Disclaimer:
Pairings: EdwardxBella/JacobxBella/AlicexJasper/RosaliexEmmett
Aclaraciones que aparecieron en los Reviews: Charlie y Reneé NO están separados. Emmet es hermano de Bella. Y ella se fue a vivir sola a Forks, en un departamento de la propiedad Swan. Recuerden que es un AU.
Otra aclaración, si se cambian los puntos de vista, será notificado al inicio del capítulo. Ahora si los dejo con el siguiente capítulo. Muchas gracias.
Capítulo VII: Barbie Girl
Me desperté desorientada en un cuarto azul que no recordaba. La luz del sol, que se metía por las hendijas de la ventana, me daba de lleno en los ojos y me causaba molestias. Mientras me decidía entre levantarme o quedarme un tiempo más en la cama, recordé la noche de ayer. Ver películas de vampiros sí que me hace mal, pensé. Me acordé de mi sueño, unos ojos esmeraldas en los que brillaba la preocupación, y una canción de cuna. Sus ojos, sus rasgos y su cabello broncíneo inundaron todos mis recuerdos. Me giré, temerosa, para toparme con él. Pero me decepcioné al no encontrarlo.
- Ya, si claro, Bella. Se va a quedar y todo – me reproché a mí misma.
Entré al baño con mi neceser a asearme. Me lavé los dientes y la cara. Mi cabello estaba de mala hoy, así que simplemente lo até en una coleta, ya vería que haría con él más tarde. Cuando volví a entrar a mi cuarto, me golpearon levemente la puerta.
- Bella, ¿Estás despierta? – me preguntó una vocecilla del otro lado.
- Si, Alice. Pasa si quieres – le contesté.
- Buenos días, Bella Durmiente - dijo risueña mi amiga y me besó ambas mejillas-. Prepárate, porque hoy… ¡iremos de compras! – gritó esas últimas tres palabras, dando saltitos y aplaudiendo. ¡Dios, ayúdame!
- Eh, Alice… - comencé a dudar-. Alice, recuerda que hoy llega mi hermano – intenté salir por la tangente.
- Lo pasamos a buscar luego, o Jasper y Edward pueden hacerlo. Por favor, Bella – puso su mejor cara cachorro bajo una tormenta.
- Alice… - suspiré-. Está bien, tú ganas. Vamos de compras y luego lo pasamos a buscar, ¿de acuerdo?
- Por supuesto, Bella – contestó sonriente-. Vístete rápido, en cualquier momento llega Rose – Oh, no.
- Ok, Alice. Ya bajo – contesté con voz monótona. Sabía que conocer a Rosalie Hale, la hermana de Jasper, no iba a ser bueno para mi autoestima.
Me calcé los jeans y la camisa del día anterior, y bajé a desayunar algo rápido. Iba a ser un día largo y tedioso. En la cocina ya se encontraban Esme, Edward, Jasper y Alice desayunando. Por supuesto, el doctor Carlise ya se había marchado.
- Buenos días – saludé. Cuando entré, Esme se apresuró a servirme el desayuno-. No, deja Esme. Yo lo hago.
- No te hagas problemas, Bella. Siéntate con los chicos, a mi no me molesta – me replicó.
- Muchas gracias, Esme.
Me sirvió un vaso de jugo de naranja y unas tostadas. Se lo agradecí y desayuné en paz. Cuando estaba terminando mi comida, Alice llamó mi atención.
- Oh, Bella. Iremos en el auto de Rose, te lo aviso – comentó como si nada. Pero algo no cuadraba para mí.
- Alice, ¿Y mi auto? – pregunté con enojo contenido.
- Edward lo ha llevado para tu casa – contestó restándole importancia. Yo lo miré y él se encogió de hombros. Bufé molesta. Nadie más habló.
El motor de un auto, cortó el silencio con un leve ruido. Esme salió a atender. Momentos después, una rubia despampanante entró en la cocina. Realmente era igual a Jasper. Su cabello rubio caía en cascada por su espalda, sus ojos azules intensos resaltaban contra su piel pálida, y sus labios estaban pintados de un color rojo pasión. Ante su imagen, se me hizo un nudo en el estómago. Jasper saludó a su gemela con un beso en su mejilla y un abrazo protector, Edward le saludó con un asentimiento de la cabeza. Alice, tan efusiva como siempre, salo hacia ella y le besó las mejillas de la misma manera que lo hacía conmigo. Al nudo de mi estómago los celos le jugaron una gran carrera. Alice y Rosalie se acercaron a mí.
- Rose, ella es Bella – le dijo-. Bella, Rose – me presentó.
- Un gusto, Rosalie – contesté. Ella me estudió de arriba abajo, con sus labios formando una línea recta. Temblé ante su mirada, y escuché a alguien bufar.
- Lo mismo digo, Bella – comentó con una sincera sonrisa en sus labios y yo suspiré de alivio.
- ¡Vamos chicas, nos espera un largo día! – chilló mi efusiva amiga, Alice.
Nos arrastró, literalmente, hacia fuera. Alcanzamos justo a despedirnos. Caminé hasta el garaje y me quedé atónita con el auto rojo que estaba frente a mí. Dejé escapar un gritito histérico por el asombro. Alice y Rosalie rieron a mi lado.
- ¿Qué auto es? – pregunté.
- Un M3 – contestó Rosalie con simpleza.
- ¿Un qué? No hablo jerga de Car and Driver – comenté molesta.
- Un BMW – me respondió Alice.
- Oh…
Las tres nos subimos al auto tan espectacular como su propia dueña. El camino hasta Seattle iba a ser un poco largo. Así que pusieron música del estéreo. Me quedé pensando en que en este tiempo que conocía a los Hale y a los Cullen, poco sabía de ellos. Es más, de Jasper sabía poco y nada. Me aclaré la garganta levemente, nadie lo tomó como un intento de llamar la atención y por mí estaba bien.
- Sus padres deben de ser muy bonitos, para tenerlos a ti y a Jasper, Rosalie – comenté como quien no quiere la cosa.
- Debían – replicó Alice.
- ¿Cómo? – pregunté sin encontrarle sentido aparente a esa contestación.
- Nuestros padres fallecieron, Bella – contestó Rosalie. Su voz se volvió un poco más sombría, casi no se notaba-. Hace bastantes años, en un accidente de auto. Eran amigos de Carlise y Esme. Digamos que la tutoría es de ellos, o más bien era. Porque ya tenemos dieciocho, a punto de cumplir los diecinueve.
- Disculpa, yo no… - me cortó.
- No te preocupes, Bella – me miró por el espejo retrovisor y me sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos-. Me extraña que Jasper no te haya dicho.
- Yo tampoco lo había preguntado…
- Entonces eso lo explica todo – comentó-. En fin, ya llegamos.
El trayecto había sido más corto de lo que esperaba. Pero claro, con la alta velocidad a la que conducía, era lógico. No entendía porque todos ellos amaban la velocidad, a mí me aterraba. Aparcó el auto y entramos al centro comercial. Entramos al primer local y me di cuenta que Rosalie era tan amante de la moda y las compras, como Alice. A penas llegaron, comenzaron a tomar muchísimos conjuntos de colores varios. La dependienta de la tienda me miraba con aprensión, debía de conocerlas y debía de sentir pena por mí. Suspiré. Ambas llegaron a mi lado.
- Al probador, Bella – dijo Rosalie.
- Pero no he tomado nada que… - Alice me interrumpió.
- Da, da, da. Bella, aquí está todo lo que debes probarte – dijo mostrándome sus manos y las de Rosalie. Oh, no, no, no.
Me metieron a la fuerza a los probadores y me iban pasando de a uno los conjuntos. Me obligaron a modelárselos. Les hice un desfile personalizado y ellas debatían lo que debía comprarme o no. De esa primera tienda, me terminé llevando dos bolsas grandes, ellas una cada una, y pequeñas.
Así fue con cada local. Era una muñeca Barbie para Alice y Rosalie. Ellas me elegían la ropa, yo se las desfilaba y me la terminaban regalando, a pesar de mis continuas quejas. Al quinto local, ya estaba destruida, pero ellas querían seguir.
Me compraron desde ropa, hasta trajes de baño, camisones de seda, batas de baño, zapatos, zapatillas, botas, accesorio y maquillaje. Para las tres de la tarde habíamos terminado y yo estaba muriéndome de hambre, así que hicimos una parada en la comida rápida del centro comercial. A las cinco y cuarto llegaba Emmett. Así que, cuando terminamos de comer, emprendimos viaje. El baúl del auto estaba lleno de bolsas. La mayoría mía, por supuesto.
Llegamos al aeropuerto con cinco minutos de anticipación, así que buscamos tranquilas lugar para estacionar. Al entrar al lugar, busqué en los paneles el viaje de mi hermano. Estaba llegando a horario.
- Está en la plataforma número cuatro – les dije.
- Vamos para allí – me instó Alice.
Caminamos un poco hasta llegar al lugar de llegada. El tumulto de gente comenzaba a salir y a reencontrarse con sus familiares y amigos. Se me hizo un nudo en el estómago. Hacía seis meses que no veía a mi hermano. Todo un semestre. Tragué saliva sonoramente y clavé la mirada en el suelo. Cuando volví a alzar los ojos, ahí estaba. Tan grande como lo recordaba, con su sonrisa de niño pequeño grabada en su cara e irradiaba felicidad.
Corrí a abrazarlo y él me alzó en brazos, haciéndome girar y apretándome fuerte contra su pecho fornido. Reí como cuando era pequeña y él hacía lo mismo para entretenerme. Le besé la mejilla muy fuerte, le miré a los ojos y volví a abrazarlo por el cuello, como si se fuera a ir de nuevo.
- No me iré a ningún lado, enana – comentó riéndose y haciéndome temblar con él por la risa. Me conoce, sabe qué pienso, mis temores. Lo estreché más fuertemente.
- Es que te extrañé tanto, pero tanto, Emmett. No sabes la falta que me hiciste – comencé a sollozar y él me acarició el cabello para calmarme.
- Ahora ya estoy aquí, enana – volvió a consolarme-. Vamos, tus amigas te esperan al parecer – me bajó al piso-. Y yo quiero conocer a esa rubia despampanante – le golpeé el brazo, pero solo conseguí lastimarme.
- Alice, Rosalie, él es Emmett, mi hermano oso – dije con orgullo. Él saludo a Alice con un beso en la mejilla.
- Un gusto, Rosalie – dijo caballerosamente antes de besarle la mano y luego la comisura de los labios. Rosalie estaba pasmada.
- Igualmente, hermano de Bella – contestó con una sonrisa de lado.
Alice se acercó a mí.
- Terminan juntos, vete haciendo la idea – aseguró con su sexto sentido. Yo sonreí en mi fuero interno, deseaba ver a Em feliz.
Por fin el capítulo en que aparecen Em y Rose.
Desde ahora se pondrá bueno.
En los capítulos siguientes veremos cómo se llevan Emmett y Edward, cosas sobre la vida de los chicos Cullen y una posible visita inesperada. Futuro complicado se le avecina a Bella.
Tomates, críticas, rosas. Por el go.
