Psychosocial

Chokehold

Unintended.


You could be my unintended
Choice to live my life extended
You should be the one I'll always love

~ Muse



Era sábado. Un sábado de locos.

Desde hoy tenía dolo un día más para recobrar mi permiso y seguir con mi practica profesional, de lo contrario, tendrá que encontrar alguno otro hospital psiquiátrico para poder hacerla, la pregunta sería ¿Quién aceptaría a una estudiante tan estúpida como yo?. La verdad es que no tuve animo de responderme.

Dolía, en lo más profundo de mi ego – lo que quedaba – dolía.

Cogí mis pertenencias, sin saber muy bien que llevar, pero a la vez llevaba de todo un poco. Un chocolate, por si me daba un ataque de nervios - muy común en mi desde el episodio traumático – cuadernos de mis estudio – aún me pregunto por que los llevaba – un par de pruebas en la que había sacado sobresaliente, hojas en blanco, para un permiso o si tenia que esperar… En fin, la lista de las cosas no-necesarias que llevaba en mi cartera era innumerable.

Cerré la puerta y camine hacia mi Chevy, entre y intente maquillarme un poco con el espejo retrovisor, no pude hacer mucho, la cara de pánico no me la sacaba ni el mejor maquillador del mundo. Coloque la llave de contacto y me dirigí hacia la universidad, sin saber muy bien que tenía que esperar, quizás un milagro, lo más adecuado para mi situación.

Llegue más pronto de lo pensado a mi lugar de estudios, estacione donde siempre lo hacia y sin darme cuenta, estaba en el edificio de medicina de la facultad. Las piernas me tiritaban mientras caminaba por los pasillos casi vacios. Era sábado, a veces hay laboratorios o clases, supongo que este sábado era la excepción.

Llegue a la secretaría general del edificio, donde solo habían dos personas detrás de las oficinas, la secretaria y otro señor más sirviéndose agua en una maquinita, anexo a todo esto. Iba a dirigirme a la secretaría – sin saber muy bien que decirle – pero alguien toco suavemente mi hombro y llamo mi atención.

- Isabella – Me saludo mi profesora de Antropología, Esme – Hace tiempo que no te veía por estos lugares – Sonrió cariñosamente.

La profesora Esme era una de las pocas profesoras de las cuales aprendí algo y las que se dedicaba cien por ciento a explicarte como en la escuela, preparaba el material para cada clase e incluso, se veía que te esforzabas mucho en su clase, te ponía sobresalientes en los exámenes finales. Supongo que todos sus estudiantes le tienen cierto respeto y cariño a ella, ya que fue como una mini mama de nuestra carrera y generación.

- Hola profesora – Salude, dándole un pequeño abrazo y un beso en la mejilla – Me alegra verle de nuevo.

- Y cuéntame, ¿Cómo te ha ido en tu practica profesional? – Susurro, dulce, invitándome a tomar asiento en una de las sillas de espera.

- No quiero robarle tiempo, profesora, sé que tiene cosas más importantes que hacer…

- Por lo que veo – Me interrumpió, haciendo hincapié en la silla de al lado – No te ha ido muy bien. ¿Me quieres contar la historia?

- Es muy larga…

- Quizás necesita un poco de animo – Discutió Ella, levantándose – Y una taza de café, acompáñame.

Fuimos juntas al café de la facultad, hablando de temas triviales. Cuando nos sentamos y pedimos nuestra orden – Un café para mi y un agua mineral para ella – Esme decidió empezar a hablar.

- ¿Qué problemas tienes, Isabella? – Me pregunto, con la mirada fija en mis ojos – Es obvio que algo te pasa, eres la sombra de lo que eras antes – Un tanto incomoda, se removió en su asiento – Siempre fuiste la más callada de la clase, y no tenias muchos amigos, pero de seguro que ahora ni les hablas, ¿Cierto? – Me pregunto, a lo que asentí levemente – Pero supongo que no viniste a recordar viejos momentos a la facultad… tienes cosas más importantes que hacer que venir a re-vivir viejos momentos con tus compañeros, ¿Me equivoco?.

No hablé, suponía que Esme sabía lo que me pasaba. Espere un rato, respirando lentamente, iba hablar pero llego nuestro pedido y rápidamente el mesero se esfumo.

- Si no quieres contarme no es necesario que me digas…- Apunto, dándole un sorbo a su agua gasificada.

- No, no es eso… - Dije, de inmediato – Es difícil… es más difícil de lo que pensaba… pareciera que…

- …¿Todo estos años de estudios no sirven para nada? – Respondió, leyéndome la mente. Asentí, ella rio entre dientes – Créeme, Isabella, que a todo ser humano le pasa eso, no tienes que tener miedo… no te darás cuenta cuando ya te habitúas al sistema de trabajo en el que estás…

- No lo entiendo – Seguí – Es todo muy confuso, todo lo que he aprendió no me ha servido de nada… y eso es que he estado solo una semana.

Esme escucho atenta a toda mi historia, desde el principio hasta mi posible final – omitiendo, por supuesto, los sentimientos que sentía por mi jefe -. La tarde paso rápida, tuve que ordenar otro café más en el transcurro de mi historia.

Cuando termine, Esme estaba escribiendo impaciente en una libretita, me pregunte un par de segundos que estaba haciendo, y por que no me decía nada. Espere otro par de segundo y me tendió la nota, muy bien doblada, la iba a abrir pero ella arrugo el papel en mis manos y negó con la cabeza.

- Dale esto a Rosalie – Aseguro – Pero no lo veas tú.

Y tal cual hice.

.

.

Rosalie estaba un poco intimidante esta mañana, se paseaba como leona enjaulada por su escritorio, mientras yo buscaba el arrugado papel que mi profesora me había dado hace unos pocos días, esta era mi única y ultima arma, de lo contrario, podría estar despidiéndome de mi practica profesional. Cuando lo encontré – muy arrugado, cabe destacar – lo deslice por la madera de su escritorio y ella rio entre dientes.

- Debes estar bromeando – Rio, con muchas ganas - ¿Me pasas este papel?.

- Es lo único que tengo – Asentí, con lo poco y nada de ego que tenia.

Ella se hecho a reír estirándose hacia atrás en su silla, tomo el papel como si fuese cualquier cosa y lo abrió. No le tomo más de dos segundos leer todo su contenido, y lo releyó unas cuantas veces más, hasta que pareció confundida y sorprendida a la vez.

Sentía el sabor de la victoria en mis manos.

- ¿Qui…quien hizo este…'justificativo'? – Pregunto, releyéndolo nuevamente.

- Mi profesora de Antropología, se llama Esme Mansen… antes trabajaba aquí, me parece.

- Si… - Fue lo único que dijo, luego gruño y arrugo el papel, lo tiro dentro del basurero y comenzó a escribir en nuevos papeles no se qué cosa. Cuando termino me tendió uno de ellos, todo garabateado.

- Jacob te tomara la práctica profesional – Me dijo, y siguió escribiendo. Entonces di por dada la conversación y que aún continuaba con mi practica, coloque una sonrisa boba en mi cara y tome todas mis cosas para marcharme, pero cuando llegue a la puerta, Rosalie volvió a usar sus clásicas palabras – Si cometes otro estúpido error, sabes que ni siquiera Esme te va a salvar, ¿entiendes?

- Si.

Entonces salí de la habitación.

Camine relajada por el pasillo – por primera vez después de mucho tiempo – y toque con toda la confianza del mundo la puerta de Jacob. El me abrió con una sonrisa, como sabiendo ya lo que tenía que hacer. Le di el papel y su sonrisa de agrando.

Ese momento fue perfecto, casi soñado.

.

.

- ¡Que bueno que te aceptaron! – Me felicito Alice, dándome un abrazo en medio de las muestras de ensaladas, mientras creaba una fila de médicos llenos de hambre, al igual que yo.

- Si, aún no me entiendo como sucedió el milagro – Sonreí, rompiendo el abrazo y avanzo con mi bandeja hasta la parte de bebestibles.

- Es obvio que Esme debe tener un poder… o algún cargo muy pesado en este hospital como para que Rosalie cambiara de idea, ¿No te parece? – Dijo, sacando una ensalada del mostrador – Quizás Esme le hizo clase a Rosalie también… o algo parecido.

- O algo parecido – Asentí.

- Hm… ¿Bella? – Pregunto Alice, olvidándose de la comida y viéndome de nuevo, yo deje de doblar las servilletas en mi bandeja y le preste atención - ¿Te gustaría venir a mi casa esta noche?, hace tiempo que no siento presencia femenina en el lugar.

Que excusa tan barata.

- ¿Estas nerviosa por el matrimonio con Jasper, tienes muchos problemas, no sabes que vestido ponerte por que no lo conoces mucho y tanto los cambios de Jasper como los tuyos son demasiado problemáticos así que Jasper esta durmiendo en otro lugar , como la casa de un amigo, mientras las cosas se reponen, cierto? – Pregunte, extrañándome a mi misma. Alice me miraba con los ojos abiertos de par en par, y en vista que no decía nada continua – Te sientes perdida y quieres respuestas, aparte de estar viviendo sola por…al menos, una semana, creo…

- ¡Dios Bella! – Dijo Alice, extrañada - ¿Lees la mente o algo por el estilo?

¡Ojala leyera mentes!, todo sería más fácil.

- No, te conozco desde hace mucho, es muy fácil saber lo que te pasa. – Asentí.

Alguien tosió detrás nuestro y fuimos directamente a la caja registradora para pagar. Alice invitaba puesto que me iba a quedar un par de días en su casa. Estuvimos toda la hora de almuerzo hablando sobre su casamiento, y los problemas que tenía con Jasper a la hora de organizar la boda, le dije que se calmara con eso, que no era muy nuevo que digamos, a todas las parejas le pasaba lo mismo, ella se tranquilizo mucho más.

Terminamos de hablar cuando la cafetería estaba casi vacía, así que corrí hacia la oficina de Jacob y ahí pase toda la tarde con él, recibiendo consejos para tener nuevos pacientes. Cuando faltaba un par de horas para que terminara mi turno, Jacob me llevo la zona de práctica para que comenzara rápido. Fuimos a la parte infantil del hospital, ya que los niños eran mucho más fáciles de tratar que un adulto.

La primera chica que visite se llamaba Danielle, tenía apenas nueve años, le tenía miedo a la oscuridad, o a cualquier lugar que fuera oscuro, tenía tripofobía, fobia a la oscuridad o cualquier espacio cerrado, claustrofobia… lo interesante que esa niña no le tenía un miedo racional, no tenia razones para tener miedo…era algo así como una curiosidad insana.

Hablamos toda la tarde, me explico sobre sus padres, que ellos eran muy miedosos, tenía muchos pestillos en la puerta, dormían con algunas luces encendidas, le tenia miedo a los fantasmas y nunca veían películas de miedo, entonces comprendí que el miedo irracional provenía de la imagen paterna.

Esta bien, ese caso era fácil.

El siguiente se trataba de otro niñito, Josh, que tenía 'Hidrofobia', odiaba el agua con todo su ser, por que su hermano mayor había muerto ahogado en una playa por hacerse el genial e intentar nadar mientras el no sabia nada sobre flotar. Este fue un poco más difícil.

Intente convencer de que el agua no tenía la culpa – la tenía su hermano, pero obviamente no se lo dije – El agua no podía matar a nadie, porque o si no ya habría muchos muertos a causa de agua, y nunca había salido una noticia tan peculiar como esa. El accedió a bañarse esa misma noche e intentar tener pescaditos en una pecera para que vea que si se podía vivir del mar. Le agradó a idea de los pescaditos.

La dos horas restantes pasaron volando, y solo me di cuenta cuando Jacob me tomo suavemente la espalda mientras garabateaba un par acotaciones sobre los casos que tuve que revisar hoy. Le dije que en un momento más iría y seguí escribiendo, el se adelanto a su oficina.

-Es buena idea… - Dijo alguien, al fondo del salón – Eso… de la pecera.

Deje escribir y me di media vuelta.

Los recuerdos me golpearon como si una pelota quebrase sin piedad un ventanal.

Edward.

Estaba tranquilo. Vestía normal para parecer un loco, no se veía amenazante ni conflictivo, ni tampoco susurraba palabras al revés. Simplemente era Edward. Me di media vuelta mirando mis papeles. ¿Qué se supone que debería hacer?. La habitación era grande para escapar, ¿pero así se comportaría un profesional?, no, claro que no.

Pero en caso de lo que necesitase…

- ¿Qué… haces aquí? – Pregunté, lo suficientemente alto para que el me escuchara. El avanzo lento, asechándome, hasta que estuvo lo suficientemente cerca y coloco una silla muy cerca de donde estaba, intente repelerlo sin que se diera cuenta, pero no pude.

¿En cuanto tiempo se daría cuenta Jacob de que todavía no llego a su oficina?

- Excelente pregunta, doc – Sonriendo, mientras tomaaba una manzana que había encima de la mesa y la masticaba tranquilamente – Pues simplemente vivo aquí.

- ¿Nunca te sacan a pasear? – Le pregunte, un tanto nerviosa, jugando con el lápiz entre mis manos.

- ¿Quién? – Rio entre dientes, dándole otro mordisco a la manzana – Mis padres están muertos.

Cierto. Muy cierto.

- ¿Tus tutores?

El rio nuevamente.

- Ellos están más muertos que mis padres- Sonrió, casi maquiavélicamente – hace tiempo que no se dan una vueltita por aquí.

Sonreí de igual forma que él.

- Me pregunto por qué – Conteste, con ironía.

El dejo de masticar la manzana. Presentí problemas. Se acerco un poco a mi, no demasiado, y examino mi cara, yo me quede completamente quieta, sin saber muy bien que hacer, hasta que la puerta se abrió y Edward se separo completamente calmado comiendo su manzana de nuevo.

- ¿Bella? – Llamo Jacob, con mi abrigo y mis pertenencias en sus manos.

Recogí todas mis cosas y camine hacia él, tomando mi cartera y mi bolso y dándole las gracias, el asintió y se marcho rápidamente, yo quede estática en el lugar… Jacob se había ido sin más…

- Tu novio te dejo, al parecer – Sonrió Edward, mientras se levantaba de la silla y caminaba hacia la puerta.

- ¿Novio? –Respondí – Jacob no es mi novio, es mi jefe.

- ¿Enserio? – Me pregunto, ya demasiado cerca, su aliento me golpeo la cara, estaba fresco – Yo me lo replantaría, querida. El negrito siente cosas por ti.

Y salió de la habitación, no sin antes mirarme un largo rato, mordiendo su manzana con deleite. Me le quede mirándole como estúpida. Cuando me di cuenta del hecho, Salí disparada hacia el estacionamiento donde por suerte encontré a Jake, quien intentaba abrir su auto ultimo modelo rojo.

- ¡Jake! – Grite - ¡Jake, espera!

El se dio media vuelta, sin mucho animo y dejo las cosas encima de su auto.

- Hey – Dijo, desanimado.

- Jacob – Le dije, cuando llegue, con la respiración agitada – por que… ¿Por qué te fuste de repente?

El me miro, dándose vuelta en el mismo instante, murmuro algo, pero callo y miro el suelo, angustiado. Yo lleve todo mi peso a una pierna, la situación era tensa e incomoda.

Yo me lo replantaría, querida. El negrito siente cosas por ti.

- Jake… - Lo volví a llamar.

- Lo siento, Bella, algún día te lo diré.

Se subió a su auto sin siquiera mirarme, e hizo sonar el motor de su auto. Me hice para atrás para que pudiera salir del estacionamiento y se fue.

No alcance a pensar en anda cuando escuche la bocina del mini Cooper de Alice.

Comenzó a llover.


Notas Chok!

+ Well, comienzo a dudar de que pueda hacer un buen fic sobre psicología y todas esas cosas raras. ¿Solos dos rewies? Sé que me he demorado pero buu, bueno, quizás para la otra será :)

+ Hm, otra cosa, lamento el retraso de casi 4 meses .____. La verdad es que pensé que no tenia el capitulo hecho, y la verdad es que había avanzado e hice otro de nuevo (¿) la cosa más complicada de la existencia. Whatever :3, la cosa es que ahora si estoy siguiendo la historia!

+ y otra cosita más, a todas las personas que me han seguido comentando cuantos cuentos cuento déjenme decirles que leo todos sus comentarios/rewies y demases. Pronto publicare algunas respuestas de ese fic que quedaron inconclusas por que ya lo termine (¿) y posiblemente más rato vuelva ala comedia so, dont worry.

Muchisimas gracias a:

Erill Cullen : Te agradesco que te hayas tomado el tiempo de dejarme un rewie u___u really! Y pues si, esperemos que a Bella se le vayan todos los emdios innecesarios que les invento (¿) xD haha gracias por leer la historia

NekoCharles: He.. pues, si te refieres a que le pasara algo malo, si. Le van a pasar varias cositas malas. MUAHAHH, asi que no te preocupes

A muse, por inspirarme con su canción, (Psss, el titulo)

Chokehold :3