Disclaimer: Si Harry Potter fuera mío, éste drabble aparecería en el quinto libro. Échenle un vistazo, no está: no poseo ningún poder sobre esa historia.

Género: Drama/Romance.

Rating: Quitando la conjugación del verbo "gemir", apto para todos los públicos.

Palabras

Algunos opinan que no hay nada peor en el mundo que la soledad. Otros, que la injusticia nunca debería haber sido engendrada. El dolor, la crueldad, la intolerancia… todos esos términos serían los que cualquier persona usaría para establecer qué debería desaparecer del planeta.

Remus, en cambio, opina que son las palabras.

Sí, las palabras pueden ser dulces, inocentes, sencillas y profundas. Pueden esconder mundos tras sus letras, prometer universos y entregar almas. Las usamos cuando nos encontramos o relacionamos, para expresar lo que sentimos. Cuando estamos enamorados, incluso inventamos nuestras propias palabras. A base de palabras se escriben canciones, poesías, novelas, obras de teatro, frases que pasan a la posteridad. Con ellas construimos palacios (que tal vez existan, tal vez no), sueños e ilusiones.

Pero tienen otra cara. Esa oscura, que los optimistas evitan ver y aquellos pensadores descubren sin casi dificultad. Por esa cara hay mal en el mundo, existen guerras y maldades.

Porque las palabras también pueden ser duras, ofensivas, agresivas, decepcionantes. Hacen daño cuando quieres y, cuando no, también. Las palabras pueden desilusionar, porque no recibes el universo prometido. Por ellas se traiciona, se miente o se saben más verdades de las que deberías. Las palabras destruyen los sueños con una facilidad casi increíble, te hacen caer de la nube que con tanto empeño construiste. Generan disputas, malentendidos y, cuando uno pretende arreglar las cosas, solo las empeora.

Las palabras son traicioneras y, ya lo dijo un sabio en su día: cortan más que las espadas.

Es por eso que Remus (quien sabe usarlas como ningún otro), a veces prefiere guardárselas. No dice "me encuentro mal" cuando se encuentra, no da explicaciones cuando es a su moral a la única a la que se las debe. No pregunta si sabe que no va a recibir respuesta (o que esta no le va a gustar), también evita usarlas en sobremanera con determinadas personas (para no crear castillos en las nubes que después él mismo destruiría).

La gente lo tachaba de callado. Simplemente, era previsor.

Entonces, llegó Sirius (cambiando su mundo, su forma de vida, los cimientos de su existencia). Lo invadió, marcó su territorio e hizo promesas de no irse nunca.

Remus cambió. Con Sirius a su lado, sentía la necesidad de hablar. Demostrar todas las palabras que sabía mientras le contaba su vida, sus fantasías, sus esperanzas. En una perpetua intimidad lo compartían todo, desde la broma más absurda hasta el más profundo pensamiento. Por primera (y tal vez única) vez, dijo "te quiero". Explicaba lo que no necesitaba explicación, sacaba conversaciones absurdas por el simple hecho de escucharle (su voz rugosa, atrayente, sensual y simplemente adictiva). Preguntaba -"¿qué te pasa?", "¿estás enfadado conmigo?", "¿por qué cojones has hecho eso?"- cuando sabía (con casi total certeza) que no recibiría respuesta; incluso se volvió algo masoquista (al mostrar especial interés en aquellas cuestiones cuyas contestaciones no le gustarían). Le dejó construir un castillo en su mente, ayudándole a poner las piedras.

Remus siguió siendo callado para el mundo pero, para Sirius, no tenía nada que ocultarle. Se hizo una persona distinta, olvidando sus principios. Pasó a ser un Merodeador, una voz (la de la conciencia), alguien importante en la vida de otra persona. Pasó mucho tiempo solo pero siempre hubo un "hola, Sirius" en sus labios para darle la bienvenida.

Llegó un momento en el que todo cambió, de nuevo.

Una noche se miraron, de esa forma que sólo ellos conocían. Sin que nadie se lo hubiese dicho, ambos supieron que era el final. No sería como Azkaban (doce años que, por amor, cualquiera soporta), sino un final de aquellos en los que el guapo protagonista muere, dejando su legado a su mejor amigo, o su hijo.

(Pero su mejor amigo había muerto hacía tiempo y su ahijado iba a estar relacionado con ese final. Ambos lo sabían y sólo quedaría Remus)

Esa misma noche, ninguno cenó. Recibieron miradas extrañadas del resto de sus compañeros de la Orden y alegaron cansancio cuando subieron a su habitación.

(Una sola habitación)

Entonces Remus se rompió, sintiendo en su interior una maligna presencia que le repetía "te lo advertí". Su castillo se rompía, Sirius se iba a la guerra y no volvería. Ninguno dio Adivinación en Hogwarts, pero estaban completamente seguros.

Volvió a tener pavor a las palabras (y su amigo lo comprendió, sin pedir explicaciones). Aquella noche no hablaron, ni se despidieron; hicieron lo que mejor sabían hacer: magia - y amarse.

Remus odia las palabras porque asfixian, matan y te obligan a darte cuenta de que será la última vez que digas "adiós" (y que no habría un "hola, Sirius" tras eso). Por eso prefiere no hablar –tan solo gemir-, porque así parece más lejano y eso te ayuda a seguir vivo.

(Aunque realmente estés muerto, porque tu esencia se la llevaron tras un velo)

Esa noche, Remus lanzó un libro por la ventana –en el número 12 de Grimmauld Place-.

(Y nadie supo por qué)

Pero era un diccionario.

Notas de la Autora

Sé que hace tiempo que no actualizaba este fic pero, ya saben, la teoría del caos es mi base para escribir. Este drabble está completamente dedicado a Idune (ella sabe por qué). Gracias por todos los reviews que me mandáis (sin los cuales, nada me alentaría a escribir) y por simplemente leerme. Feliz Navidad (con un poco de retraso) y Feliz 2007.