El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huella.

Napoleón Bonaparte


―Pónganlo en la cama. Con mucho cuidado, por favor.

El doctor personal del líder daba órdenes a sus hombres. Temari ayudaba a colocar a Menma para que no se lastimara más de lo que ya estaba.

Fue suerte que, de camino al palacio, Sasuke apareciera. Así, con su ayuda fue más rápido trasladar al séptimo que se encontraba en muy mal estado. La sangre que brotaba de la herida no cesaba, eso más el sollozo de Hinata repitiendo una y otra vez que todo fue culpa suya hicieron que el camino de regreso pareciera eterno y un martirio.

Llegaron al castillo y de inmediato fueron socorridos. Se avisó al médico, que vive ahí mismo, sobre el estado del dictador y como habían pasado las cosas. El personal, la servidumbre, se movía de un lado a otro, yendo de allá para acá, volviéndose atolondradas en vez de ayudar. Eso empeoraba la situación. Tanta algarabía, tanto desorden, para el doctor era difícil concentrarse en cerrar esa herida.

―Tú eres su esposa, es momento de utilizar ese poder ―decía Temari a Hinata, observando a las mujeres estorbar.

Una de tantas golpeó por accidente su espalda con el brazo, y eso la hizo despertar.

Temari tenía razón. Lo que necesitaba Menma ahora mismo era descansar y el doctor hacer su trabajo. Tomó valor de no sé dónde y por fin se hizo escuchar entre el tumulto.

―Quiero que todas salgan de aquí ―las mujeres se detuvieron de pronto―. ¡Ahora! ¿Qué no oyen? ―confundidas, pero obedecieron. Después de todo era la esposa del supremo líder y una falta de respeto a ella significaba un castigo severo― Natsu y Konan se quedan para ayudar, las demás regresen a sus labores.

El galeno miró hacia ella y en un gesto de agradecimiento regresó su atención a Menma.

Después de unas horas, parecía que el pánico y la preocupación habían terminado. El hombre que atendió a Menma se acercó a Hinata y a Temari, que en ningún momento se apartaron de su lado, siempre al pendiente.

―La herida va a sanar por sí sola. Saqué los balines, solo fueron dos, atravesaron el tejido pero no el musculo. Le hice una cocedura para cerrar la herida. De aquí en adelante solo necesita cuidados precisos y reposo total.

―¿No se va a morir, verdad?

―No. No por esto. La lesión tiene que ser curada con frecuencia y limpieza para evitar una infección o que pase algo más grave. Cuídelo mucho y este atenta a cualquier irregularidad. Yo estaré cerca por cualquier cosa y vendré a monitorearlo de vez en cuando.

Hinata atendió todo lo dicho y agradeció al hombre.

La servidumbre restante salió por órdenes de Hinata, pues ella se quedaría con él a cuidarlo el tiempo que sea necesario. Para Temari, aún era de no creer la actitud de Menma y de Hinata, preocupados el uno por el otro.

Mientras Hinata atendía a Menma, ella se quedaría afuera de la habitación, no iba a permitir que el enemigo vea la brecha que se ha creado, y más ahora que sabían que había un infiltrado en el palacio.

{…}

―¿En dónde estabas, Sasuke? Casi nos matan y tú paseando por el bosque.

―Es por mí que no los mataron, Temari. Cuando a ustedes los atacó Zabuza, al mismo tiempo yo estaba deteniendo al resto de su escuadrón. Deberías agradecerme.

Temari difícilmente comprendió, no tenía más remedio que creerle pues no eran tiempos para desconfiar. Tenían un enemigo casi invisible y no era momento de pelear y dudar entre ellos.

Pero algo que no le quedaba bien claro era que hacía Menma ahí, ¿Cómo es que dio con ellas? ¿Por qué salió sin protección y sin una escolta sabiendo que tiene muchos enemigos allá afuera? La primera opción y la más lógica hasta ahora, era Hinata. Si sus sospechas eran ciertas, el séptimo, el sujeto frío que perdió la fe por la humanidad hace unos años, estaba sintiendo algo muy fuerte por su esposa, algo que lo llevó a dar su vida y pensó no podría volver a existir en alguien como él.

Pero aun así, si ese cariño y esa preocupación por Hinata lo hayan obligado a salir del recinto, sin siquiera preocuparse por su seguridad, ¿cómo las encontró? El bosque es enorme, y la probabilidad era muy poca de encontrarse con ellas y en el momento justo para salvarles el pellejo a posta del suyo.

Sea lo que sea, Temari lo iba a averiguar.

―¿Ya supiste quien es la rata que se coló al palacio?

―Es una mujer, solo eso ―Sasuke apilaba los registros de todo el personal que servía al dictador. Específicamente los de la servidumbre.

―¿Cómo lo sabes?

―Esta mañana murieron tres hombres, los que probaron la comida antes de servirla. El alimento contenía fuertes cantidades de arsénico. Las ratas ya comenzaron a moverse, y creemos saber quién es el primer objetivo.

―¿Cómo? ¿No van por Menma? ¿Para quién iba la comida?

―Para Hinata ―Temari estaba inexpresiva, ¿Por qué ella, teniendo la oportunidad en bandeja de plata para acabar con el líder?―. Tendremos que movernos y hacer lo antes posible lo que Menma ordenó. Además tengo información de la resistencia, por el momento ellos no son problema.

Otra cosa que le intrigaba a Temari, y lo descubriría más adelante, es quién es ese miembro de la resistencia que le pasa información al enemigo. Debe ser alguien muy allegado a Sasuke para que se tengan tanta credulidad el uno al otro.

{…}

Los gritos de agonía y dolor de Menma se podían escuchar por todo el palacio. La gente murmuraba cosas como "pobre, debe estar sufriendo mucho" o "estuvo a punto de morir, ahora debe estar muy adolorido" y el más sonado era "ojala hubiera muerto".

―¡Aaghh! ¡¿Acaso me quieres matar, mujer?! ¡Eso duele mucho!

―Quédese quieto, por favor, solo estoy curando la herida. Recuerde que si no lo hago se le puede infectar.

Hinata negó con la cabeza y apretó el puño a su costado. Era el tercer intento fallido por limpiar la zona dañada de Menma, él estaba de espalda y no paraba de moverse, haciendo que Hinata comenzara a desesperarse.

Para ser un hombre que provocaba miedo a una nación entera era un cobarde para temas tan insignificantes. Parecía un bebé llorón quejándose de dolor cuando ni lo tocaba aún. Cómo es posible que no pueda tolerar agua con sal en la herida cerrada, pero es capaz de soportar un disparo directo.

No obstante, viendo el lado bueno, Hinata estaba disfrutado al conocer una cara del líder supremo que nadie más conocía. Por ejemplo, cuando Menma se puso pálido y después se desmayó al ver la jeringa que traía el doctor, a Hinata se le removió el corazón. Esos detalles le hacían ver un lado sensible y humano que creyó no ver en alguien con aspecto tan duro e indiferente.

―Ya, acabamos por hoy. Más tarde vendrá el médico a hacer el chequeo rutinario ―Hinata se levantó del borde de la cama. Recogió los instrumentos de cuidados y los puso sobre un taburete plegable―. Y por favor, no vuelva a amenazarlo otra vez.

―¿Por qué no? Él quería meter esa cosa puntiaguda en mi piel.

―Pero decirle que iba a ser ejecutado junto a su familia si lo volvía a ver con la jeringa en la mano estuvo de más ―Menma gruñó e hizo un careto de rabia―. Descanse, yo estaré afuera por si me necesita.

Menma giró su cuerpo con rapidez quedando recostado totalmente sobre su espalda, algo que sorprendía, y malhumoraba, a Hinata. ¿Por qué ese movimiento brusco no le dolía?

―O-Oye, niña ―Hinata apretó los dientes, frunció los labios e hizo una mueca fastidiosa. Detestaba que no le dijera por su nombre, pero odiaba que le dijera niña.

Hinata se giró hacia él, con una sonrisa visiblemente forzosa.

―¿Si?

Menma, con el ceño fruncido, y sin mirarle, entre dientes soltó;

―Gra-gracias…

No era algo que se podría esperar viniendo de Menma Namikaze, y eso la dejó casi con la boca abierta. Si tan solo Hinata supiera a cuantas personas, en su vida, Menma ha agradecido, la sorpresa no terminaría nunca.

Hinata recuperó la cordura, sacudió la cabeza y se puso al costado de él.

Menma, inconscientemente cubrió su torso desnudo con la sábana blanca al verla acercase tan sonriente. Se reprochó la conducta de damita apenada.

―No agradezca. Yo soy la que estaré en deuda siempre. Me salvó la vida, y nunca terminaré de agradecérselo. Le debo muchas cosas, usted perdonó los crímenes de mi padre e incluso ayudo para que saliera de la miseria. Le dio una segunda oportunidad a Sakura. Sacrificó su vida por la mía, aun después de que yo… ―Hinata bajó el rostro. Recordar que estaba por abandonarlo era un peso que le costaba cargar, detrás de todo lo que pasó.

―No es nada… ―dijo en voz baja. Apartó el rostro al sentir arder sus mofletes, de ningún modo se había sentido tan avergonzado y vulnerable en su vida.

Estos tres días para Hinata habían sido un mundo de líos y revoltijos totales en su cabeza. Todo era confuso, y ese todo era Menma. La conducta del temible dictador era absolutamente lo contrario a lo que ella sospechaba. Cuando pretendió que su vida podría ir de mal en peor se topa con que el hombre que creía un monstruo es más amable y caballeroso de lo que llegó a pensar, incluso mucho más que otros hombres que conocía.

Aunque frío, a veces dejaba escapar una parte cálida e íntima de él. Cuando le preguntaba cómo estuvo su día, cuando se preocupaba porque se estuviera alimentando bien, o cuando la obligaba a tomar una siesta si la veía cansada. Y lo más increíble de todo fue cuando le comunicó que había mandado a hacer una pequeña casa de campo alejada del palacio, pero dentro del terreno, por su propia seguridad, para que viviera ahí, para que se sintiera cómoda y pudiera ser ella misma. También había acortado el personal, por eso de que se sentía agobiada por tanta servidumbre a sus pies, solamente se quedó con Natsu y Konan que ya las consideraba como de su familia, sin mencionar que el séquito seguían siendo Shino y Kiba.

Tantas molestias que se tomaba el séptimo para que ella se sintiera placentera, le hacían sentirse pésima al pensar que lo juzgó duramente al principio. ¿Por qué no mostraba esa cara? ¿Por qué no hacía lo mismo por su pueblo? Así todo sería diferente, no habría tanta pobreza, muertes, hambre, y no hubiera descontento por los provincianos. Si tan solo decidiera hacer algo por la gente.

Pero en cambio, para Menma, todo era complicado. Esos días en los que ha estado postrado en cama han sido días completamente desperdiciados. Para él, su herida no fue tan grave y estaba listo para regresar a tomar el liderazgo del país, lástima que para Hinata, su escolta, y el mismo médico, sea diferente.

Lo único bueno era que pudo conocer más de la vida personal de Hinata, confirmar que efectivamente es un libro abierto. A ella parecía no pararle la boca cuando hablaba de su niñez en la granja, de las veces que tuvo que corretear a las gallinas que se escapaban de las jaulas, o de las veces que Sakura cocinaba y terminaba siendo todo un desastre.

Sin embargo, además de la platicas interminables, lo que más le agradaba era despertar de su sueño y ver a ella a su lado, todo el tiempo, sentada en un banco al lado de la cama, con los brazos cruzados y dormida profundamente, a veces incluso sujetando la mano de él. En esos casos, prefería dejarla dormir, admirando lo bella y suave que podía ser cuando no lo estaba regañando.

Había olvidado lo que es experimentar la calidez de un contacto femenino desde que su madre había fallecido, y que Hinata llegara justo antes de que se diera por vencido le hacía pensar que su fe por la humanidad no estaba enterrada como él quiso. Sea lo que sea, Hinata hacía que se le ablandara el corazón de piedra, tanto que había hecho cosas que nunca las hubiese creído.

Menma se movió, haciendo más campo, cuando Hinata se sentó al lado.

―Hábleme de usted.

Menma, se puso nervioso al tenerla tan cerca, en ese momento se sintió patético y ridículo.

―¿De mí? ¿A qué se debe el interés?

―Bueno, es mi esposo ¿no? Si vamos a estar siempre juntos, por lo menos tengo que saber cosas importantes de su vida.

―¿Qué es lo qué te interesa?

―No lo sé. Podría comenzar por su familia.

―¿Mi familia? Creo que te refieres a quienes fueron mis padres ―Hinata asintió―. Ya conoces al Cuarto Dictador, Minato Namikaze, y a su esposa Kurenai, ¿Qué más quieres saber?

―Recuerdo a lady Kurenai. Papá decía que ella se preocupaba por gente como nosotros, creemos que ha sido la líder más querida por el pueblo, lástima que solo llegaba a preocupación.

―Era mi padre ―Hinata, intrigada, observaba que Menma comenzó a hablar pero sin mirarle a la cara―. El Cuarto no le permitía a mi madre ayudar a tu gente. Él decía que la mayor parte de los que no quieren ser oprimidos quieren ser opresores, y que la libertad es un bien tan valioso que hay que racionarlo… ayudar al pueblo es darles esperanza de un cambio, y mi padre se encargaba de mantener apagada esa luz… mi madre fue una de sus víctimas.

―No creo que tu padre fuera tan malo, supongo que amaba mucho a lady Kurenai. Según las los periódicos, él estuvo siempre a su lado cuando ella enfermó.

Y por primera vez en todo el rato, Menma miró directamente a los ojos a Hinata. Ella sintió un nudo en la garganta al verle. Él definitivamente no era un libro abierto, Menma era indescifrable, pero ahora podría ver el daño que cargaba con solo observar sus ojos azules.

―No enfermó. La envenenaron ―Hinata pegó un respingo y cubrió su boca con su mano. Se admiraba de la fortaleza interna de Menma, por revelar algo tan delicado con tanta simpleza en sus palabras―. Lo de que enfermo fue una cortina de humo. Y claro que mi padre la quería. Pero amaba más a su amante.

―¿Amante?

No sabría por qué, pero en ese instante la imagen de Naruto se le hizo presente, y no le gustó para nada.

―Jamás le perdonaré a Minato que haya abandonado a mi madre cuando más lo necesitaba. Ella ansiaba verlo en su lecho de muerte, y él, nunca apareció, hasta diez días después.

Hinata pudo notar el dolor en las palabras de Menma, repulsión en su tono de voz, y sufrimiento en su mirada vidriosa. Justamente ahora se daba cuenta de la persona sensible y necesitada que era él. Solo estaba cegado por el rencor y el resentimiento, e inculcado por las enseñanzas egocéntricas de su padre.

«Si ya no tengo escapatoria, quizá, tengo que dejar de huir»

―Su padre murió, y con él sus ambiciones de gobernanza y su terrible pasado… Creo que los deseos de su madre aún pueden ver esa luz, y yo sé que también usted lo desea. Tiene un concepto erróneo de nosotros, no somos como su papá le hizo creer, debería mirar a su pueblo… ellos sufren, y usted tiene en sus manos la solución a gran parte de sus penas. Tiene que adentrarse en sus calles, llegar a su gente, conocer sus inquietudes…

―Ya lo he hecho, créeme.

―Eso es bueno. Haga que los deseos de su madre se conviertan en realidad, sea lo que ella hubiese querido ser.

―No es tan fácil. Salir a dar la cara a un pueblo que te desprecia y te quiere ver muerto por las acciones de tus antecesores no es lo que alguien coherente haría. El mundo me odió solo por existir… habría sido mejor no haber nacido.

Hinata, en un enorme e insólito impulso, con lágrimas derramadas, se lanzó sobre él. Lo rodeó con los brazos por el cuello y acunó su nuca, estrujándolo fuertemente.

Menma, estático, tardó unos segundos en ceder y relajarse hasta recostar su mentón en el hombro de ella.

―¡No diga eso, por favor! No necesita ser mejor que los demás para ser alguien grande. Ya es grandioso solo por hecho de nacer en este mundo.

Ambos permanecieron en silencio, con sus ojos cerrados y sus cuerpos unidos. Con el mismo pensamiento en mente.

―Hinata.

―¿Si?

―¿Por qué mi corazón late con fuerza? ¿Es normal que esté tan acelerado?

―No lo sé. Yo me pregunto lo mismo.

«¿Qué es esto que siento al estar cerca de él/ella?»

{…}

―Me dijo Karin que me estuviste buscando, ¿Qué quieres, Shikamaru?

Después de dos largas semanas, al fin Naruto se había aparecido en el lugar donde se escondía el grupo de su prima. Llegó como sin nada, como si solo se hubiese esfumado por unas horas.

Shikamaru se encontraba recostado en una de las ventanas de la construcción en ruinas tallando la punta de una flecha.

―¿En dónde estabas?

―¿Quién te crees, mi mamá? En donde este no es tu problema, amigo.

―No estuviste en la reunión que organizó Karin hace dos días. Creo que te interesará saber que ya están las piezas acomodadas al fin, la resistencia piensa capturar al asesino mayor, al Dictador.

Naruto lo miraba impasible. Después se encogió de hombros, actuando indiferente a la noticia que su camarada acababa de darle.

―Me parece bien, después hablaré con Karin para que me explique cuál será mi posición.

―Estarías dispuesto a ―Shikamaru paso los dedos por el filo de la saeta―, matar a un hermano.

La sorpresa de Naruto, o más bien confusión, fue lo bastante serena para lo que esperaba Shikamaru.

―Se claro, no me gusta que la gente se ande con preámbulos. Si tienes algo que decirme dilo de una vez.

―No, no es nada importante. Solo son suposiciones chifladas que he hecho ―se levantó del alféizar y caminó hasta acercarse a él―. Sabes, es raro que tengas un parecido increíble con… un conocido, a excepción del color de cabello. Me preguntaba si tu padre tendrá más familia aparte de Kushina y tú.

―No sé nada de mi padre ―el tono de voz rabioso se hizo evidente.

Shikamaru sabía que, por la obvia expresión que había tomado Naruto, estaba tocando temas muy frágiles. Tal vez sus suposiciones no eran del todo erróneas, pues no había pensado en que Naruto no tuviese idea de nada.

―Discúlpame. Estoy muy enfadado porque alguien le contó a Karin de mi pelea con la rubia y ahora quiere que yo me encargue de ella cuando llegue el momento. Después platicaremos, Naruto. Tengo que hablarte de un tema.

Shikamaru quedó con los ojos bien abiertos cuando, al golpear con la palma de su mano el hombro de Naruto como siempre solía hacerlo, éste se quejó, como si el golpe tan flojo le hubiese lastimado.

―¿Qué te pasó?

―No es nada, me lastimé cuando bajé del caballo. Luego hablamos, creo que es momento de que tú y Karin sepan algunas cosas.