-¿Estás bien? –Noto una mano en mi baja espalda. Ladeo la cabeza para poder mirarlo a los ojos. Mi labio tiembla mientras niego con la cabeza. Sus brazos me rodean y sus labios besan mi mejilla. No dice nada, solo me abraza.
-Ten…tengo mucho miedo –reconozco entre sollozos.
Deja un beso sobre mi hombro y me aprieta más fuerte contra él.
-Yo también –confiesa, y por el tono de su voz, sé que está llorando. –Pero tenemos que ser fuertes –suspira. –Por Bella, no puede vernos así.
Miro hacia la habitación donde está mi hija, la están preparando para la operación. En unos pocos minutos, me tengo que despedir de ella y… no puedo, no puedo decirle adiós para siempre. No…
-Ya pueden entrar –la voz de la enfermera irrumpe en mis pensamientos.
Mis piernas se tambalean cuando me pongo de pie. Rick pasa una mano por mi espalda para ayudarme a andar. Se limpia las lágrimas con el puño y a mí con sus pulgares.
-Vamos –me dice, dándome un beso en la sien.
-Cariño, -camino un poco más deprisa, acercándome a mi hija que me mira, algo confundida. Le hemos explicado que iban a tener que hacerle una prueba y que para ello, tendrían que dormirla. Ella no quería, quería que yo la acompañase como siempre pero… no puedo, no me dejan entrar a quirófano.
-Mami –extiende sus brazos hacia a mí, moviendo sus manitas. Tengo que hacer un esfuerzo sobre humano para no llorar y seguir aguantando las lágrimas. Bella no puede verme llorar en este momento, no cuando este momento significa que puede ser el úl… no. Niego con la cabeza, sacudiendo mis pensamientos.
Le doy un beso en la frente. No puedo evitar dejar mis ojos posados varios segundos en su cabeza sin un solo pelo. Siento el cuerpo de Castle detrás de mí y vuelvo a mirarla a los ojos. Y le sonrío. Acaricio su mejilla suavemente y despacio, tomándome mi tiempo. La miro intensamente, intentando ver a través de ellos.
-¿Estás bien, cariño? –le pregunto. Sé que está asustada, como también sé que intenta ser más fuerte de lo que es por mí. Lo que me hace sentir culpable, ella no tiene que ser fuerte por mí, sino al revés.
Aprieta los labios, pensativa. Dudosa.
-Tengo un poquito de miedo, pero un poquito –susurra.
Yo trago saliva, asintiendo.
-¿Está mal? –me mira preocupada.
Yo niego, mordiéndome el labio.
-No –carraspeo –no, cariño. No está mal. A veces, tenemos un poquito de miedo pero no está mal. –Le sonrío, pasando mi dedo índice por encima de su ojo derecho.
La enfermera entra en la habitación, mirándome con compresión.
El tiempo se está acabando.
-¿Me das un abrazo? –Mi voz tiembla sin que lo pueda evitar. Bella abre sus bracitos para recibirme. Paso mis brazos por detrás de su espalda y beso su mejilla repetidas veces. –Te quiero, te quiero, te quiero… -le digo una y otra vez.
Me da un beso en la mejilla y me sonríe.
-Te quiero, mami. –Sus dedos acarician mis rostro y yo pongo mi mano encima de la de mi hija. Besando, después, su dorso.
-¿Y a mí? ¿Me das un abrazo, princesita? –Le pide Castle, al ver entrar de nuevo a la enfermera.
Me pongo de pie para que ellos también puedan abrazarse.
-Te quiero –escucho que le susurra en el oído a mi niña.
-Te quiero –le repite ella.
-Lo siento, pero me la tengo que llevar –Interrumpe la mujer de mediana edad, torciendo en gesto.
Castle me coge de los hombros para que me haga a un lado.
-Solo un beso más –le pido al borde de las lágrimas. La enfermera asiente y se lo doy, alargando el beso todo lo que puedo.
La mujer hace un gesto y entran dos auxiliares a la habitación, agarrando lo barrotes de la cama donde está acostada mi hija para llevársela.
Veo cómo se la llevan de la habitación y todo en mi interior se rompe. Castle me abraza por detrás pero cuando el último auxiliar sale de la habitación, me deshago de los brazos de Rick y salgo corriendo hacia el pasillo para ver cómo cruzan el pasillo. Corro sin pensarlo, siguiendo sus pasos y me aferro al cuerpo de mi hija, llorando en su hombro. Oigo cómo me llama pero no soy capaz de mirarla a los ojos, no puedo decirle adiós.
Bella comienza a gritar mi nombre cuando ve que no le hago caso.
-Cariño… -sollozo. Ella me limpia las lágrimas con sus pequeñas manitas y me sonríe.
-No tengas miedo, mami –me dice, retirándome el pelo de la cara. Asiento, en el mismo momento que mis ojos vuelven a llenarse de lágrimas.
-Señora, por favor. –Siento las manos de Castle en mis brazos.
-Kate… tienen que llevársela –murmura.
-¿Puedo decirte una cosa, Rick? –pregunta mi hija, agitando una mano para que se incline.
El doctor se agacha para escuchar lo que le quiere decir Bella.
-¿Vas a quedarte con mami? –la oigo susurrar. Me muerdo el labio con rabia, ella no debería de estar preocupándose por mí. Yo no soy la importante aquí. Es ella.
Veo a Castle asentir.
-Vale –susurra Bella, rozando sus pequeños dedos por la barbilla de nuestro amigo. Este beso su frente y aprieta una de sus manitas. Ante una nueva queja de la enfermera se separa y yo aprovecho para cogerle la mano uno segundos, hasta que el movimiento de la camilla provoca que nos separemos.
XXX
Abrazo a Kate, estrechándola fuertemente contra mi cuerpo, mientras veo cómo la pequeña cruza la puerta que la llevará al quirófano por encima de su cabeza.
Quiero decirle que todo saldrá bien, que no tiene de qué preocuparse, pero no puedo. Yo mismo estoy aterrado. Sé lo difícil que va a ser la operación, las pocas posibilidades que hay de que salga con mi vida y de las mínimas que hay de que puedan quitar todas las células cancerígenas de su cabeza.
La arrastro hasta la sala de espera, sentándose con ella en las sillas que quedan más cerca de la salida.
No deja de llorar y sollozar contra mi pecho, lo que hace que me sienta peor por no poder consolarla. Hago círculos en su espalda con una de mis manos y beso su pelo.
Eso no la tranquiliza, al revés, llora con más fuerza.
Han pasado dos horas, dos largas horas que se me han hecho como si fuesen dos vidas.
Kate está sentada, mirando sus zapatos aunque, más bien creo, que tiene la mirada perdida.
Yo, en cambio, no paro de dar vueltas por la sala mientras me muerdo el puño.
Miro de nuevo el reloj que está colgado de la pared. No ha pasado ni un minuto desde la última vez que lo miré. Bufo, ¡Por qué el tiempo pasa tan despacio!
Me siento al lado de Kate y pongo una mano sobre su pierna derecha que no para de movérsele en un reflejo involuntario. Sus ojos rojos e hinchados se topan con los míos.
-Kate… -susurro y ella niega para que no siga. Le hago caso y me callo.
Veo a una enfermera salir corriendo y me levanto, preocupado.
-¿Qué pasa? –grita Kate a mis espaldas. La mujer la mira y sigue con su carrera.
-Rick, tú puedes entrar –se aferra a mi camisa –tú también eres médico puedes entrar ahí –señala la puerta con el cartel de prohibida la entrada a todo el mundo, excepto al personal del hospital.
Las puertas se vuelven a abrir y vuelven a salir enfermeros corriendo. Un nuevo médico, acompañado de la primera enfermera que entra, cruzándose con los que salen.
-Rick, por favor –Asiento, buscando en mis bolsillos mi acreditación para poder identificarme pero no la encuentro.
XXX
El doctor Smith aparece ante mis ojos, me levanto como un resorte corriendo hacia él, que aprieta el gorro entre sus manos, estrujándolo.
-¿Cómo está? ¿Está viva? ¿Puedo verla? ¿Cómo está? ¡Dime que está bien! –lo atosigo sin dejarlo hablar. Smith mira a Castle, torciendo el gesto y negando con la cabeza. Mis piernas me fallan y Richard tiene que sujetarme para que no me caiga.
-He intentado… -comienza a decir, negando con la cabeza. Mis ojos comienzan a nublarse. –Está viva pero… -suspira.
-Pero ¿qué? –grita Castle.
-No creo que sobre viva a esta noche –oigo antes de que todo mi mundo se envuelva de una oscuridad absoluta. Escucho los gritos de Castle pero no soy capaz de responderle. Unos brazos me sujetan la cabeza para que no me la golpee contra el suelo.
