Ya saben nada es miooo ando de ladrona
Pecados Paternos
Capítulo 7
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!feliz dia mujeres!
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BPOV
Me levante la mañana siguiente un poco cansada después de nuestra apasionada noche… Había perdido la cuenta las veces que Edward me hizo el amor. Mi cuerpo estaba adolorido, pero mi alma estaba rebosando felicidad. Tantee con mi mano la cama, note que Edward no estaba a mi lado y mire hacia el reloj sobre el buró, era tardísimo, casi la 1:00 PM.
Carmen entro a la habitación con mi desayuno y lo coloco sobre el buró, de inmediato se dirigió hacia el baño. —Señora Isabella, prepare su baño. –dijo, para después caminar hacia la puerta de la habitación, dispuesta a irse.
— ¿Dónde está Edward? –la pregunta salió involuntariamente de mí.
—El señor salió esta mañana en su avión privado, señora. Él nunca dice a donde va, ni cuanto se demorara. Con su permiso, señora.
Acomode la sabana alrededor de mi cuerpo desnudo y me senté a probar la fruta picada que Carmen me había traído para desayunar. Mi mente traidora me recordaba las palabras lascivas de Edward, sus jadeos, el sonido de nuestros cuerpos encontrándose mientras me embestía con fuerza. Cerré los ojos e hice girar mi cabeza hacia su lado de la cama, con un suspiro trate de no pensar en esos momentos y termine de comer.
Después me fui directo a la ducha.
Mientras el agua caía sobre mi cuerpo la realidad me golpeo, ¿Cómo había podido entregarme a él de ese modo? ¿Por qué me deje llevar a esos extremos? A ninguna de esas preguntas tenía la respuesta, ni para las preguntas próximas que estaban por venir.
Ahora, si estaba embarazada, mi hijo pagaría las consecuencias. Edward no cambiaria nunca, no me quería. Él solo busca venganza, una cruel venganza.
Debía ponerme firme, no podía permitir que volviera a pasar. No me dejaría llevar por mi corazón, eso había sido un gran error. De ahora en adelante, cuando reclamara sus derechos sobre mí me entregaría a él, pero no habría nada más. No podía haber algo más.
Cuando termine de bañarme abrí los grandes ventanales, con la esperanza de que el aire enfriara mi mente. Me senté en el sofá de cuerpo que había en la majestuosa habitación, decidí que ese día permanecería ahí mismo, por dos razones, la primera era porque mi cabeza era un caos y la segunda porque no tenía nada decente que colocarme.
Los días fueron pasando lentamente y Edward no volvió, ni llamo. Lo cual me tenía tranquila, pero irónicamente también triste. A él no le importó lo que paso esa noche entre nosotros, al parecer, solo fui un cuerpo con el cual sofocar sus deseos de someterme a su voluntad.
Una semana completa transcurrió desde su partida, después del quinto día decidí usar la ropa de Edward y salir de la habitación. Hacía mucho calor y su ropa era muy gruesa y grande, pero prefería eso a vestir esas ridículas batas de dormir.
En esos días había curioseado en la casa, era mucho más magnifica que la mansión de mi familia en una isla privada, la cual había permanecido a mi familia durante casi un siglo. La hacienda de Edward era colosal. Claramente tenía una arquitectura con influencia española.
Esa noche, Edward llego. Use todo mi autocontrol para no demostrar ninguna emoción por su llegada. Durante la cena no hablamos, nos mantuvimos con la vista fija en el plato. Una vez que terminamos de cenar, él subió a nuestra habitación y se adentró en el baño. Yo aproveche la oportunidad para esconderme entre las sabanas y fingir que dormía mientras sentía su cuerpo acostarse sobre la cama.
Los días en su compañía pasaron sin ninguna novedad, desayunábamos, almorzábamos y cenábamos juntos, pero no hablábamos. Cuando me despertaba, Edward ya estaba en su despacho y no salía de ahí hasta que llegara la hora de comer. Así pasamos un mes completo, juro que podría haberlo matado por su indiferencia, pero no podía… ¡Maldita sea! No podía reclamarle nada. Estaba entre nosotros ese maldito contrato, el cual firme antes de mi estúpida boda, el cual dejaba claro que no debía discutir con mi mal nacido esposo.
El hecho de que sus guardaespaldas estuvieran siguiéndome a donde iba no ayudaba a mi humor. Edward me miraba divertido por mi incomodidad, me sentía infantil haciendo berrinches, y yo no era infantil. Bueno… solo de vez en cuando.
Pero, ¿Qué podía hacer? Él me ignoraba durante todo el día, siempre encerrado, trabajando, hablando con un cliente al teléfono, o cualquier cosa era más importante que dedicarme tiempo a mí.
Decidí encontrar la manera de que este "matrimonio" fuera lo más agradable posible. Sí vamos a vivir juntos, por lo menos, no debe de ser un infierno para ambos.
Estaba en la piscina usando una camisa de Edward a medio abotonar y me encontraba leyendo Cumbres Borrascosas por séptima vez cuando Eleazar se acercó a mí.
—El señor Cullen… El señor Cullen la ha mandado llamar.
-¡Whoa! Ese es un gran avance, ¡Me había mandado llamar! Estaba considerando el sarcasmo en esta nueva forma de vida.
Cuando entre a su despacho él hablaba por teléfono, me señalo la silla frente a su escritorio para que me sentara. Siguió conversando unos minutos más, cuando colgó centro toda su atención en el archivo de su computador.
—Al menos te gusta tenerme en tu cama. –mascullé entre dientes mientras él seguía ignorándome.
Ni siquiera se molestó en contestarme. —Edward, no soy tu mueble, quiero irme. –explique. —Extraño a Jake y a Rose.
El silencio reino otra vez en el lugar.
— ¿Podrías al menos conseguirme una computadora? No importa que no tenga conexión a internet. –dije al ver que no conseguía ninguna respuesta. No se molestó en levantar la vista de su laptop.
— ¿Para qué quieres una computadora? –pregunto con indiferencia. Sí, él es un completo imbécil, ¿Cómo diablos no entendía que me aburría como ostra en medio de la nada y sin tener algo que hacer?
—Perdón. –dije sin sentirlo. —No tenía idea de que tendría que consultar cada uno de mis deseos contigo, ¿que para eso también necesito tu aprobación?
—Es la idea, ¿No?
—La idea es que te sirva en la cama, ¿No? Pues adivina… ¡Lo hago! No tengo la culpa de que no me quieras tocar. –puse mi mano empuñada sobre su escritorio, mis nudillos estaban blancos de la fuerza con la cual mantenía la mano cerrada.
—Es mi problema tocarte o no, eso no te incumbe. –comento arqueando una de sus perfectas cejas.
— ¿También es parte del trato ignorarme completamente como si fuera un mueble más? –pregunte desafiando su mirada por varios minutos.
—Yo no he querido que te sientas así, Bella.
Sonreí burlonamente. —Pues si no has querido, ¡Adivina! Lo has hecho muy bien, creo que un mueble tiene más tu atención en esta casa que yo. –dije enfadada.
—¡Todo este problema es por una maldita computadora! Mañama mismo te mando a traer una. –accedió.
— ¡Oh, muchas gracias su majestad! –lleve mi mano a mi pecho en un gesto muy teatral.
Él me dio una mirada envenenada pero ni me inmute.
—Me estas irritando, Isabella. –dijo con la mandíbula tensa.
—Bien. –me alegre al oírlo. Significaba que al menos tenía su atención. —Me da gusto saber qué puedo hacerte sentir algo. –dije levantando la barbilla orgullosa, no me comportaría como una mujer sumisa. — ¿Puedo retirarme? –pregunte, al notar que no iba a contestarme camine hacia la puerta.
Estaba a punto de salir cuando sus brazos me rodearon y me atrajeron hacia atrás, hacia él. Me giró y estampo sus labios contra los míos, inevitablemente comenzó a temblar por el deseo. Me levanto y camino hasta el sofá, recostándome sobre él, empezando a acariciar toda mi piel expuesta.
—No todos los sentimientos son buenos, Bella. –dijo entre dientes para después besarme. Se separó de mi un poco, su miraba fría como el hielo podía intimidar a cualquiera, pero no a mí, no esta vez. Su mirada tenía un brillo diferente, esta vez no era deseo, no sabía lo que significaba, pero no me importaba. Estaba segura de que debajo de todas estas capas de estúpido rencor y venganza, existía un alma noble y comprensiva. El hombre del cual me había enamorado.
—Incluso eso es mejor a no sentir nada. –contesté en un suspiro de placer mientras mi cuello comenzaba a ser cruelmente devorado por su lengua y sus labios.
—En eso te equivocas. –de inmediato se alejó y me dio una mirada gélida. Se levantó del sofá dejándome un poco acalorada y desorientada. —Ahora, ve y elige el computador que vas a querer. –dijo caminado hacia la puerta y mirando de reojo su laptop, dándome a entender que me daría privacidad para comprar por vía internet mi computadora.
Cuando termine de comprar el computador, busque a Edward por los alrededores. Al no encontrarlo subí a mi habitación a darme una ducha y cambiarme de camiseta. En el día había hecho mucho calor, pero ahora estaba haciendo un poco de frio.
Me lleve una gran sorpresa al abrir el closet y darme cuenta de que no habia prendas de Edward. Solo mi "ropa". Casi desnuda baje al comedor.
—¡No puedo creer que no pueda vestir de manera decente! –grité al llegar al comedor a Edward. Él levanto la vista hacia mí un momento y después volvió a bajarla. —Hablo contigo, Cullen. Maldita sea, Edward. Estoy harta de tener que usar esto. –señale mis prendas de vestir. — ¿Por qué demonios no puedo vestir de manera normal?
Mi rabia creía a niveles inimaginables, Edward estaba jugando con mi autocontrol; ignorándome como si fuera un jarrón de exposición o peor aún, como si se hubiera cansado de mi después de usarme. Me tenía como si fuera un cuadro colgado en la pared.
—De haber sabido que iba a ser tratada así…
— ¿Qué habrías hecho? –pregunto interrumpiéndome, sus penetrantes ojos estaban oscureciéndose, me miraba intensamente.
Respire profundamente y pensé en Bob esponja, Patricio y Calamardo pera no arrojarle la sopa caliente recién servida sobre su rostro. O mejor aún, no reventarle toda la vajilla sobre su cabeza.
—Muchísimo… -murmure en voz baja. —Porque esta farsa no durara para siempre.
Él arqueo una ceja de manera arrogante. — ¿Acaso no piensas cumplir con tu parte del acuerdo? –bebió un poco de vino de su copa. —Qué poca paciencia, amor.
—El que tiene poca paciencia en este "matrimonio" –hice comillas en el aire con mis dedos. —Eres tú, cariño. Ya verás que pronto encontrare la manera de recuperar el negocio de mi familia, y cuando lo haga…
—Y cuando lo hagas, ¿Qué, Isabella? –pregunto levándose enojado de su silla.
—Ya lo veras. –dije desafiante.
Él es echo a reír maliciosamente.
—Bella, Bella, Bella. –dijo caminado hacia a mí, tomo un mechón de mi cabello y lo paso detrás de mí oreja. —Ambos sabemos que no hay modo de recuperar los hoteles y que es un desperdicio de tiempo que estés planeando como recuperarlos. Entiéndelo, Isabella. –su pulgar acaricio mi sien. — ¿Por qué simplemente no disfrutas de tu alrededor y de los placeres tan simples que te estoy dando?
—Aun así, quiero asegurarme de que hice hasta lo imposible por intentar recuperar lo que pertenecía a mi familia. –dije con odio e ira.
—Te lo explicare de esta manera, por si no te queda claro. –dijo con tanta lentitud como si hablara con un niño. —Ahora, en este preciso instante estas rompiendo las cláusulas de nuestro acuerdo prematrimonial, sin contar con el hecho de que me estas amenazando y eso no me hace feliz en absoluto. ¿Tú no quieres que me vea desdichado, cierto? –me sonrió de lado, robándome por un momento el aliento. Solo por un momento.
—Por Dios, Edward. Hace un mes que no me tocas y dices que soy yo quien rompe el acuerdo. ¡Este matrimonio no es normal! –masculle con rabia.
—Este matrimonio es tan normal como cualquier otro, solo que tú te empeñas en verlo de ese modo. Ahora, lo correcto sería que me dijeras, ¿Qué es normal para ti, Bella?
—En un matrimonio normal se habla durante el día, comparten sus cosas… no sé… hacen actividades de recién casado. –hable cada vez más irritada. —Además, ese acuerdo matrimonial es una soberana estupidez, ese acuerdo es una… -deje de hablar colocando mi mano en mi boca, tratando de evitar que salieran miles de improperios.
—Pues a mí no me lo parece. ¿Deseas que te envíe una copia? –pregunto divertido. ¡El muy maldito estaba burlándose de mí!
—Solo quiero recuperar el patrimonio de Jake, Edward. –dije dándome por vencida.
—Sabes que no tienes ninguna posibilidad de recuperar nada, ambos lo sabemos perfectamente. Ahora quiero ver como desaparece ese enfado y comienza a comer tu pescado. –sí, él estaba más que decidido a hacerme perder la paciencia.
—Querer es poder y, créeme, quiero recuperar lo que le pertenece a mi familia… además, soy alérgica al pescado.
Juraría que mis amenazas y mis peleas no lo había preocupado en lo más mínimo. Sin embargo, el comentario sobre mi alergia pareció preocuparle. Descarte esos pensamientos de inmediato, él no se preocuparía por mí.
—Lo siento, amor. Te pediré otra cosa. –hablo con ternura.
No supe si reír o llorar.
Carmen entro minutos después al comedor con una porción de pollo a la plancha. Suspire derrotada, debía de hacer algo por el bien de Jake. Amaba a mi hermano y trataría de protegerlo e impedir que nada le pasara. La voz de Edward me saco de mis cavilaciones.
— ¿Tuviste algo que ver con eso? –pregunto sin reparos.
— ¿Con que? –pregunte confundida.
—Con que me echaran como un perro hace años. –su mandíbula se endureció. —Con robar mis ideas y fingir ante la junta de ejecutivos que eran ideas de tu padre.
—Edward… me siento fatal con lo que te hizo mi padre… -dije avergonzada.
—Solo contesta mi pregunta. –ordeno tenso. —Con un sí o un no será más que suficiente.
Lo mire directamente a los ojos, recordé al Edward de hace años. —No. –conteste firmemente. —Me entere de que te habían despedido un mes después de que eso sucediera. Paso un año para que descubriera lo que te había hecho. Puede que no me creas, pero fue así como sucedieron las cosas.
Me enderece en mi silla de manera orgullosa y levante la barbilla. No le diría que después de saber la verdad me fui de casa de mis padres y no hable de nuevo con mi padre hasta que estuvo en su lecho de muerte. Nunca reconocería que me quede casi muda de tantas veces que le suplique a papá que lo recontratara, ¿Para qué si no me creería?
Silencio, eso era todo lo que nos rodeaba. Lo cual ya no era nuevo para mí. Silencio y vacío.
—Si te sentías tan miserable… -su voz intentaba sonar indiferente, pero no lo logro. — ¿Por qué no hiciste nada para ayudarme? Todos sabíamos que Charlie veía por tus ojos. Él hubiese hecho cualquier cosa que le pidieras.
—Eso no es verdad y tú lo sabes. –Edward entrecerró sus ojos. —No sé de dónde has sacado esa información, pero es falsa. Papá solo confiaba en aquellos que podía controlar y yo no estaba entre esas personas. Y tú tampoco. –lo último lo dije en un susurro. —Me dejo todo en su testamento, pero te aseguro que fue por cualquier cosa menos por amor. – probablemente a sus ojos era el peor de todos los hombre. Puede que él haya sido deshonesto, pero no dejaba de ser mi padre.
—Supongo. –admitió en un susurro.
El resto del almuerzo transcurrió en silencio.
Cuando regresamos juntos a la habitación él se desvistió y rápidamente se acostó boca abajo sobre la cama. Debía cambiar de táctica, con mis gritos no había solucionado nada. Camine hacia él y coloque mis manos en su espalda, comenzando a masajear su cuerpo.
Edward suspiro y relajo sus músculos.
—Edward. –lo llame.
— ¿Umm?
—Quiero volver a ponerme mi ropa normal, la que siempre he usado. Soy tu esposa y todo lo que tú quieras, puedo aceptar mantenerme al margen de los hoteles y muchas cosas más. Pero yo no soy esa clase de mujer, tengo otra personalidad. –acaricie su espalda suavemente y respire para tomar valor y volver a hablar. —No sé con qué clase de mujeres te has relacionado, pero a mí no me gustan este tipo de vestimenta, no tapan nada y me hacen sentir mal, como un objeto para la cópula.
— ¿Para qué? –pregunto sin entender mis palabras.
—Para la cópula. –dije ignorando como el giraba su cuerpo para poder verme y después rodar los ojos. Comenzó a reírse de mí, soltando ruidosas carcajadas, cuando estuvo un poco más calmado volvió a hablar. — ¿Qué te hace pensar semejante cosa?
—Mírame, parezco una mujer de burdel.
—Me encanta verte así, siempre he pensado que eres muy hermosa y me gusta deleitar mi vista con una mujer hermosa y más si se trata de mi mujer. –dijo en tono posesivo. —Además, no creo que las prostitutas de burdel tengan lo suficiente para comprar lencería tan costosa.
— ¡Estás enfermo! No puedes tratarme de esta manera. –por un lado sentía ira, pero también estaba confundida de que me encontrara atractiva.
Aleje esas estúpidas ideas de la cabeza. Yo no era más que un trofeo para el todo poderoso Edward Cullen, deje de acariciarlo y camine directamente hacia el baño, tratando de refugiarme. Me sentía triste, en cuanto cerré la puerta no pude soportarlo más. Me deje vencer y comencé a llorar.
Llore amargamente por muchas horas, hasta que sentí que alguien entraba al baño, yo me encontraba sentada en el suelo, con mi frente apoyada en mi rodilla flexionada. Escuche sus pasos acercándose hasta donde me encontraba.
—No es buen día, Edward. –dije derrotada. —Me duele la cabeza, échale la culpa al periodo o a lo que quieras. –hable sin levantar la mirada.
No escuche su respuesta, pero si sus pasos cuando se alejó y cerraba la puerta. De inmediato entre en pánico, ¿Y si lo tomaba mal? ¿Si se desquita con Jake o Renee? Me levante del piso como pude y seque mis lágrimas con mis manos. Lo único que pedía era respeto, no era justo que yo pagara por los pecados de Charlie. No era justo, no lo era.
Cuando entre en la habitación vi a Edward recostado nuevamente en la cama, pero ahora desnudo, mis pensamientos se dispersaron y mi mente no pudo tener un pensamiento coherente. La sangre subió hacia mis mejillas.
— ¿Puedes vestirte? –pedí. —Sé que no tengo ningún derecho para exigírtelo, pero la verdad no tengo ánimos.
—Me gusta dormir cómodo y no quiero dormir vestido. –su tono burlón y sarcástico en otro momento me habrían hecho reír, pero hoy no era el día.
No conteste, solo me tumbe sobre el colchón y me arrope con las mantas. Lo sentí levantarse de la cama pero no le preste atención. Sabía el poder que ejercía en mí, y que perdería la batalla si lo miraba un poco. Se colocó a mi lado, y luego deslizo los tirantes de la prenda, hasta dejarme solamente con mi pequeña braga. Mi traidor cuerpo reacciono de inmediato ante su presencia desnuda.
—No hartes mi paciencia, porque no la tengo, y agradece que no te haga andar desnuda por la hacienda y que solo lo hagas dentro de la habitación. –su voz era suave, pero claramente era una advertencia.
— ¿Crees que tuve algo que ver con lo que te hizo mi padre? –pregunte mientras veía como su mirada recorría mi cuerpo.
—Puede que te parezca un maldito zopenco por creerte, pero sé que dices la verdad. –sonrió de lado robándome el aliento, como siempre.
Sonreí ante el apelativo "zopenco" y reí a carcajada limpia cuando recordé que él me había enseñado hace años a usarlo para llamar la atención de los empleados del hotel.
Me atrajo hacia su cuerpo pasando su mano por la cintura, apoye mi cabeza sobre su pecho y cerré los ojos, dejándome llevar por el cansancio.
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Pasaron varios meses desde esa noche, ahora me dedicaba más tiempo, por así decirlo. Nos bañábamos juntos, ya que no me dejaba otra maldita opción. Parecía una versión moderna de Geisha, solo que con menos elegancia y más opulencia.
Me senté en el Jacuzzi a enjabonar la espalda de mi marido-dueño. Solo pensar en cómo me estaba humillando hacia que rechinara los dientes. Por todos los medios intente evitar tocar su firme trasero, sabía que debía preocuparme por evitar otras mejores partes, y esa era su masculinidad.
Con los meses de casados había aprendido a conocer sus gustos tanto sexuales, como personales. No le gustaba el bullicio, no le apetecía la carne de cerdo y odiaba el pimiento, y por último y también lo más desagradable de todo era que Edward era el ser más posesivo, celoso y territorial de la faz del universo. A menos que fuera su guarda espalda, no dejaba que nadie me viera más de lo necesario. Incluso el día que habían venido personas a entregar la computadora la había dejado en el suelo para poder firmar de recibido y no dejarlos entrar a la casa.
—Creo que te pasas. –dije mientras enjabonaba sus brazos. —No soy tu criada, soy tu esposa. –recrimine.
—Creo que te estás olvidando de las clausulas 52 y 53 de nuestro acuerdo prematrimonial. –me interrumpió.
Entrecerré los ojos. — ¿Cuáles son esas cláusulas? Había tantas malditas cláusulas que es imposible acordarse de todas.
—Puedo hacerte unas fotocopias si quieres. –dijo petulante.
Bufé.
—La cláusula 53. –continuo ignorando mi bufido. —Declara que mi esposa hará siempre lo que le diga sin rechistar. La cláusula 53 indica que mi esposa permanecerá siempre dulce, bien dispuesta y preparada para mí. –sus cejas se levantaron. —Has roto dos cláusulas en dos minutos. –dijo burlón.
— ¡Ese acuerdo prematrimonial es ridículo y ambos lo sabemos! –dije tirando la esponja al suelo.
—Quizás para ti, pero no para mí. –dijo saliendo del agua.
Acaricie mis sientes, el ánimo de discutir se había alejado. — ¿A dónde vas? –pregunte débilmente. —Y no quiero volver a oír que hacerte una pregunta rompe una de tus estúpidas cláusulas. –advertí.
—Es mi turno de tallarte, cariño. Ven. –me tomo de la mano y dejo que me sentara dentro de la bañera mientras él se colocaba en mi espalda y comenzaba a tallarme con otra esponja.
Mientras sentía sus manos por mi cuerpo una pregunta hizo eco en mi memoria. ¿Por qué se había casado Edward conmigo? No era la primera vez que pensaba en eso. Siempre hablaba de posesión y de estrictas cláusulas matrimoniales, pero hasta el momento había sido delicado conmigo, incluso comprensivo. Era como si quisiera acostumbrarme a él.
Esta pérdida en mis pensamientos que me sobresalte cuando las manos de Edward comenzaron a viajar por mi cuerpo, llevando mi excitación a límites inimaginables. Sus dientes mordisqueaban mi cuello y sus manos se apoderaron de mis pezones, ahora ya duros. Giro mi cuerpo para estar frente a él y me beso apasionadamente, como hace meses no lo hacía.
—Edward. –gemí su nombre mientras sus manos bajaban hacia mi entrepierna y encontraban mi sensible clítoris. Logrando que olvidara respirar.
El tomo su erección con una de sus manos y la guio a mi hendidura. Me penetro de una sola estocada y gemí automáticamente contra su cuello. Era maravilloso sentirlo entrar en mi estrecha cavidad. Comenzó a entrar y salir de mi cuerpo lentamente, el sonido de mi sexo envolviendo su masculinidad actuaba como un afrodisiaco para ambos.
—De tu coño al cielo. –dijo roncamente, continuo entrando y saliendo suavemente de mí. —Quería follarte hasta estar en el dormitorio, pero no puedo esperar más, lo siento cariño. –se disculpó Edward.
—Hablas dema... demasiado. –dije para después capturar sus labios con los míos.
De pronto comenzó a bombear dentro de mí con embestidas rápidas y violentas. Dejo de besarme para capturar mi pezón entre sus labios, enterrando su cabeza y chupando ansiosamente mi pezón, después se separaba un poco para comenzar a chupar mi otro pezón.
Jadee y un fuerte gemido escapo de sus labios. Llevo sus manos hacia mis nalgas y las apretó fuertemente, sus dedos se hundieron en mi piel.
—Edward, más fuerte, más rápido. –lloriquee.
El aumento sus estocadas, hundió aún más fuerte sus dedos en mi trasero y me dio el ritmo que tanto deseaba. Gemí fuertemente, comenzaba a formarse un nudo en mi vientre, estaba a punto de explotar, y a él no le faltaba mucho, su miembro palpitaba en mi interior.
—Edward. –dije su nombre roncamente para después buscar sus labios. Estaba muy excitada, totalmente caliente. Mi esposo era hermoso, crudo y masculino. Totalmente primitivo. Y sus ojos… esos ojos hipnóticos… tan verdes, escondían tantos secretos. De pronto me embistió fuertemente, llenándome profundamente, sentí su cálido semen en mi interior y fue lo suficiente para que explotara el tumulto de sensaciones que se encontraban en mi vientre.
Nos relajamos en la bañera, yo recargue todo mi peso sobre él, e ignoramos el hecho de que salpicamos todo el piso. Me sentía extremadamente cansada, Edward salió lentamente de mi cuerpo, deposito un tierno beso en mi frente para después tomarme entre sus brazos y llevarme al dormitorio. Arropo mi cuerpo desnudo con las sabanas y luego se recostó a mi lado, atrayéndome a su pecho.
Este hombre era bipolar..
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Insisto quiero que se venguen así d mí!
