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Capítulo 7

En el Valle

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Los personajes de Slayers pertenecen a su creador.

Le doy las gracias a... SaKKuRi-Lee, ALPHA-JACK, Moonlight 07, MGA_FGA, Raven174, Fanny Metallium, Galatea, ZLas MTALlUm, Zelda M., Yoko, Lis-chan y Maryttha.

Milliardo es uno de los personajes de Gundam Wing, Milliardo Peacecraft, mejor conocido por Zechs Merquise. ¿Por qué no utilizar a Milgazia que ya es parte de Slayers? Porque tenía el mismo pensar que los demás dragones dorados y en esta historia no le hubiera caido la actitud que le quiero dar.

Recuerden que esto es un AU (Alter Universo) Aquí Xellos no tenía ni idea de que existieran dragones, menos que fueran enemigos acérrimos. ¿Por qué? Xellos, en esta historia, no es criado por demonios, por lo tanto, no se comporta como tradicionalmente lo haría en la serie.

Lo de Zelgadis y Amelia, caramba chicos, con tanto amor que respiraba la pareja, comprometidos y seis años de por medio.... ejem... en esta historia, como diríamos aquí en Puerto Rico, no tienen televisión para entrenerse por las noches ehhh, jajajaja.

Con respecto al comentario de Raven. Con las descripciones que hacen de los demonios en Slayers que dicen que si se alimentan de las emociones y todo eso... siempre pensé que serían como unos radares ambulantes para sentir, tanto que casi me hacen decir que no son demonios, sino émpatas enloquecidos.

Para Moonlight 07 y SaKKuRi-Lee, mis respetos. Si yo me echo una historia así de larga de un solo tirón se me caen los ojos y me vuelvo loca teniendo pesadillas con los personajes. Sólo puedo decir... ¡¡Rayos!!

Y para todos los que lloraron por la parejita, aquí tienen algo de Lina y Gourry, pero ojo, no vengan llorando a donde mí porque no les gusta lo que saqué. Recuerden que al fin y al cabo, soy también una romántica y nada se quedará sin respuesta en su momento.

Finalmente.... on with the story.

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Una bestia bermeja parecía volar por el polvoriento camino dejando una estela de fuego mientras una esbelta figura se sujetaba con fuerza de las bridas y sus rojos cabellos se confundían con los del animal. Lina Invers, Princesa del Reino Infernal, cabalgaba una yegua de fuego, raza híbrida creada con magia por los hehiceros de esa tierra. La velocidad de la yegua sobrepasaba a la de cualquier animal sobre la tierra y era casi imposible de asustar.

Había salido de palacio en el momento mismo en que había recibido la carta y se dirigía al lugar que le mencionaba su amigo Zelgadis y que pensaba era lo más cercano al lugar donde deberían estar Filia según las indicaciones que le había dado Xellos. El camino ya estaba bastante obscuro, pero su montura no necesitaba descansar aún. Podía cabalgar por varios días seguidos si así lo necesitaba. En su mente trataba de repasar los conocimientos que tenía acerca de los dragones, que no eran demasiados, cuando un destello azul al otro lado del camino que corría paralelo al suyo llamó su atención. Dio un respingo malhumorado, Lina conocía aquel destello.

Le dio un tirón a las bridas y obligó a la yegua a salirse del camino por donde transitaban. El animal tuvo que brincar varios obstáculos en el corto campo traviesa hasta caer de un salto al lado del destello azul. El jinete volteó brevemente y aguzó la mirada, sin detenerse sacó de entre sus ropas un papel y lo agitó para que Lina lo viera. La peliroja maldijo en su mente, pero no podía dejar de reconocer la carta de Zelgadis. Tendría que permitirle a Gourry acompañarla. El rubio continuó sin echarle otro vistazo a su infernal compañía.

Lina refrenó un poco a su yegua para ir a la par con la montura de Gourry. El animal era casi tan veloz como el suyo, pero Gourry no lo estaba espoleando. Si había una desventaja en tener como montura a un unicornio azul era que el animal no admitía freno o dirección. Un hermoso brillo refulgía como plata líquida sobre sus crines y su cuerpo azul como el firmamento parecía reflejar a la perfección el espectro completo de dicho color. Su cuerno y sus pezuñas despedían pequeños destellos de magia con cada movimiento. Gourry se sujetaba con firmeza de las crines mientras se balanceaba perfectamente, de tal forma que parecía uno con el animal.

La peliroja fijó su vista nuevamente al frente mientras volvía a maldecir en su mente. Zelgadis se las iba a pagar cuando regresaran con Filia.

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La luz del astro rey despertó a Filia, que dormía plácidamente sobre los cojines que había acomodado esta vez a su gusto. No tardó mucho en desperezarse por completo y con algo de expectación comenzó a observar el horizonte. Sin embargo lo que vio no fue de su agrado. En vez del dragón dorado volando alrededor de la torre, se encontró con que había otro, decididamente más grande y algo familiar. Gruñó disgustada. Aquel no podía ser otro sino Valteria. Cruzó los brazos sobre el pecho algo enojada. Bien, si aquel tonto Rey de los dragones pensaba que podía tenerla allí sin sufrir las consecuencias estaba muy equivocado... después de todo, él mismo había dicho que ella era la princesa. Extendió una mano que brilló fuertemente con una luz blanca y un perfecto rayo salió disparado en dirección a la enorme bestia emplumada. Un sonoro rugido fue la respuesta del animal, que volteó para ver quién osaba atacarlo. Un chillido de indignación fue su segunda respuesta al ver que había sido la propia princesa y préstamente se dirigió hacia la torre.

Con un revoltoso batir de alas se posó en el borde y se dirigió enojado hacia Filia, cambiando en el preciso momento en que se paraba frente a ella.

"¿Qué crees que estás haciendo?" Le espetó furioso.

"Obviamente estoy llamando tú atención. ¡Quiero mi desayuno y es ahora!" Los ojos dorados la observaron con indignación real.

"¿Cómo te atreves a levantarme la voz?"

"¿Cómo te atreves a pensar que puedes tratarme como a menos que una princesa?"

"Te trataré como te mereces." Le dijo amenazadoramente cubriéndose de un aura azul.

"Entonces yo también te trataré como te mereces." Lo empujó con el dedo índice en el pecho mientras un aura dorada la cubría suavemente.

Esa fue la gota que colmó el vaso para Valteria, el que aquella tonta princesa se atreviera a faltarle el respeto de aquella forma era, en su opinión, demasiado insulto. A su alrededor el aura se condensó y pareció salir disparada hacia la princesa. El aura dorada de la princesa no tuvo ningún problema en detener el ataque, devolviéndoselo con doble intensidad para dejar un Rey Dragón algo chamuscado. La rubia dio un respingo altanero y se llevó las manos a las caderas.

"Eso es para que aprendas a no subestimarme." Le espetó Filia y levantó la barbilla de forma insolente, como sólo una princesa podía hacer.

"Tú, maldita lagartija dorada, desgracia de toda la raza de dragones, debiste morir antes que prestarte para cumplir una estúpida profecía! Soy el único que puede salvarte, pero si no me das otra alternativa ¡¡yo mismo te destruiré!!" El aura azul se intensificó y Filia retrocedió unos pasos, pero su rostro se endureció, ella no iba a retroceder en esos momentos aunque le costara la vida. La magia propia del Rey Dragón se disparó en su dirección pero nunca llegó. Un escudo dorado se había formado frente a ella y tras él pudo distinguir la figura de Milliardo. El fuego azul aumentó contra el escudo y finalmente lo traspasó, haciendo blanco en el guardián de la torre.

"¡NO!" Cuando las chispas azules se disiparon Milliardo yacía de rodillas frente a Valteria. Aquel grito no había salido de la garganta de la princesa, sino del mismo Rey. "Eres un tonto." Siseó el Rey. "¡Un maldito tonto!"

"Sabes que no lo puedo permitir." Dijo entre jadeos el guardián, cayendo sobre sus manos por la fuerza del ataque.

"Esta vez no tendrás la oportunidad de volver a desafiarme." La princesa estaba a punto de acercarse a Milliardo cuando Valteria la detuvo en su lugar. "Ni siquiera lo intentes, no voy a permitir que te le acerques otra vez." Tomó a Milliardo por el brazo y se lo echó por encima del hombro y ambos desaparecieron en una brillante luz.

"No." Exclamó Filia un poco insegura. Ahora estaba completamente sola en la torre y no sabía qué destino le podía deparar el Rey Dragón al guardián de la torre. Suspiró profundamente ¿Qué era lo que le estaba sucediendo? Su estómago escogió ese momento para recordarle que aún no había probado bocado alguno. "Maldición." Susurró.

En el interior de la montaña dos figuras aparecieron en una habitación. Valteria colocó al guardián con cuidado sobre la cama y gruñó enojado. "¿Por qué tenías que atravesarte así?" Le reclamó. "De no haberte reconocido a tiempo pude haberte matado."

"Sin embargo no te molesta deshacerte de ella." Le reprochó el platinado guardián. "¿Por qué no la dejas en paz de una vez? La profecía en nada te afecta."

"Pudo haber sido cualquier otra, por mí pudo haber sido hasta la más arrastrada de todas las hembras del clan." Valteria apretó los puños fuertemente y cerró los ojos con aparente dolor. "¡Pero no! Tenía que ser ella." Bramó furioso. Milliardo lo observó con la mirada cansada y extendió una mano hasta el brazo de Valteria en señal de simpatía. El gesto suavizó la repentina oleada de sentimientos que se mostraban en el rostro del Rey. "Entiéndeme."

"Sabes que te entiendo, pero tampoco puedo permitir que atentes contra su vida. Además, su prometido pronto estará aquí, lo puedo sentir, sé que tú también. Lo siento acercarse cada vez más, ella es como una fogata encendida en la cumbre de la torre que lo atrae como un faro."

"No se la llevará." Dijo decidido Valteria.

"Promete que no le harás daño a la princesa."

"No puedo prometerte eso. De ser necesario..."

"Promételo." Insistió el guardián.

"¡Milliardo!"

"Entonces regresaré a la torre, allí es mi lugar." Hizo ademán de levantarse pero el monarca se lo impidió.

"No irás a ninguna parte." Le dijo enojado por la actitud del guardián.

"Estoy condenado a la torre y lo sabes. Tú mismo lo decretaste así." Dijo safándose suavemente de la mano que lo sujetaba. "Además... no vas a cambiar mi parecer reteniéndome aquí." Salió de la habitación, en la lentitud de sus pasos se notaba que estaba lastimado. Pero el guardián de la torre tenía su orgullo, tanto como su relación de sangre con el Rey mismo le otorgaba. Valteria lo observó alejarse, en su interior estaba profundamente dolido por la actitud de su único relativo, pero tenía razón, él mismo lo había desterrado a la torre, era inútil tratar de reclamar el lugar que antes había ocupado en el corazón de su primo. Se pasó una mano por los cabellos y trató de concentrarse en cómo lograr controlar a la princesa sin perder el poco respeto que aún le tenía el guardián.

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La sombra que se materializaba en intermitentes ocasiones se detuvo finalmente. Habían llegado a lo que parecía ser el final del bosque, de hecho, también el final del camino pues se cortaba por un profundo abismo que se extendía por una considerable extensión de tierra, formando un hermoso valle en cuyo centro se erguía una torre de piedra. Rodeando el valle, desde el otro lado, se erguía una cadena montañosa de árido aspecto. Si su vista no lo engañaba, eran montañas hechas de roca. Una sonrisa real encontró el camino a sus labios. En lo alto de aquella torre podía sentir a una muy enojada y muy hambrienta Filia Ul Copt.

"Príncipe." La voz lo distrajo de su contemplación.

"Ella está bien, por el momento." Se volteó para ver que Youki y sus lupinas doncellas ya habían llegado a su lado. Volvió a contemplar la torre y todo el valle. "Puedo sentirlos, Youki. Están... en el interior de la montaña." Dijo serenamente aunque algo sorprendido. "Parece que hay algunos en el valle y..." Aguzó la vista, su expresión cambió graciosamente. "¿Qué es eso?" Apuntó a lo que parecía ser una brisna de fuego en la distancia. Youki se acercó al borde del profundo barranco, las lobas lo imitaron. "Se siente familiar." Dijo finalmente.

El castaño sonrió placidamente y se cruzó de brazos en una pose casual. "Esos, si mal no recuerdo, son Lina y Gourry. Creo que Zelgadis tiene algo que ver."

"Vaya que se mueven rápido. ¿Qué animales son esos?" El joven príncipe volvió a aguzar la vista.

"¿Por qué mejor no vamos y lo averiguamos?" El príncipe de Koubuchi asintió y en segundos las sombras comenzaron a descender el barranco en dirección a los dos animales que velozmente comenzaban a cruzar el valle.

Xellos comenzó a acercarse al dúo lateralmente para luego permitirles adelantarse y alcanzarlos desde atrás. La montura de Gourry, al sentir al demonio se descontroló brevemente, pero lo suficiente como para que pierdiera la constante velocidad. Lina disminuyó también la velocidad con un áspero murmullo.

"¡Baka! ¿Ahora por qué te detienes?" Gourry no contestó el insulto, ni siquiera le prestó atención. Su atención estaba puesta en una sombra que se les acercaba a gran velocidad. Sin pensarlo demasiado desenvainó su espada y la dejó colgar por el lado contrario al cual se acercaba la sombra. El unicornio, que podía comprender las intenciones de su jinete, volvió a tomar el paso. Entonces la sombra se acercó lo suficiente como para entrar en su perímetro de alcance. Lina lo observó de reojo, sabía que aquella era una posición de ataque del rubio y no pudo evitar tratar de ver con el rabillo del ojo qué era lo que el rubio veía.

Gourry echó un poco atrás la espada, sujeto con una sola mano a las crines de su montura y esperó pacientemente. Se preparó, contando mentalmente el ritmo con el cual la sombra parecía aparecer y desaparecer. Su instinto le dictaba paciencia y calma hasta que, con un certero movimiento lanzó la espada en el lugar en que aparecía nuevamente la sombra. Un gruñido y la sombra rodó con toda la velocidad que llevaba, llevándose de por medio cuanto obstáculo había. El unicornio azul se detuvo más adelante y Lina jaloneó brutalmente a su montura hasta detenerla. Cinco sombras se materializaron alrededor del príncipe de Koubuchi en posición de ataque. Una sexta se detuvo justo al lado del joven caído.

"¿Príncipe?" No trató de tocarlo, simplemente lo observó un poco preocupado, aunue no demasiado. Xellos logró sentarse en el suelo y por primera vez Lina y Gourry tuvieron una buena vista del joven.

"¡Por L-sama, si es Xellos!" Exclamó Lina bajándose prestamente de su yegua y acercándose al príncipe caído. "¡Gourry no baka!" Le gritó furiosa al rubio, quien comenzaba a sentirse culpable.

"No te preocupes, Lina-san. Debí ser más precavido." Xellos sonrió y se puso en pie, la espada del príncipe se había clavado justo en su hombro en perfecto ángulo, atravesándole limpiamente hasta la empuñadura. La tomó con firmeza y la sacó con lentitud. La observó por unos instantes, limpiando en su ropa la obscura esencia que amenazaba con corroerle el filo y se la extendió al rubio quien la tomó con un poco de incomodidad.

"Lo siento, Xellos, no pensaba que nos encontraríamos de esta forma." Le dijo con suavidad Gourry. Las cinco guerreras se relajaron levemente al sentir que ya no había peligro. El joven de cabellos púrpuras volvió a sonreir.

"Tampoco esperaba encontrarlos." Dijo dirigiéndole una mirada a Lina. "¿Zelgadis?" La peliroja asintió. Xellos se permitió observar con detenimiento a la joven. No había cambiado demasiado, a no ser por la estatura, la figura seguía siendo la misma y los cabellos rojizos se notaban un poco más rebeldes. Como él, estaba vestida con ropas obscuras, la ropa llamativa había quedado atrás. Las ropas de Gourry eran parecidas, predominando en ellas el azul obscuro y el negro. El príncipe era tan alto como siempre, pero su figura decididamente había tomado las dimensiones propias de un hombre aunque su rostro seguía mostrándose juvenil. La real diferencia se mostraba en los ojos de ambos, las ventanas del alma.

Un brillo peligroso adornaba los ojos de la peliroja, una especie de malicia que no le había conocido antes y los ojos del príncipe, antes inocentes y llenos de luz lucían una mirada fría y calculada. Le resultaba un poco incómodo lo que sentía irradiar de ambos príncipes. Hostilidad, furia reprimida. ¿Acaso habían cambiado tanto sus amigos?

"¿Y bien? ¿Cómo han estado?" Exclamó de pronto el príncipe de Koubuchi con amenidad. Lina y Gourry lo miraron de forma extraña.

"¿No estás preocupado por Filia?" Preguntó con cautela Gourry. Xellos se limitó a una pequeña sonrisa torcida.

"Filia está bien, hasta ahora. Según lo que me comentó Zelgadis, es muy capaz de cuidarse sola." A esta aseveración Lina asintió. "Se encuentra en esa torre." Señaló la mencionada estructura, que desde el lugar donde se encontraban parecía mucho más imponente. "Sólo está un poco enojada, seguramente porque tiene hambre."

"¿Cómo puedes saber todo eso?" Le preguntó la peliroja con incredulidad.

"Soy un demonio Lina-san, ¿recuerdas?" Claro que Lina recordaba. Aún podía ver y sentir aquella aura maligna pulsar descontrolada a punto de freir al supuesto príncipe de Giman. Gourry también debía recordar la escena pues ambos se dieron una mirada furtiva.

"Bien, bien. Dejémonos de tonterías. ¿Tienes algún plan para rescatar a la princesita?" Preguntó Lina con sorna.

"De hecho, no tengo plan alguno hasta el momento. Ni siquiera estamos muy seguros de a qué nos enfrentamos. Mi sirviente aquí dice que son dragones."

"¿Y él como lo sabe?" Murmuró la peliroja dándole una mirada a los acompañantes del príncipe por primera vez.

"La inscripción en los uniformes y algo de polvo de dragón." Le dijo la tiempo que se acercaba levemente a la yegua de Lina para observarla mejor, la curiosidad le había ganado la batalla. "Imponente criatura." Susurró al ver las pequeñas lenguas de fuego que acariciaban las patas del animal.

"Umh. Entonces podríamos decir que nos enfrentamos a un grupo de dragones o... a un grupo de idiotas que conocen algo sobre dragones." Concluyó Lina, encogiéndose de hombros como si fuera lo más obvio del mundo.

Justo entonces una enorme sombra pasó por encima de ellos ocultando el sol. Xellos fue el primero en levantar el rostro al sentir aquella presencia tan cercana. Los demás lo siguieron por imitación. Varios cientos de metros sobre ellos una enorme criatura, de un color verdoso acuamarino, batía sus alas con fuerza. Lo observaron dar una vuelta alrededor de ellos y finalmente lanzarse en picada en su dirección.

Lina saltó de inmediato sobre su yegua mientras el unicornio azul pasó a escasos centímetros del rubio, permitiéndole asirse a su cuello. Las siete figuras demoniacas desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos y el dragón agitó sus garras en vano al pasar por el lugar donde antes había imaginado tener un buen grupo de descuidados invasores a su merced.

"¡Es enorme!" Gritó la princesa de Herufaia al rubio, quien acababa de hacer una maniobra que lo había dejado nuevamente sobre el unicornio. La peliroja sonrió. "¡Yo quiero uno!" Gritó a todo pulmón y Gourry volteó los ojos sin pizca de sorpresa. El enorme dragón levantó nuevamente el vuelo y se fijó en aquel rastro de fuego que cruzaba a toda velocidad el valle. Lanzó un terrible rugido al aire y comenzó a descender a escasos metros de la peliroja. Lina observaba de vez en cuando a sus espaldas cómo se acercaba el dragón y cuando estaba casi segura de que la tomaría se alzó sobre la silla y saltó. "¡¡¡WWWOOAAA!!!" Allí iba una Lina Inverse, bien sujeta de las garras delanteras del dragón acuamarino. "¡Este es mío!" Gritó como una desquiciada a lo que Gourry simplemente resopló. El unicornio se detuvo al poco rato y junto a Xellos y sus acompañantes, incluso la yegua de fuego, se dedicaron a observar el cielo a ver cómo se las resolvía la infernal peliroja.

Dado el echo de que había sido ella la que se había sujetado de las garras y no viceversa, se encontraba libre de las mismas, colgando precariamente. Con un elástico movimiento y el balanceo de sus piernas logró sujetarse del brazo del animal. El dragón sintió que algo subía por una de sus extremidades y para horror de los que observaban en tierra, comenzó a agitarse como un desquiciado. ¿Cómo podía saber Lina que aquella enorme bestia sentía fobia a ciertas sensaciones asociadas con el trepar de pequeños animales en su cuerpo? A duras penas logró sujetarse y terminar de subir hasta el pecho del dragón, que por suerte, estaba cubierto de un suave, pero mullido pelaje.

El animal pareció calmarse hasta que volvió a sentir que algo se movía sobre su pecho. Lina no iba a darse por vencida y continuó subiendo hasta llegar sobre el lomo del animal. El furioso batir de alas a ambos lados casi la hizo perder el equilibrio, pero su maniática sonrisa prevaleció. Se sujetó del cuello del animal y comenzó a subir. Claro que esperaba que la convulsa reacción del dragón fuera más intensa una vez allí, más al escuchar con claridad una profunda risa casi se soltó del pelaje en el que estaba asegurada.

"¿Un dragón cosquilloso?" Comentó incrédula. El dragón comenzó a caer, incapaz de batir las alas adecuadamente. "¡Maldición!" Su objetivo había sido el controlar al animal sujetándole una soga mágica que llevaba atada a su cintura, la cual lo haría obedecer sus órdenes efectivamente. Para su desgracia, el dragón caía como una piedra, acercándose cada vez más al suelo. Gourry vio con enormes ojos cómo el animal descendía y Lina con él, el unicornio se dirigió en veloz carrera al lugar donde parecía que ocurriría el desastre.

En el último instante la peliroja saltó, siendo detenida en el aire por una centella de rubios cabellos. "¡Gourry Gabriev, suéltame en este mismo instante!" En un segundo estaba en el suelo porque el rubio la había soltado de inmediato mientras que una leve sonrisa le curvaba los labios. Lina refunfuñó groseramente y se puso de pie, como respuesta Gourry se cruzó de brazos desafiante y ambos se miraron como si estuvieran listos para entrarse a los golpes allí mismo.

"Yare, yare, ¿pero qué tenemos aquí?" Finalmente la voz de Xellos los sacó de la silenciosa discusión. Ambos jóvenes se acercaron al lugar donde había caido el dragón para encontrarse con una forma humanoide, inmóvil sobre el cráter que se había abierto con el impacto.

"Eso... ES un dragón." Musitó Youki al acercarse. Los tres se voltearon a verlo. Lina y Gourry no podían reconocerlo dado que aún llevaba sus ropas de viaje y así como sus doncellas no se había descubierto ante ninguno, pero a la peliroja le pareció que la voz le era familiar. Xellos se acercó, lleno de curiosidad, a la forma inconsciente. Primeramente revisó las ropas y reconoció en ellas el mismo símbolo que el de las criaturas que los habían atacado en el bosque. No llevaba armas, pero tenía las señas de ser un centinela. Xellos supiró, no le había parecido que la criatura diera ningún tipo de alarma al resto, pero si los había divisado y era cierto lo que había encontrado en los libros, la presencia suya y de sus guerreros seguramente ya había sido notada. El ex sastre le hizo señas a sus doncellas quienes se acercaron y sacaron del cráter al ahora humanizado dragón.

Parecía no tener más de diecinueve o veinte años y tenía largos cabellos azulosos. Cuando las doncellas lo pusieron sobre el suelo gimió suavemente. "¡Rayos! Yo quería uno." Se quejó Lina como si fuera una chiquilla mientras continuaba observando a lo que los demás respondieron con una mirada acusadora. "¡Hey!, no me miren así." Se defendió la peliroja.

"Umh... creo que hemos encontrado nuestro guía." Anunció Xellos al ver que el joven comenzaba a despertar.

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Seguramente alguna vez les ha sucedido que de repente no quieren ni saber de la pc o del internet... Suele pasar, en especial cuando no se tienen vacaciones en Navidad (nuestro jefe ni siquiera nos dejo ir temprano el día de despedida de año...) Mi hermana está bien, estaba perdiendo a su bebé de forma natural, pero el doc hizo maravillas y gracias a Dios su bebé está bien, ya tiene cumplidos sus cinco meses y todo normal. Gracias a todos los que se preocuparon.

Por lo demás, quería que supieran que he borrado un review, la persona se enojó muchísimo. Tenía un comentario personal y era de Peque. Es el segundo review que recibo de él y que le borro, ¿por qué?, porque los comentarios personales nada tienen que ver con esta historia. Adicional a esto insiste en que ninguno de ustedes me ha escrito nada negativo, ni siquiera una crítica. Por esa razón les voy a pedir de la forma más encarecida posible, que si me van a dejar review para este cap, siquiera una cosa mala me tienen que poner. (Raven y ALPHA, ustedes no porque ustedes siempre hacen su mejor esfuerzo, jajaja, no serio, agradezco mucho sus comentarios y espero que lo sepan). Pero algo, que si se me pasó el acento, que si no les gustó tal palabra, que si fue vaga mi descripción, que si pudo haber pasado de tal o cual forma, que si se me pasó un error gigantesco al momento de unir las escenas, LO QUE SEA, pero algo. Sé que cometo errores y sé que ustedes tienen las mejores intenciones al mostrarme su apoyo (cosa que agradezco infinitamente), pero aquí el Peque (para quien no sepa, era mi beta) necesita un ejemplo de lo que son buenas críticas e incluso flamas, porque los comentarios puramente personales se dejan para otras ocasiones.

Por lo demás, espero que les haya gustado el capítulo y gomen nasai por la extendida espera. Con todo el asunto de los comentarios me deprimí en verdad.

Ja ne!