Familia Potter II.
Una pelirroja con una barriga enorme de siete meses entró en la cocina de su casa. Llevaba unos pantalones vaqueros, un blusa negra y unas zapatillas de casa con forma de cabezas de leones. En la mesa de su cocina había dos hombres charlando y sonriendo. Los dos de pelo negro, uno bien peinado y otro todo lo contrario. Uno con ojos avellana tras unas gafas rectangulares y otro con ojos grises que llevaban por el camino de la amargura a muchas brujas desde el 3 de noviembre de 1959.
-¡Por Merlín, Evans! -gritó Sirius, al verla tan embarazada. Lily lo miró levantando una ceja.- Era un cumplido, no te enfades, pelirroja. -dijo levantándose para abrazarla.
-No parecía un cumplido. -le dijo Lily.
-Pero si estás hermosa. -le dijo James, levantándose también.- Si no quisiera ver a mi hijo te dejaría así de por vida.
-No seas egoísta. -le pidió Lily.- Estoy harta de estar gorda. Y quiero a mi hijo fuera, ya. Pulgas, ¿te quedas a comer?
-Canuto. -le dijo Sirius a la barriga de Lily, agachándose sobre ella y haciendo reír al matrimonio Potter.- Es el Tío Canuto, no Pulgas. Tu pelirroja madre me llama así para enfadarme. Y sí, pelirroja, me quedo a comer si me invitas.
-Claro. -le dijo Lily con una sonrisa. El matrimonio Potter se puso a cocinar mientras Sirius leía El Profeta en la mesa de su cocina.
-Este periódico cada día miente más. -se quejó Sirius, tirando los papeles sobre la mesa.- ¿Con qué me vais a intentar envenenar esta vez?
-No exageres, no cocinamos tan mal. -le dijo James.
-Pollo asado. -dijo Lily.
-Pobre mi sobrino... -dijo Sirius, sonriendo.- ¡Yo te llevaré a comer bien, cachorro!
-No le llames así. -le pidió Lily.
-Si os decidierais por un nombre de una vez lo llamaría de otra manera. Mientras será "cachorro". -les dijo Sirius.
-Podrías llamarlo ahijado... -dijo James, sin mirarlo ni siquiera. Lily lo miró de reojo y sonrió. Sabía que su marido iba a encontrar la manera exacta de contarle a Sirius que lo habían elegido padrino para el niño. Después de unos segundos de silencio el matrimonio miró a sus espaldas, donde Sirius seguía sentado en la mesa de la cocina, con la boca abierta, estupefacto.- ¿Canuto? ¡Se murió Evans! ¡Lo hemos matado!
-No digas tonterías. -le pidió Lily, riendo. Era la escena más cómica que había visto jamás de aquellos dos hombres. Y había visto muchas, por Merlín que sí.- ¿Sirius? ¿Estás bien?
-¿Qué me queréis decir? -preguntó Sirius.
-¿Quieres ser el padrino del niño? -preguntó Lily, posando sus dos manos sobre su enorme barriga.
-Pa-Padrino... -dijo Sirius. Los dos asintieron.- ¿Eso quiere decir que...?
-Que tienes que mimarlo y malcriarlo. No darme la razón jamás y ayudarlo con las travesuras. -dijo Lily sonriendo. Y luego se puso más seria.- Y que si algún día nos pasa algo, tienes que cuidar de él. Si tú quieres, claro...
-Os voy a abrazar. -dijo Sirius, levantándose. Lily juraría haber visto una pequeña lágrima asomarse por uno de sus ojos grises antes de que Sirius la abrazara largo y tendido. Luego miró a James y ambos se sonrieron.- Gracias, hermano.
-Gracias a ti. -le dijo James, antes de abrazarse. Aquel abrazo de los azabaches también había sido el más emotivo que Lily había visto. Entre eso y sus hormonas revolucionadas no pudo evitar echarse a llorar.
-No llores, Evans. No te lo voy a robar. Es todo tuyo. -bromeó Sirius al verla. Lily se rió y James tiró de ella para unirse los tres en un abrazo. Bueno, los cuatro si contamos a Harry.
