La puesta de sol era espectacular vista desde la playa. Sentados en la arena, terminando sus últimas bolsas de ganchitos variados, los SeeDs hablaban y debatían acerca de cosas sin sentido como: "¿Podremos llevarnos a Mofletes con nosotros cuando vengan a rescatarnos?". Después de media hora de divagaciones y de escuchar los pros y contras más absurdos posibles sobre ese tema, Squall decidió encauzar un poco la cena-reunión para poder irse a dormir lo antes posible. En la inconsciencia del sueño al menos encontraba algo de descanso, aunque dudaba que pudiera dormir cómodamente con el pitido que se le había quedado instalado en el oído derecho después del berrido del alien.

-Una de las cuestiones a las que debemos dar prioridad –intervino-, es a la desaparición de las piezas de la radio que Zell estaba arreglando. ¿Alguien las cogió pensando que podrían ser útiles para otra cosa, o algo por el estilo?

A lo largo del corro se sucedieron los "noes" y las negativas con la cabeza.

-Pero ahora que lo comentas, tío –comenzó Irvine-, yo he echado en falta varios de mis cartuchos. Un par de rojos y verdes, ¿alguien los ha visto?

"¿Cuáles serán esos? ¿La munición común o alguna difícil de conseguir? Mejor no preguntar... la ignorancia es felicidad."

-Y a mí me desaparecieron los clips que uso para sujetarme el pelo –añadió Quistis-. Pensé que alguien se había obsesionado con verme con el pelo suelto y me los había robado –la ex instructora le guiñó un ojo a Squall tratando de ganar su complicidad-. Si creéis que estoy más guapa así... sólo hacía falta decirlo.

"¿Acaba de guiñarme un ojo? Por la súbita rigidez de Rinoa diría que sí. Sinceramente acabo de darme cuenta de que lleva el pelo suelto, pero no creo que ninguna de las dos me crea si lo digo."

-Y yo tenía tres chapas de la ADMU para los nuevos miembros, pero pensé que Squall me las había rob... eh, confiscado después del incidente del látigo.

"Je, je, je. Ha debido ser intervención divina, justicia suprema o algo así. Y lo siguiente será acabar con vuestra sede, esté donde esté. Ya me enteraré cuando regresemos a Balamb."

-Y ya que hablamos de cosas desaparecidas –la mirada de Selphie se clavó en Squall y el comandante la miró con profunda desconfianza-, ¿dónde está Pulga?

Todas las miradas se volvieron a una hacia Squall, y abundaban más las acusadoras que las interrogativas.

-¿Por qué me miráis a mí? No tengo ni idea.

"Estará explorando las profundidades marinas del planeta, a ver si alguien ahí abajo le da un elixir a cambio de nada."

-Iba detrás de ti –dijo Zell.

-¿Y qué?

-Pues que tú has sido el último en saber de él.

-Si iba detrás de mí, no tengo por qué saber nada. No tengo ojos en la espalda.

-Squall, no seas mezquino –le advirtió Rinoa.

-¿Qué más da?

-¡No da lo mismo! Era simpático, amistoso... ¡y de otro planeta!

-¿Y qué?

"A lo mejor querían incluirlo en el fichero ese de la ADMU. En la 'B' de 'Bicho azul del espacio'."

Para distraerles del tema, Squall optó por el ataque como mejor defensa:

-Olvidaos del alien. Centrémonos en los robos –su mirada se centró en Seifer-. Ahora que sé que están desapareciendo tantas cosas, me siento afortunado por estar en medio de un perímetro de seguridad, de ésos de manual, delimitado por dos SeeDs de rango A, la élite del Jardín que es a su vez la élite de todo tipo de organización militar/pseudomilitar del planeta.

-Oye, nene, que Mofletes lo traspasara sin disparar ninguna alarma solo significa...

-...que un pequeño explorador con una guía de "La naturaleza es mi amiga" lo hubiera hecho mejor, con un ojo cerrado, una mano a la espalda y la otra ocupada en sacarse los mocos.

Rinoa le miró disgustada:

-Decididamente, Squall, prefiero que seas mezquino a que te expreses con tanta prodigalidad. Me parece –añadió para todos-, que ha sido un día largo y que estamos empezando a sentir los efectos del cansancio. Será mejor que durmamos, las cosas se verán con otra perspectiva con el nuevo día.

-¡Eh, un momento! –intervino Irvine-. No hemos hablado todavía de la comida. ¡Acabamos de quedarnos sin víveres! –el vaquero le dio la vuelta a una bolsa vacía para enfatizar la cuestión.

-Mañana, Irvine –recalcó Rinoa-. Por hoy creo que ya hemos tenido suficiente.

Cuando los SeeDs se levantaron para dirigirse a su zona de descanso en el escorado Lagunamov, Rinoa agarró el brazo de Squall para evitar que fuera con ellos.

-Quedémonos un rato más, Squall –le dijo tirando de él para que se sentara de nuevo.

Arrimándose rápidamente se abrazó a él, alzando la mirada para contemplar la bóveda celeste cargada de estrellas.

-Siempre me ha gustado el cielo nocturno. Y contemplarlo junto a ti –añadió apretándose todavía más-, lo convierte en algo especial.

"No tengo inconvenientes que oponer a un interludio romántico, siempre y cuando estemos solos. En estos momentos me puedo imaginar tan claramente a nuestros compañeros espiándonos ocultos tras las palmeras que me empieza a doler el cuello de tanto contenerme para no girarlo."

-Desde que nos estrellamos en esta isla estás demasiado tenso. Olvida por un momento tus responsabilidades y relájate.

-Eso suena bien –asintió el comandante.

"Tiene razón. Entre Seifer, el arqueosaurio, el alien, la ADMU..., ¿he dicho ya Seifer?, y todas las estúpidas situaciones en las que me he visto envuelto en estos dos días, me sorprende que todavía conserve la cordura."

En ese momento una estrella fugaz cruzó el cielo.

"¿Uh?. Eso pasa muy a menudo cuando estoy con Rinoa."

La joven bruja se incorporó sobre sus rodillas para mirarle de frente, con una gran sonrisa plantada en el rostro.

-¿Recuerdas nuestra promesa? Una estrella fugaz, un beso.

"El mejor trato que he hecho con dos copas de más."

La joven le echó los brazos al cuello con tanto ímpetu que lo tumbó sobre la arena y le besó con pasión, como si no existiera el mañana. Pero de repente interrumpió el beso para mirarle con cara traviesa.

-Este entorno se merece algo especial, ¿no crees?

-¿Algo como qué? –preguntó Squall con desconfianza.

La joven se incorporó y se alejó varios pasos.

-Cierra los ojos, ¡es una sorpresa!

-¡Espera, Rinoa...!.

-¡Vuelvo enseguida, no mires!

Con un gruñido el comandante hizo lo que le pedía, aunque maldita la gracia que le hacía cerrar los ojos en lo que, para él, era uno de los entornos más hostiles en los que había tenido la desgracia de plantar los pies. Pero no tuvo que esperar mucho, pronto oyó los suaves pasos de la joven, que parecía acercarse de puntillas de lo sigilosa que se aproximaba, llegar junto a él.

-¿Puedo abrir los ojos ya?

-No.

La voz de Rinoa sonaba extraña, más aguda que su tono normal, ¿qué estaría tramando? Squall, sin embargo, no se puso nervioso hasta que la joven le desabrochó el cinturón. No los cintos auxiliares para el sable pistola, sino el cinturón de sus pantalones. Lo siguiente fue el botón de los mismos.

-No creo que éste sea ni el momento ni el lugar adecuado para este tipo de juegos, Rinoa –le susurró a la joven-. Me ha parecido oír unas risitas detrás de las palmeras y llevo puestos los calzoncillos de los martes. Así que, o me dices que te traes entre manos, o abriré los ojos ya.

-¡Aún no! –chilló la joven.

La mano Rinoa, fría y suave, se metió en sus pantalones, pero en lugar de dirigirla al punto de interés probable de una joven adolescente, se limitó a agarrar firmemente el bolsillo de su pantalón desde el interior.

Squall abrió los ojos de golpe al mismo tiempo que oía a sus espaldas la exclamación de incredulidad de Rinoa.

-¡Squall!

Tirando de su bolsillo con fuerza, tratando de arrancarlo estaba Pulga, que comenzó a dar breves y fuertes tirones al verse descubierto mientras murmuraba una y otra vez con obsesiva concentración: "Elixir, elixir". Por los movimientos del alien y el inapropiado lugar de la anatomía de Squall donde se había aposentado parecía que el bicho estaba...

El comandante se incorporó de golpe pero Pulga, obstinado como el parásito que le había dado nombre, no se soltó. Su peso fue suficiente para terminar de bajarle los pantalones antes de que Squall pudiera agarrarlos.

Rinoa, que traía puesto un espectacular biquini, que por lo visto era la sorpresa que le preparaba, soltó una exclamación ahogada y se tapó los ojos con las manos. Las palmeras se agitaron en una súbita erupción de carcajadas. Seifer rodó fuera de su escondrijo ahogándose en su propia satisfacción. Pero no era el único. Mientras Squall apartaba al alien de un manotazo y se apresuraba a subirse los pantalones los demás salieron al descubierto. Zell lloraba de la risa e Irvine aplaudía, silbaba y daba aullidos. Quistis trataba de ocultar el hecho de que estaba partiéndose de risa tapándose la boca con la mano y Selphie saltaba y daba palmas.

-¡Tú sí que sabes Squall! –gritaba- ¡Tres hurras por el rey de la isla!.

Después de dirigir al alien una mirada asesina que era en sí toda una promesa de tormentos y suplicios en un futuro cercano, Squall esperó pacientemente a que los SeeD se calmaran lo suficiente para escucharle mientras les enseñaba lo que se acababa de sacar del bolsillo, una piedra aura.

-Comprenderéis que ahora tengo que mataros a todos...