-encantada – Eso fue lamentable, pero Natsu continúa, volviéndose una vez más hacia el cielo.

– Quería que mi padre conociera a mi novia.

Así que por eso estoy aquí...

– Lo extraño, sabes – dice mirándome una vez más, pero esta vez con un tinte más triste. No es algo que pueda dejar pasar así que me acerco y le abrazo por la espalda. Ya no me mira, tiene la vista perdida en algún punto en el horizonte frente a él. – Una vez me dijo que sabría cuando estuviese enamorado, pero no es tan fácil... me hubiese gustado su ayuda.

Supongo que ya lo sabía, pero escuchárselo lo hace más real, más brillante, incandescente. No sé en qué momento comencé a llorar pero sé que también estoy sonriendo.

– ¿Lucy, estás bien? – pregunta cuando lo abrazo con más fuerza, hundiendo mi cara en su hombro.

– Sí, estoy bien, es sólo que nunca me habías dicho lo que sientes por mí.

– ¿No? – dice mirándome, como si intentase hacer memoria. – Pero, no llores, Lucy, lo diré más seguido.

– Tranquilo, estoy bien, estoy contenta... Me gustó haberlo escuchado y también me gustó haber venido aquí.

– Me gustaría que conocieras al verdadero Igneel.

– A mí también me gustaría conocerlo.

Su sonrisa es tan linda... quisiera verla a diario, a cada momento. Y supongo que ha llegado el momento de que yo también lo diga.

– Te amo, Natsu. – Digo pausada y suavemente a su oído.

– Lo sé – okay, esa no es la respuesta que esperaba.

– ¿Que-que-lo sabes?

– Sí, lo sé. Sé que sentimos lo mismo. – dice mirándome de reojo.

– Idiota... – le digo con cariño.

– Creo que es tarde... ¿quieres ir a algún otro lugar? – pregunta casualmente.

– No lo creo... sólo vamos a casa. – indico sintiendo mis pies cansados – Además, no tengo zapatos como para que sigamos caminando por ahí.

– Entonces te cargaré hasta tu casa.

– No creo que eso sea muy apropiado. – digo pensando nuevamente en cómo se sienten sus manos sobre la delgada tela de este vestido.

– ¿Por qué? – sé que es una pregunta legítima pero no sé cómo contestarle.

– Bu-bu-bueno, porque... – digo balbuceando.

– Seré cuidadoso. – indica, como si tratase de convencerme.

Por alguna razón los sonidos del bosque, la soledad y la sensación de sus manos sobre mi cuerpo parecen una combinación peligrosa, pero no quiero que me note nerviosa así que asiento a pesar de mi inseguridad.

Se despide de Igneel simbólicamente y hago lo mismo antes de que me tome nuevamente en sus brazos. Una vez me carga mis músculos se tensan al sentirlo apoyándome contra él. "Cálmate, Lucy, cálmate" me repito todo el camino hasta llegar a mi casa. En el centro nos miraron varias veces pero traté de desentenderme de ello.

Es de las pocas veces en que utiliza la puerta... de seguro es porque me lleva consigo.

Una vez entramos a mi hogar, me ayuda a ponerme de pie y siento una sensación gigante de gratitud con él... por el paseo, por amarme, por siempre estar conmigo cuando lo necesito, por compartirme sus alegrías y ahora también sus tristezas... no sé cómo expresarle todo lo que siento ahora así que mi beso parece tomarlo desprevenido.

Sus manos se deslizan por mi espalda, atrayéndome, acariciándome, haciéndome sentir mareada. Se siente tan bien... es un beso largo e intenso, cargado de palabras sin pronunciar y emociones inexpresadas.

No quiero que esto termine aquí, quiero que siga... pero esta vez es él quien se detiene.

– ¿Qué pasa?

– Happy se ha estado sintiendo solo... si me quedo... – mira hacia la oscuridad dentro de mi casa, como si realmente se estuviese debatiendo entre irse a casa o quedarse conmigo.

– Está bien... – digo bajando la mirada y tratando de quitar de mi cabeza los pensamientos posesivos que me invaden – pero prométeme que te quedarás el próximo viernes.

– Es una promesa. – me dice.

Cierro la puerta tras él y me quedo recargada en la madera, con ganas de golpearme la cabeza por haberlo dejado partir, pero decidida a continuar con lo que frenamos la próxima vez que estemos solos.