Nuestra Dulce Aventura
La mejor soldado
- "¿Yo? ¿Ese río?" – Kagome no asimilaba que esas palabras estuvieran en la misma frase, obviamente si se lanzaba así como así, terminaría siendo arrastrada por la corriente y los rápidos de este no la ayudaban a tranquilizarse. Indiscutiblemente a fuerza bruta no iba a salir viva de eso. Empezó a ver las otras alternativas que tenía, las rocas tenían grandes distancias, por tanto era un riesgo saltarlas, además que su textura se veía muy lisa, pudiendo resbalar fácilmente. Observó por un momento el rostro de Inuyasha, que la veía con una sonrisa burlona pensando que no sería capaz pero ella no se daría por vencida, nunca mientras estuviese viva. Ya que no podía pasar sobre las rocas ni enfrentarse a la corriente, tenía que existir otro medio. Volvió a observar, tenía consigo el arco y la flecha, sólo eso no le servía de nada. Veía varios árboles, observó uno en particular que estaba bastante cerca del otro lado del río pero no podría cortarlo con sólo sus flechas, vio más allá, cerca de donde estaba, y sobre uno de los árboles había una soga, era lo suficientemente larga para pasar, el problema era como hacía. Al final decidió por ir hasta el árbol, la cuerda estaba a unos pocos metros más arriba, subió bajo la mirada incrédula y confusa de los demás, tomó la soga y de unos cuantos saltos volvió a bajar, tomo una piedra y la amarró a la cuerda, con un lanzamiento lanzó la soga y la roca se enroscó en una de las ramas del árbol al otro extremo del río. Tomó su arco y lanzó unas tres flechas que se clavaron cerca de la roca para darle un poco más de estabilidad al momento de ella pasar. Sujetó el extremo que le quedó de la soga y empezó a saltar las piedras sujetando de la cuerda para no caer, resbalándose de vez en cuando pero sin correr peligro alguno. Después de usar movimientos de gimnasia que ni siquiera sabía que podía hacer, llegó a la otra orilla, respiraba entrecortadamente por el esfuerzo pero logró sonreírle arrogante y triunfalmente a Inuyasha, el cual le devolvió la sonrisa pero sarcásticamente.
- Muy bien. – Dijo sin emoción. - Siguen ustedes pero no podrán usar la técnica de él. Así que verán como hacen. – Ordenó Inuyasha.
Kagome se sentó al otro lado de la orilla mientras veía aburrida como sus compañeros luchaban por llegar hasta donde estaba ella. Inuyasha veía en silencio como los otros soldados buscaban maneras de llegar aunque no le ponía mucho cuidado a ellos pues fugazmente veía a Kagome de vez en cuando y sonreía imperceptiblemente mientras recordaba el ingenio de la joven. Sí hubiera nacido hombre, hubiese sido bastante útil en la guerra por su astucia, pero no, ella era una mujer, por tanto, tenía que hacer que se fuera, tendría que ser duro para que se rindiera en su entrenamiento antes de librar verdaderas batallas. Por lo menos en teoría, eso debería impresionarla y ahuyentarla.
Luego de unas horas, todos lograron pasar, él que quedaba era Inuyasha, esta vez, todos lo observaban con mucha atención ya que querían ver como era la verdadera forma de pasar y no la técnica difícil y desesperada de ellos. Inuyasha al captar el silencio, suspiro fastidiado y a paso firme se acercó al río, observó como las corrientes arrastraban todo a su paso, miró el suelo por debajo del agua y calculó mentalmente. Kagome lo veía, ya sabía que él iba a pasar sin ningún tipo de truco y en realidad no le extrañaba que lo hiciera a fuerza bruta pues el tamaño de sus músculos, sobretodo el de sus piernas revelaba que eso no sería ninguna hazaña para él.
Inuyasha respiró hondo y se echó al río, cumpliendo la suposición que había hecho Kagome. Pasó el río a paso firme, mojándose todas sus ropas haciendo sonrojar momentáneamente a Kagome por el espectáculo que le estaba brindando. Cuando llegó al otro extremo del río observó como todos los miraban atónitos, menos Kagome, que su mirada más bien parecía de otra cosa, aunque no descifraba que era. Los soldados se pararon inmediatamente del suelo, Kagome los imitó y esperó que lo siguiente no fuese tan difícil para poder descansar después. Inuyasha prontamente se paró al frente de ellos, haciendo marcar su ropa lo que se podría decir un poco más, Kagome desvió la vista y un leve rubor se mostró en sus mejillas. Esto no pasó desapercibido por Inuyasha, el cual sonrió arrogantemente mientras empezaba a explicar.
- Muy bien, ya que todos lograron pasar, ahora lo siguiente será el entrenamiento pero al ver que les costó tanto llegar al otro extremo, no tendremos otra opción que trabajar poco hoy pero por seguridad, lo primero que harán será derrumbar ese árbol. – Dijo señalando un árbol que se encontraba detrás de ellos y que su altura delataba que se podría usar como puente para cruzar el río al momento de regresar.
- Y…capitán, ¿cómo se supone que lo haremos? – Cuestionó Kagome.
- Averígüenlo. – Avisó Inuyasha con una sonrisa de falsa amabilidad.
- Eso imaginé. – Respondió Kagome devolviéndole la falsa sonrisa.
Los demás empezaron a mirarse preocupados ya que sus armas eran sólo flechas, sería imposible con eso ya que para rematar el árbol era bastante robusto. Kagome mantuvo la expresión serena mientras veía a su alrededor y calculaba las posibles opciones. Sí no podían cortar el árbol, tendrían que arrancarlo del suelo pero eso era un problema ya que las raíces se veían bastante firmes. De un momento a otro veía como los hombres se abalanzaban contra el árbol intentando derrumbarlo con su fuerza bruta. Kagome los miró con lástima ya que eran unos completos idiotas si creían que eso iba a funcionar. Luego tuvo una idea.
- ¡Hey! – Los llamó.
Todos voltearon para verla, incluyendo Inuyasha que la observaba expectante.
- A ese paso jamás pondrán derrumbar el árbol, sus raíces son profundas. – Explicó tratando de hacer entrar en razón a esa gente. – Se necesita una fuerza mayor, por tanto, hay que tratar de desviar el río. – Avisó señalando el río.
- ¿Y cómo lo haremos? – Preguntó Shippo incrédulo.
- El árbol está en toda la orilla, sólo necesitamos remover la tierra que se encuentra por detrás de él, así parte del río lo empujara, y con la fuerza de ustedes podrá tener más posibilidades de caer. – Explicó observando como Inuyasha la veía sorprendido por su astucia, había caído en la conclusión que de verdad quizá por su ingenio podría ser bastante ventajosa para la guerra. Los hombres se miraban unos a otros tanteando la situación y cayeron en la conclusión de que le harían caso.
- ¿Y con qué palas? – Volvió a inquirir Shippo.
- Usemos como los palos, las ramas de esos árboles. – Explicó señalando unos árboles que se encontraban cerca y que eran mucho más pequeños que el que tenían que derrumbar. – Podemos amarrarlos a piedras más o menos finas que abundan en el fondo del río y para ello, usaremos esta cuerda. – Expresó mostrando la soga en sus manos.
Todos asintieron mientras los más robustos se dirigían a arrancar las ramas y los demás a buscar algunas piedras en las esquinas del río.
Kagome hizo cálculos con la longitud de la soga y empezó a cortar pedazos más o menos uniformes con la punta de una de sus flechas. En eso se le acercó Inuyasha que antes de hablar se aseguró de que nadie pudiese escucharlo.
- Sí fueras hombre, hubieses podido tumbarme el puesto de capitán. – Dijo burlón.
- Supuestamente soy hombre a sí que estaría en todo el derecho, además, como te darás cuenta, tus métodos para dejarme mal parada no funcionan. – Contestó en el igual tono burlón.
- No tengo apuro. – Respondió encogiéndose de hombros. – No eres infalible y puede que tu condición de mujer pueda darme una que otra ventaja al momento de hacer que te rindas. – Declaró triunfal.
- Pues, tendrás que tener bastante suerte con eso porque se te va a hacer difícil. – Le contestó.
- Lo dudo. – Dijo para luego darse media vuelta e ir a supervisar a los demás hombres.
- Engendro del mal presumido. – Masculló entre dientes mientras cortaba la cuerda imaginándose que era el cuello de él y sonreía cínicamente.
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Sango se encontraba practicando duramente con la espada. Sesshomaru no había dejado de enviarle más y más contrincantes alegando que aún le faltaba práctica. Pero sospechosamente para ella, todos los vencía, así que ese comentario no tenía validez, podría lucir debilucha pero eso no le quitaba habilidad. Aún así, se encontraba cansada, la espada que le habían dado, que por cierto no había sido de muy buena calidad, se encontraba bastante deteriorada por tanto uso, además de que su cuerpo parecía que le pesaba el doble, definitivamente no le agradaba a su general, que irónicamente ese hecho le daba fuerzas para poder seguir peleando al mismo ritmo, ya que ella no se iba a rendir tan fácilmente. En medio de una pelea, llegó Miroku, no pudo escuchar lo que le dijo a Sesshomaru pero este mandó a parar su actual combate. Sango suspiró aliviada ya que su contrincante le llevaba cierta ventaja.
- Kurosaki, ven aquí. – Ordenó Sesshomaru.
Sango sin protestar se acercó a ellos.
- Has probado que eres capaz de mantener resistencia, lo que es lo verdaderamente importante en un espadachín. – Le dijo mientras Miroku la observaba en silencio.
- Gracias Señor. – Contestó Sango haciendo un ademán con la cabeza.
- Por eso has sido escogido para acompañar al general Houshi. – Empezó a explicar mientras veía como Sango desviaba la vista a Miroku. – Tú y Jakotsu Niwa van a ir con él. Ustedes son los más hábiles que hay por el momento y son necesarios. – Terminó por decir para luego retirarse y dejarla con Miroku.
- ¿Quién lo diría? Una mujer es la más hábil del grupo. – Pensó Miroku en voz alta.
- Y el otro es un eunuco. – Le contestó Sango con una sonrisa triunfal.
- ¿Qué? – Miroku enseguida volteo a verla, esa noticia le había caído como un balde de agua fría.
- ¿Soy necesario? – En ese momento llegó Jakotsu y había interrumpido la conversación de esos dos. Pero aún así fue recibido por Sango con una sonrisa y por Miroku con una mirada incrédula.
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Kagome ya había terminado de amarrar y darle forma a las palas improvisadas y junto con los demás, excava la tierra que se quería remover. Inuyasha la veía entre sorprendido y resentido pues la joven lo que tenía de hermosa lo tenía de terca y astuta. Algo que específicamente no le ayudaba. Luego de otras horas, lograron hacer que el río golpeara el árbol. En ese momento todos exclamaron sonidos en señal de alegría. Kagome sonrió y observó para ver cual sería su siguiente movimiento.
- Muy bien, ustedes. - Les dijo a la mitad del grupo. – Van a empezar a golpear el árbol con todas sus fuerzas tomando como dirección el otro extremo del río. Los demás, aguarden unos metros río abajo, de manera que al desprenderse el árbol, si rueda, ustedes lo sujeten para poder acomodarlo. – Explicó mientras veía como todos le hacían caso sin protestar.
- ¿Y tú que vas a ser? – Le preguntó Inuyasha a Kagome desde atrás. Ella sólo volteó para verlo.
- Yo supervisaré todo. – Le contestó segura.
- ¿Y no es ese mi trabajo? – Le cuestionó burlón.
- Fíjate que sí pero todo lo planeado fue idea mía. – Se defendió con una voz sarcásticamente dulce.
- Muy bien, te la dejo pasar por esta vez. – Le contestó mientras se alejaba y volvía su dorada mirada a los soldados que estaban golpeando el árbol.
De un momento a otro, el árbol se desprendió completamente y todo lo que predijo Kagome se hizo realidad. El árbol rodó y los hombres que se habían quedado esperando lo sostuvieron. Los demás fueron en su ayuda y alinearon el árbol, formando así el puente y cumpliendo la misión. Kagome sonrió orgullosa de su ingenio e Inuyasha la observó con cierta chispa de ternura. Todos empezaron a gritar alegres mientras algunos le daban las gracias a Kagome.
Luego de ello, Inuyasha se acercó a ellos, les pidió que lo siguieran y así lo hicieron, luego de un largo trecho, llegaron a un valle, allí habían varios blancos y algunos proyectiles en un extremo.
- Muy bien, ahora va a empezar el verdadero entrenamiento. – Avisó Inuyasha mientras se daba media vuelta.
Kagome se sintió sumamente tentada a protestar pues no había comido nada desde la mañana y por la posición del sol, calculaba que sería por lo menos la mitad de la tarde. Inuyasha observó como ella frunció el seño y se alegró internamente, eso podría ser símbolo de que se rendiría rápido. Pero Kagome le dio otra noticia, pues sin chistar, tomó su arco y flecha y se puso en posición de ataque a unos cuantos metros lejos de uno de los blancos, los demás la imitaron, haciendo caso de las órdenes de su capitán. Tomó una de sus flechas y apuntó, cuando soltó el arco, la flecha dio en todo el centro. Inuyasha se sorprendió de que ella hubiese captado cual era su error tan rápido pues cuando él la corrigió, fue que se dio su encuentro en el fuerte, no dándole chance de procesar la información según él. Kagome volvió a hacerlo y nuevamente dio un golpe certero. Definitivamente la muchacha tenía una habilidad mental bastante desarrollada, concluyó Inuyasha. Luego de alrededor de una hora, Inuyasha mandó a parar su actual entrenamiento.
- Ahora…- Empezó a decir a los soldados mientras veía que había captado la atención de todos. – Colóquense en parejas, haremos otro tipo de entrenamiento. – Anunció.
Kagome rápidamente buscó a Shippo, el cual aceptó ponerse con ella alegremente. Posteriormente, cuando todos se habían organizado, Inuyasha ordenó que cada uno tomara uno de los sacos que se encontraban amontonados debajo de uno de los árboles. Todos hicieron caso y tomaron cada uno de los sacos. Luego se volvieron a organizar para escuchar las siguientes órdenes.
- Van a alejarse considerablemente de las demás parejas. Son libres de escoger entre los dos cual será el primero, uno lanzará al cielo cada uno de los proyectiles que hay en los sacos para que el otro los atraviese con sus flechas, una vez que se acaben todos las municiones, intercambiarán papeles. – Avisó.
Luego de que todos hubiesen empezado, Inuyasha observó como Kagome le daba a todas las tablas que eran lanzadas, porque básicamente eso eran, tablas de madera con un centro blanco que fue pintado con cal. Tenía habilidad, no era una técnica perfecta pero era considerablemente buena en eso. Al momento de cambio, observó que Kagome con todo si tenía más o menos fuerza porque lanzaba bien y él joven al que le tocaba disparar lo hacía bien, no tenía ningún error.
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Miroku ya había reunido a todos los que necesitaba que estuvieran dentro del cuartel de entrenamiento, sólo le faltaban los de Inuyasha. Ya había buscado a Sango y Jakotsu con Sesshomaru, había escogido a Kohaku de su propio grupo, el cual manejaba una arma un tanto rara, se asemejaba a una hoz pero en vez de un palo tenía una cadena y su forma correcta de usar era lanzándola. Pero a pesar de su extraña forma, era bastante útil y el joven que la usaba era hábil. De Sango y Jakotsu no se podía quejar, pues ambos eran buenos espadachines a pesar de que como las personas elegidas para la misión, no le agradaban del todo. Los cuatro se encaminaban hacía donde debería estar Inuyasha, llegaron al río y se alegraron que hubiese un tronco. Los cuatro pasaron de una vez sobre él haciendo que el árbol crujiera por un instante. Sin embargo, no le pusieron la mayor atención y terminaron de cruzar. Luego se encaminaron hasta donde estaba Inuyasha, al verlo, Miroku fue el primero en llamarle.
- ¡Inuyasha! – Gritó mientras continuaba aproximándose a él y veía como el susodicho volteaba.
Al ver tanta gente, se extrañó pero aún así fue al encuentro de su amigo.
- ¿Qué pasa Miroku? – Preguntó extrañado.
- Se han hecho un cambio de planes por petición del rey.- Avisó Miroku.
- ¿Qué? – Preguntó incrédulo.
- Ya no te corresponde guiar el entrenamiento pues fuimos relevados de ese cargo. – Empezó a explicar mientras veía como Inuyasha fruncía el seño. – Hay una nueva estrategia que desconozco en detalle pero al parecer podría impedir que se diera la inminente guerra, ahorita estoy buscando los mejores miembros de cada grupo pero creo que si elegimos dos del tuyo no será necesario molestar a los demás generales.
- Pero… - Inuyasha empezó a mascullar cosas inteligibles, bueno, uno que otro insulto se le entendía imaginando que serían dirigidos a Inu no Taisho.
Luego de unos segundos, se volvió a calmar. Se dio vuelta y observó a sus soldados. En realidad la mayoría eran mediocres y a pesar de que le costaba admitirlo, Kagome era uno de los mejores soldados. Sonrió irónico ante ese descubrimiento decidiendo que tendría que escogerla o sí o sí. Después empezó a observar a los demás, no había santo por quien rogar, por tanto habría que ver uno más o menos aceptable. Observó al joven pelirrojo con el que se había puesto Kagome, tenía buena técnica, mucho mejor que la de los demás, así que lo escogió. Fue hasta donde estaban ellos para decirles.
- Ustedes dos. – Les dijo haciendo que estos pararan su entrenamiento para observarlo. – Han sido escogidos para una nueva misión, son los mejores soldados que hay y son necesarios. – Dijo despectivamente para ver como una sonrisa burlona surcaba los labios de Kagome.
- ¿Quién nos ha elegido? – Inquirió Kagome sabiendo que había sido él pero sólo era para hacerlo sufrir.
- Yo. – Respondió secamente.
- Bueno, Inuyasha, entonces ya está anocheciendo, ¿volvemos todos juntos? – Preguntó Miroku detrás de él ya que lo había seguido para ver cuales eran los elegidos.
- Muy bien. – Contestó seriamente. - ¡SE ACABA EL ENTRENAMIENTO! ¡REGRESEMOS AL CASTILLO! – Bramó Inuyasha para luego darse media vuelta y empezar a caminar.
Todos lo siguieron incluyendo Kagome y Shippo, los cuales observaron que sus amigos habían sido elegidos también, alegrándose internamente. Al momento de llegar al río, Miroku junto a Sango, Jakotsu y Kohaku pasaron primero, todos de una sola vez, luego fueron Inuyasha y unos cuantos hombres. Así sucesivamente pasaron todos, luego quedaba el último grupo por pasar, donde se encontraban Kagome y Shippo. Lo hombres pertenecientes al grupo de Inuyasha avanzaron dejando a los demás atrás, los que se quedaron esperando a que todos pasaran fueron Inuyasha junto con Miroku y su nuevo grupo. Cuando el último grupo tuvo que pasar, Kagome quedó como la última, todos iban gateando sobre el tronco y sintieron como el tronco empezaba a partirse mientras crujía, se escandalizaron pero siguieron lo más rápido que podían, todos lograron pasar pero al momento en que Kagome tenía su mano a unos centímetros de la tierra para poder apoyarse en algo, el tronco se partió en dos completamente, haciendo que Kagome fuera arrastrada por la corriente. Un grito ahogado se logró escuchar, uno que sólo podía emitir una mujer dejando atónitos a Shippo y Jakotsu por ese descubrimiento. Sobretodo porque Inuyasha disipó sus dudas.
- ¡KAGOME! – Gritó para luego echarse al agua para tratar de alcanzarla. Los que se quedaron en la orilla miraban confundidos a Miroku y a Sango que lucían preocupados.
Inuyasha nadaba a favor de la corriente mientras veía como Kagome era arrastrada unos metros más adelante. Ella logró verlo a pesar del movimiento de los rápidos. Intentó llamarlo pero sus gritos se ahogaban en el agua que le entraba por la boca al momento de abrirla, en un movimiento brusco, su cabeza dio con una de las rocas perdiendo totalmente el conocimiento. Inuyasha logró verlo e intentó ir más a prisa, para su suerte el cuerpo inconsciente de Kagome se había atascado entre unas rocas, lucía peligrosamente pálida mientras el agua chocaba contra su delgado cuerpo y un hilo de sangre corría alrededor de su mejilla. Inuyasha al momento de agarrarla, la abrazó contra sí, y se sujetó de las rocas, observaba que la orilla no estaba tan lejana, entonces con Kagome en un brazo, logró subirse a las rocas y de allí saltó hasta la orilla colocándose debajo de Kagome para que esta no se lastimara más. Al tocar tierra hizo una mueca de dolor por el impacto pero inmediatamente volvió a observar a Kagome, la sangre había cesado de correr. Tenía una pequeña herida por detrás de su cabeza que era tapada por el húmedo y desordenado cabello. De un momento a otro, ella empezó a toser, dándose vuelta y empezando a vomitar agua. Su tez se había vuelto muy lívida. Luego de terminar de devolver toda el agua, abrió sus ojos y observó como a su lado estaba Inuyasha, no entendía que había pasado pero al momento de intentar preguntarle, se desmayó.
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Bueno, aquí está el capítulo, agradezco todos los reviews que me han dejado y pido disculpa por el retraso pero es que la pereza es algo que me ha atormentado últimamente, xD. Bueno, espero que el capítulo haya sido de su agrado y que me dejen su opinión. Sayonara.
