Nos cedamus amori
Cuando terminó el evento todos los ganadores, se fueron a dar una ducha a sus respectivas ludus, Anakin, Quinlan y Obi-Wan, estaban pensando, claro que Quinlan no tenía en la mente a dos bellas dominas en la cabeza; pero Anakin, estaba pensando en las dos ocasiones en las que tuvo la oportunidad de contemplar a la mujer que más odiaba, pero que le atraía en todo el Imperio…..a pesar de ser la mujer más poderosa en Roma y que sin duda, podría hacer de él lo que ella quisiera, con tan sólo chasquear sus dedos; pero en cierto punto de su baño y limpieza, se dio cuenta de que con sólo mirarla a los ojos, no le importaría que lo hiciera, con tal de estar a su lado y servirla como la reina y diosa que es. Mientras tanto, Obi-Wan, seguía pensando en los ojos azules y llorosos de su bella dama, quien observaba cada movimiento suyo con dolor y sufrimiento, sobre todo, después del enorme daño que le hizo su separación de hace dos semanas; al principio, Obi-Wan, no tenía intenciones de continuar viviendo, sin embargo, al ver el sufrimiento de su amor, decidió seguir luchando y no rendirse ante su promesa, él dijo que lucharía hasta el fin del mundo con tal de recuperarla y a su amor y no pensaba retirar su palabra por una tonta pelea de gladiadores. Pero mientras todo volvía a la normalidad, el Emperador recibió carta de los tres reinos que le faltan por conquistar, Sicilia, Cartagena y Nápoles, enviarían a sus representantes del consejo, para intentar hacer negocios con su Excelencia.
- My lord – llamó uno de los guardias, quien traía el mensaje urgente – son cartas de Sicilia, Cartagena y Nápoles.
- ¿En serio? – preguntó asombrado, a pesar de haber conquistado las tierras, no han podido agregar a las tres naciones, dentro del Imperio, debido a que no han establecido contacto con los reyes de cada país – No hemos recibido noticias desde hace varios años ya – el soldado sólo hizo una reverencia y se retiró de la sala del trono de Palpatine.
- ¿Qué dice my lord? – preguntó uno de sus consejeros.
- Al parecer, un representante de cada país, vendrá a Roma para intentar hacer negocios con nosotros – dijo sorprendido, sin dejar de leer y releer las cartas, sin poder creer lo que estaba sucediendo, en quince años, jamás habían recibido buenas noticias de aquellas naciones, por lo general sólo eran réplicas de que hasta no encontrar a sus respectivos gobernantes, no podrían tocar ninguno de sus territorios – al parecer, ellos vienen en representación de todos los ciudadanos que no están de acuerdo con sus majestades y que piensan pasar el tiempo necesario en Roma y el Imperio, para poder encontrar una mejor solución y unirlos al Imperio finalmente – dijo sonriendo, su mente ambiciosa trabaja sin cesar, pensando en una alianza con esos países, Roma sería invencible.
- Ésas son excelentes noticias my lord – dijo maravillado uno de los concejales, Dooku estaba escuchando todo lo que decían, ya que hoy era su turno de hacer guardia en los pasillos de esa zona – finalmente el pueblo entró en razón.
- Pero my lord…. – se paró otro de los concejales - ¿y si es una trampa de ellos? No conocemos las tierras y mucho menos a su gente, ¿cómo saber que todo esto es un fraude y que tarde o temprano, nos terminarán destruyendo bajo nuestras propias narices?
- Le sugiero que no contradiga mis decisiones, consejero – habló serio Palpatine, odiaba que lo contrariaran a cada rato, él era Roma y por ello, todos sus súbditos debían respetar lo que él decía – hemos esperado esta oportunidad por mucho tiempo y no pienso desperdiciar esta nueva oportunidad, por simples suposiciones y temores, ¿quedó claro? – preguntó con imponencia y vanidad y el consejero, sólo se limitó a hacer una reverencia – Bien, los representantes llegarán en dos días, quiero que preparen un banquete de bienvenida en su honor y sobre todo, preparen tres habitaciones distintas, ellos serán mis invitados de honor – todos asintieron y se dispersaron después de que su Excelencia se retirara, Dooku se quedó pensando y decidió que tal vez pudiera haber algo extraño que pudiera arruinar al Emperador y quitarlo de una vez por todas, Palpatine ya se había excedido por mucho tiempo y su sistema no cambiaba para bien, porque arruinaba la vida de muchas personas, por lo cual, estaba decidido a descubrir el propósito de la visita de sus nuevos huéspedes.
(Mientras en los barcos que se dirigían a Roma)
- ¿Cuánto falta para llegar a Roma? – preguntó el rey Pietro, quien se encontraba observando al mar Mediterráneo en su atardecer.
- Llegaremos en un día y medio, su alteza – contestó un soldado llamado Taurus, uno de sus más fieles camaradas en su reino – 30 horas si el viento sigue soplando fuerte – terminó sus cálculos observando las velas – además, les estamos dando de comer mejor a nuestros hombres en los remos, para poder mantener un buen viaje y que no tengamos que deshacernos de nadie – Pietro asintió y se dirigió al mástil, dónde se encontraban sus nuevos aliados.
- Por más que intento, no puedo dejar de pensar en que los Dioses nos quieren atrasar en nuestra comitiva – dijo desesperado, cada minuto que tardaran, sería más tiempo en el que pudieran tardar en encontrar a su hermana, el príncipe Edmundo, se quedó a cargo de la seguridad de Sicilia junto con su consejo, Caspio dejó a su tío y general Lozano a cargo de su gobierno y Marina, dejó a su consejo vigilando cada intento de asalto por parte de los romanos.
- Ten paciencia, Pietro, recuerda que mientras más ansiosos, más largo se volverá el viaje – le contestó Marina, quien se encontraba sentada en una silla observando cada movimiento de la tripulación – además, la primera parte de nuestro plan ya quedó en marcha, Palpatine para estos momentos, ya debió haber recibido nuestras cartas.
- Lo que quiere decir, que su ambición por recuperar nuestras tierras volverá con ansias – intervino Caspio, que estaba recargado en la pared de las habitaciones, su esposa Susanna, hermana de Pietro, estaba dormida, ya que no la habían convencido de no venir – lo que significa, que tendremos que mantener ocupado al Emperador para mantener su atención en los negocios y no en nuestro plan de ataque.
- Ya sé….no me tienen que repetir el plan un millón de veces – dijo exhalando con frustración – sólo es que quiero llegar pronto.
- Entiendo tu ansiedad, Pietro, pero ser impaciente, no salvará a Lucinda antes de lo previsto – tomó una pausa y se acercó a él, para poner una mano en su hombro – recuerda que no sólo venimos a salvarla a ella, sino a todos los que son prisioneros de la arrogancia de Palpatine.
- Ahora, tenemos que tener cuidado, seguramente habrá hombres que sospechen de nuestras intenciones y que manden espías para vigilarnos – dijo preocupado, toda la noche, Susanna y él, estuvieron hablando sobre todas las posibilidades que pudieran estimar dentro de unos días – además, hay que tener cuidado con todos los bárbaros, no queremos intrusos en nuestro plan.
- Por esa razón, hay que asegurarnos de tener a nuestros mejores espías al tanto, también debe haber traidores hacia Palpatine, que busquen derrocarlo y que intenten disuadir a los germanos y árabes fuera del territorio romano – dijo Marina.
- También he pensado, que si encontramos a esos traidores, pudiéramos convencerlos de actuar en nuestra causa – comentó Pietro, quien los adentró a sus dormitorios para mantener la conversación en privado.
- Sí, pero tendremos que ser cautelosos, puede haber espías doble cara, no queremos poner riesgo a nuestro pueblo y menos, si Palpatine se entera de lo que planeamos – ambos asintieron y continuaron planeando sus nuevas tácticas – muy bien, como lo soberbio que son Palpatine y su hijo, seguramente querrán presumirnos cada detalle de lo que nos tienen que ofrecer, hay que estar atentos a todo lo que nos diga y enseñe, aprendernos los pasadizos que encontremos y buscar más aliados a nuestra causa.
- Estoy de acuerdo, Susanna y yo, visitaremos a los guardias y los estaremos observando y al mismo tiempo, trataremos de escuchar discretamente todo tipo de curias en sus respectivas zonas – Marina y Pietro asintieron de acuerdo.
- Taurus, estará encargado de reunir a nuestra gente, mientras una escolta me ayudará a recorrer la ciudad hasta los muros, será un trayecto bastante amplio…..por lo que será conveniente atrasar lo más posible las negociaciones, eso me servirá para determinar puntos clave de la capital – señaló las orillas que eran las fortalezas de la ciudad – en cada reunión con el consejo y su alteza, hay que dar explicaciones largas y concisas que nos lleven el tiempo suficiente para descubrir información importante.
- Yo me encargaré de ser la mujer tímida e indefensa, provocaré algunos disturbios en los pasillos tal vez y convenceré a las sirvientas de mantener a salvo a la princesa, ella debe de ser libre de las manos de Roma – en ese momento, entró Taurus y unos veladores - ¿qué sucede Taurus, Darío?
- Sus majestades, los dioses nos han concedido su bendición, llegaremos a tiempo como lo estimado – la cara de los reyes era de alegría y de triunfo – las otras tres embarcaciones, nos siguen el paso y dejamos descansar un poco a los remeros.
- Buen trabajo Taurus – felicitó Pietro a su capitán – mantengan el curso y manténganos informados igualmente – ambos oficiales hicieron reverencia y se alejaron cerrando la puerta.
- Bueno, por ahora, tenemos la suerte de nuestro lado – dijo Marina, quien veía la habitación de reuniones – con la bendición de Marte y Júpiter, todo saldrá como lo planeado.
- Sí…..pero aún tengo una inquietud, Marina – comentó Caspio - ¿cómo sabremos quién es el hombre destinado a ayudarnos? – inquirió intrigado, desde hace cinco semanas que no tenían idea de quién sería su colaborador sorpresa.
- Los dioses nos dirán quién es el indicado, caballeros, igualmente hay que tener paciencia – suspiró viendo al techo y se le ocurrió otra idea – lo que sí, es que tenemos que hacer una reunión con nuestros pueblos, hay que encontrar un lugar secreto, donde podamos reunirnos sin que nadie nos interrumpa y que podamos hacer acto de presencia ante nuestra gente.
- Hay que demostrarles que no los hemos abandonado y que muy pronto, saldremos de aquí con todos ellos – terminó Caspio, quien vio el mar por su ventana – la flota completa vendrá en un mes, tendremos que apurarnos para evitar que sea muy sospechosa nuestra partida.
- Para ello, encontré una ruta escondida, que nos permitirá pasar desapercibidos mientras todo el caos se desata – mostró otro mapa y les mostró un paso cerca de las montañas que llevan a otro de los puertos menos concurridos por los romanos – en cuanto lleguemos a Roma, mandaré a una escolta a que den una vuelta por esos rumbos y que me den un informe de la situación, en cuanto tengamos algo, le enviaré una carta a mis tropas para que lleven a esa zona nuestras y que en cuanto lleguen, podamos llevar a todos los prisioneros a los barcos y así escapar, mientras todo el mundo se encuentra distraído con lo que tenga que pasar.
- Por supuesto – contestó Caspio – esperemos lograr salvar a todos los que venimos a salvar y habrá que reconstruir las casas y cosechas destruidas – dijo pensando algo desolado.
- Edmundo ya está empezando la reconstrucción, en las zonas donde no hay tanta actividad, no creo que estén todas en un mes, pero tenemos lugar en las montañas, mientras se termina la recuperación de sus hogares.
- Por lo pronto, ya tenemos una buena parte nuestro plan en acción y ahora, lo único que nos es esperar y dejar que las cosas tomen su curso como siempre deben ser – terminó Marina recargándose en su silla, mientras Caspio les entregaba sus respectivas copas con vino tinto, uno de los más dulces en el Imperio.
- Sea pues….propongo un brindis por el éxito de nuestra misión y el rescate de nuestra gente de las manos de Palpatine – los tres alzaron sus copas al aire y las chocaron concordando con su aliado.
(Horas más tarde en el cuarto de Caspio y Susanna)
- Esposa mía, ¿qué haces despierta a estas horas? – preguntó Caspio al ver a su amada esposa despierta en la ventana, con un chal para cubrirse del frío; se acercó a ella y la envolvió en su abrazo al cual fue correspondido sin dudar – Creí que estarías dormida por ahora – confesó, durante todo el día estuvo revisando el barco y que no faltaran alimentos, se aseguró que sus tropas tuvieran en mente todas las indicaciones de su plan para el día siguiente en cuanto llegaran al puerto de la Ostia Antica, de donde irán a caballo por cinco horas hasta llegar a Roma, fue hasta ahora, que encontró un tiempo libre para él y su esposa encantadora.
- Me faltabas tú para dormir – respondió contenta de tener al hombre más encantador y honesto de todo el mundo, pero en su mente aún ansiaba el anhelo de recuperar a su hermana Lucinda – eso y no puedo dejar de pensar en mi hermana – al escuchar eso, Caspio la volteó y la abrazó para tratar de calmar a su amada.
- Susanna, te prometo que la vamos a encontrar – le dio un beso en la frente – hemos logrado mantenernos a salvo para llegar hasta este momento, mi amor – vio en sus ojos la tristeza de enterarse de una carta de sus hermanos que su querida hermana, había sido secuestrada por soldados romanos, mientras los tres intentaban esconderse y escapar de Palpatine; cosa que ellos tuvieron que hacer igualmente cuando el ejército romano tocó costas de Cartagena e invadió sus tierras – verás que en menos de lo que esperas la tendrás junto a ti y a tus hermanos de nuevo, la sacaremos con el resto de nuestro pueblo y volveremos a casa en menos de lo que pienses – ambos se sentaron en su cama para seguir conversando, Caspio cerró su ventana, ya que era una noche fría en el Mediterráneo.
- Lo sé Caspio, pero es mi instinto de hermana – rió ligeramente acurrucándose en el pecho de su esposo – desde que mis padres murieron, Peter y yo, somos los que quedamos a cargo de nuestros hermanos y pueblo y es mi deber asegurarme que ellos estén bien.
- Y por esa razón, Susanna, es que me enamoré de ti hace años – le dijo sonriendo, sin dejar de admirar el azul de sus ojos – el amor a tu pueblo y a tus hermanos, más que a ti misma, es algo admirable que me fascinó desde que te conocí, por eso tuve el valor de pedirle a Pietro permiso para cortejarte. Supe que desde el momento en que te vi, mi destino sería amarte para siempre y sólo eso, porque eres un ángel enviado por Venus y mi corazón es tuyo – Susanna no podía contener sus lágrimas y se puso roja por la confesión sincera y rauda de su querido compañero de vida.
- Me alaga su alteza – replicó con la misma respuesta que le dio hace años cuando se conocieron por primera vez – pero sólo le ruego a Juno que nos mantenga a salvo y que nos permita recuperar nuestra dignidad.
- Ya verás como es que todo saldrá bien y estaremos con Lucinda, todo el tiempo que requiera para recuperarse de este martirio – se dieron un tierno beso y después, Caspio se desvistió y se puso su camisa y pantalón para dormir, apagó las velas y se acostó junto con su esposa – mi tío y mi tutor, están a cargo de Cartagena mientras regresamos, sólo espero que nos los encuentren o sino a mi tío lo confundirán conmigo y me veré forzado a volver.
- No lo harán, ten fe, Caspio, este plan es el mejor que han tenido en años – dijo burlona, pero tratando de animar a su marido, quien le tomó su mano y entrelazó sus dedos.
- Oye…. – se quejó riendo, aunque debía admitir, que la mayoría de sus intentos de invasión, fueron todo un desastre, la primera vez, causando una fuerte discusión entre él y Pietro – y hablando de otros temas, no me has contado qué tal te ha parecido nuestra aliada, te he visto hablar varias veces desde que regresamos de Cartagena, para iniciar nuestro plan de ataque a Roma.
- Debo decir, que es una gran estratega, no he conocido a alguien tan planeador como ella, después de ustedes claro está, pero siendo mujer, sabe organizar los detalles con un hilo en una aguja.
- La verdad, es que a tu hermano, también le impresionó saber…..primero, que es una reina joven y en segundo, la capacidad que tiene para planear y de tomar decisiones, no es común ver a una mujer – cuando vio la mirada penetrante de su esposa, decidió darle el mismo crédito – la primera mujer que he visto así, eres tú mi reina, luego tu hermana y después ella – Susanna rió a carcajadas que sonrojaron a Caspio por su risa - ¿qué es la verdad?
- Lo sé, mi amor, por eso me encantas – le contestó entre risas – muy pronto lograremos recuperar nuestros sueños y esperanza, mi amor.
- Muy pronto – contestó sonriendo y ambos entraron en un profundo sueño abrazados.
(En la cubierta)
Marina se encontraba observando las estrellas, tomando entre sus manos un collar que le había regalado su mejor amigo de la infancia, un niño llamado Arias quien ahora es un soldado encubierto dentro de las tropas imperiales; aunque no lo ha visto desde que tenía 10 años, pero el sentimiento de tan sólo verlo una vez más, la ha perseguido durante toda su vida y ha guardado ese collar como su tesoro, un recuerdo de una amistad perdida y el comienzo de un nuevo amor, aunque ella no lo sabía en ese momento.
- ¿Por qué tan sola a estas horas, alteza? – Marina se espantó al momento de escuchar la voz de su nuevo camarada.
- Pietro – se quejó algo firme, sabiendo que él no era uno de sus amigos como para darle de golpes por asustarla así – tienes suerte de ser rey también, porque sino te hubiera dejado un ojo morado por eso; además, ya no hablamos de cordialidades ahora que somos aliados, ¿o sí? – le preguntó levantando una ceja.
- Lo siento, es sólo que te vi y me quedé intrigado – se acercó a ella y vio su pendiente en sus manos - ¿puedo? – preguntó señalando al collar y ella asintió para luego entregárselo – Es un collar bastante elaborado, ¿puedo preguntar de dónde vino? – le preguntó respetuosamente, no quería incomodarla, sabiendo que podía tratarse de un tema doloroso.
- Me lo dio un amigo de la infancia, cuando tenía diez años, antes de que mis padres murieran y que me convirtieran en reina – suspiró recordando el momento y el lugar donde lo recibió – su nombre es Arias, nos separamos hace diez años, él era mayor que yo, por lo que su padre lo mandó al ejército y no lo he vuelto a ver desde entonces; ahora está en Roma o es donde supongo que ha de estar, lo último que supe de él, es que el escuadrón donde él estaba, fue de los primeros que enviamos a Roma, para mantener vigilada a nuestra gente y mantenerlos a salvo lo más que se pudiera – terminó exhalando profundo y Pietro le devolvió su collar y ella lo aceptó devuelta.
- Lo lamento – respondió triste, sabiendo el dolor de perder a alguien importante, pero Marina sólo negó con la cabeza y le sonrió otra vez.
- He mantenido la esperanza de volverlo a ver, pero no sé qué esperar de verlo, aún recuerdo su rostro de joven, pero pues….los años pasan y los rostros cambian – se encogió de hombros y los dos miraron al mar concentrados – y cuénteme alteza, ¿acaso usted ya encontró a alguien que sea el objeto de sus afectos? – preguntó risueña, para ser un rey joven y apuesto, seguro ya debía tener a una enorme fila de pretendientes sicilianas esperando para que la escogiera.
- Jajaja – rió ligeramente – además de la gigantesca cola de damiselas de la corte, no…. – continuó sonriendo, mi corte sigue insistiendo con que debo casarme, pero es sólo que….no encuentro a la mujer ideal, ¿sabes? – ella asintió, comprendiendo lo que era tener que cumplir con su pueblo y sus obligaciones como rey y reina – Por suerte, aún tengo a mis hermanos, los cuales pueden suplirme en el caso de que pase de este mundo, pero no lo sé, es complicado encontrar a alguien con quien compartir tu trono, tu vida y tu amor sin involucrar los fines lucrativos o los intereses políticos de una relación.
- Lo sé – suspiró de nuevo volteando a verlo – mi consejo ya está desesperado por encontrar a alguien digno de Nápoles y de mi mano, pero como están la cosas, tengo la suerte de que puedo mantener mi soltería a salvo – respingó un poco – al igual que tú, estoy esperando a que llegué la persona indicada….pero si tenemos éxito en nuestro propósito, no sé por cuanto tiempo más, el consejo piense esperarme para encontrar marido, por eso a veces tengo miedo de regresar y aprovechaba lo más que pude el hecho de mantenerme oculta, sobre todo, respetaron mi edad cuando quedé huérfana y se esperaron hasta los 15 o 16 para empezar a insistir, pero pues yo no me siento lista, ¿sabes? Aún siento que no es ni mi tiempo ni las opciones que me dan tampoco – Pietro rió al ver la cara de aborrecimiento en sus ojos.
- Y ¿quiénes han sido sus pretendientes, alteza? – preguntó aún riendo.
- Me han presentado a una cantidad de pretendientes, que para qué te cuento – respondió girando los ojos – pero los principales que me acuerdo, fue unos terratenientes en los límites de Andalucía, nobles de algunas islas de Grecia y de Atenas, pero a Atenas no pienso ir, con el estado cambiante de clima, créeme que ya tengo más que suficiente con los desastres naturales que tenemos en Nápoles – rió y Pietro concordó con ella – también estaba la propuesta de mano de varios gobernantes egipcios, griegos y bla, bla, bla….la única propuesta interesante es de un mercader y abogado de Marruecos, pero aún así, él….él, no me convence del todo, para empezar es algo más grande que yo.
- Debe de ser un problema el tema de casarse para las mujeres, sin ofender, pero por como lo estoy oyendo y viendo de varios de mis súbditos y contigo, la mayoría de las mujeres se casan con hombres más grandes incluso que ellas – Marina asintió y resopló en el aire.
- Por esa razón, me atreví y me revelé contra mi consejo y los hice cambiar la edad en la que las mujeres debían casarse – dijo orgullosa – había niñas de 11 o 12 años que ya estaban casadas y con jóvenes de cerca de 17 de edad, entiendo que es la época de mayor esplendor, pero a mí no me gusta eso, porque así crecí y decidí que las mujeres tenían el derecho de esperar al menos, hasta los 17 años, para casarse, al menos, tienen algo mejor que hacer más que atender a hombres inútiles, a los que sí son inútiles, no todos – dijo antes de que Pietro pudiera replicar.
- Bueno – dijo con sueño – pues será mejor dormir, mañana es posible que lleguemos a tiempo y con suerte, descansaremos antes de ver a la cara a Roma en persona – dijo separándose del barandal y Marina concordó con él, para luego irse a sus respectivas alcobas.
(Al día siguiente en Roma)
Padmé y Shmi, estaban caminando por los largos jardines del palacio, ayer a pesar de la promesa de que la iba a llevar con Anakin, Palpatine y Paolo, la mantuvieron ocupada durante todo el día, después de la noticia del arribo de los representantes de las tres islas y después de que todo estuviera listo y arreglado, bueno, lo más arreglado que se pudiera para una bienvenida de improviso; por eso, ahora se dirigían a la ludus imperial para darle una visita especial al ahora gladiador, Anakin Skywalker.
- ¿Estás bien, Shmi? – preguntó Padmé a su dama, quien se veía muy nerviosa, más de lo acostumbrado.
- Tengo miedo, domina – le confesó temblando – ¿y si no me reconoce? ¿O si está molesto conmigo? ¿O si me olvidó?
- Un hijo jamás olvida a su madre, Shmi, en especial los hombres – dijo sonriendo para asegurarle que todo estaría bien y Shmi sonrió ligeramente, respirando profundo para aplacar sus nervios – vamos – y las dos continuaron su recorrido, hasta llegar a la entrada de la ludus, donde encontraron a Vizla entrenando arduamente con el gladiador Kenobi, suponiendo que era en castigo por lo que hizo hace dos días.
- Entrenador Vizla – habló firme y en voz alta para que Vizla le pusiera atención, ya que estaba muy concentrado en torturar a Kenobi.
- Princesa Padmé – habló casi ronco, después de dos días de castigar a Kenobi por su actitud en el circo y seis horas hoy, casi había perdido el habla de tanto gritar y exigir – qué gusto verla por aquí – hizo una reverencia y le ordenó a Obi-Wan que se retirara, a lo que él obedeció pero con mucho trabajo, ya que se veían muchos moretones y algunas heridas de látigo en la espalda, pero Padmé tuvo que ignorarlas para no causar un escándalo y provocarse más problemas con su suegro.
- Quisiera una audiencia con el gladiador Skywalker, hace dos días presencié su debut y quisiera verlo en persona – dijo firme dando pie que era una orden y no una sugerencia, sobre todo, no quería que él criticara que los esclavos no podían visitar la ludus sin la supervisión de su amo o ama.
- Por supuesto, my lady ¿algún tema en especial del que quiera hablar con él? – preguntó nervioso, no era muy común que la princesa viniera a esta zona, pero no podía negarse a sus órdenes.
- Ninguno en especial y no le diga de quién se trata, no quiero espantarlo – contestó firme y sin titubear, pero pensando en porqué no quería conmocionarlo si ni siquiera lo conocía.
- En seguida, my lady búsquenos en la salas de audiencias por favor – se fue apresurado buscando al joven Skywalker y cuando lo encontró, no se esperó a lo que estuviera haciendo y lo llamó de inmediato – oye Skywalker – le llamó la atención y Anakin volteó de inmediato, para evitarse problemas – te quiero en la sala de audiencias, tienes una visita – Anakin arqueó su ceja derecha, pensando en quién quería visitarlo y lo siguió en cuanto vio que su amo empezaba a caminar – tal parece que llamaste la atención de una dignataria importante Skywalker, no lo arruines – le dijo cuando llegaron a la puerta de la sala, lo hizo entrar y cuando cerró la puerta, giró los ojos aguardando a ver a su visita especial; en cuanto se abrió la puerta, vio que entraba a la persona que menos esperaba en su vida y se quedó boquiabierto al enterarse de que se trataba nada más ni nada menos de la princesa Padmé de Britania o como su apodo Padmé Amidala.
- ¡Domina! – dijo nervioso y asombrado, que se postró a sus pies y Padmé sintió sus mejillas arder, jamás había sentido que alguien la respetara con admiración.
- No…No te arrodilles, por favor – su voz era angelical y cristalina como el de una diosa y quería seguirla escuchando – yo soy la que vine a verte, además tú no esperabas mi visita, por lo que no es necesario que hagas eso – estaba asombrado, jamás había tenido un dueño que le hablara de esa forma, pero aún tenía el resentimiento de la separación de su madre y por convertirlo en esclavo.
- Es sólo que me sorprendió verla aquí, domina – ella se sorprendió de lo alto que era, también al oír su voz grave y segura, aunque nerviosa por tenerla enfrente, ella quería sentir esos fuertes brazos en su ser y sentirse protegida en ellos - ¿a qué debo su honorable presencia? – él no podía verla a los ojos, porque sabía que si lo hacía sus emociones estarían entrecruzadas, primero porque querría reclamarle el hecho de que hubiera permitido la conquista de su hogar y sobre todo, que durante quince años no ha podido ver a su madre, pero en el otro lado, sabía que podía y quería perderse en su mirada café que lo hipnotizó hace semanas.
- La pelea que hiciste, para empezar fue impresionante, nunca había visto a un aprendiz derrocar y ayudar a su oponente después de que le dieran misericordia – intentó calmarse, pero sabía que en su interior él la resentía por ser la esposa del heredero de Roma, quién no lo haría, incluso ella se arrepentía de esa decisión – pero no fue lo único que vine a hacer, junto a mí, estaba una de mis damas y ella está muy interesada en conocerlo – terminó su intervención y antes de que Anakin pudiera replicar, ella abrió la puerta y dejó pasar a la persona que estaba afuera y al ver quién era, sus ojos empezaban a agrandarse y a llenarse de lágrimas.
- ¿M..Ma..Madre? – comenzó intentando contenerse, pero era casi inevitable, mientras la mujer que le dio la vida se acercaba más a él; aún recordaba su rostro pero ahora, se dio cuenta de que él era incluso más alto que ella y se acordó de todas las veces en que tuvo que subir la cabeza cuando era un niño y ahora era al revés.
- ¿Ani…mi Ani? – alzó una mano empezó a hablar y como las palabras ya no salían, entonces ambos se abrazaron con fuerza, conmocionando a Padmé y hasta le sacó unas lágrimas.
- Te extrañé mucho, mamá – dijo llorando y todavía dentro de su abrazo, Padmé había quedado olvidada junto a la puerta, por lo que decidió sólo intervenir para retirarse.
- Les daré privacidad – anunció asustando un poco a la pareja de madre e hijo – cuando termines nada más me tocas para entrar por ti Shmi, te espero afuera – Anakin había olvidado que ella estaba también dentro de la habitación, pero era mejor ahora que tendría unos momentos a solas con su madre.
- Ani, ¡qué guapo estás! – Anakin se sonrojó pero sonrió porque no le importaba escuchar eso de su madre, a quién la extrañó con todo su ser – Alto y apuesto, eres igual que tu padre cuando lo conocí – dijo sonriendo y limpiándose las lágrimas con su mano libre - ¿dónde has estado? – preguntó queriendo saber de los últimos años de la vida de su hijo.
- He pasado por todas partes del imperio, mamá – le contestó sentándola en una de las bancas de la sala – me han pasado de dueño en dueño durante estos quince años.
- ¿Por qué te cambiaron tanto, hijo? – le acarició de nuevo el rostro, memorizando los nuevos detalles de su rostro.
- Desobediencia y rebeldía – respondió encogiéndose de hombros y su mamá negó con la cabeza, pero contenta de haberlo encontrado finalmente – pero últimamente he estado en Roma y apenas este mes, me vendieron a la ludus, porque mi último amo, le hartó que defendiera a mis compañeros de sacarlos de problemas, pero tú, ¿dónde has estado? He rogado todo el tiempo a los dioses, porque me ayudaran a encontrarte – le preguntó sonriendo de lado.
- Desde el día en que nos separaron, me trajeron con la domina como su regalo de bodas – recordó aquel momento triste de su separación y Anakin, se tensó con sólo pensar que su madre había sido un obsequio para la princesa que estaba afuera.
- Y ella…. – hizo una pausa, para tratar de no explotar de rabia - ¿ella te trata bien?
- Sé lo que estás pensando Anakin, pero ella no es lo que crees, la domina es una gran mujer y nos trata a todas con respeto y nos cuida como a nadie… - tomó aire, tratando de no pensar en todos los maltratos tanto físicos como mentales que le producen su esposo como su suegro.
- Y ¿entonces por qué no te ha liberado? – preguntó poniéndose de pie, agitado y molesto – Si es tan buena señora, ¿Por qué no ha considerado liberarte?
- Anakin, no digas esas cosas – le reprimió molesta, él no sabía lo que ella había sufrido por defenderla – tú no sabes cómo es su vida en el palacio….y ni se te ocurra tan siquiera mencionar lo que piensas – continuó antes de que él pudiera quejarse otra vez, dejándolo callado – además, ella sí nos ha liberado, nos sube el salario para que intentemos comprar nuestra libertad, pero la vida después de esclavo no es tan fácil, hijo mío….dime, ¿a dónde hubiera ido si la hubiera pagado? Nuestro hogar está destruido, el barco a Cartagena es más caro ahora y sobre todo, con qué otro dinero pudiéramos reconstruir nuestro hogar, créeme que por ahora, la vida de esclava, al menos me da alimento, techo y trabajo – en eso, Anakin lo pensó dos veces y se dio cuenta de que su madre tenía razón, él tampoco hubiera tenido nada si lograba escapar o conseguir su libertad.
- Lo siento madre – se disculpó avergonzado – es que te extrañé todo el tiempo y estaba desesperado por hallarte y sacarte de donde quiera que estuvieras – ella lo besó en la frente y asintió con la cabeza, limpiando sus lágrimas caídas – pero te prometo, que algún día, nos iremos de aquí y no seremos esclavos de nadie e iremos de vuelta a casa en Cartagena.
- Algún día, hijo – saboreó la palabra hijo, ya que había pasado demasiado tiempo sin haberla pronunciado – eso sería encantador – luego vio la hora y decidió que era tiempo de marcharse, antes de que sospecharan algo y culparan a su domina otra vez – bueno, será mejor que regrese con la princesa, no quiero meterla en problemas y ya tendremos más tiempo para ponernos al corriente – Anakin se quedó confundido, con la parte de meter en problemas a Padmé, pero decidió que ésa era una pregunta para después y le dio un beso en la frente y se despidieron, hasta la próxima ocasión.
Más tarde en la noche, una escolta de caballos, se aproximaban al palacio y Palpatine y su comitiva, los esperaban con ansias, cuando llegaron enfrente de ellos, se bajaron de su caballo y se fueron acercando lentamente hacia su destino y al hombre que les quitó todo. Los ahora disfrazados reyes, Marina, Pietro y Caspio, bajo los nombres de Benicio (Pietro), Ezio (Caspio) y Alegra (Marina), se dirigían a completar su misión, de engañar al Imperio y liberar a todos los prisioneros que fueron torturados por los romanos.
- Saludos, consejeros de Sicilia, Nápoles y Cartagena, Roma les da la más cordial bienvenida – hizo una reverencia ligera y los tres, con mucho trabajo, hicieron una reverencia más grande para fingir respeto ante su alteza.
- Gracias por su hospitalidad, su Excelencia – le contestó Marina, quien contenía su rabia al ver por primera vez, al monstruo que destruyó a su reino – mi nombre es Alegra Minerva Araceli Ayesha Coralia, una de los miembros del consejo mayor de Nápoles – era increíble que el máximo Emperador, le estuviera creyendo, sirvió haber vivido en el anonimato tantos años.
- Un placer, señorita.
- Yo soy Ezio Román Octavio de Cartagena, mi señor – ahora se presentó Caspio – y mi esposa Justina Malena Araceli, venimos en representación del rey y su gobierno – Palpatine hizo una reverencia, pero no dejaba de mostrar su superioridad ante el mundo.
- De parte de Sicilia, majestad, mi nombre es Gayo Benicio Antonio Emilio e igual que ellos, vengo a ofrecer un trato para llegar a un acuerdo con el imperio romano – fingió cada palabra, mientras Palpatine terminaba de saludar, Marina identificó a uno de sus soldados que estaba en cubierto y le hizo una seña con la cabeza, afirmándole que el tiempo de la venganza había arribado y que su reina, había cumplido con su promesa. Caspio hizo lo mismo con dos de sus soldados, que estaban cerca de los jardines y Pietro, hizo seña a su escolta para que buscaran a sus amigos en cubierto para que dieran el mismo mensaje a su pueblo; llegó la hora….Roma caería sin que ella se diera cuenta.
