Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola a todos, gracias por entrar en este shikatema! Este capi viene un poco introspectivo, pero también es una puerta de entrada, un pasaje. Espero que les guste :D
BUENA LECTURA!
Capítulo VII: Los sentimientos de cada uno
El amor es más de temer que todos los naufragios.
Fenelón.
Las nubes son tan pacíficas… Suspendidas en el cielo, informes, livianas, indiferentes… Da gusto verlas pasar.
-¿Quieres? –le preguntó Chouji, ofreciéndole el paquete de frituras recién abierto.
-Después –se dignó a responder Shikamaru, casi en un suspiro.
Estaban ubicados en su lugar favorito. Chouji estaba sentado, el otro recostado a su lado, la cabeza descansando sobre sus manos entrelazadas. Hacía ya media hora que permanecían allí, comiendo y hablando intermitentemente. Sin embargo, Shikamaru parecía más absorto que de costumbre.
Ni bien habían regresado de la misión-castigo, los dos amigos concertaron encontrarse al día siguiente para pasar la tarde juntos, y en eso estaban. Por suerte, ninguna otra misión iba a perturbar ese casi milagroso día de descanso. Y Shikamaru necesitaba pensar.
La cuenta cerraba, sin ninguna duda. Si sumaba dos más dos obtenía cuatro, y si volvía a sumar una y otra y otra vez, le seguía dando el mismo resultado. Ese calor extraño que sentía en la boca del estómago, ese ocasional nudo en la garganta, cierta inseguridad cada vez que la tenía enfrente, los últimos acontecimientos… Diablos, se había enamorado de Temari. ¿Y qué se supone que debería hacer ahora? Era lo más problemático que podía ocurrirle, además de vergonzoso. ¿Se vería igual de idiota que Naruto delante de ella? Maldita sea, que alguien lo asesine si eso era así.
De todas formas, Naruto no era el único sujeto enamorado que había conocido, también estaba su sensei. Uno era más extrovertido, en cambio el otro todo lo contrario. Uno se lo pasaba gritándolo a los cuatro vientos casi, en cambio el otro lo había negado en cada oportunidad. Lo único que tenían en común era que ambos, frente a la mujer en cuestión, se ruborizaban irremediablemente. Y eso era todo lo que él había hecho hasta ahora frente a Temari, ruborizarse cada vez que estuvieron más cerca de lo normal. Al menos hasta ayer, cuando ya no pudo negar lo que sentía. Incluso estuvo a punto de besarla.
Estaba hasta el cuello. De nada le serviría darle más vueltas, analizar y reanalizar. Se había descubierto pensando en ella en los momentos menos esperados y de la nada, como si la extrañase. Y no podía olvidar aquella repentina felicidad que lo invadió cuando supo que volvería con él a Konoha y que él mismo se encargó de catalogar como satisfacción por poder ayudarla. Qué ingenuo había sido. Ahora estaba ahí, obligado a asumir que se había enamorado de la mujer más problemática y orgullosa de la tierra, y que ya no lo podría evitar. ¿Acaso existiría alguna forma de contrarrestar semejante proceso? Lo único que podía hacer ahora era marchar con la corriente, aunque no tenía idea de hasta dónde llegaría ni cómo lo resolvería. ¿Hasta cuántos movimientos se pueden predecir en estos casos? Mejor dicho, ¿se pueden predecir?
-Allá está Temari –anunció de pronto Chouji, sacando al chunin de su ensimismamiento-. Está lejos, pero creo que está con alguien.
-Mmm… -profirió su amigo con desgano. Lo último que necesitaba en este momento era verla.
Chouji entrecerró los ojos, esforzándose por distinguir con quién iba la kunoichi. Los escandalosos rayos del sol le jugaban una mala pasada, por lo cual apenas la había llegado a identificar por su característico abanico en la espalda. La persona que estaba a su lado todavía era una sombra.
-No puedo ver bien al otro –comentó.
-Qué importa, Chouji, debe ser alguna de las chicas. Ayer me pidió que por hoy no la vaya a buscar porque quería pasar el día con ellas.
-Shikamaru…
-Las mujeres son una molestia, andan juntas todo el tiempo y van juntas a todos lados.
-Shikamaru…
-Hasta para ir al baño de un lugar público siempre van en grupo… Y no es que yo me haya detenido mucho en esos detalles, claro, pero esas cosas se saben.
-Shikamaru…
-Primero demandan tu atención alegando que uno nunca las escucha, luego se marchan con sus amigas dejándote plantado. Quién las entiende.
-Shikamaru, está con Genma.
Silencio. El aludido no modificó un ápice su postura, aunque su rostro se contrajo. Chouji lo miró de reojo. Podría quedarse callado y aparentar indiferencia, pero a él no lo engañaba. Habían sido amigos durante demasiado tiempo, durante años, lo conocía y sabía interpretar sus estados de ánimo a la perfección. Seguramente los demás aún no lo notaban, pero él sí se había dado cuenta de los sentimientos del ninja hacia la embajadora de la Arena, tal vez antes que él mismo. Por más que se hiciera el desentendido, él sabía muy bien lo que estaba pasando, y se alegraba mucho por su compañero de equipo. También tenía presente lo perezoso que era para actuar, y por ello decidió que esta era la ocasión perfecta para darle un empujoncito.
-¿Entonces qué hace con Genma si te dijo que saldría con las chicas? –preguntó, con fingido tono casual.
Shikamaru no contestó. Al fin de cuentas ella podía hacer lo que quisiera. Se esforzó por hacer caso omiso de la realidad, trató de retomar el hilo de sus propios pensamientos, se obligó a fijarse en las nubes que pasaban en ese momento, pero no pudo sostener por mucho tiempo esa actitud. Las palabras de Chouji habían accionado la palanca correcta y terminó por hablar.
-Quizás estén discutiendo alguna cuestión de trabajo –intentó, no muy convencido.
-¿A estas horas? –insinuó Chouji-. Estamos transitando la pausa del almuerzo.
-Cuando se trata de trabajo no hay pausa que valga.
-Pero parecen distendidos –continuó el otro, implacable-, incluso sonrientes.
Aquí Shikamaru se estremeció. ¿Temari sonriente? ¿Temari caminando con Genma, sonriente? No, esa cuenta no le cerraba por ningún lado. Su amigo volvió a arremeter.
-Se comportan como si se conociesen de toda la vida.
Las nubes comenzaban a desdibujarse, ya casi no las distinguía.
-Es muy extraño verlos juntos, ¿no crees, Shikamaru?
La ceja izquierda… Sí, la ceja izquierda había comenzado a temblarle.
-Aunque todo puede ser en esta vida. Y Genma es un ninja muy respetado. Incluso recuerdo que alguna vez Ino comentó que era atractivo.
Vena titilante encima de ceja temblorosa.
-De lejos yo diría que hacen una bonita pareja.
Vena reventada.
-Deja de decir tonterías –farfulló perezosamente Shikamaru, mientras se erguía en el asiento para observar también. Arrugó más el entrecejo. Chouji sonrió para sí, satisfecho-. Nos vemos luego –agregó el vago de improviso, mientras se ponía de pie con lentitud.
-¿Qué? ¿A dónde vas?
Shikamaru no respondió. Se alejó algunos pasos y luego desapareció de un salto. Chouji suspiró. Buscó a la pareja caminante con los ojos, pero ya se habían apartado de su campo visual.
-o-O-o-
Por fin el sol había regresado. Temari se levantó esa mañana de mucho mejor humor, renovada, deseosa de comenzar la nueva jornada... E inquieta por dentro. La ansiedad que se había instalado en su organismo tiempo atrás estaba acuciándola como nunca. Recién ahora comenzaba a entender ciertas cosas. Cuando terminó de acicalarse se colocó frente al espejo para mirarse a los ojos. Lo menos que podía hacer era sincerarse consigo misma y reconocer que se había enamorado del shinobi más perezoso de las Cinco Naciones.
Pasó la mañana completa en su habitación analizando la novedad, acostumbrándose a la idea y a verbalizarlo. Supuso que era un momento trascendental en la vida de toda mujer, al menos de toda mujer normal, pero ella no sentía eso exactamente. Ella nunca había esperado que le suceda una cosa así, ni siquiera se le había cruzado por la cabeza la ínfima probabilidad. Sus objetivos no iban por ese lado, si es que ese lado existía dentro de ella. Jamás se había sentido atraída por alguien, al menos no de otra forma que no fuese por medio del respeto o la admiración. Era complicado, terriblemente complicado tener que lidiar con este sorpresivo costado femenino. ¿Y qué demonios debería hacer ahora?
Supuso que, por empezar, tendría que asumirlo. Se preguntó por qué Shikamaru… Había sido su amigo durante tanto tiempo, se había sentido tan cómoda trabajando en su compañía, que cuando estaban juntos era como tener a su lado otra parte de sí, y por eso confiaba plenamente en él… Vaya, con razón a ellos dos en particular les había ido tan bien haciendo aquellos ejercicios, primero cuando ella fue a buscarlo y supo cómo encontrarlo, y luego cuando él se encargó de atraparla en el aire. Dedujo que entre todas esas experiencias y enamorarse no debería haber más que un solo paso, y seguramente ella ya lo había dado hace mucho sin saberlo.
Temari suspiró. Miró el reloj, que indicaba las once de la mañana, se levantó, acomodó su abanico y salió a la calle para despejarse un poco. Le había dicho a Shikamaru que saldría con las chicas, pero fue solo una pequeña mentira para poder estar sola y pensar en todo aquello. Quizá si caminaba un rato se relajaría y pensaría mejor.
Una vez en la calle echó a andar sin rumbo fijo, abstraída, hasta que de pronto se llevó por delante a una persona. Cuando levantó la vista para disculparse, reconoció a Genma.
-Temari san –la saludó el ninja, con su habitual senbon entre los labios.
-Genma, lo siento, iba distraída.
-No te preocupes. ¿Estás bien?
-¿Por qué lo dices?
-No sé… Pareces preocupada.
-Estoy bien, gracias.
-Por cierto, ahora que lo pienso, ¿te molestaría acompañarme hasta la oficina de la Quinta? Shizune me comentó que hay nuevos documentos y tratados de intercambio con Suna que han llegado esta mañana. Creo que necesitan que los revises.
-Sí, claro.
Y comenzaron a caminar. Durante el trayecto se les dio por recordar los exámenes chunin de hacía unos años, cuando ella y Shikamaru se habían enfrentado. No podía decirse que Genma fuera muy conversador, pero tenía un fino sentido del humor que entretuvo mucho a Temari, haciendo irónicos comentarios con respecto al desempeño de cada uno en esa situación. Ella se sintió contenta al rememorar todo aquello. Iban conversando animadamente, ya era pasado el mediodía y empezaban a hablar sobre la posibilidad de comprar algo para comer, cuando se vieron interrumpidos por una inesperada aparición.
Shikamaru aterrizó ante ellos de cuclillas, con una mano apoyada en su rodilla flexionada y la otra mano en el suelo, sosteniéndolo. Levantó la cabeza para mirar directamente a Temari y luego se puso de pie con lentitud.
-Hola –saludó como si nada.
Genma lo observó con cierto asombro.
-Shikamaru, ¿pasó algo? –le preguntó.
-Nada, solo pasaba por aquí y quise saludarlos –respondió, sin sacarle la vista de encima a la kunoichi.
Temari lo miró extrañada. ¿Por qué la veía tan fijo? ¿Qué demonios le ocurría ahora?
-¿No ibas a salir con las chicas? –cuestionó él.
Ah, era por eso.
-Cambié de opinión, decidí pasar el día sola.
-¿Sola? –indagó el chunin, elevando la ceja izquierda.
-Sí, sola, ¿algún problema?
-El problema es que no estás sola.
-Eres increíblemente inteligente, Shikamaru.
Genma observaba alternativamente a uno y a otro mientras sostenían esa extrañísima conversación. No estaba muy seguro, pero algo estaba pasando entre ellos en ese instante, porque él se sentía "pintado al óleo". De pronto, lo acometió la desconcertante sensación de haber vivido ya ese momento. La desganada mirada de uno más el entrecejo fruncido de la otra le renovó los recuerdos. Aun así permaneció de pie entre ellos con las manos en los bolsillos, en silencio, en parte por educación y en parte porque supuso que sería entretenido presenciar tan insólito enfrentamiento, otra vez.
-Si querías estar sola simplemente me lo hubieras dicho, no tenías porqué mentirme –repuso Shikamaru, que se había dado cuenta de todo.
-Si te decía que quería estar sola me hubieras salido con eso de "tus obligaciones" conmigo mientras esté en Konoha.
-Sin embargo no dejaste de procurarte un guía.
-¡Me encontré con Genma por casualidad! –exclamó Temari, con los brazos en jarra-. Y creo que tengo la edad suficiente como para hacer lo que me parezca, niño.
-Claro, la Princesa de la Arena es libre de decidir con quién estar –repuso él con sarcasmo y cierta amargura-. Los niños suelen ser un estorbo.
-¿Y desde cuándo tienes tantas ganas de pasear conmigo? ¿Hoy no había suficientes nubes para ver?
El único testigo de los hechos los escuchaba con estupefacción. Un kunai no podría estar más afilado que la lengua de esos chicos. Tal vez tendría que intervenir…
-Entonces, como crees que no puedes contar conmigo, decidiste dar un paseo con él.
-¿Y eso a ti te molesta mucho? –indagó ella con insidia. Su paciencia comenzaba a burbujear.
El tercero en discordia lo pensó mejor y decidió mantenerse al margen. Continuaba de pie entre ellos, tal y como había sido cuando la pareja se enfrentó en el pasado en un campo de batalla. Era un volver a vivir. Fue demasiado para él, percibía que la cosa estaba tomando un cariz demasiado raro y, además, hacía rato que había dejado de ser un Greco para transformarse en un Miró. Decidió retirarse antes de que todo empeore.
-Lo siento, chicos, me esperan en la oficina de la Hokage –anunció de pronto, y de un salto se alejó de allí. "Caramba con las nuevas generaciones", pensó.
Los otros dos apenas recordaron su presencia cuando se despidió.
-Te has comportado como un chiquillo quejoso –lo acusó Temari.
-¡Podría decirte lo mismo por haberme mentido!
-¡Ya te dije que…
-¡Cállate! –terminó por pedir él, hastiado. En cambio ella se irritó. ¿Quién diablos se creía que era?
Y en ese preciso momento, ambos tomaron real dimensión de la escena que estaban representando. Entre ellos se hizo un silencio tenso e incómodo que no supieron cómo sortear, estancados en el absurdo. Sin embargo, al poco rato Shikamaru dejó de contenerse, porque le dolía la molesta espina que Chouji había empezado a clavarle y que luego se le había incrustado en lo más profundo cuando los vio juntos y sonrientes.
-Me resultó muy extraño verlos… de esa forma –ensayó, pasándose una mano por la nuca y mirando para otro lado.
Temari suspiró con cansancio. ¿Hasta dónde pensaba llegar este chico? Había pasado momentos demasiado movilizantes desde que se separó de él la última vez, había quedado muy sensible después de reflexionar toda la mañana y ahora la ansiedad la carcomía al tenerlo tan cerca. Y encima le hacía una escena de celos. Maldición, ¡eso era demasiado para ser vivido en menos de veinticuatro horas!
-Shikamaru, en verdad, me rindo –anunció, relajando su postura y tratando de dominar la exasperación-. ¡No entiendo lo que ocurre contigo! –exclamó con cierta impotencia.
El joven se asombró. Acto seguido, se sintió completamente avergonzado. Temari tenía razón, ¿qué demonios pretendía comportándose así? En el fondo sabía que su planteo era ridículo, que sus celos eran infantiles, que estaba actuando como un idiota y que con eso solo lograría exponerse ante ella innecesariamente. Esto de haberse enamorado era lo más molesto del mundo y estaba trastornándole el juicio.
-Lo siento –dijo por fin. No se le ocurría otra cosa, tenía que disculparse con ella si quería salvar la situación.
Temari lo miró con atención. Luego, aceptó con alivio esa decorosa clausura.
-Tengo que ir con Tsunade sama a revisar unos documentos, ¿me acompañas? –pidió, más tranquila al haber logrado salir de aquella enmarañada jungla.
-No puedo, Chouji me está esperando –repuso él. Después, desviando la vista y no muy seguro, agregó:- Si quieres que te deje sola solo tienes que pedírmelo.
La jounin se ruborizó levemente. No había caso, el destino se había empeñado con ella. Reunió valor y respondió, tapando su sentimiento de culpa con un gesto de superioridad.
-Lo tendré en cuenta la próxima vez.
-¡Al menos podrías disculparte! –se impacientó él. Ese tenaz orgullo lo sacaba de quicio.
Temari se crispó.
-¿Qué? ¿Disculparme por una mentira tan tonta? ¿Con quién crees que estás hablando, mocoso?
-¡Je! Presumida… Parece que en ti la humildad tiene fecha de vencimiento.
-No puedo decir lo mismo de tu flojera –repuso ella con mordacidad.
Ahora fue el chunin el que se crispó.
-Sin embargo, cuando hay algo que me interesa de verdad no me detengo hasta conseguirlo –señaló con seriedad.
A ella esa repentina convicción la desconcertó. Además, ¿de qué diablos estaban hablando ahora?
-Demuéstralo –le propuso, y al instante se arrepintió, porque había sonado demasiado provocativa sin quererlo. El maldito de su subconciente la había traicionado.
El chunin no solía prestar atención a retos de ese tipo, pero quién podría resistirse en semejante ocasión. Y aunque sabía que más tarde lo lamentaría, compuso su habitual semisonrisa y le respondió mirándola directo a los ojos, desafiante.
-Claro que lo haré.
:O
Oooohh...
Jejeje. Gracias a todos por sus hermosos comentarios. En esta ocasión agradezco en especial a TomoyoKururugi por todos y cada uno de sus increíbles y afectuosos reviews. Tomo, no pude contestarte porque no tenés disponible la opción de recibir mensajes privados, sino hubiese contestado a todos como se debe, espero que la habilites pronto :D
Y muchas gracias a todos por su lectura, por su tiempo y por su paciencia. Nos vemos!
