Estoy terriblemente avergonzada amigos, pero definitivamente el mundo no estuvo de mi parte. Perdi mi computadora, y estuve sin uno tres meses, mi antigua maquina murió, se quemó por así decirlo, así que ahora tuve que esperar hasta conseguir otra. Ahora ya estoy de vuelta y he actualizado con una jugosa cantidad de hojas este capítulo. Nos adentraremos en una batalla mística y triste. Por favor, acompáñenme.


-7-

Dos amantes.


Antes de perder la conciencia y de que sus ojos se ocultaran tras sus parpados, Sakura logró ver un halo de luz que le cubrió en medio de la desesperación y oscuridad. Se encontró con su viejo yo, que aunque no le conocía aun supo reconocer, puesto que su cuerpo no opuso resistencia ante su presencia. La luz entró dentro de ella y le sanó de toda lesión física. Las balas que habían atravesado su cuerpo y arrebatado su vida se hicieron polvo, su sangre se renovó y su carne se cerró ante la luz sanadora. Cuando menos acordó se encontraba abrazada a Sasuke tal como su naturaleza lo demandaba.

Porque la luz y la oscuridad están destinadas a vivir dentro de la misma piel.

Ese día besó a Sasuke con tanta intensidad que supo que le pertenecía como él a ella.

—Te amo.

—Yo también.

Hinata miró a Naruto con lágrimas en los ojos, ambos jóvenes se recostaron en la cómoda cama mientras se besaban con intensidad. Cuando la falta de oxígeno bloqueó su deseo se separaron para verse de frente y ambos sonrieron al verse. Naruto acarició sus mejillas y limpió sus lágrimas, habían estado separado por mucho tiempo y la distancia les estaba matando por dentro. Hyuuga hundió su rostro en el pecho de él y aspiró el aroma varonil del mismo, sonrió complacida, podía escuchar su corazón latir con un ritmo hipnótico. El chico se movió un poco y pasó sus brazos por su espalda, le besó la cabeza y recargó su barbilla en ésta.

—Naruto-kun. – ella habló primero. —Han pasado tantas cosas, ¿En dónde habías estado todo este tiempo?

—Es una larga historia. – murmuró somnoliento.

—Me encantaría escucharla.

—Bueno… - se separó para verla a los ojos. —Estuve buscando la forma de detener esta guerra.

—¿Enserio? – la chica le miró sorprendida. —¿Cómo?

—Descubrí una antigua leyenda que data de más de 600 años, quizá no lo creas pero, antiguamente existieron dos seres capaces de todo llamados…

—Perfectos.- ella le interrumpió.

—Sí. ¿Cómo es que…?

—Conocí a uno. – Naruto abrió los ojos maravillado. —¿Pasa algo?

—Yo también.- admitió finalmente.

—¿Lo dices en verdad?

—Él me enseñó la forma de acabar con toda esta miseria…- se separó completamente de ella y se sentó al borde de la cama. —Pero… para lograrlo yo…

—¿Naruto-kun? – Hinata apreció su tono triste.

—Hinata. – se levantó y le dio la espalda, se acercó a la ventana que daba a la tranquila noche. —¿Alguna vez has escuchado hablar del Creador?

—¿El Creador? – ella negó lentamente.

—No es un ser físico, más bien es una fuerza cósmica que habita en un ser vivo, sea animal, vegetal o humano.

—Suena importante.- ella se levantó para acercarse a él, le abrazó por la espalda.

—Malvolo dijo… que si encontraba esa partícula de energía podría cumplir mi mayor deseo. – apretó los puños. —En estos dos años busqué dicha partícula para poder detener esta guerra.

—¿Lo lograste?

—Sí, encontré la clave. – una lágrima cayó por su mejilla. —Hinata yo…- se giró en silencio, y tomó sus manos entre las suyas para entrelazar sus dedos. —Te amo, ¿Lo sabes no?

—Sí.- se sonrojó tremendamente. —Y yo a ti.

—Por favor… - dejó salir otra lágrima. —Perdóname… - le dejó caer las manos y se llevó una mano a la cintura, en donde yacía una daga.

—¿Naruto-kun? – algo estaba mal.

—En verdad te amo. – alzó su mano armada y atacó directamente a su corazón. —Jamás lo olvides.

La sangra brotó a borbotones.

Una explosión se desató tras el encuentro entre ambos Perfectos. Los puños de Sakura resplandecían en luz mientras que las alas de Sasuke emanaban una neblina negra. Conforme el tiempo, ambos aprendieron a usar sus habilidades para luchar, no en vano sus memorias pasadas les habían provisto de sabiduría, pero esa parte la habían perfeccionado ellos.

La tierra se destrozó bajo el puño de Sakura, la luz acumulada en sus puños se expandía en la materia causando una carga tremenda de energía luminosa capaz de destruir hasta la roca más sólida. Sasuke por su parte escapaba con gracia mientras su espesura negra lo envolvía.

Batió sus alas en medio del caos y liberó dos ráfagas capaces de empujar un bosque, Sakura bajó su perfil para resistírsele. Ni siquiera tuvo la oportunidad de planificar otra cosa, sino que más bien alcanzó a observar la enorme silueta que se formaba sobre ella. La sombra sórdida de aquel espectro malvado, las alas de Malvolo se alzaron como una nuestra de perdición, la oscuridad eterna, Sasuke planeaba absorber toda la luz existente para crear un vacío, así podría hacer que todos estuvieran a ciegas. La luna se dejó de ver pronto.

Los hombres de Hiashi y el mismo rey emergieron desde las seguras paredes de su palacio para contemplar aquel extraño evento, el retiemble terrestre y la explosiones habían sido suficiente aliciente para correr a investigar, pero ahora, tras ver aquella cortina negra sobre sus cabezas, el temor más primitivo de los seres diurnos salió a flote.

No obstante, algo emergió de entre tanta oscuridad, el vislumbro de un faro, emergía entonces como única salvación. Sakura se encontraba firme sobre sus piernas, reuniendo en todo su ser cada partícula de luz. No había que juzgar a esta chica, después de tantos años de vida había aprendido a manejar la luz como una extensión más de su cuerpo y mente. Siguió las enseñanzas de Ignis, las cuales se repetían una y otra vez en su cabeza.

Todos tenemos un pedazo de sol dentro de nosotros… es sólo que nadie vive lo suficiente como para darse cuenta.

—La oscuridad no puede opacar al sol. – murmuró Sakura, su voz transformada por el peso de la armadura. —Ni siquiera tú. –lo dijo para Sasuke, aunque éste no pudiera oírle. Se extendió entonces un manto luminiscente sobre todo ser de Giza, la miseria e incertidumbre ocasionada por la sombra de Malvolo se borró en un reconfortante calor.

Hiashi miró el origen de la luz en medio de su amaurosis, hasta que logró ver la imagen de Eous entre todo la blancura. Sakura no duró mucho tiempo de pie, saltó sobre Sasuke y le asestó un puñetazo firme en el rostro. El yelmo negro de Uchiha se dobló acompañando su cara, cayó a la tierra dejando un enorme cráter a su alrededor; mas Sakura no esperó a ver el resultado, se lanzó sobre él en picada, cuan torpedo.

No obstante lo que la recibió fueron más sombras que se extendían alrededor del hoyo, creando una especia de vacío. Intentó retroceder, pues ante sus ojos se había formado un agujero negro y, aunque ella también podía crearlos, Sasuke era mucho mejor. La fuerza gravitatoria capaz de consumir estrellas la haló hacia el epicentro y aleteó desesperada, si llegaba a tragarla todo terminaría. En medio de su concentración ignoró momentáneamente a Sasuke, el hombre apareció detrás de ella en una cortina de bruma y antes de que pudiera defenderse la tomó de las alas y sacó del vórtice para lanzarla contra el duro suelo. El agujero desapareció, pero Sasuke acababa de tomar su segunda aire, se lanzó contra ella y clavó su talón en el estómago de Sakura, la chica exclamó ahogada, sin desaprovechar la repentina ventaja, Malvolo llevó su garra filosa contra el rostro de la chica y la apretó duramente hasta sofocarle, Sakura reaccionó y llevó sus manos contra la mano de Sasuke, intentando liberarse del agarre.

—¿Qué sucede? – murmuró con maldad. —¿Te estás ahogando?

—Sasuke…- gimió mientras forcejeaba.

—Se acabó Sakura. –la oscuridad comenzó a infectar el cuerpo de la chica, no obstante, todavía faltaba mucho para doblegarla. Apretó los puños y nueva luz emergió de su cuerpo, Sasuke sintió el deslumbrante halo de energía y aflojó el agarre, sus ojos ardían ante la fuente luminosa.

—Te quemarás. – rugió Sakura y de ella la luz se abalanzó contra Sasuke, consumiendo su oscuridad y cegándole. En ese momento la mujer se liberó, le tomó de la muñeca y se levantó mientras se volteaba y arrastraba a Sasuke. Su garra se enterró en la espalda del chico pero éste se hundió en la tierra en medio de las sombras, para cuando Sakura se dio cuenta sólo había tierra entre sus dedos. Gruñó, conocía bien las formas en las que Sasuke podía escapar de ella, pero siempre lo olvidaba de un momento a otro.

—No es suficiente. – Uchiha reapareció detrás de la mujer, ileso.

—Nunca es suficiente. – acumuló luz en sus puños y le atacó libremente, Uchiha correspondió sus golpes con igual fiereza y cuando sus puños se encontraron sintió la fuerza descomunal de la mujer. Sus pies se arrastraron en la tierra y fue mandado a volar. Recuperó rápidamente el equilibrio y enfocó a la mujer frente a él, preparándose para otro ataque luminoso.

—No aprenderás. – susurró, sus ojos rojos emergieron en aquella máscara demoniaca. La oscuridad se transformó en llamas negras y mortíferas, una técnica propia de Uchiha, la cual había inventado. El fuego de Amaterasu, Sakura lo reconoció inmediatamente y retrocedió. Una sonrisa se asomó en los labios de Malvolo, Eous conocía la técnica y sabía que no había nada que no pudiera ser quemado.

Al instante la sombra esparcida en el suelo ardió, el suelo se fundió y la maleza se quemó automáticamente, Sakura voló para alejarse. Sabía cómo apagar el fuego y la única forma era derrotando al usuario.

—¿Qué crees que haces? – exclamó irritada. —Si las llamas de Amaterasu rodean el globo todo quedará consumido.

—Exacto. – murmuró Sasuke. —¿Sabes cómo apagarlo, no? Debes matarme o dejarme inconsciente.

—Desgraciado. – sus jades brillaron iracundos. —¿Por qué te empeñas en dañar a los demás en cada una de nuestras batallas?

—¿Dañarlos? ¿Es que no te das cuenta? Si nosotros peleamos el mundo entero será nuestro campo de batalla. No somos simples guerreros, Eous, cada vez que luchamos el mundo pende de un hilo, ¡¿Por qué no puedes entenderlo?! – Sasuke gritó exasperado.

—¡¿Por qué sólo te interesa la destrucción?! – reclamó ella.

—¿Por qué, preguntas? Pues por la misma razón por la cual a ti sólo te interesa la creación. Somos parte de lo mismo Sakura, mi nombre Thanatos es más de representativo, y tus nombres… ¿Acaso no entiendes el significado de nuestra presencia en este mundo?

—Sólo entiendo que estás loco.

—Tú sabes que no. – eso molestó a Sakura. —Hagas lo que hagas no puedes apagar las llamas de Amaterasu, no por métodos sencillos.- En los brazos de Sasuke aparecieron las enormes garras de Behemot. La batalla acababa de subir de nivel.

—Entiendo. – Sakura cerró los ojos resignada. —Filo de reyes y elegidos, tú que defendiste a los inocentes y enseñaste a los lideres el camino de la rectitud. Ven a mí, espada de la virtud, ¡De mi sangre… Excalibur! – de la mano derecha de Sakura emergió un brote de sangre que poco a poco tomó la forma de una espada. Los ojos de Sasuke brillaron emocionados.

—¿Usarás el arma que usó tu antecesor?

—La magia de esta arma me dará la fuerza para destruirte.

—Sabes que el arma en sí no posee magia, ¿Verdad? La única fuente de su poder es por el trato que hiciste con la Dama del Lago, le diste tu sangre para que brillase como un ser vivo.

—¿Desde cuándo sabes de mitología?

—Filosofus podrás ser tu nombre, pero aunque no lo creas yo también comparto un poco de tu hambre de conocimientos. – no era el verdadero Sasuke quien hablaba, y Sakura lo sabía. Esa voz desdeñosa y maquiavélica venía de aquella personalidad que había nacido en Sasuke después de tantos años de ser un Perfecto.

—Entonces comete esto. – agitó el arma y emergió una impresionante onda de luz, la energía se llevó consigo a Sasuke quien se protegió con sus garras. La fuerza de la espada lo arrastró contra el palacio real, el cual destruyó por completo el salón principal, los escombros cayeron cuan si fueran de arena, Hiashi, quien se encontraba cerca corrió ante las protestas de sus súbditos, curioso e intrigado, había visto a los extraños entes en el cielo y ahora que uno estaba derribado sería la oportunidad perfecta para verlo de cerca.

Cuando el polvo se mermó y creyó que todo había terminado, emergió precipitadamente Malvolo, se sacó los escombros de encima y sacudió sus alas. Hiashi cayó de espaldas, reconociendo su figura. Sasuke captó su presencia y le miró por unos momentos, un escalofrío recorrió el cuerpo del Hyuuga, pero inmediatamente después de ese encuentro Sasuke voló para enfrentarse a Sakura.

Ella lo vio aproximarse y se preparó para el impactó, volvió a balancear su arma y emergió otra onda energética capaz de hacer explotar una montaña, pero a diferencia de la primera vez el muchacho preparó sus garras, atacó de frente y fraccionó la energía, la cual se despidió a diferentes lados de la ciudad, las calles y las casas explotaron, Sakura miró aterrorizada, tenía tantos años sin luchar que casi olvidaba lo horrible que era la guerra.

De nuevo los Perfectos se vieron las caras, Sakura estaba perturbada, Sasuke inexpresivo, su oscuridad emergente desde su yelmo no dejaba ver sus fascias.

—Maldito.- gimió Sakura.

—Esta vez Won no nos detendrá, Giza, al igual que Munan caerá. He esperado por mucho tiempo Sakura, esta noche toda acabará.

—¡Me niego! – balaceó la espada nuevamente, sin fijar un objetivo, atacando con su luz destructora. Sasuke esquivó todas ellas, atacó con las garras, creando una ráfaga dado a su movimiento, la onda de luz y aire se enfrentaron en una coalición. Ambos Perfectos fueron empujados al suelo; Sasuke cayó a un hermoso estanque del palacio, Sakura a las calles por fuera del castillo. Los pobladores de Giza, para entonces ya se fijaban asustados. La mujer fue la primera en levantarse, se sacudió la tierra y miró sus manos, tal vez no había sangre pero pronto se mancharían.

Los guardias del palacio corrieron armados hacia el estanque. Apuntaron con sus armas esperando ver al ser que había caído ahí.

Y así pasó.

El agua del estanque se volvió negra cuan pedazo de firmamento, y emergió con las alas extendidas el Perfecto de la oscuridad. Resopló mientras el agua destilaba de su cuerpo.

—¡Oye tú! – fue el comandante del escuadrón quien se dirigió a Sasuke. Pero Necrosis no le dirigió la mirada, su vista estaba fija en el cielo.

—Señor, no creo que sea buena idea… - balbuceó un soldado al verlo acercársele.

—¡Silencio! – respiró nervioso, le apuntó al cuello con una lanza, Sasuke era mucho más alto que él. —¿Quién eres? ¿Por qué estás destruyendo el palacio? ¿Eres un emisario del enemigo?

Finalmente Sasuke reaccionó y le miró de soslayo. Automáticamente el hombre tembló de pies a cabeza, comenzó a gritar lleno de terror, lanzó la lanza muy lejos y se inclinó ante él mientras pegaba la frente al suelo.

—¡Capitán! – los hombres se acercaron temerosos listos para atacar, mas Sasuke movió un ala para alejarlos de él, retomó su postura y de un salto desapareció en el suelo.

El hombre quedó en el suelo susurrando palabras sin sentidos, los soldados intentaron hacerlo volver en sí, pero no consiguieron nada.

—Llevémoslo dentro, necesitamos evacuar el palacio. - sugirió uno de ellos.

Los ojos de Hinata se empaparon en lágrimas mientras caía al suelo de la impresión. Estuvo tentada a gritar, pero su voz no salía de su garganta. Naruto le miró con tristeza para después sacar la daga de su carne sangrante. La lanzó lejos y cayó de rodillas, la chica no supo que hacer, el muchacho refugió su mano contra su pecho, intentando detener el sangrado.

—Naruto… - en verdad que no sabía cómo reaccionar.

—Perdóname, no puedo hacerlo. Yo jamás te dañaría. – confesó lloroso.

—¿Por qué hiciste eso? – la chica decidió acercarse al fin y arrancó un trozo de su ropa para cubrirle la herida.

—Me fue revelada la entidad de la persona que posee al Creador en su interior… Hinata, esa persona eres tú. – la muchacha quedó boquiabierta. —La única manera de cumplir mi deseo es sacando la luz dentro de ti, pero para hacerlo debes morir… - negó lentamente. —No puedo, no me atrevo a hacerte daño.

—Oh, Naruto. – no sabía que decir.

—Mi deseo es que esta guerra termine, pero… si eso significa matar a la persona que más amo entonces yo…

—Naruto. – la chica le abrazó y besó tiernamente. —Te amo.- volvió a susurrarle, en realidad no sabía que decir o hacer, eso era lo único que tenían en mente que podría reconfortarlo.

—Mi Hinata. – le acarició la mejilla con su mano sana. Se acercó a ella para volver a besarla pero entonces un retemblo los sacudió con potencia. Los dos se miraron asustados y corrieron al balcón.

—¿Qué es eso? – las ondas luminosas de Sakura adornaron el cielo al mismo tiempo que la oscuridad de Sasuke.

—Oh no. – Naruto rechinó los dientes. —Se han encontrado… - masculló nervioso.

—¿Quiénes? – Hyuuga tuvo que aferrarse a él cuando la tierra volvió a temblar y una parte del palacio era destrozada. —¡Naruto-kun! – estaba muy asustada.

—Los Perfectos… - dijo para después tragar saliva. —Tenemos que salir de aquí, Malvolo me lo advirtió, una vez empezada la batalla ya nadie podría detenerla.

—Está bien. – se tomaron de la mano y corrieron, en ese momento no les importo el hecho de que Naruto estuviera en un lugar en el cual no era bienvenido, sino más bien el hecho de salir de ahí antes de que fuera demasiado tarde.

Un nuevo tembló sacudió la tierra y los dos jóvenes cayeron uno sobre el otro, Naruto se levantó con Hinata a cuestas, sacudió su cabeza y se percató de la extraña situación que los rodeaba. El castillo entero era consumido por una extraña llamarada negra, quiso analizarlo más a fondo pero los gritos de los guardias reales lo distrajeron.

—¡Ese hombre tiene a la princesa!

—¡Yo sé quién es, es Uzumaki Naruto, el príncipe enemigo! – inmediatamente comenzaron a sacar sus armas, Naruto se aferró a Hinata quien recuperaba la conciencia después de la caída.

—Tengo que salir de aquí. – susurró a su oído y ella se escandalizó al entenderle.

—No, espera… - se aferró de su cuello desesperada. —¿Qué está sucediendo? No termino de entenderlo.

—¡Hinata! – la voz de Hiashi los distrajo, el rey retumbaba en ira y apuntaba acusadoramente a los dos jóvenes. —¡Libera a mi hija, maldito!

—¡Padre! – Hinata estaba aturdida, aquello estaba saliéndose de sus límites.

—¡¿Lo has planeado tú, no es así?! ¡Has traído a estas extrañas criaturas para destruir la capital de mi reino!

—¡Rey Hiashi, si no hace retroceder a sus hombres sólo habrá más muertes! ¡Debe evacuar Giza y protegerse de ese fuego negro! – advirtió Naruto ignorando completamente las acusaciones del monarca.

—¡Maldito insolente! – intentó acercarse a ellos pero el palacio volvió a temblar, el fuego negro se avivó y comenzó a consumir todo a su paso, los dos muchachos quedaron separados por una fisura en el suelo y un fuego abrasador.

—Hinata, tenemos que salir de aquí, debo parar a Malvolo antes de que sea demasiado tarde. – la invitó a ir donde él, ella asintió, ignorando olímpicamente las protestas de su padre, corrieron por un pasillo aun intacto, se dirigían a la cocina el ruido de las explosiones y los gritos afuera era intensos, incluso dentro del palacio la servidumbre corría asustada de un lado a otro, buscando refugio.

Estaban por salir a la puerta trasera de la cocina, para dar al exterior, cuando un haz resplandeciente advirtió a Uzumaki que algo peligroso se acercaba a ellos, tomó a Hinata entre sus brazos y giró con ella en su acogedor pero protector abrazo, una onda de energía, producida por Eous destrozó una parte de la cocina y la puerta de salida con ella.

En el suelo, los dos enamorados se miraron asustados y tragaron saliva. Sobre ellos se hallaban los Perfectos, una fuerte onda de sonido demoledor les hizo acoplarse más al suelo, un rugido muy parecido al de un monstruo adornó el campo de batalla; pues, quisieran o no Giza acababa de convertirse en eso.

La luz de Sakura se esparció por cada rincón de la ciudad cuando la emitió desde sus hermosas alas doradas. Comprobó con angustia como la oscuridad de Sasuke se apoderaba de la mayoría de las calles y cómo las personas corrían de un lado a otro asustadas, sin olvidar el fuego del Amataresu, que lentamente se tragaba a la población.

Como odiaba ver aquello, desde la primera lucha los dos habían generado tanta muerte y destrucción que de un momento a otro se negaba a creer que ellos eran la reencarnación de algo positivo para el universo.

—¿Sucede algo, Eous? – escuchó a Sasuke detrás de ella, su yelmo negro y cornado le hacía ver más maquiavélico de lo normal. Esa noche en especial, sus ojos rojos le parecían más aterradores que de costumbre.

—¿Sabes que podemos cambiar el destino, verdad? No tenemos que pelear entre nosotros.

—Los sentimientos que con terquedad guardas en tu interior jamás podrán florecer en esta tierra, Sakura. –ahora era la voz de Sasuke y eso simplemente hizo mella en su corazón. —Deja de creer aquellas absurdas fantasías de amor, mírate ahora y antes, mírate en un futuro. Nuestro tiempo acabó, al igual que nuestros compañeros, sólo seguimos un ciclo interminable.

—Yo jamás pedí ser un Perfecto. – gruñó molesta.

—Pero lo somos. – Sasuke estiró los brazos a los lados, miró el suelo y la devastación que estaban causando. —Hasta la luz tiene su lado oscuro, ¿No lo crees?

—Y la oscuridad su lado luminoso. – contradijo ella.

—Tú lo sabes, ¿No? Sabes por qué estoy haciendo esto.

—No, no lo sé.

—Por más de mil años hemos luchado para ver una verdad que es tan obvia. – empezaba a enfurecer. —Pero tú te niegas a creerla.

—Y lo seguiré haciendo, porque sé que podemos cambiar.

—¡Estúpida! – finalmente Sasuke explotó. —¡No eres más que una tonta! – una espesa oscuridad emergió de él. —Pero yo haré que cambies de opinión, esa siempre ha sido mi obligación. – juntó sus manos en una pose y comenzó a rezar en voz baja, Sakura supo inmediatamente que iba a hacer.

—¡Espera! – Sakura le apuntó con Exalibur.

—Zackel. – murmuró una vez que Sasuke terminó rezar, fue entonces que apareció un agujero de gusano y metió su mano en él, Sakura se detuvo de su embestida, ya no tenía sentido emboscarlo.

—Lo hizo. – musitó para sí misma.

—Acabemos con esto. – sonrió por debajo de su yelmo oscuro. Una enorme oz dibujó su sombra sobre el mundo de los vivos.

—El arma cuyo nombre se perdió en las escrituras de este mundo. La Oz capaz de aniquilar la vida de toda la tierra, el arma de destrucción más temible, Zackel. La auténtica oz de la muerte.

—Al igual que tu heredaste las armas de la virtud y el heroísmo, yo heredé las armas de la destrucción y la oscuridad. – batió un poco el arma y la hoja metálica de éste se hizo negra. —¡Filo negro! – movió una vez más el arma y como el reflejo de la espada de Sakura, esta fue capaz de cortar el aire y el suelo bajo sus alas.

—No pensé que llevarías esto a un nivel más alto tan rápido.

—En nuestra última pelea pensaba hacerlo hasta que Won intervino, por más de mil años lo he querido hacer, pero al igual que tú, yo también me plantee límites. Pacté con mis vidas pasadas que sólo usaría a Zackel en ocasiones que lo ameritaran, pero tú, mi dulce Eous, no eres más que una ocasión viviente.

—Ya no puedo razonar contigo.- emergió entonces de su mano izquierda un resplandor. —Espada que proteges la virtud, que peleas contra los injustos y los justos, ven a mí, de la sangre de mi enemigo; Kusanagi. – emergió pues otra arma legendaria en la historia de la humanidad, Sasuke y Sakura habían comenzado a penas y ya estaban por terminar, la salida a escena de sus mejores armas sólo era un indicativo de ello.

—He esperado mucho tiempo para que te decidieras a pelear enserio.

—Hagámoslo.

El choque en los cielos iluminó todo alrededor, como si dos centellas se hubiesen vuelto una poderosa súper nova, los habitantes de Giza se detuvieron en medio de su huida para contemplar el estruendo. Hinata casi tropieza al percatarse de ello y gracias a Naruto logró frenarse.

—¿Estás bien? – el chico parecía más preocupado por ella que por lo que pasaba a continuación.

—Naruto-kun, ¿Qué es ese fuego negro? – señaló entonces el Amataresu que se extendía por los alrededores.

—El fuego negro de la devastación, Amataresu. – susurró para sí mismo.

—¡Tú! – la voz de Hiashi volvía a llamarlos insistentemente.

—¡Padre, por favor retrocede! – pidió ella a gritos, mas su terco padre se negaba a escucharla; como siempre.

—¡Uzumaki! – tomó una ballesta y le disparó, Naruto se percató de ello y tomó a Hinata entre sus brazos para girarla rápidamente y esquivar el ataque.

—¡¿Acaso está loco?! – el chico gruñó más que molesto.

—¡Tú eres el causante de esto, no yo! ¡Hinata! – la llamó con más furia que antes. —¡Regresa conmigo en este momento!

—¡Padre, no entiendes, algo más allá de nuestra comprensión está sucediendo!

—¡No te atrevas a alzarme la voz!

—¡Oye, no me importa si eres su padre, no puedes gritarle así! – Naruto se paró frente a Hinata. Detrás de ellos el fuego oscuro se agitaba y les impedía el paso.

—¡Maldito seas! – se preparó para disparar nuevamente.

—¡No, padre! – la chica estaba inconsolable.

—¡Majestad, tiene que escucharme! – prosiguió Naruto. —¡Debe evacuar la ciudad entera, si no perderá más que el orgullo! – tenía que gritar pues las explosiones causadas por los Perfectos eran demasiado fuertes.

—¡No tengo por qué escuchar a mi enemigo! ¡Guardias, preparen armas! – tal como él pidió emergieron lanceros y arqueros, listos para liquidar a Naruto.

El joven resopló frustrado, no podían retroceder más, el fuego negro los había acorralado y negociar por parecía ser una opción.

—¡Padre, por favor, debes escuchar a Naruto!

—¡No quiero oír la voz de una hija traidora, debí pensar que estabas con ese joven por mero capricho y no por cuestión de vida o muerte, eres despreciable! – la desesperación de Hiashi era quien hablaba y pese a que Hinata se sintió herida, por un lado reflexionó que su padre debía estar terriblemente asustado como para pensar con claridad.

—¡No te ofendas a Hinata, viejo! – Naruto gruñó entre dientes.

—¡Arqueros! – llamó a su comandó y todos se prepararon para disparar.

—No cambiará de opinión. – susurró Naruto y se giró hacia Hinata, dándole la espalda al enemigo. —Lo siento Hinata, lo único que deseaba en este mundo era volverte a ver… lamento los problemas que he causado.

—Naruto-kun. – ella resistió la lágrimas y sonrió con ternura, le abrazó por el cuello. —Yo también, mi más profundo deseo era volverte a ver.

—Je, parece que nos parecemos más de lo que creí.

—¿Eso crees?

—¿Sabes, no me importaría morir en tus brazos? – lo dijo con una sonrisa, olvidándose completamente en la situación en la que se encontraban.

—Pero… qué cosas… dices. – tartamudeó y eso enterneció a Naruto.

—Ese maldito muchacho. – Hiashi no pensaba con claridad y pese al temor de su situación también era lo apresaba de una forma bestial un odio interno. —Quiero que apunten al muchacho, dejen con vida a mi hija. – le dijo sus hombres.

—Sí, majestad.

Las flechas volaron contra ellos y Naruto abrazó a Hinata con fuerza, preparándose para morir. Hinata sintió ese cambio y se aferró a él con la misma intensidad.

Su único deseo era que ambos estuvieran juntos. Quería ver a Naruto sano y salvo.

Se cumplió.

Una poderosa fuente de luz emergió entre sus cuerpos y su unión física se hizo espiritual. La fuerza de una onda poderosa protegió a los dos amantes cuan remolino y desvió las flechas que amenazaban con matarles en el acto. Los dos se miraron sorprendidos, pues habían sentido aquel cambió tan repentino.

—¿Qué demonios…? - Hiashi retrocedió asustado.

—¿Has sido tú? – Naruto parpadeó sin comprender.

—Bésame. – pero Hinata no pareció escucharle, se alzó hasta llegar a su barbilla y él le correspondió con amabilidad.

Sakura por otra parte, se quedó tiesa al contemplar la luz del Creador frente a ellos.

—Won. – murmuró con tristeza, olvidándose un instante de su situación actual.

—¡Filo Blanco! – Sasuke le atacó intempestivamente y dio de lleno en sus alas, el chico le atacó traicioneramente y le cortó las alas de un tajo. Sakura exclamó dolida al mismo tiempo que contemplaba la sangra en el filo de Uchiha y el espacio que los separaba conforme caía.

La tierra retumbó frente a los dos muchachos, cuando el primer Perfecto cayó. Sasuke por otra parte descendía graciosamente con el movimiento de sus alas negras. Sakura exclamó dolorosamente y se removió entre la sangra y la tierra, así mismo, alrededor suyo se juntaba aquel fuego infernal.

—¡Sakura! – Hinata se reconoció. Su voz llamó la atención de Malvolo, quien la miró un instante, pero luego perdió interés y se fijó en su mujer.

—¿Te ha llamado Sakura? – el soltó esto de forma irónica.

—No metas a los humanos en esto. – quería levantarse, pero una fuerza arrastrante la hacía seguir en el suelo.

—No lo haré. – le apuntó con la oz. —Zackel reclama tu sangre, la siento vibrar con anticipación, pero no le daré el gusto. – alzó su arma y la hizo desaparecer en una cortina de tinieblas.

—Bastardo. – Sakura le apuntó con Kusanagi. —¡Kusanagi, corta! – la espada se estiró cuan serpiente salvaje y apuntó directamente al cuello de Sasuke, quien se protegió del ataque con las garras que él había creado.

—¿Aún en el suelo te empeñas en combatir? – lo dijo con burla. —Creo que no ha sido suficiente dolor para ti. – se quitó de encima a la furiosa espada luego de mover su brazo y saltó sobre Sakura para tomarla del cuello, ella exclamó inquieta, pero no pudo hacer nada para quitárselo de encima. —Suelta esa patética espada. – le encajó una de sus garras en el antebrazo. Penetró en su armadura y la hirió, emergió más sangre y Sakura dejó salir una bocanada de aire comprimido. Kusanagi cayó al suelo, puesto que la chica perdió la capacidad para sostenerla.

—¡Malvolo! – Naruto se perturbó al verlo tan cruel. Mas el Perfecto no le escuchó, alzó el cuerpo de Sakura, quien ya no parecía moverse en defensa propia.

—Mi dulce Sakura. – apretó más su agarre y el cuello de la chica estuvo en un punto crítico para reventar. —Acabemos con esto. – le acercó una patada sobre el estómago por demás brutal y la mandó contra los jardines del palacio, fue nada menos que el gran cerezo el que detuvo su carrera.

La chica parpadeó un par de veces e intentó moverse. De pronto acá su armadura se sentía tremendamente pesada, serían todavía los efectos del filo blanco de la oz de Sasuke. De pronto los pasos pesados del muchacho la alertaron, ella estaba por demás desprotegida, se encontraba postrada contra el gran cerezo y la única forma de pelear era haciendo reaccionar aquella reacias piernas.

—Toda luz termina por caer en la oscuridad. – masculló Sasuke.

—¿Así es cómo terminará? – musitó Sakura. —¿Después de tantos años de guerra? ¿Sólo me cortarás el cuello y ya? ¿Si tan sencillo era, por qué no lo hiciste antes?

—Eres realmente molesta, ¿Sabes? – quedó completamente frente a ella y se inclinó para verla mejor. Sakura reaccionó y alzó a Excalibur para cortarle la cabeza, pero Sasuke tomó su muñeca antes de que pudiera completar su cometido.

—No importa que tan oscuro sea el panorama, la luz nunca dejará de luchar.

—Lo sé. – Sasuke le arrebató la espalda. Dejó que su cuerpo cubriera completamente al de Sakura, casi como si le abrazara. Sakura se quedó inmóvil, debajo de su yelmo su sonrojo tierno se asomó ante tal acción. Su mirada se entristeció y sin pretenderlo condujo su brazo sano hasta la espalda de Sasuke, acercándolo más a su ser.

—Me alegra que seas tú… quien me mate. – confesó ella, con pequeñas lágrimas en sus ojos.

—No. – la oscuridad desapareció y las facies de Sasuke se lograron apreciar entre su horrido casco. —No será así. – se apartó de Sakura, sus ojos se encontraron, ónix versus jade. —El ciclo es claro, la luz debe morir y quedar al último la oscuridad para que ésta también se extinga. Sin embargo, yo ya no soy completamente oscuridad. – señaló su pecho y miró con tristeza a su compañera. —Tu alma vive en mí, por eso. – Excalibur se asomó entre los dos, Sakura comprendió entonces lo que intentaba hacer.

—Espera… - quiso detenerlo, pero el peso de su cuerpo la había inmovilizado completamente. —No, no, espera. – ahora entró en pánico.

—Si yo muero, en ese instante tú lo harás, por lo tanto, si yo destruyo la luz de mi interior ambos moriremos. Estamos conectados más allá de su simple lazo de amor, Sakura. Ambos somos uno, yo lo sabía. En el momento que destruyera tu alma yo moriría… o por lo menos agonizaría hasta quedarme sin fuerzas. Cuando tú me apuñalaste destruiste el orden natural de las cosas, la luz no puede matar, sólo entregar vida, por ellos, si soy yo quien te mata entonces todo se restablecerá. – le tomó el rostro con cuidado, el yelmo de Sakura se desvaneció. —Ahora lo sé. – dirigió la punta de Excalibur a su corazón.

—¡No! – quiso impedirlo, realmente deseaba hacerlo, pero sentía una vorágine interna que intentaba reprimirla, como si la misma vida intentara respaldar a Sasuke.

Cuando la punta de su espada tocó su armadura Sakura colapsó, una espesa luz se apoderó de la espada y desvió su golpe. Sasuke exclamó cuando le fue apuñalado el lado opuesto al corazón, la sangre emergió de su garganta y junto a él Sakura se retorció con agonía. Ella también comenzó a escupir sangre.

El tiempo se congeló entre ambos. Sasuke se desplomó sobre Sakura, resistiendo el dolor.

—Estúpida. – gruñó, reteniendo las náuseas. La espada se desvaneció en miles de partículas de luz y se quedó un vacío en ambos.

—Lo siento. – se disculpó con lágrimas en los ojos. —Es sólo que… no quiero verte morir. – su voz era tan humana que conmovió a Sasuke. —Nunca quise.

—Lo sé. – el condujo su rostro al cuello de ella. Ya no tenía fuerzas para levantarse y mirarla a la cara. —Y yo nunca quise matarte… pero era mi deber.

—Cobarde. – ella sollozó, no sólo era dolor físico lo que sentía, sino también emocional.

—Creo que… jamás podremos matarnos el uno al otro, nos amamos demasiado. – concluyó Sasuke. —Lo he intentado… y he fallado todo el tiempo.

—Perdóname… por hacer tu deber más difícil. – musitó, lentamente su visión de borraba.

—Perdóname… por hacer el tuyo aún más. – él también se disculpó, cerrando los ojos, también se sentía muy cansado.

Ambos se quedaron sumergidos en su profundo sueño. Ante esto el Amaterasu desapareció en poco a poco.

Los habitantes de Giza dejaron de correr llenos de pánico, algunos más se escondieron. Los guardias del castillo se reagruparon, Hiashi dejó de temblar y volvió su vista a los dos jóvenes enamorados. Naruto y Hinata, tomados de la mano, prestaban especial atención a los alrededores, buscando a sus respectivos Perfectos.

—Vamos. – incitó Naruto, una vez que el fuego desapareció. Los dos corrieron si siquiera darle oportunidad a Hyuuga de detenerlos. Pasaron entre los escombros y ruinas de los jardines, hasta que finalmente se toparon con la imagen que esperaban.

Sasuke yacía de pie frente a Sakura, quien no vestía su armadura y sangraba de todas partes. El chico, sin embargo, todavía estaba vestido de aquella espesa niebla mineralizada en una armadura. No apartaba la vista de Sakura y pareciera como si murmurara algo entre dientes.

—Oh, no, Sakura… - Hinata se llevó una mano a la boca con angustia.

—¡Sasuke! – Naruto lo llamó, pero al momento de hacerlo el hombre le miró con ojos desencajados para después esconder su rostro en aquel oscuro yelmo. Se separó de Sakura con lentitud y pesadez, puesto que tenía gravemente herido su cuerpo. Avanzó hacia los dos amantes y éstos retrocedieron con temor. Naruto se colocó frente a Hinata, por si acaso.

Cuando este se acercó lo suficiente a ambos Naruto sintió un escalofrió, la imagen de aquel ser acribillado y cojo le causó un sentimiento de desolación abrumador. Ya de cerca, Sasuke era bastante alto y los dos le miraron hacia arriba con temor y respeto.

—¿Qué harás? – preguntó el rubio, con inseguridad.

Mas Sasuke no le respondió, le tomó del hombro con su garra y lo haló hacia él, la oscuridad los rodeó a ambos.

—¡Naruto-kun! – Hinata se sintió repentinamente fría al verlo lejos de ella.

—¡Hinata! – la voz del rubio desapareció repentinamente en una cortina de brumas y umbras. La chica cayó de rodillas ante la desapareció de su amado y retuvo las ganas de gritar de la desesperación. Pero entonces, escuchó el carraspeo de alguien más y recobro fuerzas para toparse con la imagen moribunda de Sakura, quien reaccionaba pese a sus terribles heridas.

—Sakura. – se acercó donde ella y tomó una de sus manos entre las suyas, el calor característico de la chica había desaparecido. —Oh, cielos, esto es terrible. – tragó saliva, por donde quiera que mirara sólo aparecía el color carmesí de la sangre.

—Hinata… - Sakura jadeó. —Lamento… lo que hicimos a tu ciudad. – tosió.

—No, descuida. – acarició su mejilla y le quitó de encima un mechón de cabello. —¿Qué… Qué sucedió?

—Nosotros… - Sakura cerró los ojos con afligida. —Finalmente nos encontramos. – le miro de nuevo. —Sasuke me encontró, otra vez.

—¿Sasuke? – ella tragó saliva. —¿Tu…?

—Sí, mi amante. – miró la luna, que se ocultaba en medio de la luz del amanecer. —La batalla final ha comenzado.

Y así, por los siglos de los siglos, en un ciclo infinito.

Continuará…

Sakura y Sasuke luchan como lo demanda la naturaleza. Pero parece que ambos siguen demasiados apegados como para matarse. Sasuke intenta mantener un orden natural y Sakura se niega. Además han salido a flote dos nombres nuevos: Won y Munan. Naruto y Hinata igual de enamorados, pero parece ser que las cosas no van del todo bien. Bien chicos, espero que les haya gustado este capítulo, hubo mucho acción si me preguntan.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.