CONOCIENDO A MIS EXTRAÑOS SUEGRITOS:

-Todo va a estar bien.-acepté, aún mirándolo. Edward sonrió complacido, pero yo no estaba ni cerca de estar tranquila. Iba a conocer a los padres de mi novio, a los progenitores de este hombre que tanto amo. ¿Quién no se pondría nervioso?

No quería que la historia con mis padres se volviera a repetir, me dolería demasiado si sus padres me odiaban tanto como mis padres odiaban a mi novio. No lo podría soportar.

La cena era, para colmo, esa misma noche; Edward ni siquiera me dejó ir de compras. Así que eso explica que este como loca tirando todas las ropas de mi armario tratando de buscar la adecuada.

Saqué todos mis vestidos de coctel, hasta encontrar el perfecto para la ocasión. Era color crema, de largo hasta la rodilla, tenía un cinturón blanco, para acentuar la cintura, y era cuello v.

Era recatado, y perfecto, no quería que mis suegritos pensaran que me vestía como sea para ir a conocerlos. Era un momento especial y así me comportaría.

Complementé el vestido con una media cola, sujeta por un elegante lazo crema, un collar de perlas, y unos aretes del mismo material. Me calcé unos tacos pequeños blancos y ya estaba lista.

Me veía presentable, lista para que todos los padres del mundo me adoraran.

Manejé hasta la dirección que Edward me había dado, sorprendiéndome de lo lejana que estaba del pueblo; la casa estaba casi entrando al bosque. Era una mansión, pero a diferencia de mi casa, ésta era mucha más moderna que la mía. Tenía unos grandes ventanales, le daba un aspecto moderno, pero a la vez muy hogareño. Quizás una de las cosas que más resaltaba, eran los 4 autos estacionados frente a la vivienda; cada uno era más diferente del otro. Esto me causo aún más dudas. ¿Edward tenía hermanos? ¿Y si los tenía porque nunca los había mencionado? ¿Por qué no aprovecho cuando yo empecé a hablarle de mi hermana? Tendría que preguntárselo, sí o sí.

Pero bueno ya dejaría mis dudas para después, pero ahora tendría que concentrarme en no caer; era muy probable que me cayera en este suelo rocoso, sobre todo si llevaba tacos.

Casi al instante en que me bajé del auto, Edward apareció con una enorme sonrisa en el rostro; su ropa me sorprendió: llevaba unos tejanos, y una camiseta, con unas desgastadas convers. Si íbamos a cenar con sus padres, ¿Por qué usaba eso?

Al acercarse más y ver de cerca mi vestimenta, empezó a reír escandalosamente.

-¿Crees que cenaremos con la reina?- no podía evitar reírse, yo lo miraba completamente extrañada. ¿Qué demonios pasaba?

-No entiendo.

-Te dije que mis padres eran más relajados, haremos una barbacoa, creo que no estás vestida para una barbacoa.- respondió, mirándome de arriba abajo, tratando de contener la risa.

-Soy tan estúpida.- me golpeé mentalmente por haber cometido un error tan idiota. ¡Ellos no son tus padres Bella, entiéndelo!

-Tranquila, con vestido o tejanos, igual te van a amar tanto como yo.- me abrazó fuerte, para luego darme un dulce beso.-Vamos.- susurró, tomándome de la mano tiernamente.

-¿Y esos autos? ¿Son todos tuyos?-pregunté perspicaz.

-No.- exclamó, como si la sola idea le diera risa- Son de mis otros dos hermanos, y uno es de mi padre.- respondió, con tranquilidad.

-¿Por qué nunca me hablaste de tus hermanos?- Me parecía realmente curioso, yo no podía dejar de hablar de Jessica.

-No me pareció importante.- respondió distraído. Quise presionarlo más respecto al tema, pero tampoco quería agobiarlo. Ya en otro momento investigaría más a fondo el asunto.

-Está bien.-susurré con una sonrisa, mientras caminaba junto a él.

Al entrar a la sala, vi a una pareja joven de esposos; él era guapo, alto, con un porte elegante, y cabello castaño, poseía unos ojos verdes claros, del mismo color de los ojos de mi Edward; la mujer por su lado era preciosa; un poco más baja que su esposo, con el cabello castaño claro, casi rubio, con unos ojos azules claros, y una piel inmaculada. Ambos eran muy claros, casi como Edward.

Pese a la deslumbrante belleza de ambos, vestían muy simplemente; usaban tejanos, y camisas a cuadros, con botas vaqueras. La familia Cullen estaba lista para una barbacoa, vestían perfectamente para un anuncio de camping; mientras yo parecía una chica sacada del siglo pasado.

-Bella nos alegra muchísimo por fin poder conocerte.- saludó el padre de mi novio, con una gran sonrisa.

-El gusto es mío, señor.- saludé respetuosa, respondiéndole la afectuosa sonrisa.

-Dime Carlisle.- yo asentí nerviosa.

-Edward nos habló mucho de ti, toda su conversación siempre es Bella esto, Bella el otro, siempre Bella; ya me moría de ganas de conocerte.- dijo animosa la dulce madre de mi novio.- Soy Esme, por cierto.

-Gusto en conocerte Esme.- le sonreí, y traté de sonar tan natural como ellos, por supuesto, que no lo logré ni de lejos.- Y es un gusto conocerte a ti también Carlisle.

-Ella no sabía que haríamos una barbacoa, por eso se vistió así.- explicó rápidamente mi novio.

-No te preocupes Bella, un error de vestuario lo comete cualquiera.- respondió desde lo alto de la escalera principal una pequeña y joven chica de cabellos negros, cortos y rebeldes.

-Alice.- saludó Edward, sin prestarle mucha atención.

-Bella, ella es una de mis hermanos Alice.- nos presentó así, simple y concisamente.

-Es un gusto conocerte.- me abrazó fuertemente, sonriéndome todo el tiempo. Sentí algo de frío por su abrazo, pero me convencí que eran ideas mías.

"Huele maravillosamente" creo que escuché que Alice le susurró esto a Edward, pero fue muy bajo parara confirmarlo.

Los cinco nos dirigimos hacia el patio de los Cullen, era gigantesco, amplio, y con gran variedad de flores.

-A mi madre le fascina la botánica.- susurró Edward, al ver como admiraba el paisaje.

-Me doy cuenta.- admití riendo.

Pronto el señor Carlisle se puso a hacer la barbacoa, lo hacía muy rápido, en cuestión de minutos ya estaba lista.

-Es extraño.- comenté más para mi misma que para alguien más, pero mi novio consiguió escucharme.

-¿Qué es extraño?-preguntó curioso.

-El hecho de que cocinen tan rápido, mi padre se demora más de media hora en hacer la barbacoa, y Carlisle se demoro a penas unos minutos.- respondí perpleja.

-Estudié cocina antes de ser médico Bella, se puede decir que de ahí viene que cocine tan rápido.- solo asentí con la cabeza, pero el hecho de que me escuchara cuando estaba a más de 2 metros de distancia, y sobre todo cuando Edward y yo susurrábamos, ya me parecía sospechoso.

Sin perder tiempo Esme sirvió un plato para mí, mientras los otros se sentaban a mi lado pero sin plato frente a ellos.

-¿No comerán nada?-pregunté extrañada. Me invitan a comer y no comen nada. ¡Que familia tan extraña!

-Ya comimos, sentimos no haberte esperado Bella, es que moríamos de hambre.- trataba de disculparse Edward, pero esto ya era bastante confuso.

-No comiste mucho cuando fuiste a mi casa, solo un par de cucharadas, ¿seguro que estás bien amor?- pregunté, mientras le acariciaba la frente. Estaba helada.- Se te ha bajado la presión, estás helado, tienes que ir a un doctor Edward.

-Bella tranquila.- respondía, tratando de usar un tono calmado, pero su expresión, y la de su familia, aterrada no lo ayudaba en absoluto.- ¿Recuerdas? Mi padre es doctor, sufro de presión baja, es algo que he tenido siempre, todos lo sufrimos, es hereditario.

-Pero, ¿Seguro que estás bien?

-Estoy bien.- respondió con una sonrisa.- Y ya deja de preocuparte y come, que se va a enfriar.- con una sonrisa le hice caso, pero esto ya estaba feo, esto me empezaba a asustar.