"Kaichou wa Maid-sama!", no me pertenece, le pertenece a su respectiva autora, Hiro Fujiwara; al mismo tiempo que "What Happens in Vegas", todos los derechos son de su respectivo creador.
Capítulo 7. No, sí será difícil.
Yo sé que todo estará bien, es decir, él dijo aquella noche que vivía bien. ¡Diablos! ¿Qué será "bien" para él? ¿Y si su apartamento es un chiquero? ¿Sí vive, o mejor dicho, vivía con otras mujeres y han dejado ahí su "marca" que diga claramente: "yo estuve aquí"? ¡No! Es tan asqueroso. El tan solo pensar en… ¡pero qué diablos! ¡Deja de pensar en eso, Misaki! Todo estará bien; ya verás que sí…
―Hemos llegado ―La voz del chofer de aquel taxi sacó de sus pensamientos a Misaki, quien estaba más que preocupada al llegar a aquel gigantesco edificio lleno de apartamentos.
Suzuna, quien rápidamente pagó al chofer, salió primero para así sacar un par de maletas del taxi. Misaki salió después cargando así una caja grande, donde tenía guardados varios objetos sin importancia, al menos para su hermana. Ambas, al estar frente a la puerta principal, se miraron para que así Suzuna tranquilizara a su hermana; Misaki se puso muy nerviosa, y no exactamente por irse a vivir a un nuevo lugar para ella, sino por todas las sorpresas con las qué se encontraría. Tocó el timbre que daba directamente al apartamento de su esposo, justo cuando su hermana sacaba su pequeño celular y comenzaba a grabar.
―Sonríe para la cámara, hermana ―dijo Suzuna al comenzar a grabar. Misaki sacaba un paquete de seis cervezas, y comenzó a hablar a través del aparato.
―Hola, Takumi, soy yo, ábreme ―dijo la pelinegra, de una manera dulce, mirando de vez en vez el celular de su hermana.
―Es el último piso ―contestó el rubio, de mala manera. Segundos después, Misaki y Suzuna entraron pacientemente, comenzando a subir las escaleras.
Al encontrarse, justo frente al departamento de él, Misaki le entregó ese paquete de seis cervezas. Suzuna seguía grabando, mientras estaban bajo las miradas confundidas de los dos jóvenes amigos. Misaki comenzó a hablar frente a la cámara, con una gran sonrisa.
―¡Hola! ―saludó, mientras le plantaba un beso en los labios―. Mira lo que te traje, querido ―Y señaló las cervezas, entregándoselas. Takumi rápidamente hizo una seña a Hinata, quien sacó su celular y, de igual manera que las chicas, comenzaron a grabar lo que sucedía.
―Aquí tenemos a una buena esposa, intentando hacer que su matrimonio funcione ―La voz de Suzuna se escuchó, de esas clásicas voces de conductores de radio o presentadores de programas televisivos. Mientras que Hinata grababa a Takumi, y él comenzó a hablar.
―Ah, ¡gracias, cariño! ¡Qué hermoso regalo! Voy a comprarte una caja llena de tampones para darte las gracias ―De igual manera, dijo Usui, con una voz de comercial. Hinata comenzó a reírse por la ridiculez de su amigo. Misaki rodó los ojos, pero volvió a sonreír―. Seré un buen esposo.
Le entregó las cervezas a Hinata y, en un movimiento rápido tomó a Misaki para comenzar a besarla de manera asquerosa. Misaki no correspondía como era debido, primeramente por la brusquedad con la que lo hacía, en segunda, por la asquerosidad que sentía. La separó de sí, empujándolo con fuerza, para limpiarse los labios, muy molesta. Usui volvió a sonreír de manera divertida.
―Lo siento, linda, pero sabes que no puedo controlarme contigo; me tienes muy enamorado ―dijo de manera sensual, para después abrazarla fuertemente, tocándole el trasero. Misaki ahora sí que explotó.
―Pues, no es tanto como me tienes a mí ―dijo de manera brusca, separándose de él, para después abrazarlo y, tocar su entrepierna, con fuerza brutal, para después sonreír de manera altanera. Takumi intentaba no gritar de dolor.
El rubio la separó de él de manera rápida y, de movimiento rápido, la cargó entre sus brazos, muy molesto. Misaki se sorprendió por ese acto tan desprevenido de él. Hinata y Suzuna no dejaban de grabar todo lo que hacían y decían.
―¿Entramos, señora Usui? ―dijo el rubio, para después entrar de manera apresurada, con una Misaki enojada, y un amigo y una hermana divertidos.
―¿Quieres qué te ayude? ―preguntó Hinata, guardando ya su celular.
―Gracias ―dijo Suzuna, entregándole una caja.
Al entrar al departamento, Usui muy molesto, dejó caer al suelo a Misaki, quien gritó por tal golpazo que se dio. Usui sólo la miró, mientras Misaki lo mataba con miradas. Atrás entraron Hinata y Suzuna; ella miraba de manera molesta al rubio. Él brincó a Misaki, para pasar al otro lado de la sala. Misaki, con dificultad, se puso de pie.
―Perdón, amor, no estás muy ligera qué digamos ―dijo Misaki, tomando una botella de cerveza, para tomar de ella. Después le dijo, muy sonriente y divertido―. Bienvenida a casa.
Misaki comenzó a examinar el lugar, encontrando cosas disgustosas para ella: solo tenía un pequeño sofá de color rojo; una alacena donde guardaba unos pocos vasos, platos y cubiertos, ya que el resto estaba en el fregadero, muy sucios y descuidados; ropa sucia regada por todos lados; un olor algo desagradable; y con basura en la única habitación del departamento. Pudo notar que, a pesar de todas las asquerosidades del lugar, era un departamento al estilo occidental, no al oriental. Misaki quedó pasmada al encontrar algo que simple y sencillamente no cuadraba con el lugar.
―Oye, Usui, tienes una barra literalmente a mitad de la sala ―Le reclamó. Él la ignoró, cuando Suzuna comenzó a hablar.
―Hay, Misa, no está tan mal ―dijo su hermana, comenzando a dejar la caja que cargaba en el suelo. Misaki la miró, algo sorprendida―. Pero, recuerda, yo nunca viviría aquí ―Y rió. Misaki soltó un bufido.
Hinata y Usui miraban cómo Misaki tragaba saliva y ponía gestos en su rostro. Ella seguía inspeccionando el lugar, y al darse cuenta de las miradas del par de chicos, sonrió de manera altanera y ruda.
―¿Qué me miran? ―preguntó, comenzando a acercarse a la puerta del baño―. Esto no es nada: recibí un duro entrenamiento infernal debido al Kung-fu y al Karate; esto no será nada ―dijo, para así abrir la puerta del baño. Puso una cara de asco al ver todo lo que sucedía en aquel pequeño baño.
Ese pequeño baño, estaba peor que asqueroso: la bata de Usui tirada a mitad de suelo; hisopos sucios y papeles de baño usados regados por el piso; la tina y el escusado con un cierto percudido en sus cortezas blancas; utensilios, como jabón, afeitadora, pasta y cepillo de dientes, estaban sobre la tina de baño; el espejo estaba percudido, apenas se veía el reflejo; mientras que en el lavamanos había muchos vellos pegados en él. Con el olor asqueroso que se emanaba gracias al poco cuidado del lugar, más la comida tirada en todo el perímetro, Misaki y Suzuna pusieron cara de asco. Shintani y Takumi se acercaron a mirar.
―Suzuna, no podré hacer esto ―Le susurró, a punto de desmayarse.
―No tires todos esos vellos ―dijo Takumi, muy cerca del oído de la chica―, los estoy guardando para acerté algo especial ―Y sonrió―, no sé, tal vez un gorro, o un suéter.
Shintani rió; Takumi sonrió; Suzuna estaba a punto de vomitar; y Misaki mataba a Takumi con la mirada.
―¿Acaso entrenas simios aquí adentro? ―preguntó, cerrando la puerta del baño. Usui negó―. Digo, cuando alguien te gusta, toleras este tipo de cosas; pero como tú no me interesas, vas a tener que limpiar, Usui ―ordenó, poniendo uno de sus rostros firmes.
―Bueno, como yo no estoy aquí por orden del juez, me voy retirando ―dijo el castaño, comenzando a despedirse de su amigo, para después salir del departamento.
―Tiene razón ―dijo Suzuna, dejando otra caja, pero no sin antes sacar una botella.
―Suzuna…
―Hermana, medio millón de dólares ―Le susurró, para después entregarle la botella que tenía entre sus manos ―Ten, Misaki, es antibacterial ―Miró la puerta del baño, para que después le recorriera un escalofrío por la espalda. Empezó a salir del departamento, no sin antes gritarle a su hermana―. ¡A trabajar, Misaki! ¡Buena suerte!
La pelinegra de ojos de color ámbar, suspiró frustrada. Usui siguió sonriendo interesado.
Llegó la noche rápidamente. Takumi preparaba el pequeño sofá, acomodando una almohada y una colcha. Mientras tanto, Misaki se ponía su ropa de dormir completada por un mini-short de seda, blanco y una blusa de tirantes negra, con bordeas blancos. Su cabello recogido para sentirse más cómoda, al contrario de Takumi: el traía u simple pantalón de pijama, azul con una playera negra. Misaki, al salir del baño al terminar de cambiarse, miró como el joven le señaló el sofá, diciendo con la mirada: "que pases buena noche". Misaki suspiró, para después comenzar a hablar.
―Parece que vas a estar cómodo ―dijo Misaki. A Usui le sorprendió lo que dijo, pero sólo volvió a sonreír, algo que a la pelinegra le estaba cansando, y muchísimo―. ¿Dónde está la cama? Ya que supongo que tienes una, ¿no? ―preguntó, mirándolo de manera seria. Él señaló la pequeña puerta que estaba detrás de ella.
―Sí, ahí está la cama ―Le dijo. Ella lo miró con desconfianza.
―Descansa ―Le dijo la pelinegra, acercándose a la pequeña puerta. Takumi se sentaba en el pequeño sofá, mirándola fijamente.
Al momento de abrir la puerta, miró que había una base plegable. Misaki miró algo sorprendida a Takumi, pero giró rápidamente al escuchar que esa base comenzaba a caerle encima. Ella se quitó con un gran grito de horror, y miró que, al caer la base, tenía incrustado un colchón plegable, que al caer, se abrió a los lados, dejando ver que era una cama plegable, tamaño matrimonial. Ella miró aterrorizada al rubio, quien sólo sonreía divertido.
―Huy, estuvo cerca, Misaki ―dijo, riendo muy quedito. Ella estaba a punto de matarlo.
―Usui, esto es un asco ―Le dijo, examinando la cama, que tenía una cobija hecha pelota, más un poco de ropa del rubio. Él se encogió de hombros.
―No, sólo tiene un poco de mí ―dijo, volviéndose a poner de pie―, y de otras personas ―Al terminar la frase, volvió a reír al ver la expresión de asco que tenía su esposa.
Unos minutos después ella había puesto muchas velas aromatizadas alrededor de la cama, mientras quitaba toda la ropa de la cama, echando muy repetidamente un desinfectante en rociador, bajo la mirada de su esposo, quien ya estaba acostado en el sofá.
―Usui, ¿puedo dormir en el sofá? ―preguntó la pelinegra, mirando con súplica al rubio. Él sonrió, para después negar con la cabeza.
―No ―dijo, para girarse sobre el sofá y comenzar a dormirse, ignorando lo que hizo Misaki tratando de, según ella, desinfectar toda la cama.
Retiro lo dicho: sí será difícil, pensaba la pelinegra, mirando con horror al rubio.
A la mañana siguiente, muy temprano, el sonido atroz de la licuadora encendida despertó de sorpresa al rubio, quien dormía muy apaciblemente, incluso llegó a pegar un grito de horror. Al buscar el origen de aquel sonido espantoso, encontró a su esposa utilizando la pequeña licuadora. Él bufó molesto.
―Usui, es malteada, ¿quieres un poco? ―preguntó, sonriendo. Takumi lanzó un bufido más, para después volverse a cubrir con rapidez con la cobija, tratando de eliminar todo ruido alrededor de él.
Y ese, fue sólo su primer día viviendo juntos.
Continuará…
N/A: Me costó un ojo de la cara hacer toda esa escena entre los dos locos casados, por ahora, por conveniencia. Pero me divertí mucho.
Eeeeeeeeeen fin, aquí está ya el séptimo capítulo. :D. ¿Quedó bien? En verdad, espero que sí.
Agradezco de todo corazón a las personitas perdidas en el mundo que han pasado a leer este fic. Al mismo tiempo, a las personas que se han tomado la molestia en dejarme su humilde opinión en los capítulos anteriores.
¿Quieren dejarme su opinión? ¡Háganlo sin miedo! Todas las opiniones son bien recibidas. Es más, yo les responderé en cuanto pueda. No lo duden, me animan a continuar la historia. xD.
Creo que, sin más, me despido. Un abrazo y un beso psicológico mandado con mucho cariño a cada uno de ustedes. Nos leeremos más tarde. Adiós. ^-^/.
