No te quedes solo

Sonaba el despertador a la misma hora de siempre, y por más que lo intentaba apagar, el maldito aparato seguía sonando. Lo más molesto para Echizen Ryoma era ser interrumpido de su profundo sueño por un ruido molesto causado por algo llamado despertador. En caso de que eso no funcionara, ahí se encontraba su entrenador, el conocido y famoso Samurai Nanjiro. quien se encargaba de despertar al tenista profesional en las mañanas para obligarlo a dejar las tapas.

Si el despertador era molesto, la presencia de su padre lo era aún más y con tal de sacárselo de encima, huía al baño con su caminata perezosa para así evitar seguir escuchando la escandalosa voz de aquel molesto hombre.

Había terminado de arreglar sus ropas después de tomar una ducha, costumbre adquirida en el extranjero, cuando algo le llamó la atención. Un centenar de autos acomodados en las afueras del hotel donde se hospedaba. Todos y cada uno con el logo especial de la policía, agentes encubiertos y seguridad por todos lados. El muchacho de ojos miel supuso que tanta seguridad se debía, quizás, a algún famoso que visitaba el lugar o quizás algún ente político. De una forma u otra, le daba exactamente lo mismo.

Cogiendo su bolso para salir a entrenar, tomó el ascensor que lo llevaría al primer piso. Fue ahí cuando se dio cuenta de la presencia de otra persona que se encontraba en el Lobby del hotel.

- Debes estar bromeando - dijo para sus adentros al ver la figura de la persona más molesta para el.

- No sabía que los mocosos también se hospedaban en hoteles de lujo.

- No tienes suficiente con el espectáculo que haces en tu casa, Atobe-san. - preguntó con indiferente postura Ryoma, quien se encontraba haciendo una panorámica del lugar.

- Sabes que me gusta lo llamativo - respondió Keigo - no solo eres el centro de la atención, mocoso.

- Che... podrías al menos respetar el sueño de los demás, eres muy escandaloso, rey mono.

- No te hagas Ryoma - dijo arreglándose el pelo elegantemente y con un dejo de sarcasmo agregó - Sé que se te mojan los pantalones al ver a Ore-sama en el mismo lugar que tú.

- Yo creo que ese es el efecto que causa mi presencia en ti, Rey mono – dijo esbozando una sonrisa coqueta.

Atobe iba a responder si no fuera por su mayor domo quien se acercó disimuladamente a él y le dijo

- Atobe-sama, los preparativos para la conferencia están listos, usted decida como proceder.

- Bien, iré enseguida – da la orden el de cabellos morados, pero algo pareciera molestarlo.

Observó como Ryoma se encaminaba a dirección opuesta cuando le dijo.

- ¿No observarás mi grandeza?

- No lo creo, no estoy tan aburrido como para perder el tiempo acá – respondió el tenista mientras seguía caminando hacia la salida dándole la espalda al millonario.

La conferencia estaba a punto de dar comienzo, todos estaban expectantes a lo que el menor de los Atobe iba a proclamar. Para Ryoma, esos asuntos no eran de su incumbencia, pero el simple hecho de que Keigo estuviera metido en aquel elegante hotel era algo que le llamaba la atención. Otra situación que también comenzó a molestarle era el exceso de gente que se encontraba en ese lugar. En realidad habían muchos periodistas, así como también gente de negocios y variados tipos de guardaespaldas, cosa que era obvio puesto que Atobe Keigo hoy en día ya era una importante figura tanto a nivel nacional como internacional. Había asumido hacia tan solo un año atrás como el líder y jefe de la compañía que lideraba su familia y ahora estaba a la cabeza de una de las familias más ricas de todo Japón.

Por supuesto que nada de esto le interesaba al joven tenista. Solo la pura existencia de Atobe era algo que captaba su atención, siendo que ellos tenían una historia aparte. El hecho de que Keigo hubiera salvado de una gran violación, era algo que Ryoma se lo agradecería toda la vida, aunque jamás nunca se lo diría, puesto que esto significaría para el tenista perder lo que le quedaba de orgullo y que por culpa del mismo Atobe ya no le quedaba mucho.

Estaba a punto de abandonar el Hotel cuando divisó a una pareja de jóvenes muchachos que les pareció familiares. Algo no estaba bien y eso lo dejó inquieto. Trato de seguirlos pero rápidamente la pareja de jóvenes casi de la edad de Keigo desaparecieron rápidamente de su campo visual. Hubiera sido quizás jóvenes periodistas y los dejaría pasar, pero aún así, Ryoma divisó que aquellos muchachos no llevaban nada más que un traje elegante. Se devolvió hacia el lugar donde se encontraba Atobe Keigo dictando la conferencia, mientras este respondía una serie de preguntas por parte de los periodistas. Echizen solo pensaba en observar y si veía que la situación proseguía en paz, se largaría de aquel lugar sin que el joven de cabellos lilas se diera cuenta, pero las cosas no salieron como el tenista quería y gracias a su aguda visión se pudo percatar de la amenaza que estaba por llegar a joven millonario.

- ¡Atobe, Cuidado! – gritó mientras subía al estrado para empujar a Keigo.

Un disparó logró golpear el estrado donde segundos antes se encontraba Atobe. Gracias al grito de Ryoma, los guardias de seguridad actuaron de inmediato protegiendo al millonario mientras que el otro grupo corría para buscar a los responsables. Hubiera sido una captura victoriosa, si no fuera por la cantidad de personas que se encontraban en ese lugar corriendo despavoridamente a causa del miedo que sentían al escuchar aquellos disparos.

Atobe y Ryoma fueron llevados inmediatamente a una habitación segura de categoría presidencial donde la entrada estaba custodiada por gente especializada en seguridad. El mayordomo se encargaba de que aquel lugar fuera adecuado para Atobe mientras Ryoma observaba sorprendido como lo atendía.

- Atobe-sama, coordinaré por mientras los vehículos de seguridad para llevarlo a la mansión en cuanto esté todo el perímetro seguro, ruego por favor tener un poco de paciencia.

- De acuerdo, esperaré. – respondió Atobe quien parecía tener una tranquilidad digna de un rey.

Al salir el mayordomo de la habitación, Keigo abrió el primer botón de su camisa y se sentó cómodamente en un elegante sillón que se encontraba en aquella habitación gigante.

- Deberías relajarte un poco, Echizen. No creo que los de seguridad permitan que te vayas tan fácilmente.

- Che… y yo que pensaba que iba a ser una mañana tranquila – respondió Ryoma apoyándose en la pared.

- Se agradecido chaval – comentaba con superioridad – tienes la dicha de estar con Ore-sama en una habitación presidencial.

- Me sentiría mejor afuera bebiendo un Ponta. – bufó Ryoma. Al escuchar aquella respuesta, Atobe se puso de pié y sacándose su bléiser de la más fina y elegante tela se acercó al menor invadiendo directamente su espacio personal, casi chocando sus narices atacando fieramente con la mirada.

- Si no te conociera mejor, diría que te sientes emocionado por pasar "un momento" conmigo a solas en una habitación.

Sin sentir congoja alguna, sin parpadear o incluso querer alejarse del millonario Ryoma responde.

- En ese caso, creo que eres tu el que se siente excitado con la idea de pasar un momento a solas conmigo. – el "jeje" que seguía no pasó desapercibido para Atobe

- No seas arrogante, Echizen, no eres irresistible – respondió el millonario con desdén pero sin alejarse del menor.

- Las ganas de metérmelo, se te notan a leguas, Rey mono. – continuaba su ataque verbal sin dar un pie atrás.

- Voy a ser que me supliques que te la ponga una y otra vez, mocoso

No pudo responder puesto que la boca del millonario se había apoderado de la del tenista cayendo preso en su trampa. No pasó mucho tiempo mientras la lengua de Atobe hiciera lo que quisiera con la de Ryoma. No se tocaban, lo único que hacían era besarse, lenta y seductoramente, pero esto no era impedimento para que el miembro de ambos se erectara. El simple hecho de ser besado por Atobe ocasionaba a Echizen un cosquilleo que nunca antes sentido. Esto estaba resultado ser muy extraño para él.

Atobe al darse cuenta, levantó su mano para llegar a la barbilla del menor y correrla mientras con su lengua traviesa comenzaba a explorar el lóbulo izquierdo del tenista, bajando por su cuello, mientras que con la otra mano, la pasaba por debajo de la polera para tocar el cuerpo bien formado del menor.

Un gemido bajito pronunció Ryoma al sentir la mano cálida del millonario recorrer su cuerpo, en especial sus tetillas. Sentir que hacia presión lentamente sobre ellas y jugar moviéndolas como perillas, era algo que lo comenzaba a excitar. Como respuesta Ryoma, quien se resistía a tocar a Atobe, apoyó sus manos en la pared mientras que con sus uñas rasguñaba el papel tapiz decorativo de la habitación.

- Ah… - otro gemido por parte de Ryoma quien sentía como la mano de Atobe jugaba con su miembro ya erecto.

Mientras Atobe volvía a devorar aquella boca, con sus manos despojaba a Echizen de todas sus prendas, en especial de los pantalones de buzo y boxers, dejándolo completamente desnudo. Al interrumpir aquel beso, Keigo lo miró a los ojos y observó lo excitado que estaba Ryoma, con una sonrisa triunfante, le dijo:

- Ahora comenzarás a rogarme…

- En tus… sueños… Atobe-san… - respondía jadeando pero sin perder su orgullo.

Se volvieron a besar mientras Atobe lo llevaba al baño de aquella gran habitación de hotel, lo posó frente al espejo y desafiante le dijo.

- Quiero que observes la cara de excitado que te gastas cuando te hago mío

- Ja…más… - se rehusaba a ceder. Cosa que aumentó la libido de Atobe quien gozaba con la situación, sacándose su camisa quedando con el torso desnudo.

Comenzó a morder lentamente la oreja derecha de Ryoma mientras con sus manos le acariciaba lentamente la espalda pasando sus dedos por los lados más sensibles del menor ocasionando que este temblara del placer. Posteriormente comenzó a morder y lamer la espalda del tenista mientras que con un dedo comenzaba a juguetear con su ano.

Las mejillas comenzaron a incendiarse mientras Ryoma recordaba lo bien que Atobe lo había tocado en el pasado cuando el estaba bajo el efecto de las drogas. Ahora que no existía tal cosa en su organismo, se preguntaba como podía excitarse tanto ante el tacto de aquel niño rico.

Atobe no se quedó atrás puesto que no penetró de inmediato con su dedo a Ryoma, sino que solo continuó bajando con su boca por la espalda de este, llegando hasta sus glúteos. Echizen podía sentir un hilo de saliva que iba quedando por su cuerpo, pero esto pasó a segundo plano cuando sintió pequeñas mordidas en sus glúteos. Estaba perdiendo la cordura. Acto seguido el de cabellos lilas masajeó con ambas manos las nalgas bien formadas de Ryoma mientras que con su lengua comenzaba a lamer el recto del menor. Este provocó otro gemido aún más deseoso y excitado en Ryoma. Tenía los ojos cerrados, mientras sentía como la lengua de Atobe jugaba con la parte más sensible de él, mientras que con una de sus manos, masturbaba el miembro del menor. El éxtasis iba en aumento, por lo que en cualquier momento Echizen sentía que su semen iba a salir disparado ensuciando todo a su paso. Pero Atobe al darse cuenta de aquello dejó de lamer y sin dejar de masturbar a Ryoma se puso de pie y susurrándole al oído le dijo

- Abre los ojos y observa tu cara mientras te corres gracias a Ore-sama.

El liquido pre-seminal comenzaba a salir, pero el millonario engreído no iba a dejar que la acción acabara, dejando de masturbar a Ryoma, comenzó a insertar sus dedos uno por uno en el ano del menor, este gemía aún más mientras Atobe sonreía triunfante

- Puedes parar este sufrimiento Ryoma, solo tienes que pedírmelo.- pero el tenista era demasiado orgulloso para pedirle tal cosa.

Otro dedo más que entraba y salía. Su desesperación iba en aumento, puesto que quería llegar al clímax y cuando pensaba que podía lograrlo, Atobe lo dejaba con ganas de aún más.

- Keigo… - por fin pronunciaba su nombre, estaba al borde de la locura.

Esta era la única señal que el niño rico necesitara, sacando sus dedos del ano de Ryoma, bajó inmediatamente sus pantalones y mirándolo a través de el espejo con su miembro erecto le dijo:

- Será mejor que lo lubriques, si quieres volver a sentarte durante el día.

Una petición inusual que Echizen no se demoraría en cumplir. Comenzó a masturbar con su boca el pene de Atobe mientas este le acariciaba el cabello indicando el ritmo de la mamada. Ambos estaban al limite de la masturbación por lo que después de un momento, obligó a Echizen a darse la vuelta y volver a mirarse al espejo mientras Atobe acariciaba sus muslos mientras lo penetraba lentamente.

- Ah.. Ah… duele….. – se quejaba Ryoma ante el encaje inicial.

Keigo solo cerró los ojos mientras levantaba más esos glúteos para penetrarlo completamente, el deseo se vino en aumento al ver que Ryoma comenzaba a babearse de la excitación. Las embestidas no tardaron en llegar, una tras otras, comenzaron de manera lenta para después ser rápidas y dolorosas, dolor más placer, eso era la diferencia, algo que solo Ryoma podía conocer, que solo Atobe podría lograr

- Me… corro… - anunció Ryoma.

El clímax fue logrado por ambos mientras Atobe acababa dentro de Ryoma, este ultimo ensuciaba el lavamanos y espejo que se encontraban al frente de él. Nuevamente Atobe lo había logrado, aunque haya sido durante el sexo, aunque haya sido por una fracción de segundos, podía apreciar cuando Echizen bajaba su defensa al máximo y mostraba aquella faceta que solo Keigo conocía, aquella que provocaba sentimientos que eran mucho más allá que una simple calentura y provocación. Sentimientos inexplicables existían en ambos, que solo con el tiempo les daría un nombre.

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No quería entrar a la habitación de aquel paciente. No era porque no le agradara, sino que era porque era demasiado especial para él, debido a la importancia que ese paciente representaba para la persona más importante de toda su vida. Se reprochaba por durante varios minutos antes de entrar a habitación, debía cumplir con su trabajo que tanto adoraba.

Al entrar, pudo observar como el abuelo de Tezuka sostenía en sus manos un pequeño libro. La misma pose que tenía el ex capitán del Seigaku, de inmediato se percató de quien la había heredado. Era exactamente la misma forma de sentarse, tomar el libro, levantar sus anteojos con el dedo índice y anular ajustándolos desde el puente de estos. Era como ver a Tezuka Kuminitsu en el futuro.

- Veo que ya se siente mucho mejor – acotó Fuji caminado hacia el anciano con su típico semblante sonriente.

- Debo agradecerte profundamente, Syusuke-kun – comentó el anciano antes de hacer una reverencia suave con su cabeza.

"Syusuke-kun", se le había olvidado por completo, que antes de que Kuminitsu se alejara de su vida, su abuelo, solía llamarlo por su nombre con mucho cariño. Esto le traía millones de recuerdos de su niñez, de sus innumerables partidos de tenis, de sus infinitos encuentros con Kuminitsu.

- No debe agradecer nada, usted sabe que siempre haré lo que esté a mi alcance para ayudarlos, Kunikazu-sama.

- Siempre tan noble, Syusuke-kun – acotó Kunikazu – tu esencia es algo realmente maravilloso, por algo te has convertido en un gran doctor.

- Sus palabras no son más que halagos, señor. – sonrió Fuji. Tomando su estetoscopio agregó – permítame revisarlo para comprobar que todo esté en orden.

Después de escuchar corazón del anciano por medio del estetoscopio se concentró en los resultados que cada maquina indicaba. Tal parecía que todo iba perfectamente bien, estaba anotando concentradamente en el historial cuando fue interrumpido por su paciente.

- Syusuke-kun, lamento interrumpirte – dijo el anciano.

- No me interrumpe, señor – sonrió Syusuke - ¿Necesita algo?

- ¿Puedo prescindir de tu tiempo, un par de minutos? – preguntó mientras con su mano izquierda indicaba una silla para que el medico se sentara.

Fuji obedeció en silencio tomando la silla por el mango y acercándola a la cama para luego sentarse y escuchar lo que Kunikazu tenía que decir.

-¿Sucede algo? – preguntó el castaño amablemente sin dejar de sonreír.

- Quisiera pedirte perdón. – explicaba el anciano. Esto llamó la atención de Fuji, pero sin dejar de estar tranquilo, preguntó

- ¿Perdón? – dudoso – Disculpe, pero en realidad no entiendo lo que quiere decir, Kunikazu-sama.

- Quiero pedirte perdón por permitir que Kunimitsu se fuera para Alemania dejándote en una condición delicada.

- ¿eh? - aquella respuesta no era la que esperaba, sin embargo no pudo gesticular ninguna palabra, su impresión era demasiado grande.

- Lo lamento mucho, de verdad Syusuke-kun – agregó el anciano – hemos hecho un daño irreparable tanto a Kuminitsu como a ti.

- No tiene… porque disculparse, las situaciones eran distintas en ese momento. – comentó el médico.

- Lo digo porque sé como es mi nieto – acotó el anciano

- Tezuka es una persona muy especial – dijo el castaño sonriendo con un semblante particularmente nostálgico.

- El muchacho nunca ha sido bueno para expresarse, creo que parte de eso es mi culpa – contaba el mayor de los Tezuka – Sus padres se han esforzado tanto para que nunca le faltara nada y creo que mi influencia lo ha llevado ser como es.

- Kuminitsu siempre lo ha admirado – agregó Fuji.

- Lo sé, es un orgullo tenerlo como nieto, él siempre fue mis ojos. – tosió un poco antes de continuar – pero el muchacho carece de la habilidad para expresar sus sentimientos, y eso, muchas veces puede jugarle en contra, puesto que hay ocasiones en las cuales uno puede perder mucho si no dice las cosas a tiempo. En especial, si no se lo dice a la persona a quien tanto quiere.

- Tiene razón – respondió el médico con un dejo de tristeza.

- Syusuke-kun, ahora que estoy viejo, entiendo muchas más cosas que antes, es por eso que de todo corazón te pido que perdones a mi nieto.

Ante la petición del anciano, los ojos de Syusuke se llenaron de lagrimas y con la voz quebrada le respondió

- No tiene porqué pedírmelo… - tragando saliva – porque sin que Kuminitsu volviera, yo ya lo había perdonado.

- No sabes lo aliviado que me siento – acotó el abuelo – entonces, ¿puedo pedirte otro favor?

- Diga .- aceptó el cardiólogo.

- Syusuke-kun por favor no dejes solo a mi nieto. Él es un buen hombre, tiene un corazón noble, es algo testarudo y muy reservado, pero en el fondo de su corazón él te quiere mucho. Tanto así, que el pobre nunca se pudo perdonar el haberse ido a Alemania dejándote acá.

Ante tal declaración Fuji apretó los dientes para tratar de contener las lagrimas, solo una logró escapar de tan contención, mostrándola delante de Kunikazu, limpiándola rápidamente Syusuke respondió

- No se preocupe, él no estará solo. –

No quería mentirle, ni tampoco decirle que era imposible cumplir con aquella petición, solo se limitó a decir aquella frase ambigua, dando a entender que él no lo abandonaría, cuando en el fondo Fuji quería decir que Tezuka no estaría solo porque, según sus pensamientos, Kuminitsu se casaría pronto con una bella mujer, quien le daría hijos y mucho amor.

Realmente debía descansar de tantas emociones vividas por los últimos dos días. Primero, el corazón se le iba a salir por la boca cuando sintió aquel apasionado beso de Tezuka el día anterior, sin contar que con esto estaba engañando a su "casi" pareja Shiraishi Kuranosuke. Segundo, la conversación con Kunikazu lo había dejado con más nostalgia que alegría, la petición que el anciano le hacía a Fuji, era algo para él, realmente imposible de cumplir, no porque no quisiera, sino porque Syusuke sentía que debía alejarse a Kuminitsu, no quería interrumpir con su compromiso, ya que esto era algo que la familia de Tezuka ansiaba con toda su alma. Estaba por retirarse, cuando una voz ronca lo sacó de sus pensamientos

- Fuji.-

- Tezuka – respondió sorprendido, casi asustado.

- ¿Pasó algo con mi abuelo? – preguntó con un dejo de angustia.

- No, no es nada – contestó inmediatamente para no demostrar su sorpresa.

- Que bueno – guardó silencio antes de conversar – Syusuke, perdón por lo de anoche… no debí… - pero fue interrumpido por el ojiazul.

- Existe una condición llamada el "aumento" – esto dejó descolocado a Kuminitsu quien le preguntó

- ¿De que… estás hablando?

- De tu abuelo – respondió al acordarse de algo – existe una condición que se presenta en los pacientes que están en estado terminal, se llama el aumento, esto quiere decir que les queda un golpe de energía antes de caer en un coma irreversible.

-¿Mi abuelo está en ese estado? – preguntó angustiado el de lentes.

- No lo creo, sus signos vitales están bien, pero de todas formas, lo mantendremos monitoreado durante todo el día – comenzó a caminar el cardiólogo – si ocurre algo, avísame cuanto antes – concluyó antes de desaparecer de la vista de Kuminitsu.

Aquella situación la había inventado, realmente no quería hablar ni del beso, ni de lo sucedido anoche, no quería hablar de eso porque sino tendría que explicar que aquello había devuelto el amor inmenso que sentía hacia él, que aquel amor jamás nunca había desaparecido, el hablar de aquel beso, lo obligaría a decirle o a rogarle que no se casara con una mujer, que se quedara a su lado, que se fueran juntos para Alemania, si así lo quería.

Mientras Fuji Syusuke intentaba poner en orden sus sentimientos o mejor dicho engañarlos, otra persona estaba tratando de hacer exactamente lo mismo, pero aquella era una paciente muy reclamadora que no dejaba de quejarse en su habitación. Mei Saburi, quien era una cantante famosa quien se escondía bajo la identidad falsa de Sakura Kou, estaba conversando por teléfono celular con un hombre quien era su jefe. Mei parecía molesta

- No es necesario que pongan a un doble, hoy mismo dejaré el hospital – respondió tratando de no perder la paciencia.

- No queremos comprometer tu salud – se escuchaba desde el otro lado del auricular.

- No la comprometen, tu sabes, mejor que nadie, que si se enteran de que no estoy dando el concierto, van sospechar. – comentaba en su defensa Mei

- Parece que ya saben – dijo el dueño de esa voz tan varonil.

- ¿Cómo que ya saben? – preguntó Mei - ¿Pasó algo?.

- Atacaron a Atobe Keigo en la conferencia de hoy en la mañana – comentó la voz del auricular.

- ¿Atobe Keigo, el multimillonario? – preguntó Mei

- Así es – respondía la voz.

- Maldición, tu crees que fue obra de los "Juu-ichi-Ni" – preguntó nuevamente la joven.

- No lo sé, pero no me sorprendería, en el lugar también estaba Echizen Ryoma, por suerte, ninguno de los dos salió lastimados.

- Entonces, eso quiere decir que van a atacar en cualquier momento. – agregó Mei.

- No lo creo, pero… de todas formas, necesitamos que te mejores bien, mientras tanto te quedarás ahí.

- Tokugawa, por favor, déjame volver al campo, ya me siento mejor.

- Esperaré el reporte de Oni, mientras tanto, cuídate. – iba a reclamar Mei, pero sintió que del otro lado del celular ya habían colgado.

Estaba realmente ofuscada maldiciendo en voz alta una cantidad inmensa de garabatos cuando fue interrumpida por una voz burlesca.

- Así que era verdad, a la niña holograma se le enfermó el corazón.

- Nioh-sempai…. Tan oportuno como siempre.

- ¿Qué te pasó Saburi?, te ves terrible, Pyon – comentó Nioh quien entraba a la habitación de la muchacha.

- Por lo menos no llegué vomitando sangre al hospital. – comentó burlescamente la joven.

- El llegar con un ataque al corazón no deja de ser menos grave – se burló aún más Masaharu - ¿dónde está tu perrito guardían?

- No es un perro y tiene nombre, se llama Oni Juujiro y no es mi guardián – respondió molesta.

- Vaya! Tanto te gusta el demonio ese que lo defiendes aún con una pequeña broma. – se burló el de cabellos plateados.

- Por lo menos soy honesta, no como OTRO que no le dice nada, por miedo. – respondió Mei haciendo énfasis en la última frase.

- Oye, oye, tú tampoco le has dicho a Oni, así que no me critiques. – refutó Nioh.

- Che… siempre sabes como salir de la situación, Nioh-sempai. – rió al ultimo la joven muchacha.

- De todas formas, Tokugawa debe estar con los nervios de punta, su mejor espía está hospitalizada. – comentó Nioh.

- Sus dos mejores espías – rectifico Mei.

- No, solo tú, a mi me dieron de alta hoy. – respondió triunfante Nioh – vuelvo con todo, baby.

- ¿y el tumor? – preguntó sorprendida Saburi.

- Tan estable como una bomba – rió Masaharu de su propia situación.

- Pobre Yagyuu-san, va a tener mucho más trabajo del que ya tiene. – lamentó Mei irónicamente.

- ¿Estás insinuando algo, niña holograma?. – miró de reojo Nioh.

- Para nada, Nioh-sempai, no es novedad para el departamento de criminalística que siempre Yagyu-sempai sufre de colon irritable cuando tú vas a tus misiones especiales haciéndote pasar por una maquina sexual. Teniendo el pobre que lidiar con la cantidad de informes que redactar y sin contar con el presupuesto limitado que tiene el departamento de policía en pagar moteles de mala muerte.

- Oye, por lo menos, los moteles no son tan caros. – defendió su postura Nioh – además, que culpa tengo yo, si me entregan la información necesaria, cuando las tengo montadas entre mis piernas.

- Que sucio eres, sempai – se burló Mei con una sonrisa – pobre Hiroshi, su amado no es más que un putillo de la policía.

- ¡Hey!, no te burles de él. De mí di todo lo que quieras, pero él no tiene nada que ver en esto. – regañó Nioh.

- Y después dice que soy yo la que salto a defender a "amado" por un simple broma. – se burló una vez más Mei.

- De todas formas, no creo que esa delicia de doctor que tienes te de alta muy pronto – comentó Nioh cambiando el tema.

- ¿Delicia de doctor?, ¿te refieres a Fuji-sensei? – preguntó curiosa Mei.

- Así es – respondió Nioh – así que te recomiendo que te quedes el tiempo que el lo estime conveniente, creo que ya te diste cuenta, pero no solo es una cara bonita, sino que también es muy perspicaz. Un paso en falso, y se dará cuenta de inmediato, en lo que andas metida.

- Nioh-sempai… no me puedo quedar más tiempo, Hoy en la mañana atacaron a Atobe Keigo, estaba Echizen Ryoma con él, no creo que haya sido una simple coincidencia. – comentó Mei.

- ¿Juu-ichi-Ni? – preguntó Nioh

- Kazuya piensa que sí, ya comenzaron a moverse. – agregó la muchacha.

- Que grupito de mafiosos tan molestos, deberían haberse resignado hace tiempo – hizo una mueca de desagrado Masaharu.

- Es por eso, que tengo que salir de este hospital, no quiero que Oni… - pero fue interrumpida por su querido sempai quien le dijo

- Oye, Oni Juujiro no es ninguna damisela indefensa, el tipo tiene tanta fuerza increíblemente brutal así como lo tiene de inteligencia, el sabrá que hacer. Deberías confiar un poco más en él.

- Mira quién lo dice – opina sarcásticamente Mei.

- La diferencia, es que yo confió en demasiado él, quizás… - comentó Nioh haciendo referencia en que no se refería a Oni exactamente en quien confiaba sino en su querido Hiroshi. Antes de retirarse de la habitación, haciendo un ademan con su mano derecha mientras que la otra la guardaba en su bolsillo se despidió – recupérate pronto, Sakura Kou.

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Al ver que su abuelo había recobrado toda la energía y volvía a hablar tranquilamente como siempre, no pudo evitar pensar en las palabras de Fuji

"Existe una condición llamada "el aumento" la cual se presenta en pacientes que son terminales y que les queda un golpe de energía final antes de caer en coma indefinido"

Antes de que Tezuka pudiera gesticular palabra alguna, su abuelo lo miró con ternura y le dijo:

- Hijo mío, acércate a conversar…

- ¿Cómo se siente, abuelo? – preguntó el tenista acercándose lentamente a la camilla con sumo cuidado le tomó la mano. El anciano respondió con una gran sonrisa.

- Muy bien, Syusuke-kun es muy amable conmigo.-

- No lo dudaría, ni por un solo segundo, abuelo. – agregó con una leve sonrisa Kuminitsu.

- Mi nieto querido… - Comenzó a hablar Kunikazu.

- Deberías descansar, abuelo – suplicó el más joven de la familia Tezuka, pero su abuelo haciendo caso omiso continuó.

- Kuminitsu, siéntate a mi lado, quiero contarte una historia. –

El menor de los Tezuka haciendo caso, se acercó a su abuelo y escuchaba atentamente lo que este quería decir. El anciano comenzó a contar un hermoso proverbio chino.

- Existían tres hermanos a los cuales se les dieron tres bolsas de oro para sobrevivir la temporada de hambruna. El primero de ellos gastó su oro para comprar semillas y así sembrar arroz, con esto duplicó su oro en muy poco tiempo. El segundo quiso ganar aún más y para ello sembró ciruelos y con esto triplicó su oro. El tercer hermano, recogió a todos los niños huérfanos que fueron abandonados por sus padres en la temporada de hambruna y gastó todo su oro en criar a todos esos niños huérfanos. Cuando acabó la temporada de hambruna, los cuervos ya no tenían cadáveres para comer, por lo cual acabaron con las cosechas de arroz y ciruelos, mientras que aquel hombre que crió a los niños, tuvo tantos hijos y nietos y fue proclamado padre de toda una nación. Si quieres vas a hacer algo, debes pensar para cuanto tiempo quieres hacerlo, si quieres lograr cosas que duren un año, siempre arroz, si quieres que dure por dos años, siembra ciruelas, pero si quieres que algo te dure para toda la vida, debes ayudar a una persona.

- Hermoso proverbio Chino abuelo, pero no entiendo que me quieres decir con esto.

- Tu sabes lo orgulloso que me siento de ti, eres lo que todo padre desea tener como hijo, y lo que todo abuelo desea tener como nieto, debo de haber hecho algo muy bueno en la otra vida para tener el privilegio de verte crecer y vivir a tu lado. Mi mayor orgullo y mi felicidad absoluta se reducen a ti, desde el primer momento que te vi cuando eras tan solo un bebe… mi vida y mis ojos siempre fuiste tú.

- Abuelo… - por primera vez Tezuka sentía que no podía hablar… su pena era muy grande, sentía que esta conversación con su abuelo sería la ultima.

- Quizás he sido un hombre de pocas palabras, pero hoy siento que necesito hablarte… - después de toser fuertemente continuó el anciano acariciando las manos de su nieto

- Mi querido nieto, es importante cumplir los sueños, lograr metas altas, ser el mejor, yo creo que todo aquello ya lo has logrado… pero mi niño, por más fama y dinero que tengas en la vida, eso no lo es todo. Una persona como tu no puede quedarse solo en esta vida…

Al escuchar aquellas palabras Tezuka abrió los ojos de par en par y le dijo a su abuelo

- Lo lamento abuelo, con respecto a la boda… yo no… - pero el anciano lo interrumpió diciendo

- Se que no te vas a casar con la muchacha que tus padres te han impuesto, hijo mío, yo no me refiero a eso… se perfectamente que ella no es la clase de persona por la que estás interesando.

-¿A que te refieres? – pregunta Tezuka confuso.

- Seré viejo pero no tonto – esbozó una gran sonrisa y mirando a Fuji por la ventana de la habitación quien se encontraba afuera de esta, continuó

- Te ha amado toda su vida, desde que estabas en primaria… cuando jugaban tenis, cuando ibas a leer libros a la biblioteca e incluso cuando ibas al hospital por la lesión en tu codo, te aceptó de vuelta la primera vez que te fuiste a Alemania, y ahora vuelve a tener la completa disposición para atender a tu viejo enfermo después de que te fueras por tantos años.

Tezuka no podría creer las palabras de su abuelo, tal parecía que él podía entender la situación a leguas, sin la necesidad de que existieran palabras para aclarar la situación.

- Entiendo que tu carrera es muy importante, ser el numero uno del mundo y todo lo demás… pero hijo mío, no te quedes solo, una persona tan buena como tú no debería caminar por esta vida sin la compañía de alguien, has tenido amigos muy buenos e incluso un poco desordenados, pero aún así, en esta vida no se puede vivir sin el amor de alguien, los seres humanos necesitamos el calor especial de esa persona que nos ama para ser felices, es una de las necesidades básicas en la vida, porque sin amor, las cosas se vuelven frías y sin importancia.

Kuminitsu sentía que sus ojos ardían y la vista se le nublaba debido a la cantidad de lagrimas que trataba de contener.

- Querido nieto, hijo mío… yo me voy a ir, pero antes de eso quiero que me prometas que no te quedarás solo… que aunque sea difícil, lo vas a intentar.

- No es tan fácil abuelo, el ya tiene pareja. – dijo Tezuka tratando de tragar saliva para no llorar

- Si los dos están destinados a estar juntos, se encontrarán al final del camino, aún cuando hayan tropezado mil y una vez…

Después de tan bellas y profundas palabras el anciano empezó a respirar mucho más lento, cerrando sus ojos y cayendo en un profundo sueño.

La alarma de la maquina que tenía controlado los latidos su corazón comenzó a sonar rápidamente, Tezuka se puso de pie y abriendo la puerta llamó a Fuji aterrado.

- ¡Fuji, ayúdame!, mi abuelo… -

Sin necesidad de que explicara la situación, Fuji corrió hacia la habitación y dio orden de que había una emergencia.

- Necesito un carro desfibrilador. – ordenó - Tezuka, lo lamento pero no puedes estar aquí.- indicó Fuji mientras hacia un ademan con su mano para que una de las enfermeras lo retirara de aquel lugar.

- Carga a 300 – Fuji tomó las paletas especiales y después ordenó – ¡Despejen!

Aplicó el golpe de corriente sobre el cuerpo del anciano, pero no obtuvo respuesta. Pasando las paletas especiales a una de sus enfermeras comenzó a hacer resucitación en forma manual haciendo compresiones sobre el pecho del anciano. Al ver que los preciados minutos pasaban sin lograr que el anciano se recuperara, el castaño volvió a ordenar.

- Carga otra vez 300 – esperó un par de segundos para volver a cargar la segunda dosis mientras Tezuka observaba por la ventana con lagrimas en sus ojos. Fuji al darse cuenta de la situación volvió a pedir lo mismo

- Carga otra vez 300, - esta vez una enfermera le dijo:

- Doctor, el paciente no responde.

- ¡Dije que cargaran otra vez la maldita maquina!

Continuó la resucitación hasta que el anciano recuperó sus pulsaciones, pero para esas altura, el daño que había recibido su cuerpo ya era demasiado, sin contar con la cantidad de minutos que su cuerpo había dejado de funcionar. Era evidente, Kunikazu Tezuka estaba llegando a su final.

Al no saber si el anciano deseaba que se conectara su cuerpo a una maquina, Fuji Syusuke no tuvo más elección de conectarlo a un ventilador artificial por segunda vez. Pero este caso era distinto, porque a medida que pasaban las horas, el cuerpo del anciano, poco resistía la maquinaria, por lo cual se detenía su corazón. Las siguiente cuatro horas fueron extremadamente cansadoras para el castaño puesto que estaba a la guardia de Kunikazu Tezuka, quien le daba ciclos de paros cardíacos ante los cuales Fuji tenía que volver a aplicar el resucitador artificial. Para Kuminitsu, el ver tal situación pasadas las cuatro horas, con angustia en su rostro se acercó a Fuji después de realizar la cuarta ronda de resucitador para su abuelo, y le preguntó con extrema angustia y tristeza.

- Ya van cuatro veces que lo has intentado resucitar – carraspeó para afirmar su quebradiza voz - ¿es normal el intentarlo reanimarlo tantas veces?

- Su corazón sufrió un daño severo. Mayor del que nos imaginamos – comentó Fuji – al ver que tu abuelo había respondido con éxito al tratamiento, no había forma de saber el porque una de sus válvulas cardiacas ya no está funcionando correctamente.

- ¿Es posible que salga vivo? – preguntó secamente Kuminitsu. Ante tal pregunta Fuji abrió los ojos, era evidente que no sabía como responderle a Tezuka, pero este al entender la difícil situación del médico le dijo

- Puedes decirme la verdad Fuji, no soy un tonto, puedo entenderlo. – ante tal respuesta Syusuke suspiró profundo y respondió

- No tengo forma de saber como reaccionará tu abuelo, Tezuka.

- Pero entonces dime… - con voz suplicante – ¿Qué es lo que sabes?

- No se si sabes… – comenzó a explicar el castaño – pero no estamos autorizados a quitarle el respirador artificial, puesto que Kunikazu-sama no dejó especificado si quería que se aplicara medidas extraordinarias, al no saberlo, cada vez que le dan estos ataques, el revivirlo con estos métodos hacen que su corazón y cuerpo sufran de manera significativa, sin contar que cada vez que lo hacemos, nos cuesta más tiempo que la vez anterior para volver a revivirlo. Esto causa que sus órganos internos comiencen a fallar debido a que la deficiencia de aire en la sangre es cada vez mayor a medida que su corazón se detenga.

La explicación que dio Fuji fue desgarradora y desalentadora para Kuminitsu, quien con un semblante cada vez más demacrado, triste y angustiado le dijo.

- Creo que es mejor parar.

- No es tan simple – comentó Fuji con extrema tristeza y con sus ojos rojos – no tienes que cargar con esto.

- Soy la persona que ha estado a su cuidado, además de ser un familiar directo. – respondió Tezuka sacando un papel de su bolsillo – el no quería vivir conectado a maquinas, lo dejó estipulado en esta papel.

- Tezuka… - quería decir algo para consolarlo pero no podía, le daba demasiada pena verlo pasar por esta situación.

- Desconéctalo de las máquinas, Fuji, - con voz quebrada – Si sobrevive, entonces sobrevivirá y si no, por lo menos, dejemos que descanse en paz. No lo torturemos más, por favor.

Si pudiera describir una situación difícil de abordar, Fuji Syusuke hubiera dicho sin pensarlo dos veces que esa situación era una de las más difíciles en toda su carrera como médico. Y es que al desconectar al abuelo de Tezuka sabía que significaba, el anciano no sobreviviría y esto podría desmoronar al de lentes. Verlo tan abatido y lastimado era algo que no soportaba, pero tendría que hacerlo, si que quebraba no podría ayudar a Tezuka, y aunque el no se lo pidiera, Syusuke había hecho una promesa, de no dejarlo solo. Al menos quería cumplir en ese sentido a Kunikazu.

Dio la orden para que las maquinarias fueran retiradas del cuerpo del anciano, solo dejaron conectada la maquina que marcaba las pulsaciones del mayor, para saber el momento exacto de su ida. Tezuka al terminar de firmar el formulario, se acercó a donde su abuelo y mientras Fuji terminaba de apagar el ultimo monitor, escuchó que Tezuka le preguntó

- ¿Qué debería pasar ahora?.-

- Sus pulsaciones comenzarán a bajar lentamente, esto va a causar que la alarma de este monitor suene, lo silenciaré. – explicó el castaño

- Hn- asintió Tezuka sin dejar de mirar la cara del anciano.

- Luego, verás que su respiración se volverá cada vez más lenta, hasta que ya no lo haga más…

- Entonces ahí será cuando… - pero el de lentes no pudo decirlo, le dolía hasta la garganta de tanta tristeza que tenía.

- Así es – respondió Fuji tratando de mantener serenidad – una vez que no haya ni pulsaciones ni respiración, será cuando se haya ido.

En ese momento comenzó a sonar la alarma del monitor indicando que las pulsaciones del anciano estaban disminuyendo considerablemente, al escucharlo, Fuji se acercó rápidamente pasando por el lado de Tezuka para apagar la alarma. Este seguía mirando detenidamente a su abuelo mientras intentaba no llorar. Fuji sintió que era momento para darle privacidad por lo cual pasando a su lado le dijo con tono bajo.

- Estaré esperando afuera, por si necesitas algo. – pero antes de siquiera dar un paso, Tezuka tomó su mano y con una mirada suplicante llena de lagrimas le pidió.

- Por favor, espera… no te vayas. – sin siquiera dudarlo Fuji se acercó a él respondiéndole.

- No estas solo, Kuminitsu. -

Ante tales palabras Tezuka le agarró fuertemente la mano y entrelazando sus dedos apoyó su rostro oculto entre sus cabellos en el hombro de Fuji al ver que su abuelo ya había partido a mejor vida. Syusuke correspondió a ese entrelazado de dedos, mientras que con su otra mano comenzó a acariciarle los cabellos al mayor. Miraba al techo respirando profundamente para no quebrarse y llorar puesto que ver a Tezuka, quien solía tener un muro indestructible, ahora en un estado tan débil y abatido era algo que llenaba su alma de tristeza, deseando desde lo más profundo de su corazón tener la capacidad para quitar toda pena que agobiara al de lentes.

- Lo siento Tezuka, hice todo lo que pude… - lamentó el ojiazul.

- No te preocupes, Fuji, el sabía que iba a pasar esto… y yo también… muchas gracias por ayudarme… muchas gracias de verdad… - dijo mientras se mantenía apoyado en el hombro del castaño. Este ultimo pudo percibir las calidad y disimuladas lagrimas del de lentes.

Esta escena tan conmovedora fue vista por casi todos en el hospital. Incluyendo a Shiraishi, Oishi y Kikumaru, quienes se acercaron al lugar al enterarse de lo que sucedía con el anciano.

No pudo resistir al dar la mala noticia. Luego de dejar a Tezuka con su familia, quien había llegado apenas supieron la noticia, Syusuke tuvo que salir del lugar inmediatamente, subió corriendo las escaleras de emergencia hasta llegar a la azotea. Era tan fuerte la tristeza que no pudo hacer nada más que vomitar en un tacho de basura que se cerca de puerta.

Después de limpiarse la boca con un pañuelo, se tapó ambos ojos con las manos para tratar de no llorar. Como no era posible aguantarse, comenzó a patear todas las cosas que quedaran cerca, fierros, palos, escobas, etc. Nada se salvó de la impotencia tan grande que sentía Fuji en ese momento.

Eiji, quien se enteró de la situación, subió a socorrer a la desesperación de su amigo, al ver todo tirado en la azotea se acercó a él. Fuji seguía actuando arrebatadamente por lo que casi lo golpea, pero en ese momento Kikumaru lo tomó de los brazos y comprensivamente le dijo

- Si quieres llorar, llora..

- ¡No, no quiero! – gritó Fuji

- Si quieres gritar, grita.. – Dijo el colorín

- No… no quiero… yo no… ya no puedo… Eiji… Tezuka…. Ya no quiero amarlo… -

- ¡No Fuji, ya no te hagas esto! – exclamó el muchacho gatuno – de ustedes dos, es Tezuka el que está más devastado.

- No puedo – con lagrimas en aquellos bellos ojos azules.

- ¡Si, si puedes! – exclamó Kikumaru agarrándolo firme por sus brazos – ¡eres mucho más fuerte que todo esto. Debes apoyarlo. Ayúdalo a enfrentar esta situación, apóyalo en su momento más débil, solo así estarás haciendo las cosas bien.!

Mientras decía aquellas palabras entrecortadas, comenzó a llorar. Esos ojos azules los mostró por un momento hasta que se nublaron de tantas lagrimas que caían mientras se arrodillaba y gritaba aún más fuerte. Kikumaru solo se limitó a abrazarlo mientras Fuji se perdía en su pecho gritando aún más fuerte.

Ninguno de ellos dos sabía que en la puerta de la azotea estaban siendo observados por Shiraishi y Oishi.

- Fuji… - pronunciaba su nombre mientras se daba cuenta de la realidad, todavía lo amaba. Corrección, nunca había dejado de amarlo.

Muchas veces pensamos que existen cosas malas en nuestras vidas, cosas tan simples como que te llame la atención un jefe, quizás hasta algún resfrío mal cuidado, una mala calificación, muchas de esas cosas que nosotros catalogamos como malas, realmente no les tomamos el peso, hasta que en algún momento de nuestras vidas, nos pasa algo realmente malo, algo que nos abate de tal forma, que no sabremos si el día de mañana podremos levantarnos.

Fuji estaba tratando de completar el formulario de desahucio del abuelo de Tezuka, trataba de escribirlo, pero le costaba de sobre manera, y es que escribir el apellido de Kuminitsu en un formulario de muerte, hizo que su alma se partiera en dos. Variadas veces respiraba profundo para no seguir llorando. Estaba por terminar todos los tramites, cuando vio que alguien le alcanzó un café caliente en el mesón de historiales médicos.

- Hiciste un buen trabajo hoy, debes estar cansado.

- Shiraishi… - se sorprendió al verlo por lo cual se disculpó de inmediato el Ojiazul – disculpa, no te había escuchado llegar.

- No te preocupes, aunque quisieras, no me hubieras visto de todas formas – respondió Shiraishi haciendo énfasis en lo que había visto, sentía que su relación con Fuji estaba llegando al final.

- Lo lamento… - se volvió a disculpar el cardiólogo.

- Ve a casa, Syusuke – sugerió Shiraishi alcanzándole el café y quitándole el historial de Tezuka Kunikazu – yo termino con el resto.

- Muchas gracias, Kuranosuke… - agradeció con todo el corazón Syusuke, tomando su chaqueta para abrigarse contra el frió caminó hacia la salida.

- Deberías decirle algo… - dijo de pronto Shiraishi antes de que Fuji se retirara del hospital - Realmente está mal, no creo que supere su perdida pronto, pero al menos, el que tú le digas algo, lo calmará aunque sea un poco.

Fuji Syusuke no respondió nada, solo continuó caminando con la cabeza agachada. Entendía a la perfección lo que Shiraishi quería decir, pero aún así le costaba asimilar todo, odiaba aquella situación, tenía a las dos personas que más quería e una situación realmente incomoda, ambos estaban sufriendo, aunque sean por situaciones distintas.

Al salir del hospital, se percató de que Kuminitsu estaba mirando hacia el cielo, mientras se mojaba con la lluvia que caía en ese momento. Fuji abrió su paraguas y poniéndolo bajo el mayor, le dijo.

- Deberías ir a tu casa, tu padre se encargará de todo.

- No tengo idea de que hacer, Fuji… - respondió el de lentes sin dejar de mirar a la nada. Su mirada era vacía, esto le partía el corazón al castaño por lo cual botó el paraguas al suelo, tomó con ambas manos el rostro del mayor diciéndole con firmeza.

- En el momento en que Kunikazu-sama murió, su rostro se relajó y al hacer esto, te diste cuenta de que su dolor y agonía desaparecieron por completo. Puede ser que en este momento no lo creas así, pero para mañana, eso te dará tranquilidad, y al darte tranquilidad, sabrás que hiciste lo correcto. ¡Aférrate a ese momento, Tezuka, aférrate como nunca antes te hubieras aferrado a algo, hazlo, porque lo que seguirá después, lo tendrás que enfrentar tu solo!.

"Es increíble como, a pesar de que no estés conmigo, tu sola presencia hace que mi corazón se tranquilice de tal forma, que aún cuando el mundo se destruya por completo ante mis pies, tú haces que un rayo de sol vuelva a aparecer"