Nota: este es mi primer fanfic, es una idea loca que salió de mi cabeza los personajes no me pertenecen son de la inteligente, talentosa y hermosa Stephenie Meyer. El resultado de esta historia nace del inmenso amor que siento por la saga que capturo mi alma y corazón desde el principio.

Capítulo beteado por Flor Carrizo, Beta de Élite Fanfiction

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Este fic va dedicado a mi beta flor carrizo de élite fanfiction muchas gracias flor carrizo por esto, al grupo en Facebook . / Gracias a todos por sus reviews, me animan a seguir adelante con este sueño.

Quiero pedirles mil disculpas por el retraso, como siempre ya Salí de la universidad estoy de vacaciones espero estar actualizando cada quince días.

Capítulo 7: Día triste

Era martes en la mañana, como nunca, el lunes no quise ir a trabajar así que Alice me había reemplazado. Llegué a mi oficina sin saludar a nadie, mi ánimo había decaído desde esa noche. Me senté en mi silla, rogaba que nadie entrara a interrumpir mis pensamientos, quería comprender lo que había pasado esa noche. Alice sospechaba algo, podría asegurar que ya lo sabía, pero ella no había querido hablarme del asunto. Cerré los ojos con firmeza para tratar de recordar la horrible noche que había peleado con Edward.

Me dolía el corazón de sólo recordarlo, había sido horrible. Cuando salí corriendo de ese hotel estaba tan alterada, tan asombrada por todo, pero no sabía qué era lo que más me había dolido, si su rechazo o pensar que me había enamorado de él en tan poco tiempo y no saber las razones por las cuales no había querido tocarme. Me repetía a mí misma que debía protegerme, que no debía dejar que nadie me hiciera daño, había sentido dolor durante casi toda mi vida, así que podría jurar que mi cuerpo no recibiría más heridas.

Me sentía tan impotente por no ser capaz de protegerme a mí misma pero sí a los demás, era tan buena para eso. Así que si no podía cuidar de mí misma, entonces no me expondría a que me lastimaran. Me subí a mi coche y manejé tan rápido como pude mientras las lágrimas brotaban de mis ojos, llegué a mi casa, me tiré en la cama y lloré hasta quedarme dormida.

Ahora todo era claro, podía recordar por qué no había querido venir al trabajo, porque mis ojos lucían horrorosos y no quería dar explicaciones. Mis recuerdos de esa noche fueron interrumpidos cuando mi hermana entró a mi oficina.

—Hola, Bells —gritó desde la puerta.

—Hola, Leah, adelante siéntate. ¿Cómo estás? —Puse la mejor cara para mi hermana, no quería que se preocupara por mí. Me reacomodé en la silla y puse toda mi atención en ella, lo que menos quería era que notara que algo estaba pasando.

—Gracias, Bells. Estoy bien... —Colocó sus manos encima del escritorio y se quedó pensando en lo qué iba preguntar—. ¿Te... te pasa algo? —titubeó al decirlo.

—No, estoy bien. —Traté de sonar sincera y ser la misma Bella de siempre.

—¿Segura? —preguntó muy preocupada.

Se levantó de la silla, se dirigió hacia a mí y me abrazó fuerte, como si necesitara de ese poquito de cariño de mi parte, y se sintió tan bien cuando lo hizo. Luego caminó por toda la oficina.

—¿Estás segura? —preguntó otra vez.

—Sí, muy segura, es sólo que estoy algo cansada y me duele un poco la cabeza. —Coloqué mi mano en la cabeza y fingí sentirme un poco mal para que ella no se imaginara nada más.

—Entonces deberías ir a casa —sugirió preocupada, pero eso era lo que menos quería, preocuparla, así que tuve que recomponerme por un momento.

—No, ya tuve mucho tiempo de descanso, voy a estar bien. No hay de qué preocuparse. Tú venías a preguntarme algo, ¿verdad? —cambié la conversación rápidamente y logré despistarla.

—Sí, es que quería informarte que estoy muy contenta con mi trabajo, Alice también lo está. Ella me está enseñando todo lo que puede de publicidad, así podré adquirir más experiencia en el área. ¿Qué te parece?

Lo dijo tan entusiasmada, lucía tan feliz con su trabajo; por lo menos ella estaba bien, se veía serena, tranquila y feliz, eso era lo importante y me reconfortaba que todo mi esfuerzo hubiera valido la pena.

—Eso está muy bien, te felicito, Leah. Es una gran oportunidad para ti, tienes que aprovechar todo lo que Alice te pueda enseñar. —Fingí entusiasmo para que mi hermana no se preocupara por mí—. Quiero que sepas algo, Leah… estoy muy orgullosa de ti y papá también lo estaría, te lo digo de corazón.

—Yo lo sé, Bells, pero mejor me voy a trabajar porque me vas hacer llorar. —Vi como sus ojos se llenaban de agua rápidamente y eran como dos luciérnagas brillando con su luz propia.

—Ok, infórmame cualquier novedad. —Pensé que se iría, pero cuando iba saliendo se dio vuelta.

—¿Bells? —susurró casi inaudible.

—Sí, dime —le respondí curiosa de lo que pudiera decir.

—¿Tú nunca has pensado en casarte y tener hijos?

Me sorprendí mucho al escuchar esa pregunta, ni yo misma tenía la respuesta o a lo mejor sí y se la di.

—Eso no se hizo para mí, Leah.

Fruncí tanto el ceño al responder que dolió. Ella tuvo que haber notado el cambio de la expresión en mi rostro, así que bajé mi cara y fingí organizar unos papeles que estaban en mi escritorio, pero ella siguió hablando.

—¿Por qué dices eso? Tú más que nadie te lo mereces, toda tu vida te has dedicado a nosotros, a la herencia, a luchar por nuestro bienestar… ¿Y tú donde quedas?, ¿piensas quedarte sola toda la vida? —Eso sonaba como un reclamo, no sabía cómo interpretarlo. Ella hablaba en serio, lo noté por el tono que utilizó para decirlo.

—No estoy sola, los tengo a ustedes para siempre. Es lo que más amo.

—Sí, yo lo sé, pero no es lo mismo. ¿Ya te olvidaste de tu sueño de un esposo y los hijos? Todavía quiero ser tía.

—Hace mucho tiempo dejé de creer en cuentos de hadas, así que olvídalo, eso no va a pasar. Tal vez tú puedas hacerme tía algún día.

Me reí de mis palabras y ella también.

—Ve a trabajar —le ordené, no quería hablar más del tema,

—Está bien, pero sólo piénsalo. —Ella obedeció y salió para la oficina de Alice.

—Lo haré —respondí, aunque ella no pudo oírlo.

Era una mentirosa, todo en mi vida era mentira, no era perfecta como todo el mundo pensaba, no podía ni siquiera ser sincera con mi propia hermana, ¿por qué? ¿Por qué podía proteger a todo el mundo menos a mí misma?

En el fondo de mi corazón sabía que la única oportunidad de tener una familia se había esfumado, ya no tenía esperanzas, era tarde para mí.

.

.

El teléfono de mi oficina sonó cuando se estaba aproximando la hora del almuerzo, era mi hermana que habló llena de felicidad.

Bella, Seth y yo nos mudaremos a un departamento. —No me sorprendí al escucharlo, lo presentí desde el momento que vinieron a mi oficina a pedir empleo.

—¿Están seguros? —Escuché a mi hermana tan contenta por la noticia que me alegró por ellos.

Sí, Seth está trabajando en la otra compañía en menos tiempo de lo que pensó y estamos listos. Sólo que mamá está histérica, así que llámala y tranquilízala.

—Lo haré, gracias, y felicitaciones.

De nada.

—Ahora vuelve al trabajo, Leah —exigí juguetona.

Bye, enojona. —Me hizo reír con esa frase, ella había logrado sacarme una sonrisa.

Cuando estaba por llamar a mamá volvió a sonar el teléfono, parecía que no era mi día. Alice, como siempre inquieta y alterada, me necesitaba. No quería que me preguntara absolutamente nada de lo que había pasado con Edward, estaba psicológicamente preparada para esquivar cualquier intento.

—Hola, Alice, ¿qué pasa? —le respondí esquiva.

Bella, necesito tu opinión, así que ven ya a mi oficina. —Sonaba urgida.

—Ya voy, Alice —respondí con todo cansado.

Antes de ir decidí llamar a mamá. Sus primeras palabras no fueron un saludo.

Tú tienes la culpa —me reclamó, parecía que para ella, como siempre, era difícil de comprender la palabra independencia.

—Mamá, por favor, cuando me fui de casa me dijiste lo mismo… Leah y Seth necesitan independencia, deberías estar muy feliz por eso. Por lo menos se mudan juntos, déjalos ir, no seas egoísta. No te quedas sola, siempre tendrás a Charlie y, si quieres culparme, está bien, llámame cuando lo entiendas. —Colgué, mi paciencia estaba al límite, no era un buen día para escucharla sabía que había sido un poco dura pero ella tenía que entender.

Salí de mi oficina hacia la de Alice, parecía que era importante, así que tenía que ver qué necesitaba. Cuando llegué, abrí la puerta con la cabeza mirando al suelo y le pregunté antes de mirarle:

—¿Qué pasa?, ¿para qué me necesitas con tanta ur… —no terminé la frase porque cuando levanté mi rostro quedé paralizada al ver quién estaba allí.

Tan perfecto, tan él, con esos ojos que me habían hipnotizado, pero que no eran los mismos, algo le pasaba. Decidí despertar de mi ensoñación y volver a la realidad.

—¿Qué haces aquí, Edward? —Alice estaba a su lado y palideció al ver la expresión de rabia en mi rostro.

—Necesito hablar contigo, han pasado dos días y te dejé sola por respeto, pero necesito hablarte. —Sonaba tan preocupado y sus ojos se veían tan sinceros.

—¿Tengo cara de querer hablar contigo? No tenemos nada que conversar —le confirmé y mi voz sonó muy fuerte, más de lo normal.

—Yo los dejos solos mejor —interrumpió Alice. La miré con mucho enojo y ella lo notó.

—No te vayas, Alice, aquí la que se va soy yo. Tengo mucho trabajo que hacer.

Iba a salir de allí, pero él me agarró por los brazos.

—Me vas a escuchar, te guste o no —me dijo con voz gruesa y con mucha firmeza.

Alice salió corriendo antes de que yo pudiera pronunciar una palabra. ¿De qué lado estaba?, no lo podía entender, ¿por qué me dejaba sola con él? Me iba a tener que escuchar cuando terminara de hablar con Edward.

—Suéltame —le grité con cara de pocos amigos.

—Está bien, discúlpame, pero no me dejaste otra alternativa. —Me soltó y yo me alejé todo lo que la oficina de Alice me permitía.

—Disculpas aceptadas, habla rápido, tengo mucho trabajo —dije con tono arrogante. Al parecer él también lo había sentido así, su rostro me lo demostró. Así que decidió empezar a hablar.

—La otra noche, malinterpretaste las cosas —titubeó al decirlo. Rozaba sus manos una con otra y caminaba por toda la oficina—. Yo no quise hacer el amor contigo, no por ninguna de las razones que tú te imaginas.

—Ah, ¿no? ¿Y entonces por qué? —respondí en tono sarcástico.

—Déjame hablar… Es sólo porque no quería hacerlo de esa manera… —Se me estaba colmando la paciencia, tenía que reconocer que podía llegar a ser insoportable cuando me lo proponía.

Él se veía desesperado, colocó las manos sobre su cabeza, sacudió su cabello y luego caminó lentamente hacia a mí. Yo le di la espalda cuando vi que se acercaba, pero él me volteó lentamente, me miró a los ojos y, con su mirada muy triste, susurró:

—Te deseo más de lo que te imaginas.

Esas eran las palabras mágicas, pero no podía creerle tan fácilmente. Agaché mi cabeza para no mirar sus ojos, pero fue inútil, él puso sus manos sobre mi rostro y no tuve otra opción que escucharlo.

—Ese día tuve que hacer un esfuerzo infrahumano para poder abstenerme de no hacerte el amor como un loco.

—No te creo, Edward. —Traté de soltarme pero él no lo permitió.

—Bella, escúchame, sólo quiero hacerlo cuando sea el tiempo.

—¿Quién eres, Edward? Esa es la estupidez más grande que he escuchado, yo soy virgen —le susurré—, ese no es tu caso, y esa noche yo sólo pensaba en ser tuya, no importaba más nada… si era un error, si estaba bien o mal.

—Es que tú no entiendes. ¡Por favor escúchame, Bella! —Él apretó un poco su agarre, parecía estar desesperado.

Yo no quería hacerle daño, pero no estaba preparada para tener esa conversación. Por primera vez en la vida sentía que no era capaz de proteger a otro ser humano, eso no me pasaba, tenía la capacidad de proteger al mundo entero, menos a mí misma. Pero con él era diferente, no sabía qué hacer, tal vez lo único que estaba haciendo era inventándome una excusa para hacer que él se alejara de mí. Yo no era buena para él, no podía ser tan egoísta. Mi deber era cumplir la última voluntad de papá, mis hermanos dependían de eso, no les podía fallar.

Tenía que encontrar las palabras correctas para explicarle.

—Eres tú quien no lo entiende, eres demasiado bueno para mí, soy yo la que está mal, nunca voy a poder, ¿no lo entiendes? Desde que murió papá todo está mal, yo tengo que seguir con mi vida tal cual como está y tú tienes que encontrar a otra persona.

—No quiero otra persona, tú eres la indicada, yo lo siento así, eres la especial… Te quiero a ti, dame la oportunidad de demostrarte que estás equivocada, que podemos seguir adelante, ¿no te das cuenta de que te necesito y que tú me necesitas para poder cambiar nuestro mundo que gira alrededor de los demás, de la felicidad de todos y no de la nuestra? ¿Es muy difícil comprender eso? Por favor, amor, no hagas esto.

Mis lágrimas corrían, yo no podía soportar, esa situación era tan difícil. Yo sabía que estaba enamorada de ese hombre como nunca lo había estado de nadie y él también, pero yo estaba muy mal.

—Bells, sólo necesito que lo intentemos de nuevo.

—Edward, no puedo —susurré desesperada.

—Sí puedes, porque yo te quiero y tú me quieres, puedo sentirlo.

Edward era tan persuasivo. En el fondo de mi corazón yo sabía que no podría negarme a él, yo nunca había sentido nada por nadie y de pronto llegaba ese hombre capaz de cambiar cualquier percepción que tuviera acerca de algo. No podía negarme, no sabía qué hacer, mi mente me decía que no podía, pero mi corazón me gritaba que lo intentara de nuevo.

No estaba segura de qué hizo o qué dijo, pero me convenció; o tal vez en el fondo estaba esperando que él hiciera eso, que viniera a buscarme porque esos días habían sido horribles.

Volví a ponerme de espaldas y miraba a través del vidrio de la oficina de Alice, sentí que tenía que volverlo a intentarlo pero de una manera diferente, esa vez tenía que tomarme las cosas con mucha calma por el bien de los dos.

—Está bien, Edward, no sé por qué pero duele estar lejos de ti, pero prométeme que vamos a ir más lento.

—Creo que no te ha dolido más que a mí —susurró a mi oído.

—No es cierto —respondí.

—No nos hagamos esto nunca más, prométeme que cuando sientas ganas de correr me lo dirás y lo hablaremos. No puedes seguir actuando de esa manera.

—Lo prometo, trataré de hacerlo.

Él tomó mi cintura y algo me recorrió, fue como una especie de corriente eléctrica que pasó por toda mi espalda. Podría sentir su sonrisa y su respiración en mi oído, giré mi cabeza y miré sus ojos, ya no estaban perturbados por nada, volvía a ver ese brillo.

—Por eso te tengo —susurró muy despacio.

Me quedé admirada al ver cómo su ánimo cambiaba de rabia y tristeza a dicha y felicidad. En ese momento sentí que había tomado una buena decisión. Me soltó de su agarre y recorrió la oficina de Alice con la mano en su barbilla, como dubitativo.

—Te voy a recoger a las seis en tu casa.

Me quedé sorprendida con la invitación, pero acepté encantada.

—Está bien.

De repente se volvió hacia mí, rodeó mi cintura con sus manos, miró mis ojos y me besó de una manera muy apasionada. Me dejé llevar por el beso y le correspondí con la misma intensidad, lo necesitaba para sentirme segura, él me hacía sentir en casa.

Tuve que detenerlo porque tenía cosas que atender, tenía que poner un poco de distancia, me lo había prometido, así que nos despedimos.

—Hasta pronto, Edward

—Hasta pronto, Bella.

Lo acompañé hasta el ascensor mientras Alice miraba fascinada nuestra reconciliación.

Espero les haya gustado este séptimo capítulo, Espero sus comentarios y sugerencias, estaré actualizando pronto.

Si, se reconciliaron ¿Qué les pareció la reconciliación?