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Besos:D
VII: Día Libre
Las luces del alba quisieron despertarlo. El visillo que acompañaba a las finas cortinas entreabiertas de su habitación se iluminó al contacto con aquella mañana azul, con un sol que parecía nuevo al ascender de las colinas…
El día había comenzado y el reflejo dorado del amanecer hacía juego con dos pares de ojos miel que se abrían lentamente…
El destello de luz le impidió ver bien en un principio, pero una vez acostumbrada su vista al nuevo día miró la imagen sobria del techo con la que se quedó dormido. Un techo blanco, pulcro, abandonado.
Se dio vuelta e inmediatamente se dio cuenta de un detalle. No estaba tapado y se había quedado dormido con la misma ropa del día anterior… Ya que tirado sobre el lecho, tal cual estaba, se la había pasado el resto de la tarde de ayer y hasta altas horas de la madrugada pensando en lo mismo… Tratando de dejar su acostumbrada tozudez de lado para intentar entender, entre sonrisas y gruñidos de impaciencia que era lo que ocurría con él.
Sus ojos miel brillaron fuertemente sintiendo lastima y arrepentimiento de si mismo… ¿Cómo saberlo si en sus diecinueve años jamás había sentido algo así?
Se negó a mirar su cama con aquella acostumbrada aflicción y se levanto, erguido con orgullo y ceño fruncido...
Al tener ya en las manos el jarrón de agua fría y un vaso, salió de la cocina. Luego de dejar ambas cosas sobre la mesita de centro, se recargó en el enorme sofá color ébano de aquel living decorado con atractiva elegancia… Pero inmediatamente su rostro adquirió un fuerte tono rojo al recordar lo que había sucedido el día anterior en aquel mismo diván.
Se incorporó y agarrando el jarrón tomó un gran y desesperado trago, haciendo inútil la presencia del otro elemento. Al terminar se acostó sobre el regazo del sofá. Pero al hacer esto algo le incomodó.
Ahí, en un rincón, algo oculto a primera vista por la similitud del color se encontraba un pequeño bolso negro.
Un femenino bolso negro.
- Kagome… - Susurró.
El teléfono inalámbrico en la mesita lo despertó de su repentino ensueño, sobresaltándolo. Frunciendo inevitablemente el rostro agarró el aparato de un manotazo.
- ¿Hola? – Inquirió tratando de controlar su mal genio.
- Inuyasha… ¿Qué maneras son esas de contestar? – La voz del otro lado sonaba divertida y burlona.
- Kasumi, tendrás mucho tiempo libre… Pero yo no, habla luego ¿Quieres?
Kasumi resopló resignada. No había día en que él recordara que debía tratarla al menos con un poco más de respeto… Se suponía que era su jefa…
- Esta bien. Como hoy no filmaremos…
- ¿Cómo? – Inuyasha arqueo una ceja, confundido. - ¿Cómo que no filmaremos?
- Vaya, pensé que Kikyo había logrado comunicarse contigo ayer… Veo que no¿estas muy ocupado acaso que no contestas ni siquiera tu celular?
- ¿Huh?
- Kikyo estuvo largo rato tratando de ubicarte… Pero solo lograba hablar con la casilla de voz.
Inuyasha hizo una breve inspección a su alrededor buscando su pequeño celular plateado. Lo encontró al lado del bolso de Kagome, casi oculto en el respaldo del sofá.
- ¿Inuyasha?
- Lo tenía apagado. – Dijo más bien para si mismo sintiéndose extrañado. ¿Desde cuando era tan despreocupado con el teléfono?
- ¡Oh, muy bien…! – Kasumi suspiró. – ¿Te sientes bien Inuyasha?
Él no contestó. Ella soltó un suspiro impaciente.- Ya que importa… - Hizo una pausa. – Bueno, como te decía… No habrá grabaciones el día de hoy…
- ¿Pero por qué? – Bufó el otro volviendo en sí. – Kasumi… Si retrasamos más todo nos demoraremos muchísimo en terminar con aquellos odiosos guiones de relleno.
- Lo sé… Pero tengo asuntos importantes por atender hoy… Además, todos estaban ya informados, solo faltabas tú…
Inuyasha rodó los ojos. – Pero…
- Vamos, un día libre de vez en cuando… ¿No te parece agradable acaso?
Él joven guardo silencio ante la pregunta de Kasumi e instintivamente tomo el bolso de Kagome entre sus manos y lo miró con inquietud.
- En fin, eso era todo Inuyasha, ah, y otra cosa…Debes ir si o si al evento de esta noche… Es a las diez en punto… No me falles. Adiós. – Dijo Kasumi con voz seria y sin esperar una respuesta colgó.
C-E
Era su día libre. El primero hacía ya varías semanas atrás. Había sido instantánea la felicidad que sintió en cuanto Kikyo le llamó para avisarle. No ver al causante de su confusión por al menos unas horas era agradable…
O quizás no tanto…
Sacó las llaves de su bolso e introduciéndolas en la puerta de su casa entró. Su pesar y sonrojo se hizo evidente al recordar que había olvidado sus cosas en casa de Inuyasha¡y es que se había dado cuenta recién esta mañana!
- ¡Ya llegué!
- Ya era hora hija... Tienes visitas. – Dijo su madre acercándosele con una amplia sonrisa en su rostro.
Kagome frunció el ceño turbada. – "¿Visitas?"
Su madre le hizo un gesto de cabeza para que se dirigiera a la sala y algo nerviosa no tuvo más remedio que obedecer.
Recorrió los pasos que la separaban de esta y trago fuertemente al ver de espaldas a ella una larga cabellera negra sentada en uno de los sofás. El hombre volteó al parecer percatándose de que ya se encontraba allí.
Sus ojos se toparon e inevitablemente imágenes de lo ocurrido el día anterior nublaron sus sentidos.
- Kagome…
- Inuyasha…
La madre se retiró en silencio sonriendo ampliamente.
- ¿Qué haces a…
- Fue Sango, la llamé y me dio tu dirección.
Callaron. Tenían tanto de que hablar mas sin embargo ninguno de los dos se atrevía a comenzar. Kagome se acerco y se sentó frente a él, miro sus manos que comenzaban a sudar poco a poco y sin poder aguantar mas el nudo en su garganta soltó un gran suspiro, uno que Inuyasha no pudo identificar¿Quizás lastima, aburrimiento?
Sacudió su cabeza tratando de que aquellos pensamientos negativos no lo dejaran actuar¿Pero a que había venido exactamente?
- Yo… Vine a entregarte esto. – Dijo despacio tratando de que su voz tuviese carencia de emoción alguna.
Kagome lo observo y vio que en sus manos traía el bolso negro. Se sonrojo y desvió la mirada.- Gracias…
- No hay de que. – Inuyasha se levantó y Kagome lo miró sobresaltada ¿Ya se iba?
Pero él no alcanzó a dar siquiera dos pasos para encontrarse con Kagome al frente impidiéndole pasar. –Espera.
- ¿Qué pasa? – Preguntó sumiso, el no había venido únicamente a eso, pero no se iba a quedar sentado como estupido esperando por horas a que una respuesta le hiciera entender la razón de su estancia en aquel lugar. Estaba harto de no saber lo que quería.
- ¿Ti…Tienes algo que hacer hoy?
- No, es nuestro día libre Kagome. – Inuyasha sonrió.
Un rojo vivo iluminaba las mejillas de la chica. – Lo se… Lo se – Repitió más para si misma mirando el suelo.- Pero ¿no tienes algo que hacer por ahí?… Me refiero¿no estas ocupado ahora, o…
- No lo estoy, aparte de ir a La Passalia no tengo nada más que hacer. – Dijo Inuyasha inmediatamente tratando de que su tono de voz ilusionado no delatara su alegría. ¿Acaso lo invitaría a algún lado?
Kagome dejo escapar el aire contenido en sus pulmones y sonrió. - ¿No quieres acompañarme al parque un momento? Digo… Si acaso no quieres esta bien…
- Esta bien…- Sonrió Inuyasha no pudiendo impedir descubrir su blanca dentadura. – Claro que quiero.
Kagome quiso gritar de felicidad mas por su bien evito hacerlo. – Gracias.
C-E
Caminaron minutos eternos sin tener un dialogo decente. Únicamente lo que salía de ambas bocas eran palabras entrecortadas y a la medias. Monosílabos.
Intentó pensar en un tema de conversación pero casi era inútil, no había nada que se le ocurriera y sabía que cualquier cosa que dijeran que no tuviese que ver con lo ocurrido entre ellos ayer sería la vergonzosa manera de evitar explicaciones, el camino más fácil, más torpe y más cobarde.
El parque en el que estaban era amplio y hermoso. Grandes rosales y árboles de Sakura daban al entorno una hermosa vista a aquel día algo más acalorado que los anteriores, y es no faltaba mucho para que llegara el verano. A los lejos la gran fuente en medio del parque lanzaba grandes chorros de agua con la que niños y niñas se animaban a jugar.
- Kagome yo…
- Ayer oí algo que me encantó... – Dijo Kagome sin percatarse que lo había interrumpido. Inuyasha prefirió callar y escucharla embobado al observar como sus labios se abrían para pronunciar cada palabra ¿No sería demasiado? – Algo genial…
Inuyasha palideció. ¿Acaso Koga se le habría declarado ya?
- Algo que pocas veces tomo en cuenta… - Kagome lo miró profundamente a los ojos y el no tardo en hacer como que buscaba algo en uno de los bolsillos de su pantalón. – Me dijeron que amaban la serie Inuyasha, es un fanatismo increíble.
El frunció el ceño. - ¿Y eso qué? No es primera vez que lo dicen.
Kagome no dejo la sonrisa. – Cierto, no lo es. – Miro hacía el cielo disfrutando los rayos del sol, el reloj del parque marcaba las dos de la tarde.- Pero… Algunas veces es bueno sentarse a pensar en ello… En lo que piensan los demás… En como te ven, en que tan importante eres para la gente…
Inuyasha guardo silencio. Hace unas semanas no podía entender como la gente podía entusiasmarse tanto con algo que no era verídico, como era que había quienes dependían de una serie para subirse el estado de animo en el día. Desde el primer éxito realmente impactante de la serie que pensaba así, porque como nadie, él lo había odiado. Se sintió avergonzado de si mismo y bajo la vista sin atreverse a mirarla.
- …Aunque ello te tome por sorpresa, casi no lo creas… Es por eso… Que… - Lo miró pero él no quiso hacerlo. – Hay que hacer lo mejor posible para no decepcionar a nadie… ¿No lo crees?
Inuyasha sintió un nudo en la garganta… ¿Otra ves estaba hablando de trabajo?
- …A pesar de que eso a veces signifique tener que pasar por alto el que no te sientas bien en algunas ocasiones… - Él subió la mirada tocado por lo que ella acababa de decir. - … Hay que hacerlo por ellos, y bueno, por nosotros también…
Hizo una pausa. El que él no le respondiera le confundía ¿Lo estaría aburriendo? Que mas daba, ya estaba en eso y necesitaba soltar lo que pensaba, necesitaba desahogar lo que quería.
- Cuando tenía doce años mi tío me dijo que el actuar era como sacarse la lluvia de males que te empapaba todos los días… - Hizo una pausa - …Sin embargo, cuando esos males llegan a perturbar el momento de actuar de tal manera de confundir la realidad es porque de verdad necesitas ayuda. – Kagome rió, a pesar de que sentía esas palabras pegadas a la piel como una maldición.- Porque de verdad necesitas de alguien más y no solo de ti mismo y de lo que haces…
Inuyasha quedó sin aire. Kagome espero a que hablara, pero él no dijo absolutamente nada.
Carraspeó, sintiéndose tonta por hablar de eso con él. - ¿Por qué no vamos a tomar un helado? Conozco una fuente de soda cerca en la que venden unos riquísimos… ¿Qué te parece? – Sonrió Kagome tratando de olvidar lo que había dicho.
- E-Esta bien… - Dijo apenas el joven.
C-E
El lugar estaba algo lleno, pero sin duda la espera había valido la pena.
Se sentaron a las afueras de la fuente de soda debajo de un acogedor toldo decorado con mesitas de vidrio y flores. Desde que había tocado el tema de momento antes que no dejaba de arrepentirse por haberlo hecho. Seguro el pensaría que se tomaba las cosas con demasiada profundidad. Seguro que no la había entendido porque después de todo quizás ella era la única que se sentía así.
- Siento aburrirte con mis cosas hace un momento… - Dijo Kagome soltando un suspiro, quería arreglarlo ¿Pero no era mejor cerrar la boca y ya?
Inuyasha frunció el ceño y dejo la cucharita enterrada en la crema mirándola por unos momentos. – No tienes porque sentir nada Kagome… - Dijo fijando la vista en su helado nuevamente. – No me has aburrido…
Kagome arqueo las cejas. - ¿De verdad? No te veías muy animado ni interesado cuando te hablaba. – Menciono dolida.
- Es que en realidad… Estaba pensando en lo que decías y… - Un dolor en el pecho le impidió hablar con normalidad.
Kagome se sobresaltó. - ¿Te sientes bien?
- Si, no es nada… Ya pasó. – Sonrió Inuyasha al verla tan preocupada. - …Y yo creo que tu tío tenía razón.
Kagome se relajó y lo miró con gracia. - ¿Tu crees?
Inuyasha habló cabizbajo. – Si… Pero a veces cuesta aceptar o entender que necesitas de alguien más…
Ella se inclino acercándose a su rostro y levantándolo del mentón rozó sus labios con los de él. Inuyasha creyó morir ante ese finísimo tacto y por la impresión de tan imprevista acción.
- Oh Kagome… - Susurró desesperado y de manera apasionada la tomo por los hombros y la acercó hasta él para besarla. Kagome se dejo llevar por su movimiento acelerado y necesitado y con ambas manos lo tomo del rostro para acercarlo más a ella.
Se separaron, la falta de aire era lamentablemente evidente.
- Yo… Creo que te necesito Inuyasha…
El joven quedó perdido en la belleza de aquella confesión… Jamás alguien le había dicho eso de la manera en que ella lo dijo… Con tanta sinceridad, con tanto ¿Amor? Aún así y además de que por un momento creyó sentir que su cuerpo volvía a la vida se paralizó ante aquella realidad sin saber como responder.
Porque… ¿Que tenía él para decir?
Hace un par de horas atrás había despertado exhausto al pasar gran parte de la noche pensando en lo que sentía, en lo que ocurría con él, y a pesar de que la respuesta estaba a solo unos pasos, parecía tan lejana, tan imposible.
Porque quizás él era uno de esos que confunde la realidad.
¿Era ella entonces producto de una ilusión o realmente la necesitaba?
¿Era para ella, él, producto de una fantasía o realmente lo necesitaba como decía?
Inuyasha la miró profundamente a los ojos mientras Kagome esperaba impaciente que dijera algo, lo que fuera, cada gesto y cada mirada en él la confundía siempre, y es que a veces sentía que el sentimiento era el mismo, pero otras, creía que ella era solo un juguete manipulado para que hiciera lo que quisiera con tal de que no ganara mas protagonismo que él.
Se mordió los labios, nerviosa, inquieta por una respuesta o una señal detrás de esos penetrantes ojos miel.- No… No importa Inuyasha. – Comentó viendo que el joven no tenía intención alguna de responderle. – Se que es extraño, pero… No te preocupes, creo que…
- Shh – Inuyasha la tomó del mentón y volvió a besarla. Esta vez suavemente.
No entendía bien como esto pasaba tan de pronto. Ayer, antes de lo ocurrido en su departamento se profesaban odio hasta por los poros y sin embargo ahora estaban ahí en una situación completamente adversa.
- No se porque me haces sentir lo que siento… - Dijo muy despacio en el oído de la muchacha quien se estremeció ante el inevitable cosquilleo en su estómago y creyó temblar antes sus palabras.-… Ni porque me haces tener deseos de besarte y no querer soltarte.- Bajo hasta su cuello. Algunas personas los miraban alarmados ante tal falta de respeto hacia los demás, otras en cambio los observaban ilusionados y sonrientes, dos actores profesándose amor con toda libertad en publico no era cosa de ver todos los días, menos si ambos ya formaban un hermoso idilio dentro de una serie de televisión.- … Quizás yo. – El fuerte dolor volvió a hacerlo prisionero de si mismo… Con un agudo quejido se soltó de ella y puso ambas manos en su pecho.
- ¡Inuyasha! – Gritó Kagome parándose de su asiento y arrodillándose junto a él.
- Estoy bien… - Dijo él levantándose y caminando fuera del gran toldo. Kagome lo siguió preocupada hacia la calle sin importarle que la gente estuviese atenta a todo lo que ocurría.
- Tu no estas bien.
- Si lo estoy, no es nada...- Inuyasha tenía los ojos cerrados y ambas manos sobre su corazón.
- ¿No es nada¡Claro que si lo es! – Espetó la chica mirándolo con desaprobación. Suspiró tratando de calmarse un poco. – Inuyasha… No estas bien… Y lo sabes.
El joven la miró con ternura. – Ya se me pasó – Sonrió - ¿Me acompañas al auto?… Lo deje estacionado cerca de tu casa…
Kagome asintió angustiada y ambos comenzaron a caminar. El helado quedó olvidado en la mesa y los curiosos los observaron alejarse hasta que se perdieron de vista.
Avanzaron las cuadras restantes y ninguna palabra salio de los labios del otro tal cual como había sucedido en el mismo camino de ida.
La residencia de Kagome estaba casi al lado del hermoso parque por el que habían pasado minutos atrás, ubicada en un sencillo barrio de hermosas casas con amplios y verdes jardines. Podía verse el acomodado carro plateado de Inuyasha en una de las veredas.
- Creo que … Deberías ir a verte y…
- No es nada grabe Kagome – Dijo Inuyasha tercamente – Son solo unas puntadas insignificantes y… - Kagome le rogó con la mirada. Inuyasha tragó saliva y esbozo una sonrisita. – Lo haré.
La joven se sonrojó ferozmente¿Tanto se notaba su preocupación? Intento cambiar de tema - ¿Iras a La Passalia esta noche verdad?
- Claro – Inuyasha soltó una carcajada irónica. – Si no llego Kasumi me mata ¿no?
Ella arqueó una ceja divertida. - ¿Y desde cuándo eso te ha importado?
Inuyasha rió. – Es verdad… Me tiene sin cuidado… Pero iré de todos modos. – La joven rió con él.
Luego de eso el silencio reino y ambos sintieron como esto incomodaba poco a poco. Inuyasha busco en su bolsillo las llaves del auto y luego de sacarlas desactivo la alarma. La miró.
- Bu-Bueno… Ya me voy… - Dijo lentamente, no quería irse.
- Si…
Inuyasha se acerco hasta ella y la beso suavemente.- Adiós.
Kagome volvió a sonrojarse de manera increíble. – Adiós.
Subió al coche y encendió el motor tentado con la idea de quedarse más rato junto a ella, pero aparte de no querer preocuparla mas por si esos dolores volvían a presentarse tenía muchas cosas en las que pensar al menos hasta volver a verla, lo que solo sería hasta algunas horas mas.
C-E
- ¡Koga! – Gritó la mujer acercándose rápidamente al muchacho, había estado buscándolo durante media hora temiendo el que se hubiese ido del lugar en que quedaron de verse. – Al fin te encuentro… - Agregó jadeando al llegar a su lado.
- Kasumi, he estado esperándote…
- Si, si, lo se, lo siento… - Lo miró. – Pero ya vez, he tenido que estar arreglando ciertos asuntos desde muy temprano en la mañana… Ya estoy cansada. – Susurró esto al final cerrando los ojos, agotada.
Koga la miró comprensivamente. – Te invito un café.
- Oh gracias Koga. – Dijo Kasumi mirándola agradecida y sofocada.
- Es lo menos que puedo hacer – Le guiñó un ojo.
C-E
- Aún no entiendo porque debes encargarte tú de todo esto. – Frunció el ceño mirando a la mujer con interrogación.
Kasumi sostuvo el aire por un momento y trató de parecer normal. – No es nada tan complicado… - Trató de restarle importancia al asunto quitando algunos papeles de la mesa y guardándolos en una carpeta dentro de su bolso.
- Eres demasiado joven para todo esto… Tienes incluso muchísimas más responsabilidades que todos nosotros… - Insistió Koga mirando con repulsión otro montón de papeles nuevos que esta sacaba de dicha carpeta.
Kasumi se sonrojo por la adulación. – No es nada tan terrible Koga… - Sonrió.
- ¿Solo a mí me has avisado sobre esto?… ¿Qué pasa con los demás?
- Kikyo también esta enterada… A los demás les contaré luego de esta noche en La Passalia…
- No entiendo.
- Es solo para que no haya tensión Koga, puede que a algunos no les guste la idea y necesito que estén relajados en el evento… Se supone que es como una especie de reconciliación de Fantuyo con nosotros…
- ¡Vamos! – Koga sonrió ampliamente - ¿Cómo no les va a gustar? Incluso sería un gran motivo para pasarla bien… Esta es una excelente oportunidad¿no?
La brillante mirada de Kasumi iluminó su rostro y a Koga le pareció encantador. – Si que lo es… Mi abuela estaba demasiado orgullosa… Vieras lo feliz que se puso.
- Me imagino. – Koga frunció el ceño. - ¿A quien puede que no le guste¿Te refieres con eso al odioso de Inuyasha? – Inquirió Koga con desdén.
Kasumi rodó los ojos. – Quien más. – Luego sonrió resignada. – Anda demasiado extraño este ultimo tiempo… No sería raro que se negara… Ya espero cualquier cosa.
Koga arqueo una ceja. – Ese siempre ha sido igual.
- No – Insistió ella. – Hay algo más… Esta peor que antes…
Suspiró con fastidio. Odiaba hablar de ese sujeto. – Como sea… Aun así, si el hace problema ¿Que tanto poder puede tener?… Después de todo, nuestra firma no es más que un trámite que el canal quiere hacer para librarse de problemas a futuro… Pero dudo que la ausencia de la suya impida que la serie sea vendida al extranjero… ¿Verdad?... Es algo demasiado importante como para que el pueda echarlo a perder.
Kasumi asintió desganada. – Es verdad… - Afirmó. – Pero sería bueno que todos estuviesen de acuerdo…
- ¿Tanto te importa su opinión?
Kasumi lo miró incrédula. - ¡Claro que si¿Cómo no va a importarme si es el protagonista?… - Arrugó el ceño. – Se nota que lo detestas¿cierto?
Koga desvío la mirada. – Me tiene sin cuidado.
Ella arqueo las cejas e incorporándose un poco guardo los últimos papeles.- Debo irme.
- ¿Ya?
- Todavía tengo asuntos por atender. – El joven la miró atento. – Entre esos buscar un vestido decente para esta noche. – Bromeó.
- No creo que necesites mucho… Estas linda así. – Dijo Koga más para si mismo pero ella pudo oírlo y se hizo presente en sus mejillas el inminente sonrojo.
- Koga…
Él se rió.- Perdóneme, se me ha escapado un pensamiento.
Kasumi se sonrojo aún más. – Ya me voy, gracias por firmar… A-Adiós…
- ¿A dónde vas? Si quieres te llevo…
- No, no… Gracias, adiós. – La mujer camino rápidamente sintiendo su cara arder. Koga la miro extrañamente feliz desde su puesto en aquel café.
C-E
Rebuscó en su cartera hasta que lo encontró. Su celular marcaba ya cinco llamadas perdidas del mismo teléfono.
- Miroku, Miroku, Miroku… - Murmuró con gracia.- Marco su celular y lo llamó.
No pasaron ni siquiera dos segundos para que él respondiera. – Sango, al fin… Te llame no se cuantas veces al celular…
- Fueron cinco exactamente caballero.
La risa se dejo escuchar al otro lado de la línea. – Lo se amor, perdóname por ser tan insistente, pero sucede que quería acompañarte a…
- Ya te dije que no es necesario, además, quiero verme linda para ti esta noche pero prefiero que sea una sorpresa…
- Pero es mi día libre y yo quería verte. – Dijo Miroku haciendo pucheros como niño chico. Sango se rió.
- Ya nos veremos más tarde…
- Pero…
- Miroku… - Él suspiro resignado.
- Esta bien.
C-E
Peinó sus cabellos azabaches en el espejo de su habitación disfrutando de las partes suaves que el cepillo iba dejando al pasar. El vestido negro strapless que traía puesto para esa noche era hermoso. Incrustaciones de piedras adornaban el escote en su pierna derecha y la fina tela pronunciaba perfectamente su cintura estrecha y el resto de su encantadora figura adolescente.
Solo faltaba que terminara con lo que hacía para irse en el coche que ya esperaba a las afueras de su casa.
Hoy era la noche de La Passalia, y sin que pudiera quitarse la idea de la cabeza, presentía que algo no muy bueno estaba a punto de ocurrir.
- Inuyasha…
Fin VII
reeeeeeeeviewwww? o.
