Capitulo 7
Empecé a caminar de nuevo en grandes círculos por la playa, pasándome las manos por el pelo en forma nerviosa y arreglándome la ropa arrugada. Tenía tantas ganas de tomar una ducha caliente y ponerme ropa limpia que ya se sentía asqueroso estar dentro de mi piel. Y no quería ni pensar en sabanas frescas y colchones inflados porque solo conseguiría hacerme notar el terrible dolor de cuello y hombros que estaba teniendo por haber dormido en el suelo.
Para ser mitad animal no me llevo nada bien con la naturaleza, pensé, y me imaginé a mi misma como un gato domestico antes que el salvaje que se suponía que debía ser.
- ¿Tienes algún plan? – pregunté deteniéndome de repente - ¿alguna idea de cómo mantener a tu novia a raya, o simplemente ibas a improvisar?
- Bueno, no tengo ningún plan especifico… - respondió Kish, evitando mi mirada - por ahora tendremos que aprovechar el tiempo aquí y pensar con cuidado nuestro siguiente paso, porque aún no puedo usar mi habilidad para teletransportarme.
Genial, entonces nada. Comencé a caminar de nuevo, notando como iba haciendo un pozo en la arena con mis pies e intenté pensar de forma lógica. Estaba bastante segura de que mi pendiente tenía alguna especie de sistema de rastreo, porque mis jefes se manejaban con tecnología bastante avanzada, y hoy en día hasta los celulares tienen GPS. Sin embargo, no importaba que tan impresionante fuera su tecnología, no iban a poder llegar a mi posición rápidamente si yo estaba al otro lado del mundo. Y por lo que podía ver a mi alrededor, o estábamos en el otro extremo del planeta, o en un episodio de Lost.
Claramente la forma mas segura y rápida de volver es que Kish nos teletransporte, pero…, detuve mi línea de pensamiento cuando me di cuenta de algo importante. Me di la vuelta rápidamente hacia Kish antes de preguntar:
- ¿Aún no puedes teletransportarte? ¿Por qué no?
- Por mi herida. Tengo que darle tiempo a mi cuerpo de curarse del shock del arma o cuando intente teletransportarnos hay una probabilidad de que terminemos hechos pedazos por el universo.
Me imaginé esa posibilidad, y la verdad es que estaba tan desesperada por volver a la normalidad, que parte de mí quería tomar ese riesgo. Pero mi estúpida conciencia me dio a entender que no podía arriesgarme a una muerte tan patética, y con desgana dejé de lado esa opción. No me hacía ninguna gracia tener que vérmelas con la naturaleza y sin ningun tipo de recurso a mi mano, pero era la opción mas sensata antes que terminar despedazada por quien sabe donde.
- ¿Cuánto tiempo crees que necesitaras?
Kish se encogió de hombros y tuve que refrenarme para no acercarme a sacudirlo violentamente. Me molestaba que se mostrara con aquella actitud tan llevadera mientras yo bullía lentamente como un volcán a punto de explotar. Todo este lío era su culpa al fin y al cabo, y quería que se hiciera cargo en vez de perder el tiempo. Creo que él se dio cuenta de mi reacción porque enseguida respondió de forma tranquilizadora:
- Como mucho va a ser uno o dos días mas, ya estoy mucho mas fuerte que ayer y mi herida no sangra.
Intentó sonreír pero a mí no había quien me calmara, así que le di la espalda para no empezar a gritarle. Solo entonces me di cuenta que no estábamos solos.
Una sensación de frío me comenzó en la base del cuello y serpenteó por mi columna al ver personas surgiendo de entre los arboles y acercándose lentamente hacia nosotros. Estaban vestidos de cuero y pieles, con extraños peinados sobre sus cabezas y pinturas de guerra en las caras. Se mezclaban bien con el entorno, ni siquiera lograba verlos completamente y me sorprendió que mi sentido felino no me avisara. Me grité mentalmente por estar tan distraída.
2…4…7…9… mierda son demasiados, pensé poniéndome tensa sin poder evitarlo. Retrocedí un par de pasos, porque por los cuchillos que llevaban en las manos, podía adivinar que aquellas personas no debían ser para nada amigables, o quizás se sentían agredidos por nuestra presencia en su hogar, no lo se. De cualquier forma querían hacernos daño, y me dio miedo encontrarme de nuevo en una situación que no pudiera manejar.
Estaba agazapándome sobre la arena cuando de repente me vi arrojada hacia atrás por un brazo fuerte y me encontré mirando la espalda tiesa de Kish. Sus músculos estaban en tensión, preparados para la lucha, a pesar de que podía ver la quemadura dolorosa sobre su piel.
- Kish… - intenté moverme para ponerme de pie a su lado, pero él me empujó hacia atrás con firmeza.
- Quédate atrás – dijo sin mirarme, y su voz tenía una cadencia helada que me dio escalofríos.
Sabía manejarme con su personalidad enojada o sarcástica, porque eran lados de él que mas sacaba a relucir. Pero no tenía idea de como reaccionar ante esa parte fría de él, mas teniendo en cuenta de que no estaba dirigida a mí.
Está tratando de protegerme como lo hace siempre, pensé, y a pesar de que me sentí halagada de que se preocupara por mí hasta ese punto, me molestaba que él me apartara a un lado como si yo fuera una molestia. Nunca había querido retomar el puesto de Mew, pero si tenía una pelea frente a mí y sabía que yo podía ayudar…no había forma de que me apartara. Después del fiasco de la noche anterior, mi cuerpo vibraba con necesidad de defenderse, demostrar que aún tenía algo de fuerza en mi interior.
Soy una Mew, maldita sea, me recordé, es hora de demostrarlo.
A pesar de que estaba asustada me tiré hacia adelante y pasé por debajo de su brazo hasta ponerme a su lado. Él me fue a decir algo pero yo lo corté:
- No voy a dejar que me defiendas mientras estoy a un costado, estamos juntos en esto.
Y súbitamente los extraños se acercaron demasiado a nosotros, y ya no hubo mas que discutir.
Kish se adelantó y comenzó a blandir el arma de madera que había estado afilando en la choza antes. Ahora la punta estaba tan afilada que logró atravesar el brazo del primer hombre que se le cruzó en su camino y yo aparté la mirada para no ver sangre. Sabía que Kish era un guerrero, pero había olvidado lo sanguinario que podía llegar a ser.
Hice bien en voltear la vista porque antes de que me diera cuenta había un hombre corriendo hasta mi posición a punto de tirarme al suelo. Yo salté fuera de su camino y decidí que ya había tenido suficiente de estar en desventaja. El hombre de la noche anterior me había agarrado desprevenida y asustada, pero ahora no volvería a encontrarme de la misma forma, traería a la mesa mi mejor arma.
- ¡Mew mew metamorfosis! – grité mientras sacaba mi pendiente del bolsillo y lo alzaba en el aire.
Como esperaba, la luz rosada lo invadió todo y la fuerza volvió a mi cuerpo como un terremoto. Mientras sentía mi uniforme del Café Mew convertirse en mi traje de batalla, no pude evitar sentirme de nuevo un poco tonta, como una adulta que acaban de descubrir jugando a las muñecas, y todo lo que quería era dejar de sentirme tan fuera de lugar en mi propio cuerpo. Nunca había peleado contra un humano antes, pero esperaba que al menos mi traje y campana me dieran la fuerza suficiente para nivelar mi oportunidad contra ellos. Sin mas preámbulos me lancé hacia delante.
La pelea fue una sucesión de imágenes confusas: el rostro preocupado de Kish, cuchillos casi a la altura de mi cara, arena por doquier y mi propio pelo rosado al viento. Logré asestar unos buenos golpes y patadas, e incluso a uno le arañé la cara hasta hacerle sangrar. Pero eran demasiados y yo aún no estaba en forma. No fue ninguna sorpresa que al fin uno de sus cuchillos me alcanzara a la altura del hombro.
Grité y me agarré la herida con la mano. No quise ni ver mis dedos porque podía sentirlos cubriéndose rápidamente de sangre, y el solo pensamiento de ello provocó que mis rodillas temblaran y me fallaran. Caí sobre la arena y a pesar de mis intentos, no pude volver a levantarme.
- ¡Ichigo! – gritó Kish y vi su mirada aterrorizada al otro lado de la playa.
Ahora no, ahora no, pensé nerviosa, intentando hacer reaccionar a mi cuerpo, pero estaba tan agotada y dolorida que no encontraba fuerza por ningún sitio. Los hombres con cuchillos volvían a acercarse a mí, y esta vez yo no tenía como apartarlos. No estaba preparada para ninguna pelea y maldije el maldito momento en que había dejado de entrenar después de la partida de los alienígenas.
Observé a Kish a través de las personas frente a mí y capté un vistazo de su forma moviéndose distraídamente por la playa. Por mas buen luchador que fuera, estaba preocupado por mí, y miraba continuamente en mi dirección. Si seguía así, le iban a asestar un golpe fuerte y todo terminaría para los dos.
Y todo por mi, pensé. La culpa me invadió de forma intensa y casi dolorosa. Él podría caer por mi culpa, Kish podría bien morir en aquella playa por mi estúpida necesidad de parecer valiente y de pelear aunque no estuviera preparada. No, no iba a permitir que eso pasara. Sin pensarlo un segundo mas tomé mi campana y la alcé en el aire.
- ¡Kish, muévete! – le grité y apenas lo vi salir del camino, barrí la playa entera con el poder que no había usado en mucho tiempo.
La descarga de poder fue enorme, y no habría podido pararla incluso de haber querido. Era una fuerza de la naturaleza, tan poderosa como un terremoto, e imposible de manejar. Una vez liberada, a mi me toco simplemente cerrar los ojos para no cegarme con su luz.
De repente sentí un par de brazos alzar mi cuerpo en el aire y llevarme a una velocidad inhumana mientras mi campana aún brillaba, y solo entonces pude volver a respirar tranquila. Mantuve una mano sujeta en mi hombro y con la otra me sostuve del cuerpo de Kish.
- ¿Les hice daño? – pregunté mientras miraba por encima de su hombro a la escena que habíamos dejado atrás, pero todavía no podía ver mucho.
- No lo creo – respondió de forma entrecortada – dudo que tu poder sirva en humanos, me parece que solo los noqueaste.
Gracias a Dios, pensé, sintiendo como mi cuerpo deshacía de forma natural el traje Mew para recuperar mi ropa de civil. Mi pelo volvió al tono rojo oscuro de siempre y mi camiseta comenzó a llenarse rápidamente de sangre por mi nueva cortada en el hombro. De vuelta en forma humana me sentí débil nuevamente, y sin darme cuenta dejé que todo el peso de mi cuerpo cayera en Kish.
Volví la vista hacia él y observé su rostro tenso y concentrado, con la mirada fija en la distancia mientras se adentraba en la jungla conmigo en brazos. Me pregunté si podría estar herido en alguna parte, pero no veía sangre ni tampoco ninguna señal de que estuviera agotado.
Aunque supongo que si estuviera herido no me lo demostraría tampoco, es demasiado orgulloso para eso.
De no ser por mi distracción, estaba bastante segura de que Kish habría terminado con todos en aquella playa y no se le habría movido un pelo, así de habilidoso era. Desde que lo conocía siempre me había parecido un gran luchador, con una destreza y gracia felina, danzando en el aire con las dagas en sus manos y destruyendo todo a su paso. A pesar de ser mi enemigo, siempre había admirado su habilidad para desenvolverse en una pelea con tanta soltura, porque sabía que yo nunca sería capaz de hacerlo con tanta naturalidad. Pero a la vez, siempre fui totalmente consciente de que yo era su punto débil, y por lo que parecía, todavía lo afectaba mi presencia. Decidí no adentrarme mucho en ese tema porque solo lograría confundirme.
De repente Kish se detuvo y me dejó en el suelo, a unos pocos pasos de un arroyo.
- ¿Qué hacemos aquí? Hay que ir mas lejos – le dije y comencé a ponerme de pie, pero él me detuvo y me hizo sentarme de nuevo.
- Lo haremos apenas te limpiemos esa herida
- Estoy…
Me dedicó una mirada tan intensa y enojada que me hizo callar enseguida. Por alguna razón estaba molesto conmigo, y podía ver que no estaba para tonterías. La verdad es que yo también estaba de mal humor, pero sabía de buena mano que no me convenía ponerme en su contra cuando estaba enojado. Murmuré por lo bajo una palabrota y clavé la vista en el suelo.
- No me vengas con eso, Ichigo. No tienes anticuerpos tan fuertes como los mios, para ti es diferente, si te dejas estar se te va a infectar y yo no tengo manera de curarte.
Odiaba que fuera la voz de la conciencia, pero a regañadientes admití que tenía razón, y me senté más derecha para que pudiera mirarme la herida. Acto seguido, Kish me cortó la camiseta al medio con su filosa arma de madera, y descubrió mi sostén rosa con pastelitos.
Su acción fue tan rápida que mi cerebro no llegó a comprender lo que estaba pasando, lo que le dio a él tiempo suficiente de quitarme la camiseta y tirarla al suelo como si fuera un trapo. Solo unos segundos después fui capaz de comprender que estaba semi-desnuda frente a Kish, y exploté de furia.
- ¡¿Que diablos crees que estas haciendo?! – grité, volándole la cara de una cachetada.
- ¡Ouch, eso duele! – me gritó en respuesta.
Te lo tienes merecido, idiota, pensé mientras lo fulminaba con la mirada. Tomé como pude la camiseta y me tapé el pecho. Estaba tan avergonzada que podría haberse abierto la tierra al medio y yo misma me habría tirado al vacío.
- ¿Puedes parar de ser una chiquilla por un instante y permitirme ayudarte? – preguntó en un tono de voz controlado, intentando calmarme. Aunque por lo bajo podía sentir la molestia por tener que lidiar conmigo.
Él estiró el brazo sin esperar mi respuesta e intentó quitarme la prenda, pero yo le siseé en la cara y lo obligué a echarse hacia atrás. Mostrándole los dientes, le dije en tono furioso:
- Tócame con un solo dedo y te lo saco de cuajo.
Él puso los ojos en blanco, nada intimidado por mi amenaza, pero no se atrevió a acercarse a mí de nuevo. Se levantó y se arrodilló al lado del arroyo para tomar largos sorbos de agua. Yo lo miré desde mi posición y de repente me di cuenta lo sedienta que estaba.
- Escucha – empezó a decir, y esta vez su tono fue lógico – no tenemos mucho tiempo. Quiero lavarte ese corte en el hombro y que te hidrates antes de que encontremos otro lugar donde escondernos. Quizás fui un poco brusco y lo siento, pero esos tipos que dejamos en la playa no estaban ni de cerca fuera de combate, y ahora nos deben estar buscando por todos lados.
Él tenía razón de nuevo, y yo no encontré argumentos ni siquiera para refunfuñar. Mi herida se iba a infectar si yo la dejaba abierta, y no había mucho que hacer en la mitad de la jungla. Quise contradecirlo por ser un soberbio al hablar, de verdad que lo quise, pero no había forma de que pudiéramos trabajar bien en equipo si yo le llevaba la contra, por lo que me rendí.
- Te podrías haber ahorrado romperme la única camiseta que tengo en este lugar – le dije, pero decididamente me destapé el hombro y dejé que se acercara para revisarlo.
- Te conseguiré algo – respondió mientras sus dedos tanteaban ligeramente la zona de mi hombro.
Yo me tensé y di un respingo cuando sus dedos frios por el agua tocaron mi piel.
- ¿Duele? – preguntó.
Yo negué con la cabeza y me sostuve con mas firmeza la tela contra mi pecho. Kish se levantó y caminó de nuevo hacia el arroyo para echarme agua en la herida. Me imaginé que eso no debía ser demasiado efectivo, pero era lo mejor que teníamos.
- Necesito esto – dijo sin preámbulos, señalando la camisa despedazada.
Me iba a poner a discutirle, pero la posibilidad de que los hombres de la jungla vinieran de nuevo a atacarnos me asustó y me encontré a mi misma permitiéndoselo. De nuevo estaba semi-desnuda frente a Kish, y la vergüenza fue tan grande que sentí mis mejillas enrojecer. Me tapé rápidamente con las manos aunque el esfuerzo me tirara del hombro herido.
- Parece que es solo superficial – declaró, mientras me vendaba – vivirás.
Al terminar, Kish se levantó y estiró el brazo para ayudarme a ponerme en pie, pero yo lo miré en respuesta con expresión estupefacta.
- ¿Piensas dejar que vaya corriendo así por la jungla? – pregunté.
En respuesta él esbozó esa sonrisa característica suya, la que le hace brillar los ojos de picardía y mostrar sus colmillos ligeramente mas afilados. El tipo de sonrisa que me hacía verlo como un chico normal, con un aire sensual, misterioso y no agresivo. Había visto esa expresión en su rostro miles de veces cuando era niña, pero extrañamente ninguna vez desde que habíamos aterrizado en la isla, y por alguna razón perdí un poco el aliento.
- A mi me parece que así estas sexy – respondió guiñando un ojo.
Yo me puse de pie de un salto, lista para cumplir mi promesa de arrancarle una parte del cuerpo por la osadía, pero él simplemente se apartó con agilidad. Yo no lo seguí porque significaría demostrarle que sus comentarios estúpidos me molestaban, por lo que me conformé con fulminarle con la mirada y hacerle una seña obscena con mi dedo mayor. Mientras me daba vuelta hacia el arroyo para tomar agua, escuché su molesta risa, y supe que el día se me iba a hacer muy largo.
Me disculpo de nuevo por la tardanza, estuve ocupada y no tuve forma de escribir el capitulo antes. Espero que les este gustando.
