Capítulo 7
"En el estacionamiento no había ni siquiera una planta rodadora para hacer chistes"
Desperté y tomé mis cosas. Dormir a la luz de las estrellas era lindo en las películas, pero la verdad es que el suelo era duro ¡Sin mencionar que desperté con tierra en la boca! Gus dormía cerca de mí como un Ursaring.
La primera hora pasó rápido y sé que el entrenamiento pokémon de cualquier forma es un trabajo rudo y todo eso, ¡pero no iba a verme como un vago todo el día! Así que tomé mi ropa y lavé mi cara en un ojo de agua cerca de nuestro campamento, cuando volví Gus dormía de lado.
La segunda hora no fue tan divertida, me puse a recolectar bayas para el desayuno y me persiguió un grupo de Beedrill enojados. Salté al ojo de agua y me quedé sumergido hasta que se aburrieron y se fueron. Cuando regresé, Gus dormía hacia el otro lado.
La tercera hora me aburrió bastante. Las bayas húmedas tenían un toque fresco y eran deliciosas, pero tenía tantas que simplemente no pude disfrutar de mi hazaña comiéndomelas todas. Para cuando Nap, Kou y yo estuvimos llenos aún había un gran montículo de frutos a mi alrededor por lo que, sintiéndome derrotado, acabé por guardarlas para después. Mi ropa se secaba al sol y Gus empezó a roncar.
Dediqué mi cuarta hora a jugar cartas. Había traído un pequeño juego donde las cartas tenían números de diferentes colores y tú debías poner en el centro una carta con el mismo color o número que la que había puesto el jugador anterior, podías cambiar el color que se usaba, evitar que alguien pusiera su carta una vez y hasta hacer que otro jugador tomara de dos a cuatro cartas de la el primero en quedarse con las manos vacías, Nap y Kou eran grandes oponentes pero no muy buenos perdedores.
Gus dormía boca abajo la quinta hora, así que me dediqué a dar un corto paseo con mis pokémon. Caminábamos tranquilamente cuando los Beedrill volvieron, mi primer instinto fue correr, pero me acordé que ahora no estaba solo ¡Ahora...podía...luchar! Nap y Kou parecieron entender mis intenciones y se pusieron en posición de batalla frente a mí, con el fuego de la determinación en sus miradas. Cinco minutos después corríamos de vuelta al agua.
Pasé la sexta hora en ropa interior, mientras mis dos atuendos y calzado se secaban al sol,con una pequeña fogata al lado para acelerar el proceso.
El aburrimiento en la séptima hora era extremo, no podía quedarme quieto por más de doce minutos, y que estuviéramos en la cúspide del medio día tampoco ayudaba mucho a mi paciencia. Por lo que, en vista de que ese Ursaring probablemente hibernaba, decidí adelantarme al pueblo y volver más tarde.
¡Floaroma era hermoso! Los olores llegaron a mí en el momento en el que pisé el lugar: las casas, los negocios, ¡el mismo centro Pokémon! Todo tenía macetas rebosantes de flores: en sus ventanas, al lado de sus puertas, en cada espacio vacío había flores. Compré miel en un negocio local, en una pradera algo alejada de la zona habitada. Me habían dicho que si esparcía miel en un árbol de hojas amarillas, algún pokémon podía venir, atraído por el aroma. Así que, luego de algunas indicaciones. salí al este, en dirección a la Planta Eólica y busqué (En realidad, tomé un autobús, sucede que ese día estaban ofreciendo visitas guiadas por la zona y el precio era un chiste ¡Incluso para un novato como yo!)
En efecto, el peculiar árbol, con sus hojas doradas brillando al sol, estaba ahí. La visita duró más tiempo de lo que tenia contemplado y terminé en medio de una explicación sobre turbinas hidroeléctricas, rodeado de una mezcla extraña de científicos y turistas. Al final me excusé y salí del edificio, con el argumento de que tenía que ir al baño (Tendría que dar un muy buen argumento si me encontraban afuera, viendo a un árbol raro).No tardé demasiado en "pintar" el tronco con el dulce líquido viscoso, luego me escondí detrás de una roca a unos metros y esperé.
Sólo esperé.
Nap abrió mis ojos lanzando su Burbuja en ellos, y antes de que pudiera reclamarle por interrumpir mi sueño de "Estoy tan, pero tan, pero tan aburrido que no tuve otra opción más que quedarme dormido", me señaló el árbol.
Frente a nosotros, un Cherubi lamiendo la dulce corteza. Su cuerpo era esférico y rosado, con una pequeña cereza creciendo de su cabeza, estaba distraído tomando todo el dulce que podía ¡Esa era mi oportunidad! Salté fuera de mi escondite como un resorte tensado y caí, duro (de no haber sido por el ataque de risa que le causé, se hubiera ido).
Me levanté del suelo y ordené a Nap usar Burbuja ¡No iba a dejar que se me escapara! El pokémon salvaje contraatacó liberando hojas brillantes de su cuerpo, que no solo reventaron el ataque de mi pokémon ¡sino que aunque se moviera, estas lo seguían! Finalmente acertaron en el blanco y Nap cayó.
Cherubi se rió por lo bajo, al ver lo torpes que eran los movimientos de su oponente en comparación. No obstante, el Piplup se levantó y la miró con el orgullo que caracterizaba a los de su especie. Le ordené usar Hidrochorro y el campo enlodado hizo a la frutilla resbalar.
—¡Ahora!—Nap se deslizó sobre su estómago y golpeó a su oponente con su pico, haciendo que perdiera el poco equilibrio que le quedaba y cayera sobre su espalda, incapaz de levantarse por no tener manos—¡Burbuja!—grité, indicando nuestro golpe de gracia.
Las pompas golpearon el delicado cuerpo del pokémon y, dado su ligero peso, lo hicieron volar unos segundos, antes de que lanzara una esfera rosada con sombras amarillas. La Sanabola se cerró y Cherubi quedó en mi poder.
—Gracias, gracias—dije, haciendo reverencias a un público imaginario. Nap me imitaba—¿Nos vamos?—dije, cuando terminé de agradecer al viento.
Kou dormía entre las rocas, ignorante de la captura que había tenido lugar hace apenas unos minutos, no quise despertarlo y lo devolví a su esfera. Entonces me di cuenta de la hora que era. Corrí a buscar el autobús que me había traído, pero era demasiado tarde. ¡Vacío! En el estacionamiento no había ni siquiera una planta rodadora para hacer chistes, así que fui todo el camino a pie y para cuando había vuelto a Floaroma sólo quería golpear a alguien en la cara, tuve que respirar hondo y volver al campamento con lo poco que me quedaba de fuerzas. Gus me esperaba con una fogata encendida.
—¿Tienes algo que decir?—me preguntó.
El golpe en su nariz fue la mejor respuesta que le pude dar.
