Y después de casi un mes aquí os dejo el siguiente capítulo! Jajajaja lo siento por la espera :) Bueno, que os guste ^^
Punto de Vista Misterioso (2)
Suspiré. Maldito Belikov. No iba a permitir que ese bastardo se acercara a Rosemarie. Lo conocí cuando no era más que un crío y nunca me pareció mala persona pero… Es igual. No es oro todo lo que reluce. Ahora que lo pensaba, todavía había una parte de este horrible asunto por tratar. Dos, mejor dicho. Decidí empezar por la más fácil. Bueno, más que fácil la que prefería hacer… Cogí mi móvil y pulsé el uno. Era la marcación rápida para llamar a Harold.
- Tráeme el expediente 32-B completo, por favor - le dije cuando respondió al teléfono.
- Sí, señor - respondió inmediatamente al otro lado de la línea.
Adopté una postura relajada en mi asiento. Ahora tocaba ver el expediente de esa dichosa mujer. No me agradaba para nada, pero su información había resultado ser cierta. Hubiera querido que no fuera así… Ahora no me quedaba más remedio que trabajar con ella. Iba a revisar todos los datos que poseía sobre su identidad primero, ya que aún no sabía qué tipo de motivación le había llevado a contarme todo eso y con qué finalidad.
Pero antes debía realizar otra llamada; la otra parte del asunto… Una que no me apetecía demasiado hacer. Pero no podía posponerla; era importante informarla de esto. Marqué los números que llevaban años grabados en mi memoria en el teléfono con tanta calma como pude y esperé a que respondieran. Pasaron los segundos sin que contestaran. Cuando estaba a punto de desistir, una voz femenina y dura habló.
- Guardiana Hathaway. ¿Con quién hablo? - dijo con seriedad.
Me reí con suavidad. Había cosas que no cambiarían.
- ¿Janine? Soy yo. Tengo algo importante que comentarte.
Punto de Vista de Dimitri
- ¡Dimka! - exclamó Tasha.
Me di la vuelta con la carta todavía en mi mano. Tasha estaba un poco roja y respiraba entrecortadamente, lo que demostraba que había corrido un poco para alcanzarme. Entre jadeos para retomar aire, me dedicó una bonita sonrisa de esas que siempre me recordaban a nuestra vieja amistad. No estaba de muy buen humor, de hecho estaba deprimido; pero ella no tenía la culpa, así que le sonreí también.
- ¡Hola! - le dije con fingida alegría -. ¿Qué haces por aquí? Según tenía entendido, estabas en América por el resto de tus vacaciones.
Tasha residía habitualmente en Europa, pero había decidido trasladarse a la Corte hasta que sus vacaciones terminaran.
- Estaba. He venido aquí a pasar unos días - respondió.
Me tensé ligeramente. Tasha se disgustó mucho cuando le dije que no podía ser su guardián. No gritó ni se enfadó conmigo, pero apretó los labios en una fina línea y asintió. Era extraño que ahora viniese aquí, y aún más raro que me encontrase.
- ¿Y eso? - pregunté forzando la sonrisa a mantenerse en mi cara.
- No sé - dijo encogiéndose de hombros -. Ya sabes que en la Corte no son muy hospitalarios y bueno, aquí estabas tú y eso… Pensé que después de perder tu trabajo y todo lo demás te haría falta un poco de compañía. Y me dije ¿por qué no?
Me quedé en silencio por un par de minutos. Poco a poco, las piezas empezaron a encajar en mi cabeza.
- ¿Cómo sabías tú que estaba aquí? ¿Y que perdí mi trabajo? Eso sucedió esta misma mañana - pregunté con suspicacia.
Se quedó callada y palideció al instante. Todo el color que habían adquirido sus mejillas durante la carrera para alcanzarme se fue de un plumazo. Escondió su cara bajo la abundante melena azabache, pero no antes de que captara un poco de su expresión culpable. Eso me dijo todo lo que necesitaba saber.
- Fuiste tú - acusé -. Tú fuiste la que me delató.
Ella siguió en silencio; no lo admitió, pero tampoco lo negó. Sentí una angustia en el corazón diferente a la que había sentido cuando tuve que separarme de Rose, pero también muy fuerte. Me había traicionado. Una de las personas a las que más había valorado y respetado en mi vida, con la cual incluso había considerado compartir mi futuro me había traicionado.
Este pensamiento me hizo sentir furioso con ella y conmigo mismo. Sentí la repentina necesidad de golpear algo con los puños, desahogarme de alguna manera, aunque fuera estúpida e irracional. Solo quería liberar toda la tensión hasta que mis músculos ardieran del cansancio y no tuviera fuerzas ni para pensar. En ese momento me di cuenta de que, de hecho, mi mano derecha ardía.
Con rapidez la levanté para examinarla. Estaba perfectamente bien, pero había unas cenizas en ella. Un momento, ¿cenizas? ¡La carta!
Levanté la mirada hacia Tasha, quien sonreía con crueldad. Su mano estaba levantada, como cada vez que usaba la magia. La movió de nuevo, solo un poco, pero lo suficiente para hacer que un anillo de fuego me rodeara.
- ¿Creías que no sabía para quien era la carta? - dijo con frialdad -. ¿Qué te iba a dejar enviarla como si nada? He trabajado mucho para llegar a este punto y alejarte del lado de esa perra. No voy a dejar que lo arruines ahora.
- No hables así de ella - dije instantáneamente.
Ella cerró aún más el anillo de fuego, de manera que empezaba a quemarme.
- ¡Es una puta! ¡Te robó de mi lado! ¡Ella te sedujo cuando podrías haber estado conmigo! - gritó.
- Esa elección fue mía, no suya, Tasha. Y yo la amo, que me haya ido no va a cambiar nada.
Apretó los dientes y me miró con furia. Ese ligero descontrol de sus emociones hizo que el fuego se extendiera y me quemara el brazo.
- ¡Ah! - exclamé.
Ella trató de controlarlo de nuevo y al cabo de unos segundos lo consiguió.
- Ven conmigo - ordenó con firmeza.
- No - respondí.
Entrecerró los ojos con ira.
- Bien - dijo liberándome del fuego -. Pero esto no ha acabado aquí. Te estaré vigilando. No pienso dejar que vuelvas con ella.
Dijo 'ella' con odio, un odio que nunca había oído en su voz. ¿Iba a hacerle algo a Rose? Yo no solía tener miedo, pero en ese momento, temí por Rose. Alguien con tanto rencor en su interior haría lo que fuera para conseguir su objetivo. Lo que fuera.
