Hola, les dejo el capítulo siete. Lamento informarles que el octavo tardará un poquito en ser publicado. Agradezco de todo corazón sus comentarios. La canción de este capítulo es Misery loves company de Emilie Autumn. ¡Hasta la próxima!


VII

Misery loves company

«¿Sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó a nadie?»

Pablo Neruda

i

Yuuichi no le respondió, tomó con delicadeza la mano herida del pelirrojo quien simplemente se quedó estático mientras el mayor inspeccionaba el corte. Las palabras que le había dicho habían hecho que al fin se diera cuenta de la magnitud del daño causado. Sacó un pañuelo del bolsillo de su pantalón y limpió la sangre que aun manaba de la lesión. Le condujo hasta la cama, donde apartando un par de cosas antes, le hizo tomar asiento. Él se dirigió al baño de donde regresó con un pequeño botiquín. Ambos permanecían en silencio, pese a que por las mejillas de Taiyou todavía bajaban pequeñas lágrimas y el mayor tenía una expresión de congoja.

—Afortunadamente no es un corte tan profundo, podré curarlo aquí en casa. No necesitamos ir al médico —le explicó en voz baja al tiempo que tomaba una borla de algodón y le humedecía con agua oxigenada—. De cualquier manera, también estaba pensando en reemplazar ese espejo —añadió con una leve sonrisa mientras limpiaba con cuidado la herida.

Sacó unas banditas quirúrgicas de una cajita y una a una les fue colocando sobre la cortada ya limpia. Taiyou se dejó hacer, mirándole en silencio durante ese tiempo. Le sorprendía la paciencia y el cuidado con los que el otro le curaba, pese a las cosas que le había gritado. De repente sintió como el otro llevaba una de sus manos hasta su rostro y limpiaba los rastros de lágrimas que había en sus pómulos. Cuando vio la tristeza reflejada en la mirada ámbar del mayor, cayó en cuenta de que su arrepentimiento era sincero. Pero eso no le resultaba suficiente para compadecerle. Sin embargo, él también le había dicho algo cierto.

El enamorarse de Kyousuke y tener la osadía de intentar avanzar pese a que este había regresado con Matsukaze, le igualaba a Hinano. Le dolía la comparación, mas era la verdad. Empero, el tono tranquilo con el que le fue dicho por Tsurugi no denotó enojo hacia él. Más bien fue como si le hubiera entendido. Las preguntas que le expuso no exigían en sí respuestas, fueron más para que él mismo sopesara sus acciones. No obstante, el pelirrojo no se arrepentía de ello. Total, él solo había hecho lo que le nació del corazón. Asimismo estaba el asunto de su intento de relación con Tenma. Le había pedido ser su novio cuando tenían dieciocho y dieciséis años respectivamente. A pesar de su rivalidad, le había pedido serlo y eso sorprendió a quienes eran allegados a ellos.

Aquella época fue muy difícil para él porque sus padres estuvieron al borde del divorcio por razones que hasta esa fecha desconocía, afortunadamente, gracias también a la ayuda profesional recibida, no lo habían consumado y siguieron viviendo juntos. De vez en cuando percibía cierta tensión, pero creía que se debía más a sus propios nervios que a algún problema existente. El muchachito de ojos grises había sido una compañía muy grata para él y le levantaba el ánimo con uno de sus tantos comentarios optimistas. A partir de ese momento llevaron una mejor relación amistosa, hasta que al fin se armó de valor para pedirle ser su novio y el castaño aceptó de inmediato no sin antes prometer que si llegaban a terminar su amistad se mantendría intacta. Y así habían sido las cosas. Aun cuando dieron por terminada su relación, siguieron siendo amigos y ahora él, Amemiya Taiyou, se atrevía a traicionarlo de aquella manera.

—Gracias —murmuró al cabo de unos minutos—. No tenías que molestarte.

—No fue una molestia —le contestó el otro que mantuvo el tono bajo del inicio—. Y no llores más, no vale la pena que lo hagas por alguno de nosotros —añadió al tiempo que acariciaba su cabello rojizo, refiriéndose evidentemente a su hermano y a él mismo—. Solo somos unos estúpidos que no hemos sabido valorarte.

—Yo tampoco supe valorarte —habló Amemiya quien tomó la mano libre del mayor entre las suyas—. De otra manera, supongo, no te hubieses fijado en alguien más.

—No, nada de eso —refutó Yuuichi—. Tú mismo has dicho que no existe excusa alguna que justifique lo que te hice. Tienes razón. Nada de lo que haga ahora, deshará el dolor que te provoqué.

—Ambos somos culpables —prosiguió Taiyou—. Yo debí de haber pintado límites en cuanto noté que Kinsuke tenía otras intenciones hacia ti. Pero no tuve el valor de hacerlo. Si ya no eras feliz conmigo ¿quién era yo para negarte la oportunidad de serlo con él?

—Yo esperaba eso de ti —confesó el muchacho de cabellos azules—. Esperé que tú hicieses algo para evitarlo. Ya te había notado bastante distanciado de mí, por ello no me negué a su compañía.

—Yo no me alejé de ti —negó el pelirrojo—. Jamás lo hice.

—Eso era lo que tus acciones reflejaban —comenzó a decirle el mayor con un tono cargado de sentimiento—. Empezaste a ignorar mis llamadas, mis mensajes. Te cité en varias ocasiones para hablar al respecto y jamás acudiste.

—Mi teléfono se averió y tuve que cambiarlo —expuso Amemiya—. Le pedí a —hizo una pausa, cayendo en cuenta del gran error que había cometido—… le había pedido a Kinsuke que te diera mi nuevo número. Eso suena demasiado estúpido para ser verdad… pero lo es —añadió cubriendo su rostro con sus manos.

—Jamás lo hizo, como ya habrás notado. Él me dijo que tú no querías volver a verme —refutó el mayor que apartó las manos de su rostro—, que habías tenido problemas con tus padres por nuestra relación. Que te disculpara pero no podíamos seguir viéndonos. Por eso mismo, no me atreví a buscarte en tu casa.

Siempre sí toda esa situación había comenzado por un gran malentendido, provocado por el rubio que se había obsesionado en tener a Yuuichi. Del mismo modo debido a que ambos esperaban que fuera el otro quien se acercara primero. Ni uno ni otro tuvieron el valor suficiente de confrontar sus problemas. La falta de comunicación, como parecía ser costumbre en ellos, había provocado aquella tergiversación que les costó su relación.

—Cuando nos encontraste en su casa —siguió hablando Tsurugi, haciendo referencia al día en que los descubrió en la cama del rubio en pleno acto—, fue por insistencia de él. Sé que suena patético pero así fueron las cosas. A su vez, intenté convencerme de que la relación entre Hinano y yo menguaría el dolor que sentía por haberte perdido —explicó mientras Taiyou le miraba con lágrimas en los ojos—. Y al final resultó ser una trampa ideada por él para separarnos. Nunca imaginé que alguien como Kinsuke fuese capaz de algo así.

—Yo recibí un mensaje de texto aquella tarde —reveló el pelirrojo—, de un número desconocido, en el que me decían que acudiera a su casa y así descubriría la verdad del porqué me dejaste. Contrario a ti, me hizo creer que te habías marchado de la ciudad y que te negaste a seguir en contacto conmigo. Que habías encontrado a alguien más, alguien mejor que yo. Más maduro, más inteligente. Alguien a la altura de tu estatus social.

—Y tú le creíste a la primera—afirmó Yuuichi.

—Sí. Porque muy en el fondo creía que, al final, las cosas así terminarían —prosiguió Amemiya—. Después de todo, yo era un crío de apenas quince años. ¿Qué podía ofrecerte un niño como yo en aquel tiempo? Nada. Tu vida y la mía eran totalmente opuestas. Yo te hablaba de mis travesuras en el colegio, y tú ya me exponías tus planes como futuro director de la empresa farmacéutica que manejan tus padres —a estas alturas el pelirrojo lloraba tendidamente y hablaba entre sollozos mientras que el mayor se había quedado sin palabras—. Nuestros mundos eran completamente diferentes, vivíamos en mundos separados. Y así sigue siendo.

Apenas terminó de hablar, se levantó y, a pesar de su mano lesionada, siguió acomodando sus cosas. Sus planes de irse seguían en pie. Su charla con el mayor de los Tsurugi no le había hecho retractarse de su decisión. Solo que ahora se iría con la conciencia más tranquila, después de haber aclarado las cosas. Yuuichi también se alzó y le asió de la muñeca cuando estaba a punto de cerrar su maleta.

—Quédate —le dijo suplicante—. Dame una oportunidad más de demostrarte que soy distinto —le hizo voltearse y con mucha delicadeza depositó un beso en los suaves labios del pelirrojo quien solo se quedó paralizado, sin saber qué hacer.

Con suavidad le empujó hasta recostarlo en la cama. Taiyou no pudo resistirse más y correspondió el contacto con todavía más vehemencia que el mayor. Le recordó a aquel día en el ambos se entregaron con amor. Pero en cuanto sintió que el otro metía sus manos por debajo de su camisa azul oscuro y acariciaba su abdomen, le empujó. Se negó a seguir porque sabía a dónde les conduciría aquella situación y él no se sentía listo ni capaz de pasar nuevamente al siguiente nivel. No con él. El de cabellos azules le miró bastante sorprendido y se le quitó de encima. Dejándolo levantarse.

—Esto no puede ser, Yuuichi —le dijo al tiempo que se acomodaba la ropa—. Simplemente no puedes creer que con esto, yo olvidaré todo y volveré a ti como si nada hubiera pasado —detalló el pelirrojo—. Necesito tiempo, mucho, para poner orden a mis sentimientos. Aunque puedo aceptar quedarme, solo porque sé que necesitaremos hablar más, decirnos todavía las demás cosas que seguimos guardándonos.

—Gracias —contestó el mayor de los Tsurugi y le estrechó con todas sus fuerzas—. Muchas gracias. Juro que pondré todo de mi parte para que lo nuestro vuelva a funcionar.

Amemiya le abrazó también, sintiendo un poco de alivio. Aquella situación había logrado aclarar un poco su sentir respecto a Kyousuke, y se dio cuenta de que quizá –solo una pequeña parte lo veía así– su encaprichamiento hacia él se debía a lo mucho que le recordaba a aquel chico universitario del que se había enamorado con locura cinco años atrás. Sin embargo, sostenía su idea de intentar algo con él. Quizás al salir con el hermano de Yuuichi, el panorama se esclarecería mejor.

ii

Era una tarde de otoño, Yuuichi caminaba por el centro comercial simplemente admirando la mercancía. Supuestamente había ido allí para comprarse algo con motivo de su decimonoveno cumpleaños que había sido un par de días atrás. Decidió ir solo debido a que sus padres estaban bastante molestos debido a las acciones de su hermano menor, Kyousuke, este decidió que aquel día era el idóneo para «salir del clóset» y esto solo provocó el enojo de ellos, quienes le rechazaron sin reparo alguno. Incluso su padre se había atrevido a golpearlo, algo que siempre pensó jamás haría. Sobra decir que su hermano se sintió bastante dolido por su rechazo y prácticamente huyó de ellos pese a las amenazas de sus papás de dejarlo castigado en sus vacaciones invernales.

Evidentemente no le importó la amenaza. Él solo quería alejarse de casa. Su madre ni se molestó en intentar entenderlo, mucho menos en detenerlo cuando este salió llorando y jurando que se arrepentirían de lo que le hicieron. Era obvio que el mismo Yuuichi tampoco había hecho algo al respecto. Él había sido el primero al que se lo había confesado, aun con temor. Pero no le dijo nada que lo lastimase, más que contaba con su apoyo incondicional. Lo cual no cumplió. La prueba estaba en que se encontraba de compras en aquel sitio, en lugar de buscar a su hermanito. Soltó un hondo suspiro apenas recordó aquella situación. Se prometió buscarle y llevarle de regreso a casa, si se negaba le llevaría a su departamento en Tokio el tiempo que fuese necesario.

Iba tan ensimismado que no se percató de que quien iba frente a él se detuvo de golpe, y el mayor de cabellos azules estuvo a punto de hacerle caer. Por fortuna, pudo recuperar el equilibrio a tiempo y sostuvo del brazo al chico que estuvo a punto de tirar. Este se zafó del agarre ajeno y volteó bastante molesto, dispuesto a decirle una cuantas cosas no tan educadamente a quien osó empujarlo. Pero se quedó callado en cuanto vio al chico que había cometido tal «atrocidad». En realidad, ambos se quedaron sin aliento apenas se vieron. Yuuichi no daba crédito a lo que sus ojos veían, justo ese día tuvo que toparse con el chico más lindo que jamás esperó encontrar.

Lo siento —se disculpó momentos después—. Fue sin querer.

Ah, no te preocupes —contestó el muchachito pelirrojo—. Estoy bien.

¿Estás seguro? —inquirió el mayor nuevamente, genuinamente preocupado—. Es que iba tan distraído que no me di cuenta de que alguien más iba delante de mí.

Sí, en serio, estoy bien —repitió el jovencito—. Después de todo fue un accidente —agregó y esbozó una sonrisa antes de seguir con su camino.

Espera —le llamó suavemente el de cabellos azules, el otro se detuvo y se giró de nueva cuenta. El mayor se acercó más antes de seguir hablando—. ¿Podrías decirme tu nombre? —le preguntó con evidente nerviosismo, pero simplemente no podía volver a casa sin saberlo.

El pequeño pelirrojo se sorprendió un poco, pero aun así le respondió.

Amemiya Taiyou —le dijo sin rodeos, tratando de disimular sus nervios por estar allí con aquel joven tan apuesto.

Mucho gusto, Taiyou. Yo soy Yuuichi Tsurugi —respondió el otro, ofreciéndole su mano. Amemiya titubeó un poco pero al final estrechó su mano, sintiendo la calidez de la piel ajena.

Taiyou solo asintió levemente, con un lindo sonrojo en sus blancas mejillas. A decir verdad, no sabía ni cómo fue que le respondió a Yuuichi. Estaba demasiado nervioso porque era la primera vez que alguien como él le hablaba. Usualmente cuando un chico llegaba a hablarle, se sonrojaba y se alejaba tan rápido como podía. Su madre solía decirle que era normal aquel nerviosismo, pero que debería de dar una oportunidad de vez en cuando. Había sido muy afortunado por haber obtenido el apoyo de sus padres cuando les confesó que le iban más los chicos. Si bien, su padre fue un poco renuente al inicio, al final terminó apoyándole por completo.

¡Taiyou! —escuchó que le llamaban. Era su madre que se encontraba unos metros más adelante. Volteó y advirtió que ella le estaba viendo claramente.

Lo siento —se disculpó—, pero debo de irme ya. Mi madre me espera.

Sí, ya me di cuenta —respondió dulcemente Tsurugi, soltando una risita que hizo el menor se sonrojara, bastante avergonzado cuando le llamaron por segunda vez—. Nos vemos —se despidió.

El pelirrojo alcanzó a su mamá aún bajo la mirada atenta del de cabellos azules. Por más que intentaba negárselo a sí mismo, no podía. Él se había enamorado a primera vista de aquel jovencito. Estaba seguro de que sus padres le matarían si les decía que se fijó en alguien que aparentaba tener la misma edad que su hermano. Lo dedujo porque el chico llevaba uniforme escolar, aunque no reconoció de que instituto. Incluso el mismo Kyousuke se burlaría de él si se lo contaba. Pero no podía negar que Taiyou tenía cierto encanto que le hacía atractivo.

¿Quién era ese muchacho con el que conversabas? —le inquirió su madre— No lo conozco.

Es el hermano de un amigo del colegio —contestó, intentando sonar convincente—. Perdona si no te lo había dicho antes.

Deberías de invitarlo a comer un día de estos —sugirió la señora Amemiya—. Se nota que es un chico muy agradable.

¿De verdad? —preguntó algo asombrado por la sugerencia.

Sí, ya sabes que no nos molesta que lleves amigos a la casa.

Taiyou no le contestó sino que le abrazó sorpresivamente, ganándose una sonrisa de su mamá quien adoraba que su pequeño y único hijo se pusiese tan contento con aquellos detalles. Era lo menos que ellos podían hacer por él, después de todo, sabían lo solo que en ocasiones se sentía. La naturaleza les había negado la oportunidad de darle un hermano que le hiciese compañía, y de allí que le permitiesen llevar a sus amigos, y formar lazos tan estrechos. No había casi nada que le negaran, pero si acaso llegaban a hacerlo, siempre encontraban una forma de compensárselo. No soportaban verle triste o decaído por cosas como aquellas.

Para algunos conocidos suyos lo que hacían con su hijo era malcriarlo, mas no les importaba. Si su hijo era feliz así, no lo forzarían a cambiar para adaptarse a lo que era «correcto» o «apropiado». Por eso mismo, cuando les confesó que era homosexual le aceptaron casi sin reparo. Obviamente les costó un poco asimilarlo, especialmente al padre, pero pasado un tiempo terminaron por aceptarle y eso le hizo demasiado feliz. No obstante, hubo algunos familiares a los que esta noticia no les fue agradable e hicieron algunos comentarios hirientes en torno al pelirrojo quien pasó unos días amargos gracias a sus palabras.

Durante un par de semanas se negó a salir de su casa, salvo para ir al colegio, y evitaba el tema a toda costa. Incluso llegó a pedir que le transfiriesen a otro instituto porque algunos de sus compañeros tampoco se lo habían tomado muy bien. Pero sus amigos Sata Tosamaru y Hinano Kinsuke le convencieron de que no era necesario, ellos le apoyarían y defenderían de quien osara herirlo. Cabe decir que sus profesores le respaldaron y eso detuvo los agravios en su contra. De vez en cuando, solía haber todavía uno que otro comentario mal intencionado o burlas hacia su persona pero Amemiya simplemente les ignoraba. Sus padres se sentían muy orgullosos de su hijo que siendo tan joven, había probado tener más valor que otras personas que se consideraban maduras y valientes ante lo que se les presentase.

Si bien, cuando se trataba de relacionarse con otros de manera romántica era todo lo contrario. Se tornaba demasiado tímido y solía rehuir de quien llegaba a mostrar interés en él. Lo mismo hacía con sus sentimientos y emociones en torno a los demás. Si alguien le gustaba no se lo decía, tenía cierto temor a ser rechazado y eso a ratos le conllevaba a deprimirse. En esos periodos le daba por decir que no era lindo en lo absoluto y que nadie se fijaría en él. Y aquel era un día de esos. Había salido con su madre a la fuerza, para evitar excusas ella misma había ido a recogerle al instituto para ir al centro comercial. Por lo mismo, al toparse con Yuuichi y que este intentara socializar con él le sorprendió gratamente.

El resto del tiempo que estuvieron en el lugar no dejó de sonreír, se sentía extrañamente feliz de haberle conocido. Aunque su felicidad mermó un poco al recordar que lo único que sabía de él era su nombre. Estaba tan nervioso que olvidó pedir otra clase de información. Y quizás el otro chico tampoco pudo habérsela pedida por el mismo motivo. No quería pensar que solo había sido amable por haberle empujado y que de ninguna manera había tenido interés en él. Ahora que lo pensaba ni siquiera estaba seguro de sí Tsurugi era gay al igual que él.

iii

Por otro lado, Yuuichi Tsurugi estaba igualmente emocionado. Le costaba admitirlo, pero se había enamorado a primera vista de aquel chico pelirrojo. Sus ojos azules reflejaban la pureza de su corazón y eso le había gustado demasiado. Le resultaba difícil encontrar personas que con la mirada dejaran al desnudo sus emociones. No obstante, se reprendió a sí mismo por no haberle pedido su número de teléfono o algún correo electrónico en el cual contactarle.

Kyousuke, a quien había encontrado en la tienda de discos del mismo centro comercial, iba con él y le miraba bastante confundido por verle tan risueño. Estaba un tanto molesto por ser llevado nuevamente a casa, pero sabía que no podía huir para siempre. No le quitó la mirada de encima a su hermano mayor durante todo el trayecto a casa. Sabía que algo bueno, demasiado, le había ocurrido. Ya estaba acostumbrado a que fuese el mayor quien se llevara la mayor parte de halagos cuando salían juntos. Así que dio por sentado que seguramente conoció a alguien que de verdad le gustó.

Cuando bajaron del transporte se dio cuenta de que todavía estaban lejos de casa, no entendía que hacían en aquella parada. Faltaban varias cuadras antes de la que realmente era la suya. Miró a Yuuichi y este solo le sonrió, le abrazó por los hombros conduciéndolo hasta casi el final de la calle a un pequeño local de comida rápida.

Pensé que sería buena idea pasar a comer algo —le dijo mientras caminaban calle abajo—. Debes de tener hambre, ya que te saliste antes del almuerzo.

No deberías preocuparte por mí —le contestó secamente—. Tus padres se enojarán si llegas tarde.

Kyousuke —empezó a hablar Yuuichi con cierta tristeza—, no era su intención reaccionar así.

Ya, como sea —le cortó el menor—. Da lo mismo, no porque estén en desacuerdo voy a cambiar.

El mayor suspiró pesadamente, no tenía caso que le insistiera. Le conocía lo suficiente para saber que este se aferraría a sus creencias y de allí no lo sacaría. Si bien, le daba la razón en lo último que dijo. No porque a sus padres les desagradara su elección, significaba que tendría que cambiar para satisfacerles. Irónicamente eso era lo que tenía en común Kyousuke con su padre. Ni uno ni otro daban el brazo a torcer. Defendían sus creencias a toda costa.

Y bien, ¿al fin me dirás a quién conociste hoy? —le interrogó su hermanito apenas ordenaron sus alimentos. Pizza y soda para Kyousuke, una hamburguesa e igualmente soda para Yuuichi.

¿Tan obvio soy? —le inquirió Yuuichi, levemente sonrojado.

Sí, no todos los días se ve tan nervioso —respondió llanamente Kyousuke—. ¿Al menos sabes cómo se llama? ¿O es otro de tus «amores a primera vista»?

Para tu información siempre sé sus nombres —aclaró el mayor—. Pero no te pienso decir. No el de este chico.

Qué desconfiado eres, que me haya burlado del nombre de una de tus conquistas no significa que siempre lo haré.

Sí, desconfío de ti —afirmó su hermano que de inmediato notó como la mirada del menor se ensombrecía—. Sé que te burlarás a escondidas —añadió en un intento por enmendar el pequeño error cometido.

Déjalo así —contestó muy serio el Tsurugi menor—. Estoy acostumbrado a que todos desconfíen de mí.

Yuuichi suspiró hondamente sin comentar algo más. Se suponía que quería llevarlo allí para reconfortarle un poco y solo hacía lo contrario. Si bien, se seguía sintiendo un tanto molesto por el comportamiento que tuvo con sus padres horas atrás. No le pareció correcto la forma en que les respondió, si bien, tampoco justificaba la reacción de su padre.

No te sientas mal —prosiguió Kyousuke—, no es tu culpa que me tome todo en serio. Es solo que —el menor hizo una breve pausa, desvió la mirada de su hermano para evitar que notara las lágrimas que había en sus ojos—... que todo esto me hace sentir culpable. Arruiné el festejo por tu cumpleaños, decepcioné a nuestros padres y seguramente mis amigos se alejarán de mi cuando se enteren. Pero no tengo la culpa de ser así —dijo en voz baja, secó sus lágrimas con sus dedos y miró al mayor—. No sé qué hacer. Me siento perdido. ¿A quién le contaré mis problemas si mis padres me han rechazado? Tú pasas la mayor parte del tiempo fuera de casa, casi no te veo-

Sí, estoy mucho tiempo fuera pero no es por gusto —le interrumpió el mayor—. Debo de estudiar. Tú no deberías de afligirte por tener «problemas». ¿Qué clase de problemas podrían afligirte? No te puedes quejar, nuestros papás te han apoyado en todo hasta el momento —explicó—, lo que pasó hoy era de esperarse. Aceptar de un día para otro que tu hijo menor es gay es imposible. Les bastaba con un hijo bisexual.

¿No crees que pese a mi edad tenga problemas? —preguntó el menor de los Tsurugi aún más triste— Que tenga catorce años no significa que no deba afligirme por ciertas cosas. Entiendo que debas estudiar, pero antes pasabas más tiempo conmigo. Conversábamos y no te quejabas de esto. Además ser homosexual no es muy diferente a que te gusten tanto chicos como chicas.

Ahora me enfoco en asuntos más importantes —fue la escueta respuesta dada por Yuuichi—. Y no compares mis preferencias a las tuyas. Al menos yo podría casarme y tener hijos propios algún día como papá y mamá lo desean.

Kyousuke sintió como algo dentro de él se hizo añicos. Sin responder algo más, tomó la bolsa de las compras que realizó y salió del local a toda prisa. Cuando su hermano reaccionó era demasiado tarde. Se llevó las manos a la cabeza y tiró de su cabello sintiéndose completamente desdichado. Le había dicho a su hermanito que prácticamente no era importante para él y que su homosexualidad era el origen de sus conflictos familiares.

iv

Después de su conversación con Taiyou, Yuuichi se había puesto a recordar cómo había conocido al pelirrojo y cayó en cuenta de que ese mismo día había condenado al fracaso la relación con su hermano. Aquella tarde había echado por la borda la buena relación que mantuvo por años con Kyousuke. Entendió el por qué este se retrajo de todo y de todos, guardándose todo para sí. Pese a que después habían regresado a tener una relación afable, simplemente no fue lo mismo.

Sin embargo, haber conocido a quien después se convertiría en el centro de su universo, pareció compensar aquella espinosa situación familiar. La compañía de Amemiya le hacía olvidar temporalmente sus problemas, este llegó a saber parte de ellos y le comprendía cuando lo notaba distante. Aunque no era como si le hubiese entendido del todo, ya que él jamás había atravesado por situaciones así. No sabía lo que era pelear con un hermano y después intentar hacer las paces. Y sobre todo lo complicado que resultaba cuando se tenía un hermano como el suyo.

Mas el chico de ojos azules siempre lograba sacarle una sonrisa, incluso en momentos así y eso hacía que el mayor sintiese más afecto por él. Realmente apreciaba que a pesar de sus ratos de mal humor, no le abandonase. Claro que de vez en cuando discutían, pero siempre se sentaban a dialogar sobre aquellas diferencias en ciertos aspectos. Le dolía no haber hecho lo mismo con Kyousuke quien se merecía más esa clase de atenciones, especialmente de él, ya que sus padres parecieron olvidar que tenían otro hijo y le ignoraban la mayor parte del tiempo.

Hacían caso omiso de sus buenas acciones, y se enfocaban solo en las cosas que le salían «mal» o que ellos consideraban «vergonzosas». En esas ocasiones era cuando le recordaban lo mal hijo que era y ensalzaban a Yuuichi, como el ejemplo del hijo educado y responsable que él debía de ser también. Evidentemente aquello solo contribuía a que el rencor que Kyousuke sentía hacia él incrementara. O eso era lo que creía su hermano menor sentía. No le cruzó jamás que aquel resentimiento estaba dirigido más hacia sus padres por no hacer el mínimo intento por comprenderle.

Fue a la habitación de su hermano, pero no le encontró allí. Entonces bajó a la sala y notó que se había llevado el auto. No le molestó, supuso que había ido por Matsukaze. Amemiya se había quedado en su habitación, estaba seguro de que no saldría ni para cenar. Entendía que después de haberse aclarado las cosas, si bien faltaban aún más detalles por develar, no quisiera ver ni hablar con Kyousuke ni con él nuevamente. Lo único que seguía sin comprender por completo era su afecto hacia este, sabía que ellos se habían vuelto muy cercanos y que, en efecto, cualquiera podría pensar que eran pareja.

Si en algo había tenido razón el moreno, de acuerdo a lo que su hermano le contó, fue en celarlo. Después de todo, Kyousuke no había sido tan afectuoso con él como era con el pelirrojo. Tampoco le había presentado a sus escasas amistades de inmediato –que seguían siendo más de las que creyó tendría su hermanito–, y sus muestras físicas de cariño eran escasas si se les comparaba con la cantidad de veces que le vio abrazar o tomar de los hombros o cintura al de ojos azules. Incluso en una ocasión les vio a punto de besarse, pero no se lo comentó a Tenma para no empeorar más las cosas.

Después estaba el asunto de la cita que le pidió, a la cual el menor se negó provocando que Taiyou se indignara y que asimismo derivara en su pequeña charla –que más bien fue una discusión– para esclarecer un poco los motivos de su ruptura. Lo más confuso de todo es que su conducta en sí carecía de sentido. Si se suponía que el chico de ojos grises era su mejor amigo ¿cómo podía ser capaz de intentar «arrebatarle» a su novio? Coquetear con la pareja de tu amistad más cercana no era lo que se esperaba.

La puerta se abrió de repente y vio entrar justamente a Matsukaze quien se veía un tanto molesto, instantes después ingresó Kyousuke con las cosas de este y su expresión era una mezcla de descontento y tristeza. Miró a su hermano mayor y solo negó con la cabeza. Yuuichi interpretó eso como señal de que le había contado todo al moreno y ello provocó su enojo. Solo esperaba que no fuese a echarle bronca a Amemiya. No quería ni imaginar la clase de cosas que ocurrirían si se daba aquella situación.

—No, Kyousuke —escuchó decir a Tenma más tarde en su habitación—. Nada de lo que me digas me hará cambiar de opinión —Yuuichi se quedó a medio pasillo escuchando el resto de la conversación.

—Lo sé, te entiendo —rebatió el mayor de los dos—. ¿Pero no crees que sería más conveniente hablar con él mañana?

—¿Mañana? Amemiya no lo pensó dos veces antes de coquetear contigo —respondió ofensivo el moreno—. Los mejores amigos no se hacen esa clase de cosas. Él sabe muy bien que tú y yo ya regresamos, y que jamás tuviste interés en él. ¿O acaso le diste razones para hacerlo creer que si?

—No, claro que no —contestó Kyousuke sin alzar tanto la voz—. Tenma, tú mismo viste que mis muestras de afecto hacia él eran las mismas que tengo con mis amistades. Incluso contigo son iguales.

—No, no lo son —negó de inmediato el castaño—. Con él te has mostrado más abierto de lo que eres conmigo.

—Tal vez tengas razón —habló el de ojos ámbares—, pero eso no significaba que quisiera salir con él. Si te pedí que regresáramos es porque te amo, Tenma. ¿Acaso no te basta con-

—Está bien. Hablaré mañana con él —aceptó finalmente, interrumpiendo al otro, sin poder evitar que sus mejillas se tiñesen de rojo—. Eso sí, te advierto que no quiero te metas en nuestra conversación —le previno—. No importa lo que escuches. ¿Entendido? Todo será entre Amemiya y yo. Lo mismo debes de decirle a Yuuichi. Ninguno de ustedes debe de inmiscuirse.

El mayor se sorprendió un poco al escuchar aquellas palabras.

—Como digas —fue la respuesta del Tsurugi menor—. Solo no seas excesivamente duro con él. Después de todo, no merecen arruinar su amistad por mí.

El mayor en cuanto escuchó que giraban la perilla para abrir la puerta, se metió a su habitación rápidamente. Al parecer las cosas no iban a mejorar sino a empeorar y no sabía por cuánto tiempo más soportaría aquella situación.