Con Astoria.

Rose Weasley observaba con atención el ir y venir de los elfos domésticos, con alegre algarabía colgaban elegantes adornos navideños para engalanar el sobrio salón de los Malfoy. El pequeño Kossy, con un bonito gorro de Santa Claus sobre su cabeza, daba indicaciones desde el centro de la sala, ella trataba de distraerse en la labor de los sirvientes, tratando de olvidar, inútilmente lo que había sucedido la tarde anterior.

Draco la imitaba, sentado a la mesa, redactaba con su fina caligrafía las invitaciones para la tradicional fiesta que se daría el día siguiente, como cada año, apenas le apetecía recibir a sus invitados en casa, le disgustaba la hipocresía de sus supuestos amigos y apenas le agradaba tener que aparentar un falso interés en ellos, un hábito cortes que empezaba a aborrecer y se tornaba difícil fingir que no escuchaba los murmullos a sus espaldas o reprimir el odio cada vez que miraba a su esposa.

Pero apenas se concentraba en su labor, sus ojos vagaban como hipnotizados hasta posarse en la joven que ocupaba su sillón preferido junto al fuego, y que desviaba con cautela la mirada cuando él la observaba y sus miradas se cruzaban fugazmente, y aunque había estado mal, un atisbo de sonrisa aparecía en sus rostros, a pesar de que Draco había luchado por evitarlo y Rose creía que él no se daba cuenta.

Entonces las mentes de ambos aterrizaban en el beso al borde de la fuente y Draco ya no se molestaba en negarse lo que sentía, mientras Rose trataba, inútilmente, de buscar fuerzas para arrepentirse.

El rubio sabía que no debió haberlo hecho y cuando la respiración les faltaba y su mente les decía que debían separarse, únicamente se abrazaron con más fuerza, porque ambos comprendían que en el momento en que se separasen el peso de la consciencia recaería sobre ellos.

Cuando se hizo inevitable, y sus labios se despegaron con reticente lentitud, pudo ver el amor en los ojos de Rose, amor del que no se sintió merecedor y amor con el que él también la miraba y fue él quien a duras penas reaccionó, su cabeza negó en un gesto de disculpa y apenas logró ponerse en pie y regresar a la mansión, volviendo a recordar a Scorpius, su vergonzoso pasado y los adorables ojos marrones de Rose, haciéndole sentir culpable de nuevo, consciente de que el amor que había en ellos no debería ser para él.

Y ella se quedó allí, desconcertada, aspirando el aroma de Draco en su abrigo, recordando con sofocante anhelo el sabor de sus labios y sus brazos abrazándola, y se sintió desnuda y vacía como jamás se había sentido, como si él la hubiese abandonado para siempre, pero no se arrepintió de su valentía, a pesar de las lágrimas desconcertadas que derramó aquella noche y de que en ese momento, sentada en la butaca de terciopelo, creía que él podía notar que había llorado y sus palabras volvían a su mente, reconfortantes y lapidarias a un tiempo.

"Nadie en esta casa merece una sola de tus lágrimas"

Pero Draco trataba de concentrarse en su tarea, escribiendo las últimas invitaciones con inusitada celeridad, justo cuando los elfos terminaban con el salón desaparecían con rumbo al vestíbulo, el pequeño Kossy, evaluando su trabajo, se colocó debajo del quicio de la puerta y con un chasquido hizo aparecer una ramita de muérdago que colgaba bajo la puerta, suspendida en el aire, el elfo se quedó allí unos instantes, meneando con orgullo su gorro rojo de Santa Claus.

Antes de que entrara pudieron escuchar las ordenes enloquecidas de Astoria, y el quejido estruendoso de una elfina asustada que se golpeaba contra algo, Draco chascó la lengua con fastidio, pero no se movió del lugar que ocupaba en la mesa, ni soltó la pluma con que escribía, porque enseguida apareció la mujer rubia, topándose contra el pequeño Kossy bajo el quicio de la puerta.

Rose había escuchado con horror la escena, y ahora luchaba por no dejar escapar una estruendosa carcajada, delante de la furibunda mujer, quiso avanzar, pero Draco sonrió ampliamente y alzó la vista, señalando con la mirada el ramillete que colgaba sobre la cabeza de su esposa y del pequeño y desafortunado Kossy.

El chillido asqueado de la señora Malfoy retumbo en todo el salón, Rose dejó escapar la risa sin apenas censura y Astoria le dedicó una mirada acerada, apartando de un puntapié al elfo que soltó un quejido antes de apartase a toda prisa.

-¡Desaparece de mi vista, asquerosa criatura!-Bramó la mujer, cuyas angulosas facciones se habían contraído en una mueca de espanto.

Por un instante, la pelirroja estuvo convencida de que se lo decía a ella, pero el pequeño elfo salió despavorido, gritando una y otra vez "Sí, mi ama, sí, mi ama", decía, uniéndose a los demás elfos en el vestíbulo.

Draco no reprimió la mirada de disgusto, y se limitó a volver al trabajo como si jamás le hubiesen interrumpido, Rose, se permitió odiar todavía más a la mujer por el modo en que trataba a sus elfos, la chica no tenía elfo en casa, seguro que a su madre no le agradaba la idea, de tenerlo recibiría un salario y sería libre como Hermione Granger había defendido siempre.

-Draco-Astoria miraba con aire de revisor de trenes las invitaciones que había dispuestas sobre la mesa, dejando entrever sus miradas de decepción.-, ¿Vas a invitar a los Goyle?-Preguntó indignada, cogiendo la tarjeta con repulsión.-Esa solterona de Bullstrude no va a pisar mi casa.-Declaró, tomando otra de las blancas tarjetas.

Rose miraba la escena sin disimulo, su ceño fruncido ante la desfachatez que mostraba la rubia y repulsiva mujer.

Draco firmó la última de las invitaciones y tomó tres tarjetas más, ignorando con desprecio a su mujer, que le miraba tratando de causarle alguna impresión, pero no parecía más que una niña caprichosa y enfadada.

-Es MI casa, Mi fiesta y yo decido quien viene.-Recordó con pesadez, cansado de una discusión repetida todos los años y que no llevaba jamás a ningún lado.-Gregory y Millicent vienen.-Desvió su vista de Astoria que no se había movido y seguía reteniendo las invitaciones.-Rose, ¿Hay alguien a quien quieras invitar?

La pequeña sonrió agradecida y el familiar brillo que él esperaba apareció en sus ojos, le devolvió la sonrisa y ella negó con la cabeza, Rose ya era un problema para la reputación elitista de los Malfoy, no se sintió con derecho a dejarles todavía en peor lugar, pero agradeció con cariño el gesto del hombre y volvió a sentir el muro invisible entre ambos, igual que sucedía cada vez que las diferencias quedaban mentadas.

Pero Astoria no lo entendió así, porque abrió mucho los ojos, clavo la vista en la chica, acusadoramente, como si se tratase del que-no-debe-ser-nombrado recién salido de la tumba.

-¡Eso sería el colmo!-Chilló, Draco sólo resopló, acostumbrado.-Esta asquerosa Weasley no va a meter a más gente de su clase en mi casa.-Bramó, pronunciando el apellido de la chica como el peor de los insultos.

Y como si hubiesen tocado el botón equivocado, Draco Malfoy saltó, se puso en pie de un bote, sin dejar de mirar con frío odio a su esposa, Rose se encogió en la silla, esta vez segura de que las palabras de la odiosa mujer no debían afectarla, pero intuyendo el peligro en las incandescentes pupilas de Draco.

-¿Su clase?-Draco fingió no entender, la sangre le bullía y Astoria debía de notarlo, reculó un paso, dubitativa.

-Sí, la escoria de la sociedad mágica-Rebatió la mujer, enfureciendo todavía más a su marido, Astoria le miraba con indignación.-, no tienen ninguna clase, Draco, tú antes hubieses estado de acuerdo conmigo.

El rubio asintió enérgicamente, lo recordaba con suma claridad, él pensaba así, pensaba en el pobretón y desgraciado Weasley como la sombra del patético y huérfano Potter, sumándoles siempre a la insufrible sabelotodo y sangre sucia de Granger, él pensaba así y si no hubiese sido por una cruenta batalla y el hecho de ver la muerte tan de cerca en la sala de los Menesteres, continuaría pensando de igual modo.

Pero no podía más que sonreír delante de la vulgar suposición de su esposa, sonreír por el modo irónico en el que el trío de oro se vengaba de él, por el modo en que el destino se confabulaba para traerle a Rose Weasley, perfecta combinación de las mejores cualidades de sus peores enemigos, aquellas virtudes que detestaba y que se retorcían de tal modo que resultaban arrebatadoramente atractivas.

-Tú lo has dicho, Astoria, antes.-Afirmó, ambos adultos parecían haber olvidado que Rose estaba allí, todavía sentada en el sillón, contemplando la escena sin el valor suficiente para atreverse a salir de allí y denotar su presencia, estaba atrapada por el modo en que Draco hablaba, cada una de sus suaves palabras destinaba veneno y el nombre de Astoria había sonado todo lo repulsivo que en realidad era.

El Señor Tenebroso había caído pero Astoria no había vivido la guerra, es sufrimiento ajeno no le había arrebatado los prejuicios y seguía considerando de bajo valor a la pobre y mestiza Rose, y Draco trataba de mantener la precaria calma, reprimiendo las ganas de lanzarle un maleficio a su esposa.

-No entiendo que tiene esa mocosa que os vuelve a todos de su parte.-Afirmó la mujer, como si entendiese lo que en realidad pasaba, desconcertó a Draco por un instante, y Rose entreabrió la boca, avergonzada y sorprendida, pero de nuevo sin atreverse a intervenir.

-Deberías saberlo porque salta a la vista.-La confesión de Draco sonó como un susurró muy parecido a una siseó, el corazón de Rose se aceleró de improviso, como si de repente estuvieran hablando de otra cosa y dijese por fin lo que llevaba tiempo callando y la mirada de Astoria fue desconcertada por un momento, y el más frío hielo se apoderó de ella después, únicamente para disimular su bajeza. Draco pareció relajarse ligeramente y esbozó una media sonrisa calmada.-Desaparece ahora, Astoria y seguro que nuestra invitada te perdonará.

Miró a la chica, consciente de que había estado allí todo el tiempo y el gruñido imperceptible de la mujer la acompañó mientras salía de la estancia, sin dignarse a mirar a Rose que sonrió a Draco con suavidad, mientras él volvía a la mesa, colocando cada invitación en un sobre.

-Gracias.-Musitó ella, mirándolo ya sin disimulo, por encima del respaldo de la butaca donde había apoyado los brazos.

-No debía decir eso.-Repuso Draco sin alzar la vista, concentrado súbitamente en su tarea. Lo había sentido de verdad pero sabía que no era apropiado decirlo en alto, delante de Astoria, si llegaba a adivinar lo que él sentía, lo que había sucedido entre ellos, si llegaba a oídos de Scorpius…

-¿Por qué no?-Indagó Rose, tomando algunas tarjetas y ayudando a Draco con los sobres, con mano firme y gesto decidido.-Únicamente me defendió, eso no tiene nada de malo, no tiene importancia.

Rose lo dijo con una nota de dolor en su voz y bajó la vista para no mirar al hombre, no había podido evitar sentirse mal, lo hacía si Draco renegaba de ella, porque en momentos como ese pensaba que ella no le importaba, desmintiendo lo que quería hacer creer cuando la consolaba por las noches, la defendía de su propia esposa o la besaba con la intensidad con que lo había hecho.

Draco alzó la vista, dejando a un lado el último sobre, negó con la cabeza de nuevo, percatándose de lo que ella quería decir y él no se atrevía a rebatir.

-No me refería a eso Rose.-Aclaró, en un susurro, obligándola a alzar la vista para mirarlo.-Me importa, y no me arrepiento de lo que pasó, pero…

-¡Lechuzas!-Draco y Rose se volvieron a un tiempo, cuando Scorpius entró en el salón, señalando la ventana hacia la que se acercaban un numeroso grupo de aves, encabezadas por la blanca Hedwig.

El muchacho abrió la ventana para dejarlas entrar, Draco se sintió brutalmente aliviado, no estaba preparado para decirle a Rose lo que era obvio, lo suyo no podía ir más allá, por más que ambos lo desearan o buscasen el modo de negárselo, Draco trataba por todos los medios de evitar el momento en que tuviese que decirlo, como si constatar el hecho en voz alta fue más tangible y doloroso que pensar en ello.

Entre los tres despejaron la mesa donde se posaron las seis lechuzas, Draco frunció el ceño, y no pudo evitar mirar la blanca con desconfianza.

-¿La lechuza de Potter?-Preguntó sin comprender, creía recordar que había muerto.

-La de mi prima Lily.-Aclaró Rose tomando el sobre rojo que contenía la esperada respuesta y un paquete de brillante papel naranja.

-¡Regalos!-Se alegró Scorpius, desatando los paquetes de las lechuzas y comprobando quien los enviaba.-¡Son todos para ti!-Informó a Rose, que depositaba el paquete de Lily bajo el árbol.-De los Potter, de tus padres, de Ted Lupin…¡Por la memoria de Salazar, Rose!-El chico parecía verdaderamente impresionado y ayudó a la chica a colocar todos los regalos en el árbol, con una sonrisa encantadora que Rose correspondió con gusto.

Su familia acostumbraba a ser tan efusiva y la chica se sintió algo avergonzada por la comitiva de lechuzas, casi se imaginaba a toda su familia, reunida en casa de sus abuelos, soltando a la vez todas las aves, con la sonrisa suspicaz de la brillante Lily a la cabeza.

Las aves volvieron a salir por donde habían entrado sin esperar un instante, Hedwig quedó sobre la mesa, rascándose con el pico bajo el ala, posiblemente tenía instrucción de esperar respuesta.

Draco alargó el brazo y la blanca lechuza se posó sobre él, la muchacha lo miró embelesada un instante, segura que si hiciese una foto y se la mandase a su tío, éste jamás lo creería, se limitó a sonreír y aprovechó que los dos rubios colocaban la lechuza en el alfeizar del ventanal y Scorpius le daba golosinas, para escabullirse y leer la carta de Lily.

Subió apresurada a su cuarto y desgarró el sobre sin apenas cuidado, necesitaba saber si era cierto lo que sospechaba, si todos se daban cuenta de lo que ella trataba de esconder, avergonzada.

"Querida prima:

¿Así que es cierto? Tenía la esperanza de volver a equivocarme, pero todo decía que era él.

Hay más gente en King's Cross ¿Lo sabías? Gente con ojos, me he fijado en cómo le miras, no ves otra cosa, se te cae la baba. Da gracias a que todos crean que es por Scorpius.

No te preocupes, no se lo voy a contar a nadie, no creo que me creyesen, pero no hagas locuras Rose Weasley, que es un hombre casado y el padre de tu mejor amigo, por no hablar de la edad…

Pórtate bien.

Te quiere:

Lily Luna Potter

PD: Te mando un regalo de navidad de mi parte, espero que te guste (y al señor Malfoy también)."

Rose volvió a enrojecer por la brutal sinceridad de su prima, y sintió un temor respecto a lo que el paquete naranja contenía, conocía de sobra el retorcido humor de Lily y esperaba cualquier cosa.

"No hagas locuras", pedía, ya era tarde para eso, sabía lo que Draco iba a decirle cuando Scorpius se lo impidió, era consciente de lo que él iba a argumentar, era todo cierto, lo mismo que Lily exponía en su carta, mas a todo eso lo rebatía una sola frase que el mismo Draco había pronunciado, algo que ella sabía que era cierto a pesar de lo que él quisiera negarlo con dos mil excusas.

"No me arrepiento de lo que pasó", había dicho, sus ojos transmitían una sinceridad que él no había querido aparentar, pero ella le había creído, como si fuese capaz de intuir lo que él sentía a pesar de lo que quería aparentar.

A ella le bastaba, no necesitaba nada más y había tomado la determinación justo al leer la carta de Lily, como si eso hubiese encendido la mecha de algo que se había convertido en inevitable, algo que la obligaba a aferrarse a la verdad, una realidad en que Draco la quería y ella podía mantenerle a su lado, convencerle de que olvidase todo lo que los separaba ahora que ya había dado el paso, con un solo beso ella había destapado su alma y él podía leer todo lo que se ocultaba en su interior, tenía que arriesgarse.

Tomó pluma y pergamino y se dispuso a responder a su prima:

"Querida Lily:

Gracias por guardar mi secreto, no sufras por mí, sé lo que hago y no se me ocurriría hacer ninguna locura, confía en mí.

Espero que paséis una feliz Navidad y manda besos a todos de mi parte. Dile a Albus que estoy vigilando a su amigo para que no se tenga que preocupar.

Besos

Rose Weasley"

Sonrió con satisfacción y bajo rauda las escaleras, una especie de excitación se había apoderado de ella y lucía una ancha sonrisa a la espera de encontrarse con Draco, todavía dudaba que decir, pero tenía que hablar con él.

Encontró a los tres Malfoy en la puerta, con sus abrigos en la mano y dispuestos a salir.

-Te esperábamos, Rosie.-Afirmó Scorpius.-Compras de Navidad, nos vamos al Callejón Diagón.

-Tal vez necesites comprar algún regalo, o un vestido para mañana.-Puntualizó Draco.-Iremos a Madame Malkin.

Rose recordó que no tenía nada que ponerse, y apenas le había importado hasta ese instante, asintió ante la idea del hombre, dándole la razón, pero se apresuró a correr hacía el salón.

-Debo responder a Lily, será solo un momento.-Informó, con gesto de disculpa.

Draco asintió con la cabeza, acallando el soplido de Astoria, mientras ella entraba al salón donde Hedwig esperaba, no se entretuvo y anudó con fuerza el sobre a la pata del animal que enseguida partió de regreso a casa, batiendo con poderío sus inmensas alas.

Rose tomó su abrigo también y acompañó a los Malfoy fuera de la casa.

-¡Astoria ve con Scorpius!-Pidió Draco, listo para desaparecerse.-Esperadnos delante de Flourish and Botts.

La mujer asintió, mirando con desconfianza a su marido, y no dudó en tomar a su hijo y desaparecer con un sonoro "crack"

-Vamos Rose.-Pidió, Draco, ofreciendo su brazo, preparado para la corriente eléctrica que recorrería su cuerpo cuando ella lo tocase.

Pero la chica no se movió, Rose vio esa como la oportunidad que esperaba, se sentó en los escalones de su casa, sin poder ocultar su sonrisa.

-Hay algo que querías decirme, antes.-Recordó, esperando que Draco se acercara, y atreviéndose a abandonar el apelativo de "señor Malfoy", llamarlo de usted resultaba tremendamente inverosímil.

-Sí, pero no creo que ahora…-Trató de empezar él, sabía que lo que quería decir haría daño a ambos, y la amena tarde que se presentaba ante ellos quedaría marcada, obligándoles a pensar en la amarga realidad que les embargaba, en ese instante, no creía que hubiese nada de malo en engañarse unas horas más.

-Se lo que querías decir.-Aseguró Rose, su voz segura y sus ojos clavados en los de Malfoy que sintió algo parecido a la decepción cuando ella habló.-No estoy de acuerdo.

Draco sonrió de medio lado, sin poder evitarlo siquiera, revelarse contra la realidad no parecía una opción, pero era algo propio de Rose Weasley. La chica se puso en pie, nerviosa necesitaba moverse, no estaba segura de nada, ahora no sabía qué hacer, se preguntaba si era el mejor momento para confesar, y temía que si lo hacía, Draco se reiría de ella.

-Tienes razón en todo-Aseguró, concediéndole la verdad a Draco, que asintió, consciente de a qué se refería-, pero no me parece motivo suficiente.

-¿No?-Se sorprendió Draco, acercándose con gesto inseguro a la muchacha.

-No.-Contestó ella, reconociendo al fin que debía decir, Draco había olvidado que les esperaban en el Callejón Diagón, el corazón de Rose latía acelerado y un torbellino de pensamientos se agolpaban en su cabeza, disputándose cual debía salir primero, la que ella clamaba por gritar y lo que en ese momento Draco esperaba escuchar eran cosas distintas y el miedo al rechazo más fuerte que ella, pero no dudó cuando le miró a los ojos y en el fondo del iris plateado que la escrutaba, detrás del miedo y la duda, descubrió la esperanza, la misma que sentía ella y sonrió con dulzura, ambos estaban en el mismo lugar, esperando lo mismo.-Ninguno de tus motivos me convence, me consta que no amas a tú mujer-Draco le sostuvo la mirada incluso cuando dio un pequeño asentimiento avergonzado.-, nuestras familias se odian, es cierto, tú mismo detestas a mis padres, lo entiendo, pero no a mí, ¿Verdad?

-¡Claro que no!-Se apresuró a responder el rubio, impresionado ante la firmeza de Rose, le miraba con un punto de súplica en la mirada y sus ojos marrones rogaban que escuchase lo que ella decía, un compendio de argumentos que podían convencerle si él lo permitía, afirmando que con ellos dos era suficiente.-Tampoco odio a tus padres, es sólo que…-Se aprestó a aclarar, pero un gesto de ella le hizo callar.

-Eso no importa-Aseguró con seguridad.-, ni eso ni la edad ¡ni nada!-Rose explotó en un grito enérgico, casi fuera de sí, mirando a Draco casi con enojo, las cosas que decía eran tan importantes como las que se callaba, como si quedase sobrentendido lo que sentía, demostrado en cada mirada, cada gesto, cada palabra que no era "te quiero", porque sabía que no podía gritarlo a pesar de necesitar oírlo.

Era un mensaje ambiguo que, sin embargo, Draco comprendió a la perfección, y como una necesidad visceral reprimida estrechó a la chica contra él, rodeándola con sus brazos, perdiéndose en su aroma dulzón y la maraña de cabello pelirrojo que hacía cosquillas en su nariz, sonriendo cuando comprendió que ella lo hacía, aferrándola con fuerza pues no necesitaba nada más.

-¿Y qué es lo que importa?-Preguntó, Rose sonrió contra su hombro, aspiró una vez más aquella fragancia a menta que la volvía loca y se despegó del hombre con cuidado, lo necesario para mirarle a los ojos.

Se puso de puntillas hasta que sus labios rozaron los él, con un simple gesto, como un torrente sus cuerpos reaccionaron, se besaron con anhelo, añorando lo sucedido la tarde anterior, junto a la fuente, donde ambos habían descubierto lo mucho que se podía añorar a alguien como se habían añorado el uno al otro aquella noche, sus lenguas no tardaron en encontrarse con desesperación, ni Rose pudo evitar un gemido aferrada a la nuca de Malfoy, cuando Draco olvidó el mundo y se abandonó a lo que realmente importaba.

Se separaron, pero esta vez no hubo carga que se derrumbara sobre ellos, Draco continuó abrazando a Rose, que acercó sus labios al oído de él, en un gesto de tierna complicidad.

-Lo que importa es que te quiero.-Susurró, y no hizo falta gritarlo a los cuatro vientos para que fuese más intenso y real, que el modo en que ella lo había pronunciado.

Draco se quedó congelado un instante, como si las palabras de Rose le sobrepasasen y su cerebro no tuviese capacidad para asimilarlas, y la conmoción apenas duró un segundo, pero abrumado sobre lo que sentía y sin sentirse capaz de responder de igual modo, sin dejar que su corazón se sincerase con la chica, la abrazó con más fuerza, giró sobre sus talones y la arrastró en una Desaparición Conjunta, rumbo al Callejón Diagón.

Holaaa a todo el mundo! Feliz Navidad y próspero año nuevo, algo atrasado, eso sí.

Un capítulo más largo de lo habitual para tan señaladas fiestas y porque estoy de vacaciones y tengo tiempo, aunque no creo que actualice más hasta el año que viene, es decir el fin de semana, xdxd

Bueno, al menos un miembro de la extraña pareja confesó sus sentimientos, nos falta el cerrado Draco, no?

Espero que os haya gustado el cap, nos vemos en los comentarios, vale? Jaja

Besos

Avilis Malfoy