Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son de la auditoria de Stephenie Meyer. El fic proviene de mi loca cabeza.
Historia adulta, contiene escenas no aptas para personas sensibles, si eres menor de edad ruego sea bajo tu responsabilidad.
Capítulo beteado por Sarai GN (LBM), Beta de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction
Beta malvada estamos al borde de la locura con tanto capi y además el tiempo encima, por eso te agradezco mucho que te dieras no sé como tiempo para betearme esto, muchísimas gracias!
Si son mayores de edad, no se les olvide ponerlo en su muro de Facebook para que cuando lo revise las pueda aceptar, las espero en el grupo:
www. facebook groups/ eraseunavez. dannysk (recuerden, sin espacios o en mi perfil pueden ir directamente al link)
"La locura es un cierto placer que sólo el loco conoce".
John Dryden
Para cuando pude volver a recolectar todas las piezas quebradas de mi mente, quizás había asustado más a Isabella.
Nuestro duelo de miradas había durado… la verdad no tenía noción del maldito tiempo. Busqué de todo en su mirada, ¿miedo, terror? No. Ahí solo había curiosidad, y de verdad eso era inquietantemente peor.
—Edward, tú… ¿estás bien? —Estaba temblando, total y absolutamente temblando como un jodido marica hecho de gelatina, así que si hubiera estado en alguna de mis casillas me habría reído de lo absurdo de su pregunta, pero dado que mi mandíbula estaba demasiado dura como para intentar abrirla mucho menos hablar, no hice nada—. Ey, estás bien, cálmate, ¿sí?
Se detuvo frente a mí, luciendo toda hermosa y pequeña en esa pijama para nada sexy con la que se vestía normalmente, en un movimiento vacilante, quizás apto para controlar animales salvajes, elevó ambas manos hasta tocar mis brazos, di un respingo como si me hubiera dolido su tacto, sin embargo sus ojos no abandonaron los míos ni un solo segundo mientras comenzaba a frotar mis brazos suavemente de arriba hacia abajo.
¿Cuánto más tenía que humillarme frente a ella? Puta madre. Mi dignidad y orgullo parecían no conocer límites. Mentiría si dijera cuanto tiempo exactamente tarde en recolectar las piezas de mi cordura, solo sé que gradualmente descendí de donde quiera que anduviera y volví a mi cuerpo. Sacudí la cabeza tratando con todas mis fuerzas de salir del estupor que me tenía invadido.
—Yo… ah, mierda —mi voz sonó ronca a través de mi garganta cerrada. Me pasé una mano temblorosa por el cabello, cerré la maldita boca antes de darle la espalda, tratando de calmarme.
Cerré los ojos, respiré varias veces hondo, una y otra vez repitiéndome que no estaba alucinando, que realmente estaba en el cuarto de Isabella, haciendo de hecho, el ridículo de mi vida. Y por increíble que pareciera, era ella, quien lejos de estar asustada estaba tratando de tranquilizarme, sus grandes ojos lucían consternados, realmente preocupados sin saber que era de mí de quién debía cuidarse…. De inesperado su pequeña mano se posó en la parte baja de mi espalda, su calor recorriendo todo mi cuerpo de una manera que dada la situación no debería resultarme tan malditamente reconfortante.
—Supongo que ahora si me tienes miedo —aseguré lleno de ironía.
—No.
—Deberías. —Pellizqué el puente de mi nariz en frustración, Isabella retiró su mano de mi espalda dejando un inexplicable frío.
—Miedo es despertarse sola en medio de la nada sin saber qué estás haciendo dentro de un carro destrozado. —Respiré hondo cuando recordé la imagen, Némesis se rio ante eso antes de rodar los ojos. Traté de calmarme, necesitaba otra pastilla… quizás un cigarro, pero necesitaba definitivamente algo para bajar la ansiedad—. ¿Qué estás pensando ahora, Edward? Háblame, por favor.
—¿No te da miedo estar con un loco?
—No estás loco. —Me reí incrédulo al tiempo que negaba con la cabeza.
—¿Acaso tienes algún instinto de preservación?
—¿Qué quieres que te diga?, ¿que te tuve miedo? —suspiró frustrada—. Si te soy sincera, lo que me dio un poco de ansiedad, no fue tu… comportamiento —murmuró robando toda mi atención, me giré lentamente para enfrentarla—. Fue tu… cambio físico.
—¿Qué? —pregunté claramente confundido. Bella suspiró antes de deslizar el cabello tras sus orejas.
—Pude ver como se tensaba tu mandíbula hasta el punto de casi quebrarse, todos tus músculos estaban rígidos, pero el brillo como… demente en tus ojos mientras balbuceabas con nadie… —Se rio, un sonido ronco que delató su verdadera ansiedad—. Dios, ahora que lo pienso no me gustaría encontrarme contigo en un callejón oscuro… o iluminado cuando tengas esa mirada.
—Sabía que te daría miedo —afirmé, ella mordisqueó su labio inferior mirando hacia otro lado por lo que inevitablemente mis hombros se hundieron—. Y no te culpo, yo… hum, no debería estar aquí contigo, no soy… seguro.
—¿Por qué no? —sus ojos de nuevo estuvieron sobre mí—, ¿por eso me pides que me aleje, crees que pudieras hacerme daño?
Me sentí devastado mientras miraba hacia el suelo, nunca me había planteado eso, aunque ciertamente nunca había perdido el control de esa forma hasta hoy. ¿Qué pasaría si la confundía con Némesis y le hacía algo? Bella, de nuevo, sin ser capaz de quitar sus manos de encima de mí, dio otro paso en mi dirección y me sujetó la mano, como si supiera que mi cuerpo flotaba igual que lo haría un globo, ella me mantenía sobre la tierra, más precisamente a su lado. Suspiré con cansancio, y cuando la miré inevitablemente me sentí fatal, era una verdadera mierda toda la situación.
—No creo que pudiera hacerte daño… al menos no intencionalmente. —Correspondí de alguna forma inconsciente sus caricias suaves en mi mano, moviendo el pulgar en círculos sobre el dorso de su mano—. Dios, últimamente actuó sin pensar… creo que pudiera estarme volviendo loco, literal.
—¿Puedo preguntarte algo? —suspiré derrotado, nada parecía apagar su curiosidad.
—¿Es sobre camisas de fuerza? —Ella sonrió cálidamente.
—Nop.
—Pensé que había que enfocarnos en ti —le recordé con la voz ridículamente baja. Bella se rio quedamente.
—Y yo que pensé que ya habíamos pasado las evasivas.
—Es que vamos muy rápido en esto, ¿no crees? —murmuré con una pequeña sonrisa.
—¿Eres de los chapados a la antigua? —inquirió siguiéndome el juego. Ante eso y el movimiento sugestivo de cejas que lo acompañó, no me quedó más remedio que reírme, aunque fue un sonido ronco, apagado.
—Una sola pregunta más… antes de irme. —Eso no pareció gustarle, lo aprecié en el mohín de su boca, sin embargo no discutió el tema.
—Bien, ¿cómo es que escuchas voces?, ¿tomas algún medicamento?, ¿mantienes un dialogo completo?, ¿desde cuándo empezó?, ¿porqué…?
—Oh… alto, alto —pedí soltándola, luego me pasé nerviosamente una mano por el cabello—. Una sola pregunta, decídete. —Bella suspiró cruzándose de brazos. De verdad, no quería responderle absolutamente nada, ¿en qué mierda estaba metido?
—En una hasta el cuello —comentó Némesis rodando los ojos.
—Lo siento, es que yo… de acuerdo. —Mordió su labio antes de fijar sus orbes en los míos—. ¿Cómo es eso de las voces?
—¿Cómo sabes que son varias voces? —pregunté frunciendo el ceño.
—Porque les gritaste que se callaran —aseguró luciendo ligeramente perpleja.
Vaya. Definitivamente había visto y escuchado suficiente, así que no había manera en el puto mundo de que me zafara de esto o contara alguna ingeniosa mentira, además mi cansado y atrofiado cerebro no daba para más, estaba sobre cargado. Suspiré palmeando en mi chaqueta la cajetilla de cigarros, definitivamente necesitaba más de uno para esto.
—Bueno… —respiré hondo caminando hacia el balcón, seguido por Bella—. Yo… hum, diablos.
Si pensaba confesarle esta mierda a alguien, jamás, jamás en mi vida me imaginé que sería precisamente a la causante de ello, encendí un cigarro. La nicotina bajando ligeramente la ansiedad instalada ahora en todo mi cuerpo. Quizás debí aceptar la ayuda de la maestra Esme antes, quizás hasta la de Jasper para así no tener que estar metido en todo este enredo.
—Mi mente se parece a un enorme salón repleto de personas, ¿sabes? Como si todas estuvieran hablando a la vez. —Di una dura calada, la tenue luz naranja del cigarro era toda la iluminación entre nosotros—. Por lo general, es solo como un murmullo de individuos al fondo, pero entonces…
Némesis se materializó frente a mí, la miré a través del humo del cigarro, tenía una ceja alzada, una sonrisa socarrona en sus labios y estaba cruzada de brazos. Me estaba retando en toda la extensión de la palabra, era terriblemente molesta.
—¿Entonces?
—Entonces está… ella. —Deslicé de nuevo el cigarro hacia mis labios antes de mirar el cielo cubierto de nubes. El aire se había incrementado, pronto volvería a llover, podía sentirlo en mis huesos.
—¿Quién es ella?
—El resultado inevitable de su tragedia —respondió Némesis riéndose entre dientes, suspiré ignorándola, no podía decirle a Bella quién era ella, eso ya sería bastante jodido.
—Es una sola voz —murmuré, sin atreverme a mirarla—. La mayor parte del tiempo intento ignorarla, es necesario para parecer… normal, por así decirlo. Pero entonces, contigo… contigo pierdo el control de mis pensamientos, del tiempo y lugar en el que estoy. No importa cuántos antidepresivos consuma, y entonces me pongo a hablar como… —Guardé silencio abruptamente antes de dar otra calada al cigarro y lanzarlo por el balcón—. Dios, oficialmente estoy loco.
—¿Crees que sea porque te presiono mucho con mis preguntas? —La miré incrédulo.
—Bella, te estoy diciendo que escucho voces, ¿y solo te preocupa que sea porque me presionas? —Ella se encogió de hombros dando un par de vacilantes pasos en mi dirección, se detuvo justo frente a mí.
—Quiero saber… si solo por mi causa pierdes el control, me gustaría ayudar para que no pasara.
—¿Estás bromeando? —Sin pensarlo, acaricié suavemente el ceño preocupado entre sus cejas, provocando que cerrara los ojos y con eso un escalofrío me recorriera por completo—. Ya has hecho mucho por mí, si viviera cien años no serían suficientes para compensártelo —susurré antes de retroceder un necesario paso.
—¿Por qué no me dices que he hecho por ti? —suspiró mirándome—. Hasta donde sé, no he hecho otra cosa que acosarte.
—Díselo.
«No»
—Bueno —sonreí—, no me has juzgado por andar parloteando por ahí solo, tampoco has corrido a denunciarme a algún psiquiátrico, eso es suficiente para mí. —Eso logró que sonriera también.
—Vaya par que somos. —Inesperadamente, elevó la mano a mi rostro, su pulgar viajó a lo largo de la línea de mi mandíbula mientras me inmovilizaba con la mirada. Ni siquiera consideré dar otro paso para alejarme de ella. La hipnótica corriente que circuló entre nosotros me mantuvo quieto.
—Pronto volverás a destruirme, Cullen. Es cuestión de tiempo —aseguró Némesis, materializándose justo a mi lado. Eso fue un más que un necesario balde de agua helada. Retrocedí alejándome.
—Ya he respondido a tu pregunta, ahora será mejor que me vaya. —Me encaminé decidido hacia el balcón, donde de un salto estuve en la rama más alta, ella me miró de forma reprobatoria.
—Mañana te quiero aquí a la misma hora. —Me relamí los labios.
—No creo que venga, yo… hum, no lo creo. —Los ojos de Bella se endurecieron, pude ver una fiera determinación en su rostro.
—Todos tenemos demonios, Edward. —Se acercó al borde del balcón—. Es solo que yo aún no recuerdo los míos.
Me quedé mirándola unos segundos más en estado de shock. En cuanto ella recordara solo habría un demonio atormentándola, y ese sería yo. La brisa empujó su cabello en ondas hacia adelante, trayendo a mi nariz todo ese olor frutal que desprendía, haciéndome suspirar. Ella me odiaría y entonces quizás acabaría oficialmente internado en algún psiquiátrico, así que de cualquier manera estaría en el infierno, ¿qué más daba comenzar a hundirme un poco más? Me deslicé por otra rama.
—Te ignoraré en la escuela. —Eso la hizo rodar los ojos, antes de que una risa aliviada escapara de sus labios.
—Cabrón arrogante. —No pude evitarlo, me reí con ella. A pesar de todo lo que había pasado de alguna manera me sentía… bien. Liviano.
—Esa boca tuya definitivamente es algo nuevo. —Al decir eso, me di cuenta de mi estupidez, ella elevó una ceja, pero para mi suerte no agregó nada más mientras me observaba todo el camino hasta que baje del árbol.
.
.
Incapaz de dormir, abrí la puerta de mi alcoba, a mi alrededor, los habitantes de la casa se movían, incluso podía oír el susurro de las sábanas. A pesar de la dosis adicional de medicación que me había auto administrado, la calma química parecía no llegar a mí. No podía dormirme, no podía estar tranquilo, mi mente daba vueltas y vueltas en círculos. Era extenuante.
En el patio hundido entre las sombras, solté el humo lentamente mientras miraba hacia la nada. Ya estaba jodido, lo sabía, pero esto se estaba escapando de mis manos. Némesis se estaba convirtiendo en un dolor en el culo. Ya no me era tan reconfortante su presencia, antes me gustaba su peculiar naturaleza, pero últimamente no hacía más que atacarme y su personalidad excéntrica e intensa me tenía bastante cansado.
Pensé entonces en lo increíble que resultaba como ella se había vuelto gradualmente la dueña de mi cabeza, justo ahora estaba ahí, de pie junto a un árbol, con el uniforme blanco de porrista rasgado meciéndose al viento. Su figura curvilínea y tentadora, la piel pálida haciendo un contraste contra aquella oscuridad. En una de sus manos sostenía un pompón, y cuando nuestros ojos se encontraron supe lo que venía. Rodé los ojos
—Te dije que le harías daño —comenzó a decir en tono cantarín y alegre, como cuando animaba a mi equipo en alguna final—. Te lo dije, ahora te tiene miedo otra vez, aunque lo enmascare con sonrisas. —Sonrió acercándose a mí, aunque no era una sonrisa feliz, era condescendiente, casi rayando en la lástima—. ¿Y quién no te tendría miedo? Estás loco, das pena ajena.
Di una dura calada a mi cigarro, sintiendo como el humo inundaba toda mi garganta y se habría camino hasta mis pulmones antes de lanzárselo sobre su malditamente hermoso rostro, por supuesto, atravesó su incorpóreo cuerpo cayendo sobre el suelo húmedo.
—Vete.
—Te advertí sobre esto, ¿y a qué no sabes qué? —No respondí, ella saltó con esa gracia que tanto la caracterizaba—. ¡Tenía razón!, siempre he tenido la razón y por cierto, ya deja de pensar en el accidente como el culpable de que tu familia esté estancada en este pueblo, porque aquí el único desastre eres tú, estoy segura de que el resultado funesto de la vida de todos será el mismo mientras sigas con vida.
—Ya cállate —murmuré buscando nervioso otro cigarro en mi chaqueta. La noche no era tan fresca como otras veces, sin embargo me estremecí con las palabras de Bella.
—¿Por qué quieres que me calle?, ¿ya no te gustan nuestras conversaciones? —preguntó mirándome desde el suelo, se había dejado caer y había apoyado su pequeña espalda en la pared, las rodillas contra su pecho.
—Porque se están saliendo de control, Bella —siseé, encendiendo el cigarro.
—No es verdad.
—¡Vete ahora! —rugí, mirándola con verdadero odio. Ella se puso de pie, elevó el mentón y me encaró con su estatura de 1.65
—Sé que muchos dicen adiós como despedida, pero yo no, pensaré en algo inquietante y mientras lo hago me iré, pero que te quede claro que ésta no es mi palabra final, tenlo por seguro.
.
.
El agua estaba malditamente congelada.
Perfecto, porque era eso lo que mi mente necesitaba. Mis músculos por el contrario, se contrajeron y todo mi cuerpo se puso rígido bajo aquella temperatura, pero salvo una mueca, no hice otra cosa. No podía irme cuando era lo único que lograría mantenerme cuerdo por unas horas más. Necesitaba dormir aunque fuera un par de horas, lo intentaría esta noche.
Me vestí rápidamente, intentando calentarme lo más pronto posible. Frente al espejo mi reflejo no se veía más raro de lo normal, camisa oscura, vaqueros, mis inseparables puma, cabello sin ningún patrón a seguir, y mis ojos hundidos, bordeados por piel púrpura. Las risas de mis hermanos llamaron mi atención, por lo que bajé al comedor. Traté de hacer una disimulada entrada caminando directo a la nevera, saqué la leche y me serví cereal, más que nada para aparentar normalidad, pero cuando me senté en el comedor, sin necesidad de elevar la mirada pude sentir aquellos ojos penetrantes de halcón.
—¿Qué rayos te pasa? —Claro, Jasper nunca se había caracterizado por ser disimulado. Suspiré mirando las hojuelas mientras las paseaba de un lugar a otro, mierda. El cereal y yo en realidad nunca fuimos amigos, ¿para qué me había servido?
—No he podido dormir.
—¿Por… por las pesadillas? —Su tono preocupado casi me hace rodar los ojos. No. En realidad ahora no era solo por esos sueños, pero no iba a explicarle el porqué, así que solo asentí—. ¿No le has dicho nada a papá?
—No, ¿por qué haría eso?
—Porque es importante, tú… ya sabes lo que pasó la última vez —murmuró, como si decir aquello supiera amargo en sus labios. Suspiré recordándolo.
Antes de que papá optara por recetarme pastillas, habían pasado cinco días sin que durmiera en absoluto, no comía ni tampoco hablaba con nadie, entonces en plena comida un jueves por la tarde, digamos que… tuve un episodio para nada agradable frente a mis hermanos.
—Tan solo han sido un par de pesadillas.
Y solo hasta que lo mencionó pensé que estaba muy cerca de otro episodio parecido. Quizás debería comentarle a papá, pero estaba claro que lo de las alucinaciones era un efecto secundario por el abuso del medicamento. Se suponía que las Prozac me relajarían y ayudarían a dormir, no el efecto totalmente contrario. Estaba seguro de que papá me quitaría absolutamente todo el medicamento, y de pasada buscaría el manicomio más cercano y no, definitivamente no era algo que pudiera manejar de momento. Pellizqué el puente de mi nariz, yo podía con esto, solo tenía que bajar la dosis hasta tomar lo indicado y después incluso no tener que tomarme nada.
—¿Seguro? —Miré el reloj en mi muñeca.
—Seguro, tenemos que irnos ya, por cierto. —Jasper suspiró hondo antes de asentir.
Después de que terminaron los siameses de desayunar, nos subimos a mi auto rumbo al colegio. En ningún momento dejé de sentir la tensión entre mis hermanos y yo, pero no podía solo enfocarme en ello, de hecho hubiera sido mejor.
El problema ya no solo era que me sentía débil por el sueño, también era por la falta de comida, pero no tenía hambre, tan solo recordar cómo había intentado comerme un simple cereal me revolvía el estómago. Mierda. Me estaba volviendo un anoréxico, lo notaba en mi ropa y en la complexión de mi cuerpo. No faltaba nada para que también el resto de las personas, que ya lo notaban, lo externaran en voz alta.
Respiré hondo tratando de concentrarme en lo que mis hermanos venían platicando, pero para mi desgracia, cada sonido, cada sensación parecía indicarme que me estaba acercando a algo más aterrador y amenazador. El ruido del limpiaparabrisas contra el cristal me parecía semejante al redoble de tambores, el rechinar de los neumáticos contra la resbaladiza carretera era semejante a una sirena de ambulancia contra mis oídos. Las risas de mis hermanos retumbaban como si lo hicieran por medio de altavoces, y qué decir de los sonidos del palpitar de mi corazón, eran fuertes como galopes de caballos directamente contra mis oídos. Mierda.
—¿Edward? —sacudí la cabeza antes de mirar a mi hermano, abrí y cerré rápidamente las manos sobre el volante.
—¿Sí?
—Estás muy inquieto, ¿qué te ocurre?
—Nada —aseguré, estacionándonos justo fuera del atiborrado estacionamiento del colegio, pero claro, él siguió con su mirada fija en mi rostro—. Basta, Jass, deja de verme de esa puta manera.
Rosalie me lanzó una mirada preocupada antes de mirar a Jasper. Diablos, estaba seguro de que mis hermanos tenían un acuerdo mudo cuando ella nos dejó solos. Jass se frotó nerviosamente la nuca de atrás hacia adelante antes de suspirar.
—¿Por qué no me dices qué te pasa? Así nos ahorramos todo esto. —Sus malditos ojos de halcón me recorrieron todo el semblante. Desde mi arrugada camiseta de Nine Inch Nails, hasta mis Puma negros, lo ignoré mientras sacaba de mi chaqueta los cigarros, encendí apresuradamente uno—. Déjame ayudarte.
—¿Ayudarle? —murmuró ella mirándome con desprecio—. Hazle un favor a todo el mundo y aléjate. Limítate a largarte, Cullen. ¿Quieres ser un buen chico? Entonces asegúrate de que ellos nunca tengan que volver a verte.
—¿Edward? Estás temblando.
Mis ojos se dispararon en dirección a mi hermano, las palabras de Némesis aún resonando en mi mente como disparos. Di una última calada al cigarro antes de lanzarlo por el estacionamiento ahora vacío, en algún momento todos habían desaparecido hacia sus clases. Encendí rápidamente otro, Jasper parecía consternado, nervioso, estaba cansado de hacer sentir a toda la familia como si tuvieran que cuidar a un niño de dos años.
—¿Crees que sería buena idea irme del pueblo? —Jasper no lo dudó.
—No.
—¿Por qué no? Estoy harto de que me estés cuidando, de que Rose se vea tan devastada cada vez que me mira y papá…
—¿A dónde irías? —me interrumpió—. Somos una familia, debemos permanecer unidos.
—No me vengas con sermones.
—Ni siquiera la muerte de mamá logró separarnos, Edward. —Apreté los labios odiando que mencionara a mamá seguido de mi nombre, era como profanar su recuerdo—. Mira, hermano… —suspiró, pasándose una mano por el ahora demasiado largo cabello rubio, ¿qué rayos le pasa a Alice pidiéndole que se lo dejara crecer así? —. Sé que no estás comiendo, también sé que estás abusando de las pastillas.
—¿Me vas a delatar? —pregunté, tratando de sonar indiferente aunque mi voz fue tensa.
—No, pero necesitas ayuda.
—¿Y quién me va a ayudar?, ¿tú? —Mi tono más tranquilo, la nicotina calmando el ataque de ansiedad que estaba a punto de invadirme.
—Claro, para eso soy tu hermano. —Me reí sin una pizca de humor—. Te ayudaré en todo lo que pueda.
—¿Me cantarás canciones de cuna? —pregunté burlón antes de relajarme aún más para finalmente mirarlo.
—Eso o hablaré toda la puta noche, lo que sea hasta que te quedes dormido.
—Hablaré con papá si eso te hace sentir mejor. —Jasper asintió, aunque algo renuente—. Pero no te quiero sobre mi culo de nuevo todo el día, Jass. —Él se rio entre dientes.
—No estoy espiándote ni nada. —Rodé los ojos.
—Nunca has podido ser disimulado, simplemente no te va. —Él sonrió con algo de culpa, sin embargo sus ojos azules chispearon con malicia antes de decir:
—Claro que no te espío, ahora vamos que ya es demasiado tarde.
Y con eso, ambos sabíamos que no había nada más que agregar. Sería mi puta sombra de nuevo.
.
.
.
—¿Te gustaría hacer la práctica de literatura conmigo?
Ahí, mientras estaba formado en la fila de la concurrida cafetería escuchando hablar a Riley Biers, me pregunté si toda la puñetera escuela estaba esperando este momento, en el que Bella por fin estuviera soltera para poder saltarle encima.
—¿La de Romeo y Julieta? —murmuró ella mientras tomaba distraídamente una manzana de la barra de frutas. Biers asintió.
—Esa misma.
—Pensé que estabas con… ¿Victoria? —Isabella lo miró con el ceño fruncido, el imbécil sonrió lánguidamente.
—No, ya no estoy con ella. En ningún sentido. —Jasper se rio a mi lado.
—Ese imbécil —susurró aun sonriendo, aunque de forma tensa; respiré hondo ignorando esa jodida sensación en mi pecho.
—¿Gracias por el dato? —Aunque el sarcasmo en la voz de Bella impregnaba todas y cada una de las palabras, Riley no lo entendió, tan solo se encogió de hombros.
—Por nada. Estaba pensando que podemos rentar la película si quieres, no sé… ¿quizás podamos verla en mi casa esta tarde?
Y ya que tenía cosas mejores que hacer que atormentarme un poco más escuchando conversaciones románticas de mierda, dejé bruscamente mi charola de comida. De cualquier manera no tenía hambre. Así que salí pitando de ese lugar, tampoco me importó la voz de mi hermano llamándome. Afuera, la llovizna tenía a más de dos de malas, podía escucharlo en las susurrantes maldiciones mientras pasaban a mi lado.
No a mí. Era fresca y agradable contra mi rostro, me mantenía despierto. Me detuve cerca del estacionamiento, contemplando mi auto mientras me recargaba en un árbol para refugiarme de la lluvia y poder encender un cigarro.
—¿Y tú ya tienes compañero para el equipo de literatura? —Di una calada sin molestarme siquiera en mirarla.
—No, Jessica.
—Podríamos hacer equipo —sonrió, deteniéndose justo frente a mi—. Ya sabes, en el sentido que quieras. —Se soltó riendo de su mal chiste, al parecer hoy todos andaban de ese modo tan pendejo, tan solo rodé los ojos—. Escuché lo que Riley le dijo a Bella, tan solo estoy bromeando… ¿eso es lo que te tiene de malas?
De nuevo llevaba el uniforme de porrista, en realidad era bastante agradable a la vista. Piernas largas, torneadas, abundantes pechos, se estaba mordisqueando esa boca que bien sabía yo como trabajaba. A lo largo de nuestro tiempo en el equipo, me había hecho un par de mamadas, nos habíamos acostado otro tanto, había sido bueno, pero no había nada más que me atrajera de ella. Absolutamente nada. Jessica se ruborizó bajo mi escrutinio, cosa que me resultó desconcertante porque realmente llegué a pensar que le importaba una mierda cómo la observaran, de hecho sabía que disfrutaba llamando la atención.
—Me da igual lo que haga —murmuré viendo a Némesis a través del humo, ella estaba furiosa, lanzando dagas por los ojos contra Jessica.
—Entonces… ¿qué dices?
—Puedo hacer ese trabajo solo.
—Es en equipo.
—Me vale una mierda.
—¿Quieres a otro profesor sobre tu culo? —Lancé el cigarro hacia Némesis antes de mirar a Jessica.
—No —respondí finalmente.
—Te propongo algo. —Sujetó un largo mechón de su cabello rubio y lo enroscó entre sus dedos sin dejar de mirarme—. Yo hago todo el trabajo, tan solo te pido que vayas a casa, te aseguro que nos sacaremos la calificación máxima.
—¿Sabes siquiera leer? —Sí, sabía perfectamente la clase de hombre de mierda en la que me estaba convirtiendo, pero de nuevo, no me importó.
—Voy a ignorar tus estúpidos comentarios, te espero en casa a las cinco, ¿escuchaste? —La miré mortificado antes de asentir, luego, me fui más mortificado al recordar su estúpida sonrisa come mierda mientras caminaba a grandes zancadas hacia biología.
.
.
.
Esa noche, antes de salir de casa, me había asegurado varias veces de que nadie se fijara en lo que estaba haciendo.
Había cenado un poco, no sin un esfuerzo hercúleo para no vomitar; había fingido interés en una conversación del americano que Jasper había traído a colación, me había reído de un mal chiste que Emmett le hizo a Rose e incluso les conté un poco de mi trabajo en casa de Jessica. Sin embargo, no me pasó desapercibida la atenta mirada de los siameses sobre todas mis acciones, tampoco sus miradas secretas entre ellos. Mierda, esos dos estaban conspirando contra mí, tenía que ser demasiado cuidadoso, por lo que me aseguré de parecer absolutamente cansado cuando anuncié que iría a dormir.
—Edward, son las siete apenas —refunfuñó Rose mirándome con recelo, tan solo bostecé.
—Ya no hay sol de cualquier manera.
—¿Estás seguro que tienes sueño?, ¿o es otra de tus técnicas evasivas? —Me miró con sus intensos ojos azules de forma acusadora, suspiré revolviendo mi cabello.
—Es por… tengo sueño por las pesadillas de anoche. —Incluso conseguí que mi voz sonara lastimosa y mis ojos atormentados.
Némesis me dio infierno por aquella actuación, pero la ignoré, así como su estúpida sonrisa cuando mis hermanos comprendieron de inmediato deseándome buenas noches. Luego había esperado, Dios, había esperado mucho hasta que no quedaran dudas de que pensaran que estaba dormido, para finalmente escabullirme hasta venir al que se estaba convirtiendo en mi lugar favorito.
Aunque mi lugar favorito iba a convertirse en un verdadero infierno si encontraba a Riley o a Newton en casa de Bella, pellizqué el puente mi nariz. Mierda. Toda la tarde había sido un puto dilema con mi mente, entre seguirla o simplemente asesinar a Biers, desgraciada o afortunadamente la tarea con Jessica y toda la mierda de su acoso había logrado distraerme, sin embargo aquí estaba, mucho más temprano que de costumbre esperando a que llegara.
Una hora después y para mi alivio, fue el coche patrulla el que apareció por la calle, deteniéndose frente a la casa. Bella descendió rápidamente despidiéndose del oficial Swan con un gesto de mano. Respiré hondo sintiéndome más tranquilo, nada de pendejos de la escuela trayendo a mi chica.
—Isabella. —Salí de entre los árboles que rodeaban su casa. Ella saltó y un jadeo de sorpresa escapó de sus labios color carmesí que me volvían malditamente loco.
—Edward. —Su mirada se lanzó hacia la calle, asegurándose de que estábamos completamente solos—. ¿Qué haces acechando en el bosque?
¿Acechando? Bueno, algunos podrían llamarlo así, supongo. Me encogí de hombros.
—Llegué temprano.
—¿Tanto te morías por verme? —preguntó con voz seductora, me estaba tomando el maldito pelo. Le devolví la sonrisa.
—Sí. —Y ahí estaba, toda ruborizada y boqueando antes de negar con la cabeza.
—Eres insoportable —refunfuñó, haciéndome reír, eso la hizo enojar por supuesto, incluso soltó un par de maldiciones mientras buscaba en su bolso la llave para que pudiéramos entrar.
La habitación de Bella me gustaba más que la mía. Mucho más. Respiré dejando que su aroma intoxicara mi sistema.
—Tus hermanos son un par de ilusos —murmuró Némesis mientras caminaba alrededor del cuarto de Bella.
—¿Y… por qué te trajo tu papá? —comenté distraídamente.
—Estaba buscando algunas cosas en su oficina, me aseguré de que no se diera cuenta de eso.
—¿No sospechó de tu visita? —Bella sonrió.
—Soy una amorosa hija que quería ver a su papá un rato, ¿qué de malo hay en eso? —Rodé los ojos.
—¿Y qué tipo de cosas estabas buscando?
—Algo que pudiera ayudarme a recordar quién soy. —Me miró como si no fuera obvio, pellizqué el puente de mi nariz.
—No deberías hacerlo, menos husmear en la oficina de tu papá. —Ella se encogió de hombros luciendo molesta antes de prender el estéreo ubicado en una esquina de su recámara.
—No te estoy pidiendo permiso. —Iba a soltarle otro comentario ácido, pero cuando la música inundó la alcoba, la miré con curiosidad, las notas eran suaves, relajantes…
—¿Debussy?, ¿es en serio?
—¿Qué tiene de malo? —susurró sin atreverse a mirarme, y si no la conociera, pensaría que se sentía avergonzada—. Puedo… hum, cambiarlo, ¿qué quieres escuchar, hip hop? Creo que ahora todos escuchan a…
—¿Te parezco del tipo que escucha hip hop? —la interrumpí con una sonrisa que por alguna razón logró que se ruborizara.
—Sí, se ve como que te gusta Beyonce —contestó con humor, sin embargo seguía aún sonrojada. Me reí.
—Pueda que escuche un poco de su música. —Me encogí de hombros—. Así como antes lo hacías tú, aunque las veces que te vi con Alice siempre estaban escuchando pop más que nada, eras de las que escuchan a Taylor Swift. —Bella respiró hondo.
—No estás hablando en serio… —Me reí de su rostro, ella entonces comprendió que le estaba tomando el pelo, se enojó lanzándome una almohada.
—¿No me crees? —murmuré divertido, caminé hasta su cama para devolverle la almohada, pero entonces y para mi sorpresa ella se hizo hacia un lado.
Una invitación.
Me quedé ahí, de pie, como un tipo que acaba de desertar de un seminario y ahora no sabe qué hacer con una mujer. Mierda, jamás me había pasado algo como esto, nunca había tenido ningún problema manejándome alrededor de las mujeres, sobre todo cuando crecí al lado de una hermana bastante sobreprotectora y descarada como Rosalie. A veces ella andaba en bóxer por la casa, sin importarle los gruñidos de Jasper o los míos, y cuando se enfurecía, nos aventaba sostenes a sabiendas de que eso era como lanzarnos ácido cuando éramos niños.
Después, estando en el equipo de americano, aprendí más de mujeres que de balones, y conforme fui desarrollando mi físico, estar con mujeres sobre camas, era parte de mi vida cotidiana, para recuerdos tan solo tenía que pensar en mi tarde con una más que dispuesta Jessica. ¿Entonces, por qué mierda no podía sentarme al lado de Isabella?
—Según mi diario, mi ropa y maquillaje, eso que dices es muy probable. Era una estirada.
Palmeó a su lado para que me sentara, como si yo necesitara entender con gestos lo que tenía que hacer, refunfuñé sentándome en el borde. Su aroma a frutas golpeándome con fuerza. Respiré hondo esperando el ataque de ansiedad que me daba siempre, pero no obtuve más que un leve cosquilleo en mi piel, sin poder evitarlo sonreí torcidamente, cada vez era más fácil acostumbrarme a su aroma sin sufrir otro ataque.
—Tan solo estoy jugando, ¿lo sabes, verdad? —Ella asintió guiñándome un ojo, ¡guiñó un ojo! Por alguna razón recorrió un escalofrío mi cuerpo.
—Pues quién sabe qué escucharía antes, pero mi mente parece estar llena de esta música ahora. Cuando era niña la escuchaba junto con mamá —comentó con nostalgia, apoyando la cabeza contra el cabecero para mirarme.
—¿Dónde encontraste estos cd?
—Debajo de un montón de ropa en mi armario, estaban en una caja que le pertenecía a mamá, estaba llena de discos de los nocturnos de Chopin. Si me la traje desde Arizona quiere decir que al parecer durante un tiempo también tuve cerebro. —Me reí antes de acomodarme mejor en mi lugar para mirarla.
—Siempre has tenido cerebro, olvidadizo, pero ahí está. —Ella me golpeó suavemente el brazo antes de sonreír, era hermosa cuando lo hacía. Podría pasarme toda la noche buscando qué decir para verla sonreír de nuevo.
—Bastante olvidadizo, y al parecer tampoco me gustaba decorar. Papá dice que no tenemos arreglos para navidad, ¿puedes creerlo?
El cabello abundante y largo estaba húmedo por su reciente ducha y… mierda. Jodida mierda, por eso no quería verla. Sus pequeños y delicados pezones se marcaban suavemente a través de la ajustada camiseta, todo mi cuerpo se sacudió en respuesta
—Lo que no puedo creer es que busques los arreglos de navidad en pleno verano. —Me empujé ligeramente lejos, tratando de poner algo de distancia ante su repentina cercanía, me entretuve mirando la dichosa colección de discos que me mostraba. Bastante nueva era para mí también toda esta faceta de Isabella—. No tiene sentido que busques eso.
—¿Qué? No me digas que no te gusta la navidad —inquirió, sonando horrorizada.
—Sí me gusta, las vacaciones más que nada. Supongo que a ti también te gustaba la navidad, pero… como solo son tú y tu papá… ¿quizás no le veías mucho sentido? —pregunté mirándola, porque eso era algo que ella me había dicho. Bella parpadeó mirando hacia sus manos antes de sentarse mortificada en la cama.
—¡Pero soy una mujer! —chilló exasperada, provocándome un susto—. ¿Qué clase de mujer no decora su casa?
—La misma que se pone suéteres espantosos para ir al colegio —refunfuñé entre dientes, deseando que de hecho lo sacara y se lo pusiera de una maldita vez.
—Eso es porque todas mis blusas parecen… parecen de una puta —suspiró desviando la mirada—, no tengo una sola blusa que no enseñe más de lo debido.
—No digas esas cosas. —En un estúpido impulso, me acerqué un poco y sujeté su mentón. Conteniendo el aliento cuando me miró con esos oscuros y entristecidos ojos.
—No sé qué clase de mujer fui hasta hace unos meses, pero no quiero parecerme a ella, lo único que quiero es saber por qué me volví… eso.
—Lucías normal, te lo aseguro. —Aquello no pareció convencerla, lo supe en su suspiro mortificado y en sus hombros aún tensos, liberé su mentón antes de revolver mi cabello con una mano—. De hecho… hum, espectacular.
—¿De verdad? —Sus ojos ahora iluminados.
Por alguna jodida razón, una imagen de sus senos desnudos presionados contra mi pecho golpeó con fuerza mi mente. Muy mal recuerdo para evocar de una Isabella luciendo espectacular. Gruñí antes de lanzarme hacia atrás, apoyándome contra el cabecero de su cama.
—No te emociones. —Ella se rio sacudiendo la cabeza.
—¿Te sigo pareciendo espectacular? —Apreté los labios en una fina línea, ella tan solo elevó una ceja antes de sonreír—. Tomaré eso como un sí. No te culpo, incluso yo no puedo creer la nueva figura que tengo —canturreó aun bromeando.
Rodé los ojos riéndome de lo absurda y creída que sonaba, pero de cualquier manera no volví a mirarla ni a sus exuberantes pechos, la verdad es que había extrañado muchísimo el sonido de su risa. Nos quedamos en silencio después de eso, mi mente parecía tranquila y ese era un gran avance, no escuchar a Némesis aunque fuera por un rato en realidad era un descanso, solo que al no escucharla por alguna razón de mierda me daba sueño, mucho sueño.
Miré hacia otro lado antes de bostezar largamente, su cama era increíblemente blanda, acogedora. Cuando volví mi atención a Bella, me encontré con su atenta mirada, más bien era como si estuviera analizando toda mi silueta. Su escrutinio me puso repentinamente nervioso.
—En clases te vi durmiéndote, lamento tenerte aquí hasta tan tarde.
—¿Dejarás que me vaya entonces? —Su sonrisa se hizo amplia.
—No, si tienes sueño puedes descansar un poco aquí.
—¿Estás de broma? —Bella se encogió de hombros.
—Puedes dormir un rato en la cama mientras yo termino de reorganizar mi cuarto.
—De cualquier manera en realidad no duermo —murmuré ácidamente.
Pero cuando volví a mirarla, ella se estaba mordisqueando el labio, pude ver como su mente corría a mil kilómetros por hora y no me gustó ni un poco. Eso siempre significaba la cantidad de preguntas que se estaban formando en su mente, casi podía ver cómo escogía las cinco mejores y de ahí desechaba toda probabilidad hasta llegar a una sola…
—¿Es por las voces?
…pregunta. Claro, Bella tenía que preguntar algo más.
—Mmm, a veces. —Mierda, ahí estaban otra vez sus ojos llenos de curiosidad.
—¿Te dicen que no debes dormir?
—Eso no es cierto, yo nunca le digo que no debe dormir, al contrario, que duerma mientras yo me convierto en una mejor persona —canturreó Némesis divertida, suspiré al escucharla volver de nuevo.
—No precisamente, más bien… no dejan de hablar —comenté, fulminando a mi pequeño monstruo con la mirada.
—¿Tú… tú además ves a la voz?
Disparé una mirada directamente a Isabella, Dios. ¿A qué hora me había vuelto tan malditamente loco? No solo por el hecho de que ya no podía controlar mis alucinaciones o mi verborrea frente a ella, sino que además le estaba confesando toda clase de pendejadas dignas del manicomio.
—¿Hay alguna diferencia? —pregunté elevando una ceja, que por alguna razón la hizo ruborizarse de nuevo.
—En realidad solo es curiosidad, ¿tienes alguna enfermedad? —Me pasé una mano por el cabello—. ¿Siempre ha sido así?
—No soy un esquizofrénico, si eso es lo que quieres saber. Creo que es culpa de los antidepresivos que consumo.
Bella asintió quedándose inquietantemente seria, y digo inquietante porque ella jamás se quedaba callada. Podía imaginarme la cantidad de cosas que estaba pensando, casi podía ver los engranajes en su cabeza moviéndose a toda velocidad, sin embargo ahí estaba seria, mirando hacia cualquier otro lado. Suspiré cerrando los ojos, esperando en silencio también a que la siguiente pregunta saliera de sus labios.
Pero nunca lo hizo.
.
.
.
—¿Edward?
La voz de Bella se escuchaba increíblemente cerca, de hecho, su voz era clara como una campana en mi oído. Abrí los ojos de forma lenta, suspirando lastimeramente al darme cuenta de que tan solo había soñado que estaba en la habitación de Bella. Al menos había sido un sueño, uno bueno y no una pesadilla.
—Te has quedado dormido un buen rato.
Parpadeé, enderezándome inmediatamente, mi corazón golpeando con fuerza mis costillas. Esa voz no era la de Némesis, mierda. No estaba malditamente soñando, con horror miré hacia todos lados tan solo para ver que, efectivamente, estaba en la habitación de Bella y me había quedado jodidamente dormido, no solo en su casa, sino en su cama.
—¿Por… por qué no me despertaste antes? —pregunté sintiendo mi voz ronca, mi corazón aun golpeando con fuerza.
—Porque te veías increíblemente relajado. —Se encogió de hombros—. Pero creo que ya es muy tarde… odio cuando te vas caminando por la madrugada.
—¿Eso de verdad te importa? —murmuré poniéndome de pie, tratando de sonar más ligero en lugar de aterrado como me sentía en realidad ante el gravísimo error de haberme dormido.
—Si algo te pasa ¿a quién más voy a acosar? —Rodé los ojos antes de reírme incrédulo.
—Claro, debí imaginarlo. —Bella me miró con una sonrisa antes de encogerse de hombros.
—¿Por qué estás tan cansado? —Suspiré, restregándome ambas manos por la cara.
—Diablos, creo que finalmente las pastillas que me tomé temprano están haciendo efecto. ¿Cuánto… cuánto tiempo me quedé dormido?
—No mucho, unas dos horas. —Asentí distraídamente, necesitaba un cigarro, así que me puse de pie caminando directamente hacia el balcón.
—Será mejor que me vaya entonces. —Palmeé dentro de mi chaqueta encontrando la cajetilla, suspiré mientras sacaba uno.
—No tienes que irte aún si… si no quieres.
—Es tarde. —Ella llegó a mi lado mientras encendía el cigarro, apoyó la cadera contra la baranda que daba directamente a mi ruta de escape: el árbol.
—¿Puedo preguntarte algo? —Di una calada rodando los ojos mentalmente.
—¿No es eso lo que siempre haces?
—Sí —canturreó encogiéndose de hombros.
—Dispara entonces. —Bella se acercó aún más y por alguna razón envidié que el humo fuera capaz de tocar su rostro.
—¿Terminaron el trabajo de literatura? —Aspiré bruscamente, tosiendo el humo que estaba ahora dentro de mis pulmones.
Y aquello me quemó de la misma manera en que lo hizo recordar al pendejo de Riley y su estúpido intento por acercarse a ella, me quemó en la misma forma en la que lo hizo toda la tarde cada vez que pensé en ellos juntos. Solos.
—¿Me seguiste? —pregunté a través de los dientes apretados, ella se removió incómoda malinterpretando mi reacción.
—No fue así, yo… —Sacudió la cabeza haciendo que un par de rizos se deslizaran por su frente—. Tan solo estaba tratando de mantener mi distancia con Riley, pero entonces estabas ahí en el estacionamiento con Jessica y, simplemente yo... pues escuché todo, ¿ya? —suspiró cruzándose de brazos—. Entonces… ¿cómo te fue con ella?
—¿Con Jessica? —Rodó los ojos como si estuviera lidiando con un retrasado.
—Sí.
—Bueno… —Di otra calada al cigarro recordando la tarde.
Jessica para mi sorpresa había cumplido el trato, había terminado toda la tarea de mierda incluso antes de que yo llegara, y mientras estábamos sentados en la sala de su casa, ella describiendo ciertos puntos y yo poniendo atención, se había ido acercando hasta sentarse en mi regazo. Había metido sus manos en mi cabello y su lengua dentro de mi boca en menos de un segundo, aunque con la misma velocidad me había puesto de pie y su culo había tocado el suelo.
—Terminamos la tarea a tiempo. —Me reí entre dientes al recordar a una enfurecida Jessica gritándome desde el suelo. No que me importara, seguro mañana estaría intentando arrastrarme a otra tarea en equipo.
—¿Me estoy perdiendo de algún doble sentido? —preguntó Bella en tono seco, su mirada era acusadora, ¿estaba acaso celosa?
—No, en realidad te estoy diciendo lo que fue, cuando llegué a su casa ella tenía ya toda la tarea completa. —Isabella elevó una ceja.
—¿A qué fuiste entonces? —Mierda.
—¿Por qué te interesa saber? —pregunté a la defensiva, esa era mi única salida siempre de todo. Atacar era mejor que sentirme vulnerable, mil veces. Ella solo se me quedó viendo, bufé pasándome una mano por el cabello—. No hicimos nada de lo que sea que te estás imaginando, ¿de acuerdo?
Ella me miró intensamente, buscando en mi rostro la verdad. Tan solo le devolví la mirada, no estaba mintiendo. Finalmente suspiró cruzándose de brazos.
—¿Por qué te enfureciste cuando Riley me pidió que me fuera con él? —Enfurecerme se quedaba corto. Respiré hondo antes de encender otro cigarro.
—Mejor dime, ¿qué fue lo que ustedes hicieron? —pregunté con la voz ronca.
—¿Para qué quieres saber? —Cerré las manos en puños.
—Solo escúpelo. —Sus ojos destellaron con odio, y justo cuando pensé que no me respondería, me sorprendió diciendo:
—Ver la película para el ensayo. —Se cruzó de brazos antes de sonreír de una forma que solo avecinaba problemas—. Terminamos a tiempo.
Mierda. Lancé el cigarro acercándome de forma impulsiva a ella hasta que nuestros pechos se tocaron, miré hacia abajo, a sus profundos ojos marrones.
—¿Te gusta? —pregunté peligrosamente cerca de su rostro.
—¿Q-Qué?
—Riley, ¿te gusta? —La pregunta sabía a mierda en mi lengua, pero tenía que saber, Bella se rio nerviosamente dando un paso hacia atrás.
—¿Estás loco?
—Un poco —murmuré, robándole un bufido.
—Una no se fija realmente en hombres como esos, Edward. —Arqueé una ceja invitándola a seguir hablando, ella rodó los ojos—. Arrogantes, que creen que cualquiera puede caer a sus pies, rogándole que sea mi novio o algo por el estilo.
—¿Entonces por qué fuiste con él? —Isabella sonrió de esa manera que no me gustaba nada: calculadora, arrogante y sexy como la mierda.
—¿Te importa? —preguntó en forma evasiva, sentí la furia bullir dentro de mis venas.
—Me importa demasiado —solté, tomándonos a los dos desprevenidos, aquello sin embargo logró que Bella me contestara.
—¿Y qué es lo que quieres saber? Ya te dije que le dejé claro que no me interesa…
—¿Por qué tuviste que decirle eso?, ¿qué intentó? —siseé. Ella boqueó un par de veces antes de ruborizarse, mirándose las manos. El estómago se me cayó a los pies.
—Él no intentó…—Rodó los ojos exasperada—. Solo nos besamos, ¿ok?
Nos besamos. Como: nos besamos. No él me besó, más bien del tipo: "me besó y le correspondí".
Bien, oficialmente estaba jodido.
Mil disculpas otra vez chicas, sé que esta historia es complicada y por eso debería actualizar más seguido pero ando poquito apurada dándole prioridad a una de mis historias para un concurso, no por eso abandonaré esta historia de hecho la tengo muy avanzada nada más que salgamos de todo esto del concurso y estaremos de lleno aquí ;)
Gracias por agregarme a favoritos y a sus diferentes listas.
Y mil gracias a las chicas que comentaron: Polillyta, gracias nena por tus palabras, espero este capi también te haya gustado y disculpa la tardanza!, Jimena, Hola nena, iré explicando porque discutían cuando tuvieron el accidente, si era muy engreido y trataba a Bella más que nada como un trofeo, ahora está haciendo lo necesario para compensarla, pero el problema es que quizás sea tarde. soledadcullen, gracias por tus lindas palabras nena, y una disculpa por la tardanza, estar con Edward es muy difícil pero Bella de alguna manera lo va logrando, el problema es si estará interesada en él, o no. guest, Gracias por tus palabras nena, la historia espero que sea no muy larga no sabría decirte cuantos capis va a llevar pero esperemos no más de veinte, Pichi Wallace, no sé cómo agradecer tus comentarios tan amenos, siempre robándome sonrisas Wallace, sé que te confundo bastante con este mocoso malcriado pero te aseguro que mejorara :D, Brig, Mil gracias por todas tus lindas palabras nena, gracias por la espera y por los animos, me he sonrojado, y bueno pues espero que te haya gustado este cap, donde el problema de Edward no solo es que Bella no lo recuerde, sino que además pueda ni siquiera sentir algo por él. JosWeasleyC, Hola nena, estos dos tuvieron una discusión que derivó en el accidente, pero no fue solo por eso que Bella no quiere recordarlo, y para colmo, al parecer está rehaciendo su vida sentimental… sin él, como ves?, DiAnA FeR, Gracias por la espera nena, pues te cuento que Edward se está quedando atrás con Bella, ella ya está rehaciendo su vida, como ves?, DulceNessie88, Hola nena, gracias por unirte, te cuento que en este capi Edward ha confesado a Bella ciertas cosas, pero ¿serán suficientes para ella?, porque al parecer está siguiendo adelante sin él. MoN cArTeR, gracias por comentar nena, Bella ya sabe que Edward tiene alucinaciones, ¿crees que lo ayude? jupy, Bella quiere saber más de Edward pero en el camino se está descubriendo también así misma, como ves? cavendano13, La inspiración repotenciada jejeje, Bella ahora sabe que Edward tiene problemas, crees que lo ayude? patymdn, Al final Edward no pudo hacerse como que la virgen le hablaba Bella terminó descubriéndolo, crees que sea para mejor? CindyLisse, cuchu linda, Gracias por comentar linda, como dices mientras Edward sigue en ese punto muerto Bella ha seguido adelante, crees que lo ayude o al menos lo espere? Porque al parecer ella está rehaciendo su vida, con o sin Edward. Monique, hola nena, ya me imagino que te pone triste la situación de Edward, pero quizás este beso de Bella con otro despierte algo más en él, algo más que el remordimiento, como ves?, Tecupi, Creo que Bella se ha tomado bien la enfermedad o lo que sea que le pasa a Edward, porque ella a diferencia de él ha seguido con su vida, creo que es hora de que él vea que debe hacer, no crees? Liz Cullen Boschetto Belikov Gracias por la espera nena mil disculpas, te tengo noticias espero no tardar mucho de nuevo :) me dices si te gustó, Rosbell, gracias por tus lindas palabras y disculpa la tardanza nena, Edward está llegando a un límite y con esto que Bella ha seguido adelante, creo que debe tomar una decisión, como ves? Gloria, Sé que ya pasó mucho tiempo pero jajajajaja me sigo riendo de lo de corriendo en círculos con las manos en la cabeza, jajaja contestando a tu pregunta, Charlie no quiere hablar de Renée porque chan chaaan, ella le hizo algo imperdonable, por eso no quiere ser él quien le cuente a Bella, gracias a ti por comentar nena, un abrazo.
¿Cómo ven? Edward no es todo para Bella, pero no por eso significa que no haya nada entre ellos, la química sigue ahí, el problema es ¿por cuanto tiempo más?,
¿Me dicen que les pareció? Nos leemos pronto.
